
La vida cristiana está marcada por un gozo que trasciende las circunstancias. No se trata de una alegría superficial, sino de un regocijo profundo que nace del conocimiento de Dios y de sus promesas eternas. Aun en medio de pruebas y dificultades, los creyentes pueden experimentar un gozo inefable y glorioso, porque saben que su esperanza está segura en Cristo y que todo lo que ocurre está bajo el control soberano de Dios.

25 Jesús conocía sus pensamientos y les contestó: «Todo reino dividido por una guerra civil está condenado al fracaso. Una ciudad o una familia dividida por peleas se desintegrará.

Judas 1:19 describe a los falsos maestros que se han infiltrado en la comunidad de fieles, identificándolos por sus acciones y su estado espiritual. El versículo dice:

El conflicto personal es una realidad ineludible en toda comunidad humana, incluyendo la iglesia. La Biblia es franca al señalar que las raíces de la discordia suelen encontrarse en el orgullo, el egoísmo y las ofensas no perdonadas (Santiago 4:1-10). Ejemplos como el conflicto entre Evodia y Síntique en Filipos nos recuerdan que incluso los creyentes dedicados pueden causar "estragos" en la unidad del cuerpo de Cristo si el enfoque no está puesto en el amor.

En un mundo cada vez más polarizado y en constante búsqueda de conexión, el mensaje bíblico de unidad y armonía resuena con una urgencia especial. Como creyentes, no estamos exentos de las tensiones y los conflictos que nos rodean; de hecho, la historia nos muestra que incluso dentro de las comunidades de fe pueden surgir desavenencias que amenazan la estabilidad y el testimonio. El apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, nos lanza un claro desafío en

Casi todos deseamos permanecer firmes y no tropezar en nuestro caminar espiritual. Nadie quiere ser aplastado bajo el peso de las pruebas de la vida ni ser derrotado por el ataque furioso del mundo, de la carne y de Satanás. Esta búsqueda de resiliencia es una experiencia humana universal, un anhelo profundo por encontrar una fortaleza que nos sostenga cuando las circunstancias nos superan.

¿Alguna vez has sentido que los vientos de la adversidad o la duda amenazan con derribar tu fe?