November 25, 2021

Estuve con un casado

¿Les ha pasado que no sienten la chispa hasta que realmente la sienten? De eso se trata esta historia.

Yo pasaba por una época extraña, de esas que se acompañan de pastillas con las que no puedes mezclar alcohol y que buscas todos los medios para olvidar a tu ex. Y un día conversando con mi muy cercano amigo le comenté lo "poco mujer" que me sentía en ese momento, poco atractiva y sobre todo poco atractiva sexual. A lo que él respondió como yo no esperaría por ser un hombre casado. Insinuó que él tendría sexo conmigo, y luego pasó de la insinuación a decir directamente que lo había pensado varias veces y ahí comenzó todo. Recordó veces en que compartimos taxi y cómo esperaba que yo lo invitara a pasar para cogerme de todas las formas inimaginables.

Javier tiene la piel clara y cabello obscuro con barba de candado bien cuidada, mide como 1.80, de complexión firme, tiene un apellido rimbombante de esos que solo tienen los que vienen de cierta posición económica (al menos en mi ciudad).

Conocí a Javier en un empleo donde coincidimos, no estábamos en la misma área, pero nuestros equipos estaban en constante colaboración. Javi es de esas personas que son graciosas y enigmáticos, pero en lo personal para mí se volvía más atractivo cuando tomaba su postura como experto en lo suyo, mientras yo hablaba como experta en lo mío y debatíamos contra el reloj. Durante esos debates era obvio que la chispa estaba, pero yo no la veía... o no la quería ver, porque incluso compañeras me hacían bromas respecto a la química que se nos daba y yo respondía que no, que conocía a su esposa y que ellos como pareja habían estado en la misma casa que yo compartía con unas amigas.

Después de su amable oferta para ayudarme a recordar lo sexual que puedo ser, yo ya sólo podía imaginarlo besándome y tocándome toda. Solo podía soñar con su bello facial y aroma masculino en mi cuello, deteniéndose ahí mientras su manos recorrían el resto de mi cuerpo, así que me convertí en una bomba de tiempo lista para explotar a la mínima provocación... la que no tardó en llegar pues casualmente una de mis rumis tenía que salir de la ciudad y la otra pasaría el fin de semana con temas de su trabajo fuera de casa.

Yo ya no podía parar, ya ni escuchaba la pequeña voz en mi cabeza que decía lo mal que estaba desear a un hombre casado (ya saben, voz implantada por las monjas en la infancia). Los roces en la oficina eran inevitables, jadeaba inconscientemente solo al respirar su aroma.

Recuerdo en especial una semana en la que yo estaba frente a mi monitor y él se acercó rodeandome con un brazo a cada lado mío, sentía su aliento demasiado cerca y no solo su aliento, todo él estaba sobre de mí, solo el respaldo de la silla se interponía entre nosotros, mi respiración se aceleró y yo ya no sabía qué se supone que veíamos en mi pantalla, podía sentir cómo se movía para que yo sintiera su miembro sobre mi brazo. No pasó más... y al día siguiente no coincidimos en la oficina, pero por mensajes de whatsapp nos pusimos de acuerdo para tomar algo en mi casa durante el fin aprovechando que mis rumis no estarían, una viajaría con su novio por su aniversario y la otra iría a su pueblo a visitar a su familia, por lo que él llegaría ese sábado a las 2pm.

El tiempo me parecía eterno entre los mensajes y que se diera la hora acordada, apenas estaban por dar la 12 cuando sonó el timbre y bajé rápidamente para abrir sin notar siquiera lo temprano que era, por lo que mi sorpresa fue real al encontrarme en la puerta a la señora Lucy, quien nos ayudaba a mí y mis amigas con las labores del hogar una vez por semana.

Cuando la Sra. Lucy entró me quedé un momento en la puerta, pensando seriamente qué podría decirle para que se fuera y regresara la siguiente semana, pero no pude pensar en una excusa lo suficientemente buena como para no tener que mentir después a mis rumis (otro día les contaré de la vez que con unos cigarros graciosos y unas botellas de tequila la pasamo muy bien Ana, Karen y yo). La señora comenzó el aseo como cada semana y yo daba vueltas pensando qué hacer cuando mi celular sonó y era él... era Javier, me esperaba en la puerta de mi casa, pero por algún motivo no había timbrado la puerta.

-Karen me dijo que su cuarto estaría cerrado y hoy no lo voy a poder limpiar- Me avisó la Sra, Lucy mientras yo dejé de escucharla y me dirigía a la puerta. La Sra. Lucy me había dado una respuesta que ni imaginaba.

Me dirigí a la puerta corriendo, cuidando que Lucy no me viera, para que después ni Ana, ni Karen se enteraran de mi invitado, ni de lo que planeaba hacer con él (Sobre todo no Karen)

Abrí rápido, tomé a Javier de la muñeca haciéndolo pasar, mientras con la otra mano le tapaba la boca, su cara fue de sorpresa y por un segundo yo olvidé lo que él hacía en mi puerta, de no ser porque empecé a sentir su cuerpo muy cerca del mío, tanto que su respiración caliente quemó mi mano, su olor a colonia masculina y pasta dental me golpearon fuerte en el deseo. En ese momento habría dejado que me hiciera de todo, se lo habría pedido de no ser porque escuché a la Sra. Lucy en el patio lavando algo, lo que me hizo regresar a la realidad. Cerré la puerta principal rápidamente, y llevé a Javier hasta el cuerto de Karen encerrándonos en un segundo.

Apenas la puerta se cerró y sentí un calor recorrerme, él acortó la distancia y sentía su mirada desnudarme y recorrerme, así sin haberme tocado yo ya lo deseaba con todo mi cuerpo, en todo mi cuerpo; fue cuando me besó, me besó como nadie me había besado nunca, su lengua invadió mi boca como si fuera algo de su propiedad mientras que sus manos apretaban mi carne por todos lados: primero mis caderas, luego mis nalgas, subía y bajaba apretando mis pechos y acercando mi rostro al suyo. Yo ya no pensaba, solo podía intentar no olvidar respirar entre besos y jadeos.

Arquée la espalda pegando mis pechos a él, mientras sentía sus manos en mis nalgas estrujándolas y pegándolas a su erección. En poco tiempo la ropa desapareció y no supe en qué momento estábamos sobre la cama de mi compañera de casa con su boca en mis pezones y sus manos enterrándose en mi cintura mientras los besos bajaban hasta llegar a mi vulva que ya estába escurriendo por él. ¿Alguna ves haz visto a un perro callejero rompiendo una bolsa de basura con restos de comida? Así me comía Javi mientras yo gemía fuerte olvidando que la Sra Lucy se encontraba cerca haciendo el aseo de la casa. Mi espalda se arqueó mientras yo llegaba a mi primer y segundo orgasmo, pero sentía que no era suficiente, yo deseaba más y sabía que él también. Le urgí que dejara de comerme, me iba a volver loca y yo ya no quería otro orgasmo en su boca. Se irgió con media sonrisa de lado, sabiendo que yo ya era otra presa marcada como suya y que ya no había vuelta atrás. Yo lo giré y su erección apuntó al techo de la habitación. Había algo demasiado morboso en coger en la cama de mi amiga con un hombre casado, eran demasiadas cosas "prohibidas" y se apoderó de mí un espíritu muy aventurero, lo monté en ese instante.

De un golpe lo sentí entrar completamente en mí, me llenaba completamente, sentía mis jugos y su verga y mi vagina apretándolo mientras me movía atrás y adelante y arriba y abajo toda descontrolada, corriendo tras un nuevo orgasmo que pensaba que no tardaría en llegar, de no ser porque él me quitó de sobre de él.

  • Me vas a volver loco, mujer. - dijo mientras me arrojaba sobre la cama.

Creo que hice un puchero, porque me había quitado el orgasmo que estaba por lograr, pero sobretodo porque me sentía vacía sin su miembro marcado de venas dentro de mí. Al instante supe que no iba a dejarlo en paz, me acerqué a él de rodillas y lo jalé para chuparle la verga, sabía deliciosa con un tenue olor a jabón, yo lo lamía con un deseo que me estaba volviendo loca, lo escuché suspirar, cerrar sus ojos y apretarlos con una mano con el rostro al techo, me retiró con calma con la otra mano.

Y yo de nuevo me sentía incompleta sin su verga.

  • Por favor - le supliqué sin saber lo que hacía, ahí de rodillas frente a él con carita de puchero.

Algo en su cara cambió, antes era caliente, pero ahora se volvió una bestia, me puso en cuatro y comenzó a entrar y salir de mí, yo sentía que mis piernas ya no me podían y sus manos me apretaban tanto la cadera que ya me dolían, pero el placer era igual de intenso. Escuchaba mis líquidos con sus estocadas como si alguien corriera sobre un charco. No sé si fui yo o él primero, pero nuestros orgasmos nos alcanzaron, sentí que se vino dentro de mí, podía sentir su leche llenándome y mi orgasmo era arrollador, yo temblaba, babeaba y no controlaba absolutamente ningún músculo de mi cuerpo. Creo que me desmayé porque al abrir los ojos él ya no estaba dentro de mí, estaba desnudo y fumando viendo por la ventana, giró su rostro y hacia mí y me sonrió.