November 3, 2024

TEST DE TURING

El test de Turing es una prueba ideada por el matemático Alan Turing en 1950, con el fin de evaluar el nivel de inteligencia de una computadora. Es decir, hasta dónde es capaz una inteligencia artificial de emular el comportamiento y las expresiones humanas.

El test consiste en una prueba conversacional en la que un sujeto tiene dos interlocutores ocultos, de los cuales uno es una inteligencia artificial. El sujeto realiza preguntas a sus interlocutores y evalúa las respuestas con el objetivo de averiguar cuál de ellos es una máquina. Si el sujeto falla al identificar cuál de los dos es una máquina más del 30% de las veces, se considera que la máquina ha pasado la prueba con éxito, ya que ha sido capaz de exhibir un comportamiento lo suficientemente humano como para engañar a un humano real. Este éxito supondría un hito en el campo de la investigación y el desarrollo de la inteligencia artificial.

En la actualidad, basados en el creciente avance que ha habido en el campo de la IA, es posible que estas entidades puedan pasar el test de Turing. Sin embargo, esta prueba presenta algunas limitantes a la hora de medir las capacidades de una IA, pues está centrada en la habilidad de una máquina para convencer a los interlocutores sobre su humanidad; pero que una IA alcance el nivel de los humanos implica cosas más profundas, como su capacidad para entender y manifestar emociones, para ser genuinamente creativos y no solo copiadores, su capacidad para automejorarse y enmendar sus propios errores, entre otras.

De todas formas, es verdad que tenemos programas capaces de generar imágenes y videos que pueden resultar difíciles de distinguir de la realidad, sistemas de voz con características bastante humanas y chatbots que en un descuido pueden pasar como humanos en una conversación casual. Es muy seguro que actualmente se desarrollan sistemas más robustos en este aspecto, capaces de alcanzar una inteligencia insospechada. Este vertiginoso desarrollo puede dar paso a una era en la que sea aún más difícil distinguir a una persona real de una máquina.

Dado el desarrollo actual de estas tecnologías, en 5 o 10 años podríamos tener máquinas capaces de hacernos creer que hay una conciencia real detrás de ellas. Sin embargo, así como la complejidad mecánica de un auto o un avión no lo hace un “animal vivo” capaz de moverse por sí mismo y realizar maniobras, la complejidad de un programa de computadora que emula el pensamiento humano y que parece ser como un humano no lo hace un ser vivo o portador de conciencia, sino que más bien somos nosotros quienes, maravillados ante tanta complejidad, llegamos a realizar abstracciones que nos hacen ver patrones donde posiblemente no los hay, como rostros en los árboles, constelaciones en el cielo o humanidad en una máquina.

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