October 8, 2020

La sublime gracia de Dios nos alcanzó

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aún estando nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), Efesios 2:4–5

Pero Dios, que es rico en misericordia…

¡Oh, ese bendito ‘pero’ del versículo 4 cambió completamente nuestra suerte!

¿Qué puede hacer un hombre muerto para salvarse a sí mismo? Absolutamente nada.

¿Qué es lo que merece el pecador? La condenación.

Nuestro estado era realmente deplorable: Estábamos muertos y éramos merecedores de la justa ira y condenación de Dios.

¿Qué movió a Dios obrar nuestra salvación? ¡SU GRAN MISERICORDIA! Dios nos concedió:

  • Misericordia cuando merecíamos juicio.
  • Amor cuando merecíamos ira.
  • Gracia cuando merecíamos condenación.
  • Vida cuando estábamos muertos.
  • Salvación cuando estábamos perdidos.
  • Cielo cuando nos correspondía el infierno.

Cuando por causa del pecado perdimos el gran privilegio que se nos había concedido de ser hijos de Dios, y quedamos expuestos a su justa ira y eterna condenación. Dios engrandeció sobre nosotros su misericordia.

Misericordia significa tratar a alguien con bondad aún cuando no lo merezca, o merezca lo contrario.

La palabra misericordia viene del latín, y está formada por dos términos: miseria y cordia . El sentido es tener un corazón abierto para el que está en la miseria o con el que es miserable. Es misericordia librar a alguien del castigo que merece justamente, o hacer el bien al que no lo merece. Y es justamente eso lo que Dios hizo con nosotros al enviar a su Hijo y entregarlo a la muerte por nuestra salvación.

…por su gran amor con que nos amó…

¿Qué motivó a Dios a tenernos tanta misericordia? SU GRAN AMOR.

Su amor es inconmensurable, incomprensible, santo, inexplicable, puro, incomparable y eterno. Las Sagradas Escrituras declaran que Dios es amor. Dios no solamente ama sino que él es amor. Su ser es amor. El amor es un atributo inherente a su naturaleza, a su esencia.

El amor de Dios (en griego ágape) es muy diferente del amor humano. El amor humano está afectado por la naturaleza caída, que es esencialmente egoísta. Nuestro amor es limitado, selectivo, muestra preferencias y establece condiciones. Nosotros amamos en base al sujeto u objeto amado. Amamos al bueno, al educado, al culto, al lindo, al rico, al que piensa como nosotros, al importante, al virtuoso y, sobre todo, al que nos trata bien.

En cambio el ágape de Dios no depende de la virtud del ser amado, sino de la virtud del que ama. Dios no nos ama porque somos buenos sino porque él es bueno. Aún siendo indignos, él nos amó. Su amor es misericordioso, sacrificial. Se da a sí mismo por el bien de aquel al que ama. Éste es el verdadero amor, el que movió a Dios obrar nuestra salvación.

…por gracia sois salvos…

La gracia constituye el punto superlativo del amor de Dios. La gracia es el colmo, la máxima medida del amor del Señor hacia nosotros. Es imposible para la lógica humana comprender la gracia de Dios. Solo se la puede recibir por la fe.

¿Qué es la gracia? Resulta imposible definirla cabalmente. Intentando explicar lo inexplicable, podría decir que Dios no solo nos perdonó y nos libró de la condenación que nos correspondía, sino que también nos concedió todas aquellas cosas que merece su Hijo.

Además de entregar a su unigénito Hijo para que padeciera el horrible castigo que nosotros merecíamos, nos otorgó todas las bendiciones, privilegios, derechos y herencia que le corresponden a Jesucristo. ¡Con razón Pablo declara que el amor de Cristo excede a todo conocimiento!

La gracia es locura para nuestra mente natural. Ante ella solo podemos postrarnos y con gratitud eterna adorar a Dios.