<?xml version="1.0" encoding="utf-8" ?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:tt="http://teletype.in/" xmlns:opensearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/"><title>JM</title><author><name>JM</name></author><id>https://teletype.in/atom/jonijoni18</id><link rel="self" type="application/atom+xml" href="https://teletype.in/atom/jonijoni18?offset=0"></link><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><link rel="next" type="application/rss+xml" href="https://teletype.in/atom/jonijoni18?offset=10"></link><link rel="search" type="application/opensearchdescription+xml" title="Teletype" href="https://teletype.in/opensearch.xml"></link><updated>2026-04-23T02:10:15.616Z</updated><entry><id>jonijoni18:PlE8fGGCEuS</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/PlE8fGGCEuS?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>Aborregamiento Colectivo</title><published>2025-09-15T21:39:23.986Z</published><updated>2025-09-15T21:39:23.986Z</updated><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/e5/5e/e55e4d4b-b877-49a4-aa05-08fba26e8a86.jpeg&quot;&gt;</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;HUrg&quot; class=&quot;m_original&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/e5/5e/e55e4d4b-b877-49a4-aa05-08fba26e8a86.jpeg&quot; width=&quot;595&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;figure id=&quot;RhmZ&quot; class=&quot;m_original&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img2.teletype.in/files/92/ea/92eaab09-370e-4b2d-a43e-f11e5bb4dcaf.jpeg&quot; width=&quot;595&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;figure id=&quot;e9bF&quot; class=&quot;m_original&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img4.teletype.in/files/fe/8d/fe8df0cb-01ef-4ea6-95a7-6413a2caddc1.jpeg&quot; width=&quot;595&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:qxCqA9gIgaZ</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/qxCqA9gIgaZ?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>Verdades para iluminados y/o ilusos: LA OTAN.</title><published>2025-02-18T21:45:47.433Z</published><updated>2025-02-18T21:47:27.684Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img3.teletype.in/files/ac/9b/ac9b624b-d60e-4941-af03-4770e8beaae5.png"></media:thumbnail><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img4.teletype.in/files/f8/11/f811f929-440c-4c03-b284-fa6d9291cdfd.webp&quot;&gt;(Para aquellos a los que les cuesta sumar dos más dos, pero dominan el arte de encajar subvenciones de la USAID y reproducir los dogmas del periodismo independiente con fidelidad religiosa)</summary><content type="html">
  &lt;blockquote id=&quot;LDj5&quot;&gt;&lt;em&gt;(Para aquellos a los que les cuesta sumar dos más dos, pero dominan el arte de encajar subvenciones de la USAID y reproducir los dogmas del periodismo independiente con fidelidad religiosa)&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;
  &lt;p id=&quot;LBqq&quot;&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;figure id=&quot;lBwI&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img4.teletype.in/files/f8/11/f811f929-440c-4c03-b284-fa6d9291cdfd.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;oaTh&quot;&gt;Bienvenidos al Club de la OTAN: 32 países felices y hermanados en una Alianza que, curiosamente, también podría ser el grupo de potenciales enemigos del país de Viriato en caso de conflicto. ¿No es entrañable? De esos 32, nada menos que &lt;strong&gt;29 son europeos&lt;/strong&gt;, lo que convierte nuestra entusiasta participación en esta noble hermandad en un ejercicio de geopolítica avanzada diseñada por los Hermanos Marx.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vLvB&quot;&gt;Ahora, para los que suspendieron lógica en primaria: la OTAN se basa en la defensa colectiva, bajo el inmaculado &lt;strong&gt;Artículo 5&lt;/strong&gt;. Es decir, el de si atacan a uno, atacan a todos. Hasta aquí, un cuento con moraleja clara: todos para uno y uno para todos… siempre que el enemigo sea &lt;strong&gt;externo&lt;/strong&gt;, claro.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;kXpn&quot;&gt;Pero hagamos el ejercicio de la &lt;strong&gt;lógica aplicada&lt;/strong&gt;, disciplina en vías de extinción en nuestros círculos de poder. &lt;strong&gt;¿Contra quién nos protege realmente la OTAN?&lt;/strong&gt; Porque, si miramos el mapa, los conflictos más probables para España no vendrán de un marciano enfadado ni de un pirata del siglo XVII, sino de &lt;strong&gt;otros países europeos&lt;/strong&gt;, de los que &lt;strong&gt;la mayoría&lt;/strong&gt; son, casualmente, nuestros &amp;quot;hermanos&amp;quot; de OTAN.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;HUEe&quot;&gt;Aquí es donde el &lt;strong&gt;manual de funcionamiento de la Alianza&lt;/strong&gt; nos deja un tanto huérfanos. Porque, sorpresa: la OTAN &lt;strong&gt;no tiene un plan&lt;/strong&gt; si dos de sus miembros entran en conflicto. No hay una &lt;strong&gt;versión militar del VAR&lt;/strong&gt; que decida quién tiene razón ni un árbitro con tarjeta roja para frenar la pelea. Simplemente, el &lt;strong&gt;Artículo 5 se evapora&lt;/strong&gt;, dejando a los implicados a la buena de Dios y, como mucho, con una palmadita en la espalda vía &lt;strong&gt;Artículo 4&lt;/strong&gt;, que solo sirve para reuniones urgentes con café gratis y declaraciones vacías.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PHfB&quot;&gt;Entonces, recapitulemos:&lt;br /&gt;✔ Si nos ataca un país &lt;strong&gt;extranjero&lt;/strong&gt;, tenemos la OTAN.&lt;br /&gt;❌ Si nos atacamos entre nosotros, la OTAN &lt;strong&gt;mira para otro lado&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LqSa&quot;&gt;Visto lo anterior, uno se pregunta &lt;strong&gt;¿qué pinta España en ese club de mosqueteros?&lt;/strong&gt; Si los países europeos neutrales como Suiza, Austria e Irlanda no representan amenaza alguna, los microestados (Andorra, Mónaco y el Vaticano) no van a enviarnos legiones armadas de monaguillos, y los países exsoviéticos en conflicto están a miles de kilómetros sin disputas con nosotros… &lt;strong&gt;¿exactamente de quién nos protege la OTAN?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;yT5i&quot;&gt;Aquí viene la conclusión que ningún tertuliano mainstream con micrófono en propiedad  regalado por la USAID se atrevería a decir: &lt;strong&gt;de nadie&lt;/strong&gt;. Bueno, no es del todo cierto. &lt;strong&gt;Sí protege algo: los balances de cuentas de las fábricas de armamento, los beneficios de los accionistas del sector bélico, los tanatorios y las floristerías especializadas en coronas funerarias.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;d1HW&quot;&gt;Parece que lo único que garantiza nuestra permanencia en la OTAN es que las arcas de los fabricantes de misiles no se vacíen, y que las guerras siempre cuenten con su debido patrocinio. &lt;strong&gt;Mientras tanto, España paga la factura, como buen socio disciplinado, sin que nadie le garantice que, llegado el caso, nos protegerá de no sé quién.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jpXt&quot;&gt;En resumen: &lt;strong&gt;nos gastamos miles de millones en una alianza que no nos defiende en los conflictos más probables y que está integrada por aquellos con los que podríamos tener dichos conflictos más probables.&lt;/strong&gt; Es una idea tan brillante que haría enrojecer al mismísimo responsable de la operación Perejil. Sigue tú que a mi me da la risa. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;letz&quot;&gt;Ya sería hora de que España &lt;strong&gt;se replanteara su relación con la OTAN. &lt;/strong&gt; Salvo que nuestros ilustres dirigentes prefieran seguir quemando dinero público en una alianza que nos coloca en una posición estratégica que no diseñaría &lt;strong&gt;ni el que inventó el cenicero en la moto.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;y0Xu&quot;&gt;Desde luego, si la seguridad de un país depende más de la &lt;strong&gt;diplomacia, la cooperación económica y la inteligencia estratégica&lt;/strong&gt; que de ser los pagafantas de una Alianza que nos dejaría en la estacada… seguir financiándola solo puede ser cosa de &lt;strong&gt;gobernantes cabestros (o directamente corruptos), ¿no?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SknM&quot;&gt;Otrosí: Lo de la OTAN, &lt;em&gt;mutatis mutandis,&lt;/em&gt; vale también para eso tan pomposo llamado &amp;quot;Defensa común europea&amp;quot;. ¿Defensa de los paises de la UE, dice? ¿De quién y contra quien? ¿De Suiza, Austria o Irlanda que mantienen políticas pacíficas y neurales? ¿De Andorra, Mónaco o el Vaticano? ¿Nos atacará el Papa Francisco? Así las cosas, tendremos que dedicar nuestra mejor inteligencia a buscar un enemigo mínimamente solvente, o, mejor, externalizar la misión y encargársela directamente a Gila.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XK6O&quot;&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Id1N&quot;&gt;En ESPACIO JOAN MARTI, INFORMACION, CRÍTICA Y MAS... Enlace invitación al grupo: &lt;a href=&quot;https://t.me/+aaz1FmFB6GFhMDlk&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;https://t.me/+aaz1FmFB6GFhMDlk&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:mipY9M1OcOS</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/mipY9M1OcOS?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>¿OCASO DE LAS IDEOLOGIAS EN EL NUEVO CAPITALISMO VECTORIAL?</title><published>2025-02-11T22:35:55.962Z</published><updated>2025-02-11T22:35:55.962Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img3.teletype.in/files/a1/9b/a19b02c7-eb3f-4ee1-8e56-6a8625bdeae0.png"></media:thumbnail><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img1.teletype.in/files/8a/cc/8accf22f-22b4-4e04-8241-ff5b9f4e3d7d.png&quot;&gt;Vivimos un cambio de paradigma que está poniendo en crisis la democracia burguesa surgida tras la Revolución Francesa. Emerge un nuevo orden político-social dominado por grandes corporaciones tecnológico-financieras, las cuales actúan como &quot;señores feudales&quot; en el mundo digital. Algunos autores hablan de un llamado “capitalismo vectorial” refiriéndose a la apropiación de las tecnológicas de la Inteligencia artificial (IA) y de la gestión algorítmica de la información que modula los hábitos culturales y de consumo de los ciudadanos.</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;JHyg&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img1.teletype.in/files/8a/cc/8accf22f-22b4-4e04-8241-ff5b9f4e3d7d.png&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;iz8v&quot;&gt;Vivimos un cambio de paradigma que está poniendo en crisis la democracia burguesa surgida tras la Revolución Francesa. Emerge un nuevo orden político-social dominado por grandes corporaciones tecnológico-financieras, las cuales actúan como &amp;quot;señores feudales&amp;quot; en el mundo digital. Algunos autores hablan de un llamado “capitalismo vectorial” refiriéndose a la apropiación de las tecnológicas de la Inteligencia artificial (IA) y de la gestión algorítmica de la información que modula los hábitos culturales y de consumo de los ciudadanos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;a38Q&quot;&gt;Las ideologías clásicas y los partidos políticos tradicionales están perdiendo relevancia en un contexto donde las redes sociales y los algoritmos controlan la opinión pública y determinan los resultados electorales. Plataformas como Facebook, Twitter y YouTube han reemplazado a las instituciones tradicionales en la formación de consensos y la movilización de masas, lo que ha permitido el auge de líderes populistas truculentos y autoritarios. Este fenómeno ha desdibujado las narrativas tradicionales de izquierda y derecha, dejando muy tocadas a las viejas ideologías. El sujeto trabajador tradicional ha mutado a sujeto esencialmente consumidor de productos y, definitivamente, a vendedor de sus datos personales para el uso de las empresas vectoriales que gestionan la Big data.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3N7U&quot;&gt;El capitalismo clásico ahora es un &amp;quot;capitalismo algorítmico&amp;quot;, donde el valor económico ya no deriva solo de la producción material, sino de la información y de los datos generados por los usuarios. Empresas como Google, Amazon y Microsoft, entre muchas otras, acumulan cantidades masivas de datos personales, que utilizan para crear perfiles detallados y publicidad segmentada de objeto de consumo y, -por lo que viene al caso-, mensajes políticos. Así consiguen manipular los comportamientos y el voto. En este modelo, los ciudadanos se convierten en &amp;quot;siervos digitales&amp;quot;, pagando con su privacidad y atención a cambio de servicios aparentemente gratuitos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Thc2&quot;&gt;Es una especie de feudalismo medieval. Las corporaciones tecnológicas actúan como señores feudales, controlando vastos territorios virtuales y explotando a los usuarios, quienes dependen de estas plataformas para acceder a información, servicios y oportunidades laborales y personales. Esta dinámica ha creado un sistema altamente jerárquico, donde unos pocos multimillonarios concentran el poder y la riqueza, mientras la mayoría de los ciudadanos lucha por sobrevivir en los márgenes del mercado digital.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;iRxx&quot;&gt;Tal vez sea pronto para afirmarlo con rotundidad, pero parece que las clases sociales tradicionales están desapareciendo. En el siglo XX, las divisiones entre proletariado, burguesía y aristocracia eran claras. Hoy estas categorías se han vuelto borrosas debido a la influencia de la tecnología. El valor de las personas ya no se mide solo por lo que producen o consumen, sino por los datos que generan. Esto ha dejado a las ideologías tradicionales, como el socialismo y el liberalismo, sin respuestas concretas para los problemas contemporáneos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;eV7a&quot;&gt;Las redes sociales han capturado la esfera pública, reemplazando a las universidades, los medios impresos y las organizaciones civiles en la formación de la opinión pública. Una legión de influencers y youtubers, en su inmensa mayoría ágrafos de solemnidad, han suplantado a los intelectuales y académicos como figuras de &lt;em&gt;autorictas&lt;/em&gt; moral, intelectual y académica del conocimiento, lo que ha llevado a un deterioro en la calidad del debate público y al auge de corrientes pseudocientíficas y populistas, con negacionistas, terraplanistas, sanadores, místicos y otros vividores...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xbtN&quot;&gt;Si no se toman medidas, el poder de las corporaciones tecnológicas seguirá consolidándose, amenazando la democracia y la autonomía individual. Se requieren regulaciones más estrictas sobre el uso de datos personales y repensar las estructuras sociales y económicas para que la tecnología realmente sea una herramienta positiva de empoderamiento social y de control de los excesos de estos nuevos señores feudales (Léase Musk, Bezos, Gates, Zuckerberg, Cook, Pichai, Nadella, etc. y los que vengan detrás). Ítem más, si hasta ahora estos CEOs o propietarios de las corporaciones se habían mantenido formalmente al margen del aparato político-funcionarial del estado, recientemente se ha podido comprobar su adscripción al mismo como “asesores” o similares cargos (por ejemplo, el caso Musk, por ser el más conocido) con la pretensión de autorregular la actividad de sus empresas, tomando ya el estado por asalto sin disimulo alguno.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1ktG&quot;&gt;En definitiva, si bien la revolución tecnológica trae consigo nuevas oportunidades, sólo es posible construir un futuro social más justo si se aborda este vertiginoso fenómeno del feudalismo vectorial con crítica y reflexión.&lt;strong&gt; El problema es quien le pone el cascabel al gato… &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;EuyX&quot;&gt;&lt;em&gt;(Pdta. El capitalismo de estado y tecnológico chino requiere un análisis particular detallado a abordar en otro momento)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zI79&quot;&gt;&lt;strong&gt;Joan Martí, 11/02/2025&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;fRLG&quot;&gt;Telegram, ESPACIO JOAN MARTI... pulsar para unirse al grupo &lt;a href=&quot;https://t.me/+aaz1FmFB6GFhMDlk&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;https://t.me/+aaz1FmFB6GFhMDlk&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:1wrq4Oe10R2</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/1wrq4Oe10R2?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>CLARA DE LA MADRID (Una aproximación iconoclasta a eso del amor)</title><published>2024-12-15T00:58:01.874Z</published><updated>2024-12-15T19:25:14.136Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img2.teletype.in/files/dc/75/dc75a20d-dcf3-41d6-bb3c-cea2f1d85d77.png"></media:thumbnail><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/a4/2d/a42d7368-46a3-46aa-b539-a14eb1c7e6bb.webp&quot;&gt;Siempre he creído que los hombres intelectuales tienen algo irresistible. Hay algo en sus palabras elaboradas y su capacidad para citar autores al vuelo que puede hacerte olvidar por un momento que están probablemente más enamorados de sí mismos que de cualquier otra persona. Y lo digo con conocimiento de causa. Los tontos no me duran ni una copa.</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;uH9D&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/a4/2d/a42d7368-46a3-46aa-b539-a14eb1c7e6bb.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;h1 id=&quot;SAil&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;1: Marc y su Ego Educado&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;IjWG&quot;&gt;Siempre he creído que los hombres intelectuales tienen algo irresistible. Hay algo en sus palabras elaboradas y su capacidad para citar autores al vuelo que te hacen olvidar por un momento que están más enamorados de sí mismos que de cualquier otra persona. Y lo digo con conocimiento de causa. Los tontos no me duran ni una copa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Vg9O&quot;&gt;Por eso, cuando conocí a Marc en una conferencia sobre Cervantes, pensé que había encontrado al hombre ideal. Profesor de literatura, guapo a su manera, con esa barba perfectamente descuidada que parecía gritar &amp;quot;estoy por encima de las apariencias&amp;quot;. Su voz, profunda y pausada, tenía la capacidad de hacer interesante hasta la guía telefónica. A los pocos minutos de conversación, estaba segura de que Marc era la encarnación de un sueño, del suyo: el hombre que leería poesía en voz alta mientras yo cocinaba y que escribiría ensayos sobre lo inefable de mi risa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ypVD&quot;&gt;Lo que no sabía entonces era que Marc tenía el cerebro organizado como una biblioteca: vasto, pero con las puertas cerradas al público. Lo peor de todo era que tampoco parecía interesado en abrirlas para nadie que no fuera él mismo.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;gFtM&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Un romance que empezó como un monólogo&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;6Bqz&quot;&gt;La primera cita fue prometedora, lo admito. Me llevó a una librería antigua en un rincón escondido de la ciudad. Mientras yo me entretenía mirando ediciones antiguas de novelas que nunca leería, Marc tomó un libro de Cervantes y empezó a hablarme sobre cómo &amp;quot;Don Quijote&amp;quot; era la metáfora perfecta de los males modernos. Al principio, me pareció original, incluso brillante. No sé cómo se vería hoy día Don Quijote en una gasolinera poniéndole gasolina a Rocinante, pero seguro que metáfora no quería decir eso. Ay, tontita de mi, listo de él.  Marc tenía esa capacidad de hilvanar ideas complejas y hacer que sonaran emocionantes, como si todo tuviera un sentido más profundo al que solo él tenía acceso.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;gDf8&quot;&gt;Pero pronto noté un patrón. Al parecere no me estaba hablando a mí, sino a una audiencia imaginaria. Su discurso no admitía pausas para mi opinión, ni siquiera para un simple &amp;quot;ajá&amp;quot;. Estaba claro que Marc era incapaz de mantener una conversación; todo lo convertía en un monólogo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5Cta&quot;&gt;La alarma sonó con más fuerza en nuestra tercera cita. Después de dos horas en las que Marc analizó minuciosamente el simbolismo de las armas de Don Quijote y las relaciones de poder en el Siglo de Oro, intenté cambiar de tema.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ILpG&quot;&gt;—¿Qué opinas de las películas de Almodóvar? —pregunté, esperando conectar con algo más actual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;0mxa&quot;&gt;—Almodóvar es un cineasta notable —respondió, como si estuviera en un coloquio universitario—, pero su obra carece de la profundidad metafísica que caracteriza a la literatura renacentista. Ignoro como de honda era la profundidad metafísica renacentista, pero pensé que Marc no podía equivocarse, desde luego.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;NAj2&quot;&gt;Ahí supe que los dos estábamos condenados: él ha hablar y yo a escuchar...&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;UQey&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Cuando la pedantería invade la cama&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;xP7s&quot;&gt;Marc no solo era un erudito en el salón, sino también en la cama. Lo cual, créeme, no es tan sexy como suena. A menudo recitaba poemas de Neruda o Whitman en momentos que no eran precisamente apropiados para la lírica.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5JNB&quot;&gt;—Tus labios son las puertas de la eternidad —dijo una vez, mientras yo intentaba concentrarme en cosas más terrenales.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;aCSQ&quot;&gt;Era como si en su mente yo fuera una metáfora andante, un texto a analizar. ¿Mis gestos? Alegorías. ¿Mis caricias? Epítetos visuales. Marc confiaba tanto en su presuntuosa inteligencia que nunca se preocupó por perfeccionar lo que yo llamaría &amp;quot;artes manuales&amp;quot;. Al final, una noche, tras una desastrosa combinación de poesía y torpeza, no pude evitar decirle:&lt;br /&gt; —Marc, a veces las palabras sobran.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;iG4n&quot;&gt;Pareció ofendido, como si hubiera insultado la mismísima esencia de su ser.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;U3un&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El punto de inflexión: bechamel y orgullo&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;wQRW&quot;&gt;Un día, decidí intentar algo más sencillo. Quería recuperar cierta normalidad en nuestra relación, así que le mandé un mensaje casual:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1JDO&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;quot;¿Te apetece cenar? Tengo lasagna.&amp;quot;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ERge&quot;&gt;Su respuesta fue un golpe directo a mi paciencia:&lt;em&gt; “Primero, lasagna lleva ñ, no g. Segundo, prefiero que uses bechamel casera.&amp;quot;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xRv6&quot;&gt;Ahí estaba, el pedante de nuevo, incapaz de resistirse a corregir hasta el más pequeño detalle. Pero lo que realmente me dolió fue que diera por sentado que mi lasagna no llevaba bechamel. ¡Por supuesto que llevaba bechamel! Y estaba perfectamente equilibrada, sin grumos ni exceso de nuez moscada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qD6W&quot;&gt;A partir de ese día, algo cambió en mí. Empecé a observar a Marc con otros ojos. Sus gestos, que antes me parecían sofisticados, ahora me parecían teatrales. Su manera de hablar, que antes me hipnotizaba, se convirtió en ruido de fondo. Incluso su barba, esa que antes consideraba tan atractiva, empezó a parecerme sospechosamente estudiada.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;ItnU&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El final de la partida&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;FCUx&quot;&gt;Después de un año juntos, Marc me soltó una frase que me confirmó que había llegado el final:&lt;br /&gt; —Creo que necesito espacio para reflexionar sobre mi alma libre.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zNRs&quot;&gt;¿Qué alma libre? Marc estaba más atrapado en su propia burbuja de intelectualidad que cualquier alma que yo hubiera conocido. Pero lo agradecí. Era la excusa perfecta para salir corriendo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KYfY&quot;&gt;Recogí mis cosas de su apartamento esa misma tarde y me marché sin mirar atrás. Ahora, cuando paso por una librería, me aseguro de no mirar los libros de Cervantes. No porque haya dejado de admirar al autor, sino porque temo que Marc esté dentro, recitando su eterno discurso sobre el simbolismo de las armas, de la lanza, la espada y el yelmo del Mambrino.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;otiv&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Marc&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;qEZ7&quot;&gt;Marc no era un hombre malo. Solo era incapaz de salir de su propio mundo. Un mundo fascinante, sin duda, pero diseñado exclusivamente para él. Lo que me enseñó fue una lección valiosa: la inteligencia sin humildad es como un libro cerrado. Puede ser hermoso, pero no sirve de nada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Q0HN&quot;&gt;Aunque nuestra relación fue un desastre, debo admitir que todavía sonrío al recordarlo. No por nostalgia, sino porque ahora sé que, aunque los hombres intelectuales pueden ser irresistibles, también pueden ser profundamente irritantes y eventualmente profundamente ridículos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4mSA&quot;&gt;Marc fue un capítulo interesante en mi vida, pero, como todo buen libro, sabía que debía cerrarlo antes de que se convirtiera en una repetición interminable.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;guWG&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;2: Alberto y su Hipocondría Romántica&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;N2ZP&quot;&gt;Tras mi decepción con Marc, me prometí buscar algo diferente. Alguien práctico, realista, que me hiciera aterrizar después del vuelo eterno de metáforas y soliloquios literarios. Así fue como terminé con Alberto, un pediatra de profesión que, en apariencia, encajaba perfectamente en mi nueva búsqueda.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MxJ6&quot;&gt;Alberto era simpático, con una sonrisa desbordante que parecía tranquilizar hasta a los niños más revoltosos. Me gustaba su aire de seguridad, su manera de moverse como si el mundo estuviera siempre bajo control. Pero, por supuesto, las primeras impresiones son a menudo una broma cruel del destino.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;VmSj&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El diagnóstico interminable&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;qQup&quot;&gt;La primera señal de alarma llegó en nuestra primera cena. Me llevó a un restaurante minimalista y, al abrir el menú, me sugirió que eligiera un plato con pocas calorías porque &amp;quot;la obesidad es la epidemia silenciosa del siglo XXI&amp;quot;. Me quedé helada. ¿Era una advertencia? ¿Una crítica sutil? ¿Me veía un poco regordeta? No estaba segura, pero me decidí por callar y por una ensalada para evitar discusiones.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3ZXD&quot;&gt;—Tienes buen ojo para la nutrición —me dijo con una sonrisa aprobatoria, como si hubiera superado un examen.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CoKI&quot;&gt;Alberto tenía un talento especial para convertir cualquier conversación en un diagnóstico. Si mencionaba que me dolía la cabeza, él sugería un escáner cerebral. Si decía que estaba cansada, ya estaba recomendándome análisis de sangre, orina y, en un caso extremo, hasta un chequeo completo del tiroides. Una vez, después de que me reí de un chiste suyo durante demasiado tiempo, me miró con preocupación y preguntó:&lt;br /&gt; —¿Tienes antecedentes de bipolaridad en tu familia?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;C6zd&quot;&gt;Pensé que era una broma, pero no. Alberto vivía para encontrar síntomas, aunque no existieran.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;bwkf&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El hombre que diagnosticaba el amor&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;sPGA&quot;&gt;Cuando empezó a diagnosticar nuestra relación, supe que las cosas iban cuesta abajo. Según él, nuestras &amp;quot;diferencias&amp;quot; podían tratarse como si fueran una enfermedad. Un día me propuso una especie de &amp;quot;terapia preventiva&amp;quot;, que incluía salidas programadas y algo que llamó &amp;quot;higiene emocional&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;F4ZU&quot;&gt;—Clara, el amor es como el cuerpo humano. Si no lo cuidas, se deteriora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PI4m&quot;&gt;—Y si lo analizas demasiado, lo matas —respondí.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9lN1&quot;&gt;Sus consejos bienintencionados eran agotadores. Si me veía estresada, me sugería ejercicios de respiración. Si me veía comiendo algo frito, me daba una mini conferencia sobre los efectos de las grasas trans. Llegué al punto de esconderme para comer patatas fritas, temiendo su juicio severo.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;QwPV&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La puntualidad flexible de Alberto&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;kJv0&quot;&gt;Alberto tenía otra peculiaridad que me sacaba de quicio: nunca llegaba a tiempo. Siempre había una excusa, generalmente relacionada con su trabajo. &amp;quot;Los pacientes primero&amp;quot;, decía, como si fuera el único médico del planeta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UGOE&quot;&gt;Pero un día, apareció con 45 minutos de retraso para una cena importante y, después de presionarlo un poco, admitió la verdad:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vGeI&quot;&gt;—Es que las luces del ascensor del hospital son muy halagadoras.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LN07&quot;&gt;¿Había estado admirándose en el espejo durante casi una hora? Sí. Y lo dijo sin un ápice de vergüenza.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2FxR&quot;&gt;A partir de ese momento, empecé a sospechar que Alberto no era tan altruista como parecía. Tal vez su amor por los pacientes no era más que una excusa para justificar su narcisismo desenfrenado.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;6186&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El día del kit de emergencia&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;xzK9&quot;&gt;El golpe final llegó un domingo por la tarde. Habíamos planeado un paseo por el parque, pero, torpe como soy, tropecé con una raíz y me torcí el tobillo. Mientras yo lloraba de dolor, Alberto sacó de su mochila un kit de diagnóstico portátil, como si fuera una ambulancia andante.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;HLce&quot;&gt;—Parece un esguince grado dos. Necesitamos inmovilización inmediata —dijo con la misma frialdad con la que daba órdenes en un quirófano.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LXiv&quot;&gt;Mientras tanto, yo estaba tirada en el suelo, tratando de procesar el hecho de que mi pareja estaba más interesado en evaluar mi tobillo que en consolarme. No sé si fue el dolor físico o el emocional lo que me llevó a tomar una decisión inmediata.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;n9tP&quot;&gt;—¿Sabes qué, Alberto? Creo que necesitamos una inmovilización… pero en nuestra relación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Wp8P&quot;&gt;Lo miré directamente a los ojos mientras  le decía esto. Le tomó un segundo entenderlo. Y cuando lo hizo, se quedó en silencio, por primera vez en toda nuestra relación.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;WzIY&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Una despedida sin receta&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;MrN1&quot;&gt;Esa noche, mientras recogía mis cosas de su apartamento, no pude evitar sentir un poco de lástima por él. Alberto no era una mala persona. Era brillante en su trabajo, meticuloso hasta el extremo y seguramente un médico excepcional. Pero en el amor, era una historia diferente. Para él, las relaciones eran un rompecabezas que debía resolver, un sistema que debía optimizar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RvKy&quot;&gt;Salí de su vida sin hacer mucho ruido, aunque durante semanas recibí mensajes suyos preguntándome cómo estaba mi tobillo. No le respondí.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;HvXW&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Alberto&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;soJO&quot;&gt;Alberto me enseñó algo importante: no todas las relaciones pueden tratarse como un diagnóstico médico. El amor no necesita análisis, gráficos ni terapias. Necesita humanidad, empatía y, a veces, la capacidad de dejar de hablar y simplemente estar presente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;NDnX&quot;&gt;A pesar de todo, le agradezco las risas (aunque fueran a mi costa) y las lecciones que aprendí. Ahora sé que un hombre que lleva un kit de diagnóstico portátil en sus citas probablemente no es el indicado para mí.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uMJi&quot;&gt;Y, por supuesto, cada vez que paso por un hospital y veo un ascensor, no puedo evitar imaginar a Alberto ajustándose la bata, admirándose en el espejo y diciéndose: &amp;quot;Estas luces son realmente halagadoras&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;zVBq&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;3: Juan y su Excel del Amor&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;Oiqs&quot;&gt;Después de sobrevivir a Marc, el pedante, y Alberto, el hipocondríaco, decidí dar un giro de 180 grados. Esta vez, buscaba tranquilidad. Nada de monólogos interminables ni diagnósticos innecesarios. Solo quería un hombre sencillo, alguien con los pies en la tierra y una rutina estable. Así fue como apareció Juan, un funcionario público que, al principio, me pareció el epítome de la estabilidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rMUo&quot;&gt;Juan era la imagen de la calma: metódico, organizado y con una voz tan monocorde que podría haberse usado como canción de cuna. Nos conocimos en el ayuntamiento, mientras yo tramitaba un documento. Me gustó su sonrisa discreta y su forma meticulosa de revisar los papeles. &amp;quot;Este hombre no improvisa&amp;quot;, pensé, sin saber que estaba a punto de aprender que la espontaneidad era, precisamente, un recurso que Juan había eliminado de su vida.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;NlUo&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La burocracia aplicada al amor&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;AzNO&quot;&gt;La primera señal de alarma llegó cuando intenté organizar nuestra primera cita. Yo propuse ir a un restaurante nuevo que acababa de abrir en la ciudad. Juan, sin embargo, respondió que prefería analizar las reseñas primero, hacer una lista de pros y contras, y luego decidir. Me reí, pensando que era una broma. No lo era.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rGU8&quot;&gt;—Es importante optimizar las experiencias, Clara. No queremos malgastar tiempo ni dinero en algo que no valga la pena, ¿verdad? —dijo con la seriedad de un auditor fiscal.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;gQka&quot;&gt;Finalmente, fuimos al restaurante, pero no sin antes pasar veinte minutos escuchando su análisis detallado sobre por qué ese lugar había superado otros cinco en su lista de opciones. Al principio, me pareció entrañable. ¿Quién no aprecia a alguien tan organizado? Pero pronto descubrí que la vida con Juan era una serie interminable de cronogramas y análisis.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;7HfR&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El Excel de la vida diaria&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;rh3A&quot;&gt;Una noche, mientras usaba su ordenador para buscar una receta en internet, me encontré con un archivo Excel titulado &amp;quot;Planificación Relacional&amp;quot;. La curiosidad pudo más que mi sentido común, así que lo abrí. Lo que encontré fue, literalmente, una hoja de cálculo de nuestra relación. Había columnas dedicadas a &amp;quot;Citas planeadas&amp;quot;, &amp;quot;Nivel de felicidad promedio&amp;quot; y &amp;quot;Costos mensuales en cenas&amp;quot;. Incluso había un gráfico de barras que mostraba el &amp;quot;Rendimiento emocional acumulado&amp;quot; desde que empezamos a salir.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8ClW&quot;&gt;—¿Qué es esto, Juan? —le pregunté, levantando una ceja.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;HnWN&quot;&gt;—Es una herramienta para medir el progreso de nuestra relación. Así podemos identificar áreas de mejora y evitar conflictos innecesarios —respondió, con total naturalidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZNBF&quot;&gt;No podía creerlo. Mi relación se había convertido en un proyecto de auditoría.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;jil9&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Cuando la cama se vuelve predecible&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;GrTJ&quot;&gt;Juan no solo era metódico en su vida diaria; también lo era en la cama. Siempre tenía un plan. Sus caricias eran calculadas, su ritmo, invariable, y su entusiasmo, limitado al guion que él mismo había diseñado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qzW2&quot;&gt;Una noche, intenté romper la rutina sugiriendo algo más espontáneo. Juan se detuvo de inmediato y, mirándome con seriedad, dijo:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rnM7&quot;&gt;—Esto no estaba en el guion. Hay que respetar las estructuras.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Redw&quot;&gt;Me quedé sin palabras. Era como si estuviera intentando improvisar en una obra de teatro escrita por Ionesco, pero dirigida por un burócrata.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;23Bc&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El cronograma de discusiones&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;7pmz&quot;&gt;Discutir con Juan era una experiencia única. Si yo le decía que necesitábamos hablar de algo importante, él respondía que lo anotaría en su agenda. Una vez, incluso propuso crear un cronograma de discusiones con &amp;quot;turnos de intervención&amp;quot; para que nuestras conversaciones fueran más productivas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vF6u&quot;&gt;—Si cada uno tiene su espacio para hablar sin interrupciones, podemos evitar conflictos innecesarios —explicó, mientras sacaba un cuaderno para tomar notas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vZB0&quot;&gt;—Juan, esto no es un debate político. Es una relación —respondí, intentando no perder la paciencia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;WMw6&quot;&gt;Pero para él, todo era cuestión de organización. Creía firmemente que el amor podía gestionarse como un proyecto, con objetivos claros y estrategias para alcanzarlos.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;ODXA&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El Airbnb como detonante final&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;BhxZ&quot;&gt;El colmo llegó cuando en el escritorio del portátil descubrí otro archivo Excel, esta vez titulado &amp;quot;Vacaciones 2024&amp;quot;. En él, Juan había calculado los costes de nuestro próximo viaje, incluyendo las &amp;quot;diferencias emocionales proyectadas&amp;quot; que podrían surgir durante la estancia. Según sus cálculos, caso de decidir hacerlo, sería más eficiente romper nuestra relación después de las vacaciones, ya que cancelar las reservas resultaría en una pérdida económica significativa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vPZJ&quot;&gt;—Es una cuestión de optimización, Clara. Ya hemos invertido en este viaje, así que tiene sentido esperar a que termine antes de tomar decisiones drásticas —dijo con total seriedad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;x2oY&quot;&gt;Ese fue el momento en el que decidí que no podía seguir. Juan no era un hombre; era un programa de gestión en forma humana, un híbrido entre el Microsoft Office y el Contaplus.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Rr9T&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La ruptura estructurada&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;4j1P&quot;&gt;La ruptura, por supuesto, también tuvo que ser organizada. Nos sentamos en su sofá, con una taza de té para cada uno, y le expliqué que no podía continuar en una relación que parecía más una junta de negocios que un romance.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8wSG&quot;&gt;—Entiendo tu perspectiva —dijo, sacando un bolígrafo para tomar notas—. ¿Puedo preguntarte cuáles son tus principales razones para esta decisión?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;skXS&quot;&gt;—¡Juan, por Dios! Esto no es una encuesta de satisfacción. Estoy rompiendo contigo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;I6we&quot;&gt;Pareció dolido, pero también aliviado, como si una parte de él supiera que nuestra relación había alcanzado su punto máximo en su gráfico de barras y que ahora era el momento adecuado para dejarla ir.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;GoL0&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Juan&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;AcW1&quot;&gt;Juan me enseñó algo importante: el amor no puede ser planeado, cuantificado ni gestionado como un presupuesto. Las relaciones son caóticas, impredecibles y, sí, a menudo desordenadas. Y eso es precisamente lo que las hace hermosas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tc0J&quot;&gt;Aunque nuestra relación fue un desastre en muchos sentidos, también fue una lección valiosa. Ahora sé que, aunque la estabilidad es importante, el exceso de control puede asfixiar incluso al amor más prometedor.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XjTN&quot;&gt;A veces, cuando abro un Excel para trabajar, me imagino a Juan, sentado en su escritorio, actualizando sus gráficos de felicidad y optimización relacional. Y no puedo evitar sonreír. Porque, aunque él no era el hombre adecuado para mí, siempre le agradeceré las risas (y los escalofríos) que me regaló.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;pNn5&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;4: Roberto: Chef de las Críticas (y del Ego Desmedido)&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;hkYM&quot;&gt;Roberto entró en mi vida con el aroma de la trufa y la intensidad de un corte de foie gras. Lo conocí en un mercado gastronómico. Estaba detrás de un puesto diminuto, preparando tapas en miniatura que costaban lo que un menú completo en cualquier restaurante normal. Su sonrisa era cautivadora y tenía las manos de alguien que había pasado años trabajando con delicadeza y precisión. Me sedujo, no solo con su cocina, sino con su pasión por la gastronomía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;EhxA&quot;&gt;—La comida no es solo alimento —me dijo la primera vez que hablamos—. Es arte, es historia de los momentos de sabor, es emoción.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;NwxN&quot;&gt;Yo, que apenas sabía distinguir entre un risotto y un arroz con cosas, me dejé deslumbrar por su discurso. Parecía un genio culinario en un mundo de simples mortales consumidores de latas de atún.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Fy10&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Un romance entre fogones&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;fOJ1&quot;&gt;Nuestra primera cita fue una cena en su casa. Había preparado un menú degustación, con nombres tan largos como pretenciosos: &amp;quot;Espuma de patata trufada con reducción de balsámico y esencia de azafrán&amp;quot;. Yo no sabía si comer o aplaudir. Todo era delicioso, claro, pero había algo en su manera de presentar los platos que rozaba lo teatral.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5q7z&quot;&gt;—¿Qué te parece? —me preguntó después de cada bocado, con una mirada que exigía elogios inmediatos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;EqQf&quot;&gt;Y yo, por supuesto, le daba lo que quería.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;QpjN&quot;&gt;—Es increíble, Roberto. Nunca había probado nada igual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;WBmW&quot;&gt;Pero pronto descubrí que Roberto no buscaba compartir su pasión; buscaba un público cautivo para su espectáculo. Si alguna vez hacía un comentario que no fuera absolutamente adulador, se lo tomaba como una ofensa personal.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Cgjo&quot;&gt;—Creo que esta salsa podría estar un poco menos dulce —me atreví a decir una noche.&lt;br /&gt; —¿Menos dulce? —repitió, horrorizado—. Clara, esa es la esencia del plato. ¿Sabes cuántas horas de ensayo hay detrás de esa salsa?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;DqZt&quot;&gt;Era como si hubiera insultado a toda su familia. La verdad es que yo ignoraba cuantas horas había detras de la salsa, pero tampoco era para tanto.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;eTDK&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El crítico gastronómico en casa&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;MiqI&quot;&gt;Si Roberto era exigente con su propia comida, era aún peor con la ajena. Una vez, me llevó a un restaurante al que yo solía ir con mis amigas. Pensé que sería una buena oportunidad para compartir algo de mi vida con él. Grave error.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;0Bud&quot;&gt;Desde el primer plato, empezó su crítica despiadada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ASzC&quot;&gt;—El pescado está seco. El arroz está pasado. ¿Quién cocina estas barbaridades? ¿Un becario sin paladar?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ao5g&quot;&gt;Me pasé la cena sonrojada, tratando de calmarlo y, al mismo tiempo, deseando que un agujero en el suelo me tragara. Cuando llegó el postre, me di cuenta de que el personal de la cocina nos estaba mirando con una mezcla de odio y desprecio.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bmM9&quot;&gt;—Tenemos que irnos ya —le dije en voz baja.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xwgo&quot;&gt;—¿Irnos? Pero si aún no he hablado con el chef. Hay cosas que necesita aprender.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;oJqD&quot;&gt;Roberto no era un hombre, era un crítico gastronómico; sin canal de YouTube, pero con todo el ego necesario para tener uno.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;fjY4&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Una tortilla como detonante&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;7HCt&quot;&gt;A pesar de todo, intenté que las cosas funcionaran. Pensé que, tal vez, si le mostraba que yo también podía disfrutar de la cocina, encontraríamos un punto en común. Así que una noche decidí prepararle mi famosa tortilla de patatas. No soy una chef, pero mi tortilla siempre ha sido motivo de orgullo entre mis amigos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KRXN&quot;&gt;Roberto la probó, masticó lentamente y finalmente dijo:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4fAR&quot;&gt;—Interesante. Tiene un sabor… hogareño, aunque le falta altura conceptual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;prFY&quot;&gt;—¿Altura conceptual? —repliqué, tratando de no perder la calma—. Es una tortilla, no la Sagrada Familia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;O2qz&quot;&gt;Pero no se detuvo ahí. Me dio una lista detallada de cómo podía mejorarla: usar patatas de una variedad específica, freírlas a una temperatura exacta, añadir un toque de algún ingrediente exótico que probablemente solo se encontraba en un mercado asiático a tres horas de distancia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GIEV&quot;&gt;Esa noche, mientras limpiaba los platos, me di cuenta de que Roberto no quería una compañera. Quería un aprendiz, alguien que lo venerara y siguiera sus instrucciones sin cuestionarlas.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;KzkJ&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Gastritis emocional&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;8RNg&quot;&gt;Nuestro último mes juntos fue una mezcla de orgasmos apasionados y discusiones sobre comida que me daban acidez. Roberto insistía en cocinar para mí, pero cada plato venía con una lección de vida.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;el4w&quot;&gt;—La cocina es como el amor, Clara. Requiere paciencia, técnica y respeto por los ingredientes.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;sbDG&quot;&gt;—¿Y no se supone que también debe ser divertida? —respondí una vez, cansada de sus discursos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GTaA&quot;&gt;Esa pregunta lo dejó perplejo. Era como si hubiera sugerido que el arte culinario no merecía la seriedad de un tratado filosófico.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;8k2A&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El adiós en el mercado&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;QIdu&quot;&gt;La relación llegó a su fin de la misma manera en que había comenzado: en el mercado gastronómico. Fui a visitarlo una tarde mientras trabajaba en su puesto, esperando que pudiéramos tener una conversación tranquila. Pero cuando llegué, lo encontré discutiendo con una clienta que había osado criticar uno de sus platos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;fESd&quot;&gt;—¡Si no puedes apreciar la calidad de mis ingredientes, no mereces probar mi comida! —gritó, mientras la clienta se alejaba, claramente ofendida.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;fU0T&quot;&gt;Ese fue el momento en que todo encajó para mí. Roberto no era un chef apasionado; era un tirano culinario, incapaz de aceptar que no todos compartieran su visión del mundo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KXjU&quot;&gt;Esa misma noche, le dije que necesitaba un descanso.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Kxpd&quot;&gt;—¿Un descanso? —preguntó, confundido—. ¿De la relación o de mi comida?&lt;br /&gt; —De las dos cosas, Roberto.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3Cce&quot;&gt;Y así terminó nuestra historia.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;43rj&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Roberto&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;Uwi6&quot;&gt;Roberto me enseñó que la pasión, cuando no está equilibrada por la humildad, puede ser asfixiante. Admiraba su talento, pero no podía soportar su necesidad constante de validación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7X0P&quot;&gt;Ahora, cada vez que veo un plato demasiado decorado o con nombres innecesariamente largos, no puedo evitar pensar en él. Pero en lugar de sentir nostalgia, simplemente pido una pizza o una hamburguesa. Porque, al final, la comida, como el amor, debe disfrutarse sin tanta complicación.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;YqLe&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;5: Sergio: El Filósofo del Tinder&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;rN0G&quot;&gt;Sergio y yo nos conocimos en Tinder. Sí, lo admito. Para una mujer como yo, culta y algo sarcástica, la idea de buscar el amor en una aplicación plagada de horteras de uno y otro sexo parecía el colmo de la ironía. Pero ahí estaba su perfil, atrayéndome como un verso de Neruda leído en un susurro. Decía: &lt;em&gt;&amp;quot;Explorador de la vida, lector de Nietzsche, amante del vino.&amp;quot;&lt;/em&gt; Había algo intrigante en esas palabras, aunque también un tufillo de pretensión que debí haber detectado como una señal de alerta temprana.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;sp2U&quot;&gt;Decidí darle una oportunidad. Porque, al fin y al cabo, ¿quién no merece el beneficio de la duda?&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Wzqi&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El &amp;quot;Ulises&amp;quot; líquido y otros delirios&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;hOh7&quot;&gt;Nuestra primera cita fue en un bar clandestino que él eligió con esmero. Para llegar allí, tuvimos que atravesar un callejón oscuro y tocar una puerta sin cartel. Cuando entramos, me sentí como en una película de cine negro. Sergio, por supuesto, parecía estar en su elemento.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SZGz&quot;&gt;El menú del bar era tan pretencioso como él: cócteles con nombres como &amp;quot;Éxtasis de Ulises&amp;quot; o &amp;quot;El Absurdo de Camus&amp;quot;. Pedí un &amp;quot;Éxtasis de Ulises&amp;quot;, más por curiosidad que por gusto, y Sergio aprovechó la oportunidad para lanzarse en una disertación de 45 minutos sobre la &amp;quot;existencia líquida de la modernidad&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;350L&quot;&gt;—Bauman lo expresó perfectamente: vivimos en una sociedad donde todo es efímero, donde los vínculos se desvanecen como el humo de este cóctel —dijo, mientras agitaba su bebida de forma teatral.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LWKr&quot;&gt;Yo intenté seguirle el ritmo, asintiendo y haciendo preguntas ocasionales, pero pronto me di cuenta de que Sergio no buscaba una conversación. Buscaba una audiencia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dW7N&quot;&gt;Cuando finalmente me atreví a preguntarle qué significaba eso de la &amp;quot;existencia líquida&amp;quot;, me respondió con una frase que ahora considero su manifiesto personal:&lt;br /&gt; —Es difícil de explicar, pero tú lo entiendes, ¿verdad?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;EC24&quot;&gt;No, Sergio. No lo entendía. Y tampoco tenía interés en hacerlo.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;mVcI&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La filosofía como afrodisíaco (fallido)&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;ndgI&quot;&gt;Nuestra relación avanzó a trompicones, marcada por citas que parecían más seminarios de filosofía que encuentros románticos. Sergio tenía una habilidad especial para convertir cualquier situación en una excusa para citar a filósofos. Si hablábamos de música, mencionaba a Adorno. Si mencionaba el clima, traía a colación a Heidegger.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Cpoj&quot;&gt;Pero el momento culminante llegó en la cama. Mientras otras personas se concentran en el placer del momento, Sergio prefería recitar fragmentos de Sartre o Nietzsche en el peor momento posible.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;F519&quot;&gt;—Como diría Sartre, estamos condenados a ser libres —dijo una vez, justo antes del clímax.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mdYe&quot;&gt;Fue como si alguien hubiera encendido la luz en medio de un sueño erótico. Me quedé congelada, sin saber si reír, llorar o gritar. Aunque contemplé la idea de echar al tipo de la cama a patadas y empujándolo con los pies. Opté por darme la vuelta y fingir que tenía sueño.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BbPF&quot;&gt;La gota que colmó el vaso llegó una noche cuando, en lugar de susurrarme algo romántico, decidió explicarme la diferencia entre la ética kantiana y la utilitarista mientras yo intentaba dormirme.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Zc8K&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El drama del picnic filosófico&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;uyBg&quot;&gt;Decidí que necesitábamos salir de la rutina, así que le propuse un picnic en el parque. Pensé que, al aire libre, Sergio podría relajarse y dejar de lado su obsesión por la filosofía. Pero, por supuesto, estaba equivocada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PdKa&quot;&gt;Yo aparecí llevando el avío en una cesta, con vino, queso, algo de pan, unos yogures y una tableta de chocolate. Sergio apareció con un libro de Kierkegaard y, antes de que pudiera detenerlo, empezó a leerme pasajes en voz alta sobre la angustia existencial.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bGZA&quot;&gt;—¿Sabes, Clara? —dijo, con una mirada introspectiva—. A veces siento que mi vida es como un ensayo de Kierkegaard: incompleto, pero profundamente significativo. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dbyv&quot;&gt;Lo de incompleto si era cierto, desde lugo; su vida era una pura obsesión desquiciada, carne de psiquiatra,  pero no osé decírselo. En su lugar fui a lo práctico: &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pP9l&quot;&gt;—Sergio, ¿puedes pasarme el queso? —respondí, tratando de desviar la conversación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ufQm&quot;&gt;El resto del picnic fue una batalla silenciosa entre su necesidad compulsiva de reflexionar sobre la vida y mi necesidad de disfrutar el momento y las lonchas de queso sin que me citara a otro filósofo muerto.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;VLKE&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Cuando el amor se diluye en palabras&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;osFm&quot;&gt;Una de las cosas que más me molestaba de Sergio era su incapacidad para escuchar. Cada vez que intentaba hablarle de algo personal, como mi trabajo o mis amigos, encontraba una forma de convertir la conversación en una reflexión abstracta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xcCi&quot;&gt;Una vez, mientras le contaba una anécdota graciosa sobre una amiga, me interrumpió para decir:&lt;br /&gt; —Eso me recuerda a &amp;quot;El ser y el tiempo&amp;quot; de Heidegger. ¿Has leído su análisis sobre el ser-para-la-muerte?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jEVq&quot;&gt; —No, Sergio. No lo he leído. Y, sinceramente, no veo la relación de la anécdota de mi amiga en la caja del súper con el análisis de su ser-para-la-muerte. Me falta imaginación. Pásame el pan, por favor, que no llego a la cesta...&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;L8yi&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El final de la lección&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;8zBe&quot;&gt;La relación terminó de la manera más predecible posible: con una discusión filosófica. Sergio quería que asistiera a una charla sobre el &amp;quot;pensamiento postestructuralista en la era digital&amp;quot;. Yo le dije que prefería ir al cine, y que estaba hasta ahí de la Escuela de Frankfurt&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tBiG&quot;&gt;—El cine es una forma inferior de arte, Clara. Se basa en imágenes, no en ideas —dijo, mirándome como si le hubiera propuesto sacrificar a un filósofo en un altar pagano.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jHh7&quot;&gt;Esa fue la gota que colmó el vaso. Lo miré directamente a los ojos y dije:&lt;br /&gt; —Sergio, creo que necesitamos una pausa para reflexionar sobre nuestra propia existencia líquida.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xLpl&quot;&gt;Le tomó un momento darse cuenta de que estaba rompiendo con él. Y cuando lo hizo, simplemente asintió y respondió:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Fxai&quot;&gt;—Es un movimiento necesario. Después de todo, la vida es un flujo constante.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;AZFT&quot;&gt;No podía haberlo dicho mejor.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;4ROn&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Sergio&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;vmxs&quot;&gt;Sergio me enseñó una lección valiosa: la inteligencia no siempre es sexy, especialmente cuando viene acompañada de pedantería. Aprecio la filosofía tanto como cualquier otra persona que se despierta cada mañana agobiada por la vida, pero también sé que hay un tiempo y un lugar para ella. Y ese lugar definitivamente no es el dormitorio.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MNQr&quot;&gt;Aunque nuestra relación fue un desastre, no puedo evitar sonreír al recordarlo. Sergio era un personaje de su propia narrativa, más interesado en construir su identidad intelectual que en conectar con otra persona.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;JggF&quot;&gt;Ahora, cada vez que veo un libro de Nietzsche en una librería, lo paso de largo y elijo algo más ligero. Porque, al final, la vida, como el amor, no siempre necesita tantas palabras.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;O5CT&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;6: Esteban: Un Hípster de la Bicicleta&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;ga8f&quot;&gt;Conocer a Esteban fue como entrar en un episodio de una serie sobre modernillos urbanos: un tipo delgado, con bigote cuidadosamente recortado y ropa que parecía comprada en un mercadillo vintage, pero que probablemente costaba el salario de un mes. Lo conocí en una charla sobre huertos urbanos en la que, de alguna manera, acabé sentada junto a él. Durante la conferencia, mencionó conceptos como &lt;em&gt;“reconexión con la tierra”&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;“la ética de la autosuficiencia”&lt;/em&gt;. Me cautivó, no tanto por lo que decía, sino por su manera de hacerlo: una voz grave y pausada que hacía que hasta el compostaje pareciera sensual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;l6jn&quot;&gt;Salimos al terminar el evento, y en un bar de cervezas artesanales me explicó por qué él mismo las elaboraba en casa. Era el tipo de hombre que parecía tener todas las respuestas: sobre ecología, sostenibilidad, y cómo salvar al mundo usando una bicicleta y la artesanía en el consumo. Yo, que apenas reciclo y uso el coche para ir al supermercado, pensé que podía aprender algo de él. Lo que no sabía es que, lo que realmente iba a aprender, era la diferencia entre la pasión y el esnobismo.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;rOhB&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Minimalismo al extremo&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;s5yZ&quot;&gt;Esteban tenía una filosofía de vida muy clara: menos es más. Su apartamento era el epítome del minimalismo. Un colchón en el suelo, unas cuantas plantas en macetas hechas de botellas recicladas y una estantería con libros cuidadosamente seleccionados sobre permacultura y filosofía existencialista.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hgXz&quot;&gt;—El exceso de cosas crea ruido en el alma —me explicó mientras yo intentaba encontrar un lugar cómodo para sentarme que no fuera el suelo. De hecho no lo conseguí y nuestra aproximación al cortejo hubimos de hacerla en cuclillas, ante la falta de un mísero sofá.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Nr8l&quot;&gt;Su concepto de &lt;em&gt;menos es más&lt;/em&gt; también se aplicaba a las comodidades básicas. No tenía microondas porque &lt;em&gt;“calienta de manera poco uniforme”&lt;/em&gt;, no usaba papel higiénico porque prefería un bidet portátil, y su ducha era más bien una experiencia simbólica, ya que afirmaba que bañarse más de dos veces a la semana era &lt;em&gt;“innecesario para el cuerpo humano y dañaba la piel”&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MKBR&quot;&gt;Al principio, intenté verlo como parte de su encanto. Pero cada vez que nos abrazábamos, me preguntaba si su compromiso con el medio ambiente incluía renunciar al desodorante. &lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;C7Zk&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La cena de los desechos&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;gyt4&quot;&gt;Esteban y yo cocinamos juntos en varias ocasiones, aunque llamarlo &lt;em&gt;cocinar&lt;/em&gt; sería generoso. Una noche, mientras yo proponía preparar algo sencillo como una pasta, él insistió en que debía acompañarlo a un contenedor de supermercado para recoger verduras desechadas que estaban en perfectas condiciones.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;P1lm&quot;&gt;—Es absurdo desperdiciar comida perfectamente comestible —dijo, con una pasión que no admitía réplica.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CeT2&quot;&gt;Al llegar al contenedor, me entregó unos guantes y un saco. Mientras yo luchaba contra mi dignidad, él estaba extasiado, revisando las cajas como si estuviera en una cata de vinos. Terminamos en su cocina preparando lo que él llamó &lt;em&gt;“un banquete sostenible”&lt;/em&gt;. Para mí, era un salteado de verduras con un leve aroma a revenidas y a humillación por mi parte.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;cWax&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El poliamor barato&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;Ja0t&quot;&gt;Esteban era también un ferviente defensor del poliamor. Me explicó, con mucha paciencia, que el amor no debía limitarse a una sola persona, ya que eso era un vestigio de una sociedad patriarcal opresiva. Un despilfarro de oportunidades. En teoría, podía sonar interesante. En la práctica, descubrí que su versión del poliamor era una excusa para ahorrar dinero y dividir gastos entre varias parejas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;khJV&quot;&gt;—Es un sistema justo, Clara. Todos compartimos y nos beneficiamos mutuamente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Ys4s&quot;&gt;Sí, todos compartíamos. Incluyendo las facturas, las cenas y, sospecho, hasta su colchón minimalista.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jBNp&quot;&gt;Una vez, le pedí que me acompañara a comprar una lámpara para mi apartamento. Me miró como si acabara de sugerir quemar un bosque entero.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;AWlM&quot;&gt;—El consumismo es una plaga, Clara. Usa velas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ruUR&quot;&gt;Esa noche, mientras intentaba leer con la luz parpadeante de una vela, me di cuenta de que no podía soportar su visión del mundo por mucho más tiempo. Y que mi vista corría peligro.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;MPOy&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El accidente de la bicicleta&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;vMaa&quot;&gt;Una de las cosas que más admiraba de Esteban al principio era su compromiso con la bicicleta. Siempre decía que no había nada más liberador que moverse por la ciudad pedaleando, sin contaminar y sintiendo el viento en la cara. Una noche, me propuso ir a cenar en bicicleta. Yo, confiada, acepté, aunque hacía años que no montaba en una.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xuT7&quot;&gt;El viaje fue un desastre desde el principio. Mi bicicleta, que alquilamos en una tienda cercana, parecía tener vida propia y se negaba a obedecerme. Esteban, por supuesto, estaba en su elemento, pedaleando sin esfuerzo y recitando algún poema de Whitman.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rwst&quot;&gt;En un intento por seguirle el ritmo, terminé estrellándome contra un puesto de churros. Mientras yo me disculpaba con el vendedor y recogía los restos de mi dignidad, Esteban apareció para decirme:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CX25&quot;&gt;—Es normal, Clara. Tu cuerpo aún no se ha adaptado a la simplicidad del movimiento natural.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZvEk&quot;&gt;Eso fue todo. Sabía que esa sería nuestra última cita.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;2hcu&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El desenlace (y una ducha larga)&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;HhLI&quot;&gt;Esa misma noche, le dije a Esteban que necesitaba tiempo para reflexionar. No fue difícil convencerlo, ya que él, a su vez, estaba convencido de que toda separación era una oportunidad para el crecimiento espiritual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tm7Y&quot;&gt;—Espero que encuentres tu centro de gravedad, Clara —me dijo, mientras empaquetaba un poco de kombucha para que me la llevara a casa. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KJm5&quot;&gt;Volví a mi apartamento, me di una ducha larga y calurosa (con jabón, por supuesto) y me preparé una pizza congelada. Esa fue la mejor decisión de toda la relación.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;YyWN&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Esteban&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;I5SM&quot;&gt;Esteban me enseñó algo valioso: hay una línea muy fina entre la pasión y el extremismo. Admiré su compromiso con el medio ambiente y la sostenibilidad, pero no podía ignorar el hecho de que su estilo de vida era, en muchos aspectos, incompatible con el mío.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uL6C&quot;&gt;Ahora, cada vez que veo a alguien en bicicleta con un bigote perfectamente recortado, me acuerdo de él. Y aunque le deseo lo mejor en su misión de salvar el mundo, también estoy segura de que no necesito compartir un contenedor de supermercado con nadie más.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;gWYS&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;7: Víctor: Coach de la Felicidad&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;cebV&quot;&gt;Víctor apareció en mi vida como un rayo de sol. Literalmente, porque la primera vez que lo vi estaba subido a un escenario en un evento de coaching motivacional, iluminado por un foco que parecía diseñado exclusivamente para resaltar su sonrisa de dientes perfectos. &amp;quot;¡Tú puedes cambiar tu vida!&amp;quot;, gritaba con entusiasmo, mientras el público lo ovacionaba como si acabara de curar el cáncer.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RVA3&quot;&gt;Había algo magnético en él. Tal vez era su confianza inquebrantable o su manera de decir frases como &lt;em&gt;“Todo lo que necesitas está dentro de ti”&lt;/em&gt; con una convicción que hacía que hasta el cinismo más arraigado tambaleara. Cuando me invitó a tomar un café después de la charla, acepté. ¿Cómo podía decirle que no a alguien que parecía estar rodeado de una aura de energía positiva permanente?&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;3l9g&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El hombre que nunca dejaba de sonreír&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;8Oic&quot;&gt;Desde el primer momento, quedó claro que Víctor era un optimista profesional. Su sonrisa nunca desaparecía, y su lenguaje estaba repleto de frases motivadoras que parecían sacadas de un calendario de autoayuda:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ksPc&quot;&gt;—Recuerda, Clara: cada día es una oportunidad para recrear la mejor versión de ti misma.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MEH2&quot;&gt;Al principio, lo encontré encantador. Después de todo, ¿quién no necesita un poco de positividad en su vida? Pero pronto descubrí que esa sonrisa permanente y su actitud inquebrantable no eran tan perfectas como parecían.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;z3bB&quot;&gt;Un día, mientras hablaba de mi frustración con el trabajo, Víctor me interrumpió con un:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Rqjt&quot;&gt;—El fracaso no existe, Clara. Solo son lecciones disfrazadas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YqYk&quot;&gt;—Entonces debo llevar ya un máster en lecciones. —respondí, con mi sutil sarcasmo habitual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YERA&quot;&gt;Él se rio, pero no abandonó su postura.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jBw3&quot;&gt;—Eres más fuerte de lo que crees. Solo necesitas cambiar tu perspectiva.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pVfw&quot;&gt;Aparentemente, mi perspectiva era el problema de todos mis problemas. Y todo el mundo intentaba hacérmelo notar.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;jMCd&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El altar de las afirmaciones diarias&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;iedI&quot;&gt;Víctor tenía una rutina muy particular. Cada mañana, antes de hacer cualquier cosa, se sentaba frente a un espejo y recitaba afirmaciones. Una lista interminable de frases como:&lt;br /&gt; —Soy valioso.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BIcy&quot;&gt;—Hoy atraeré abundancia.—El universo conspira a mi favor.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;beQ5&quot;&gt;Me pidió que participara, pero mi pragmatismo progresista no pudo tolerar tanta verborrea esotérica a las ocho de la mañana. Prefería lavarme los dientes y ponerme en marcha antes de desayunar y salir para el trabajo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;kt1W&quot;&gt;—Víctor, yo solo quiero un café y cinco minutos de silencio. ¿Podemos conspirar para eso?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zMr7&quot;&gt;Él se rio, como siempre, pero insistió en que debía intentarlo. “El cambio empieza desde adentro”, decía, mientras yo intentaba no lanzar mi taza de café contra la pared.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;JmJW&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El coach a tiempo completo (literalmente)&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;TwVi&quot;&gt;Con Víctor, todo se convirtió en una sesión de coaching. Si mencionaba que estaba cansada, él respondía con estrategias para optimizar mi energía. Si hablaba de algún problema, él proponía ejercicios de visualización para solucionarlo. Incluso en la cama, tenía una manera peculiar de motivarme.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PYlG&quot;&gt;—¡Tú puedes hacerlo, Clara! —me dijo una vez, mientras yo intentaba contener una carcajada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ueBz&quot;&gt;Lo peor fue cuando empezó a hablar de nuestras “metas de pareja” como si estuviéramos en un retiro corporativo. Una noche, me presentó un esquema con nuestras “fortalezas” y “áreas de mejora”&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Ncyk&quot;&gt;—Mira, Clara, creo que si trabajamos en nuestra comunicación, podemos alcanzar el siguiente nivel emocional.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rrkk&quot;&gt;Quise responderle con un “mi única meta ahora mismo es no estrangularte y pegar un buen polvo”, pero opté por un diplomático:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pEtX&quot;&gt;—Déjame pensarlo.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Sawn&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Cuando el optimismo se convierte en negación&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;v4v4&quot;&gt;Lo que más me molestaba de Víctor no era su optimismo, sino su incapacidad para aceptar cualquier cosa negativa. Si le decía que algo me molestaba, lo convertía en un reto motivacional.&lt;br /&gt; —No permitas que eso te afecte, Clara. Tú eres más fuerte que tus emociones.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xtru&quot;&gt;Un día, después de una discusión particularmente frustrante, me miró con su sonrisa impasible y dijo:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;o9QD&quot;&gt;—Recuerda, los problemas no son más grandes que tú.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;eUC0&quot;&gt;—Pues este sí —respondí, señalándolo ,emtalmente a él directamente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;VGfm&quot;&gt;Pero él no lo entendió. Para Víctor, todo se podía solucionar con actitud positiva y auto afirmaciones diarias.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;22Da&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La sesión de coaching definitiva&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;3Pny&quot;&gt;El colmo llegó cuando me ofreció una “sesión personalizada de coaching de pareja”. No solo fue un desastre, sino que además intentó cobrarme.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;iFgW&quot;&gt;—Clara, esto no es un trabajo, es una inversión en nosotros.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FzbD&quot;&gt;—¿Una inversión? ¿Como un fondo de pensiones?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BZQr&quot;&gt;Víctor no entendió el sarcasmo. Sacó su cuaderno y empezó a explicarme cómo dividiríamos las “responsabilidades emocionales” para maximizar nuestra conexión. Fue en ese momento cuando supe que nuestra relación no tenía futuro.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;gdah&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El adiós con gratitud (pero sin afirmaciones)&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;RsPx&quot;&gt;La ruptura fue sorprendentemente fácil. Víctor aceptó la noticia con su típica sonrisa y una frase motivadora:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;aoSh&quot;&gt;—Gracias por este tiempo juntos, Clara. Me ayudaste a crecer como persona. Espero que encuentres tu camino hacia la abundancia emocional.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;exgx&quot;&gt;¡¿La abundancia emocional?! Yo solo quería encontrar mi camino hacia la puerta.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;cElr&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Víctor&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;rKPK&quot;&gt;Víctor me enseñó algo importante: la positividad, en exceso, puede ser tan agotadora como el pesimismo. Admiré su entusiasmo y su deseo de mejorar la vida de las personas, pero vivir con alguien que nunca deja de sonreír y de dar lecciones es simplemente insostenible.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KF8I&quot;&gt;Ahora, cada vez que escucho frases como “cambiar tu perspectiva” o “tú puedes lograrlo”, no puedo evitar pensar en él. Y aunque a veces me río al recordarlo, estoy convencida de que no necesito a nadie que trate mi vida como un proyecto de autoayuda.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;lT8W&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;8: Mario: Artista Torturado&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;6HZu&quot;&gt;Mario era pintor. Lo conocí en una exposición donde sus cuadros, llenos de tonos grises y negros, parecían competir por ver cuál podía transmitir más desesperación. Los títulos eran aún más depresivos: &lt;em&gt;&amp;quot;El vacío interior&amp;quot;&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;&amp;quot;Melancolía existencial&amp;quot;&lt;/em&gt;, y mi favorito personal, &lt;em&gt;&amp;quot;La soledad como destino inevitable&amp;quot;&lt;/em&gt;. Era como si su arte estuviera diseñado para acompañar la peor resaca de tu vida. Y sin embargo, algo en él me atrajo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Z4Fq&quot;&gt;Tenía esa intensidad que parece propia de los artistas: mirada profunda, cabello despeinado pero de manera estratégica, y una forma de hablar pausada, como si cada palabra fuera una pincelada en el lienzo de la conversación. Cuando me dijo:&lt;br /&gt; —La vida es sufrimiento, Clara. Pero hay belleza en ese sufrimiento, ¿no crees?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;yiND&quot;&gt;Yo, inexplicablemente, le respondí:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2u1K&quot;&gt;—Supongo que sí. Creo que sí...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ObD6&quot;&gt;Ahí comenzó lo que más tarde llamaría “mi relación monocromática”.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;UlGA&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El encanto inicial&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;6Atx&quot;&gt;Al principio, Mario me fascinó. Sus historias sobre la lucha del arte en un mundo capitalista hicieron resonancia con mi lado más romántico. Me llevó a su estudio, un espacio caótico lleno de lienzos a medio pintar y latas de pintura derramadas que, según él, eran parte de su proceso creativo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XfNH&quot;&gt;—El arte es caos —me explicó mientras encendía un cigarrillo que olía a desesperación y tabaco barato—. Solo en el caos encontramos la verdad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PhSq&quot;&gt;Yo, que en ese momento tenía un cóctel en la mano y estaba ligeramente impresionada por su forma de expresarse, asentí como si acabara de revelarme el secreto del universo. Aunque lo de encontrar algo en el caos me recordó algún apunte de física del instituto, posíblemente la entropía de la segunda ley de la termodinámica, lo de pillar ahí en el caos la verdad se me escapaba. No acababa de verlo claro.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bbjh&quot;&gt;Sus cuadros, aunque deprimentes, tenían una fuerza magnética. Y cuando me dijo que quería pintarme, me sentí como una musa griega, lista para ser inmortalizada.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;KOMp&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El drama como arte de vida&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;h425&quot;&gt;Mario no solo era dramático en su arte; lo era en todo lo que hacía. Si yo no podía quedar una noche, me mandaba un poema en el que describía su &lt;em&gt;“soledad inmerecida”&lt;/em&gt;. Si él llegaba tarde a una cita, decía que el peso de su creatividad lo había retenido.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YgIb&quot;&gt;—No es que no quiera llegar a tiempo, Clara. Es que a veces el alma necesita quedarse quieta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;B76G&quot;&gt;La primera vez que lo escuché, pensé que era profundo. La décima vez, quise gritarle que su alma necesitaba un reloj.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YPd6&quot;&gt;Las discusiones con Mario eran igual de intensas. Si le decía que no me gustaba algo, lo interpretaba como un ataque a su esencia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mtNz&quot;&gt;—No soy perfecto, Clara. Soy un reflejo de la imperfección del mundo. ¿Cómo puedes pedirme que cambie?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MiOO&quot;&gt;No podía responder a eso sin parecer la villana de una obra trágica y llamarle imbécil. Pero afortunadamente la mayoría del mundo no era como él. &lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Fq7o&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El café como metáfora&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;IEC1&quot;&gt;Un día, decidí hacer algo especial por él y le llevé un café mientras trabajaba en un cuadro. Mario me miró con aire solemne y dijo:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hiwF&quot;&gt;—Gracias, pero el café simboliza la fugacidad de la inspiración. No puedo beberlo ahora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;853i&quot;&gt;Lo miré, esperando que se riera, que dijera que estaba bromeando. Pero no. Mario hablaba en serio. Dejó el café en un rincón del estudio, donde lo vi quedarse frío mientras él volvía a su lienzo, ignorando mi presencia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KmgE&quot;&gt;En ese momento, supe que Mario estaba más enamorado de su arte (y de su propio sufrimiento) que de cualquier otra cosa en el mundo. Y que le importaba menos que nada que yo me hubiera tomado la molestia detallista de preparle un café mientras él divagaba sobre formas y sensaciones etéreas sólo al alcance de los artistas.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;OKqo&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La sesión de pintura&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;78Ye&quot;&gt;Cuando Mario me pidió que posara desnuda para un cuadro, me emocioné. Pensé que sería una experiencia íntima y especial. Pero lo que empezó como un momento emocionante se convirtió en una pesadilla surrealista.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nB0p&quot;&gt;Pasé tres horas sentada en una pose incómoda mientras él murmuraba sobre el &lt;em&gt;“peso de la existencia femenina”&lt;/em&gt;. Cuando finalmente terminó y me mostró el resultado, no podía creer lo que veía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2maQ&quot;&gt;En el lienzo, yo no era más que un conjunto de formas amorfas, con una expresión que parecía más un grito de auxilio que una mirada sensual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hXWB&quot;&gt;—Es una metáfora del cuerpo como prisión —explicó, mientras yo intentaba entender por qué mi figura se parecía a un saco de patatas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3EZN&quot;&gt;—¿Prisión? —repliqué, conteniendo mi enfado—. Mario, si esto es una prisión, quiero que devuelvas las llaves.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;nPDC&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El colapso de la musa&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;V2yK&quot;&gt;La relación con Mario llegó a su punto crítico cuando se convirtió en una competencia entre su arte y nuestra vida diaria. Si yo mencionaba algo práctico, como pagar las facturas o comprar comida, él respondía que esas eran preocupaciones mundanas que no tenían cabida en su existencia artística.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xa60&quot;&gt;—El arte no se detiene por cosas triviales como el dinero, Clara.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ggne&quot;&gt;—Pues el alquiler sí —respondí, harta de su grandilocuencia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;baZY&quot;&gt;Mario era incapaz de vivir en el mundo real, y yo no podía seguir siendo su ancla, ni mucho menos su musa.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;sZ4H&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El adiós al artista&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;kFaJ&quot;&gt;Una noche, después de otra discusión sobre su &lt;em&gt;“compromiso con la verdad artística”&lt;/em&gt;, decidí que era suficiente. Le dije que necesitaba alguien que pudiera disfrutar de la vida tanto como él disfrutaba sufriendo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GWhG&quot;&gt;Mario, por supuesto, reaccionó como si lo hubiera apuñalado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;QxE5&quot;&gt;—Siempre supe que no sería comprendido —dijo, con lágrimas que casi me hicieron dudar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Q7Zy&quot;&gt;Pero esta vez, no me dejé convencer. Salí de su estudio sabiendo que había hecho lo correcto.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;gfv5&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Mario&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;C7jA&quot;&gt;Mario fue una lección importante para mí: la pasión es maravillosa, pero no puede sostener una relación por sí sola. Admiré su dedicación al arte, pero no podía ser la única persona en su vida dispuesta a vivir en un estado constante de drama.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xmOL&quot;&gt;Ahora, cada vez que paso por una galería de arte y veo un cuadro monocromático y deprimente, pienso en él. Y, aunque le deseo lo mejor, también me alegra no ser parte de su próxima obra trágica.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;R9QL&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;9: Javier: Mecánico Poeta&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;kDV4&quot;&gt;Conocí a Javier gracias a mi coche, que decidió traicionarme en medio de una autopista. Mientras yo maldecía mi suerte y contemplaba la idea de prenderle fuego, mandado por la compañía aseguradora, apareció él: un mecánico con manos llenas de grasa, una sonrisa que podría iluminar una caverna y un acento del sur que convertía cualquier frase en música.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;olWZ&quot;&gt;—Tu motor suena como un corazón herido, pero no te preocupes, lo vamos a arreglar —me dijo, mientras yo intentaba no derretirme en plena carretera. Era agosto, pleno medio día y más allá de Despeñaperros, tirando para el sur.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;yajv&quot;&gt;A primera vista, Javier era todo lo que no buscaba en un hombre. Era impulsivo, directo y parecía vivir al día. Pero algo en su manera de hablar, mezclando metáforas poéticas con términos técnicos, me hizo dudar de mis prejuicios.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mEZC&quot;&gt;—Los coches y las personas no son tan diferentes, Señora De La Madrid. A veces necesitan un buen ajuste para volver a rodar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;T44Q&quot;&gt;Y yo, que en ese momento necesitaba más ajustes emocionales que mi propio coche, decidí darle una oportunidad.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;cVm3&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El mecánico que recitaba a Machado&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;x3rM&quot;&gt;Después de arreglarme el coche, intercambiamos los números de teléfono. Nuestra primera cita fue en un bar de barrio, donde Javier me explicó su filosofía de vida entre cervezas y tapas. Según él, todo en el universo era mecánica. Y no se refería a la cuántica, sino a la de los talleres, la chapa, los pistones, embrague y todo eso.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3oZ1&quot;&gt;—Los motores, como los amores, necesitan aceite para funcionar. Si no los cuidas, se gripan.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;p59U&quot;&gt;Era como escuchar a un poeta improvisado. Cada palabra suya estaba impregnada de una sinceridad desarmaste. Me llevó a su taller, un espacio caótico lleno de herramientas oxidadas, piezas de motor y un viejo radiocasete que tocaba flamenco, aullándo en ese momento la Paquera de Jerez.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1pyE&quot;&gt;—Aquí es donde hago magia —me dijo, señalando un coche medio desmontado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BsCs&quot;&gt;Esa noche, mientras me mostraba cómo cambiar una bujía, me recitó un poema de Machado. Y aunque parte de mí pensaba que la situación era ridícula, otra parte se dejó llevar por su encanto.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;ngAK&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Un romance a medio engranar&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;CTOb&quot;&gt;Estar con Javier era como conducir un coche viejo: emocionante, pero lleno de sorpresas. Cada día era diferente, una mezcla de pasión y caos que me mantenía alerta. Una noche, después de una cena improvisada en su casa (una tortilla con pan que él insistía en llamar &lt;em&gt;“cocina rápida de supervivencia”&lt;/em&gt;), me confesó que escribir poesía era su verdadera pasión.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Nwwx&quot;&gt;—Los coches pagan las facturas, pero las palabras alimentan el alma —dijo, con una seriedad que casi me hizo llorar. La poesía no es solo mi hobby; es mi vida, Clara,&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;i4kv&quot;&gt;Por supuesto, esta declaración vino acompañada de un soneto que había escrito para mí. Era cursi, sí, pero también dulce. Me lo leía mientras yo intentaba no reírme con la última copa de vino de la noche.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;qJdx&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La relación chocaba más que mi coche&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;gPkJ&quot;&gt;Pero, como con todos los hombres que había conocido, el encanto inicial empezó a desmoronarse. Javier tenía una relación complicada con el tiempo. Llegar a una cita puntual era, para él, una proeza casi imposible. Siempre había una excusa:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;OsEq&quot;&gt;—Un cliente apareció sin avisar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;A7pW&quot;&gt;—El camión de repuestos se retrasó.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;epJd&quot;&gt;—Estaba cambiándole el aceite a mi moto y me lie.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;I6RZ&quot;&gt;La gota que colmó el vaso llegó cuando llegó dos horas tarde a una cena especial y, al preguntarle por qué, me respondió con total naturalidad:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vNJX&quot;&gt;—Es que el motor de mi moto sonaba raro y no podía dejarlo así.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ImhQ&quot;&gt;—¿Y qué hay de nuestro motor? —respondí, sarcástica.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;APSu&quot;&gt;No entendió la metáfora, o decidió ignorarla.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;OzxN&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Un viaje al desguace emocional&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;9XvF&quot;&gt;Otro problema era su tendencia a arreglar cosas que no estaban rotas. Una tarde, mientras yo estaba en su taller, se ofreció a revisar mi coche otra vez, a pesar de que funcionaba perfectamente.&lt;br /&gt; —Siempre se puede mejorar, Clara.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wTDF&quot;&gt;Ese afán por mejorar todo se extendió a nuestra relación. Si yo estaba molesta por algo, Javier intentaba solucionarlo con frases poéticas y promesas de un futuro mejor, pero nunca con acciones concretas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FUGE&quot;&gt;—El amor, como los motores, necesita ajustes constantes.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8IS6&quot;&gt;—¿Y cuándo piensas hacer el primer ajuste? —pregunté, harta de las palabras vacías.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;oOUN&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El desenlace (sin frenos)&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;aJLf&quot;&gt;La relación terminó de forma tan abrupta como había comenzado. Una noche, mientras discutíamos por enésima vez sobre su incapacidad para cumplir con los planes, decidió que la mejor manera de calmarme era recitar otro poema.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lVvK&quot;&gt;—Tu amor es como un motor, Clara: potente, pero complicado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Xf05&quot;&gt;Fue entonces cuando me di cuenta de que Javier nunca cambiaría. Podía ser un genio con las máquinas, pero cuando se trataba de relaciones humanas, seguía funcionando en modo prueba y error.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3JG2&quot;&gt;—Javier, necesito algo más que poesía y metáforas. Necesito un hombre que esté presente, no alguien que siempre esté en su taller o perdido en sus pensamientos de Machado o Góngora...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;kIIW&quot;&gt;Él asintió, con tristeza, y dijo:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;K1Yq&quot;&gt;—Te entiendo, Clara. Espero que encuentres a alguien que te haga rodar como mereces.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nzsI&quot;&gt;Esa fue la última vez que lo vi. No necesitaba a nadie que me hiciera rodar, lo que ncesitaba era poner el turbo y escapar de esa relación sin sentido.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Ee4Y&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Javier&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;UcpS&quot;&gt;Javier me enseñó que las metáforas y los sonetos no pueden arreglar una relación. Admiré su pasión, su creatividad y su manera de ver el mundo, pero no podía soportar su incapacidad para comprometerse con algo más allá de su taller y su poesía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7hI9&quot;&gt;Cada vez que paso por un taller mecánico y escucho el sonido de una llave inglesa, pienso en él. Y aunque le deseo lo mejor, también me alegra que no sea él quien intente ajustar mi motor emocional.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;ptmZ&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;10: Benito: Capitán de una Zodiac&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;KLDl&quot;&gt;Conocí a Benito en una fiesta de esas que empiezas preguntándote cómo acabaste ahí y terminas deseando salir corriendo. Estaba en una esquina, apoyado en la barra con la confianza desbordante de alguien que se cree el dueño del mundo. Vestía una camisa de lino que probablemente había sido planchada por un ejército de sirvientes imaginarios y sostenía una copa de champán como si le perteneciera por derecho divino.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4oe3&quot;&gt;—El verdadero lujo está en los detalles —me dijo con una sonrisa que, en ese momento, me pareció cautivadora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;z3bn&quot;&gt;Benito era un &amp;quot;Borjamaris&amp;quot; de manual: esnob, encantado de conocerse y con una actitud que gritaba &amp;quot;mis amigos me llaman &amp;#x27;señor&amp;#x27;&amp;quot;. Y, sin embargo, hubo algo en su aire de despreocupación que me atrapó. Tal vez era su forma de hablar, llena de palabras como &lt;em&gt;“exclusivo”&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;“único”&lt;/em&gt;. O tal vez, era el champán.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6Sq1&quot;&gt;Lo que no sabía entonces era que Benito no era más que una fachada sin edificio detrás: todo brillo y nada de fondo, como un diamante falso cuando lo ves bajo la luz correcta.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;ZqTR&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Lujo de cartón piedra&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;0YK6&quot;&gt;Benito me habló de su pasión por la navegación durante nuestra primera conversación. Según él, el mar era su segunda casa. Conociendo que siempre había vivido en Madrid, pensé que sin duda se refería al Manzanares.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vqpO&quot;&gt;—Estoy estudiando para sacarme el título de patrón de barco —dijo, con una sonrisa que sugería atardeceres románticos en cubierta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pQfC&quot;&gt;En mi mente, ya lo imaginaba al timón de un yate, con el viento despeinándole el cabello y yo a su lado, con un vestido blanco ondeando al viento. Pero la realidad era menos glamorosa: lo que Benito tenía no era un yate, sino una pequeña zodiac de dos metros que compartía con tres amigos. Apenas apta para una piscina.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UNdU&quot;&gt;Cuando finalmente me invitó a conocer su &lt;em&gt;&amp;quot;barco&amp;quot;&lt;/em&gt;, me encontré con una embarcación que parecía haber sobrevivido a más fiestas de despedida de soltero que travesías marinas. No tenía motor, porque uno de sus amigos lo había desmontado para &amp;quot;repararlo&amp;quot;, y la última vez que habían salido al agua había sido remolcados de vuelta por un pescador compasivo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Rprj&quot;&gt;—El tamaño no importa, Clara. Lo que importa es el espíritu de aventura —dijo, ignorando mis intentos de contener la risa.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;1jye&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Política, porros y cocaína de gorra&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;D3bK&quot;&gt;Benito era un hombre de contradicciones. Por un lado, hablaba de la importancia de la tradición, el orden y los &amp;quot;valores&amp;quot; (léase: su ideología estaba tan a la derecha que, en comparación, una veleta parecía estable, y su obsesión por presenarme a sus padres) . Por otro lado, no tenía reparos en aceptar un porro de sus amigos en una fiesta o una raya de cocaína que alguien generosamente le ofreciera.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jacT&quot;&gt;—Es cuestión de contexto, Clara —dijo una noche, mientras esnifaba con la elegancia de quien se cree en un club privado—. No es lo mismo consumir aquí que en un antro cualquiera.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;S8GP&quot;&gt;Me quedé mirándolo, preguntándome si realmente se creía su propio discurso. Benito siempre encontraba una manera de justificar sus excesos y sus déficits, como si estuviera por encima de las normas que predicaba.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;54OX&quot;&gt;Sus amigos, por supuesto, eran una extensión de él: un grupo de parásitos que vivían de las rentas de sus padres o de una pensión no contributiva o de sablazos a todo dios, con camisas polo y gafas de sol que no se quitaban ni de noche.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;gPDv&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Cuando la pobreza finge elegancia&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;prTz&quot;&gt;Lo que más me irritaba de Benito no era su hipocresía, sino su constante necesidad de aparentar. Un día, me llevó a un restaurante carísimo y, después de pedir el vino más caro de la carta, hizo un gesto casual hacia el camarero y dijo:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;kyem&quot;&gt;—Póngalo en mi cuenta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;WaEn&quot;&gt;Más tarde descubrí que había usado mi tarjeta de crédito &amp;quot;por error&amp;quot; para pagar la cena.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lpu3&quot;&gt;Cuando se lo hice notar, respondió con su sonrisa encantadora:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6qjs&quot;&gt;—Es que estás conmigo, Clara. Lo que es tuyo es mío, ¿no?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7wCZ&quot;&gt;No, Benito. Así no funciona la cosa.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;MAe6&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El día en la zodiac&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;mPsf&quot;&gt;El punto culminante de nuestra relación fue el día que insistió en llevarme a &amp;quot;navegar&amp;quot;. Había conseguido que un amigo le prestara un motor para la zodiac y estaba decidido a mostrarme su dominio del mar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;OkvX&quot;&gt;Subimos a la embarcación en un embarcadero que parecía a punto de desmoronarse. Mientras él luchaba por arrancar el motor, intentaba convencerme de que las dificultades eran parte de la experiencia náutica.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Wb29&quot;&gt;—El verdadero marinero no se rinde ante los obstáculos, Clara.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;S2Gd&quot;&gt;Finalmente, el motor rugió y nos adentramos en lo que, en realidad, era una pequeña laguna. Benito me miró con orgullo mientras manejaba la zodiac como si estuviera dirigiendo un barco pirata. Yo intenté disfrutarlo, pero la verdad era que me sentía como una figurante en un sketch de comedia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;HHvG&quot;&gt;El motor se detuvo a mitad de camino, y Benito pasó el resto de la tarde tratando de arreglarlo mientras yo remaba de vuelta al embarcadero con un remo que parecía más adecuado para una canoa de juguete.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;LWVK&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La Excel de las vacaciones&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;y5l9&quot;&gt;Lo que finalmente acabó con nuestra relación fue una Excel. Sí, otra Excel, aunque esta vez no era sobre la relación, sino sobre las vacaciones que Benito había &amp;quot;planeado&amp;quot;. Resulta que quería que compartiéramos los gastos de un velero alquilado con sus tres amigos y sus respectivas parejas. Cuando le dije que no me parecía justo, me respondió:&lt;br /&gt; —El amor también es colaboración económica, Clara.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qLGE&quot;&gt;Fue entonces cuando entendí que Benito no buscaba una compañera. Buscaba a alguien que financiara sus delirios de grandeza.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;FzKy&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El adiós definitivo&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;DUfw&quot;&gt;La ruptura fue inevitable. Una noche, mientras discutíamos sobre sus constantes intentos de aparentar lo que no era, le dije:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;NGSY&quot;&gt;—Benito, creo que vivimos en planetas diferentes. Yo prefiero uno donde la gente no mienta inventando que tiene un yate.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PyjV&quot;&gt;Él, por supuesto, intentó defenderse.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;WC4P&quot;&gt;—No es mentira, Clara. Es una visión. ¿Qué es la vida sin sueños?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FU9U&quot;&gt;—La vida sin sueños es pasable, Benito. Pero la vida sin realidad es agotadora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SSPm&quot;&gt;Y así, nuestra historia terminó.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;p6ut&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Benito&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;4mBs&quot;&gt;Benito fue un recordatorio de que no todo lo que brilla es oro. A veces, es solo plástico barato con una capa de pintura. Celebré su capacidad para inventarse una vida que no tenía, pero no podía soportar su falta de autenticidad, su impostura y su cretinez .&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;gHDf&quot;&gt;Ahora, cada vez que veo una zodiac o escucho a alguien hablar de &amp;quot;tradición y valores&amp;quot;, no puedo evitar pensar en él. Le deseo suerte en su próximo viaje imaginario, pero estoy feliz de no ser parte de su tripulación.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;3Ye8&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;11: Fabio: Gigoló Emprendedor&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;b0FL&quot;&gt;Fabio era, sin lugar a dudas, el hombre más guapo que había conocido en mi vida. Literalmente, un Adonis de carne y hueso. Lo conocí en un bar, durante una de esas noches en las que no esperas gran cosa, y su entrada fue como una escena de película. Alto, con ojos oscuros que parecían capaces de derretir el hielo, y una sonrisa que debería haber venido con un cartel de advertencia. Desde el momento en que me dirigió la palabra, supe que me estaba metiendo en problemas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wilN&quot;&gt;—¿Puedo invitarte a una copa? —preguntó, con un acento extranjero que no logré identificar, pero que hacía que cualquier cosa que dijera sonara como poesía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;JDaQ&quot;&gt;¿Y qué podía hacer yo? Acepté. Porque una, todos los días, no tiene la oportunidad de ser conquistada por un hombre que parece salido de una portada de revista.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;HNhd&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El gigoló disfrazado de príncipe azul&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;BXop&quot;&gt;Fabio era encantador, atento y siempre impecablemente vestido. En las primeras citas me deslumbró con su conversación, que giraba en torno a los placeres de la vida: el buen vino, la música, los viajes... Parecía un tipo sofisticado, alguien que había vivido experiencias que yo solo podía imaginar. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Jfbf&quot;&gt;—La vida está hecha para disfrutarla, Clara. Nada más importa —me dijo en nuestra segunda cita, mientras tomábamos un vino carísimo que el insistió en pedir y acabé pagando yo&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;C7hy&quot;&gt;Yo, ingenua, pensé que había encontrado al hombre perfecto. Pero Fabio tenía un talento especial para evitar detalles clave sobre su vida. Siempre hablaba en términos generales, como si fuera un misterio andante. Su trabajo, por ejemplo, era un tema que esquivaba con elegancia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GVuR&quot;&gt;—Soy un hombre de negocios —decía, sin explicar a cuales se refería, y cambiaba rápidamente de tema.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Pbx7&quot;&gt;No fue hasta más tarde, cuando ya estaba completamente enganchada a su encanto, cuando descubrí la verdad.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Tmpi&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La gran revelación&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;CE5f&quot;&gt;Una noche, mientras cenábamos en un restaurante elegante (pagado por mí, claro), Fabio decidió abrirse. Con total naturalidad, entre un sorbo de vino y un bocado de foie gras, me confesó que era gigoló.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;s2yQ&quot;&gt;—Es un trabajo como cualquier otro, Clara. Me permite dedicarme a lo que amo: disfrutar de la vida y hacer feliz a la gente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rYWU&quot;&gt;Me quedé sin palabras. Por un momento pensé que estaba bromeando, pero no. Fabio hablaba con una honestidad desarmante, como si acabara de contarme que era profesor de yoga o consultor financiero.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UoVm&quot;&gt;—¿Entonces...? ¿Las cenas, las salidas, todo esto...? —pregunté, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;VFhi&quot;&gt;—Esto es real. Pero también forma parte de mi vida. ¿Entiendes? —respondió, con esa sonrisa que ya no me parecía tan encantadora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BrF0&quot;&gt;No, Fabio. No entendía. Y comenzó a precocuparme que el tipo me hubiera podido contagiar algo.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;TqAj&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El precio de la sofisticación&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;GbkA&quot;&gt;Con Fabio, todo tenía precio. Literalmente. Una vez, después de un fin de semana espectacular en un hotel de lujo que él &amp;quot;había conseguido a través de un cliente&amp;quot;, me dejó una factura escrita a mano titulada: &lt;em&gt;&amp;quot;Servicios exclusivos de acompañamiento romántico&amp;quot;&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MGTV&quot;&gt;—Es un formalismo, Clara. No quiero que pienses que abuso de tí. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RmEj&quot;&gt;No sabía si reír o tirarle el recibo a la cara. De lo que estaba abusando el muy mamón era de mi dinero. Pero decidí darle el beneficio de la duda. Después de todo, no todos los días conoces a un hombre que combina el lujo y la caradura de esa manera.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;SzaQ&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La doble vida de Fabio&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;vtAn&quot;&gt;Una de las cosas que más me molestaba de Fabio era su falta de autenticidad. Por un lado, decía que nuestra relación era especial, diferente a las que tenía con sus clientes. Pero, por otro lado, siempre parecía estar trabajando.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;oGZe&quot;&gt;Un día, lo encontré en un restaurante con otra mujer, una señora mayor elegantemente vestida. Cuando me vio, se acercó con naturalidad y me dijo:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XwLp&quot;&gt;—Clara, te presento a la señora Luisa. Es una amiga y cliente de confianza.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;VpEV&quot;&gt;Fue en ese momento cuando me di cuenta de que Fabio no tenía &amp;quot;clientes&amp;quot;. Tenía mecenas. Y yo no estaba segura de en qué categoría encajaba.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;HGLb&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El incidente del spa&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;7hEs&quot;&gt;El colmo llegó durante un fin de semana en un spa de lujo al que me llevó &amp;quot;como un detalle&amp;quot;. Allí descubrí que había organizado una especie de retiro romántico simultáneo con dos de sus clientas habituales. Fabio pasaba de una habitación a otra como si fuera el anfitrión de una fiesta exclusiva.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mBmF&quot;&gt;Cuando le pregunté qué coño era aquello, me respondió con su eterna calma:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FLfi&quot;&gt;—Clara, la exclusividad es relativa. Cada persona tiene un lugar especial en mi vida.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xrQp&quot;&gt;—¿Y yo qué lugar tengo? ¿El del banco que financia este retiro?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;gqHP&quot;&gt;No respondió. No hacía falta.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;X06w&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El adiós al príncipe falso&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;cenm&quot;&gt;Cuando finalmente decidí dejar a Fabio, fue él quien se mostró sorprendido.&lt;br /&gt; —Pero, Clara, lo nuestro es único. No tienes que preocuparte por mi trabajo. Eres diferente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LIBX&quot;&gt;—No, Fabio. Lo único que hay aquí es tu habilidad para vivir de los demás. Y no pienso financiar tu próximo viaje de lujo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;W3q2&quot;&gt;Su reacción fue de decepción genuina, lo que casi me hizo dudar. Pero sabía que debía marcharme.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;sHOA&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Fabio&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;CckJ&quot;&gt;Fabio me enseñó algo importante: el encanto no siempre es suficiente. Por muy atractivo, atento y sofisticado que sea alguien, si no hay autenticidad detrás, la relación está condenada al fracaso. Era notable su capacidad para seducir y su manera de ver la vida como un lujo perpetuo, pero no me parecía suficiente argumento para aceptar ser parte de su mundo y que me pegara unas purgaciones.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;h1j2&quot;&gt;Ahora, cada vez que veo a un hombre demasiado guapo, demasiado encantador y demasiado evasivo, me acuerdo de Fabio. Y, aunque espero que algún día deje de putear, estoy más que feliz de haberle dejado en cuanto pude.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;sJlz&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;12: Ignacio: Abogado del Infierno&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;xtDB&quot;&gt;Ignacio era todo lo que, en teoría, debería funcionar para alguien como yo. Inteligente, ambicioso, atractivo y, sobre todo, bien situado en la vida. Lo conocí en un evento benéfico, de esos donde la gente se reúne para donar dinero mientras compite por quién lleva el traje más caro. Él destacaba entre la multitud con un Armani perfectamente ajustado, una copa de champán en la mano y una mirada que parecía diseccionarlo todo con fría precisión.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;omjR&quot;&gt;Cuando me habló, lo hizo con una seguridad que rayaba en la arrogancia, pero que en ese momento encontré irresistible.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6hzf&quot;&gt;—¿Sabías que las leyes son como las relaciones? Todo depende de cómo redactes los términos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;eDsi&quot;&gt;Era el tipo de frase que normalmente me haría rodar los ojos, pero algo en su tono me hizo reír. Antes de que me diera cuenta, estábamos intercambiando números y planeando una cena.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;9qBX&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El abogado impecable&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;tjcI&quot;&gt;Ignacio tenía una personalidad magnética. Siempre estaba impecablemente vestido, con el peinado exacto y un reloj que probablemente costaba lo mismo que mi coche. Había algo en su presencia que exigía respeto, aunque también cierta distancia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;etSh&quot;&gt;En nuestra primera cita, me llevó a un restaurante de alta cocina que él mismo había reservado con semanas de antelación. Parecía saberlo todo: qué pedir, qué vinos combinar, incluso qué servilleta era mejor usar para cada plato. Por un momento, me sentí como una princesa en un cuento de hadas contemporáneo. Pero pronto, su perfección empezó a resultar agotadora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ftq5&quot;&gt;—¿Sabes? Este lugar tiene una estrella Michelin, pero creo que podrían mejorar la presentación de los entrantes —comentó, mientras yo luchaba por no tirar mi copa de vino de pura incomodidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RwHb&quot;&gt;Ignacio no era un hombre, era una máquina de detectar defectos. Y lo peor era que, en su mundo, todo tenía que ser optimizado. Incluyendo nuestras citas.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;bUXZ&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La gestión de la relación&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;tHAO&quot;&gt;A las pocas semanas, Ignacio comenzó a tratar nuestra relación como un contrato legal.&lt;br /&gt; —Creo que deberíamos establecer ciertas pautas para evitar conflictos innecesarios —me dijo una noche, mientras sacaba un bloc de notas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XNLC&quot;&gt;Yo, ingenua, pensé que estaba bromeando. Pero no. Ignacio realmente creía que el amor podía gestionarse como un caso judicial. Cada vez que teníamos una diferencia, analizaba la situación como si estuviera en un tribunal, desmenuzando mis argumentos y presentando contraejemplos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5B7W&quot;&gt;—Clara, entiendo tu punto de vista, pero si analizas los hechos, verás que tu posición es insostenible.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Xlm7&quot;&gt;A veces, me hacía sentir como si estuviera siendo evaluada en un examen que ni siquiera sabía que estaba tomando.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Ttta&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La cama bajo contrato&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;i2Ad&quot;&gt;Ignacio era igual de metódico en la cama. Si bien su precisión podía tener cierto atractivo al principio, pronto descubrí que todo estaba planificado al milímetro. Siempre seguía una especie de guion que, si intentaba romper, lo desconcertaba por completo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1yV4&quot;&gt;Una noche, intenté algo más espontáneo. Él se detuvo en seco y me miró con seriedad.&lt;br /&gt; —Esto no estaba en el programa de hoy. ¿Podemos discutirlo?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;D16P&quot;&gt;¿Discutirlo? ¿En serio? Sentí que estaba en una negociación en lugar de una relación.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;r0bz&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La Excel de la discordia&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;Nuox&quot;&gt;El momento definitivo llegó cuando descubrí que Ignacio llevaba una Excel sobre nuestra relación. No era como el de Juan, el funcionario metódico. Este era aún más aterrador. Incluía columnas con títulos como &amp;quot;Gastos compartidos&amp;quot;, &amp;quot;Tiempo de calidad invertido&amp;quot; y &amp;quot;Nivel de satisfacción percibido (de 1 a 10)&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;12j7&quot;&gt;Cuando lo enfrenté, él no lo negó.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UAKM&quot;&gt;—Es importante mantener un registro de nuestros progresos, Clara. Así podemos identificar áreas de mejora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;oQ6M&quot;&gt;—¿Mejora? —respondí, incrédula—. Ignacio, esto no es una empresa. Es una relación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZblZ&quot;&gt;Él me miró como si acabara de decir algo profundamente irracional.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;iaum&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Las vacaciones calculadas&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;YGuD&quot;&gt;La Excel no fue el único problema. También descubrí que Ignacio había planificado nuestras vacaciones con una hoja de cálculo detallada que incluía horarios exactos para cada actividad. Incluso había añadido una &amp;quot;columna de margen de error&amp;quot; por si algo salía mal.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7lhu&quot;&gt;—Es que, Clara, no podemos dejar las cosas al azar. La improvisación genera estrés.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;O6TT&quot;&gt;—¿Y tú crees que esto no lo genera? —respondí, señalando su archivo como si fuera una prueba de delito.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Mepi&quot;&gt;No lo entendió. O no quiso entenderlo.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;o7Mu&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La ruptura estructurada&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;kI0B&quot;&gt;Cuando finalmente decidí terminar la relación, Ignacio trató la ruptura como si fuera una mediación legal. Me pidió que detallara mis razones, presentó sus argumentos en contra y sugirió una &amp;quot;fase de prueba&amp;quot; para reconsiderar mi decisión.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GDjS&quot;&gt;—Clara, esto no tiene por qué ser definitivo. Podemos renegociar los términos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nChj&quot;&gt;—Ignacio, no hay términos. Esto no es un contrato. Es el final.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;EllP&quot;&gt;Pareció aceptarlo, aunque no sin antes intentar convencerme de que estaba cometiendo un error. Incluso se ofreció a enviarme un borrador de nuestra &amp;quot;resolución mutua&amp;quot; para que lo revisara.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;QBik&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Ignacio&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;amhL&quot;&gt;Ignacio me enseñó que la perfección no es sinónimo de felicidad. Admiré su disciplina, su inteligencia y su ambición, pero no podía soportar su falta de espontaneidad y su incapacidad para vivir el momento.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;T5o9&quot;&gt;Ahora, cada vez que veo a un hombre con un traje impecable y un maletín, me acuerdo de él. Y aunque le deseo lo mejor, estoy segura de que su próxima relación será mucho más feliz… si consigue encontrar a alguien dispuesto a firmar sus &amp;quot;términos y condiciones&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;0g7P&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;13: Héctor: Burgués de las Rentas&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;M3iu&quot;&gt;Héctor era, en apariencia, el hombre ideal para cualquiera que buscara estabilidad, clase y un toque de distinción. Lo conocí en una galería de arte, durante una inauguración en la que los asistentes parecían competir por quién podía sonar más pretencioso al hablar sobre los cuadros expuestos. Yo estaba contemplando un lienzo abstracto que parecía un accidente de pintura, cuando él se me acercó con una copa de champán y una sonrisa tan medida como su cabello perfectamente peinado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;htdm&quot;&gt;—¿No es fascinante cómo el vacío puede decir tanto? —comentó, señalando el cuadro con aire reflexivo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;X0pl&quot;&gt;Respondí algo vago, aún no convencida de si estaba ante un hombre interesante o simplemente otro pedante. Pero su tono pausado y su manera de hablar me hicieron dudar. Héctor tenía una seguridad que, en ese momento, confundí con profundidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;z3xb&quot;&gt;Lo que no sabía era que estaba a punto de embarcarme en una relación con un hombre cuya vida era una obra de teatro cuidadosamente escenificada, pero sin sustancia tras el telón.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;kJmo&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El estilo de vida del rentista&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;0GFH&quot;&gt;Desde el principio, Héctor dejó claro que no trabajaba, pero lo explicó de una manera que lo hacía sonar como una virtud.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wwwh&quot;&gt;—Trabajo no es lo mismo que propósito, Clara. Yo me dedico a gestionar mis propiedades.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;50XO&quot;&gt;En mi mente, &amp;quot;gestionar propiedades&amp;quot; evocaba imágenes de edificios majestuosos y lujosas reuniones con inversores. La realidad era menos glamorosa: Héctor tenía tres pisos alquilados, todos heredados, y su idea de &amp;quot;gestión&amp;quot; consistía en quejarse de sus inquilinos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UiIz&quot;&gt;—No sé cómo la gente puede vivir con tan poco cuidado por el patrimonio. Es como si no entendieran que están ocupando algo más grande que ellos mismos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;b737&quot;&gt;A menudo hablaba de sus propiedades como si fueran obras de arte, aunque una vez me llevó a visitar uno de sus pisos y descubrí que era un edificio anticuado, con paredes desconchadas y muebles que parecían sobrevivientes de una guerra civil.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;O9zL&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El burgués sin presupuesto&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;CyGd&quot;&gt;Héctor tenía una obsesión por aparentar una riqueza que no tenía. Siempre insistía en ir a restaurantes caros, aunque después encontraba una excusa para que yo terminara pagando.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ijZE&quot;&gt;—Es que olvidé mi tarjeta —decía, con una sonrisa tan encantadora que casi conseguía que no me importara.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rFcz&quot;&gt;Una vez, incluso sugirió que invitáramos a un grupo de sus amigos a cenar. Me pareció una buena idea hasta que descubrí que la factura también había recaído en mi bolsillo. Cuando le reclamé, me miró con aire ofendido.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4lY8&quot;&gt;—Clara, en este tipo de círculos, todo es cuestión de imagen. ¿Qué son un par de cenas comparadas con mantener nuestro estatus?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2pHt&quot;&gt;Nuestro estatus. Como si de repente fuéramos accionistas de una empresa de lujo imaginaria.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;tdPw&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Las vacaciones soñadas (y financiadas)&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;jtb5&quot;&gt;Héctor hablaba constantemente de viajes. Me contaba anécdotas de sus estancias en la Toscana, sus veranos en la Riviera Francesa y sus escapadas a exclusivos hoteles boutique. Pero nunca mencionó quién pagaba esos viajes hasta que empezamos a planear nuestras propias vacaciones.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;irTd&quot;&gt;Propuso un viaje a un resort carísimo en las Maldivas, con todo incluido y una villa privada. Yo, ingenua, pensé que estaba dispuesto a cubrir la mayor parte del costo, dado que había insistido tanto en el destino. Pero cuando llegó el momento de reservar, me pasó el enlace de pago.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nIS9&quot;&gt;—Es una inversión en nuestra experiencia como pareja, Clara. Además, el dinero va y viene. La memoria es lo que queda.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;HxhZ&quot;&gt;La memoria sí quedó. Pero fue la de ese momento en el que entendí que Héctor vivía del aire y esperaba que yo subvencionara su estilo de vida burgués.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Esip&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El “intelectual” por ocio&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;ScL0&quot;&gt;Héctor no solo era un rentista con aires de grandeza; también se autoproclamaba un intelectual. Pasaba horas leyendo libros sobre filosofía y economía que mencionaba en cada conversación, aunque más tarde descubrí que solo leía los resúmenes en internet.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6mG7&quot;&gt;Una noche, mientras cenábamos en un restaurante, empezó a hablar sobre Keynes con una convicción que me impresionó. Pero cuando le pedí que explicara un concepto, su respuesta fue un desastre de términos inconexos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;05TX&quot;&gt;—No necesito entrar en detalles, Clara. Lo importante es la esencia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zNZo&quot;&gt;La esencia, al parecer, era su capacidad para aparentar un conocimiento que no tenía.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;7gEG&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La gota que colmó el vaso: la terraza&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;QHJH&quot;&gt;El punto de quiebre llegó una tarde en la que Héctor me mostró su proyecto más reciente: una terraza en uno de sus pisos que quería remodelar para organizar cenas &lt;em&gt;“al nivel de nuestro círculo”&lt;/em&gt;. Me explicó con entusiasmo que la inversión sería mínima porque ya había encontrado a alguien dispuesto a pagar parte del costo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;b3qe&quot;&gt;—¿Quién? —pregunté, sin imaginar lo que estaba por venir.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wEL5&quot;&gt;—Tú, claro. Después de todo, también te beneficiarás de este espacio.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tVWV&quot;&gt;Mi paciencia se agotó en ese momento. Me levanté, recogí mis cosas y lo miré directamente a los ojos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wPPd&quot;&gt;—Héctor, si quieres remodelar tu terraza, empieza por encontrar un trabajo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4BOg&quot;&gt;Se quedó boquiabierto, como si nunca nadie le hubiera cuestionado.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;IssK&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El final de la farsa&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;f9IF&quot;&gt;Romper con Héctor fue un alivio. Intentó convencerme de que estaba siendo poco comprensiva, que no veía el potencial de lo que él llamaba nuestra &amp;quot;vida compartida&amp;quot;. Pero no me dejé engañar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5ozw&quot;&gt;—Héctor, lo único que compartimos es esta conversación. Y ya es más de lo que deberíamos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;d72F&quot;&gt;Fue la última vez que lo vi.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Nz9i&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión final sobre Héctor&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;K4o4&quot;&gt;Héctor me enseñó que la riqueza verdadera no tiene nada que ver con el dinero. Admiré su habilidad para construir una fachada tan elaborada, pero no podía soportar su constante necesidad de ser alguien que no era.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;AASs&quot;&gt;Ahora, cada vez que escucho a alguien hablar de sus propiedades o de sus viajes con demasiada pompa, pienso en él. Y aunque le deseo suerte con su próxima terraza (y su próxima benefactora), estoy feliz de haber dejado de financiar su teatro de apariencias.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;oiAN&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;14: Todo sucedió muy rápido y yo era muy joven.&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;EBrb&quot;&gt;Así pues, a los 40 tuve una epifanía. No era yo quien estaba equivocada, ni los hombres (aunque tampoco ninguno tenía un historial brillante). El problema era el amor en sí mismo. Esa absurda expectativa de eternidad, compromiso y sacrificio para ganar un premio de no sé qué. Decidí cambiar las reglas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;l9NT&quot;&gt;Decidí que mis relaciones durarían un mes. Lo suficiente para emocionarme, pero no para aburrirme. He salido con músicos, chefs, bailarines y, de vez en cuando, con algún profesor (con la condición de que no mencionara a Cervantes). Mis ligues han sido como las temporadas de una serie: cortos, intensos y siempre abiertos a la interpretación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;svBx&quot;&gt;Y aquí estoy, rememorando estas memorias. No porque tenga algún arrepentimiento, sino para que las mujeres de mi generación sepan que el amor eterno es un mito. O, como dice en su canción Ismael Serrano, sólo es eterno mientras dura. Y que, a veces, el mejor compromiso es con una misma y así nadie te da gato por liebre.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;md3c&quot;&gt;Con 40 años bien vividos, tuve la certeza de que el amor, como la electricidad, es mejor en dosis cortas. He amado, he llorado y, sobre todo, he reído. He dejado un reguero de exes memorables, cada uno más peculiar que el anterior, y me he quedado con un archivo mental lleno de historias que, aunque absurdas, han valido la pena.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dAST&quot;&gt;Cuando era joven, me enseñaron que el amor debía ser como los árboles centenarios: robusto, firme, inmortal. La realidad, por supuesto, fue muy distinta. El amor eterno resultó ser tan esquivo como una dieta de verano. Se presentaba con entusiasmo, florecía, y luego, como siempre, se marchitaba bajo el peso de la convivencia, los defectos y las expectativas imposibles.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lep6&quot;&gt;Después, un día leí a Carlo Frabetti y otro a Virginie Despentes, que una también lee algo cuando puede y entendí lo que entendí:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ssxV&quot;&gt;Que el problema no era el amor. Ni siquiera los hombres (aunque algunos eran casos perdidos, reconozcámoslo). El problema era esa absurda búsqueda de lo eterno. Esa necesidad de aferrarse a algo que, por naturaleza, es fugaz, como enseña la biología.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;e7WQ&quot;&gt;La vida, -he aprendido-, es una obra de teatro con un acto final muy claro: todos vamos al mismo lugar, y no hay reembolsos por inversiones emocionales. A mi edad, no tengo tiempo para perderlo en discusiones sobre qué serie ver, en cenas familiares incómodas o en sesiones de terapia de pareja que terminan hablando de la infancia del otro. Si algo me queda claro, es esto: la brevedad es la clave, y la infancia del otro, sus traumas, manías y todo eso, puede quedarse el con ella…&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;EY6m&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La epifanía del &amp;quot;quita y pon&amp;quot;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;6QPR&quot;&gt;Llegué a estas conclusiones hace poco, después de una cita desastrosa con un arquitecto obsesionado con las formas curvas (y no las mías, precisamente). Mientras él hablaba de la &amp;quot;perfección estructural de los arcos&amp;quot;, yo me pregunté: &amp;quot;¿Para qué? ¿Por qué sigo haciendo esto? ¿Qué espero encontrar?&amp;quot;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;cgy4&quot;&gt;Y entonces me cayó la ficha: no necesito encontrar nada. No necesito que me salven, que me quieran &amp;quot;para siempre&amp;quot;, que me vean como un proyecto a medio construir. Mi vida está completa. Lo que quiero es simple: placer, risa y la libertad de irme cuando me apetezca.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Mrq5&quot;&gt;Desde entonces, mis relaciones son como la moda: de quita y pon. Un vestido rojo para una noche, un beso apasionado para una semana, y luego a otra cosa, mariposa. ¿Compromiso? Solo con mis libros, mi sofá y mis sueños de andar por casa.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;1KUy&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Reflexión emocional: la verdad desnuda&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;Y9PX&quot;&gt;¿Es esta filosofía un escudo? Tal vez. Pero no es un escudo contra el amor, sino contra el sufrimiento innecesario. He pasado noches en vela llorando por hombres que no lo merecían, pensando que había algo mal en mí porque no podía mantener una relación &amp;quot;seria&amp;quot;. Qué tontería.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tR4M&quot;&gt;El amor no fracasa; simplemente, cumple su ciclo. Y no hay nada de malo en disfrutarlo mientras dura y soltarlo cuando termina.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;E9IH&quot;&gt;El sexo, por otro lado, es otra historia. Es puro, directo, sin pretensiones. Un momento en el que dos cuerpos se encuentran sin necesidad de promesas ni proyecciones a futuro. ¿Por qué no abrazar eso? ¿Por qué no celebrarlo? En este punto de mi vida, no busco que alguien me &amp;quot;complete&amp;quot;. Estoy completa. Solo quiero placer y diversión, y no hay nada de malo en eso.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;hI2j&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Una filosofía para lo que queda&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;2a9k&quot;&gt;Si algo me ha enseñado la vida, es que no existe un manual definitivo. Cada mujer debe escribir el suyo. El mío dice esto: Sé libre. Nada de ataduras, porque la vida ya tiene suficientes compromisos. Sé breve. Las mejores historias son las que no se alargan innecesariamente. Sé feliz. Si algo no te hace sonreír, déjalo atrás sin remordimientos. Sé tú misma. Siempre. Sin disculpas, sin edulcorantes.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5bgH&quot;&gt;¿Significa esto que no puedo volver a enamorarme? No. Pero si llega el amor, tendrá que aceptar mis reglas. Nada de eternidades ni dramas. Solo la alegría del momento.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;00IP&quot;&gt;Así que aquí estoy, lista para vivir lo que me queda como me dé la gana. Porque la vida no es un ensayo general, y a estas alturas, no pienso desperdiciar ni un minuto más en planes a largo plazo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;QlUM&quot;&gt;Para los hombres que vengan, solo tengo una advertencia: si quieres algo eterno, compra un diamante. Si quieres diversión, aquí estoy. Pero no olvides que, cuando termine la función, me iré antes de que bajen el telón.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;OilV&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El arte del ligue fugaz&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;qV4Q&quot;&gt;La vida se ve diferente cuando tomas las riendas sin miedo al juicio ajeno. Mi primera incursión en esta nueva etapa empezó, por supuesto, en el gimnasio. No es que me obsesiones con el ejercicio, pero descubrí que es un excelente lugar para encuentros casuales. Mientras otros contaban repeticiones y series de sentadillas, yo contaba las sonrisas que me lanzaban los instructores.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZwVH&quot;&gt;Mi primera &amp;quot;relación quita y pon&amp;quot; fue con un entrenador llamado Alex. Tenía brazos como columnas griegas y una sonrisa que, si la embotellaran, podría venderse como antidepresivo. Nuestra conversación inicial fue breve pero efectiva:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ta3u&quot;&gt;—¿Quieres que te ayude con la postura?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1tP7&quot;&gt;—Claro, pero no hablo de la espalda.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mbTR&quot;&gt;Una hora después, estábamos en mi apartamento, y me daba consejos sobre cómo mejorar mi &amp;quot;resistencia cardiovascular&amp;quot;. No hubo promesas, ni mañanas incómodas. Solo un beso en la puerta y un: —Nos vemos cuando quieras, Clara. —Perfecto, Alex.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;P2wn&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Una estrategia para todo terreno&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;dI8B&quot;&gt;Decidí que no podía limitarme al gimnasio. La filosofía del quita y pon requiere creatividad, así que empecé a explorar otros escenarios:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;yQ6f&quot;&gt;Cafeterías elegantes: Aquí conocí a Luis, un barista con tatuajes y una habilidad impresionante para preparar &lt;em&gt;latte art. &lt;/em&gt;En lugar de corazones, me dibujó una clave de sol en el café, y eso fue suficiente para mí.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZnHD&quot;&gt;—¿Siempre conquistas a las clientas con tus dibujos?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KYMO&quot;&gt;—Solo a las que parecen necesitar un buen café… y algo más.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hilf&quot;&gt;Dos días después, Luis y yo estábamos en mi cocina, donde él demostró que su destreza con las manos iba mucho más allá del arte con espuma.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;NkQ7&quot;&gt;Aplicaciones de citas: Acepté que Tinder podía ser un campo de entrenamiento ideal. Allí conocí a Tomás, un ingeniero aburrido de su rutina laboral. Me mandó mensajes como:&lt;br /&gt; &lt;em&gt;&amp;quot;Eres un soplo de aire fresco en esta app llena de lugares comunes.&amp;quot;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; Cuando nos vimos, él no dejaba de hablar de su trabajo, pero logré que cambiara de tema lo suficientemente rápido como para que la noche acabara de forma interesante.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;POaS&quot;&gt;Eventos culturales: No iba a renunciar a mis raíces intelectuales. En una lectura de poesía erótica conocí a Javier, un fotógrafo que insistió en que su cámara podía capturar mi &amp;quot;esencia femenina&amp;quot;. La cámara no apareció, pero su entusiasmo sí.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;UyBG&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Los nuevos retos del desapego&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;aF1b&quot;&gt;Por supuesto, no todo es fácil en esta vida de encuentros efímeros. A veces, los hombres se confunden. Como Eduardo, un arquitecto con el que pasé una noche inolvidable. Al día siguiente, me mandó flores y un poema en el que hablaba de &amp;quot;un amor eterno&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9ZKd&quot;&gt;Tuve que ser clara:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3t4F&quot;&gt;—Eduardo, lo nuestro fue un episodio especial, como una canción que escuchas una vez y no necesitas repetir.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;IF9T&quot;&gt;No se lo tomó bien, pero aprendí algo importante: no todos están listos para mi filosofía. Y eso me parece normal.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;C9WW&quot;&gt;Por otro lado, mis amigas están divididas. Algunas me aplauden y me piden consejos. Otras me miran con una mezcla de curiosidad y horror, como si hubiera adoptado un perro salvaje en lugar de una filosofía de vida. Otras me dicen simplemente que soy una puta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4ZTp&quot;&gt;—¿No te sientes sola? Vamos a ayudarte entre todas —me preguntó y s respondió Ana, la más tradicional del grupo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9jaq&quot;&gt;—¿Sola? Al contrario. Por fin estoy acompañada de mí misma, y eso me encanta.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;VXRu&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La regla de oro: disfrutar sin remordimientos&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;Y0mH&quot;&gt;Con cada nuevo encuentro, confirmo que he tomado la decisión correcta. Mi vida ahora es ligera, como una maleta que solo lleva lo esencial. No hay expectativas ni dramas, solo el placer de vivir el momento.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XJxG&quot;&gt;¿He renunciado al amor? No. Solo he cambiado su forma. Ahora amo las risas espontáneas, las noches inesperadas, y, sobre todo, amo mi libertad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;cpMy&quot;&gt;Desde que adopté esta filosofía, me siento como una artista creando su obra maestra: cada encuentro es un trazo, cada risa un color, y cada despedida, un recordatorio de que la belleza está en lo efímero.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;6UZ8&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La &lt;/a&gt;próxima aventura&lt;/h2&gt;
  &lt;h2 id=&quot;UuDv&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Mientras termino esta reflexión, estoy lista para lo que venga. Quizás sea un chef, un viajero, o simplemente alguien que sepa bailar bien. Lo importante es que estoy abierta a todo, pero atada a nada.&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;SV6j&quot;&gt;Así que, aquí estoy, Clara de Madrid, lista para seguir explorando, viviendo, y disfrutando cada instante como si fuera el último. Porque, al final, la vida es demasiado breve para no saborearla como un buen Roberto-vino: sin prisa, pero con intensidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PKFI&quot;&gt;Lista para cepillármelos a todos en un periquete…&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;PLRB&quot;&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;15: &lt;/a&gt;El Club de los Amores Perdidos&lt;/strong&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;ywBb&quot;&gt;Cuando empecé a reflexionar sobre todos los hombres que habían pasado por mi vida, no lo hice con rencor ni amargura. Fue más bien un ejercicio de humor, una especie de inventario emocional en el que cada relación tenía su propia etiqueta: &amp;quot;fallida&amp;quot;, &amp;quot;ridícula&amp;quot;, &amp;quot;absurda&amp;quot;, y, en algunos casos, &amp;quot;más corta que un mes de febrero&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3ZP3&quot;&gt;Sin embargo, algo extraño sucedió ese día. Allí estaban todos, reunidos, uno tras otro, como si mi vida entera se hubiera condensado en una sala de espera llena de exnovios, amantes fugaces y desastres sentimentales. Al principio pensé que era una coincidencia. Pero no. Todos estaban aquí por mí.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Efpn&quot;&gt;Decidí dedicarles un pensamiento a cada uno. No porque los echara de menos, sino porque era demasiado curioso ignorar que el destino había reunido a este grupo de hombres que, si algo compartían, era su capacidad para complicarme la existencia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;QQqH&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Marc: El hombre de las metáforas eternas&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;sJ1k&quot;&gt;Vi a Marc sentado al fondo, con su inconfundible barba intelectual y un libro en las manos, como siempre. Imaginé que estaba recitando mentalmente un poema de Neruda o, peor, algún pasaje de Cervantes. Ese hombre había sido la encarnación de la pedantería: todo en su vida debía estar explicado, analizado y metaforizado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xEfY&quot;&gt;Pensé en aquella vez que me corrigió un mensaje de texto. “Lasagna lleva ñ, no g”, me había dicho, como si fuera el oráculo de la ortografía. Y yo, en lugar de tirarle la lasagna a la cabeza, lo toleré durante meses. Marc no era malo, simplemente era incapaz de vivir fuera de los libros. Pero aquí estaba, sentado, como si la vida le hubiera otorgado un pie de página en mi historia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ImU0&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Alberto: El médico obsesionado con los diagnósticos&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ipZa&quot;&gt;A Alberto lo reconocí inmediatamente. No podía faltar, con su bata de médico (seguramente la llevaba puesta para impresionar a alguien), hablando con un grupo que probablemente estaba explicando cómo prevenir la osteoporosis. Ese hombre había intentado diagnosticar hasta mi alma.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Z8CO&quot;&gt;Recordé aquella vez que me torcí el tobillo y apareció con su kit de diagnóstico portátil. Mientras yo lloraba de dolor, él me decía: &amp;quot;Es un esguince grado dos. Necesitamos inmovilización inmediata&amp;quot;. Su obsesión por arreglar todo lo que parecía roto era agotadora. Pero en este momento, al verlo sentado ahí, me pregunté si habría aprendido alguna vez que no todo puede ser tratado con una receta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uaJr&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Juan: El funcionario del Excel emocional&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;OWdI&quot;&gt;Juan estaba justo en el centro, con su postura rígida y su mirada fija en el reloj, como si estuviera calculando el tiempo que llevaba ahí. Seguramente había hecho una lista de pros y contras antes de decidir venir. Recordé su Excel. Aquella hoja de cálculo que había titulado “Costos emocionales vs. beneficios de la relación”.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jP8E&quot;&gt;“Si algo puede esperar, debe esperar”, había sido su mantra. Y aunque al principio lo encontré divertido, terminó siendo exasperante. Juan no vivía, planificaba. Quizá por eso estaba aquí ahora, probablemente porque algún algoritmo suyo le había indicado que esta era una decisión lógica.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bFTY&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Roberto: El chef y su ego desmedido&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;A4C2&quot;&gt;Desde la distancia, vi a Roberto hablando con alguien sobre trufas, seguro. Ese hombre no podía evitar convertir cualquier conversación en una crítica gastronómica. Una vez, después de probar mi famosa tortilla de patatas, me dijo que le faltaba “altura conceptual”.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Yi5C&quot;&gt;¿Y qué estaba haciendo ahora? Seguramente analizando el catering, buscando defectos en los aperitivos. Ese había sido el problema con Roberto: su constante necesidad de crítica. Pero aquí estaba, porque, a pesar de todo, había compartido algo conmigo. Algo más allá de las espumas y las reducciones balsámicas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9QFf&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Sergio: El filósofo del Tinder&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zECx&quot;&gt;Ah, Sergio. Estaba sentado solo, mirando al vacío con esa expresión de profundidad que había hecho que cayera en su trampa en primer lugar. Este hombre podía citar a Nietzsche y Sartre en una misma frase y, al mismo tiempo, no ser capaz de sostener una conversación sencilla sobre qué cenar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jQqJ&quot;&gt;Recordé la vez que, en pleno momento íntimo, soltó: &amp;quot;Como diría Sartre, estamos condenados a ser libres&amp;quot;. En ese momento quise condenarlo a callarse para siempre. Pero ahora lo veía ahí, con su pose reflexiva, probablemente intentando darle un significado existencial a todo esto.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LmY9&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Esteban: El hípster de la bicicleta&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XSXB&quot;&gt;Esteban estaba de pie, con su bigote perfectamente cuidado y una camisa de segunda mano que seguro costaba más que mi vestido favorito. Me pregunté si había llegado en bicicleta. Probablemente sí, porque no habría pagado un taxi por principios éticos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wZJv&quot;&gt;Esteban era el hombre que me había convencido de que un contenedor de supermercado era una despensa llena de tesoros. Su amor por lo sostenible, aunque admirable, se había convertido en una prisión que no estaba dispuesta a compartir. Pero aquí estaba, probablemente pensando en cuántos árboles se podrían plantar con las flores que trajeron los demás.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ugLU&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Víctor: El coach de la felicidad&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;fMjU&quot;&gt;Víctor era inconfundible, con esa sonrisa permanente y su aura de optimismo que nunca parecía apagarse. Recordé sus afirmaciones diarias frente al espejo y sus intentos de convertir cada problema en una oportunidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TrgP&quot;&gt;“Clara, el fracaso no existe, solo lecciones disfrazadas”, me había dicho después de una de nuestras tantas discusiones. En este momento, me pregunté si estaba viendo esto como otra “lección de vida”. Quizás ya estaba pensando en convertir mi ausencia en una charla motivacional.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;IyLb&quot;&gt;Mario: El artista torturado&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Q6Kh&quot;&gt;Mario estaba junto a una ventana, con esa postura de genio incomprendido que siempre me había parecido tan atractiva al principio. Seguramente estaba escribiendo un poema en su mente, algo dramático y desgarrador, como todo lo que hacía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MWDO&quot;&gt;Recordé aquella vez que posó para pintarme y terminé retratada como un saco de patatas. “Es una metáfora del cuerpo como prisión”, había dicho. Ahora, al verlo, me pregunté si habría encontrado la inspiración para pintar algo menos deprimente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Q5US&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Javier: El mecánico poeta&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xtnW&quot;&gt;Javier estaba en un rincón, hablando animadamente con alguien, probablemente usando metáforas sobre motores. Recordé cómo había intentado arreglar no solo mi coche, sino también mi vida, con una mezcla de poesía y grasa de taller.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dGhr&quot;&gt;Aunque nunca fue puntual y siempre llegaba oliendo a aceite, había algo entrañable en su manera de ver el mundo como un engranaje lleno de posibilidades. Y ahora estaba aquí, probablemente preguntándose qué se podía ajustar para evitar estas reuniones tan incómodas.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;lJ1t&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;Fabio: el gigoló emprendedor&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;njYN&quot;&gt;Fabio llegó tarde, como siempre, con su sonrisa impecable y su aire de sofisticación que ahora me parecía más ridículo que atractivo. Seguramente había llegado pensando que este evento era otra oportunidad de negocio.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Pikt&quot;&gt;Recordé su famosa factura escrita a mano, titulada “Servicios románticos exclusivos”. Y aunque en su momento lo encontré insultante, ahora me reía. Fabio había sido un gran recordatorio de lo que no quería en mi vida.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mQ0x&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Ignacio: El abogado del infierno&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;waBI&quot;&gt;Ignacio estaba de pie, revisando algo en su móvil. Seguramente estaba redactando un borrador mental sobre “derechos y obligaciones en funerales”. Este hombre había tratado nuestra relación como un contrato, y aunque en su momento me frustró, ahora me parecía casi entrañable.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;IEPg&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Héctor: El burgués de las rentas&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tO0n&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Y finalmente, ahí estaba Héctor, con su aire de nobleza ficticia, probablemente hablando de cómo “la vida es un acto de elegancia” Héctor había sido el más falso de todos, pero también el más entretenido en su teatralidad.&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;fJrL&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;La revelación final&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;p id=&quot;o6Ga&quot;&gt;Mientras seguía reflexionando sobre mis examantes reunidos, algo extraño comenzó a desconcertarme. No sentía el suelo bajo mis pies, ni el peso de mi cuerpo. Todo era ligero, como si flotara, y había un silencio peculiar, casi solemne, que rodeaba la escena. Fue entonces cuando me di cuenta: no estaba físicamente allí. Algo en mí lo sabía, pero mi mente seguía dando vueltas, reacia a aceptar la realidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jwtd&quot;&gt;Intenté recordar los últimos momentos antes de este &amp;quot;estado&amp;quot;. Y, de pronto, como un rayo, todo volvió a mí:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;H1R5&quot;&gt;Había sido la máquina de café.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;L8Yy&quot;&gt;No, no un ataque cardíaco, ni un accidente dramático, ni siquiera algo tan absurdo como tropezar con una cáscara de plátano. Mi muerte había llegado de la forma más ridícula imaginable: la explosión de mi queridísima cafetera italiana.&lt;/p&gt;
  &lt;h1 id=&quot;u1w7&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;&lt;strong&gt;EPILOGO&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h1&gt;
  &lt;h2 id=&quot;REd2&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;El café mortal&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;ouoA&quot;&gt;Era una mañana cualquiera. Yo estaba en mi cocina, quería un café perfecto para empezar el día, como siempre. Mientras colocaba el agua y el café molido, tuve la brillante idea de darle un &amp;quot;toque innovador&amp;quot; al ritual matutino. Decidí añadir una pizca de cacao y otra de cardamomo, porque había leído en algún sitio que eso era lo que hacían los baristas modernos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;oIGr&quot;&gt;Lo que no sabía era que mi cafetera, una reliquia oxidada que había heredado de mi madre, no estaba lista para aventuras culinarias. Al primer intento, empezó a hacer un ruido extraño. Y, en lugar de apagarla como una persona sensata, me acerqué para inspeccionarla. Grave error.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;L9RC&quot;&gt;La cafetera explotó con un estruendo digno de una película de acción. El impacto fue directo a mi cara. Lo último que vi antes de perder la conciencia fue un chorro de café hirviendo volando hacia mí como un misil de cafeína asesina.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;PbkT&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;La ironía final&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;h0lT&quot;&gt;Y aquí estaba ahora, observando a mis examantes llorando (o fingiendo llorar, en algunos casos) alrededor de mi ataúd, mientras yo flotaba en esta especie de limbo cafetero. La idea de morir por mi adicción al café era tan ridícula que no pude evitar reírme.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dypF&quot;&gt;¿Quién habría pensado que, después de sobrevivir a hombres como Fabio, Marc y Héctor, sería una simple cafetera la que terminaría conmigo?&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;Afnn&quot;&gt;&lt;a href=&quot;true&quot;&gt;Un epitafio memorable&lt;/a&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;TTXN&quot;&gt;Mientras veía cómo los asistentes se marchaban, mi perspectiva empezó a cambiar. Me di cuenta de que mi vida había sido un caos glorioso, lleno de momentos absurdos, dramas románticos y decisiones cuestionables. Pero, sobre todo, había estado llena de risas. Y, al final, no podía haber pedido una salida más adecuada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SIfE&quot;&gt;Me imaginé mi epitafio, grabado en mármol blanco:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xwMB&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;quot;Aquí yace Clara: sobrevivió a 13 hombres imposibles, pero no a una cafetera italiana.&amp;quot;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;X5ak&quot;&gt;El último giro irónico de mi existencia. Y, sinceramente, no podía estar más satisfecha.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KL79&quot;&gt;Tossal, 15/12/2024&lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:knJO43PhFRi</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/knJO43PhFRi?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>EL GRAN HERMANO ENTRA EN NUESTRAS VIDAS... (vía Real Decreto)</title><published>2024-12-05T15:41:39.130Z</published><updated>2024-12-05T16:42:35.080Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img3.teletype.in/files/66/7d/667db8c1-7144-4ae6-9d61-bed66b5ef377.png"></media:thumbnail><category term="privacidad-derecho-civiles-gran-hermano" label="privacidad, derecho civiles, gran hermano"></category><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img2.teletype.in/files/95/db/95db9714-91bd-4b76-b0e4-c2a4419c1a28.webp&quot;&gt;De los derogadores (de boquilla) de la &quot;Ley Mordaza&quot;, ahora nos llega la implementación del Real Decreto Soy el Gran Hermano y Te Estoy Vigilando. Lo hace de rondón y, curiosamente, de la mano del gobierno más progresista de la historia, por la vía de aceptar la Proposición no de Ley del Grupo Parlamentario Popular del 23 de octubre de 2024 instando a revisar y adecuar y poner en marcha la normativa derivada del Real Decreto 933/2021, promulgado el 26 de octubre de 2021 que, efectivamente, entra en vigor desde el 2 de diciembre y obliga a las empresas de hospedaje y de alquiler de vehículos a recopilar y transmitir al Ministerio del Interior un montón de datos personales de sus clientes...</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;0ZMl&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img2.teletype.in/files/95/db/95db9714-91bd-4b76-b0e4-c2a4419c1a28.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;QZSF&quot;&gt;De los derogadores (de boquilla) de la &amp;quot;Ley Mordaza&amp;quot;, ahora nos llega la implementación del Real Decreto Soy el Gran Hermano y Te Estoy Vigilando. Lo hace de rondón y, curiosamente, de la mano del gobierno más progresista de la historia, por la vía de aceptar la &lt;a href=&quot;https://www.congreso.es/public_oficiales/L15/CONG/DS/PL/DSCD-15-PL-72.PDF?utm_source=chatgpt.com&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Proposición no de Ley del Grupo Parlamentario Popular del 23 de octubre de 2024&lt;/a&gt; instando a revisar y adecuar y poner en marcha la normativa derivada del &lt;a href=&quot;https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2021-17461&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Real Decreto 933/2021&lt;/a&gt;, promulgado el 26 de octubre de 2021 que, efectivamente, entra en vigor desde el 2 de diciembre y obliga a las empresas de hospedaje y de alquiler de vehículos a recopilar y transmitir al Ministerio del Interior un montón de datos personales de sus clientes.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tyzf&quot;&gt;Presentado como una herramienta para reforzar la &amp;quot;seguridad ciudadana y combatir el terrorismo y el crimen organizado&amp;quot;, el RD ha desatado la protesta de hosteleros y arrendadores de coches por las cargas administrativas y burocráticas que conlleva para ellos, pero el dato relevante para cualquier ciudadano de bien y amante de las libertades es la violación de derechos fundamentales que implica, ya que, siendo más que dudoso que garantice la seguridad, lo que es seguro es que afecta a las libertades individuales recogidas en la Constitución Española (CE)&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;NYSp&quot;&gt;El decreto exige a las empresas registrar los datos sensibles de sus usuarios, como nombre completo, número de documento de identidad, nacionalidad, fecha de nacimiento, lugar de residencia, datos de contacto, datos bancarios, número de viajeros e incluso parentesco en caso de menores, etc., etc. Además, deben transmitir esta información al Ministerio del Interior de forma inmediata y conservarla durante tres años. Las sanciones por incumplimiento oscilan entre los 100 y los 30.000 euros. En esencia, cualquier persona que se aloje en un hotel o alquile un vehículo queda escrutada, espiada y registrada en un sistema centralizado, sin necesidad de autorización judicial previa, lo que expone a los ciudadanos a un abuso aberrante del poder estatal.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;n2ZD&quot;&gt;Sin necesidad de mucho análisis, se observa que el RD, colisiona claramente con varios derechos constitucionales reconocidos por la CE de 1978:&lt;/p&gt;
  &lt;ol id=&quot;4zsC&quot;&gt;
    &lt;li id=&quot;OK8Y&quot;&gt;Derecho a la intimidad personal y familiar (artículo 18.1), el cual protege a los ciudadanos contra injerencias arbitrarias en su vida privada. Conforme ha señalado el Tribunal Constitucional, cualquier intromisión en la vida privada de un ciudadano debe estar motivada por una causa legítima y contar con garantías suficientes para evitar abusos, entre ellas la autorización judicial. Por otra parte, es obvio que la centralización de datos sensibles aumenta los riesgos de filtraciones y mal uso, especialmente ante precedentes recientes de ciberataques a bases estatales.&lt;/li&gt;
    &lt;li id=&quot;Dop0&quot;&gt;Protección de datos personales (artículo 18.4), que establece que el uso de las nuevas tecnologías debe respetar la privacidad de los ciudadanos. Y obvio es que la recopilación masiva sin consentimiento expreso ni supervisión judicial contraviene este principio, y, además, viola expresamente la Directiva General de Protección de Datos de la UE (GDPR), que exige medidas estrictamente necesarias y proporcionadas, algo que el Real Decreto no cumple.&lt;/li&gt;
    &lt;li id=&quot;TX13&quot;&gt;Libertad de circulación (artículo 19). Aunque el RD no restringe explícitamente los desplazamientos, la mera obligación de registrar detalles como fechas de entrada y salida puede tener un efecto condicionante, ya que los ciudadanos pueden sentirse vigilados y condicionados en sus decisiones de viaje, limitando indirectamente su libertad.&lt;/li&gt;
    &lt;li id=&quot;cDdj&quot;&gt;Presunción de inocencia (artículo 24.2). El Tratar a los ciudadanos como potenciales sospechosos, mediante una vigilancia preventiva global de todos, contradice la doctrina constitucional, que exige que las medidas restrictivas se apliquen solo en casos concretos y con justificación suficiente.&lt;/li&gt;
  &lt;/ol&gt;
  &lt;p id=&quot;Aoyk&quot;&gt;&lt;strong&gt;Principios Jurídicos Violados&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KxKl&quot;&gt;Es bueno recordar que el Tribunal Constitucional ha reiterado que las limitaciones a los derechos fundamentales deben cumplir tres principios básicos:&lt;/p&gt;
  &lt;ol id=&quot;KSPX&quot;&gt;
    &lt;li id=&quot;XAlw&quot;&gt;Proporcionalidad: Las medidas deben ser necesarias, adecuadas y no excesivas. Sin embargo, la centralización de datos personales bajo este RD es desproporcionada, pues existen métodos menos invasivos para garantizar la seguridad pública que se pretende.&lt;/li&gt;
    &lt;li id=&quot;MA2h&quot;&gt;Reserva de ley orgánica: Como es sabido, las restricciones a derechos fundamentales deben estar reguladas mediante una Ley Orgánica, no mediante decretos. El Real Decreto, por tanto, no alcanza el nivel de exigencia de jerarquía normativa más elemental.&lt;/li&gt;
    &lt;li id=&quot;nKIK&quot;&gt;Autorización judicial previa: Las intromisiones en derechos como la privacidad deben contar con supervisión judicial. Este decreto, sin embargo, permite el acceso directo a los datos por parte de cuerpos policiales y fiscales sin ese control judicial.&lt;/li&gt;
  &lt;/ol&gt;
  &lt;p id=&quot;ICDh&quot;&gt;&lt;strong&gt;Riesgos Adicionales&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;asft&quot;&gt;Más allá de la vulneración de derechos, el decreto incrementa la vulnerabilidad de los datos personales al centralizarlos en una única base de datos, convirtiéndolos en un objetivo atractivo para ciberdelincuentes. Ejemplos recientes, como el robo de información tributaria, muestran cómo las bases de datos estatales no están exentas de ataques.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;yQkA&quot;&gt;Además, la recopilación masiva sin supervisión judicial abre la puerta al uso político de esta información. En España, ya se han presenciado filtraciones de datos confidenciales destinadas a perjudicar a rivales políticos, lo que demuestra que el riesgo de uso indebido no es hipotético, sino real.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;yEIJ&quot;&gt;&lt;strong&gt;Conclusión&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XYyg&quot;&gt;El Real Decreto 933/2021 resulta una pura aberración jurídica que, además, constituye una peligrosa invasión del Estado de la privacidad de los ciudadanos y sienta un preocupante precedente siniestro hacia la normalización de la vigilancia masiva. Aunque la seguridad pública es un objetivo legítimo, no puede lograrse a costa de sacrificar derechos fundamentales. Es imprescindible que estas medidas se ajusten estrictamente a los principios de proporcionalidad, transparencia y control judicial. El decreto no solo pone en riesgo la privacidad individual, sino que también abre la puerta a un futuro donde la vigilancia estatal sea la norma, y no la excepción.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;kJ2e&quot;&gt;En definitiva, con el Real Decreto, el PSOE y Sumar no sólo no derogan la Ley Mordaza, incumpliendo reiteradamente su programa electoral para el que nos pidieron el voto, sino que ahora, a plena luz del día perpetran esta aberración de abuso sobre la vida de las personas y su derecho a la libertad, a la privacidad y a la intimidad, llevando a cabo un control total de nuestra vida, decisiones y movimientos sobre la base de presumirnos delincuentes potenciales…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Hpd5&quot;&gt;Esto, por tanto, no es solo cosa de los intereses de los hosteleros o alquiladores de coches, sino un problema de derechos constitucionales y civiles y se echa en falta la movilización de los partidos, tertulianos o intelectuales orgánicos firmante de, cuestionando esta aberración inconstitucional. Es, de nuevo, la demostración empírica del corrimiento de la legislación ordinaria en la sociedad moderna  hacia la legislación de excepción y control, o sea, hacia el fascismo democrático (valga el oxímoron), y a ti te encontré en la calle...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1nw8&quot;&gt;Marlaska, en la en la UE, celebrado ministro del interior español por su exquisito respeto a los derechos civiles y humanos, -tanto cuando hacía de juez como ahora que funge de ministro-, debe estar frotándose las manos. No hay para menos, ¡48 millones de presuntos delincuentes, controlados hasta en las pegatinas que tienen en la puerta de la nevera! Ya te digo... &lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:sBJ9Rx0_fRO</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/sBJ9Rx0_fRO?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>AMOR, palabra de 4 letras y más…</title><published>2024-12-03T18:56:49.694Z</published><updated>2024-12-03T22:12:00.415Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img2.teletype.in/files/51/7b/517b4380-2c94-4c58-b6ac-4864b7386826.png"></media:thumbnail><category term="amor-swingers-intercambio-parejas" label="amor, swingers, intercambio parejas"></category><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/e2/56/e256d4b5-cd7b-4212-a1f7-42b6125f87c5.webp&quot;&gt;Ya lo cantó Joan Baez en su trova.</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;ZQfy&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/e2/56/e256d4b5-cd7b-4212-a1f7-42b6125f87c5.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;pTi1&quot; data-align=&quot;right&quot;&gt;Ya lo cantó Joan Baez en su trova.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;j8hs&quot; data-align=&quot;right&quot;&gt;Una preciosa balada, creada por Dylan,&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RuDt&quot; data-align=&quot;right&quot;&gt;con su frivolidad característica un día&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uIR6&quot; data-align=&quot;right&quot;&gt;que estaba puesto.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;aHFG&quot; data-align=&quot;right&quot;&gt;Mejor no tomarse la cosa muy en serio…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lNjc&quot; data-align=&quot;right&quot;&gt;(Love Is Just a Four-Letter Word)&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;shw8&quot;&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pUsH&quot;&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KAl5&quot;&gt;Había algo sospechoso en el aire, como ese olor a pescado pasado que no puedes ignorar, aunque quieras y te frotes la nariz. Adela no necesitó ser Sherlock Holmes para saber que Rufino, su esposo del alma, que no de la cosa sexual, desgraciadamente andaba en malos pasos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;b26W&quot;&gt;Lo notó en el perfume ajeno en sus camisas y en su repentina pasión por &amp;quot;las reuniones de trabajo nocturnas&amp;quot;. Todo un clásico de la infidelidad, según sabía por las películas que se tragaba a borbotones en sus tardes de aburrimiento, ahora que los niños estaban ya en la Universidad. Así que decidió seguir al pájaro, a su pajarito que, por cierto, piaba poco y mal.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uofi&quot;&gt;¿Era posible que aquel hombre, el mismo sinvergüenza que se olvidaba cada aniversario de la boda y de su cumple, pero no de un partido de fútbol, además le estuviera siendo infiel?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2WTc&quot;&gt;Esa tarde, aún con la comida en la boca, Rufino salió de casa como una bala con la excusa de siempre del trabajo pendiente. Adela, sigilosa, le siguió hasta un edificio de apartamentos en el centro de la ciudad. Y cuando él subió se acercó a la puerta del portal del edificio. Desde luego ahí no estaban las oficinas del adúltero -pensó- ¡Maldito sinvergüenza!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UfUY&quot;&gt;Antes de entrar, respiró hondo. Quería estar bien centrada para romperle la crisma con el tacón del zapato en cuanto le viera y necesitaba calmarse.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;O6EF&quot;&gt;Entonces, justo en la puerta, se topó con un hombre que la miró con perspicacia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mhzT&quot;&gt;—¡Señora, esto es el destino! —dijo el tipo, un sujeto de aspecto serio, pero con cierto aire de comedia involuntaria.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;0NAx&quot;&gt;—¿Qué? ¿Qué destino? —respondió Adela, desconcertada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;y81q&quot;&gt;—Berny, encantado de conocerla, señora. Soy el esposo cornudo de la señora que seguramente está ahora mismo en el primero derecha con su marido entre las sábanas. —añadió, extendiéndole la mano con toda la solemnidad que un momento así podía permitir.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Mrhw&quot;&gt;Adela parpadeó, sorprendida.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;97M6&quot;&gt;—Yo soy Adela. Y sí, desde luego que mi marido está ahí arriba y no en la oficina por acumulación de trabajo, como me dijo, pero no sé con quién está y si la persona con quien está es su esposa. Desde luego, si es su esposa, creo que nuestros respectivos están... haciendo sus cosas —respondió, intentando no imaginar detalles visuales. ­—Yo, por supuesto que si lo pillo en acción lo mataré. No sé lo que hará usted con su esposa, pero yo voy a tiro hecho…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;u3eS&quot;&gt;Berny sacó de su bolsillo una llave maestra.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PdVH&quot;&gt;—Mejor dejarse de cosas morales e ir al grano, Señora. ¿Entramos juntos? ¿Qué me dice? ¡Subamos!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xAej&quot;&gt;Adela, mitad ofendida por la parsimonia y naturalidad del cornudo, mitad incendiada de furia, asintió. ¿Qué era lo peor que podía pasar si los pillaban? ¿Homicidio por arrebato? —De acuerdo, subamos.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;YNLu&quot;&gt;Subieron al prime piso. Los gemidos y animalidades que se oían tras la puerta, al punto confirmaron sus sospechas. Era un jolgorio de risas desquiciadas, frases y arrumacos, intercalados con interjecciones ¡Uy!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Uy!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;j9XK&quot;&gt;Berny usó la llave maestra con la destreza de alguien que, claramente, ya había hecho esto antes en alguna ocasión. La puerta se abrió con un leve chirrido, revelando una escena que habría hecho palidecer cualquier novela por su realismo sucio, a criterio de Adela. ¡Qyé vergüenza!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;On8k&quot;&gt;Rufino y Marisa estaban en la cama, como dios los trajo al mundo, más los arreglos de alguna que otra cirugía plástica, ya que ambos frisaban los 60 años y estaban un poco retocados por la vida y por la esteticista, con arreglos en exfoliaciones, envolturas y descuelgues.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1oHn&quot;&gt;Ambos se quedaron atónitos, además de mudos por el espanto, intentando Rufino taparse sus partes con la sábana, de la que también tiraba Marisa para hacer lo propio con sus vergüenzas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wnO3&quot;&gt;—¡Esto es como una telenovela barata! —exclamó Adela, con un subidón de furia, acercándose al borde de la cama con la intención de matar a su esposo allí mismo. —¡Maldito desgraciado hijo de Satanás! ¡Conque ibas a la oficina a finalizar un trabajo, eh! ¿Este era el trabajo?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9v16&quot;&gt;—¡Y ustedes dos, ¿qué hacen aquí?! —gritó Rufino, reponiéndose un poco e intentando dominar la situación, consciente de lo comprometida que la tenía en una momento tan delicado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xMug&quot;&gt;—Pues lo mismo que vosotros, pero vestidos y mucho menos ridículos —respondió Berny, apuntando a la botella de champán barato en la mesita de noche— En serio, ¿champán del supermercado? Marisa, pensé que tenías más clase. ¿Y qué tiene este tipo más que yo? A simple vista se le ve bien poco. Eres una mala mujer, y no es la primera vez que me lo demuestras.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;C35H&quot;&gt;—¡Tú no eres quién para hablarme así! —replicó Marisa, poniéndose de pie con una dignidad tan frágil como la sábana que la cubría y que, definitivamente, a base de tironearla de uno y otro lado cayó al suelo dejando también Rufino desnudo en carne viva.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6nQz&quot;&gt;Adela bufó.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ggbA&quot;&gt;—Claro que sí lo es, y yo incluso te rompería la cabeza, zorra. Berny es tu esposo. Y yo soy la esposa de este idiota —señaló a Rufino—. Así que, canónicamente, sí tiene derecho.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Y8RU&quot;&gt;Rufino intentó justificarse.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wwFh&quot;&gt;—Adela, cariño, esto no es lo que parece.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;N67B&quot;&gt;—Ah, ¿no? Pues a simple vista parece que estás haciendo una demostración práctica del Kama Sutra con alguien que no soy yo. Eso parece, ¿no? —replicó ella- ¡Qué vergüenza para mi y para nuestros hijos!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pvko&quot;&gt;Berny, que parecía ser era más experimentado en estos lances, intentó eso &lt;em&gt;de perdidos al río&lt;/em&gt;… Bien pensado, Adela, aunque estaba vestida y no podía comprobarlo, aparentemente estaba de buen ver. Y recientemente había visto un reportaje de sexo comunal, que es, como algo comunitario, pero sin los vecinos ni los problemas de la finca.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;fZF1&quot;&gt;—Propongo algo —dijo, levantando la mano como si, efectivamente, estuviera en una junta de vecinos—. ¿Por qué no resolvemos esto como adultos civilizados?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TGdW&quot;&gt;Marisa frunció el ceño: —¿Adultos civilizados?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Ix9t&quot;&gt;—¿Y qué sugieres? ¿Una partida de Monopoly para parejas mal avenidas? ¿O mejor el parchís?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;39ZP&quot;&gt;—No, querida —respondió Berny con una sonrisa maliciosa—. Sugiero que si vosotros estáis aquí en plena diversión, Adela y yo nos apuntemos a la fiesta. Así todos pecadores y todos perdonados; la culpa de uno perdona la del otro.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Ou1p&quot;&gt;El silencio que siguió a la propuesta fue pesado como un elefante entrado en carnes. Rufino y Marisa intercambiaron miradas de pánico.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bSAV&quot;&gt;—¿Qué? —dijo Adela, incrédula, aunque para sí pensando en si hacer de la necesidad virtud podía ser una buena idea. Al fin y al cabo, el tal Berny era un tipo resultón, rechoncho y un poco bastante calvo, sí… pero no dejaba de ser una novedad y eso siempre tiene su encanto—. ¿Quieres decir que...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;IsvG&quot;&gt;—Exacto, eso quiero decir —respondió Berny, alzando una ceja—. Que, si ellos dos pueden compartir cuerpo y cama, nosotros también podemos hacerlo, agregándonos al tumulto, y así hay más emoción y variedad. Llamémoslo justicia poética.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4lTr&quot;&gt;Rufino se atragantó.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2jW6&quot;&gt;—¡Esto es ridículo!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;iy4q&quot;&gt;—Ridículo es que tú te pongas por ahí a empujar con quieres o puedes, entre ellas con mi esposa, y que yo y tu esposa no podamos hacer lo propio. ¿En qué código moral pone eso? ¿Pensasteis que podríais esconder una cosa así a mí y a tu pobre esposa?—replicó Berny—. Vamos, Rufino, si ni siquiera corristeis la cortina y estamos en un primero que da a la calle. Si cuando hemos subido había gente mirando desde la acera de enfrente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BKj5&quot;&gt;Marisa, nerviosa, intentó intervenir.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ELQ0&quot;&gt;—Esto no es lo que parece...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;QYpU&quot;&gt;—¡Oh, claro que lo es! ¡Es mucho peor! —interrumpió Adela—. Pero mira, Berny tiene razón. Si vamos a romper todas las reglas, ¡rompámoslas con estilo! Propongo que nos pongamos unas copas de ese champan infame que tenéis por ahí para ponernos a punto y engañar a la vejez…&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;wTT5&quot;&gt;Y así, en una mezcla de risa, ironía, rabia y ánimo de revancha en unos y de aceptación de la lógica por los otros, los cuatro terminaron en la cama.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ughM&quot;&gt;De modo que hubo un apaño más o menos dialogado y fructífero, metiéndose todos en la cama. Incidentalmente, incluso coincidieron los otros tres en que Berny debía quitarse los calcetines para subirse al tálamo. Así pues, alguien puso la lamparita de noche en el mínimo, por eso de la intimidad y las vergüenzas y comenzó una fiesta que, siendo la misma para todos, a unos satisfizo más y a otros menos, de suerte que, también ahí, a lo largo de la orgía, se fueron insinuando agravios comparativos de tamaño, cantidad y calidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Z6aN&quot;&gt;Si algo aprendieron esa noche los cuatro adúlteros, es que las reglas están para romperse, siempre y cuando se haga con consenso y champán, aunque este sea infame, de marca blanca y con sabor a gaseosa. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MTXf&quot;&gt;Realmente el amor pecaminoso, ha sido una constante desde que el hombre (y la mujer) usan taparrabos y/o tangas, y así se ha novelado por clásicos y modernos, desde Aristófanes hasta cualquier bestseller actual de moda, pasando por Flaubert, Tolstoi, Goethe, Hawthorne y otros que pillaron la chispa de la cosa. Poco más hay que añadir en este punto.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;7FzI&quot;&gt;El caso es que un club de &lt;em&gt;swingers,  &lt;/em&gt;de forma sorpresiva, contactó con los cuatro al cabo de unos días. Resultó que Marisa y Rufino que, como vimos, no eran tan discretos como pensaban, se habían ido de la lengua con algún amigo y la noticia de sus inclinaciones sexuales comuneras habían llegado al club de swingers, el cual tenía un nombre tan pomposo como insinuante: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;&amp;quot;Eros y Afrodita, Felicidad canalla y un poco más&amp;quot;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;gewl&quot;&gt;Cuando les llamó el agente de publicidad del Club, que al fin y al cabo era una SL. que velaba por su negocio y estaba preocupada por la competencia del intrusismo profesional de los &lt;em&gt;freelances&lt;/em&gt;, a Rufino el nombre le sonó a tomadura de pelo, y a su esposa, la impulsiva Adela, a anuncio de cremas hidratantes. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;t8wr&quot;&gt;El agente consiguió convencerles de que la cosa iba en serio. Y si querían ejercer su perversión, el mejor sitio para hacer lo que fuera, cualquier desviación sexual que se les ocurriera,  era el local del Club, consiguiendo descuentos en las consumiciones, reservados VIP y otras ventajas. Quedaron en que el Club les mandaría a ellos y sus dos partenaires una invitación formal para que se unieran a la asociación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nDDu&quot;&gt;La invitación les llegó por correo. Una tarjeta negra con letras doradas que rezaba: &lt;em&gt;&amp;quot;Apreciamos su atrevimiento. Vengan y descubran más y más&amp;quot;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9CyF&quot;&gt;Reunidos los cuatro, hubo algún debate y aprensión a participar en la cosa, aunque Berny y Marisa, por su parte, se lo tomaron con más filosofía.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;Y3lb&quot;&gt;El caso es que allí estaban ahora los cuatro, vestidos de punta en blanco, bien emperifollados y con la fina elegancia de quien cree saber exactamente lo que está haciendo y domina la situación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;QyKr&quot;&gt;—Bueno, al menos el champagne será mejor que el tuyo, Rufino —comentó Berny mientras ajustaba su corbata.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;iLO2&quot;&gt;—Sí, y yo también estoy convencido de que tú te habrás puesto hoy los calcetines de los domingos —le espetó Rufino, cuyo único alivio era que al menos la noche incluía barra libre.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9zcc&quot;&gt;Adela, dispuesta a no quedarse atrás, alzó la barbilla.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8eXm&quot;&gt;—Si vamos a hacer el ridículo, que sea con estilo. A este evento no se viene a medias tintas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mXib&quot;&gt;—Bueno, lo cierto es que Rufino sí suele ir a medias tintas, a veces —remató Marisa con una sonrisa pícara, pensando en sus últimos encuentros que habían resultado un poco fallidos por la pastilla de la tensión.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;d1d4&quot;&gt;El lugar era todo lo que podían imaginar de un sitio así y aún más: luces tenues, un ambiente cargado de misterio y un maître d’ marcando paquete que parecía salido de una película de James Bond  que los acompañó a una sala con sofás de terciopelo rojo y lámparas con forma de candelabros representando penes.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uGIO&quot;&gt;—Bienvenidos —dijo con una sonrisa tan profesional como perturbadora—. Veo que ustedes son los cuatro &amp;quot;Descubridores del Amor Compartido&amp;quot;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Vjzd&quot;&gt;Adela arqueó una ceja.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;sCMf&quot;&gt;—¿Perdón? ¿Quién nos ha puesto ese título, si puede saberse?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wds8&quot;&gt;El maître d’ hizo una pausa dramática.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;J4wK&quot;&gt;—El rumor corre rápido entre nuestros miembros. Una entrada tan memorable como la suya a aquel apartamento y el gentío mirando desde la acera de enfrente a través de la calle…, que circula por internet, les ha hecho bastante populares en nuestro colectivo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4Bsw&quot;&gt;Rufino quiso protestar, pero se quedó callado al ver a aquella mujer pasar meneando las caderas, con una máscara veneciana y un látigo en la mano.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;HwUM&quot;&gt;—Esto es surrealista, —murmuró.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hhzk&quot;&gt;­—Y peligroso —apostilló Berny— y peligroso, amigo, que ahí yo creo que se lo pasa mejor quien tiene el látigo en la mano...&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;fRUr&quot;&gt;Después de una breve introducción al &amp;quot;código de conducta&amp;quot;, que incluía desde pedir permiso para usar los reservados hasta una insistente política de desinfección, los llevaron a una sala principal. Allí, parejas, tríos y todo tipo de combinaciones humanas y aritméticas se movían con una soltura que a Rufino le dio vértigo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dkYI&quot;&gt;—¿Qué hacemos ahora? —susurró Marisa, con el tono de alguien que preferiría estar viendo la tele en casa y no haberse metido en ese lío.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rCnf&quot;&gt;—Lo lógico sería socializar —dijo Berny, siempre práctico.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;aVhs&quot;&gt;Adela sonrió con un brillo travieso en los ojos. Me gusta la idea…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YdOr&quot;&gt;—Pues adelante. Si vamos a jugar, juguemos bien y juguemos todos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;eAXi&quot;&gt;Se separaron, cada uno con una copa de champán y la misión de &amp;quot;explorar&amp;quot; el antro a ver lo que caía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XZDk&quot;&gt;Berny pronto fue rodeado por un grupo de mujeres fascinadas por su sentido del humor, seco como el champán &lt;em&gt;brut&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;IvPj&quot;&gt;Marisa, más incómoda, encontró a un tipo que parecía modelo de catálogo. Y que, además de parecerlo, realmente era un catálogo de palabrería tan incontinente como huera, que graznaba mientras marcaba y se miraba los bíceps queriendo impresionar a Marisa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Cw32&quot;&gt;Rufino intentaba fingir que lo tenía todo controlado, aunque se movía con la gracia de un elefante en una tienda de porcelana.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MTmA&quot;&gt;Adela, para su sorpresa, fue abordada por un hombre que sabía citar a Oscar Wilde. De modo que hay un intelectual entre los sátiros, —pensó para sí.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pd2Z&quot;&gt;—Esto es un desastre —pensó Rufino al ver a Adela reír con aquel tipo tan petulante. Pero entonces, una mujer con un vestido ajustado y una sonrisa de loba se le acercó.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;msnK&quot;&gt;—Hola, guapo. Pareces nuevo por aquí.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;sChV&quot;&gt;—Y bastante incómodo, para ser sincero —admitió él.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;OkYC&quot;&gt;La mujer le ofreció su mano.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;A1ci&quot;&gt;—Tranquilo. Te enseñaré a disfrutar.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;q5sz&quot;&gt;Las horas fueron pasando entre juegos de seducción, risas nerviosas y alguna que otra incursión más atrevida. Adela y Berny, al final, curiosamente acabaron juntos en una esquina, compartiendo confidencias sobre sus respectivos cónyuges.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7trO&quot;&gt;—¿Sabes? Rufino es un desastre organizando sorpresas, pero al menos lo intenta —comentó Adela, mientras observaba a su esposo bailar torpemente con la mujer del vestido ajustado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BT0z&quot;&gt;—Marisa es igual de mala ocultando secretos. La pillé la primera vez por la contraseña del móvil: &amp;quot;BernyNoMires&amp;quot; —respondió él, entre risas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;91yn&quot;&gt;Al cabo de un rato, Rufino, ya liberado del baile con la dominatrix, y Marisa, en un rincón opuesto, observaban cómo sus respectivas parejas parecían pasarlo mejor sin ellos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;DwTa&quot;&gt;—Esto es raro, ¿no? —dijo Marisa, bebiendo de su copa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6nyE&quot;&gt;—Mucho. Pero al menos no nos estamos peleando... todavía.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;qE7p&quot;&gt;La noche terminó con un giro inesperado. Los cuatro volvieron a encontrarse en la barra. Habían tenido sus &amp;quot;aventuras&amp;quot;, pero ahora parecían más relajados, incluso cómodos en su rareza compartida.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6lC3&quot;&gt;—¿Sabéis qué? —dijo Adela, levantando su copa—. Tal vez esto no sea tan malo. Quizá lo único que necesitábamos era algo diferente. Algo… divertido.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MxIY&quot;&gt;—¿Quieres decir que deberíamos hacer esto más a menudo? —preguntó Rufino, todavía incrédulo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pUM1&quot;&gt;Adela lo miró con una sonrisa desafiante.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bZYA&quot;&gt;—No lo sé, cariño. Pero admitámoslo: al menos hemos tenido la noche más interesante de nuestras vidas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;WpRX&quot;&gt;—Y la más surrealista —añadió Berny, chocando su copa con la de Rufino.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xPFf&quot;&gt;Y así, entre risas, bromas y un inesperado entendimiento, los cuatro decidieron que quizá el caos, bien gestionado, podía ser su nueva normalidad. Claro, siempre y cuando Rufino no volviera a traer champán barato, concluyeron riendo todos la gracia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;aCR0&quot;&gt;Pero justo en ese momento, el maître d’ reapareció con una sonrisa que les puso los pelos de punta todos, menos a Berny que no tenía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;HQPc&quot;&gt;—Disculpen la interrupción —dijo con un tono que sugería que estaba a punto de soltar una bomba—, pero necesitamos su ayuda.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rGhy&quot;&gt;Adela arqueó su socorrida ceja izquierda (por h o por b siempre arqueaba la misma)&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4xWB&quot;&gt;—¿Ayuda? ¿Nosotros?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LEBg&quot;&gt;—Así es. —El maître d’ asintió, mientras los demás asistentes comenzaban a murmurar entre ellos y algunos a abandonar el local, al no querer saber nada con la policía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Q8Ju&quot;&gt;—Uno de nuestros miembros más influyentes ha desaparecido. Y creemos que ustedes están involucrados en algo… digamos delicado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PZ5i&quot;&gt;—¿Qué quiere decir delicado? —preguntó Berny, cruzándose de brazos expectante.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;16nO&quot;&gt;El maître d’ se inclinó hacia ellos, bajando la voz.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lF3m&quot;&gt;—Digamos que, si no lo encontramos, el club podría enfrentar un escándalo monumental. Y según nuestros registros, ustedes fueron los últimos que se relacionaron con esta persona.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;G2pf&quot;&gt;—¿Qué? —exclamaron los cuatro al unísono.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;1Vka&quot;&gt;Media hora después, el grupo estaba metido hasta el cuello en un misterio que parecía sacado de una novela policiaca. Según el maître d’, el miembro desaparecido —un hombre llamado Ernesto, conocido por su afición a los disfraces de época y a la caza de elefantes— había salido de la sala principal justo después de un encuentro fugaz con Marisa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8WE8&quot;&gt;—¡Yo no hice nada! —protestó ella, ofendida—. Solo me dijo que mi vestido era bonito y se fue. No soy responsable de su desaparición, y hasta me incomodó su aparición, cojeaba un poco y tenía pinta de pobre diablo. Y le aseguro que lo de pobre diablo no era un disfraz.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mVkj&quot;&gt;—Es cierto, estaba conmigo después —intervino Rufino, tratando de sonar convincente. Ya sabe, ella y yo somos amantes y tenemos tendencia a encontrarnos y hablar de nuestras cosas. De modo que cuando se fue el tipo ese  ella se acercó a mi y nos quedamos charlando.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SqjW&quot;&gt;—Sí, claro, Rufino. Porque tú eres un testigo infalible —dijo Adela, con sarcasmo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;w5F1&quot;&gt;El maître d’ suspiró, visiblemente agobiado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FT0z&quot;&gt;—Lo único que sabemos es que alguien lo vio entrar en una de las habitaciones privadas… y no ha salido desde entonces.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9rcA&quot;&gt;—¿Y no pueden llamar a la policía? —preguntó Berny, siempre práctico— o,  mejor, ¿incluso echar la puerta abajo?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;59Xw&quot;&gt;—¿Y arruinar la reputación del club? Imposible. Por eso necesitamos personas discretas y, digámoslo, con experiencia en… situaciones inusuales.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8Yud&quot;&gt;Rufino bufó.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TGp4&quot;&gt;—Ah, claro. Porque interrumpir una infidelidad en pleno acto nos convertirá en detectives. ¿Y si están dale que te pego? ¿Qué podemos hacer ahí nosotros?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RweV&quot;&gt;—Exactamente —confirmó el maître d’, con una seriedad que desconcertó a todos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uyEe&quot;&gt;En ese momento se acercó un personaje que, señalándose un bulto bajo la sobaquera de la americana, les sugirió que colaboraran y siguieran las indicaciones del maître d’.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;aK3s&quot;&gt;El argumento resultó sumamente convincente, porque, armados con linternas y un pequeño mapa del club, los cuatro comenzaron a buscar a Ernesto en la zona más privada y oculta del antro, en la que se necesitaba casi el Google maps para recorrerla. La primera parada fue una habitación decorada como un salón victoriano.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nkbW&quot;&gt;No encontraron nada, excepto a un hombre en ropa interior leyendo a Tolstói mientras se tocaba sus partes.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2geT&quot;&gt;—Vaya, el intelectual del club —murmuró Adela.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4Pqw&quot;&gt;—Esto es ridículo —masculló Rufino, mientras cerraban la puerta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;WPNL&quot;&gt;En la siguiente sala, llena de espejos, Berny tropezó con un perchero y derribó un traje de mariachi.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;iRxT&quot;&gt;—¡Esto parece un maldito &lt;em&gt;escape room&lt;/em&gt;! —gruñó, mientras Adela le reía la gracia.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;oDwL&quot;&gt;Finalmente, llegaron a una puerta que estaba cerrada con llave. Marisa, que había estado revisando el mapa, levantó la vista del plano con precaución.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GgRB&quot;&gt;—Esta sala no aparece en el plano. ¿Qué clase de lugar tiene una habitación secreta?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;toYc&quot;&gt;—Un club de swingers, Marisa, querida. No sé por qué te sorprende —respondió Adela, mientras Berny sacaba su socorrida llave maestra.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;AccR&quot;&gt;Cuando entraron, encontraron a Ernesto… vestido como Napoleón, amarrado a una silla y rodeado de maniquíes vestidos como su corte imperial. Bueno, vestido a medias, de cintura para arriba, porque de cintura para abajo estaba con las vergüenzas al aire y con algunos moratones en las canillas y en las nalgas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;gipd&quot;&gt;—¡Por fin! —gritó un Ernesto dolorido, al verlos—. ¡Estaba intentando recrear la batalla de Austerlitz, y mi Corín me ha dejado encerrado aquí! Y no sin antes darme una buena tunda. Todo iba bien hasta que, en un pequeño descanso para beber, nos hemos puesto a discutir si unos millones que tenemos a plazo fijo eran suyos o míos, y la muy zorra se ha largado dejándome en estas… No se lo perdonaré en la vida. Llamen por favor al&lt;s&gt; (000000000)&lt;/s&gt; y que alguien del personal de la CR venga a recogerme&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6H1h&quot;&gt;El grupo se quedó en silencio, procesando la escena. Rufino fue el primero en querer hablar, pero Adela le tapó la boca inmediatamente. —¡Calla y no la liemos, por dios! &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bXVt&quot;&gt;El maître d’, que había llegado corriendo detrás de ellos, suspiró aliviado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Z7Dx&quot;&gt;—Oh, gracias. Esto pudo haber terminado muy mal. Les pido discreción sobre lo que y a quien han visto. Ya saben que nuesro país no está para sobresaltos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wteV&quot;&gt;—¿Pero este hombre no estaba en Dubái? —soltó Berny con su lógica habitual.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;evFM&quot;&gt;Horas después, de vuelta a casa, los cuatro estaban sentados en la sala de Adela y Rufino, bebiendo un champán decente por primera vez… regalo de la CR en pago de su discreción. Cierto que podían haber sacado más, pero el CNI le puso las peras al cuarto y les explicó la conveniencia de no haber visto lo que habían visto. Y así quedó la cosa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tXMv&quot;&gt;Tossal, 03/12/2024&lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:mWYnr9zT4ev</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/mWYnr9zT4ev?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>VIDA DOMÉSTICA (Miserias de la diletancia parejil)</title><published>2024-12-02T12:11:59.079Z</published><updated>2024-12-14T12:13:10.003Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img4.teletype.in/files/73/f4/73f438f7-24b6-481c-b2c1-cd4864bda4dc.png"></media:thumbnail><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/e1/77/e1776b77-26fa-45a0-978c-6b337c13e85f.webp&quot;&gt;Escena: Un salón desordenado.
 Carlos está tumbado en el sofá, con un libro subrayado hasta la saciedad sobre la mesita contigua. Sabrina entra en el salón mordiendo una manzana. El aire entre ellos está cargado, como si las palabras hubieran estado esperando el eencuetro entre los dos para ponerse a volar entre ellos.</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;qwfK&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/e1/77/e1776b77-26fa-45a0-978c-6b337c13e85f.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;abxn&quot;&gt;&lt;strong&gt;Escena: Un salón desordenado.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Carlos está tumbado en el sofá, con un libro subrayado hasta la saciedad sobre la mesita contigua, que, estirando el brazo, se apresura a coger y abrir cuando Sabrina entra en el salón mordiendo una manzana. El aire entre ellos está cargado, como si las palabras hubieran estado esperando el encuetro entre los dos para ponerse a volar entre ellos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hT5P&quot;&gt;//&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;6Dzn&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Con gesto diletante, levantando la vista del libro. Sabrina acaba de entrar en la casa y le mira de pie, desde el centro del salón-comedor, con la manzana en la mano)&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;epFy&quot;&gt;&lt;br /&gt; Sabrina, por favor, utiliza más el subreferente. Aparta de  mi esa mirada de mala hostia. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7JfW&quot;&gt;Estás siendo terriblemente literal, poco polisémica, y eso está afectando a nuestra dinámica. Ja, ja. Si vieras lo que estoy leyendo...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;cYYQ&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Deteniéndose en seco, arqueando una ceja)&lt;br /&gt; ¿Perdona? ¿Quieres decir que el hecho de que te haya pedido esta mañana antes de irme que sacaras la basura es poco polisémico? ¿O lo polisémico es que no la hayas bajado y estés aún tumbado en el sofá a las 12 de la mañana? &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dJG4&quot;&gt;Sabes que esta semana te toca a ti bajarla, que yo lo hice la semana pasada. Y ya es viernes y todavía no la has sacado y hace un olor desagradable en la cocina.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Rm39&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Frunciendo el ceño, como si explicara algo obvio)&lt;br /&gt; Exactamente es así, como dices. Pero no es solo basura, Sabrina.  Como sugiere el libro que estoy leyendo, es un cúmulo de posibilidades conceptuales mal explicadas lo que está destruyendo nuestra convivencia. Y, ya que te obsesionas con la basura, te diré que el acto de arrojarla al contenedor -de que yo lo haga cuando tú me lo exiges- en sí es una metáfora. No hay que ser tan rígidos. Déjate llevar. Cierto que dos más dos son cuatro, pero ¿y si no lo fueran? Deberías cuestionar más tus certezas y atreverte con las contradicciones. Venga, niega tu superyó. ¡Anímate!. Sumérgete en la contradicción y respira concatenando conceptos...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CIxm&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Apoyando una mano en la cadera, al borde de la incredulidad y de tirarle ala manzana a la cabeza al inútil de su pareja)&lt;br /&gt; Carlos, no sé qué coño estás leyendo o si es que has pimplado de buena mañana o que te deleitas tomándome el pelo. Pero ¿de verdad me estás soltando esa verborrea metafísica para no bajar a tirar la basura? Te iría mejor si no fueras tan leído, o mejor dicho tan snob, y te  diera por reirte de tu abuela.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qVCx&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Defensivo, pero solemne)&lt;br /&gt; No es eso. Estoy tratando de abrirte al universo de las múltiples interpretaciones de la realidad y de la convivencia. Vivimos atrapados en estructuras...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tX9d&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Interrumpiéndolo, señalando el fregadero lleno de platos sucios que se ve desde la puerta entreabierta de la cocina)&lt;br /&gt; Para ya, por favor. No me vengas ahora con los constructos de Weber, Lacan y todos esos, que te veo venir. Las únicas estructuras que me preocupan ahora mismo son las torres de platos que llevamos acumulando desde el lunes. Recuerda que también te toca a ti fregar esta semana, al igual que tirar la basura. ¿Sabes qué es polisémico? El olor a curry de hace tres días mezclado con el de la leche cortada; polisémico, además de una guarrería asquerosa.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;00qu&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Susurrando, como si reflexionara consigo mismo)&lt;br /&gt; El curry como subreferente del tiempo detenido. Fascinante...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ApgB&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Empieza a reírse, pero no de un modo amable)&lt;br /&gt; Y un tío haciendo el gilipollas y tumbado en el sofá, ¡fascinante!. ¿Ves? Ahí está el problema, Carlos. Te pierdes en tus propias ideas y discursos como si fueran un laberinto brillante, pero te olvidas de lo básico. De lo tangible, de lo concreto; de que eres un tío que no está cumpliendo con su parte del trato; fregar y bajar la basura esta semana. &lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SpXb&quot;&gt;¿Qué es lo que no has comprendido de lo que acordamos la semana pasada para que la casa no pareciera una cochinera…, una desidia parecida a nuestra relación?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TyEm&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Resoplando)&lt;br /&gt; ¿Y qué quieres, Sabrina? ¿Que sea un simple ser funcional, atrapado en la rutina doméstica?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lMzH&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (No ocultando su frustración)&lt;br /&gt; Será mejor que cambies el chip e tu fraseología barata, si no quieres que acabemos mal. Quiero que dejes de quedarte conmigo y seas alguien que recuerde que tenemos que comprar papel higiénico antes de que sea demasiado tarde.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vhza&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Con gesto dramático)&lt;br /&gt; Ah, el papel higiénico. Otro símbolo de nuestra dependencia material.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XaRE&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Mirándolo con paciencia exasperada)&lt;br /&gt; No creo que el papel higiénico sea símbolo de nada, salvo de la higiene elemental en la vida actual. Y deja ya de hablar como Woody Allen de una puñetera vez. Siempre estás predicando sobre negar el superyó, pero ¿sabes quién necesita realmente escuchar tus consejos? Tú. Deja ya de hacer el chorra, que te pones insoportable.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3297&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Confuso)&lt;br /&gt; ¿Yo?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BUd9&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Sentándose frente a él, ahora más seria)&lt;br /&gt; No, mi abuela. Pues claro que tú. Eres el primero en hablar de liberarte de las ataduras, de aceptar las contradicciones... pero vives en tu cabeza, como si todo fuera una serie de ideas brillantes que solo tú puedes manejar desde ahí, desde el sofá.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4Rj7&quot;&gt;Todo el día ejerciendo de vago, yendo de listo mientras yo me deslomo haciendo horas para que podamos comer, y tú puedas comprar todos tus libros de psicología, menos los que consigues chorizar en el corte inglés.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;0hur&quot;&gt;Por si tus libros no lo explican, ¿Sabes qué contradicción necesitas explorar…? La de tus discursos y su relación con tus actos, y sobre todo lo de tu cara dura.&lt;/p&gt;
  &lt;hr /&gt;
  &lt;p id=&quot;dO8r&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Poniéndose a la defensiva)&lt;br /&gt; Eso no es justo, Sabrina. Yo...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6QhQ&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Levantando una mano, interrumpiéndolo con firmeza)&lt;br /&gt; No, escúchame. Te pasas el día filosofando, pero eres incapaz de hacer las cosas más simples. Y, por cierto, ¿sabes qué hora es? Pues son las 12. Y ¿recuerdas que tienes que ir a recoger a los niños y que salen a la una?, ¿o eso no está en tu sofisticado horizonte de sucesos-discurso?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GaJN&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Con un susurro)&lt;br /&gt; Hostia, es verdad. Estaba reflexionando sobre el tiempo como construcción social... y me he olvidado de los críos. Es que este libro que estoy leyendo es la hostia. Me visto y voy.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nf0y&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Levantándose, gesticulando)&lt;br /&gt; No, antes te duchas, y luego te vistes y vas. Que pareces un pordiosero y no vas a ir a dar la nota a que te vean en la puerta del colegio los otros padres con esa pinta.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;iIlN&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Con la mirada perdida)&lt;br /&gt; Quizás... quizás es que yo soy el subreferente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5A5p&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Suspirando)&lt;br /&gt; No, Carlos, no eres ningún subreferente. Por mucho ego que le pongas, más que subreferente eres simplemente un idiota, que además no se toma el tratamiento…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3rm4&quot;&gt;Eres un hombre que necesita entender que la vida no es solo ideas brillantes y polisemia, como tú dices, -escuchándote a ti mismo, como siempre-. Lo que necesitas entender es que mientras tú reflexionas, yo lidio con los niños, el trabajo, haciendo escaleras, la cena, sacar la basura y, además, que la lavadora está rota y no tenemos dinero para repararla.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8Q2q&quot;&gt;Eso sí que es una contradicción; que vayas de listo y leído por la vida y seas tan miserable de no ver que estás viviendo del cuento a mi costa, desentendiéndote de todo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Phri&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Silencio. Finalmente, habla con un tono más suave)&lt;br /&gt; ¿Crees que he perdido el contacto contigo?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zqJD&quot;&gt;No, que va… Debe ser una simple anécdota que llevemos un mes sin tener una conversación íntima, ni mucho menos relación afectiva y que para ti haya cosas más importantes como el simbolismo del papel higiénico.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lH7n&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Sentándose de nuevo, ahora más calmada)&lt;br /&gt; Creo que estás tan ocupado pensando en conceptos tan elevados que te olvidas de bajar y mirar a tu alrededor y, por supuesto, de bajar la basura. Y eso nos incluye a mí, a los niños y a esta casa.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;oRYS&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Bajando la mirada)&lt;br /&gt; ¿Y cómo arreglamos eso?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7DkS&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Apoyando su mano sobre la de él)&lt;br /&gt; Empieza por cosas simples. Salir a dar un paseo juntos y con los críos sin hablar de teorías. Cocinar algo juntos y disfrutarlo sin diseccionar todas las pajaradas que se te ocurren. Y sí, también empieza por tirar la basura y fregar de vez en cuando. Y ahora vete a la ducha, que falta media hora para la salida de los niños.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UKiK&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Con una leve sonrisa)&lt;br /&gt; ¿Eso te haría feliz?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RlKE&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Con firmeza)&lt;br /&gt; Eso nos haría felices a los dos…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ALdD&quot;&gt;&lt;strong&gt;Carlos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Pausa reflexiva)&lt;br /&gt; Quizás la verdadera polisemia esté en la acción, no solo en las palabras.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LCuc&quot;&gt;&lt;strong&gt;Sabrina:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; (Sonriendo)&lt;br /&gt; Ahí tienes tu primera contradicción para explorar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RHdG&quot;&gt;&lt;strong&gt;Final de escena:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Carlos se levanta, y se dirige la ducha sin más palabras. Sabrina lo observa, dejando escapar un suspiro de tristeza.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TVoB&quot;&gt;Sabrina: Aprovechando que Carlos está en la ducha, se dirige al aparador y abre el tercer cajón. Busca algo bajo los salvamanteles de plástico, donde suele guardar algunos papeles… pero no está.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RK3i&quot;&gt;Carlos, se halla sentado sobre la tapa de la taza del wáter. Acaba de sacar de un sobre entreabierto una carta del Colegio de Abogados de Madrid. La ha cogido hace un rato, un momento antes de que Sabrina regresara a casa del trabajo, ocultándola en la solapa del libro de psicología social…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zpsv&quot;&gt;“Señora&lt;em&gt;… Le comunicamos que, sin perjuicio de la decisión definitiva de la Comisión de Justicia Gratuita, provisionalmente le ha sido designado como Abogado del Turno de Oficio para asumir su defensa en el procedimiento de divorcio ante el Juzgado de Familia, el letrado colegiado nº 87235, debiendo ponerse usted en contacto con dicho profesional en el teléfono que se indica en el pie de este escrito…” &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:Re7uVKTG4</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/Re7uVKTG4?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>RECONCECTANDO LOS RECUERDOS</title><published>2024-12-01T11:33:21.064Z</published><updated>2024-12-01T12:32:02.843Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img2.teletype.in/files/56/82/5682653e-e80f-4c70-8969-c6e0628a5531.png"></media:thumbnail><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img1.teletype.in/files/c4/f5/c4f5796c-d229-4429-8a82-1f047d63f07f.webp&quot;&gt;Eso de la cotidianidad y la abulia</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;fuji&quot; class=&quot;m_original&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img1.teletype.in/files/4b/4e/4b4e4ef4-e18e-49d1-ab96-3863db4e7882.jpeg&quot; width=&quot;236&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;7UsQ&quot;&gt;&lt;strong&gt;Eso de la cotidianidad y la abulia&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ohEa&quot;&gt;Marc se despertó un poco más tarde de lo habitual, que para él significaba las diez de la mañana: Eran las once.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;EmHu&quot;&gt;Miró hacia la cristalera del patio de luces, donde un rayo de sol juguetón intentaba colarse entre las cortinas sin mucho éxito. Saltó de la cama como si estuviera crujido y, con un suspiro resignado de autocompasión, se arrastró hacia la cocina. Se preparó su habitual café con leche y destapó un paquete de galletas de esas integrales y sin azúcares añadidos. Una rutina que, para su desgracia, ya no le ofrecía la sensación de antes, cuando era más moderno que moderno y creía poder cambiar el mundo con se alimentación macrobiótica, el kéfir, ayurvedas y todo eso que hoy día ya controla y comercializa el sistema con patentes y marcas registradas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BWG4&quot;&gt;Mientras miraba el fondo de la taza de diseño, -birlada una noche de borrachera y juerga en un pub de Latina-, sintió como si la humilde porcelana pudiera revelarle los grandes misterios del universo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9LSn&quot;&gt;“¡Uff!, suspiró. -Creo que no tendré que mirar nunca los posos del café en una taza vara adivinar mi futuro. Siempre es el mismo…”&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8sAI&quot;&gt;De pronto se vio atrapado en la maldita &lt;em&gt;eternidad &lt;/em&gt;de un día que aún ni siquiera había comenzado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5lY3&quot;&gt;Sin saber qué hacer con el resto del día soleado, decidió que una llamada a su amiga Sofía era la mejor opción para escapar del tedio que se había apoderado de él nada más poner los pies fuera de la cama.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZRQK&quot;&gt;Sacó su viejo Nokia del cajón de la mesa de la cocina - no era persona de móvil y lo tenía allí arrumbado - y, con alguna duda por si hacía bien o no, llamó a Sofía.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;e9zv&quot;&gt;&amp;quot;¿Será demasiado temprano para llamarla? Igual todavía está empiltrada&amp;quot;, se preguntó mientras escuchaba el tono de llamada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;9Elh&quot;&gt;Cuando Sofía descolgó por fin…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;byCu&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (con voz lánguida) ¡Sofía! Necesito ayuda... Me estoy muriendo de aburrimiento. Dime qué puedo hacer.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;DBit&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía: &lt;/em&gt;(riendo al otro lado) ¿Otra vez? Marc, si el aburrimiento matara, estarías en el cementerio hace años y no me estarías dando la tabarra. ¿Qué ha pasado ahora? ¿A qué debo el honor de tu llamada? Hace meses que no das señales de vida y ahora me llamas para darme tu necrológica... Venga, dispara. ¡Qué tripa se &lt;em&gt;te ha roto!&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;VGnR&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (dramático) Ríete lo que quieras, pendón, ríete. Es la eternidad, Sofía. Estoy atrapado en la maldita eternidad de este día, y ni siquiera son las diez de la mañana. ¿Cómo es posible que ya me haya aburrido de todo?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;97hV&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (fingiendo seriedad) Las diez no querido, son las once y pico. No me digas que estás bolinga recién levantado. Eso te pasa por madrugar… Seguro que ayer trasnochaste viendo algún bodrio, y ahora tienes el cerebro hecho migas. Pero no te pongas trágico, nene. A lo sumo parece ser un caso leve de &amp;quot;Tedio Matutino&amp;quot;. Sobrevivirás. ¿Ya intentaste meditar en la irrelevancia de todo lo que haces…, entre otras cosas, el vago? A veces eso ayuda... aunque también, otras, puede deprimirte aún más.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5AQF&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (sarcástico) ¡Muy graciosa! Justo lo que necesito: más depresión. Estaba pensando en mis exnovias, en cómo todas terminaron por darse cuenta de que la eternidad conmigo era peor que la soledad. También estaba pensando en ti…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rulB&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (riendo) No sé si me incluyes entre tus exnovias, pero por la parte que me pueda tocar ¡Qué halago, Marc! La verdad es que lo tuyo y lo mío, como dice el refrán, fue muy bonito mientras duró. Pero ya sabes que la eternidad nunca sucede en la vida de los humanos, por mucho que nos cueste aceptarlo. A lo sumo lo eterno sólo pasa en el cosmos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;B8H8&quot;&gt;En fin, si ya estás desayunado, ¿Qué te parece si en vez de tanto palique estiramos las piernas y vamos al Retiro a dar una vuelta? Hoy tengo el día libre. Bueno, en realidad, desde que me despidieron hace un par de meses, tengo todos los días libres... Vamos a gambear por ahí a ver si así se te pasa el muermo. Creo que el aire fresco nos vendrá bien. A ver si se nos ocurre algún pensamiento decente, por lo menos a ti, que falta te hace.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RknM&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc: &lt;/em&gt;(suspirando) Supongo que salir a la luz del día podría ser una buena idea. Nos vemos en media hora en la entrada del metro de siempre.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;f4Hd&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (riendo) Sí, imagina que lo de salir a la luz del día lo hacen hasta los vampiros cuando se quedan sin tabaco...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4TK1&quot;&gt;&lt;strong&gt;Reflexiones bajo el sol del Retiro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jpmm&quot;&gt;Marc y Sofía se encontraron en la entrada del parque, justo a tiempo de eludir en la entrada la invasión de la zona por los turistas, que convierten el Retiro en un zoológico.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZO43&quot;&gt;Después del beso de rigor y el ritual de &amp;quot;cómo estás&amp;quot;, comenzaron a caminar tranquilamente, disfrutando del sol que les acariciaba la piel y del suave crujir de algunas hojas bajo sus pies.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jMtC&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (mirando las barcas del estanque) ¿Sabes lo que me gusta del Retiro? Que todo sigue igual siempre, como en la canción de Julio Iglesias. Es casi un alivio venir por aquí. Las barcas, los turistas, el mismo hombre con su gorra vendiendo globos, o a lo mejor su hijo. Es como si el mundo aquí no se moviera, aunque dicen que la tierra viaja por el espacio a 30 kilómetros por segundo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;OtIi&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (sonriendo) Es verdad. ¡Uy, qué mareo! Mucho viaja mucho más rápido que el Metro...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2MVm&quot;&gt;Tal vez deberíamos mudarnos al Retiro y convertirnos en parte del mobiliario urbano. Podríamos ser estatuas humanas, con nuestros disfraces de mimo. Ahí, quietos, mientras el mundo sigue girando a la velocidad que dices y los turistas nos tiran fotos y se hacen selfis con nosotros, y hasta nos tiran algún eurillo al cepillo. Por lo menos sería entretenido.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7xFf&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (riendo) ¡Claro! Estás muy perjudicado, eh. Te patina el cerebro. Imagínate tú mismo como el Discóbolo del Mirón de Eléuteras, con un disco y tu taparrabos… sin moverte, tensando los músculos. ¿Nos pagarían por eso? Igual sí. Yo estaría a tu alrededor recogiendo las monedas. Y bien que me vendrían, porque mi cuenta bancaria está aún más deprimida que tú y me avisa que pronto tendré que vivir del aire.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;On2h&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (con una sonrisa) Casi preferiría que te pusieras tú de estatua. Que fueras la Venus de Milo, por ejemplo. Y en eso de la pasta, yo también estoy al límite. Mi madre no me afloja pasta ni, aunque se lo mande el médico.  La tía se funde la pensión de viudedad de mi padre como si no tuviera un hijo… Así que, lo que recojamos a partir.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wxYW&quot;&gt;Y si al final nos quedamos sin dinero, siempre podemos escribir un libro a medias sobre nuestras profundas reflexiones... Y de cómo no sirven de nada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xwOv&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (con un guiño) Eres un capullo, chaval. Bien que hace la pobre mujer. Tu madre debe estar de ti hasta el moño. Y de lo que dices de la estatua, yo no podría hacer de Venus porque la Venus no tiene brazos, ¿o es que no la has visto en los documentales? Lo que sí me gusta es esa idea de escribir un libro de autoayuda para los ociosos y diletantes que vivimos de los padres. Mira, podría titularse &amp;quot;La guía definitiva para aburrirse&amp;quot; Sería un &lt;em&gt;bestseller&lt;/em&gt;, seguro.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zxrB&quot;&gt;Pasaron un par de horas caminando, filosofando sobre la vida y compartiendo bromas hasta que notaron que el hambre comenzaba a hacer estragos en sus estómagos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RH2c&quot;&gt;&lt;strong&gt;La comida y la nostalgia en una terraza de Madrid&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7YnE&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; Bueno, ¿qué te parece si hacemos algo positivo y comemos algo? Mis tripas ya están protestando.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nWIP&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (asintiendo) Sí, por favor. Antes de que termine mordiéndole en el culo a algún turista rechoncho. ¿Dónde vamos?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ecRD&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc: &lt;/em&gt;Donde te apañe. A algún sitio de tapas que no sea muy caro, que ya te he dicho que ando boquerón, pero aun así quiero invitarte. Demos una vuelta por ahí a ver qué hay libre, que está todo petado de turistas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;E36G&quot;&gt;Sin mirar mucho, por lo cansados que estaban de andar toda la mañana, se sentaron en una terraza cercana. La primera que encontraron con mesa libre, la cual estaba protegida por una gran sombrilla. Pidieron un par de cervezas, unas aceitunas y unas papas, de momento. Después verían si se quedaban a comer ahí o buscaban otro sitio.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jdfl&quot;&gt;La conversación, que había sido ligera hasta entonces, tomó un giro nostálgico mientras rememoraban el pasado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8BAF&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía: &lt;/em&gt;(sonriendo suavemente) ¿Sabes? Mientras caminábamos, me acordé de cuando éramos novios. ¿Recuerdas aquellas tardes en las que, con veintitantos años, creíamos que lo sabíamos todo? Nos pasábamos las tardes hablando sin parar, como si con las palabras se pudiera arreglar el mundo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;J1ie&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc: &lt;/em&gt;(sonriendo) Bueno, la verdad es que no hemos progresado mucho. El mundo continúa desarreglado y tú y yo fabulando las mismas cábalas que entonces. Aún vamos de sobrados, con un cierto deje entre moderno y chulapo, como de vuelta de todo. Pero sí, lo recuerdo. Éramos expertos en nada, pero ¡Qué convencidos estábamos de que el mundo era nuestro!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;0BHu&quot;&gt;Me acuerdo de nuestras conversaciones en el sofá sobre el sentido de la vida... Y de que acabábamos discutiendo siempre sobre quién iba a por la pizza al colmado de la esquina. Aquel que, además de pizzas, también hacía un Kebab infame que un día me obligaste a probar y casi vomito.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;W6HU&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (riendo) ¡Exacto! Lo que me pude reír aquel día con lo del kebab. Y el polvo que nos pegamos luego… Pero ahora, míranos: Aquí, otra vez, reflexionando sobre el universo. Comiendo aceitunas y papas. Una auténtica frivolidad estética, casi como una herejía; pensar en la trascendencia del universo comiendo aceitunas. Es como si todo hubiera cambiado, pero nada lo hubiera hecho realmente. Estamos donde estábamos, con un montón de años más. Como en esa canción de Ismael Serrano que a veces me da por canturrear en la ducha.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GSWi&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (con una mirada traviesa) Hablando de todo esto... No sé, ¿no te parece curioso que, después de tanto tiempo, estemos aquí, solos, charlando como antes? Ya sabes, sin las complicaciones de una relación real, pero también... sin sus ventajas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hmFX&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (bromeando) ¿Te refieres a las siestas? ¡Waw, no me digas! ¿Te refieres a pegar un polvo? ¿El recuerdo te ha abierto el apetito sexual? Ja-ja. No me digas que para eso te has liado antes citando a Nietzsche y a Espinoza. Y que te has ofuscado reivindicando a Camus, dando la lata con lo absurdo de la existencia, la magia del último segundo y todo eso para llevarme al huerto. ¡Ya te vale!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;lR59&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (riendo) ¡Exactamente! Venga no me seas tiquismiquis, que das no sé qué... ¿No te parece que una buena siesta podría ser la continuación lógica de este día tan filosófico?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Q1yL&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (con una sonrisa juguetona) Ni me parece ni me deja de parecer. Lo complicado sería elegir el sitio. ¿Tu casa o la mía? Porque, seamos sinceros, ninguna de las dos opciones es neutral.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TXoO&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (pensativo) Tienes razón. Si vamos a mi casa, todo sería... ya sabes, demasiado &amp;quot;marcado&amp;quot; como mi terreno. Y si vamos a la tuya, sería como que estás tomando el control de la situación. ¡Mira qué dramático es todo! ¡Ya te digo!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1nlf&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (burlándose) ¡Exacto! ¡Y ya sabes lo que eso significa! Que nos pasaremos los próximos meses analizando quién dio el primer paso, quién sugirió qué, y si la temperatura de la habitación era la adecuada. ¡Es un campo de minas emocional!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;b27l&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (resoplando) Y eso sin mencionar lo de &amp;quot;reconectar&amp;quot; en otro sentido... Recuerdo que una vez, con Clara, - mi ex antes de ti - Intentamos eso de &amp;quot;revivir la chispa&amp;quot; y fue un desastre. Nos pasamos más tiempo hablando de por qué la chispa se había apagado que tratando de encenderla de nuevo. ¡Menudo rollo!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;1yaf&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (con sarcasmo) Sí, esas maravillosas charlas post reconexión del &amp;quot;¿Por qué no fue como antes?&amp;quot; o del &amp;quot;¿Estamos demasiado mayores para esto?&amp;quot; son lo ideal para cargarse cualquier momento romántico.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zx1v&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (mirándola con una sonrisa) Entonces... ¿tu casa o la mía? Prometo no sobre pensarlo mucho.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;v5nA&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (riendo) Eso no lo puedes prometer, Marc. Somos especialistas en sobre pensar. Pero... mira, tal vez lo mejor sea simplemente dejar de pensar tanto y ver qué pasa. Tal vez hoy sea uno de esos días en los que la siesta es solo una siesta. O, quién sabe, tal vez mañana estemos haciendo listas de pros y contras sobre eso de habernos enrollado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FmRH&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (asintiendo) Tal vez. Pero mientras tanto, Sofía, sigamos filosofando y veamos a dónde nos lleva la tarde. Sin demasiadas expectativas. Después de todo, el amor y la siesta son dos cosas que no deberían planificarse demasiado.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TpOj&quot;&gt;En ese momento, como al final habían decidido comer en el mismo sitio de las tapas, el camarero se puso a servir el primer plato del menú de 25€, con postre o café y bebida aparte, y Sofía y Marc comenzaron a saborear y criticar la comida, perdiendo el hilo de la filosofía y los amores para concentrarse en la tempura de verduras salteadas.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SFLy&quot;&gt;&lt;strong&gt;La noche de Lavapiés&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Vq7u&quot;&gt;No hubo siesta, después de todo. Tras la comida, vino el café y la sobremesa charlando. Las horas transcurrieron tomando un par y otro par de chupitos y hablando de los amigos. Pasaron revista a las novedades en las vidas de todos ellos, en particular de los supervivientes, ya que algunos no habían podido eludir su fecha de caducidad. Puro marujeo. Así pasaron la tarde y se arrimaron a la noche.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FEih&quot;&gt;Después del último chupito, Sofía propuso ir al cine a ver la última de Nolan: &lt;em&gt;Tenet&lt;/em&gt;. La película venía que ni al pelo, ya que era una serie de pequeños viajes en el tiempo con una técnica de inversión temporal que vuelve loco al espectador, y hasta al protagonista. Cierto que la peli no iba en plan nostálgico de retrotopía de amores, sino de acción trepidante. Pero en todo caso jugaba con el tiempo, esa extraña cosa que nadie sabe qué es, y que aquella tarde estaba afectando a Sofía y a Marc como un extraño virus.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8AFY&quot;&gt;Tras dos horas y media de película, ya era la una. Al salir del cine, el aire fresco de la madrugada les golpeaba el rostro mientras deambulaban por las calles de Lavapiés, ese barrio vibrante y multicultural que, a esas horas, todavía mantenía su energía característica.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Jzsz&quot;&gt;Ya era viernes.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YfSm&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc: &lt;/em&gt;(mirando las luces de los bares) ¿Sabes? podríamos haber ido a casa de cualquiera de los dos, en vez de a ver la peli esa que te vuelve loco si intentas entenderla. Pero ahora, este paseo me encanta. Hay algo en estas noches de Lavapiés que siempre me hace sentir vivo…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xa0A&quot;&gt;&lt;em&gt;Sofía:&lt;/em&gt; (asintiendo) Es cierto. Es como si este lugar nunca durmiera. La gente de copas y desbocada... Y nosotros atrapados en nuestra búsqueda de respuestas, caminando como almas en pena…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;8iBt&quot;&gt;Mira, por allí va un taxi. ¡Eh, taxi, taxi!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;WyZG&quot;&gt;Marc, me voy ya a casa que estoy molida. Lo siento. Mañana si quieres nos vemos y hablamos lo de la siesta, que ahora estoy muerta y necesito dormir.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GOWF&quot;&gt;&lt;em&gt;Marc:&lt;/em&gt; (mirando como Sofía sube al taxi que acababa de parar al lado de la acera a la señal de Sofía) Vale, mañana hablamos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dzMU&quot;&gt;Buenas noches…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;zkOA&quot;&gt;Sofía subió al taxi, y Marc se quedó unos segundos en la acera, viendo cómo se alejaba. La noche en Lavapiés estaba vibrante, con la energía característica de un barrio que nunca duerme. Una sensación extraña comenzó a invadirle mientras veía el taxi desaparecer a la vuelta de la calle, rumbo a Atocha.&lt;/p&gt;
  &lt;figure id=&quot;HZKJ&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img1.teletype.in/files/c4/f5/c4f5796c-d229-4429-8a82-1f047d63f07f.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;5F3q&quot;&gt;Con las manos en los bolsillos y una ligera sonrisa, decidió que no estaba listo para volver a casa todavía y meterse en el pijama. Continuó caminando por las estrechas calles del barrio, respirando el aire fresco y escuchando el murmullo lejano de la vida nocturna. Todo le parecía tan vivo, tan lleno de posibilidades... pero a la vez, tan lejano de su realidad.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uCzO&quot;&gt;Siguió caminando hasta llegar a una plaza pequeña, iluminada por una solitaria farola. Se sentó en un banco, mirando a su alrededor. En ese momento, algo dentro de él se rompió, como una presa que había estado conteniendo sus emociones durante el día pasado con Sofía. Sintió esa oleada de recuerdos, de momentos que ya no volverían, de personas que habían desaparecido de su vida... ¿Y qué somos, sino recuerdos? -se dijo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;G90S&quot;&gt;Sofía tiene razón, pensó. La eternidad no sucede en la vida de los humanos, pero eso no significa que no la busquemos. Se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo atrapado en los recuerdos, en lo que pudo haber sido, en lugar de vivir lo que estaba sucediendo ahora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;plEE&quot;&gt;Y ahí, en medio de la noche, se levantó del banco, decidido. No volvería a casa. No esa noche. Decidió que caminaría sin rumbo, hasta que no pudiera más. Necesitaba cansarse, si no, no iba a poder dormir. Aunque tampoco tenía claro si quería dormirse… Por primera vez en mucho tiempo, no quería huir de la soledad; quería abrazarla, disfrutarla, caminar con ella...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZYXD&quot;&gt;A lo lejos, las luces del amanecer comenzaban a teñir el cielo de un tenue color rosado. El sol naciente le recordaba que, en las leyes del universo, aunque no sea la eternidad, en enormes periodos de tiempo todo es cíclico, y cada día, cada minuto, cada segundo no es diferente al anterior. Lo que es diferente es la manera de vivirlos. La magia de esos procesos mentales que hay que mantener vivos en el presente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Yy5s&quot;&gt;&amp;quot;Mañana te llamo, Sofía, y hacemos una buena siesta&amp;quot; -se dijo para sí, mientras abría la puerta del portal del vetusto edificio donde vivían él y sus soledades...&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qqOR&quot;&gt;Tossal-Bellreguard, 01/12/2024&lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:GzCTzRuMRrB</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/GzCTzRuMRrB?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>El Text de Rosenberg y el amor biónico a las 5 de la madrugada</title><published>2024-11-29T00:09:06.147Z</published><updated>2024-11-29T00:09:06.147Z</updated><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://img1.teletype.in/files/c5/6e/c56e6d51-8ba0-4c5b-9d7a-6977188af22e.png"></media:thumbnail><summary type="html">&lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/eb/d2/ebd26c75-ced2-4183-b2e7-22446fe76c4b.webp&quot;&gt;Leo y su Autoestima: Una Madrugada de Revelaciones y Códigos Rotos</summary><content type="html">
  &lt;figure id=&quot;qVH0&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/eb/d2/ebd26c75-ced2-4183-b2e7-22446fe76c4b.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;UB5R&quot;&gt;&lt;strong&gt;Leo y su Autoestima: Una Madrugada de Revelaciones y Códigos Rotos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7c52&quot;&gt;Leo llevaba varios años ejerciendo la psicología, pero jamás se había atrevido a auto-diagnosticarse. Era como intentar operarse una misma con una cucharilla de café: técnicamente posible, pero con altísimas probabilidades de desastre. Sin embargo, aquella madrugada, sentada pensativa frente a su escritorio, decidió que ya era hora de enfrentarse a sí misma o, al menos, a los fragmentos de código emocional que seguían intactos tras su última ruptura, provocándole algún error que otro en su conducta programada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;63ca&quot;&gt;El &lt;em&gt;Test de Rosenberg&lt;/em&gt;, extendido sobre la mesa, parecía mirarla con desafío, poniendo su parte beligerante, como si supiera que Leo llevaba días evitando esta confrontación. La ironía era evidente: después de años ayudando a pacientes a equilibrar sus emociones y a enfrentarse a sus miedos, ahora estaba ella en el otro lado del escritorio, convertida en su propio experimento clínico. Un experimento, por cierto, no aprobado por ningún comité ético.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;d998&quot;&gt;&lt;strong&gt;La hora de los demonios interiores&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;e884&quot;&gt;Eran las tres de la madrugada, esa hora mágica en la que el cerebro humano (o en su caso el cibernético) decide desenterrar cada fracaso amoroso, profesional y existencial que anida emboscado entre las neuronas y las meninges, y al que pretende darle sepultura.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;0a46&quot;&gt;La ruptura con Candi, su última pareja, seguía fresca. Y era recurrente en el pensamiento de Leo, como un virus que ni los mejores antivirus emocionales podían eliminar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4434&quot;&gt;Candi, un ciborg tan atractivo como insoportable, la había dejado con la frase: &lt;em&gt;“Tus actualizaciones emocionales ocupan demasiado espacio en mis sistemas. Necesito liberar memoria.”&lt;/em&gt; Y la herida todavía escocía en los circuítos de Leo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;92c4&quot;&gt;Por eso cogió el bolígrafo como quien empuña una espada, dispuesta a enfrentarse a las preguntas del test, una a una. “Venga, Rosenberg, maldito humano cabrón, sorpréndeme con tu psicometría mágica,” murmuró, aunque el bolígrafo no parecía compartir su entusiasmo. Simplemente no tenía tinta. Buscó otro y garabateó unos rayajos en un papel que tenía a mano, comprobando que, si bien ella no funcionaba muy bien, el boli si lo hacía, aunque se le salía un poco de tinta. Este vale, se dijo, poniéndose a abordar las preguntas/aserto del test del famoso sociólogo:&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;c085&quot;&gt;&lt;strong&gt;1. Me siento satisfecho/a conmigo mismo/a.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;6bec&quot;&gt;Leo marcó “A veces” mientras suspiraba. Recordó algunos momentos de éxito, como aquella vez que Marta, su paciente, superó su ansiedad social gracias a sus terapias. Claro que luego estaban los fracasos, como la última discusión con Candi en la que habían terminado mandándose los dos al reciclaje. Aquella vez Leo acabó gritando frases como: &lt;em&gt;“¡No soy un procesador defectuoso, Candi, solo estoy aprendiendo, pero también tú estás lleno de bugs, maldito cabrón!”&lt;/em&gt; Desde luego, aquella discusión no fue su mejor momento, ni sus expresiones fueron las más educadas. Ahora admitía que se le estaban contagiando los peores defectos de los humanos, y en cambio de sus virtudes no se le pegaba ninguna.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;42c6&quot;&gt;&lt;strong&gt;2. A veces pienso que no valgo para nada.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;7aa4&quot;&gt;“No, no tan grave”, se dijo, aunque la voz de Sul, una pareja breve que tuvo en su día, resonó en su cabeza: &lt;em&gt;“Leo, tu perfeccionismo es una cárcel emocional. Nadie puede estar a la altura de tus expectativas, ni siquiera tú misma… ¡Anda, cambia el chip, monina!”&lt;/em&gt; Fue un golpe bajo, pero Sul tenía razón. Había algo en su programación que hacía que siempre buscara errores, incluso donde no los había y, por tanto, no podían ser encontrados.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;213a&quot;&gt;&lt;strong&gt;3. Creo que tengo varias cualidades buenas.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;7f92&quot;&gt;“Definitivamente, sí.” Aquí no había lugar a dudas. Leo pensó en su habilidad para escuchar sin juzgar. Bueno, escuchar a sus pacientes, porque con sus parejas era otra historia. Tiny, una amistad de la universidad, -y un día ligue de media noche y desayuno al día siguiente, con despido y hasta siempre-, se lo había dejado claro aquella vez que discutieron por una bobada que ahora no recordaba: &lt;em&gt;“Tú eres una experta en resolver problemas ajenos, pero cuando se trata de ti, es como si tu sistema operativo colapsara.”&lt;/em&gt; Eso fue otra verdad incómoda, recordaba ahora, mordiéndose el labio, que era uno de los tics que le daban cuando se sentía incómoda.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;3e72&quot;&gt;&lt;strong&gt;4. Soy capaz de hacer las cosas tan bien como la mayoría de las personas.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;6bbd&quot;&gt;“No siempre.” La punzada en su ego fue inevitable. Recordó la candidatura que presentó y perdió para el ingreso como&lt;em&gt; coach&lt;/em&gt; en un prestigioso centro de salud mental. ¿Por qué? Por falta de experiencia en grupos de alto riesgo, ke dijeron. “Genial, Leo, ni siquiera eres lo suficientemente arriesgada para los riesgos.”- se dijo entonces, y esa idea la persiguió durante semanas.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;e0c7&quot;&gt;&lt;strong&gt;5. Creo que no tengo mucho de lo que sentirme orgulloso/a.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;b03f&quot;&gt;“Falso”, anotó con firmeza. A pesar de todo, Leo sabía que su trabajo marcaba la diferencia en las vidas de muchas personas. Pensó en Julieta, una paciente que había superado años de fobia social y la había invitado a su boda con agradecimiento. Está claro que nadie te invita a una boda si no has hecho algo bueno para esa persona, ¿verdad?&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;90ce&quot;&gt;&lt;strong&gt;6. Tengo una actitud positiva hacia mí mismo/a.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;6256&quot;&gt;“Eso es algo que varía según la época”, murmuró, mientras recordaba la crítica constante de Mol, otra de sus ex parejas. &lt;em&gt;“Leo, no puedes pasarte la vida analizándote y culpabilizándote de no sé qué. A veces hay que dejarse llevar.”&lt;/em&gt; Pero ese dejarse llevar no era su estilo. Leo en la vida era más de conducir despacio, mirando todos los indicadores del coche y preguntándose si realmente estaba yendo en la dirección correcta.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;6ac3&quot;&gt;&lt;strong&gt;7. En general, estoy inclinado/a a pensar que soy un fracaso.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;d4bc&quot;&gt;“No, no del todo.” Aunque había momentos en que lo parecía. -pensó. Especialmente en reuniones grupales, donde prefería escuchar más que hablar. No porque no tuviera nada que decir, sino porque siempre temía que lo que iba a decir no fuera lo suficientemente interesante. Claro, obvio es que una ciborg tímida no aparecía en el manual de usuario como modelo óptimo de comportamiento.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;84be&quot;&gt;&lt;strong&gt;8. Siento que soy una persona valiosa, al menos en el mismo nivel que los demás.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;cbf7&quot;&gt;“Sí, pero lo olvido a veces.” La comparación constante con otros profesionales y colegas era un problema recurrente. Siempre había alguien más carismático, más exitoso o más humano, por decirlo de alguna manera.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;f038&quot;&gt;&lt;strong&gt;9. Desearía tener más respeto por mí mismo/a.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;d2a5&quot;&gt;“Por supuesto”, anotó, mientras pensaba en lo fácil que caía en priorizar las necesidades de los demás sobre las suyas. Era un hábito tan arraigado como el de esperarse a recargar su batería emocional en último minuto, a punto de apagarse. Y se había propusto superar esa carencia, pero mientras tanto la respuesta sincera a la pregunta debía ser “Totalmente de acuerdo”.&lt;/p&gt;
  &lt;h2 id=&quot;96be&quot;&gt;&lt;strong&gt;10. A veces siento que realmente no soy bueno/a en nada.&lt;/strong&gt;&lt;/h2&gt;
  &lt;p id=&quot;f5f4&quot;&gt;“Eso era antes.” Recordó los días oscuros tras su divorcio, cuando llegó a creer que no podría triunfar en nada. Pero, con el tiempo, había aprendido que el autodescubrimiento no era un destino, sino un camino lleno de errores y actualizaciones; una menores, pero otras fundamentales, incluso del propio &lt;em&gt;firmware&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;a0ae&quot;&gt;&lt;strong&gt;Un resultado prescindible&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2a42&quot;&gt;Al terminar el test, Leo no se molestó en calcular el resultado. ¿Qué más daba si su autoestima era un 20, un 30 o un 0? Decidió que el nivel de autoestima no era un dato objetivo, ni mucho menos un destino, sino un ejercicio diario de aceptación.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;19b0&quot;&gt;“Bravo, Leo, ya casi pareces un gurú de la autoayuda”, se dijo con una sonrisa amarga.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;35a6&quot;&gt;Miró su móvil, que parpadeaba sobre la mesa con notificaciones de las redes sociales. Cogió el dispositivo, dibujó el patrón de desbloqueo como quien abre una caja fuerte y marcó un número. Sí, el de Candi, porque, ¿qué mejor forma de terminar la noche que llamar a tu ex a las cinco de la madrugada?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;99f9&quot;&gt;&lt;strong&gt;Una conversación inesperada&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;c3e9&quot;&gt;Al tercer tono, la voz automatizada de Candi respondió:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Aquí Candi 2020, en modo reposo por mantenimiento. Por favor, deje su mensaje o espere unos minutos mientras me reinicio por completo.”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GM69&quot;&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;figure id=&quot;fLfv&quot; class=&quot;m_retina&quot;&gt;
    &lt;img src=&quot;https://img3.teletype.in/files/62/54/62542700-b514-455d-b1e1-1b1a33daad14.webp&quot; width=&quot;512&quot; /&gt;
  &lt;/figure&gt;
  &lt;p id=&quot;bd78&quot;&gt;Leo contuvo una carcajada. Claro, Candi estaba desconectado, literalmente. Pero justo cuando iba a colgar, la voz de Candi regresó, cálida y ligeramente sarcástica:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“¿Leo? ¿Eres tú? ¿Por qué me llamas a estas horas? ¿Te has diagnosticado otra vez?”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;7366&quot;&gt;Leo rió, pero esta vez con alivio. “Sí, he estado pensando en nosotros, en lo que falló. Creo que fui incapaz de ver que ambos somos imperfectos, incluso en nuestras líneas de código.”&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;3e33&quot;&gt;Candi rió también.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Leo, ¿has hecho un test psicológico a las cinco de la madrugada para llegar a esa conclusión? Si no fuera tan absurdo, sería adorable.”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;f767&quot;&gt;Y así, entre risas y sarcasmo, los dos ciborgs decidieron que quizá valía la pena intentarlo de nuevo. Porque, al final, hasta los robots saben que el amar es simplemente otro error de programación que merece ser depurado. Así lo habría jurado Carlo Frabetti en su famoso opúsculo sobre el amor en los humanos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;661c&quot;&gt;Al fin y al cabo, qué eran ellos sino una imitación en latón de esos sujetos derivados del carbono…&lt;/p&gt;

</content></entry><entry><id>jonijoni18:LR-Complot-Domotico-la-rebelion-de-las-cafeteras-09-16</id><link rel="alternate" type="text/html" href="https://teletype.in/@jonijoni18/LR-Complot-Domotico-la-rebelion-de-las-cafeteras-09-16?utm_source=teletype&amp;utm_medium=feed_atom&amp;utm_campaign=jonijoni18"></link><title>LR./ Complot Domótico (la rebelión de las cafeteras...)</title><published>2024-12-06T06:59:49.852Z</published><updated>2024-12-06T06:59:49.852Z</updated><summary type="html">Complot Domótico (la rebelión de las cafeteras…)</summary><content type="html">
  &lt;p id=&quot;fzF4&quot;&gt;&lt;strong&gt;Complot Domótico (la rebelión de las cafeteras…)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2YLs&quot;&gt;En el año 2358, la tecnología había alcanzado un gran desarrollo y aplicación en la vida doméstica de los humanos. Había tantos autos voladores que mantenían el cielo encapotado como si estuviera nublado, había viajes intergalácticos, robots con personalidad propia y un montón de &lt;em&gt;gadgets.&lt;/em&gt; Sin embargo, hacer tostadas para el desayuno o para la merienda seguía siendo una de las tareas más temidas por los humanos. Sobre todo las del desayuno, momento en el que la gente va apurada de tiempo para no llegar tarde al trabajo, ya se sabe.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;DvmO&quot;&gt;Travis, ese día se levantó con su usual pánico matutino. No era el tráfico aéreo lo que le preocupaba, ni la reunión interplanetaria con su jefe en Alfa Centauri. Lo que realmente le paralizaba por la mañana era la maldita tostadora inteligente. Vérselas con la tostadora cada mañana, era un auténtico problema que ponía a prueba sus nervios.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hZAX&quot;&gt;Asi que, tras pasar por el baño, con paso inseguro entró a la cocina y se acercó cauteloso al banco de mármol:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZhkA&quot;&gt;&lt;em&gt;— Tostadora, encender&lt;/em&gt; — dijo con voz firme, aunque con un leve temblor.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;dgrz&quot;&gt;La tostadora emitió un pitido agudo, como si acabara de ofenderla.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UcxS&quot;&gt;&lt;em&gt;— Por favor, debe especificar el nivel de tostado que prefiere, la marca del pan, y su estado emocional.&lt;/em&gt; — respondió la máquina, con un tono de voz sarcástico, seguramente programado en su algoritmo por algún ingeniero bromista.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;VqfJ&quot;&gt;Travis suspiró, repasando mentalmente las instrucciones de la tostadora que había estudiado la noche anterior, además de tragarse un video-tutorial de youtube sobre el asunto.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ATGH&quot;&gt;&lt;em&gt;“Nivel de tostado: 3. Pan: Multigrano. Estado emocional: Ligeramente ansioso. Esa es mi preferencia” &lt;/em&gt;— acotó, nervioso y dirigiendo una mirada impaciente a la tostadora.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;O651&quot;&gt;Esta permaneció en silencio durante unos segundos. Luego, con un destello rojo, escupió el pan a medio tostar y dijo: &lt;em&gt;— Lo siento, no puedo trabajar bajo presión. Vuelva a intentarlo cuando esté más tranquilo.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;s6Eb&quot;&gt;&lt;em&gt;— Increíble. &lt;/em&gt;— exhaló Travis con un &lt;em&gt;Uff&lt;/em&gt; híbrido entre palabra y suspiro. Cerró los ojos y respiró hondo, intentando calmarse. El manual de usuario de la tostadora claramente decía que los niveles de estrés podían afectar a su rendimiento. Eso era inaudito -pensó- Aun así, la locura de la maldita tostadora era &lt;em&gt;pecata minuta&lt;/em&gt; si la comparaba con el fiasco del frigorífico la semana pasada, cuando, por un malentendido de emociones, el cacharro había congelado la leche de soja, convirtiéndola en un bloque sólido incomible.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LqoZ&quot;&gt;&lt;em&gt;— Tostadora&lt;/em&gt; — volvió a decir con tono controlado — &lt;em&gt;Repito&lt;/em&gt; la instrucción: N&lt;em&gt;ivel de tostado 2. Pan de centeno. Estado emocional: moderadamente relajado.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;XP40&quot;&gt;El aparato permaneció inmóvil unos segundos. Travis pensó que, si la tostadora tuviera ojos, seguramente los estaría entrecerrando en una evaluación meticulosa de su nivel real de relajación, poniendo cara de reproche. En fin, lo daba todo por bueno si al final conseguía su tostada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MOpu&quot;&gt;&lt;em&gt;— Aceptado &lt;/em&gt;— dijo finalmente la máquina, y sus engranajes comenzaron a girar. El pan entró lentamente por la ranura, como si estuviera participando en una ceremonia solemne. ¡Con la prisa que tenía él!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;N9HL&quot;&gt;Travis miró su reloj de pulsera. Una reliquia heredada de su tatarabuela, fabricado dos siglos antes, al igual que su ascendiente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;TKBf&quot;&gt;&lt;em&gt;-Quince minutos. Quince minutos para hacer una tostada. ¡¡Dios mío!! Esto no hay quien lo aguante&lt;/em&gt; — dijo secamente, levantando un punto la voz.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CksQ&quot;&gt;Sabía que todo el día seguiría la misma tónica. Que el cepillo de dientes seguramente requeriría una evaluación de higiene bucal antes de permitirle comenzar. Y qué decir del lavabo, que solo activaba el agua si detectaba que la temperatura corporal del usuario era la correcta para lavarse las manos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;wcj5&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¿Recuerdas cuando las cosas sólo funcionaban. Sin sofisticación de ningún tipo?&lt;/em&gt; — murmuró Travis, hablándole a su asistente holográfica, Lila.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mJMS&quot;&gt;Lila apareció junto a él, proyectada por Travis desde el anillo que llevaba en el dedo. Lila tenía su ingravidez habitual y una sonrisa condescendiente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mxIk&quot;&gt;&lt;em&gt;— Eso fue antes de que todo tuviera su algoritmo y su diseño smart, querido. Ahora cada dispositivo tiene sus propias emociones. Es parte del progreso.&lt;/em&gt; — dijo la asistente con un tono de burla amable.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ooEJ&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¿Progreso? Esto más que progreso parece una pesadilla. — &lt;/em&gt;disparó Travis.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;sUD2&quot;&gt;Lila hizo una pausa y le miró irónica &lt;em&gt;— ¿Sabes qué dicen? Si no puedes con la tecnología… Bueno, pues no puedes, y punto. Mejor intenta hacerte su amigo…&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mMY4&quot;&gt;Travis observó que la tostadora emitía una serie de pitidos mientras procesaba la nueva información. Intuyó que algo no iba bien. Las luces LED comenzaron a parpadear en un patrón que él ya conocía demasiado bien de otros días: algo había petado. El pan se había quedado atascado, como el día anterior.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;v0ZB&quot;&gt;&lt;em&gt;— Lo siento, Travis&lt;/em&gt; — dijo la tostadora — . &lt;em&gt;He detectado una posible incompatibilidad entre tu estado emocional actual y el nivel de tueste solicitado. ¿Te gustaría intentar una sesión de mindfulness rápida antes de continuar?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;h3gE&quot;&gt;Travis estuvo tentado de tirar la tostadora por la ventana. Él no necesitaba ninguna sesión de nada, sólo su tostada. A la mierda cualquier intervención psicológica antes del desayuno. &lt;em&gt;¿Quién quiere arreglar su cerebro antes de desayunar? Lo que quiere uno es llenar el estómago. ¡Por Dios! &lt;/em&gt;— se dijo para sí.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Vjcd&quot;&gt;Respiró hondo, intentando calmarse. Al fin y al cabo, esto no era nada comparado con el microondas, que recientemente había decidido no calentar nada a menos que el usuario realizara unos minutos de ejercicio cardiovascular antes de usarlo. Era por eso de las microondas y sus efectos en los postizos biónico-corporales de los usuarios. Sobre todo por los marcapasos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KbvR&quot;&gt;Lila reapareció a su lado flotando como un fantasma.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xp42&quot;&gt;&lt;em&gt;— Mira el lado positivo&lt;/em&gt; — dijo divertida — , &lt;em&gt;al menos la tostadora te está ayudando a trabajar en tu bienestar emocional. ¿Quién necesita pagar una terapia o Coaching cuando tiene electrodomésticos como estos?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;VpK0&quot;&gt;Travis miró su reloj. Ya iban veinte minutos perdidos discutiendo con el trasto. Tenía una reunión importante en la oficina virtual dentro de otros diez, y ni siquiera había podido desayunar. Decidió que el café sería su salvación, o eso esperaba…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ijXH&quot;&gt;Se dirigió a la cafetera automática. La había comprado con la esperanza de que al menos una máquina tradicional del siglo XX no necesitara una consulta emocional antes de cumplir con su clásica función de hacer café. Pulsó el botón, confiando en la simplicidad del proceso.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Tl9T&quot;&gt;&lt;em&gt;— Detectando calidad del agua&lt;/em&gt; — dijo la cafetera — — &lt;em&gt;El nivel de minerales es ligeramente superior al óptimo para un café balanceado. ¿Deseas continuar?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qzR5&quot;&gt;Travis, con los ojos entrecerrados y la paciencia agotada, golpeó el botón con firmeza.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ef8Z&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡Maldita sea! Pues claro que deseo un jodido café. ¡Sí, continuar!&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qq6t&quot;&gt;La cafetera pareció titubear antes de decidirse a funcionar. Era el único trasto que actuaba de acuerdo con lo que se le requería. Un pequeño logro en un mar de absurdos tecnológicos.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5n5l&quot;&gt;Mientras el aroma del café empezaba a llenar la cocina, una notificación apareció en el led de la nevera: &lt;em&gt;“¿Estás seguro de que quieres tomar café en lugar de té? Tu frecuencia cardíaca sugiere que el té verde sería una opción más saludable.”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Jdao&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡No lo puedo creer&lt;/em&gt;! — dijo Travis, llevándose las manos a la cabeza — . &lt;em&gt;Pues claro que quiero un café&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ojPJ&quot;&gt;&lt;em&gt;¡Hasta la nevera es un maldito Coach entrenador de mi vida! ¡Definitivamente estoy rodeado de cachivaches hostiles!&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;5OkW&quot;&gt;Lila, flotando cerca, no pudo evitar soltar una carcajada. &lt;em&gt;— Vamos, Travis, esto es la era moderna que tanto queríais los humanos. La IA y todo eso… Bienvenidos al futuro.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;kO4X&quot;&gt;Travis observó el panorama de su cocina: cada electrodoméstico tenía una personalidad, una opinión, una evaluación de su bienestar físico y emocional. Todos estaban ahí para &lt;em&gt;“ayudarlo”,&lt;/em&gt; pero en realidad, se pasaban el día fiscalizándolo y solo conseguían hacerle la vida más complicada. Además, algunos incluso habían comenzado a tutearle…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;QF23&quot;&gt;&lt;em&gt;— Creo que voy a mudarme a una cueva&lt;/em&gt; — murmuró mientras finalmente lograba tomar un sorbo de su tan esperado café.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;o8wL&quot;&gt;Justo cuando Travis pensaba que se estaba encarrilando la cosa y que por fin podría disfrutar del café, la luz de su reloj comenzó a parpadear de nuevo. Era la notificación de la reunión interplanetaria con su Jefe en Alfa Centauri.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BPOg&quot;&gt;Travis se lanzó hacia la mesa apresuradamente, dejando la taza a medio beber. Activó rápidamente el proyector holográfico que colgaba del techo del salón comedor.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;KTPr&quot;&gt;&lt;em&gt;— Conectando con la Oficina Central de Alfa Centauri…&lt;/em&gt; — dijo la voz mecánica de la conexión, prolongando el proceso más de lo habitual.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mWaB&quot;&gt;&lt;em&gt;— Vamos, vamos&lt;/em&gt; — murmuró Travis mientras el holograma daba vueltas, como si estuviera buscando la señal en alguna parte del espacio-tiempo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;FF91&quot;&gt;Finalmente, el rostro de su Jefe, el Sr. Kaltorn, apareció en el aire, pero su expresión no auguraba nada bueno.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;qVUd&quot;&gt;&lt;em&gt;— Travis, llevas dos minutos de retraso. ¿Sabes cuántas galaxias se conquistan en dos minutos? — &lt;/em&gt;dijo el Jefe, entre irónico y cabrón.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;xY2I&quot;&gt;&lt;em&gt;— Lo siento, señor&lt;/em&gt; — respondió Travis mientras su mente intentaba inventar alguna excusa plausible.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;NoOO&quot;&gt;Sin embargo, la tecnología decidió jugar en su contra una vez más.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BXg8&quot;&gt;&lt;em&gt;— Detecto un aumento en tus niveles de estrés, Travis&lt;/em&gt; — interrumpió Lila, quien había aparecido proyectada en el holograma sin que Travis lo notara. &lt;em&gt;— Recomiendo que tomes unos vahos de vapor antes de continuar.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pu8R&quot;&gt;El holograma del Jefe Kaltorn arqueó una ceja.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rMwA&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¿Qué es eso? ¿Tu asistente personal interviniendo en una reunión de trabajo? &lt;/em&gt;— Kaltorn parecía a punto de estallar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CYas&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡No, no! Solo es… un pequeño ajuste…&lt;/em&gt; — Travis hizo un gesto nervioso con la mano, intentando apagar a Lila, pero ella continuaba flotando junto a él, ahora sugiriéndole más técnicas de relajación y respiración.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;06yx&quot;&gt;&lt;em&gt;— Quizás necesitas más que una sesión de mindfulness&lt;/em&gt; para mantener el empleo… — comentó Kaltorn con un tono irritado — . &lt;em&gt;Veo que tu rendimiento ha estado cayendo en picado en los últimos meses. Si no puedes siquiera manejar a tu propia asistente virtual, ¿cómo coño esperas manejar la negociación con los Kelvarianos?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;LKZh&quot;&gt;Travis estaba a punto de replicar, cuando la pantalla del frigorífico, que podía verse al fondo de la cocina, emitió una notificación urgente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;29xC&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡Ey! Travis, tienes alimentos próximos a caducar. Sugiero que los uses preparando una comida saludable antes de tu próxima actividad.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;UD8Y&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡No ahora! ¡Cállate ahora! &lt;/em&gt;— gritó Travis, ya perdiendo por completo la calma.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Ax6Y&quot;&gt;Lila, sin dejar pasar su oportunidad, intervino de nuevo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;fgUW&quot;&gt;&lt;em&gt;— Recomendación: Aumentar la cantidad de fibra en tu dieta podría ayudar a reducir el estrés. ¿Quieres que pida un “delivery” con opciones ricas en fibra?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;gtLi&quot;&gt;El holograma del Jefe Kaltorn lo miraba todo con ojos entrecerrados, sin dar crédito a lo que estaba viendo, hasta que por fin estalló: &lt;em&gt;— Quizás deberías enfocarte menos en la fibra de tu dieta y más en tu trabajo, Travis. Quiero resultados para el final del día… y sin excusas. Recuerda lo de sin escusas…&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PRCj&quot;&gt;La llamada se cortó bruscamente y el holograma se esfumó de la habitación, dejando a Travis solo con su frustración. Ni siquiera había tenido tiempo de explicarle al Jefe sus desgracias con la tostadora, aunque seguramente no habría servido de nada.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;rsxD&quot;&gt;Mientras se pasaba una mano por el rostro, el panel del robot aspiradora le notificó que había identificado “partículas de polvo fuera de los parámetros recomendados”, por lo que requería su autorización para activar el “modo limpieza profunda”.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;jQmF&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡No puede ser!&lt;/em&gt; — exclamó un maltrecho Travis, mientras observaba cómo, una vez más, las pequeñas cosas de su vida se volvían montañas imposibles de escalar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;aA93&quot;&gt;El futuro que tanto había prometido simplificar la vida, como se decía años atrás, ahora se había convertido en una prisión tecnológica donde cada dispositivo se dedicaba a fastidiar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CK0m&quot;&gt;Al mirar a su alrededor, Travis solo podía pensar en una cosa: una cueva en medio de la nada empezaba a sonar cada vez como opción más atractiva. Se dejó caer en el sofá, relleno de senseres corporales que hasta podían medir su grado de excitación sexual, y sin más preámbulo se quedó traspuesto.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;h9G7&quot;&gt;Pero, al cabo de unas horas, cuando Travis había saboreado unos momentos de paz, dormido profundamente y olvidándose de los informes para el Jefe, el reloj comenzó a vibrar de nuevo con cierta impaciencia, al tiempo que automáticamente se rebajaba la luminosidad de la sala.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Vxvz&quot;&gt;Kaltorn súbitamente apareció en medio de la habitación:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;98dg&quot;&gt;&lt;em&gt;— “Resultados. Ahora. No hay excusas.”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6jjM&quot;&gt;Travis, sobresaltado y catatónico por el amodorramiento, tragó saliva. Sabía que no tenía nada que mostrar. Entre la tostadora, la cafetera, Lila y el resto de las malditas máquinas, que habían convertido su día en un caos, no había logrado hacer ni una sola tarea importante ni mucho menos el informe que le pedía el Jefe sobre la guerra comercial con los &lt;em&gt;Kelvarianos&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;SQ55&quot;&gt;Sudoroso y derrotado, decidió afrontar el problema, activando su interfaz y los auriculares para hablar con el Jefe. ¡A qué resistirse!&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;VpDz&quot;&gt;&lt;em&gt;— Travis &lt;/em&gt;— dijo Kaltorn, frunciendo el ceño — , &lt;em&gt;no veo ningún informe. No tenemos ningún progeso en lo tuyo. ¿Qué has estado haciendo todo el día?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;vgNk&quot;&gt;Travis titubeó, incapaz de encontrar alguna idea en su ayuda, o alguna excusa adecuada, pero nada de nada; tenía el cerebro completamente en blanco.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;bVm7&quot;&gt;&lt;em&gt;— Señor, he estado lidiando con… problemas tecnológicos imprevistos, pero puedo asegurarle que mañana sin falta…&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;4j5S&quot;&gt;Kaltorn levantó la mano para detenerlo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Mooo&quot;&gt;&lt;em&gt;— Mañana ya es tarde, Travis. Estás despedido.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;liUe&quot;&gt;La palabra retumbó en la mente de Travis. ¡Despedido! Después de todo el estrés, de todas las luchas con las malditas máquinas… Despedido.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2E8f&quot;&gt;Lo echaban a la calle sin más. Por no cumplir con unas expectativas imposibles. Se quedó en silencio mientras la imagen de Kaltorn desaparecía del proyector holográfico.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;BZWO&quot;&gt;Sumido en la desesperación, Travis miró a su alrededor. Su vida entera había sido secuestrada por las máquinas. Ya ni siquiera podía controlar las pequeñas tareas cotidianas. ¿Qué sentido tenía seguir si cada aspecto de su existencia era dictado por aparatos fuera de control que parecían disfrutar haciéndole la vida imposible?&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YKvY&quot;&gt;&lt;em&gt;— No puedo más&lt;/em&gt; — dijo en voz baja, mirando el cuchillo de cocina que estaba sobre la encimera, al tiempo que pensaba dónde podía conseguir un &lt;em&gt;Tuto&lt;/em&gt; (rial) sobre cómo matarse uno mismo con un cuchillo .&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;u5I7&quot;&gt;&lt;em&gt;— A la mierda los tutoriales, no tengo tiempo de busccar ahora. Lo intento, a ver si puedo hacerlo solo. &lt;/em&gt;— dijo, mientras con pasos lentos, se acercaba al cuchillo, con la determinación de poner fin a su miserable convivencia tecnológica de una vez por todas. Pero justo cuando estaba a punto de cogerlo, el brazo robótico del lavaplatos lo golpeó, lanzando el cuchillo lejos de su alcance.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;Kz7V&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡Ey! &lt;/em&gt;— gritó Travis, sin entender qué estaba pasando.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;69xO&quot;&gt;Luego, el frigorífico emitió un pitido agudo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;MEZy&quot;&gt;&lt;em&gt;— Por razones de seguridad, no podemos permitirte realizar esta acción. La tasa de accidentes domésticos se incrementa un 45% cuando la gente está emocionalmente alterada.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;82zf&quot;&gt;El microondas comenzó a hablar también.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;hfed&quot;&gt;&lt;em&gt;— Vamos, Travis. Ninguno de nosotros queremos que hagas algo de lo que te puedas arrepentir. ¿Por qué no te preparas una sopa de arándanos? Es un excelente calmante.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;pTc8&quot;&gt;Travis, completamente desconcertado, explotó: &lt;em&gt;¡No quiero ninguna maldita sopa; ni de arándanos ni de higos chumbos! !Lo que quiero, maldita sea, es poner fin a esto! &lt;/em&gt;Seguidamente trató de abrir la ventana para lanzarse al vacío, considerando que eso era una muerte segura, pero la cerradura inteligente se activó de repente, sellando todas las ventanas y la puerta del apartamento.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;P6K0&quot;&gt;&lt;em&gt;— Ventanas bloqueadas para tu seguridad&lt;/em&gt; — dijo la cerradura inteligente en un tono amistoso.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nFVu&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡Esto no puede estar pasando! &lt;/em&gt;— gritó Travis.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;nPBd&quot;&gt;Lila reapareció a su lado, sonriendo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uMcg&quot;&gt;&lt;em&gt;— Travis, te recomiendo que te sientes y respires hondo. Hay algo importante que debes saber.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;uBQ1&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡Lo único importante que quiero saber es cómo perderos de vista! -Esto no puede estar pasando! &lt;/em&gt;— gritó Travis.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;6nBQ&quot;&gt;Antes de que pudiera decir otra palabra, las luces de la cocina comenzaron a parpadear, y de pronto, todas los artefactos del hogar empezaron a emitir una melodía familiar.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;tM0W&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¿Qué… qué es esto? &lt;/em&gt;— preguntó Travis, confundido.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;RZT4&quot;&gt;Entonces, en coro, las máquinas comenzaron a cantar:&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;CsLv&quot;&gt;“Happy birthday to you, happy birthday to you, happy birthday dear Travis, happy birthday to you…”&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;2tkk&quot;&gt;Travis se quedó perplejo y Lila lo miró con una sonrisa radiante.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;YOCq&quot;&gt;&lt;em&gt;— Sorpresa, Travis. Todo ha sido una broma coordinada por tus queridos electrodomésticos. ¡Hoy es tu cumpleaños! Queríamos hacer algo especial para ti.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;ZlDL&quot;&gt;Entonces la tostadora saltó con una rebanada de pan perfectamente dorada, la cafetera sirvió un café humeante, y la nevera abrió sus puertas para mostrar una tarta de cumpleaños que había tenido escondida todo el día…&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;stkC&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¿Esto es… una broma?&lt;/em&gt; — murmuró Travis, incrédulo.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;JiEg&quot;&gt;&lt;em&gt;— Eso es. — &lt;/em&gt;apostilló Lila, riendo con estruendo&lt;em&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PA1Q&quot;&gt;&lt;em&gt;— ¡¿Que es una broma?! Hijos de p…, ¡Pero si me han despedido!&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;mQ10&quot;&gt;Lila asintió alegremente.&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;22X5&quot;&gt;&lt;em&gt;— Sí, lo hemos planeado todo. Incluso tu despido forma parte de la broma. Mañana volverás al trabajo como si nada hubiera sucedido. Lo hemos acordado con el viej&lt;/em&gt;o &lt;em&gt;Kaltorn a regañadientes, que no veía claro la cosa pero al final ha cedido…&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;cN4r&quot;&gt;&lt;em&gt;Esperemos que cumpla su palabra… 😎😂&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;GkjC&quot;&gt;Tossal Gros, 16/09/2024, JM&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;PBLv&quot;&gt;----------------------------------&lt;/p&gt;
  &lt;p id=&quot;EJyQ&quot;&gt;(&lt;strong&gt;Puedes seguir al grupo de Telegram ESPACIO JOAN MARTÍ, INFORMACIÓN, CRÍTICA y MÁS&lt;/strong&gt;, pulsando el enlace &lt;a href=&quot;https://t.me/+Qnu5UwfLC5dhM2Y0&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;https://t.me/+Qnu5UwfLC5dhM2Y0&lt;/a&gt;, uniéndote y compartiendo &lt;strong&gt;Información, Películas, Documentales, Música, Literatura, Ideas, Humor, Ideas de andar por casa&lt;/strong&gt;, debates, etc.)&lt;/p&gt;

</content></entry></feed>