Sueño de mamá y Dante

Mi madre trabajaba en un lugar ubicado en otro mundo, en una dimensión distinta a la cual, sin embargo, yo podía acceder de alguna forma que ahora no recuerdo. A través de un portal, quizá, que yo sabía cómo abrir para ir y venir. Aquel lugar, aquella dimensión extraña, era a veces el Expendio Bimbo, a veces una especie de mall muy antiguo, recargado de pesadas alfombras y una decoración anacrónica y con más visos de pretendida sofisticación que algo realmente elegante, como la decoración de ciertos teatros o salas de cine que en su época fueron lo máximo y ahora parecen de mal gusto. Mi mamá realizaba alguna tarea sencilla y recuerdo haberla descubierto, tras regresar a ese mundo, comiendo un pan dulce achocolatado. Aquello me ponía fúrico y la reprendía duramente. Le reprochaba aquel comportamiento irresponsable. Ella estaba enferma y no podía comer esas cosas, que no me engañara. Después me iba. En el regreso a la zona del sueño donde se hallaba el portal, me encontraba con unos tipos que discutían si aquel decorado era real o no, o si coincidía al menos con lo que había antes, y ahí me descubría en el interior de un camión gigantesco. Uno de los tipos que alegaba, parecido a Dante Spinetta, explicaba que la rampa con que te encontrabas al subir al camión aquel había sido en otro tiempo, o en su versión original, más o menos pronunciada, o era más ancha o menos alta o algo era distinto en ella. Yo no podía estar más de acuerdo con aquellas impresiones porque recordaba todo vívidamente, recordaba cómo era antes y no coincidía con lo que veíamos en ese momento.