Exposición Hispano-Africana 1933, el sueño roto de Virgilio Castilla

Fuente: El Independiente de Granada

GRANDES EVENTOS FRUSTRADOS EN GRANADA.
Uno de los proyectos más ilusionantes que ideó un grupo de empresarios granadinos, que puede que desconocieras, es el relato que te descubre Gabriel Pozo Felguera, que concluye con una necesaria y brillante reflexión, como el reportaje, y un aviso a navegantes. No te lo pierdas.

Parte central del Parque de Medrano que acogería los jardines, estanque artificial y escalinatas-cascadas bajando hacia las laderas del río Genil desde los Rebites y llano de la Perdiz. JEAN GRAEF
  • La idea echó a andar en 1924 por iniciativa del presidente del Círculo Unión Mercantil, con apoyo explícito del Directorio del general Miguel Primo de Rivera
  • Estuvieron implicados los empresarios y personalidades de la época; la crisis económica de 1929 y la convulsa situación de la II República la dejaron en el olvido
  • La iniciativa contribuyó a diseñar el ensanche de Granada por el Camino de Ronda y a comprar el Corral del Carbón como sede

Virgilio Castilla Carmona, Leopoldo Torres Balbás, Antonio Gallego Burín, Juan José Santacruz… unieron sus fuerzas en 1924 y trabajaron en la organización de la Exposición Internacional Hispano-Africana de 1933. Marcaron los grandes espacios en los ensanches de Granada donde se ubicaría lo mejor de las artes, las ciencias y el trabajo; alentaron la construcción del Camino de Ronda, de una zona industrial en el Cortijo La Chana; y una gran área verde en las márgenes del Genil hasta Cenes. Trabajaron en el proyecto hasta 1931, cuando la situación económica y política dio un drástico vuelco.

El proyecto no salió adelante, pero dejó algunas aportaciones al futuro urbanístico de la vieja y constreñida Granada. El único resto palpable que se consiguió fue la salvación del Corral del Carbón para sede de aquella Expo granadina frustrada.

Virgilio Castilla Carmona (1888-1936) tuvo un sueño. Y en 1924 empezó a cumplirlo. Deseaba hacer de Granada una ciudad moderna y próspera en lo económico. Igual que Barcelona y Sevilla lo estaban consiguiendo con la organización de sus exposiciones universales. Tenía poco más de treinta años cuando alcanzó la presidencia del Círculo Unión Mercantil de Granada, una asociación empresarial equiparable a la CEOE de ahora. En marzo de 1924 fue elegido vicepresidente segundo de la Cámara de Comercio. Acababa de empezar una brillante carrera en su vertiente profesional como empresario; todavía faltaba tiempo para salir elegido concejal del Ayuntamiento de Granada en las listas del PSOE, en abril de 1931. Fue el primer presidente de la Diputación Provincial de la II República y fusilado en las tapias del cementerio el 2 de agosto de 1936, tras el golpe de estado.

Virgilio Castilla Carmona, en abril de 1931, recién elegido presidente de la Diputación. REVISTA REFLEJOS

La vertiente política de Virgilio Castilla es suficientemente conocida. Este artículo versa sobre su faceta como empresario y promotor de la que quiso ser y no fue Exposición Universal Hispano-Africana de Granada 1933. Una idea que alumbró Virgilio Castilla y supo rodearse de los mejores pensadores granadinos del momento. Pusieron los cimientos de lo que fue la expansión de la ciudad de Granada a partir de las ideas de aquel grupo de inquietos intelectuales. Del grupo que se constituyó en 1924 para desarrollar la Exposición Internacional Hispano-Africana, unos acabaron ante el pelotón de fusilamiento, otros en el exilio y uno de ellos como el “alcalde del siglo XX” de la ciudad.

El antecedente: I Feria de Muestras de Granada

Virgilio Castilla Carmona pertenecía a una familia acomodada. Su padre, su hermano Luis y él regentaban uno de los primeros almacenes de tejidos de la ciudad: El Siglo. El comercio estaría ubicado en un lugar inmejorable, el edificio número 8 de la calle Reyes Católicos (actuales números 18, 20-22). La tienda ocupaba las plantas baja y primera.

Virgilio, el menor de los hermanos, se movió en círculos de la intelectualidad y la masonería granadinas. Era inquieto y nadaba bien en los ambientes de representación empresariales. Muy joven alcanzó la presidencia del Círculo de la Unión Mercantil, cuyos antecedentes se remontaban a 1886. El Círculo existía en prácticamente todas las provincias españolas.

Arriba, anuncio de Almacenes en Siglo, en el número 8 de Reyes Católicos. Debajo, el edificio original hoy se corresponde con los números 18, 20-22.

A principios del año 1924, en su calidad de primer representante de los comerciantes, organizó la que fue I Feria de Muestras de Granada. Su celebración se hizo coincidir con la Feria del Corpus de Aquel año; la Feria estuvo abierta entre los días 17 y 30 de junio. Los principales empresarios de Granada sacaron a plazas, calles, en la sede del Círculo Mercantil y en el interior de sus almacenes los mejores y más modernos productos de que se disponía en el momento.

Esta es la segunda versión que se hizo del cartel del Corpus 1924, que incluyó una mención especial a la I Feria de Muestras. AHMGR

El esfuerzo de aquella Primera Feria de Muestras fue un exitazo. Tuvieron la suerte de contar incluso con la visita del presidente del Gobierno de España, por entonces llamado jefe del Directorio, es decir, el general Miguel Primo de Rivera. Al presidente y varios ministros les acompañó una parte de la familia real. No se podía pedir más. La repercusión mediática fue enorme, incluso el ministro de Guerra adquirió 500 camas en uno de los stands.

[Al final de este artículo incluyo unas páginas con los principales stands de aquella exposición, publicados en la revista Reflejos en julio de 1924]

Ya el día de la inauguración de la Feria, Virgilio Castilla avanzó que aquel evento era el primer paso para organizar en Granada una Exposición Internacional Hispano-Africana. El día 25 de junio, durante la visita de Primo de Rivera a la Feria, Castilla volvió a repetir la idea embrionaria y solicitó el apoyo del Gobierno de la nación. El jefe del directorio militar acogió con gusto una idea que, seguro, le vendría muy bien para afianzar las relaciones con la zona colonial norteafricana, recién salida de una larga guerra. Pero, además, aquella exposición pretendía implicar también al poderoso comercio judío del Mediterráneo y a los países islámicos, aunque no los incluyese en su nomenclatura.

El general Primo de Rivera le emplazó a que le presentaran el proyecto de Exposición en Madrid. Virgilio Castilla insufló sus ánimos. Sobre todo al conocer que la I Feria de Muestras arrojó un superávit de 2.307 pesetas (13.600 de ingresos y 11.292 de gastos). Sobre su cabeza voló la idea de poner en marcha un comité organizador que contara con los mejores profesionales del momento, si bien coordinados desde la Cámara de Comercio, de la que él estaba recién elegido vicepresidente por el sector del gran comercio local.

Esta es la segunda versión que se hizo del cartel del Corpus 1924, que incluyó una mención especial a la I Feria de Muestras. AHMGR
Noticia recogida por la Voz de Madrid el 26 de junio de 1924. El diario estaba dirigido por el granadino Enrique Fajardo.

El comité de treinta empresarios que organizó la Feria de Muestras se comprometió a continuar implicado en la organización de la Exposición Universal que iba a tener Granada. Además, fueron invitadas las instituciones. La mayoría se ilusionaron con la idea y se implicaron. En cambio, el Ayuntamiento de Granada, presidido por el Marqués de Casablanca (Antonio Díez de Rivera y Muro) apenas se inmutó. La Universidad envió a su joven catedrático Antonio Gallego Burín a que la representara; la Alhambra, a su director Leopoldo Torres Balbás; Juan José Santacruz, ingeniero de obras públicas, representaba al Gobierno Civil.

En la primera reunión, quedó constituido el comité organizador de la Exposición Hispano-Africana de 1933. La presidencia la ostentaban Alfredo Velasco Sotillos, presidente de la Cámara de Comercio; Virgilio Castilla como vicepresidente; Antonio Gallego Burín como secretario; José Álvarez de Cienfuegos como contador y asesor económico; Rafael Rubio Calmarino como tesorero; como ingeniero, Juan José Santacruz; como arquitecto, Leopoldo Torres Balbás; la asesoría jurídica se dejó en manos de Francisco Fernández Sánchez-Puertas.

Alfredo Velasco Sotillos, presidente de la Cámara de Comercio y también del comité organizador de la Expo 1933.

En diciembre de 1924, la Exposición de Granada 1933 ya contaba con un proyecto: objetivos, memoria, planos de emplazamiento y presupuesto aproximado. En marzo de 1925, una parte del comité se reunió en Madrid con el Subsecretario del Ministerio del Trabajo, Eduardo Aunós, para presentarle el proyecto que meses atrás le había prometido apoyar el jefe del directorio militar. Regresaron muy contentos por el gran apoyo recibido a la propuesta. El 18 de mayo fueron recibidos por el presidente del Directorio, a quien le fue entregada la memoria del proyecto; Primo de Rivera lo acogió con interés y se interesó por la idea. Poco tiempo después, el consejo de ministros aprobó su celebración; se barajó que lo subvencionaría con 1,2 millones de pesetas anualmente durante los diez siguientes años.

Acta de la reunión del mes de abril de 1924 en la que decidió quiénes irían a ver al Presidente del Gobierno: Velasco, Castilla, el Alcalde y Cienfuegos.

Principales rasgos de Granada 1933

Aquel equipo de promotores de la primera gran exposición universal que iba a tener Granada no quería seguir los pasos de las exposiciones de Londres, Viena, París y Barcelona 1889. Les estaba gustando más el diseño de Sevilla 1929. No pretendían que se construyeran grandes pabellones a las afueras de la ciudad donde exponer muestras industriales y artísticas de los países participantes… y después derribarlo todo. Se pretendía hacer de Granada un centro permanente de atracción oriental, acorde con su historia. Un puente entre Europa, África y países árabes. No se querían grandes y ostentosas edificaciones, sino comenzar utilizando los edificios públicos repartidos por la ciudad y, sobre todo, aprovechar para solucionar el urbanismo de Granada para las próximas décadas.

Portada de la memoria que fue entregada al Presidente del Gobierno. AHMGR

En la memoria que redactaron comienzan por reconocer las graves carencias que tenía Granada en 1924. Aquí no había llegado la Belle Epoque ni los felices años veinte. La reforma interior de la Gran Vía daba sus últimas bocanadas en cuanto a creación de empleo; no había solucionado el problema de falta de vivienda y hacinamiento de una ciudad con mucho aumento vegetativo (esta provincia era la quinta en población por entonces). Todo lo contrario, la destrucción de tres centenares de edificios en el centro histórico de la ciudad para construir la Gran Vía propició la expulsión de unas 4.000 personas a otros barrios. La Gran Vía no había ido acompañada de creación de nuevos barrios en la periferia para albergarlos. Por eso, Granada tenía en 1924 un hacinamiento insoportable, con más de 8 personas por vivienda (e incluso en algunos barrios malvivían hasta 13 almas por casa). Granada sumaba 99.095 habitantes alojados en 7.522 viviendas.

La situación se empeoraba debido a la gran crisis obrera arrastrada desde años atrás con la falta de trabajo, el progresivo cierre de azucareras y la continua emigración del campo a la ciudad. El Ayuntamiento de Granada estaba arruinado (como venía ocurriendo desde la guerra de la Independencia) y era inoperante. La ciudad no tenía agua potable, ni un sistema de desagüe decente. La consecuencia inmediata eran unas condiciones de insalubridad alarmantes, con altísima mortalidad infantil y abundante tuberculosis.

Plano de Granada en 1918. La ciudad era muy similar en tamaño y población a la del siglo XVI, con menos de 100.000 habitantes apiñados en 7.500 viviendas, sin agua potable ni desagües. El Camino de Ronda coincidió quince años después justo con la línea del borde inferior.

Continuaba siendo válida la advertencia a viajeros de que beber agua en Granada era arriesgarse a llevarse una infección estomacal o incluso el cólera. De ahí que hasta el incipiente turismo procurase permanecer el menor tiempo posible en la ciudad. En el año 1920 la visitaron 4.280 turistas; en 1922, 9.936 viajeros; y en 1924, 13.089. Es decir, se preveía un crecimiento exponencial en los años siguientes, de manera que para 1933, año de la Exposición Universal, se superarían los 200.000 turistas. Pero previamente también había que mejorar la planta hotelera y las condiciones higiénicas de Granada. La estancia media por turista en 1924 era de dos días, a razón de un gasto medio de 55 pesetas/día.

La duración de la gran exposición se prolongaría a lo largo de seis meses, desde primavera hasta el otoño.

Tres emplazamientos a las afueras

He avanzado que los promotores de aquella Exposición de 1933 no pretendían seguir el modelo de Londres ni París. “No se trata de una gran feria más, con aparatosos edificios y pretensiones monumentales que después son derribados”, dejaron escrito en su memoria, sino que se debía incrementar el patrimonio de la ciudad y utilizar las obras para solucionar los muchos déficits urbanísticos que tenía Granada, y facilitar las infraestructuras del futuro. En cierto modo, estaban siguiendo el modelo de Aníbal González para la Expo Iberoamericana de Sevilla.

En cuanto a contenidos, las grandes áreas se dividirían en siete zonas temáticas: historia y arte; educación y enseñanza; industria y comercio; agricultura y ganadería; turismo; deportes; y fiestas.

Fotografía de Granada de 1957. En rojo, área del valle del Genil donde se pretendía ubicar el gran parque y zoológico; en verde, zona de la Vega en el entorno del Camino de Ronda que surgió años después. La ciudad había cambiado poco con relación a 1924 en que se ideó la Expo.

Bajo este proyecto granadino subyacía propiciar el ensanche de Granada para años venideros. Fueron tres las zonas que dibujaron en su primer plano para ubicar la Exposición de 1933. El primero sería la Vega o Camino de Ronda; el segundo, la zona de las estaciones de trenes; y el tercero, las orillas del río Genil, desde la Ermita de San Sebastián hasta Cenes.

El Camino de Ronda era un proyecto que empezó a barajarse cuando fueron conscientes de que la Gran Vía no había dado solución al tráfico entre las estaciones, entradas de Jaén, Córdoba y Málaga, y la carretera de Motril (donde incluso se esperaba establecer otra estación para el ferrocarril a la Costa). Por eso, los promotores de la Exposición recuperaron la idea de construir una “redonda” o circunvalación exterior entre la carretera de Armilla y Villarejo. Una vez acabada la muestra, el Camino de Ronda sería un extenso eje del barrio obrero de la ciudad, de casas económicas, no antiestéticas viviendas de pisos, sino casitas rodeadas de huertas. Uno de los primeros empresarios en colaborar con la idea fue Matías Fernández Fígares, quien en 1925 puso en marcha su urbanización de 157 viviendas en la Huerta de San Antón (actual barrio Fígares), en las que mezcló viviendas de diverso tipo. [F. Fígares no cumplió exactamente lo prometido a sus compradores, por lo que estos distribuyeron pasquines por la ciudad llamándole estafador y mentiroso].

Fotografía de Granada de 1957. En rojo, área del valle del Genil donde se pretendía ubicar el gran parque y zoológico; en verde, zona de la Vega en el entorno del Camino de Ronda que surgió años después. La ciudad había cambiado poco con relación a 1924 en que se ideó la Expo.
Fotografía de Granada de 1957. En rojo, área del valle del Genil donde se pretendía ubicar el gran parque y zoológico; en verde, zona de la Vega en el entorno del Camino de Ronda que surgió años después. La ciudad había cambiado poco con relación a 1924 en que se ideó la Expo.
Puente sobre el río Genil recién hecho, en los primeros años de la República. Al fondo se ven los bloques del barrio Fígares.

En 1927, el Ayuntamiento aceleró el trazado del Camino de Ronda siguiendo las ideas de la Expo 1933. Hizo un primer trazado entre la carretera de Armilla y el ferrocarril de Bobadilla que pretendía no afectar a ninguna casa-huerta; lo trazó rozando la fachada del Seminario, o sea, coincidiendo con lo que son actualmente las calles Pedro Antonio de Alarcón y Gonzalo Gallas. Este primer trazado de la carretera de Ronda fue desplazado en el proyecto de 1931 hasta situarlo donde está ahora mismo. Estaría formado por una calzada de 10 metros, más dos aceras de otros 10 metros cada una.

La segunda zona de ubicación de la Expo 1933 estaría en las Estaciones, donde ya había un taller textil en Zarabanda. Esta área sería propiamente de pabellones para la muestra industrial y actividades fabriles. Por allí ya estaban las estaciones del Sur y de Andaluces, más las cocheras de Tranvías, y se proyectaban los hospitales. El epicentro del área industrial sería el Cortijo La Chana (que a partir de 1953 dio origen al nacimiento del barrio del mismo nombre).

Puente Verde en 1890. Los inicios del Camino de Cenes eran todavía unas huertas sin apenas edificaciones. El proyecto de Expo 1933 pretendía dar continuidad a los jardines de la Bomba y del Salón por estos terrenos. En el ángulo inferior izquierdo se ubicó más tarde la estación de Tranvías de la Sierra. AYOLA.

La tercera gran zona prevista para la Expo 1933 sería la Ribera del Genil. A partir del Puente Verde y hasta Cenes se extendía una vega vacía, surcada por el Genil y flanqueada por las laderas del Barranco del Abogado-Cementerio y Bola de Oro-Serrallo. Este paradisíaco lugar sería una especie de amplio jardín, con lago artificial, río navegable, cascadas, jardines de todo tipo e incluso parque zoológico. Ya se previó hacer por aquí un acceso a la Alhambra/Cementerio. (Ver ilustración de portada)

En realidad, lo que planteó la comisión gestora de la Exposición Hispano-Africana fue un ambicioso plan general de urbanismo de Granada, que se ha ido cumpliendo a retazos en las siguientes décadas. Aunque también ha sido prostituido de manera exagerada, precisamente por alguno de los que formaron parte del comité organizador de la Expo. Por ejemplo, el ambicioso parque y pulmón verde que continuaría los jardines del Salón-Bomba fue transformado en una línea de horrorosos bloques que encajonaron el río; del Camino de Ronda de viviendas baratas con jardín para obreros, sólo fue levantado el barrio Fígares. De las actividades fabriles que se ubicarían, sólo la estación de autobuses y Puleva cuajaron plenamente (ninguna de las dos sigue allí). Y en la zona industrial en torno al Cortijo La Chana nada llegó a hacerse, excepto una serie de urbanizaciones obreras para descongestionar el superpoblado Albayzín a partir de la década de los cincuenta. El urbanismo que defendió Gallego Burín para el futuro de Granada dentro de la comisión gestora de la Expo 1933 lo olvidó por completo cuando fue dueño absoluto de Granada entre 1938 y 1951.

Las cuentas de la lechera

El proyecto urbanístico y expositivo estaba bien armado. En cambio, la proyección económica y presupuestaria fueron totalmente irreales. Y lo peor de todo es que el Ayuntamiento se implicó poquísimo en la idea; sólo el nuevo alcalde Mariano Fernández Sánchez-Puertas se implicó entre 1928-30. No se pretendía alcanzar los casi 90 millones de pesetas que iba a costar la Exposición Iberoamericana de Sevilla; las pretensiones de Granada eran mucho más modestas.

Cuadro resumen del presupuesto inicial barajado para organizar la Exposición de 1933.

Los gastos totales serían de poco más de 28 millones de pesetas; los ingresos fueron calculados en 33 millones. Con lo cual habría un beneficio de 4.976.635 pesetas. De paso, entre 1925 y 1933 se habrían hecho obras suficientes como para dejar solucionados o en vías de solución los principales problemas de Granada: falta de viviendas sociales, de suelo industrial y zonas verdes; y ausencia de agua potable y alcantarillado.

¿Cómo se conseguirían aquellos 33 millones de ingresos? 12 por subvención del Estado; 12 por subvención del Ayuntamiento; 2 los aportaría Diputación; y el resto serían por venta de entradas, ingresos por espectáculos, tasas de expositores, beneficios por la venta de solares en el Camino de Ronda y Chana, etc. Para convencer al Ayuntamiento de que aportara sus 12 millones durante la próxima década, la Expo 1933 entendió que seis de ellos los aportaría “en especie”, es decir, metiendo agua potable y tuberías de desagües; 4,7 millones más para adquisición y expropiaciones de terrenos (la legislación de la Dictadura favorecía mucho las expropiaciones con fines sociales y para construcción de casas baratas).

Corral del Carbón en 1931, recién restaurado por Torres Balbás, donde estuvo ubicada la sede de la Expo 1933. AHPAG

También se contemplaba en el presupuesto inicial la adquisición del Corral del Carbón para rehabilitarlo, convertirlo en sede de la Expo 1933 y dejarlo después para Universidad Hispano-Musulmana. La gestión le fue encargada a Leopoldo Torres Balbás; esta parte del proyecto fue la única realidad palpable (aparte de poner las bases del Camino de Ronda) que quedó de aquel proyecto de exposición universal. Consiguió adquirirlo para el Estado, pagado y restaurado con dinero de la Alhambra, e incorporado al patrimonio público en 1931.

Pero en 1929 llegó la gran recesión mundial (que en Granada siempre había estado latente). Las tensiones sociales, laborales y económicas afectaron de lleno a los trabajos de la comisión gestora de la Expo 1933. Ya se empezaba a hablar por entonces de posponerla a la fecha de 1935, pues los pocos avances no presagiaban nada bueno. En 1930 cayó la Dictadura de Primo de Rivera y llegó la Dictablanda del general Berenguer. La crisis económica abocó a la crisis política; en abril de 1931 fue abolida la monarquía y llegó la II República. Para entonces, Virgilio Castilla era un activo militante del PSOE, sector moderado de centro-derecha, además de ocupar la vicepresidencia primera de la Cámara de Comercio. Salió elegido concejal del Ayuntamiento de Granada y, seguidamente, presidente de la Diputación (estuvo en ella hasta 1934 y volvió a ser repuesto en marzo de 1936).

Las referencias en la prensa de la época, especialmente a partir de la crisis económica de 1929, son escasísimas a los preparativos de la Exposición Hispano-Africana de Granada. La única actividad o colaboración del Ayuntamiento fue convocar un concurso de ideas para hacer el gran Parque del Genil. Se presentaron dos equipos, el del arquitecto-paisajista Jean Graef y el del tándem Manuel Muñoz Monasterio/Mariano Rodríguez Orgaz. Los dos nos dejaron unos bonitos dibujos de pretensiones versallescas, románticas que recordaban al Generalife y al Carmen Rodríguez Acosta. El Ayuntamiento jamás llegó a ejecutar ninguno de ellos, ni por aproximación. Es lo único que nos ha quedado de aquel intento de Expo 1933 (además de trazar el Camino de Ronda en 1927).

Dos de los dibujos propuestos en 1929 por los arquitectos Monasterio/Orgaz para ajardinar las riberas del Genil entre el Puente Verde y Cenes.
Parque de Merano, del arquitecto paisajista Jean Graef (1929). Diseñó una gran zona ajardinada desde el Puente Verde hasta Cenes, con lago artificial, escalinatas-cascadas bajando desde el Cementerio y Rebites, además de un parque zoológico. Es la zona que hoy se corresponde con el barrio de la Carretera de la Sierra.AHMGR

Sin embargo, la Exposición Hispano-Africana no debía estar muerta del todo, pues Gallego Burín escribió un extenso artículo en mayo de 1931 con motivo de la inauguración del Corral del Carbón; en el escrito aseguraba que trabajaba y seguiría comprometido con el evento mundial. Era de suponer que Virgilio Castilla, en su nuevo papel de presidente de la Diputación, daría un impulso a la Expo granadina. No obstante, analizadas sus decisiones políticas, vemos que se volcó con los ferrocarriles, el puerto de Motril e infinidad de proyectos en la provincia, pero no figura ni una sola decisión relacionada con su idea de Exposición Hispano-Africana de 1933.

Artículo firmado por Gallego Burín en mayo de 1931 con motivo de la inauguración del nuevo Corral del Carbón, en el que aseguraba “…por cuyo establecimiento [la exposición] he trabajado y seguiré trabajando, con el firme convencimiento de lo que esto puede significar para la cultura española… Ojalá que algún día, lo que entonces pareció una locura, pueda ser realidad fecunda, que contribuya a dar forma a la misión que España puede y debe desempeñar acercándose a Oriente”. REFLEJOS

A partir de 1931 se inició en Granada, y en toda España, una convulsa etapa que acabó de la peor forma posible. Virgilio Castilla fue fusilado el 2 de agosto de 1936 en las tapias del cementerio de Granada; a su familia le fue impuesta una multa de 250.000 pesetas que acabó destrozando el boyante negocio de Almacenes El Siglo, amén de a la familia Castilla Carmona.

Manifestación del 1º de Mayo y de Mariana Pineda en 1931. Virgilio Castilla es el más alto del centro, primera fila, con cigarro en la boca. Al fondo, la plaza de toros del Triunfo. HEREDEROS DE V. CASTILLA.

Aprender de nuestra historia

Todo evento cultural, industrial, deportivo, etc. de carácter internacional suele ser simple pretexto de las ciudades organizadoras para acometer importantes obras de infraestructuras o dotacionales. Y, evidentemente, como elemento de promoción en el exterior. Las ciudades que han organizado grandes eventos (exposiciones u olimpiadas) se han adelantado muchas décadas a sus provincias vecinas. Lo más importante es que se ha hecho en su mayoría con ingresos y subvenciones procedentes de instituciones supramunicipales. Pocas ciudades con exposiciones universales han tenido que pagar déficits.

Granada, en su calidad de una de las cinco provincias más pobladas de España en el siglo XIX, también quiso apuntarse pronto a la celebración de grandes eventos de este tipo. Casi siempre ha mirado a su tradición musulmana y/o a las ventajas competitivas que le dan su historia islámica y el macizo nevado.

En 1880 nació en Granada la Asociación Hispano-Mauritánica pensando en que esta ciudad debía ser puente y punto de encuentro entre España y los países islámicos. La primera plasmación de aquel interés cuajó tímidamente con la organización del Congreso Africanista y la Exposición Morisca en terrenos de la Alhambra, de 1892. El resto del IV Centenario del Descubrimiento de América y la Conquista de Granada fue un fiasco del que sólo quedó el monumento a Isabel la Católica.

Granada tuvo envidia de Barcelona y Sevilla por sus grandes exposiciones universales de 1929. Ese fue el origen de la idea de la Exposición Hispano-Africana de 1933. De ahí y del deseo de la generación de jóvenes empresarios de la década de los años veinte por emular a la anterior generación de azucareros, quienes con Juan López Rubio al frente propiciaron un boom azucarero/alcoholero y la reforma interior de la Gran Vía.

La agonía de la guerra civil y el larguísimo letargo de la dictadura franquista permitieron pocas alegrías. Granada ya no pensó en más exposiciones internacionales, ahora tocaba el turno a la promoción de un incipiente negocio: el deporte blanco de Sierra Nevada. En 1967 se empezó a hablar de una olimpíada blanca en Granada, a celebrar en la década siguiente (1976). Se tanteó con el ministro Manuel Fraga y empezaron los primeros trabajos. Pero al final todo quedó en nieve de borrajas.

Menos mal que sí cuajó la candidatura de Sierra Nevada a las pruebas de la Copa del Mundo de 1995 (aunque pospuestas a 1996 por la falta de nieve). Nuevamente, Granada compitió –esta vez más en serio– por ser sede de los Juegos Olímpicos de invierno en la edición de 2010. Nueva decepción; Granada no pasó el corte español al ser elegida Jaca (que tampoco llegó a presentar la candidatura finalmente). Por lo menos, los dos eventos anteriores sirvieron para acometer importantísimas obras de mejora y ampliación en la Estación de Esquí. Y para promocionarla a unos niveles de primera división en que se encuentra actualmente.

También relacionado con el deporte blanco sufrió Granada otra nueva decepción con la Universiada 2015. Aquel evento fue y no fue, con infinidad de tropiezos, falta de infraestructuras que obligaron a incluir un plan B que contemplaba a Antequera y Candanchú como sedes alternativas. No dejó nada que resaltar para la historia.

Eran proyectos quiméricos, si no fantasmales, pues Sierra Nevada no tenía infraestructura ni capacidad para satisfacer todas las necesidades que exigen unos Juegos de Invierno. Ni siquiera los tiene en este momento.

En el terreno cultural, la ocasión volvió a presentarse con Granada 92. No podía hablarse de una exposición ni nada parecido a lo de Sevilla 92. Pero se quería que Granada tuviese al menos una pequeña porción del pastel sevillano. Se hizo un proyecto, se nombró responsable a F. García Anguiano, se editó un libro. Ahí quedó todo. Otra nueva decepción.

Y desde hace pocos años ha surgido la posibilidad de conseguir la Capitalidad Cultural del año 2031. Se trata de un evento patrocinado y pagado, en parte, con fondos de la Unión Europea. Toca por turno a una ciudad española (antes ya tocó a Madrid, 1992; Santiago, 2000; Salamanca, 2002; y San Sebastián, 2017). Es un pretexto inmejorable para solucionar algunos problemas de infraestructuras culturales y para promocionar Granada.

La candidatura granadina está muy verde todavía, pero lentamente se está poniendo en marcha la maquinaria. Hay infinidad de problemas que salvar. El primero, que no salgan muchas competidoras españolas que nos disputen la adjudicación (por lo pronto, Jerez ya ha anunciado que se presenta, como así lo hizo Burgos). Granada tiene que desperezarse y saber qué quiere exactamente, es decir, definir un proyecto con claridad. No volver a los clichés costumbristas de siempre. Se puede aprender mucho del fallido proyecto de la Hispano-Africana de 1933, en lo referente a presentar Granada como puente o punto de unión entre Europa, África y el mundo islámico. Por la puerta de Granada llegaron a Europa los conocimientos del mundo clásico griego, del Egipto de los Mamelucos, de la ruta de la seda. Por aquí entraron la luz de las técnicas médicas a Europa, de la farmacopea, de la agricultura. Granada salud, ciencia e investigación son campos que no se deben olvidar en el nuevo e ilusionante proyecto de 2031.

Desgraciadamente, el Ayuntamiento de Granada vuelve a encontrarse en una situación un tanto similar a la candidatura de 1933. Con unas arcas municipales raquíticas para acometer las inversiones necesarias y una situación política más que complicada, tanto en el contexto nacional como local.

Que Dios reparta suerte.