Necesitamos revelación para conocer el PODER de Cristo en nosotros

Efesios 1:18–20… alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis…… cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerzala cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales…

Resulta imposible explicar con palabras el poder extraordinario que Dios nos ha dado. Para captarlo (lo reiteramos) necesitamos revelación.

Podemos observar la cantidad de palabras y adjetivos que utiliza Pablo al referirse a ese poder, y aun así siente que lo explica de un modo insuficiente. (Las palabras entre paréntesis son los equivalentes en griego.)

En la primera frase: La súper (hiper) eminente (ballo) grandeza (megatón) de su poder (dynamis)

En la segunda frase: Según la operación (energía) del poder (kratos) de su fuerza (isxus)

En la tercera frase: la cual operó en Cristo resucitándolo…

Efesios 1:19-20 (Dios Habla Hoy) 19 y cuán grande y sin límites es su poder, el cual actúa en nosotros los creyentes. Este poder es el mismo que Dios mostró con tanta fuerza y potencia 20 cuando resucitó a Cristo y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,

En las dos primeras frases, Pablo usa siete términos para calificar y explicar el tremendo poder que tenemos dentro de nosotros. Pero no queda satisfecho con semejante explicación; entonces recurre a un ejemplo extraordinario: El mismo poder con el que el Padre resucitó a Jesús, y lo exaltó por encima de todo y de todos, es el poder que nos ha dado a nosotros.

¡Tenemos en nosotros el poder de la resurrección; el poder de una vida indestructible; el poder que venció al pecado, a la muerte, a los principados y potestades; el poder que crucificó a nuestro viejo hombre! ¡Aleluya, aleluya y aleluya!

Sin embargo, para muchos la vida cristiana es como querer avanzar contra la corriente en un bote a remos. Si a esa clase de cristianos les preguntáramos si la vida cristiana es fácil o difícil, nos responderían: ¡Difícil!

En parte tienen razón. Es muy difícil perdonar al que nos ofende, amar al que nos trata mal, vencer las tentaciones, estar siempre gozosos, cuando queremos hacer todo eso con nuestras propias fuerzas.

A otros, la vida cristiana les resulta como navegar en un velero, siempre dependiendo de factores externos para avanzar. A veces los vientos son favorable y otras, no. Cuando están en una reunión bendecida, o concurren a un retiro espiritual en el que se percibe la visitación de Dios y sopla el viento del Espíritu, todo parece irles fácil y bien.

Pero, según la luz que arroja la palabra de Dios, la vida cristiana no se parece a un bote a remos ni a un velero, sino a una lancha con motor fuera de borda. Ese tipo de lancha no depende del esfuerzo personal para avanzar ni de las circunstancias exteriores, sino que es impulsada por un poderoso motor, una fuerza interior que la lleva contra viento y marea.

Esa es la verdadera figura de la vida cristiana. Dios nos proveyó todo el poder que necesitamos para andar en victoria cada día y bajo cualquier circunstancia, por más adversa que ésta pueda llegar a ser. ¡Aleluya!

… para con nosotros los que creemos…

Ese motor no opera en nosotros automáticamente. Hay una llave que lo enciende y lo mantiene encendido. Esa llave es la fe. Por eso dice: para con nosotros los que creemos. Algunos, habiendo recibido el bautismo del Espíritu Santo, tienen el motor apagado y siguen esforzándose con los remos; es decir, tratan de hacer la voluntad de Dios con sus propias fuerzas. Por eso la vida cristiana les resulta tan difícil y pesada.

CONCLUSIÓN

1. Es necesario que cada hijo de Dios, además de haberse bautizado en agua, sea lleno del Espíritu Santo. Es indispensable que reciba ese motor. Porque es un don de Dios (un regalo) para cada uno de sus hijos. Ese regalo se recibe por la fe.

2. Resulta importante no solo recibir ese poder, sino andar en el Espíritu las veinticuatro horas del día. Vivir en la fe es la clave para andar en el Espíritu; vivir creyendo y dependiendo de ese poder que está en nosotros. Debemos declarar como Pablo: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, o como dice otra versión: que me da sus fuerzas (Filipenses 4:13). Puedo amar, puedo perdonar, puedo ser más humilde, más amable, más servicial. Puedo vencer la tentación, vivir en victoria, predicar la Palabra, orar sin cesar, dar gracias siempre y por todo. Todo lo puedo en Cristo por el poder de su Espíritu en mí.

3. A veces parece apagarse ‘el motor’ por diferentes circunstancias. Cuando eso suceda, solucionemos el problema lo antes posible, y volvamos a vivir en el Espíritu (Romanos 8:11–14). Amén.

Romanos 8:11-14

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.