October 7, 2020

Dios nos dio a conocer el misterio de su voluntad

Efesios 1:8-10

8 gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

…Dándonos a conocer el misterio de su voluntad… de reunir todas las cosas en Cristo…

Dios, por su gracia, no solo nos redimió sino que nos dio sabiduría e inteligencia al darnos a conocer el misterio de su voluntad.

¿Cuál es la voluntad de Dios para los hombres? ¿Cuál es su proyecto?

Se trata de un misterio, un secreto, solo conocido por Dios. Ese conocimiento no se puede adquirir por esfuerzo humano, sea intelectual, racional o espiritual, sino únicamente por la revelación de Dios. ¡Alabado sea el Señor que nos dio a conocer el misterio de su voluntad!

La palabra clave que revela el misterio de su voluntad es el verbo reunir.

Dios se propuso en sí mismo re-unir (unir nuevamente) todas las cosas en Cristo. Este verbo en el griego es anakefalaiostai. Está formado por la suma de tres palabras: Ana ( = nuevamente) + kefalé ( = cabeza) + iostai ( = unir). Significa unir nuevamente todo bajo una cabeza.

El significado del texto es el siguiente: Dios se propuso unir nuevamente todo bajo una cabeza que es Cristo.

Esta expresión griega se usaba antiguamente cuando un ejército derrotado, diezmado y esparcido se volvía a reunir, reagrupar y reorganizar bajo la autoridad de un nuevo comandante en jefe.

Esta revelación presupone por lo menos tres cosas:

  1. Que originalmente en el universo todo estaba unido y ordenado armónicamente bajo la autoridad de Dios.
  2. Que algo sucedió en el mundo y se rompió esa unidad.
  3. Que Dios, sabiendo de antemano que eso iba a ocurrir con la humanidad, por su gracia se propuso volver a unir todo bajo la autoridad de Cristo como cabeza. Considerémoslo más detalladamente:

La palabra mundo que se usa en este versículo, en el griego es cosmos. Cosmos significa orden, armonía, belleza. Dios creó el universo en unidad, orden y perfecta armonía. Justamente la raíz de la palabra universo es uno. Todo en el universo conformaba una unidad bajo el reinado de Dios.

¿Cuál era el plan original de Dios?

La unidad de todo y de todos. Un mundo unido, hermoso, armonioso, en el que el hombre viviera en comunión con Dios, amándolo, adorándolo y obedeciéndolo. Un lugar en el que se diera la unidad del hombre con su prójimo, la armonía del ser humano con la naturaleza y con la creación. La unidad del matrimonio, de la familia, y de toda la humanidad. El proyecto eterno de Dios era, y es, una sociedad unida, solidaria, sin egoísmos, ni rivalidades; una humanidad que viva en paz y amor; donde cada uno, imbuido del amor de Dios, amara a su prójimo como a sí mismo. ¿Cómo sería hoy el mundo si cada uno amara a su prójimo como a sí mismo?

Desafortunadamente el hombre se rebeló contra el Señor y, aceptando la propuesta del enemigo de Dios, pecó. Así entró en el mundo el pecado, y por el pecado la muerte. Muerte significa separación, división. Se rompió la unidad entre el hombre y Dios, del ser humano consigo mismo y con su prójimo. Surgieron los celos, las envidias, las peleas, los homicidios, los fratricidios, las guerras, las injusticias, los divorcios, la avaricia, la injusta distribución de las riquezas, los conflictos sociales, la discriminación racial. La historia de la humanidad se convirtió en una historia de guerras, sangre, odios, violencias, crímenes y muerte. ¡Tan lejos del modelo de sociedad proyectado por Dios! La misma naturaleza fue afectada por el pecado del ser humano, el administrador del planeta tierra. Los hombres y mujeres se convirtieron en enemigos de Dios y enemigos de su prójimo.

Ante este cuadro, en el que se nos presenta una humanidad rota, dividida y enemistada, es fundamental hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que Dios se ha propuesto hacer? ¿Cuál es su plan?

Dios no ha abandonado al mundo a su propia suerte. Por su gran amor, en la plenitud de los tiempos, mandó a su Hijo a este mundo pecador para llevar a cabo su plan redentor. Cristo pagó con su muerte el precio de nuestra redención, mató en su cuerpo nuestras enemistades, nos reconcilió con Dios y con nuestros semejantes. El Padre resucitó a su Hijo de entre los muertos y lo exaltó hasta lo sumo. La voluntad de Dios es volver a unir a todos los hombres bajo la autoridad de Cristo. Cristo es la propuesta de Dios para la solución de todos los problemas de la humanidad.

¿Qué es la iglesia?

La iglesia es la realización del sueño de Dios en la tierra. Es su proyecto eterno para la humanidad. Ese sueño fue consumado potencialmente en la cruz. “Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconcilió con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” (Efesios 2:14–16).

“Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:27–28).

En un mundo dividido, enemistado, donde reina el individualismo, la injusticia, el egoísmo, la competencia y las guerras, la iglesia es aquella parte de la humanidad que, en Cristo, nuevamente se ha reencontrado con Dios para ser una con él, es la humanidad reconciliada. La iglesia, en su naturaleza esencial, es perdón, paz, reconciliación, amor, servicio. La iglesia es comunidad, familia, unidad. Es ósculo santo, abrazo fraterno, pan compartido, comunión de bienes, afecto entrañable. Es el fin de la soledad, del individualismo, de las divisiones y de las guerras. La iglesia es el “shalom” de Dios instalado entre los hombres para manifestar al mundo el más grande de todos los milagros: la unidad.