October 8, 2020

Dios nos selló con el Espíritu Santo

Efesios 1:11-14

11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Efesios 1:11-14 (NTV)

11 Es más, dado que estamos unidos a Cristo, hemos recibido una herencia de parte de Dios, porque él nos eligió de antemano y hace que todas las cosas resulten de acuerdo con su plan. 12 El propósito de Dios fue que nosotros, los judíos —que fuimos los primeros en confiar en Cristo—, diéramos gloria y alabanza a Dios. 13 Y ahora ustedes, los gentiles, también han oído la verdad, la Buena Noticia de que Dios los salva. Además, cuando creyeron en Cristo, Dios los identificó como suyos al darles el Espíritu Santo, el cual había prometido tiempo atrás. 14 El Espíritu es la garantía que tenemos de parte de Dios de que nos dará la herencia que nos prometió y de que nos ha comprado para que seamos su pueblo. Dios hizo todo esto para que nosotros le diéramos gloria y alabanza.

En él tuvimos herencia…

¿Alguna vez te has imaginado ser el heredero de una gran fortuna? Creo que hemos soñado con eso. Hay personas afortunadas en el mundo que han recibido grandes herencias.

Por la herencia no se trabaja, es algo a lo que tienen derecho los hijos.

Muchos de nosotros puede que no podamos aspirar a grandes herencias aquí en la tierra, sin embargo como hijos de Dios tenemos una herencia que no se compara con ninguna herencia terrena.

Dios nos adoptó como hijos suyos por medio de Jesucristo. Romanos 8:17 dice: Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo. Coherederos significa herederos igualmente. ¡Cuán grande es la gracia de Dios! Su Hijo sufrió aquello que nosotros merecíamos, padeció en nuestro lugar; y ahora Dios nos hace copartícipes de todos los derechos, los privilegios y la herencia que le corresponde a su Hijo. Fíjate que el Padre constituyó a Jesucristo heredero de todo (Hebreos 1:2), y Cristo nos hizo co-herederos, es decir, ha decidido compartir con nosotros -sus hermanos- todo lo que el Padre le concedió a él. ¡Esto es el colmo de la gracia de Dios! Es como para agradecer a Dios permanentemente y vivir en un estado de admiración y adoración ante la inmensidad de su gracia. ¡Aleluya!

… conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad…

Toda esta obra de la gracia de Dios no ha sido una improvisación del Señor después de la caída del hombre. Dios, en su amor y bondad, lejos de desecharnos y condenarnos, persistió en el propósito que tenía desde antes de la creación del mundo, según el designio o el proyecto de su voluntad, para que fuésemos para la alabanza de su gloria. Dios es un Dios de propósito. Nos creó según su propósito. Nos redimió según su propósito. Nos reveló el misterio de su voluntad a fin de que su propósito eterno se cumpliese en nosotros: ¡vivir para la alabanza de la gloria de Dios, desde ahora y para siempre!

"Nosotros" y “vosotros”.

12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa

12 El propósito de Dios fue que nosotros, los judíos —que fuimos los primeros en confiar en Cristo—, diéramos gloria y alabanza a Dios. 13 Y ahora ustedes, los gentiles, también han oído la verdad, la Buena Noticia de que Dios los salva. NTV

En estos versículos podemos observar estas dos palabras: nosotros y vosotros. Como Pablo era judío, al usar esta expresión en primera persona plural se está refiriendo a los cristianos que vienen del judaísmo. Y con él vosotros se refiere a los gentiles convertidos a Cristo.

Pablo usa esta modalidad (distinción) varias veces en esta epístola (2:1 al 3 ; 2:11 al 18 ; etc.). Como mencionamos en la introducción, había una amenaza de división en la iglesia de Éfeso, entre los que provenían del judaísmo y los que provenían de los gentiles. Por eso Pablo enfatiza tanto la unidad de la iglesia en esta epístola.

… fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia, hasta la redención de la posesión adquirida.

Fíjate que la redención que Cristo logró en la cruz a nuestro favor es una redención completa. Abarca nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo. Y aún más. Como ya lo dijimos, Cristo nos hace coherederos de todas las cosas materiales que son suyas. Jesús dijo: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" (Mateo 5:5). Pero recibimos los beneficios de esa redención en dos instancias bien definidas:

La primera parte de la herencia, al convertirnos a Cristo.

  • Allí se nos concede el perdón de los pecados,
  • somos hechos nuevas criaturas,
  • nos convertimos en hijos de Dios y miembros del cuerpo de Cristo,
  • y somos sellados con el Espíritu Santo, en lo que Pablo define como las arras de nuestra herencia, o sea el anticipo-garantía de esa herencia hasta llegar a la posesión completa.

Arras: del griego arrabon. Arrabon era un término legal que significaba deposito, pago inicial, abono, promesa.

Cuando se llevaba a cabo una transacción entre un vendedor y un comprador el arrabon era la prenda o dinero que el comprador entregaba al vendedor al momento de hacer un contrato para asegurar su ejecución. (Ese depósito, esa promesa garantizada)

  • Era una señal del acuerdo
  • Era una garantía de que el comprador cumpliría por eso le daba ese adelanto. Es como cuando usted da un pronto para separar una casa.

👉 El Espíritu Santo es la garantía, ese adelanto que se le da al creyente que ya tiene la salvación y que posee la herencia del reino de Dios.

👉 Es la garantía de que a su debido tiempo, recibiremos la herencia en su totalidad.

Dios nos da su Espíritu como garantía de nuestra herencia en Cristo. Esto nos debe dar la certeza y seguridad de que El cumple sus promesas.

La segunda parte, que tiene que ver con la redención de nuestro cuerpo y la posesión de la tierra, cuando Cristo vuelva a la tierra.

  • Entonces recibiremos la redención completa de la posesión adquirida. Tendremos cuerpos nuevos, glorificados, sin más enfermedades ni muerte, y reinaremos con Cristo sobre la tierra.

13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

Para entender cómo guiaban los apóstoles a las personas en el proceso completo de la conversión, resulta de ayuda leer Hechos 19:1–7. Allí encontramos a Pablo en acción y se nos relata lo que sucedió precisamente con los efesios. Notemos los siguientes pasos:

  1. Ellos oyeron el mensaje completo
  2. Creyeron en Jesús, el Señor
  3. Fueron bautizados en agua
  4. Recibieron el Espíritu Santo

Por eso Pablo les dice: …habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo.

  • El Espíritu Santo es la promesa del Padre (Lucas 24:49; Ezequiel 36:26–27).
  • Es un don, un regalo, de Dios para sus hijos (Hechos 2:38). No se recibe por haber hecho méritos.
  • Es el sello con el cual Dios nos marca como su propiedad.
  • Es el poder que Cristo prometió a sus discípulos para que pudiesen ser sus testigos hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8)

RESUMEN DE 1: 3–14

La función de la Trinidad en la obra de la redención:

  • Dios Padre nos amó, nos predestinó, nos escogió, nos perdonó, nos adoptó como hijos, nos bendijo, nos reveló su voluntad, nos selló y nos dio herencia. Todo esto en Cristo, por gracia y para la alabanza de su gloria.
  • Dios Hijo es nuestro Señor, nuestro hermano mayor, nuestro Redentor, el que nos une con Dios y con los hombres y el que nos hace coherederos juntamente con él.
  • Dios Espíritu Santo es el que opera la salvación en nosotros, el sello de Dios, las arras de nuestra herencia, Dios en nosotros.