En estos terrenos
Yo nunca he visto fantasmas. Mi hermano sí. Él ha visto con sus ojos, escuchado con sus oídos y sentido el tacto en sus manos de lo que sea que ande por ahí, por los terrenos de esta casa.
La casa de mi abuela antes era un lugar de encuentro bastante común para estos seres. Mi hermano tuvo la mala suerte de estar ahí para ver cómo una mujer de vestido negro pasaba frente a la ventana del cuarto, dejando entrever su sombra a través de la tela traslúcida de la cortina. Además, afirma haber visto a una persona extraña en la casa de mi tía, al lado de la de mi abuela. Una persona caminando cuando no hay nadie, una sombra, un barro, un ser desconocido.
En nuestra casa, que está en un pueblo distinto, mi hermano también ha visto y sentido cosas. Han sido episodios bastante traumáticos. Me deja sorprendido que yo no haya sido testigo de ninguno, dada la actividad tan fuerte que hay aquí. Pero tampoco es que esté esperando que me pase algo así, no es algo que quiera experimentar.
Sin embargo, sí que he experimentado algo que se le acerca bastante. Es algo en lo que no he dejado de pensar desde que ocurrió hace ya un tiempo. Fue un sueño que tuve.
Mis padres ya no estaban en el país para cuando tuve ese sueño. De todas formas, sigo soñando con ellos hasta el sol de hoy. Sueño que están aquí, que hablamos. Han pasado más de 7 años.
El caso es que ya estábamos solamente mi hermano y yo en la casa y últimamente a mi hermano le habían venido pasando estas cosas extrañas. Veía sombras, personas en la oscuridad que se parecían a mí. Hubo un tiempo en que la sala no tenía luz, ya que el bombillo se había quemado y no habíamos comprado otro. Yo solía sentarme en la mesa que está en el centro para escribir y leer, por lo que era ya costumbre que, al salir del cuarto, mi hermano me encontrara ahí. Pero a veces no estaba ahí y aún así mi hermano me veía, incluso me veía levantarme y moverme a otro cuarto, pero no era yo, era una sombra. En otro momento, una noche en la que se fue la luz, estábamos en completa oscuridad en el cuarto, tratando de dormir, cuando mi hermano sintió que una mano le agarró el dedo. Según sus palabras, sintió unos dedos de uñas largas que tomaron su dedo índice y lo acariciaron. Tuvimos que seguir durmiendo con la linterna de los celulares encendida. Ya después, con el tiempo, como estas cosas siguieron pasando, mi hermano tuvo que empezar a dejar la luz del cuarto encendida para dormir.
En fin, que me desvío. Sucedió que, en el sueño, estábamos mi hermano, mi mamá y yo. No había luz. Eran alrededor de las cinco o seis de la tarde, el sol ya se había ocultado, pero aún había una tenue luz azul que llegaba a algunas partes de la casa, mientras que otras estaban en completa oscuridad, como las habitaciones y sobre todo el baño. Estábamos en la cocina, haciendo la cena. De pronto, mi mamá decidió ir a bañarse. El baño está dentro de una habitación y hay una puerta que conecta la habitación con éste. Así que quedamos nosotros en la cocina mientras ella entraba a la habitación para ir al baño. Luego de un rato, oí que mi mamá empezó a gritar desde el baño. Corrimos con los teléfonos en linterna, golpeamos las puertas y entramos al baño. Cuando iluminamos hacia mi mamá, fue algo muy rápido: una sombra se ocultó en la oscuridad. Pudimos ver, en el brevísimo instante antes de eso, que unas manos estaban en el cuello de mi mamá. La sombra desapareció en lo oscuro. De alguna forma, como si fuera en mi mente, pude ver cómo esta sombra había estado estrangulando a mi mamá quien, no sé por qué, se estaba bañando en absoluta oscuridad.
Luego de eso, escuché una voz, como alguien explicándome lo que había pasado, contándome una historia. De inmediato el plano cambió y podía ver todo el panorama, como si estuviera en una película. Podía ver sombras desplazándose por todo el patio, por la paredes de afuera de la casa, ocultándose por hendiduras, escondiéndose en lo oscuro. La voz me dijo que esos eran seres de sombras, que eran criaturas que habían habitado estos terrenos desde mucho antes de que viviera gente por aquí. Rondaban el patio, se metían a las casas y hacían de las suyas. Proliferaban allí donde hubiera oscuridad, en esos lugares de la casa que fueran propicios a ser oscuros. Que debíamos procurar que no hubiera oscuridad en la casa, que la ilumináramos, para que ellos no pudieran estar allí. Me contó entonces cosas que pasaron en la vida real: me dijo que aquellas cosas que mi hermano veía en la sala cuando estaba a oscuras eran estos seres; que aquella cosa de uñas largas que agarró el dedo de mi hermano era uno de estos seres; que aquellos seres cabeza de sartén que vio mi hermano un día que la casa de abajo quedó sola cuando se llevaron a mi abuela, la madre de mi papá, que en paz descanse, al hospital y que a veces también los veía asomarse por la puerta del cuarto, desde la oscuridad de la cocina, eran esos seres, que habían estado aquí desde hace mucho tiempo. El sueño terminó.
Nunca había tenido un sueño tan extraño, uno que se correlacionara con la realidad de esa manera. Mis sueños siempre han hecho referencia a supuestos hechos pasados que durante el sueño me digo a mí mismo que sí pasaron, incluso los recuerdo (en el sueño claro), pero cuando despierto me doy cuenta de que en realidad son cosas que no pasaron o los olvido y me da la sensación de que son cosas que ocurren en realidades alternas. Pero nunca un sueño había hecho una referencia tan clara a la realidad.
Cuando le conté el sueño a mi hermano, me dio dos interpretaciones. La interpretación literal es que, sí, debíamos comprar los bombillos para esas partes de la casa donde faltaban y procurar cambiarlos tan pronto como se quemaran para que la casa no quedara oscura. La otra interpretación, la simbólica, es que esa oscuridad de la que me habló la voz bien pueden ser momentos de estrés o de rabia, que llenan la casa de un ambiente negativo, y que tendríamos que procurar mejorar eso.
(se acaba de ir la luz mientras escribo esto, estoy alumbrado solo por la linterna del teléfono).
Desde ese sueño han pasado muchas cosas. Mi hermano ha seguido viendo a las sombras, a pesar de que no hay un rincón de la casa a oscuras. Todas las luces de la casa quedan prendidas todo el día y toda la noche. Antes dormíamos los dos en el mismo cuarto, diferentes camas, pero él tuvo que mudarse al otro cuarto, que antes estaba solo, donde está la cama de mis padres, porque su colchón ya no le resulta cómodo, entonces dormimos en cuartos separados. Él duerme en aquel cuarto con la luz prendida y yo duermo en el cuarto de nosotros con la luz apagada, pero con la puerta entreabierta para que entre la luz de la cocina. Él siguió viendo las sombras después de todo eso, sí. Las describe a veces como trapos negros, como una tela muy gruesa, muy profunda, trapos bailando, partículas. Yo no he visto, pero muchas veces ocurrió estando yo presente. Entonces asumo que es algo que solo él puede ver. Que tiene el don de ver esas cosas.
Pensó que mudándose de cuarto dejarían de atormentarlo estos seres, y durante un tiempo fue así. Pero después volvió a ocurrir, no ya viendo sombras, sino sintiendo extrañas presencias.
Mi hermano ha tenido muchos episodios extraños en la vida real que dan para muchas historias, pero quiero cerrar con uno muy reciente que se relaciona estrechamente con lo que me pasó a mí y sí, también fue un sueño.
Antes de que mi hermano tuviera ese sueño, ocurrió que una noche de luna llena se fue la luz. Estábamos ya en los cuartos separados y mi hermano escuchó el llanto o el quejido de una persona. Me envió mensajes por teléfono para ver si yo también lo escuchaba y le respondí que no. Luego me dijo que me fuera para allá con él, que me iba a buscar. Vino hasta mi cuarto y los dos fuimos lentamente por la sala hasta el otro cuarto, con las linternas apagadas. Antes de entrar, nos asomamos por la puerta del frente, para ver la calle. Vivimos en un primer piso, sobre la casa de mi difunta abuela paterna, y nuestra casa está al final de la calle, de frente hacia ella, por lo que tenemos una buena vista de toda la calle. Vimos por la ventanilla de la puerta a ver qué había en la calle iluminada por la luna. Mi hermano dice que vio una mujer de vestido negro que aparecía y desaparecía en distintos puntos de la calle y también escuchaba el llanto. Yo no podía ver nada y no puedo asegurar si escuché ese llanto, pudo ser un gallo o no sé. Lo que sí vi fue a un señor, el vecino que vive en la casa de al lado, corriendo desde la esquina. Bueno, vi la linterna de su teléfono que se agitaba de tal forma que se distinguía que estaba corriendo, a lo mejor huyendo de lo que sea que hubiera en la calle. Lo vimos hasta que entró a su casa. Luego nos acostamos.
Pasaron los días y mi hermano me contó que tuvo un sueño. En el sueño venía con otras personas, como haciendo de guía. Venían bajando por esa misma calle hacia acá, hacia el terreno donde está la casa, pero la casa no estaba, era como si estuviera en una época antigua en la que no había nada en este terreno. Se supone que iban a descender por la espesura, pero las personas que venían con él se detuvieron al ver a una mujer al fondo del camino. Era una mujer toda vestida de negro, toda tapada, guantes, velo, todo oscuro. La gente se regresó corriendo, no siguieron el camino. Luego el sueño cambió. Ahora mi hermano estaba entrando a la casa. La casa estaba como sola y era como si estuviera regresando después de mucho tiempo sin venir por estos lados. Al entrar, vio que había muchas velas puestas en varios lugares de la casa, algunas apagadas y otras encendidas. Las velas emitían una llama negra. Mi hermano cuenta que le acercó el dedo a una llama y no se quemó, ni siquiera la sintió y era como si la llama fuera un holograma que traspasaba su dedo. De repente vio a una persona de pie en el umbral que conecta la sala con la cocina. Era la mujer de antes, toda vestida de negro, con guantes y velo.
La mujer le dijo: “yo soy la sayona. He habitado estos terrenos desde hace mucho tiempo. Yo respeto que ustedes vivan aquí, pero ustedes también deben respetar mi presencia”.
Tras decir eso, hizo un ademan con la mano y se encendieron varias velas. Mi hermano entonces acercó la mano a algunas velas y estas también se encendieron.
El sueño terminó y mi hermano despertó. Se escuchaban los perros vecinos ladrando, enloquecidos.
No sé, pero la única presencia que hay en mi casa es la de Dios. No sé qué sean esas cosas, si sean sombras, si sea la sayona o como quieran venir a llamarse, pero bueno. No sé qué hacer ni qué pensar.