October 7, 2020

El maravilloso y eterno plan de Dios

Efesios 1:3-14

  • Dios nos bendijo en Cristo
  • Dios nos escogió en Cristo

I. Dios nos bendijo en Cristo

Efesios 1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo…

  • El apóstol inicia la epístola con esta explosión de alabanza al Padre por habernos bendecido con todas sus bendiciones. Es el Padre el que nos bendijo, nos escogió, nos predestinó, y tantas otras cosas.
  • Bendito sea significa 'bendecido sea'. Bendecir en el griego es eulogeo. Esta expresión está formada por dos palabras: eu (= bien) + logos (= palabra). En español es similar, bendecir significa ‘bien decir’, hablar bien de alguien, alabar a una persona, elogiarla. Y justamente la palabra elogiar viene del griego eulogeo. Pablo bendice, alaba, elogia a Dios por habernos bendecido con toda bendición espiritual.

… nuestro Señor Jesucristo…

  • Todo lo que Pablo va a decir de aquí en adelante se refiere a los que han reconocido a Jesucristo como Señor (Kyrios) - dueño, amo, máxima autoridad. Es decir, aquellos que han sido redimidos por la gracia de Dios, y que ahora son hijos de Dios por haber confesado a Jesús como su dueño y la máxima autoridad sobre sus vidas.
  • Según Romanos 10:9, Jesús llega a ser nuestro Salvador cuando lo reconocemos como Señor.

… nos bendijo… (está en pasado)

  • Observemos que el verbo está en tiempo pasado.
  • Las expresiones que tanto usamos al orar: "Señor, bendícenos", o al saludar a algún hermano: “Que Dios te bendiga”, aunque hermosas y bien intencionadas, sin embargo corresponden al Antiguo Testamento (Números 6:22–27).
  • Importante: En el Nuevo Testamento no hay ninguna oración en la que se le pida a Dios que bendiga a los que ya estamos en Cristo. ¿Por qué? Porque Dios ya nos bendijo con toda bendición en Cristo.

No le pidas a Dios que te bendiga, ¡alábale porque él ya te bendijo!

…con toda bendición espiritual… (¿Cuánto nos bendijo?)

  • La totalidad de las bendiciones de Dios se encuentran en su Hijo Jesucristo.
  • Pablo dice en Colosenses 2:9–10: En él habita corporalmente la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él.
  • Cuando nosotros recibimos a Cristo, todas sus bendiciones llegan a ser nuestras.
  • Cristo, lleno de la plenitud del Padre, habita en nosotros. Somos uno con él.
  • Imagine una señorita pobre que se casa con un hombre muy rico; por el solo hecho de ser una con él, todo lo que le pertenece a su marido pasa automáticamente a ser de ella.
  • Por eso la Palabra dice: nos bendijo… en Cristo. Es decir, en virtud de nuestra unión con Cristo.

… toda bendición espiritual… (¿Materiales o Espirituales?)

  • Estas bendiciones son espirituales.
  • Aunque Dios nos bendice también material y físicamente, sin embargo aún no tenemos la totalidad de las bendiciones materiales y físicas que habremos de recibir cuando Cristo vuelva.
  • En cuanto a las bendiciones físicas y materiales, aunque ahora solo contemos con la parte que él nos quiera dar en el presente, la totalidad de las bendiciones espirituales en Cristo ya son nuestras.

… en los lugares celestiales… ¿En qué ámbito?

La expresión lugares celestiales, en el griego se expresa con una sola palabra: epouranios. Está formada por dos palabras: epi (= encima) + uranios (= cielo), y se refiere a lo que está más allá del cielo visible, al mundo invisible y espiritual, a la dimensión celestial.

En el universo existen dos realidades o dimensiones:

  1. El mundo material o físico, que se puede percibir a través de los cinco sentidos. (Los árboles, el agua, los animales, las estrellas, las piedras, pertenecen a la dimensión material o física.)
  2. El mundo espiritual o celestial, que solo se puede percibir por el espíritu y la fe. ( Dios, los ángeles, Satanás, los demonios, pertenecen a la dimensión espiritual o celestial)

El ser humano pertenece a ambas dimensiones, ya que tiene cuerpo y espíritu.

Es en la dimensión del epouranios que Dios nos bendijo con toda bendición. Cristo, mediante el Espíritu Santo, está ahora en nuestro espíritu. Toda su bendición está en nuestro espíritu. Por eso debemos andar en el Espíritu y no en la carne, para vivir en la virtud de todas sus bendiciones.

Dios, al adoptarnos como hijos suyos en Cristo, nos hizo participantes de todo lo que le pertenece a él. Todas las bendiciones del Padre están en el Hijo, y el Hijo está en nosotros.

No necesitamos pedirle más bendiciones sino más revelación para conocer todo lo que Dios nos ha dado.

II. Dios nos escogió en Cristo

Efesios 1:4-6 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

Síntesis:

Dios nos bendijo… según nos escogió en Cristo.

Nos escogió según nos había predestinado.

Nos predestinó según su amor, para adoptarnos como hijos.

Nos amó según el puro afecto de su voluntad.

¿Cómo podemos llamar a todo esto? Gracia.

¿Con qué finalidad realizó Dios todo esto? Para la alabanza de la gloria de su gracia.

…nos escogió en él antes de la fundación del mundo… (¿Cuándo? y ¿Para qué?)

Dios el Padre, como supremo arquitecto, desde antes de la creación del universo tenía un maravilloso plan para la humanidad. Ese plan nació de su profundo amor y según su soberana voluntad.

En el centro de ese plan está Cristo. Fuimos escogidos en él. Para ser parte de su plan debemos estar en Cristo. Sin Cristo el ser humano queda fuera del proyecto de Dios, y fuera de toda posibilidad de que el propósito del Señor se cumpla en su vida.

Por ejemplo, las ramas de la vid han sido diseñadas para estar en la vid, y allí llevar fruto. La única posibilidad de que el plan del Creador se cumpla en las ramas es que permanezcan en la vid. Lo mismo sucede con nosotros los seres humanos: la única posibilidad de que el propósito de Dios se cumpla en nosotros y que demos el fruto para el que fuimos pensados es que estemos en Cristo.

Observemos que en estos versículos hay tres 'para'. **La expresión para, tiene que ver con propósito. **Es decir que fuimos escogidos y predestinados:

  1. Para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo (v. 5)
  2. Para ser santos y sin mancha delante del Padre (v. 4)
  3. Para la alabanza de la gloria de su gracia (v. 6)

En amor habiéndonos predestinado para ser adoptado hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad. (¿A qué nos predestinó?)

En el universo hay un solo ser que es Hijo de Dios por su propia esencia y naturaleza: Jesucristo. Por eso se lo llama unigénito. El Hijo de Dios estuvo eternamente con el Padre, y por tener la misma naturaleza del Padre era Dios (Juan 1:1).

Pero Dios, por su gran amor, nos predestinó a ser adoptados como hijos suyos por medio de su Hijo. El texto bíblico dice para ser adoptados. Nosotros por naturaleza no éramos hijos de Dios sino criaturas de Dios. Aún habiendo pecado, Dios, por pura gracia, nos predestinó al máximo privilegio que cualquier ser puede tener: ser hechos hijos de Dios. Por eso, el apóstol Juan escribe: Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios (1 Juan 3:1).

Este privilegio no le fue dado a ningún ángel (Hebreos 1:5). Nosotros formados del polvo de la tierra, hechos un poco menor que los ángeles (según el salmo 8:3–5) y pecadores fuimos predestinados por el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y según el puro afecto de su voluntad, a tener el mismo privilegio y la misma condición de hijos de Dios que tiene Jesús. ¡Cuánto amor y gracia!

Predestinar está formada por dos palabras: pre + destinar. Significa dar un destino de antemano. Dios estableció un destino de antemano para los hombres, y nos lo revela a través de su Palabra. Esto no significa que Dios nos imponga su voluntad. La Biblia dice que Dios "…quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad".

(1 Timoteo 2:4). Pero cada persona debe conocer y aceptar ese plan maravilloso que Dios ha diseñado para su vida.

Como hijos de Dios, es nuestra la responsabilidad de dar a conocer ese propósito del Señor a todos los que aún no lo conocen; y es responsabilidad de los que escuchan el evangelio aceptar la voluntad de Dios para su vida.

Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

El propósito de Dios no es únicamente hacernos sus hijos, sino hacernos hijos santos y sin mancha, es decir, semejantes a Jesús. Pablo expone esto claramente en Romanos 8:29:

A los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

El proyecto eterno de Dios no es meramente salvarnos del infierno y llevarnos al cielo, sino hacernos como Cristo. Obtener el perdón de los pecados y ser un hijo de Dios es apenas el primer paso hacia el cumplimiento del proyecto de Dios, y no el fin. La meta de Dios es hacernos conformes a la imagen de su Hijo.

La santidad de vida es uno de los principales puntos que Pablo enfoca en esta carta, en especial en la segunda parte (cap. 4, 5 y 6). En 5:25–27, declara que Cristo, por su sacrificio y mediante la Palabra, ha decidido presentarse a sí mismo una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Para la alabanza de la gloria de su gracia. (¿Propósito Final?)

Este es el último para de estos versículos. El propósito final de todas las cosas es la gloria de Dios. La elección, la predestinación, la adopción, la redención, la santificación, es decir, todo, absolutamente todo, es por la gracia de Dios, a fin de que Dios sea eternamente alabado y honrado por la gloria y la grandeza de su gracia! Amén.

Alabanza: Alabar significar reconocer y expresar las virtudes de alguien.

Gloria: (en griego, doxa; en hebreo, kabod): Es la manifestación visible de las virtudes invisibles de Dios; de su calidad, poder, amor, gracia, capacidad, sabiduría, grandeza.

Gracia: Es el grado más alto del amor de Dios para con nosotros. Es favor inmerecido. Es recibir lo que no merecemos, y que jamás podríamos merecer.

La creación revela de un modo harto elocuente la grandeza de Dios; su eterno poder y deidad. Pero somos nosotros (pecadores redimidos, santificados y transformados a la imagen de Cristo) los responsables de manifestar al mundo y a los siglos venideros la inmensidad del amor y de la gracia de Dios.