Necesitamos revelación para conocer la GLORIA de Cristo en nosotros

Efesios 1:18 … alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos…

Necesitamos revelación para conocer lo que Dios ya nos ha dado en Cristo.

Dios nos ha dado todos los recursos que necesitamos para que la esperanza a la que nos ha llamado llegue a ser una realidad en nuestras vidas. Nos ha dado recursos sobrenaturales para que su plan y propósito se cumplan plenamente en nosotros aquí en la tierra. Pero necesitamos revelación para verlo y poder experimentarlo. Por eso dice:… para que sepáis… cuáles (son) las riquezas de la gloria de su herencia en los santos…

En esta frase hay tres cosas que debemos llegar a conocer: ¿Qué es una herencia? ¿Qué es la gloria? y ¿Dónde están esos recursos?

1. ¿Qué es una herencia?

Herencia son todos los bienes que recibe un heredero. Cristo, por ser el Hijo de Dios, es el heredero de todo lo que Dios tiene (Hebreos 1:2). Nosotros, por haber sido adoptados por Dios como hijos, por medio de Jesús y por pura gracia, somos coherederos de Cristo en todo aquello que el Padre le ha otorgado (Romanos 8:17).

2. ¿Qué es la gloria?

Gloria es una palabra muy destacada dentro del texto bíblico. (Traduce los términos kabod, del hebreo, y doxa, del griego.) El concepto de la palabra gloria se relaciona con valor, virtud, honra, peso, capacidad, poder, grandeza, calidad. Gloria es la manifestación visible de las virtudes o cualidades invisibles de una persona. Cuando las virtudes invisibles de Dios nos son reveladas, quedamos asombrados, maravillados, y exclamamos: ¡Gloria a Dios!

  • La creación nos revela la grandeza, el poder, la sabiduría, de Dios; por eso el salmista dice: Los cielos cuentan la gloria de Dios (Salmos 19:1).
  • Los serafines desde el cielo declaran: Toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3).
  • Pero la máxima expresión de la gloria de Dios es Jesucristo.

Él es el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (Hebreos 1:3).

Juan dice: Y vimos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre (Juan 1:14).

Pablo declara que en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad (Colosenses 2:9).

Todas las virtudes del Padre y todas sus bendiciones están en el Hijo. A esa suma de virtudes y gracias del Padre que están en el Hijo la Biblia la llama gloria.

3. ¿Dónde están esos recursos?

Nuestro versículo habla de las riquezas de la gloria de su herencia en los santos.

Cristo, habitado por la plenitud del Padre, está en nosotros por el Espíritu Santo. Cristo en nosotros es la esperanza de gloria. En Juan 17:22 y 23 Jesús le dice al Padre: La gloria que me diste, les he dado, para que sean uno… yo en ellos y tú en mí…

El Santo, el Todopoderoso, el siempre victorioso, el manso, el humilde, el que sabe perdonar, el que es amor, el Príncipe de Paz, está en nosotros; con todas sus virtudes, con todo su poder, con todo su amor, con toda su gracia, con todas sus cualidades. ¡Aleluya, aleluya y aleluya!

Dios ya nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. En realidad, no necesitamos más bendiciones sino más revelación para conocer todo lo que Dios nos ha dado en Cristo.

Tener riquezas en abundancia, contar con una gran herencia, y no saberlo, a los fines prácticos, es como no tenerlos. Si alguno depositara en tu cuenta bancaria una grandísima suma de dinero y tú no te enteraras de ello, aun habiéndote vuelto una persona muy rica, seguirías viviendo pobremente. Tener algo e ignorarlo, en la práctica es como no tenerlo.

La revelación puede transformarnos la vida. Por eso Pablo al orar por los efesios no pide más bendiciones sino más revelación. ¡Oh, que Dios nos ilumine para que conozcamos la gloria que hay en nosotros!

Cristo, hablando a sus discípulos del Espíritu Santo les dijo: “Él me glorificará; porque tomará de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:14). La función del Espíritu Santo es tomar lo de Cristo y hacérnoslo saber (Juan 16:14). Observemos que no dice: tomará de lo mío y os lo dará, sino tomará de lo mío y os lo hará saber.

Sí, dentro de ti están todas las virtudes de Cristo: amor, santidad, humildad, mansedumbre, paciencia, paz, bondad, dominio propio, amabilidad, verdad, sinceridad, justicia, misericordia, y otras. Cree en la revelación de Dios y vive de acuerdo con ella.

Parábola

Un hombre pobre recibió en herencia una inmensa mansión. Abandonó su ranchito y se fue a vivir con su familia en esa hermosa casa que jamás soñó tener. La vivienda era espléndida y muy grande, pero se encontraba totalmente vacía, de modo que trasladaron los pocos y viejos muebles y utensilios que tenían a esa lujosa mansión. Algún tiempo después, leyendo el testamento con mayor atención, se enteró de que la herencia incluía todo tipo de muebles, alfombras, cuadros, vajilla, cortinas, lámparas, artefactos, herramientas, enseres de la casa, máquinas, joyas de gran valor, y otras cosas. Fue al abogado para realizar el reclamo, y este le aseguró que todo le había sido entregado el primer día. Para poner fin a la disputa, el abogado acompañó al hombre hasta su casa. Una vez allí lo guio a un gran subsuelo que había allí, de cuya existencia el hombre no se había percatado. Y ante el asombro del heredero, abrió las puertas del sótano y le demostró que, efectivamente, todo le había sido entregado el primer día. El hombre no salía de su asombro al ver todas las cosas valiosísimas que tenía allí; pero por no saberlo no las había podido disfrutar antes.

El hombre pobre somos nosotros, el abogado es el Espíritu Santo, y el testamento, el Nuevo Testamento. Necesitamos leerlo con cuidado y fe, bajo la guía y revelación del Espíritu Santo, para ir conociendo día tras día las riquezas de la gloria de su herencia en nosotros.