Tendré misericordia
Rom 9:13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
Rom 9:14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.
Rom 9:15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.
En estas palabras el Señor, de la manera más clara, reclama el derecho de dar o denegar su misericordia según su propia voluntad soberana. Así como la prerrogativa de vida y muerte está conferida al monarca, así también el Juez de toda la tierra tiene el derecho de perdonar o condenar al culpable, como mejor le parezca. Los hombres, por sus pecados, han perdido todo derecho ante Dios; merecen perecer por sus pecados, y si todos lo hacen, no tienen base para quejarse.
Si el Señor interviene para salvar a alguien, puede hacerlo si los fines de la justicia no son frustrados; Pero si juzga que es mejor dejar que el condenado sufra la sentencia justa, nadie puede acusarlo en su tribunal.
Tendré misericordia del que yo tenga misericordia: Recuerda lo que es la misericordia. La misericordia es no obtener lo que merecemos. Dios nunca es menos que justo con nadie, pero reserva el derecho de ser más que justo con los individuos que Él elige. Si Dios está obligado a mostrar misericordia, entonces no es misericordia, es obligación.
Pablo en este pasaje se hace una pregunta y el mismo la responde ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Veamos un ejemplo. Un rey, un presidente decide indultar, otorgar un perdón a un condenado a muerte por delitos graves. Ahora bien, lo hace con una persona pero no con el resto de los presos y condenados. ¿es este rey o presidente injusto por no hacerlo con todos?
Dios expresa su derecho a dar misericordia a quien quiera en Éxo_33:19. Dios nunca es menos que justo con nadie, pero reserva el derecho de ser más que justo con los individuos que Él elige. Jesús habló de este derecho de Dios en la parábola del señor de la viña en Mat_20:1-16.
Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia: La misericordia de Dios no nos es dada debido a lo que deseamos hacer (del que quiere), o por lo que realmente hacemos (del que corre), es simplemente de Su deseo de mostrar misericordia.
Cuando somos llevados a ver nuestra propia ruina total y nuestro mal merecido, y la justicia del veredicto divino contra el pecado, ya no cuestionamos la verdad de que el Señor no está obligado a salvarnos; no murmuramos si elige salvar a otros, como si nos estuviera haciendo un daño, sino que sentimos que si se digna mirarnos, será su propio acto libre de bondad inmerecida, por el cual bendeciremos su nombre por siempre.
¿Cómo podrán los que son los sujetos de la elección divina adorar suficientemente la gracia de Dios? No tienen lugar para jactarse, porque la soberanía la excluye de la manera más efectiva. Sólo la voluntad del Señor es glorificada, y la noción misma del mérito humano es arrojada al desprecio eterno. No hay doctrina más humillante en las Escrituras que la de la elección, y ninguna que promueva más la gratitud y, en consecuencia, ninguna que sea más santificadora. Los creyentes no deben tenerle miedo, sino regocijarse en ella con adoración.
ORACION
Gracias Padre amado y misericordioso, por tu amor y por darme la salvación y tener misericordia de mi. Ayúdame a vivir conforme a la gracia que has derramado en mi ser. Gracias Jesús por tu sacrificio en la cruz, que nos permite tener acceso al Padre por medio e ti.
Dios te bendiga abundantemente