Nueve características de un discípulo de Jesús:(8) Se comporta como un hijo de luz

Efesios 5:7–14

No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),
comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis de las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.

I. AHORA SOMOS LUZ

Sabemos que antes vivíamos en las tinieblas y que ahora, por la gracia del Señor, estamos en la luz. Pero este pasaje dice algo mucho más fuerte: En otro tiempo erais tinieblas. Las tinieblas formaban parte de nuestra naturaleza. Y con la misma fuerza declara: mas ahora sois luz en el Señor. Esto es más que tener luz, más que andar en la luz, ES SER LUZ.

Nuestra vieja naturaleza estaba conformada por tinieblas, éramos oscuridad, éramos pecado, éramos mentira. Pero se produjo una transformación, un milagro. Lo que éramos ya no existe. Ahora somos luz en el Señor. Somos como él. Somos uno con él. Si Jesús es la luz del mundo, nosotros también lo somos en él. Tenemos su vida, su naturaleza. Somos la verdad en él. ¡Aleluya! ¡A él sea toda la gloria!

Todo gran privilegio entraña también una gran responsabilidad: Ahora debemos andar como hijos de luz. Esta expresión hijos de luz confirma lo que acabamos de decir. Que tenemos la naturaleza del que es la luz. Juan dice: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él (1 Juan 1:5). Somos hijos de luz, por lo tanto debemos andar como hijos de luz.

Esto implica, por un lado, vivir una vida transparente, sincera, sin dobleces, sin cosas ocultas y vergonzosas, sin engaños ni hipocresía; es decir, andar en sinceridad y verdad. Pero, por otro lado, también significa que debemos manifestar permanentemente ante el mundo lo que somos. No podemos esconderlo, ni debemos disimularlo. No tenemos que ser una luz escondida debajo del almud*, sino personas extrovertidas, comunicativas, que siempre irradien luz en medio de las tinieblas manifestando lo que somos en el Señor. Debemos manifestar lo que somos las veinticuatro horas del día, en todo lugar y en cualquier ambiente.

EL FRUTO DE LA LUZ

Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad.

La frase el fruto del Espíritu, en los manuscritos más antiguos dice: el fruto de la luz…

El fruto o el resultado de andar como hijo de luz es que se den estas tres características en los cristianos:

toda bondad – toda justicia – toda verdad.
Y el texto agrega la frase: …comprobando lo que es agradable al Señor.

Para saber si andamos como hijo de luz debemos hacernos las siguientes preguntas:

1. ¿Estoy procediendo con toda bondad?
2. ¿Estoy actuando con toda justicia?
3. ¿Estoy diciendo la verdad?
4. ¿Lo que hago o digo es agradable al Señor?

Si podemos responder positivamente a estas preguntas con respecto a nuestro andar diario es porque vivimos como hijos de luz: ¡inevitablemente brillaremos en la oscuridad! Y los que aman la luz se acercarán a nosotros y conocerán al Señor.

II. NUESTRA RESPONSABILIDAD Y MISIÓN EN MEDIO DE LAS TINIEBLAS (v. 11–14)

1. No participar de las obras infructuosas de las tinieblas

El texto no dice que no tengamos amistad con las personas que viven alejadas de Dios, sino que no participemos de sus malas obras. Podemos participar de muchas cosas con la gente que nos rodea: comer con ellos, jugar, trabajar, conversar, pero sin compartir sus pecados. Cristo fue amigo de los pecadores, comía con ellos, con publicanos y prostitutas, pero él nunca pecó.

2. Reprender sus obras pecaminosas y ponerlas en evidencia

Si amamos a los pecadores, si los tratamos con amabilidad y sinceridad, con toda bondad, justicia y verdad, si ellos perciben que los apreciamos y los amamos de corazón, tenemos el camino abierto para reprenderlos con gracia y verdad. Como lo hizo Jesús con la mujer samaritana y con tantos otros. Es nuestro deber ineludible amar a todas las personas, transmitirles la palabra del Señor y reprenderlas con amor al señalarles sus pecados.

3. Llamar a la vida a aquellos que están muertos

Éste es el objetivo principal de nuestra misión en el mundo. Si sólo nos quedamos en los dos puntos anteriores, no llegaremos al objetivo final de nuestra misión. Estamos en el mundo para llamar a los pecadores al arrepentimiento. Llamarlos a la vida. Despertar a los que duermen, inconscientes de su estado espiritual. Dios usará nuestra boca para que muchos pasen de muerte a vida al recibir la luz de Cristo. Amén.

III. DEBEMOS ANDAR SABIAMENTE PARA CUMPLIR MEJOR NUESTRA MISIÓN

Efesios 5:15–17 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor

¿Qué es andar sabiamente?

1. Mostrar diligencia en nuestra conducta. En el griego la palabra traducida por diligencia es akribos, que literalmente significa decisión o esmero. Debemos vivir con sabiduría, poniendo esmero en todo lo que hacemos para Dios.

2. Aprovechar bien el tiempo. En el griego dice redimiendo el tiempo. Debemos aprovechar cada oportunidad que tenemos para predicar el evangelio y ganar a los perdidos para Dios. No desperdiciemos nuestro tiempo. La vida es muy corta. Los días, meses y años pasan volando. La época es mala. El enemigo no duerme. Debemos velar, orar sin cesar, predicar a tiempo y fuera de tiempo. Tenemos que tomar conciencia de lo urgente de nuestra misión y aprovechar cada oportunidad para buscar y salvar a los perdidos.

3. Entender la voluntad del Señor y vivir cada día conforme a ella. Debemos preguntarle, consultarle, acerca de las cosas importantes para nuestra vida:
• ¿Señor cuál es tu voluntad para mi vida?
• ¿Qué quieres que haga?
• ¿Dónde quieres que te sirva?
• ¿Dónde debo vivir?

Y también pedir su dirección en las cosas más sencillas y cotidianas: Guíame hoy en tu voluntad. Muéstrame a quién debo predicar. Que cada cosa que haga sea guiada por tu Espíritu. Amén.