Necesitamos revelación para conocer la suprema autoridad de Cristo sobre el universo y la iglesia

Efesios  1:20–23

… la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,

sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;

y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,

la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Necesitamos conocer esta otra dimensión de Jesucristo: El Verbo –que era Dios, que estaba en el principio con Dios, y a través del que fueron creadas todas las cosas– se hizo carne. Dios se hizo hombre. Antes de su encarnación, el Hijo de Dios tenía una sola naturaleza: la divina. A partir de su encarnación adquirió para siempre la naturaleza humana. Desde entonces él es 100 % Dios, y 100 % hombre. Al terminar su ministerio terrenal, voluntariamente se entregó a la muerte por todos nosotros. Cargó nuestros pecados en su cuerpo y murió en nuestro lugar en la cruz. Logró nuestra completa redención.

CRISTO EXALTADO POR EL PODER DEL PADRE:

… la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales…

Cuando el cuerpo de Cristo yacía inerte en la tumba, aquel extraordinario y grandioso poder del Padre operó en Cristo resucitándolo de los muertos, ascendiéndolo a los cielos, sentándolo a su diestra en los lugares celestiales (epouranios), proclamándolo Señor por encima de todos los poderes y autoridades del universo.

Ese mismo poder es el que opera hoy en nuestro espíritu y un día operará en nuestros cuerpos mortales, transformándonos y dándonos cuerpos glorificados e incorruptibles. Entonces reinaremos con él eternamente.

LA SOBERANÍA TOTAL DE CRISTO:

… sobre todo principado y autoridad y poder y señorío…

En el mundo invisible existen principados, autoridades y poderes satánicos. Todos ellos fueron vencidos por Jesucristo hombre en la cruz.

Adán fue nuestro primer representante, Dios le había dado a él el señorío sobre la tierra. Adán, al someterse al diablo, perdió este señorío, arrebatado por las manos de Satanás. Cristo, el segundo hombre, es decir, el segundo representante de los hombres, con su muerte y resurrección reconquistó la autoridad que Adán había perdido al pecar (Mateo 28:18).

Cristo es autoridad suprema sobre toda autoridad. No sólo sobre las potestades diabólicas, sino también sobre todas las autoridades humanas: reyes, presidentes, gobernadores, y cualquier otra. Todo está bajo su soberanía.

… sobre todo nombre…

El nombre o título de Cristo es superior a todos los títulos que existen en el universo. No existe autoridad superior a la de Cristo.

… no sólo en este siglo, sino también en el venidero…

Siglo en griego es aión. En el Nuevo Testamento no siempre se refiere a un período de cien años, sino a una edad, a un período completo. El siglo venidero es el período que se iniciará con la venida de Cristo. En el aión presente, según nuestra percepción natural, aún no se ha hecho evidente que Cristo reine sobre toda autoridad; esto resulta visible sólo para los ojos de la fe. La fe es la certeza de lo que se espera, la demostración de lo que no se ve (Hebreos 11:1).

… y sometió todas las cosas bajo sus pies…

Todo, absolutamente todo está sujeto a él.

Todos y todo están bajo su autoridad. La creación, el universo, la naturaleza, los ángeles, los demonios, los gobernantes, las naciones, la historia, las circunstancias, y cuanto queramos añadir.

El es el Rey de reyes y el Señor de los señores.

LA FUNCIÓN PREEMINENTE DE CRISTO: SER CABEZA DE LA IGLESIA.

Sobre todas las cosas…

Esto implica que de todos los oficios que el Padre le atribuyó a Cristo el más importante es el de ser cabeza de la iglesia. ¡Qué tremendo!

Iglesia es una palabra clave dentro de esta epístola; se repite nueve veces. La visión de la iglesia es predominante dentro de la epístola. Iglesia viene del griego ekklesía. Se forma por dos palabras: ek (fuera) + klesis (llamar). Implica que los que obedecemos al llamado del Señor salimos del pecado y del mundo. Su traducción literal sería los llamados fuera.

Pero la verdadera visión de lo que es la iglesia no la captamos analizando la etimología de la palabra, sino por la revelación de Dios. La iglesia es el pueblo, la familia que Dios soñó tener desde antes de la fundación del mundo. Esta epístola contiene la revelación más completa y clara que sobre la iglesia transmite la Biblia.

En los dos últimos versículos del capítulo 1 Pablo usa dos importantes expresiones para definir a la iglesia:

  • Es el cuerpo de Cristo
  • Es la plenitud de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo

La principal figura usada en el Nuevo Testamento para referirse a la iglesia es la figura del cuerpo. Cristo es la cabeza. La cabeza gobierna y dirige el cuerpo: cada uno de los miembros. También cuida y sustenta a todo el cuerpo.

¿Quiénes pertenecen a la iglesia?

Aquellos que están unidos a Cristo y bajo su gobierno, bajo su autoridad. Todo aquél que reconoce a Cristo como Señor es miembro de su cuerpo, es decir, de su única iglesia.

En la Biblia nunca se le llama iglesia a un edificio o a un lugar de reuniones. La iglesia es la comunidad de los redimidos, de los hombres y mujeres que han nacido de nuevo y tienen la vida de Dios.

Hay una relación vital entre Cristo y la iglesia, similar a la que existe entre la cabeza y el cuerpo. El Cristo resucitado, mediante el Espíritu Santo, está presente en cada uno de los miembros de su cuerpo para darles vida y crecimiento.

Su extraordinario plan es llenarnos a todos de su plenitud. En la medida que crezcamos en el conocimiento de Cristo y de todo lo que somos en él, iremos avanzando hacia esa plenitud. Dios proyecta llenarnos a todos de la plenitud de Cristo hasta que él sea el todo en todos. Amén.