May 26

Venezuela se alza en una ola de protestas cívicas y populares contra el simulacro militar inglés

Caracas, 23 de mayo de 2026 – Una profunda indignación recorrió este sábado las calles y las redes sociales de Venezuela. Miles de ciudadanos, movimientos sociales y figuras políticas protagonizaron una jornada de rechazo cívico contra el ejercicio militar inglés, que tropas de Estados Unidos llevaron a cabo en su embajada en Caracas. El sobrevuelo de dos aeronaves MV-22B Osprey y el despliegue del jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan, fueron percibidos por una amplia mayoría no como un "simulacro de evacuación" rutinario, sino como una nueva y humillante provocación contra la soberanía nacional.

La acción militar estadounidense, avalada por el gobierno interino de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, desató una tormenta de repudio que se manifestó de forma diversa y contundente. La respuesta, sin embargo, no se limitó a las calles: una oleada de comunicados, declaraciones y mensajes de repudio emanó desde distintos sectores de la vida nacional.

"El silencio ha sido roto": la condena unánime de líderes y organizaciones

Conforme avanzaba el día, se fueron conociendo los múltiples pronunciamientos que condenaron los ejercicios militares. La Vanguardia Ciudadana por la Democracia (VCD) y el Bloque Histórico Popular (BHP) presentaron un documento jurídico detallado en el que calificaron el hecho como una "flagrante transgresión al ordenamiento jurídico venezolano", denunciando la "usurpación de funciones parlamentarias" y una "violación de la inviolabilidad territorial" por parte de la administración interina. En un comunicado conjunto, exigieron el fin de lo que llamaron "la administración colonial que se nos ha impuesto como nación" y responsabilidades penales para quienes avalaron el despliegue.

La base del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar también alzó su voz. La Unidad de Batalla Bolívar-Chávez (UBCh) Manuela Álvarez de Sosa emitió un comunicado en el que rechazó categóricamente las maniobras, calificando el sobrevuelo de las aeronaves como una "violación flagrante de nuestra soberanía". En un lenguaje profundamente bolivariano, denunciaron que se pretende "normalizar la presencia de tropas extranjeras en nuestro suelo sagrado" y llamaron a la militancia a "no rendirse y mantener la dignidad en alto".

Desde la dirigencia política, el exministro y diputado Jorge Arreaza realizó un gesto simbólico de protesta al publicar en sus redes sociales la imagen de la bandera venezolana sin ningún texto adicional, una señal interpretada como una muestra de malestar interno dentro de las propias filas oficialistas por la presencia militar estadounidense. De manera similar, el comunicador chavista Oswaldo Rivero, conocido popularmente como "Cabeza e' Mango", expresó su rechazo de manera pública y convocó a sus seguidores a manifestarse en las calles.

Quizás uno de los mensajes de mayor calado fue el del exvicepresidente de la República, Elías Jaua Milano, quien en un emotivo comunicado titulado "El silencio ha sido roto", expresó su agradecimiento "a cada venezolano y venezolana que hoy expresó su rabia, su inconformidad". En su escrito, Jaua enumeró las "pequeñas y hermosas formas de resistencia cívica y popular", destacando a las familias que izaron la bandera tricolor en sus ventanas, los jóvenes que realizaron pintas y murales, y a los movimientos políticos que se reunieron en las plazas para cantar el "Gloria al Bravo Pueblo". De manera enfática, Jaua afirmó que "hay importantes sectores de la población que no están dispuestos a naturalizar la ocupación", y que el movimiento cívico del 23 de mayo pasará a la historia como "el día en que inició la resistencia cívica que nos conducirá a recuperar nuestra independencia nacional".

"¡No al simulacro!": cánticos, pancartas y la movilización en las calles

Las manifestaciones públicas no se hicieron esperar. Pasadas las 10 de la mañana, de forma paralela al inicio del simulacro, grupos de ciudadanos comenzaron a congregarse en distintos puntos de la capital. La Plaza Bolívar, en el centro de Caracas, se convirtió en el epicentro de la protesta. Allí, decenas de patriotas ondeando banderas venezolanas y pancartas improvisadas coreaban consignas como "No al simulacro" y "Yankee, go home!". En un momento cargado de simbolismo, varios de los asistentes quemaron afiches del presidente estadounidense Donald Trump y del Secretario de Estado Marco Rubio.

Entre los manifestantes, la dirigente del Movimiento de Pobladores, Mariela Machado, declaró a la agencia EFE con visible molestia: "Hoy nosotros nos estamos manifestando, porque ese simulacro de ayuda mutua que ellos quieren por catástrofes en Venezuela es solamente una muestra todavía de su manipulación, de su injerencia en un país libre y soberano". De manera similar, otro de los asistentes, Víctor Romero, de 60 años, señaló: "Estamos arrechos por la injerencia del Gobierno de los Estados Unidos. Esto no es más que una provocación al pueblo venezolano".

La concentración no se limitó a la Plaza Bolívar. En la Plaza Brión de Chacaíto, grupos de izquierda, sindicatos y movimientos sociales realizaron una "acción antiimperialista" en la que se desplegaron pancartas con la leyenda "Yankee go home!" y se entonó el himno nacional. La prensa local reportó la presencia entre los manifestantes de militantes del Partido Comunista de Venezuela (PCV), Marea Socialista, la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y otros colectivos gremiales.

La protesta digital y las acciones simbólicas

La inconformidad también se expresó en el espacio digital y simbólico. El blog político La Tabla, publicó un artículo en el que cuestionó la logística de la operación, señalando que las aeronaves militares no podrían aterrizar en la embajada por la falta de pistas adecuadas, insinuando que los objetivos iban mucho más allá de un simple simulacro. Asimismo, comenzó a circular en redes sociales un documento titulado "Pronunciamiento Ciudadano", que calificaba el despliegue militar de "provocación inaceptable" y "amenaza directa a la soberanía", el cual sería presentado para la recolección masiva de firmas.

Contexto de un país intervenido

Estas maniobras de evacuación ocurren en un contexto de máxima tensión nacional, a menos de cinco meses de la invasión militar estadounidense que, el pasado 3 de enero, irrumpió en el espacio aéreo venezolano, destruyó instalaciones militares y civiles como el Centro de Matemáticas en el IVIC, y otras instalaciones de infraestructura de la red eléctrica y de telecomunicaciones y secuestró al presidente en ejercicio Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores. Las autoridades norteamericanas, a través del Comando Sur, afirmaron que el ejercicio buscaba reforzar el "plan de estabilización" y la seguridad regional, mientras el oficialismo venezolano alegó que se trataba de protocolos médicos y de protección autorizados previamente por la cancillería local el cuál borró el comunicado oficial horas despues de haberlo hecho público.

Desde el pensamiento del Comandante Chávez

En medio de la tensión, circuló de forma masiva en grupos ciudadanos y redes de mensajería un pronunciamiento titulado "El silencio ha sido roto: desde el pensamiento del Comandante Chávez". En el texto, se destacaban tres grandes lecciones del día: la primera, que importantes sectores de la población no están dispuestos a naturalizar la ocupación ni la administración colonial; la segunda, la asombrosa capacidad de autoconvocatoria del pueblo, que rompió el consenso mediático con miles de iniciativas rodando de boca en boca; y la tercera, la infinita creatividad del venezolano para actuar sin recursos, demostrando una conciencia clara de la necesidad de resistir. El documento alentaba a la organización futura sin desesperanza, con la convicción de que estas acciones de dignidad marcan el inicio de una resistencia cívica que, como en los tiempos de Bolívar, conducirá a recuperar la independencia nacional.


La jornada del 23 de mayo deja sobre la mesa una fractura evidente en la sociedad venezolana. Mientras el gobierno interino avanza en su política de cooperación y tutelaje con Washington, la voz de la calle, de los líderes políticos históricos y de las organizaciones de base ha dejado claro que para una porción significativa del país, el rugido de los motores de los Osprey no es un gesto de ayuda, sino el eco de una nueva y humillante ocupación.