June 8

Maduro escribe como pastor, pero manda como soldado: la carta bíblica del 7 de junio vista desde el pensamiento del comandante Chávez

Opinión

Si algo nos enseñó el Comandante es que la política venezolana no se entiende sin la Biblia en una mano y el fusil en la otra. Ayer, (07/06/2026) Nicolás Maduro nos regaló una carta fechada en Nueva York –sí, justo en la guarida del imperio– titulada “Domingo de Comunión con Dios y entre nosotros”. Y al leerla, uno no puede evitar preguntarse: ¿esto es un acto de fe o una instrucción desde retaguardia?

Desde el pensamiento de Hugo Chávez, vemos tres capas.

Primera capa: el lenguaje de Camilo.

Chávez hablaba de Jesucristo como “el primer socialista”. Maduro ahora cita tres veces la Primera Carta de Juan (1,3-4; 2,24; 2,28). No es casual. La frase “permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio” es un llamado directo a no desertar, a no negociar con la oposición, a no avergonzarse ante el “Día de su Venida”. ¿Día de qué venida? Pregúntenle al que entienda: puede ser la del Señor, o la de una nueva ofensiva política. Eso lo escribió un hombre que sabe que la fe sin disciplina es solo entusiasmo.

Segunda capa: el problema de la fecha y el lugar.

Nueva York, 7 de junio de 2026. ¿Por qué Maduro escribe desde la ciudad que suele llamar “símbolo del capitalismo salvaje”? Porque lo hace para mostrar que ni allí se esconde. Es la misma jugada de Chávez cuando en la ONU dijo “huele a azufre”. Hoy Maduro pide bendiciones para Venezuela desde la misma tierra que sanciona a su gobierno. Es una provocación mística: “Dios está conmigo aunque ustedes no”.

Tercera capa: la comunión como control.

El texto insiste en “vivir en comunidad, paz y unión”. Pero el chavismo original nunca confundió unión con sumisión. Aquí, “permanecer en el Hijo y en el Padre” se lee como “permanecer en el liderazgo único”. No hay espacio para la duda. El llamado a “no sentir vergüenza” es un mecanismo de lealtad incondicional. Y eso, querida lectora, querido lector, no lo inventó la teología de la liberación: lo inventó el poder cuando necesita inmunizar a sus bases contra el desgaste.

Conclusión para las y los que aún creen en el legado:

A Chávez le gustaba decir “los árboles se siembran mirando hacia arriba”. Esta carta de Maduro mira hacia arriba, sí, pero también hacia atrás: al principio fundacional, a la épica original, a la militancia que todavía cree que la fe mueve montañas. El problema es que hoy las montañas son otras: hambre, pobreza, parcialismo, invalidaciones, diálogo hipotecado. Y la Biblia, por más que la cites, no es suficiente, hace falta la obra, la voluntad, la formación.

Maduro será recordado como el discípulo que aprendió las citas bíblicas de memoria, como aquel que tomó la llave, el derrotero construido por Chávez hoy hecho ley, encendió el autobús, y nos llevó a todas y a todos transitando una avenida de victorias. Por ahora, nos quedamos con el domingo de comunión. Mañana, veremos si esa comunión se traduce en organización y lucha.