Tristeza convertida en Gozo
Jua 16:18 Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla.
Jua 16:19 Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis?
Jua 16:20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.
Jua 16:21 La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
Jua 16:22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.
Vuestra tristeza se convertirá en gozo, de una manera sobrenatural.
Su dolor particular fue la muerte y ausencia de su SEÑOR, y se convirtió en gozo cuando Él resucitó de entre los muertos y se mostró en medio de ellos. Todos los dolores de los santos serán así transmutados, incluso los peores de ellos, que parecen como si fueran a permanecer por siempre como fuentes de amargura.
Entonces, cuanto más dolor, más gozo. Si tenemos montones de dolor, entonces el poder del SEÑOR los convertirá en toneladas de gozo. Entonces, cuanto más amargo sea el problema, más dulce será el placer: el balanceo del péndulo hacia la izquierda hará que se desplace aún más hacia la derecha. El recuerdo del dolor realzará el sabor del deleite: pondremos uno en contraste con el otro, y el brillo del diamante se verá más claramente debido a la lámina negra detrás de él.
La labor de Dios no era reemplazar su tristeza con gozo, sino convertir la tristeza en gozo como a menudo hace en nuestras vidas. La tristeza estaría directamente conectada con su futuro gozo, así como el dolor de una mujer en el parto está directamente conectado con su gozo de traer a un bebe al mundo
Qué contraste entre los discípulos y el mundo! El mundo se regocijaba mientras los discípulos lloraban, pero los discípulos lo volverían a ver (en tres días) y se regocijarían. Los valores del mundo a menudo se oponen a los valores de Dios. Esto puede hacer que los cristianos tengan la sensación de estar fuera de ambiente. Pero aun cuando la vida sea difícil ahora, un día nos regocijaremos. ¡Mantenga la vista puesta en el futuro y en las promesas de Dios!
Viene un dolor al impío que nada puede aminorar; el creyente es heredero del gozo que nadie puede quitar. ¿Dónde está ahora el gozo de los asesinos de nuestro Señor y el dolor de sus amigos?. Habrá un tiempo que parecerá que ser cristiano no trae más que sufrimiento, y ser del mundo nada más que bienestar; pero llegará el día en que se volverán las tornas. La alegría descuidada del mundo se cambiará en tristeza, y la aparente tristeza del cristiano se tornará alegría. El cristiano debe recordar siempre, cuando tenga que pagar cara su fe, que ese no es el fin de todo, y que la tristeza se tornará alegría.
La alegría cristiana tendrá dos preciosas características.
(a) Nunca nos será arrebatada. Es un hecho innegable. La alegría que produce el mundo está a merced del mundo; la que da Cristo es independiente de todo lo que el mundo pueda hacer.
(b) Será completa. En la alegría del mundo siempre hay algo que falta. Es una alegria que nunca es satisfecha. En la alegría cristiana, en el gozo de la presencia de Cristo, no hay ningún vestigio de imperfección. Es perfecto y completo.
Reflexionemos:
«Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.» 2Co_7:10.
La «tristeza que es según Dios» es aquella que surge de un corazón en sintonía con su voluntad, un corazón que se pesa por el pecado y busca una reconciliación auténtica. Esta tristeza genera un arrepentimiento genuino, que nos lleva a un cambio radical en nuestra forma de vivir, a acercarnos a Dios buscando Su perdón y dirección. Es importante recordar que este proceso es liberador y nos ofrece la oportunidad de experimentar la salvación; es un regalo divino que nadie debería desaprovechar.
En contraste, la «tristeza del mundo» conlleva una desesperanza que puede llevar a la muerte espiritual. Esta tristeza nos arrastra a un ciclo vicioso de pena y desánimo, donde el dolor y la culpa nos separan aún más de nuestro Creador. Esta tristeza nos deja vacíos, buscando soluciones temporales en las cosas materiales o en relaciones que no llenan nuestro verdadero anhelo de paz y sentido.
Así que, ¿Cómo podemos aprovechar esta enseñanza en nuestro día a día? Podemos comenzar por revisar nuestras propias tristezas. Cuando nos sintamos abrumados, preguntémonos: «¿Esta tristeza me acerca a Dios o me aleja de Él?» Al reconocer la fuente de nuestra tristeza, tendremos el poder de orientar nuestras emociones de manera constructiva. En vez de permitir que el dolor nos consuma, hagamos de nuestra tristeza un camino hacia la redención y la celebración de la vida nueva en Cristo.
ORACION
Señor, hoy venimos ante Ti reconociendo que a veces experimentamos tristezas que nos alejan de Tu luz. Ayúdanos a discernir entre la tristeza que viene de Ti y la que nos ofrece el mundo. Queremos que cualquier pesar en nuestro corazón produzca transformación en nuestra vida, que nos acerque más a Ti y nos lleve a un arrepentimiento sincero.
Gracias, por que pronto disfrutaremos de la alegria y el gozo de estar junto a ti en tu presencia. Padre, solo tu puedes transformar mi tristeza, mi lamento, en gozo.
Anímate, tu que estas triste. anímate! levantate! Dentro de poco estaré tan contento como ahora estoy triste. Jesús me dice que por una alquimia celestial mi tristeza se convertirá en alegría. No veo cómo será, pero lo creo y comienzo a cantar con anticipación. Esta depresión de espíritu no durará mucho; pronto estaré entre los felices que alaban al Señor día y noche, y allí cantaré acerca de la misericordia que me libró de grandes aflicciones.
Dios te bendiga abundantemente
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