July 23

Los buenos hermanos hacen la paces y el amor

by Masokilla

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Un hermano y una hermana siempre a la gresca son conducidos al buen camino por su madre.

Ya estaban peleando otra vez. Siempre había sido así, desde que tenían recuerdo. Si no era por una cosa era por otra. Solamente aquella mañana habían tenido tres broncas, una por recoger el desayuno, la otra por tirar la basura, y la última había sido porque Sara, se había colado en su habitación buscando algo, a Gabi le daba igual él motivo, simplemente le fastidiaba que su hermana se metiese en su habitación.

-¿Qué haces aquí? ¡Lárgate!- le gritó nada más verla allí de pie rebuscando en sus estanterías.

-¡No!- había respondido ella también enfadada- Estoy buscando una cosa, dejame en paz.

-¡Que te larges!

-¡No! estoy buscando algo, ¡Dejame en paz puto friki!

-¡Que no, que me da igual, zorra! ¡Que te puto largues!

-¡Que te follen!

Gabi no lo había aguantado más. La había agarrado de los hombros y de la cintura y con fuerza la había dirigido hacia la puerta del cuarto, Sara por supuesto se había resistido, dándose la vuelta y empujandole. Forcejearon un rato y en eso estaban, que buscando agarrar para seguir empujando, Gabi le terminó agarrando uno de los pechos, pequeños pero duros a su hermana.

Sara por supuesto, completamente sulfurada se dio la vuelta violentamente mientras le gritaba desaforada todo tipo de insultos, y en un instante un manotazo que en realidad fue un puñetazo, le golpeó en la boca a su hermano.

Gabi la soltó, dando un par de pasos hacia atrás, llevándose los dedos al labio dolorido. Tenía algo de sangre, nada grave, apenas llegaba a ser una herida, pero el cabreo que estaba sintiendo era monumental.

Sara lo miraba mientras sujetaba la mano agresora, con un rostro que variaba desde el susto por lo que había hecho, el terror por lo que podía venir de su hermano, y la ira de toda aquella situación. Y justo cuando Gabi estaba a punto de abalanzarse sobre ella, en el pasillo cercano una voz retumbó en toda la casa.

-¡Basta ya! ¡Estoy harta de vuestras peleas!

Ambos se detuvieron, su madre, Andrea, era una mujer de armas tomar. No era para menos, había sido madre de Gabi con apenas diecisiete años, y solo dos años más tarde había tenido a Sara, ambos como madre soltera.

Eran buenos chicos, estudiosos, sobre todo Gabi que era un portento, y Sara si no fuese tan descuidada también lo sería. Tenían amigos, socializaban, sacaban los estudios, ayudaban en casa sin protestar, pero sus peleas,...

Quizás había sido la falta de una figura paterna clara lo que había llevado a ambos adolescentes a esa situación, pensaba a veces Andrea, lo más parecido que había tenido había sido a su tío Enrique, el cuñado de Andrea y marido de su hermana mayor Rosa, pero claro, no era lo mismo. Ojalá hubiera podido serlo.

Los dos jovenzuelos habían detenido su disputa en cuanto escucharon el rugido de sus madre que había vuelto pronto del trabajo, y no tardó en aparecer con la cara enrojecida de furia por la puerta de la habitación de Gabi.

-¡Estoy agotada de esta situación! ¿Es que no podéis llevaros bien?

-Mama, se había metido en mi cuarto, sabes que no…- intentó argumentar Gabi

-¡Me da igual! SI no es una cosa es la otra, pero siempre estais con las garras fuera, y no puede ser. Yo nunca me llevé así de mal con mis hermanos, en mi casa nos queriamos muchisimo, mucho mas que muchisimo, y no voy a permitir que mi propia familia no vayamos a ser así.

Por un instante tanto Sara como Gabi se miraron extrañados como en una especie de tregua. ¿Hermanos? Ellos solo conocían a su tía Rosa. Tampoco les dio tiempo a pensarlo, su madre les agarró de las muñecas a cada uno y los arrastró hasta la cama de Gabi donde los hizo sentarse uno al lado del otro.

Hacía un calor tórrido en la habitación, el verano estaba siendo inclemente aquel año y el sofoco, el sudor, y la incomodidad general no ayudaban a hacer la convivencia más llevadera. Con sus dos hijos de vacaciones, sin nada que hacer, más allá de ser unas centrifugadoras de hormonas andantes, pensó que había llegado el momento de hacerles entrar en razón, en su “razón”, por las buenas o las malas.

-Vamos a ver- comenzó la madre, mientras con un pañuelo le limpiaba suavemente la poca sangre que tenía Gabi en el labio. El golpe de su hermana le había dejado una heridilla que rápidamente había dejado de sangrar. Ciertamente no era para tanto, pero en su mente Andrea comenzaba a trabajar en cómo usar aquello a su favor.

-Entiendo que os aburráis,- continuó, sentándose en una silla frente a ellos- que con este calor no se puede salir a la calle ni estar en casa a gusto. Vuestros amigos están fuera de la ciudad, y estais solos, pero eso no es óbice para que os paséis todo el santo día como el perro y el gato. Y no ya porque me tengáis la cabeza como un bombo, si no porque esta no era la relación que quiero que mis hijos tengan entre ellos. Sois hermanos, y os tenéis que querer y amar con locura, eso es ser una familia, así lo aprendí yo, y fui extremadamente feliz con vuestra edad.

-Pero mamá- salto Sara- si con mi edad ya habías tenido a Gabi.

-¿Y quienes me apoyaron en eso si no fue mi familia? eh listilla. Vosotros vais a aprender. Vais a entender que amar a tu hermano y hermana es lo más hermoso de este mundo. Y vais a empezar por pediros disculpas el uno al otro.

Sara y Gabi, con la mirada baja, ciertamente avergonzados de que su madre les tratase como a dos niños pequeños titubearon antes de empezar a hablar.

-Lo siento Sara- habló Gabi primero.

-Yo también, lo siento.- dijo ella casi susurrando

-Eso es una mierda de disculpa- corto su madre- ¿qué es lo que sentis?

-Siento haberla gritado y haberla echado de malas formas.

-Y yo siento haberle pegado en la cara.

-No me lo digais a mi, decidselo al otro.

Les costó, pero los jóvenes levantaron la vista de sus pies y se miraron el uno al otro. Primero al cuello y a la cara, rehuyendo los ojos. La carita redondeada de Sara, llena de pecas y con el pelo negro muy cortito, con el sudor perlado en su frente , Gabi nunca se habia fijado en aquella cara tan linda, y finalmente esos ojos, negros como pozos, que de repente estaban mirnado fijamente a los suyos.

Sara también se había fijado, los mismos ojos, y aquel rostro algo aniñado de su hermano mayor, sin nada de vello facial pero que era extrañamente guapo, de hecho sus amigas alguna vez se lo habían comentado sin que ella hubiera hecho mucho caso, sobre todo Marta, siempre Marta.

-Sara, siento mucho haberte gritado, es que sabes que me molesta que entres en mi habitación, sin pedir permiso, y más si no estoy.

-Yo también lo siento Gabi, y sobre todo siento haberte pegado, es que me bueno, ya sabes, me tocaste, se que fue sin querer, pero bueno, me enfade y te pegue sin pensarlo.

-¿Te toco?- pregunto intrigada su madre

-Bueno, cuando nos peleábamos- siguió Sara- sin querer me agarró uno, bueno ya sabes.

-¿Que se?

-Me agarró un pecho. Ya está, ya lo he dicho.

-¿Le tocaste una teta a tu hermana?- preguntó la madre como quien pregunta qué se quiere para cenar.

-Fue sin querer- respondió azorado y rojo como la grana de vergüenza Gabi- ni siquiera veía que estaba agarrando.

-¿Seguro que fue sin querer?- dijo la madre de nuevo, esta vez con una sonrisilla algo pícara en sus labios.

-¡Mamá!- Gabi estaba tan roja que parecía que iba a explotar- como puedes preguntar algo asi.

-Hijo mío no pasaría nada. Tu hermana es una chica muy muy guapa, seria normal que quizás quisieras tocarla un poco, estáis en la edad al fin y al cabo, tienes ojos en la cara y sangre en las venas, no es tan grave.

-Pero como dices eso mamá- dijo esta vez Sara, que también estaba muy azorada- no creo que eso estuviese bien.

-Bueno, a mi no me parece tan mal. Mucho más malo me parece que siempre estáis peleando, pero qué experimenteís un poco… al fin y al cabo, yo se que os queréis, como todos los hermanos deben quererse, más incluso, ¿verdad?

Ninguno de los dos chicos respondió a su madre, volvían a tener las miradas bajas, con las manos nerviosas. Siempre habían sentido un gran respeto por su madre, que había sido su figura de referencia para todo en la vida, y a pesar de que ambos sabían que era algo excéntrica, esto resultaba extraño ¿o quizás no?

-Ya nos hemos pedido perdón- dijo Sara más nerviosa, con cierto temblor en la voz- ¿Puedo irme ya?

-Jovencita, te irás cuando yo diga. Os habeis pedido perdón pero eso solo es aparte de la curación. Quiero que os deis un beso el uno al otro, como buenos hermanos.

-Mamá…

-Nada de “mamá jovencita", ¿cuanto hace que tu hermano no te da un beso o tu a él?

-No lo sé, ¿años?

-¿Y eso te parece normal? A mi no y no lo voy a permitir. Venga, daros un abrazo y daros un beso de verdad.

Ambos jóvenes volvieron a mirarse, tragaron saliva y extendieron los brazos. Al principio fue un toque tímido, como si solo quisieran emular un abrazo, pero rápidamente lo convirtieron en real. A Gabi extrañamente le encantó la sensación. Su hermana llevaba simplemente puesto un pantalón de pijama corto y una camiseta de tirantes muy finos, y no tardó en darse cuenta mientra la abrazaba que no llevaba sujetador de ningún tipo. La presión de sus pechos contra el suyo y lo suaves y cálidos que era la piel de sus brazos le produjo una sensación en la entrepierna que hizo todo lo posible por ignorar.

Sara también sintió algo parecido. Su hermano tenía los brazos fuertes y la rodeaban con cierta urgencia, y al igual que ella solo llevaba una camiseta y un pantalón corto de pijamas, además no pudo evitar aspirar su aroma. Olía a sudor, pero a un sudor limpio y ella tampoco pudo evitar la excitación, y no tardó en notar que sus pezones se endurecían levemente, mientras rezaba por que ni él ni su madre se dieran cuenta.

-Muy bien.- dijo su madre casi susurrando, mirándose durante unos segundos mientras se mantenían en aquel inesperado pero agradable abrazo- y ahora daros un beso.

Gabi fue el primero. Se separaron momentáneamente solo para que se acercará con más seguridad que la que él mismo esperaba y le plantaste un beso en la mejilla. No fue un beso rápido, fue tierno y más largo de lo que Andrea había esperado, pero aquello no hizo más que animarla, iba por buen camino. Gabi seguía algo ruborizada pero con una leve sonrisa, que contrastaba con el rictus nervioso y completamente rojo de su hermana.

-Te toca…- Andrea no terminó de decirlo cuando Sara, le dio un rápido y nervioso beso en la mejilla a su hermano. Fue como un relámpago, un visto y no visto, y aquello no agradó nada a la madre- Eso no me vale señorita. Tu hermano te ha dado un beso muy tierno y bonito, como tenía que ser, y eso ¿que ha sido? No, nada de eso, tienes que darle un beso como dios manda.

-Mamaaá….

-He dicho que nada de “mamá” es más, ¿no le has hecho sangre a tu hermano? pues lo mínimo es que le beses la herida, es la manera de demostrar que le quieres de verdad, como una verdadera hermana.

-Pero ma…- se cortó Sara antes de volver a decir mamá- es en el labio.

-¿Y qué?

-Pues que… no estaría bien. No está bien.

-Claro que esta bien. Porque no iba a estarlo. Yo lo hacía todo el rato, es muy bonito besar a un hermano en los labios, es la manera de demostrar verdadero afecto.

-¿Besabas a la tía Rosa?- preguntó interesado Gabi. Se le veía excitado, y casi podía entrever un bulto en sus pantaloncitos de deporte.

-Si que lo hacía, a menudo, porque la quería mucho, y ella a mi y …- se cortó andre antes de decir que no solo a su hermana Rosa- y vosotros también. Y si no querías que esto pasase, señorita, habértelo pensado antes de darle un puñetazo a tu hermano.

Sara volvió a mirar a su hermano. Este la miraba con los ojos muy abiertos, casi ¿Deseoso? eso era lo que más miedo le daba a ella, que en realidad, le gustara besar aquellos labios. Respiro profundamente y se acercó al rostro de Gabi. Sus labios se juntaron suavemente. De nuevo aquel calor, como una descarga recorrió el cuerpo de ambos, como un escalofrío, pero uno de lo más placentero. El beso fue simple, al principio muy tentativo, en la comisura, donde Gabi tenía aquella pequeña herida, pero no tardó en besar los labios de su hermano de verdad, y este se dejó hacer todo lo colaborativo que pudo.

Ninguno abrió la boca para ir más allá, pero estuvieron un rato así con los ojos cerrados. Y es que en el fondo ninguno quería abrirlos, Sara sabía que tenía los pezones completamente endurecidos, y Gabi tenía la polla dura como un mástil.

Ella había besado a algunos chicos y chicas del instituto, siempre había sido algo más lanzada que su hermano, que a pesar de ser algo más mayor ese era su primer beso de verdad con una chica. Pero ninguno había sentido jamás una sensación así. Tenían la piel perlada de sudor, y el corazón les iba a mil por hora, igual que su madre que los observaba casi relamiéndose, sin poder evitar también mojarse el coñito viendo a sus hermosos hijos besarse. Quería más, mucho más.

Sara se separó suavemente de su hermano, ambos mirando a los labios del otro, intentando evitar los ojos del otro.

-Eso ha estado muy bien, ¿verdad?- ninguno respondió, pero no se movieron- ahora daros otros, ya veréis, os va a gustar más que el primero.

Dudaron un instante, pero fue Gabi quien se adelantó. Pegó sus labios a los de Sara, lo hizo nervioso y algo torpe, pero ella le siguió y poco a poco sus besos se volvieron más fuertes, más intensos. Voraces sería decir mucho, pero no estaban lejos. Andrea les veía algo torpes, sobre todo a Gabi, pero eso solo la ponía más, aquello es como tenía que ser el amor en la familia, real, cercano, cálido, sexual, y sobre todo puro, ¿que había más puro que aquello? se decía ella.

Sara hizo una tentativa de abrir la boca para dejar entrar la lengua de su hermano, y durante unos instantes, ella recobró el control y el ritmo del beso guiando a su hermano mayor como ella quería, intercambiando saliva con las lenguas. Andrea estaba tan caliente que no pudo evitar desabrocharse los botones del pantalón vaquero y por un instante pensó en quitárselos, mientras su otra mano se acariciaba uno de sus pechos mientras se maldecía por llevar aun la ropa del trabajo y por la incomodidad que le suponía el sujetador para esta tarea. Aún más cuando Gabi apoyaba una mano en la cintura de su hermana, y aunque al principio no aparento molestarse, en cuanto este comenzó a subirla sobre la ropa hacia una de sus tetas Sara rompió repentinamente el beso.

-No- dijo ella con la voz casi ronca, sudando profusamente y completamente encendida. Tenía los pezones tan duros que parecían estar a punto de atravesar la fina tela de la camiseta- no está bien, es… es…

-¿Que es querida?- dijo Andrea acercándose a ellos, poniendo la silla a lado de la cama, ahora dubai ser cuidadosa- ¿No te gusta? Tu hermano te estaba tratando muy bien, está claro que te quiere mucho, se nota en como os besabais.

-Ya pero ¿tocarme?, no sé a dónde va esto.

Hija mía- dijo Andrea suavemente poniendo su propia mano en la cintura de su hija mientras con la otra agarraba la mano de Gabi- va hacia donde teneis que ir, al lugar donde os queréis de verdad, dime ¿es que no quieres a tu hermano?

La chica asintió tímidamente de nuevo.

-No asientas, dímelo, ¿quieres a tu hermano?

-Si, si le quiero.

-Claro que si, así tiene que ser, y dime ahora que no se siente mucho mejor esto que cuando estáis peleando todo el dia, cuando os pasáis semanas sin hablar, o incluso llegáis a las manos, ¿no es mejor usar las manos para esto?- miro ahora a Gabi, que estaba con los ojos abiertos como platos, y la boca medio abierta, casi absorto. Andrea se relamió, a él le tenía ya en el saco, y Sara pronto le seguiría, porque en el fondo se querían- y tu Gabi ¿qué piensas tú? ¿te gusta?

El chico respiraba aceleradamente, a Andrea no le costaba ver que bajo su pantalón su polla estaba completamente dura, expectante. Ella sabía que su hijo nunca había tenido mucha suerte con las chicas, era algo tímido, tan listo y sin embargo tan echado para atrás y eso estaba bien, porque ese era su lugar, no con cualquier otra que a saber lo que quería o tramaba. En casa estaba todo lo que necesitaba.

-Si mamá, me gusta- respondió casi jadeante él.

-Claro que te gusta, porque ¿tu quieres a Sara verdad?

-Si- respondió Gabi volviendo a mirar a Sara- te quiero mucho sabes. Siento que muchas veces no lo parezca.

-Que bonito, eso es lo que quería oír- dijo Andrea mientras intercambiaba su mano en la cintura de Sara por la de Gabi, que volvió a ascender, incitada esta vez por la de su madre en línea directa hacia las tetas de su hermana- esto es mucho mejor, amarse es mejor que pelearse Sara, ¿no te gusta eso?

-Es… es… es…- Sara intentaba hablar medio jadeante mientras la manos de Gabi comenzaba a atrapar y a palpar, primero muy suavemente y luego con algo más de valentía la teta de su hermana- es incesto mamá, esta mal.

-¿Incesto?- dijo Andrea haciendo una mueca con los labios- es una palabra como cualquier otra. Esto es cariño, y es amor, no veo nada de malo.

-La sociedad si.

-La sociedad no está aquí, solo nosotros mi amor- dijo suave pero fulminante Andrea, mientras miraba como su hija comenzaba a abrir la boca Se giró hacia hijo- Juega con sus pezones.

Gabi subió su otra mano y también con gran suavidad pero con más confianza le agarró la otra teta y con los dedos pulgar e índice comenzó a con mucho cuidado a pellizcar muy suavemente los pezones de su hermana. Lo hacía con lentitud, como si fueran a romperse de repente, a Andrea le parecio extremadamente adorable la suavidad con la que Gabi trataba a su hermana pequeña. Se le veía completamente empalmado, con una excitación casi nerviosa, como un resorte a punto de saltar, y sin embargo hacía todo lo posible por contenerse para no asustar ni hacer daño a Sara. Eso le trajo recuerdos de su juventud, de Rosa, y de Enrique… tenía ya el chocho tan encharcado solo de recordarlo.

-Besa tu hermana mi amor, lo está deseando, ya veras- Gabi se acerco de nuevo y atrapo con suavidad los labios de su hermana, ella tras un último instante de duda se lanzó a corresponderle. Esta vez el beso fue más apasionado, y no tardaron en intercambiar las lenguas, mientras Gabi sobaba las tetas de su hermana con suavidad pero a conciencia, seguramente eran las primeras que tocaba, como debía ser

- Así, así, muy bien- siguió la madre- no es tan bonito compartir el amor con las personas que más se quieren. Todos esos enfados y peleas, era vuestro amor y cariño mal conducidos, vuestras hormonas y vuestros instintos os decían unas cosas que vosotros no podíais interpretar, pero para eso está vuestra madre que os ama más que nada. ¿No sientes el amor de tu hermano en sus manos Sara? ¿No has visto cómo le tienes? Tu hermano tiene la polla a punto de explotar, es por ti, porque te quiere más que a nada.

Los chicos volvieron a cesar el beso, jadeando, como si le faltase el aire. Sara miró la entrepierna de su hermano y luego volvió a mirarlo.

-¿Es verdad? ¿Es por mi?

-Creo que sí- respondió Gabi sabiendo que era cierto pero con miedo de verbalizarlo.

-Claro que es por eso- Andrea apoyó la mano sobre el bulto de la entrepierna de su hijo apretandolo con cariño, Gabi gimió y se envaro ante la sensación- tiene la polla llena, porque tu le pones un monton. Como es normal, eres una chica muy hermosa, mi vida, tu hermano no es ciego ¿no quieres tocarla tú también?

-¿Sobre el pantalón?- preguntó nerviosa Sara

-¿Acaso impronta mi amor? Lo que importa es que os demostréis vuestro cariño, ¿no quieres eso? es mejor dejarse llevar. Haz como tú prefieras.

Sara se inclinó hacia delante, y primero con timidez comenzó a sobar la polla de su hermano sobre el pantalón. La acariciaba y la estrujaba con calma, mientras su hermano gemía. Andrea veía que Gabi estaba haciendo un gran esfuerzo para no correrse, y eso era bueno, tenía autocontrol a pesar de su falta de experiencia. Ella sabía que su hijo se pajeaba con frecuencia, y siendo el chico inteligente y previsor que era no le extrañaba que hiciese ejercicios para aumentar su duración, aunque fuese en sus sesiones masturbatorias. Al fin y al cabo nunca sabía cuando podría necesitarla, pero por el momento debía reducir un poco la marcha, ya les tenía donde quería, y Andrea sabía que Sara debía ser la primera en correrse.

-Sara mi amor- la chica dejó de masajear el pene de su hermano y levantó la vista- no queremos ir muy rápido con tu hermano.

-¿No mama?

-No, tu hermano quiere reservarse para ti más adelante, ya lo veras.

-¿Quiero?- pregunto Gabi

-Claro que sí, mientras vuelve a sobarle las tetas a Sara- Gabi volvió a hacerlo, mientras le daba besos cortos pero intensos a su hermana que se dejaba hacer. Andrea iba a decirle a su hijo que le metiera las manos bajo la camisetita, y que le tocase los pechos directamente, pero no hizo falta, Gabi se le adelantó, y lo hizo. Ambos pusieron una expresión de sorpresa, sin duda eran las primeras tetas que magreaba Gabi y para Sara la sensación no debía ser muy distinta. Andrea no pudo evitar empapar aún más sus bragas con aquella sonrisilla cómplice que sus dos hijos tenían en la cara.

Mientras ambos se bebían con la mirada Andrea aprovechó para quitarse el pantalón, quedando solo con las bragas empapadas de su coño chorreante. También comenzó a desabotonarse la camisa hasta dejarsela abierta mostrando el sujetador que mantenía presas sus tetas. Estaba muy orgullosa de ellas, no eran extremadamente grandes, pero se mantenían con buen tamaño y sobre todo bien erguidas.

-Gabi cariño, con cuidado quítale la camistita a tu hermana, que podamos verle esas hermosas tetas ¿si?

Gabi obedeció, sacó las manos de su interior, y agarrandola por abajo le saco con suavidad la camiseta por encima de la cabeza. Sara sintió un nuevo conato de vergüenza, e hizo un amago de taparse los pechos, que Andrea impidió sujetándola suavemente su mano.

-No, son muy hermosas mi amor, son perfectas, como tu- dijo Andrea. Eran más pequeñas que las suyas, pero tenían un tamaño y un equilibrio perfecto con el resto de su cuerpo, se sentían naturales y perfectas, y aquellos pezoncitos rosados que contrastaba fuertemente con la nívea piel el resto de su pecho. El pecho de la chica se movía profundamente, con los nervios esperables en un momento así. A su madre le pareció muy lindo, así como la mirada de estupefacción de su hermano al ver las tetas de Sara.- Mira a tu hermano, le has dejado sin palabras. No es para menos. ¿te gusta gustarle a Gabi?

-Si mamá, creo que sí.

-Es lo normal en mi vida. Sabeis que pasa, que en realidad, estáis hechos el uno para el otro, por eso os quereis, pero es duro aceptarlo. A todos no cuesta la primera vez.

-¿a ti también mamá?- preguntó Gabi sin poner mucho énfasis en las repercusiones que esa pregunta podía tener.

-Claro mi amor

Pronto ellos lo sabrían todo. No era como ella lo había planeado, pero si algo había aprendido después de tantos años es que en la vida, las oportunidades se presentan cuando lo hacen, y entonces no hay que dejarlas escapar

- Mi amor- le dijo Andrea a su hijo recuperando el ritmo- quitate tu camiseta y chupale los pezones a tu hermana.

Gabi, obediente, lo hizo y se la quitó. Estaba algo más moreno que su hermana, y se notaba que se cuidaba a pesar de carecer totalmente de pelo en el cuerpo y de músculos definidos, pero Andrea no pudo evitar imaginarse a ella misma frotando sus tetas contra el pecho de su hijo y rápidamente se dio cuenta de que Sara pensaba más o menos lo mismo.

El chico se acercó y dio un primer lametón al pezón izquierdo como un niño que tantea un helado por primera vez, luego pasó al otro, suavemente, para luego comenzar a chuparlos con más intensidad, casi amorrandose a ellos. Sabían salados por el sudor del cuerpo de Sara pero era el mejor sabor que Gabi había probado nunca, a cada lametón sentía su polla temblar del gusto.

Sara gimió en alto mientras rodeaba con su brazos la cabeza de Gabi comenzaba a pasar acariciando amorosamente los dedos por el pelo de su hermano.

-¡Ah! Gabi… si… si…

Andrea se levantó y se acercó a su hija. Acariciando su mejilla cariñosamente con una mano mientras con la otra comenzaba sobarse el coño por encima de las bragas.

-Ves lo mucho que te quiere tu hermano- Gabi pasaba de una teta a otra repartiendo su cariño por ambas, a veces con ternura, otras con más fuerza como si intentase sacar leche de ellas. Aún no se dijo Andrea s si misma- Esto es el amor de verdad cariño mio. ¿estás empapada verdad?

-Si mami- respondió jadeante Sara- mucho. Es como un ¡ah! como un ¡ah! no sé describirlo.

-Es el cariño mi amor, es tu cuerpo preparándose para recibir el amor de la persona que más te va a querer en este mundo, creeme- le agarró la barbilla y sutilmente la giró hacia su propia cara, acercándose tanto que podía sentir la respiración acelerada de su hija en sus labios- sois unos afortunados, porque vais a tener el más profundo, y el más incondicional, amor que existe, y lo teneis aqui. En la seguridad y protección de la familia ¿no es hermoso eso? que sea la persona que has querido desde siempre quien te llene el resto de tu vida.

-¡Ah! pero mamá, nosotros, ¡ah dios! nos hemos llevado tan mal que no se si…- Andrea no la dejó seguir, recortó la poca distancia que aun las separaba y le plantó un tierno pero apasionado beso en sus labios. No le extrañaba que a Gabi le hubiera costado separarse de ellos. Sara tenía unos labios perfectos, tan cálidos, sabía tan bien.

-Mi vida, antes no sabíais lo que sentiais de verdad. Pero lo estais averiguando, tu cuerpo no te miente ahora- se acercó a su oído y la susurro- se que has sido un poco cochina con otros chicos.

Sara asintió levemente.

-Y también sé que lo has sido con tu amiga Marta.

-¿Cómo sabes eso?

-O mi vida, yo sé muchas cosas, pero ¿a que con nadie has sentido lo que sientes ahora con Gabi? -Sara negó con la cabeza dándole la razón- y eso es porque con el resto no había amor, pero aquí sí. Gabi apártate un momento cariño, que tu hermana nos va a mostrar lo empapada que está.

Gabi dejó de chuparla, le había dejado los pezones brillantes y algo enrojecidos. Se apartó un poco, lo suficiente para observar a su madre en ropa interior. Andrea se dio cuenta, y con cariño , una sonrisa y un gesto de la cabeza volvió dirigir la mirada del chico a la entrepierna de su hermana.

-Mira Gabi, debajo de ese pantaloncito está el coñito húmedo de Sara. Es para ti ¿sabes?

-¿Para mí?

-Claro, para eso la hice. No sabéis lo que me ha dolido durante todos estos años veros pelearos, cuando podríais haberos amado desde hace tanto tiempo. Pero nada esta perdido aun, lo estamos arreglando ahora, quitale el pantalon a tu hermana, con cuidado.

Gabi lo hizo ayudado por la propia Sara, que bajo el mismo llevaba unas braguitas de color azul que brillaban de lo mojada que estaba la joven.

-Ves como está Gabi, tocala, con suavidad, como sus tetas, ¿sientes lo empapada que está? - Gabi lo hizo, acercó un dedo y lo paso por la mancha empapada de ellas mismas, primero un poco luego más, siguiendo la forma de los labios de su raja que se intuian tras la tela.- Mira como gime para ti Gabi. Se lo estas haciendo tu

Andrea se sentó detrás de Sara, apoyándose en el cabecero de la cama pasándole un brazo sobre el cuello, agarrando y acariciando una de sus tetas suavemente. La chica gemía, cada vez más, y Andrea la torturaba besándola en el cuello y los lóbulos de las orejas mientras la chica agarraba las sábanas con los puños.

-¡Ah Ah joder! Mama creo que, ¡creo que voy a correr!

-¿Si mi amor? y porque no lo haces, no quieres enseñarle a tu hermano lo bonita que vas a estar al llegar al orgasmo. Seguro que quieres, Gabi, con cuidado, sin quitarle las bargas, apartaselas y tocale el chocho directamente, ¿te apetece?

Gabi asintió. Hizo lo que su madre decía, y moviéndolas a un lado, apenas sin mirar dentro metió un par de dedos. Era una sensación tan atrayente. Estaba empapada y el tacto era tan suave, casi jabonoso, que los dedos se le quedaban casi pegados.

-Lo tiene tan caliente mamá.

-¿El que, mi amor?- le pinchó Andrea picara

-Ya sabes, la… vagina.

-Cariño, puedes decir coño sin miedo, estamos en confianza, cuando hay amor no hay que recurrir a eufemismos, ni cuando vuestra madre está presente, sobre todo cuando vuestra madre está presente. Díselo a ella.

-Sara, tienes el coño suave y cálido, como un horno, creo que es el tacto más agradable que he notado jamás- Sara sonrió al oírlo, y su hermano siguió explorando ahora directamente los labios del chocho de su hermana. Gabi jamás había tocado uno, pero había visto muchos en internet y conocía al menos en teoría sus partes, y siguiendo el recorrido vertical de los labios internos llegó al clítoris, y Sara se retorció como un calambre.

-¡Oh! Parece que alguien sabe donde esta el clitoris- dijo Andrea divertida, mientras Sara resoplaba, tenía la cara roja y los ojos muy muy abiertos- sigue así, muy bien Gabi, mira como esta Sara, ya la tienes, mira qué guapa está.

-¡Si!- contestó Gabi que se afanaba en seguir estimulando su clítoris- Es muy guapa, sois muy guapas, las más guapas.

-Qué dulce eres mi amor. ¿No te quiere tu hermano, Sara? El va a hacer que te corras, te está tocando el coñito, y algo me dice que tu nunca te has corrido así.

-¡NO! ¡Ah ah ah ah! ¡No nunca! ¡Ah Gabi! ¡Ah te quiero, si, te quiero! ¡Joder!

-Ahora Gabi, metele un dedo, con cuidado, meteselo.

Gabi obedeció, sin dejar de torturar su clítoris con el pulgar mientras tanteaba la entrada de su hoyito con el índice y cuando sintió que estaba todo lo húmeda que podía estar se lo metió de una vez.

-¡Ah JODER JODER! ¡Me corro, me corro, ME CORRO! ¡TE QUIERO!

Sara gritaba con los ojos cerrados, mientras temblaba y se retorcía con violencia mientras su hermano y su madre la proporcionaban el mayor orgasmo que jamás había sentido. Su orgasmo fue tan fuerte que cuando Gabi sacó la mano de dentro de sus bragas la tenía completamente empapada de sus fluidos vaginales. La joven chica parecía medio ida, aun temblando a ratos completamente empapada en sudor, lo que le daba un aspecto brillante a su ya de por sí hermoso cuerpo. Gabi se fijó en que era algo más rellenita de lo que aparentaba con al ropa con un levísimo abultamiento en la cintura y su monte de venus, pero eso solo le hizo desearla más, y en ese momento creyó que no había visto una chica mas hermosa en toda su vida.

-te quiero, te quiero, te quiero…- Sara lo repetía como una letanía mientras su respiración se iba calmando poco a poco. Andrea estaba tan sonriente y orgullosa, y también excitada. Tenía las bragas tan absolutamente empapadas que seguro que le había dejado la mancha en la espalda a su niña. Le hizo un gesto a Gabi que miraba su mano reluciente de los jugos de Sara para que se acercara. Este lo hizo, pero antes se metió uno de los dedos en la boca para saborearla. Lo hizo con gusto y avidez.

-¿Está rica tu hermana?

-Deliciosa mamá.

Y sin que Andrea le dijese nada le pudo otro de los dedos en la boca de la chica, y está sin tener que esperar anda comenzó a chuparlo suavemente.

-Los has hecho muy bien Gabi, ¿has visto cómo se ha corrido? es porque lo has hecho tú. Ella te lo ha dicho ya, que te quiere. Ella es para ti. Siempre lo fue mi amor. ¿No tienes que decirla nada tu?

Gabi recortó la distancia, abrazo a Sara por la cintura y la beso con intensidad en la boca. Esta vez fue un morreo apasionado, con todas las intenciones solo separándose para decirla.

-Te quiero, Sara, te quiero tanto- volvió besarla, y Sara le devolvió el beso como si despertase poco a poco de un sueño, le entregaba su lengua para que al chupase, y lo besaba, con piquitos cortos o morreos largos, le daba igual.

-Yo también Gabi, te quiero, no había sentido nada así, como si el pecho me fuese a explotar, yo quiero… lo que sea, pero contigo cariño, te quiero.

Siguieron besándose, mientras Andrea acariciaba la cabeza de su hija en lo que esta se recuperaba del orgasmo y el aire volvía de vuelta sus pulmones en los intervalos que su hermano dejaba libre su boca.

-No te duermas Sarita. Gabi te ha demostrado su amor, y tú debes corresponderle ¿no crees? - Sara asintió decidida- Gabi quítate los pantalones y enséñanos esa hermosa polla. Enséñale a Sara lo que acaba de “adquirir” hoy.

Gabriel, estaba que explotaba. Se sentía eufórico, había hecho llegar al orgasmo a su hermana, y se notaba más cachondo y excitado de lo que jamás había estado. Se quitó el pantalón y los calzoncillos liberando su polla la cual mostraba una erección tan potente que ya comenzaba a dolerle. Se sorprendió de lo rápido que lo había hecho, sin ninguna vergüenza, y más aún delante de su madre y su hermana, pero quizás mamá tuviera razón, aquello era lo que tenían que hacer. Era tan agradable todo aquello. Se habia iamginado como era el sexo, o al menos lo mas cercano al mismo muchas veces, y jamas se habia supuesto que fuese uan experiencia tan emocionante. Por un instante se arrepintió tanto de lo mal que se había llevado siempre con Sara, ¿y si era por eso, porque realmente se querían demasiado y no sabían demostrarlo? En realidad le daba igual. Ahora estaba allí, y de eso no iba a arrepentirse. Tiró los calzoncillos al suelo y se colocó de rodillas sobre la cama con la espalda hacia atrás, mostrando su polla totalmente. Andrea lo miró fijamente y pensó, igualito que su padre.

-Mira que polla tan bonita Sara- dijo señalando a su hermano- fácilmente son 17 centímetros, seguro que Gabi se la ha medido, los hombres son así. Pero vaya tiene el tamaño justo.

-¿Justo para que mamá?- preguntó Sara.

-Pues para ti mi amor. Ya lo verás. Vamos a verla de cerca ¿si?- ambas se acercaron, Sara aún respiraba profundamente buscando terminar de recuperarse, se acercaron mucho, tanto que Gabi podía sentir sus alientos en la punta del capullo- Mira esa vena lo marcada que esta, tocale la polla con cuidado, así agarrasela, con cuidado. Tu hermano está muy excitado cariño y no creo que vaya a aguantar mucho.

-Haré lo que pueda- contesto gimiendo Gabi ante el suave tacto de la mano de Sara sobre su pene.

-No espero menos de ti mi amor- Andrea le agarró con cariño la cabeza acariciando el pelo, y sin esperar nada le beso. Primero en la frente, luego en la mejilla y luego en los labios. Aquello era lo mejor del mundo. Sus dos chicos, lo que ella más quería en el universo.

Ella los había llevado dentro, los había hecho para ella, y sobre todo el uno para la otra. Habían sido el mejor regalo del mundo sin importar lo que dijese la gente por tenerlos tan joven. Ella jamás se había arrepentido, y más aún, agradeció poder disfrutar de este momento con ellos estando aún siendo joven. Con 36 años aún le quedaba tanto tiempo para verlos disfrutar de este nuevo amor, y para disfrutarlo con ellos.

Sara dejó caer una buena cantidad de saliva sobre la polla de Gabi y comenzó a masturbarle con suavidad, no era la primera vez que lo hacía, pero aquello daba igual, Sara comenzaba comprender que todo lo que hubiera hecho antes, y sin importar con quien era una preparacion, asi lo veia ella, para poder mostrarle a su hermano todo su amor en las formas más variadas y efectivas posibles. Andrea dejó de besar a Gabi. Estaba tan guapo, le recordaba tanto a su tío Enrique de joven.

-Te quiero mucho mamá.

-Oh mi amor, yo también te quiero- le besó de nuevo- te amo. Os amo a los dos.

Sara sonrió y comenzó a aumentar la intensidad de su paja. Gabi cerró los ojos para intentar aguantar pero Andrea sabía que no le quedaba mucho. Quería que acabase de la mejor forma posible, Se apartó un poco de Gabi para dejar hueco y atrajo a Sara hacia él.

-Ven, acércate- le dijo- ponte frente a él, pégate a él, con tus pechos sobre el tuyo, así y sigue pajeandole, no pares, ahora besale.

Los dos comenzaron a besarse mientras la mano de Sara subía y bajaba cada vez con más fuerza. Su beso cada vez era más lascivo, cada vez con más, saliva y más lengua, nada que ver con los primeros besos “románticos” entre ambos, ahora eran pura carne y pasión.

-¿Te gusta como te toco la polla hermanito?- susurraba Sara entre besos y jadeos- ¿te gusta que tu hermana pequeña te este haciendo una paja?

-Me encanta, tu me encantas. Todo de ti.

-¿Si? A mi tambien, me gustas mucho, eres muy guapo, y tan listo, creo que siempre te he envidiado un poco, pero ya no, ahora solo te quiero, y lo que más deseo es que te corras para mi. Para tu hermanita, que saques toda tu leche sobre mi, que me la lances sobre el vientre. Eso me pondría un montón. ¿Es la primera paja que te hace otra persona?

Gabi asintió, ya estaba en el límite.

-Eso es fantástico, quiero ser siempre yo ¿sabes? quiero sacarte toda la lefa, y la dejes sobre mi. ¿Te imaginas? Yo empapada en tu lefa, ¿te gustaría eso? llenar a tu hermana de lefa.

Andrea estaba extasiada, y ya se tocaba el coño por dentro de las bragas sin ningún pudor, totalmente caliente y rebosante de alegría de que su hija hubiera tomado las riendas, y muy sorprendida de que hubiera decidido hacerlo hablando de una manera tan guarra. Estaba claro que conocía a su hermano más de lo que ninguno de los dos habrían estado dispuestos a admitir solamente un rato antes. Y así fue, Gabi no aguanto más.

-¡JODER!- grito sin aire Gabi. Cerró los ojos, y casi dejó de respirar, mientras su polla se ponía tiesa como un mástil, los huevos se le arrugaron y luego comenzó a disparar chorros de lefa que prinbgaban las manos y la tripa de Sara, que sonreía satisfecha sin dejar de cascarle la polla a su hermano para exprimir todo lo que tuviera en sus cojones.

Gabi se dejó caer hacia atrás apoyándose con los brazos en la cama, completamente agotado y jadeante. Sara se miró la tripa y las manos cubiertas del semen de Gabi. Miró a su madre confusa, como si no supiera qué hacer con ella. Andrea detuvo su masturbación y se acercó a Sara, agarrando su mano manchada y sin dudarlo le chupó dos dedos limpiándolos y tragando toda la lefa que hubiera en ellos.

-Joder- dijo Gabi al ver aquello.

-Sara. La semilla de tu hermano no debe desperdiciarse ¿entiendes? - Sara asintió algo confusa aun- siempre debe acabar dentro de alguna de nosotras, de la forma que sea. Tu hermano ha tirado demasiado de su lefa durante mucho tiempo, y eso se va a acabar, es tarea tuya ¿comprendes?

-Sí mamá. - primero se chupo los dedos, parecía que esto si era algo nuevo para ella, saboreo el nuevo “alimento” y tras decidir que le gustaba continuo relamiendo sus dedos y “rebañando” los restos de esperma sobre tu tripa.

-¿Ahora que?- dijo Sara una vez hubo terminado- Ya nos hemos corrido los dos, ¿hemos acabado?

Sara le preguntó con un tono extraño, como si quisiera seguir pero no supiera cómo decirlo. No debería preocuparse, su madre estaba ahí para ello.

-Hija mía. Esto ya no se termina. Lo que quiero que entendáis con esto es que el amor que debéis tener entre vosotros no debe tener límites, hoy os quereis, pero mañana debéis seguir amándoos, y el día siguiente y el siguiente.

-¿Como si fuese mi novio?- aventuro Sara

-Si, si. Más o menos. Es la mejor idea. Vosotros ya os quereis, y habéis visto lo que disfrutais entre vosotros, y eso que aun no lo sabéis todo. Yo os aseguro que esto que tenéis solo va a mejorar.

-Joder mamá- dijo Gabi que ya estaba más recuperado- eso no parece cosa de novios, parece más de un matrimonio.

-Si es que eso es lo que tenéis que ser mi amor. Ya lo sois. Los hermanos son para toda la vida, como deberían ser las parejas, no necesitáis un contrato que ponga que estáis casados cuando ya sois familia.

-Pero será raro. No podremos salir juntos, ¿qué diría la gente?- preguntó Sara

-Buff, la gente. Os sorprendería saber cuántas familias pasan por lo mismo que nosotros. ¿Sabéis los vecinos del chalet de enfrente los del primero por la derecha?

-Son madre e hijo, ella es muy guapa, también muy joven, como tú- comentó Gabi- y él va a la misma universidad que yo.

-Si, y tambien se folla a su madre todas las noches, si os asomais entre los arbustos antes de que se ponga el sol suelen estar en la piscina. Ella siempre lo anda sobando y besando, y él se deja hacer, al rato él se sube al bordillo y ella desde el agua se dedica a mamarle la polla un rato, hasta que ya no puede más y los dos sobre el césped empiezan a follar. El siempre la monta con mucha fuerza, y siempre, siempre, como un reloj se corre dentro de su coño hasta que se sale su lefa por los bordes. En realidad seguro que se les oye desde las casas de al lado.

-Joder, que caliente- dijo Gabi

-Si, pero no es solo eso, el sexo sin cariño no es más que una necesidad fisiologica, poco más que masturbacion delegada. Ellos no, tendrías que ver como cenan juntos en su terraza dándose de comer el uno al otro, sin parar de besarse, es tan bonito.

Andrea se acercó a Sara, y la acarició el pelo con ternura y los pechos volviendo a pellizcar suavemente sus pezones que no tardaron en comenzar a aumentar de tamaño.

-Y ¿quieres saber porque se lo tuyo con Marta, o lo que haces en el instituto? - la chica asintió- La directora de tu instituto fue compañera mía en la universidad, y ella se entera de las cosas que pasan. Como que le hiciste una paja a ese chaval, Brian, y supongo que aunque no tengo confirmación no fue el único.

-Solo han sido tres mamá, y nunca hice nada más.

-Cómo debería ser, porque eso se ha acabado, ¿entiendes?- Sara asintió- Mira, tu amiga Marta y su hermano, llevan follando juntos desde hace dos años, lo se bien porqué, Ana, su madre, como bien sabes es buena amiga mía desde que éramos adolescentes. Ellos siempre se llevaron mucho mejor que vosotros, y han aprovechado el tiempo, se quieren y no tienen problema en demostrarselo el uno al otro.

-Marta y Carlos- dijo Sara al pensarlo. De repente empezaba a tener más sentido las veces que Marta la pinchaba con lo guapo que era Gabi, no lo decía por ella- dos años, y nunca me lo dijo, vaya mejor amiga.

-Ella te quiere mucho mi vida, pero tenía que esperar.

-¿A que?

-A esto mi amor. Quítate las bragas.

Sara obedeció, miró de nuevo a Gabi que tenía la polla de nuevo morcillona, y le sonrió, quitandoselas lentamente, a propósito, mostrando poco a poco su coñito. A Andrea le sorprendió descubrir que no lo llevaba depilado, sino que lo tenía cubierto de pelo negro brillante y humedo, aunque si estaba recortado y los labios vaginales de la chica se veian perfectamente.

Andrea no dudó en chuparse dos dedos y comenzar a frotarlos sobre la vagina con lentitud.

-Que coñito mas tierno mi amor. A tu hermano le va a volver loco.

-Entonces ¿Vamos a follar?

-Por supuesto cariño. Sois novios ahora. Pero no tienes que ser tan ruda siempre, puedes decir hacer el amor. Pero antes hay que poner a tu hermano a tono, ven conmigo.

Ambas se acercaron a él que ya comenzaba a magrearse la polla. Sara le rodeó el cuello y le beso mientras Gabi envalentonado comenzaba a sobarle el culo.

-Tienes un cuerpo tan perfecto- le dijo a Sara casi susurrando. La chica sonrió y se ruborizó un poco. Andrea sonrió complacida.

-Sara agarrasela y chupasela, ¿lo has hecho antes?- preguntó la madre

-No.

-Es fácil ya verás, primero empieza besándole la punta así. Muy bien, humedecela bien, nunca sobra la saliva, a él le va a encantar, perfecto, ¿ves como se le va poniendo más dura? Y ahora te la vas metiendo en la boca, primero la punta, ahí está con mucha lengua y te la vas metiendo, y te la vas metiendo- cada vez que iba más profundo Gabi gemía un poco más.- muy bien, y a cada rato te la sacas, y la lames como si fuera un polo, perfecto, no hace falta que te atragantes ya tendréis tiempo para ver si eso os gusta.

Sara seguía chupando, con calma, disfrutando cada lametón, hasta que la polla de Gabi estaba de nuevo tiesa y bien lubricada.

-Así, ya basta, no queremos que se corra, queremos poner a su soldadito de nuevo en liza. Ahora túmbate boca arriba y abre las piernas, flexionalas, muy bien. Y tu ahora Gabi, sobre ella, arrodíllate entre sus piernas, así, acércate más.

Gabi hizo lo que su madre le decía, acercándose lo más posible a su hermana que le miraba tumbada en la cama, con las pierna abiertas, y aquel chochito humedo, esa imagen, casi angelical de su hermana, su piel, sus tetas, esas piernas perfectas, eran más que suficiente para mantener su erección sin tener que tocarse la polla lo más mínimo.

-Pasale la punta de la verga por los labios del chocho amor, rozala, pero no se la metas.

El chico acercó su punta a aquellos labios y comenzó a acariciarlos con la punta de su polla, sintiendo la humedad de los mismos, pasando de la suavidad de la vagina a al interesante picor que le daba pasarlo por los pelillos del monte de venus. Todo en ella era perfecto.

-¿No le haré daño?- pregunto algo preocupado Gabi, pero sin pasar de rozar su polla por los labios de la chica.

-En realidad- se adelantó Sara- bueno, la barrera física ya no está. Marta y yo la perdimos juntas, bueno, con un mango de un cepillo para el pelo. Pero aparte de eso…

-Mejor que mejor mi amor- dijo Andrea arrodillados junto a su hija y chupando un poco sus tetas mientras le acariciaba el pelo- aun asi tu hermano la tiene grande, y tu sigues estando estrechita, pero así os gustara mucho mas ya veras.

-¿Y el condon?- preguntó de repente alarmada Sara.

-Shhh, mi amor, tu no te preocupes por eso, tu primera vez- y en realidad todas las demás pensó Andrea para sí misma- debe ser a pelo, y más cuando es con el amor de tu vida como es tu hermano, ¿entiendes?. Tu no te preocupes de nada.

Gabi se fue acercando, inclinándose sobre su hermana, mientras se sujetaba el badajo y lo dirigía lentamente hacia su vagina. Gabi comenzó a empujar, suavemente, metiendo primero la punta, muy lentamente, mientras besaba sin parar a su hermana en la frente, en las mejillas, los párpados y sobre todo los labios. Algo en él necesitaba que ella se sintiera querida cuando hicieran esto. Y ella le respondía con besos, y rodeando su cuello con su finos y blancos brazos, mirándole con una ternura que a Gabi lo derretía por dentro.

-Muy bien mis chicos, ahora ve metiéndosela muy lentamente, disfruta de este momento Gabi, tu hermana se está abriendo para ti y la estas haciendo tuya.

Gabi lo sentía, la cabeza de su polla ya estaba dentro y ya sentía el calor de aquel horno que era el interior de Sara. Si no fuera porque se había corrido hacía apenas unos minutos posiblemente ya habría llenado a su hermana de lefa. Las paredes de su vagina le apretaban tanto que casi no podía moverse, le masajeaban la polla con cada movimiento del cuerpo de la chica y de no haber estado tan sumamente húmeda dudaba que hubiera conseguido penetrarla.

Sara gemía con cada nuevo centímetro recorrido, la mitad de la polla de su hermano ya estaba dentro, y ella sentía cómo la iban abriendo, lentamente, pero sobre todo sentía temblar y moverse aquel ser extraño que la estaba revolviendo por dentro.

Era una sensación extraña, de placer intenso cada vez que el glande de Gabi se arrastraba por sus paredes, y de cierta incomodidad cuando esa misma polla la iba abriendo para hacerse un sitio dentro de ella.

Gabi dio un último empujón, y finalmente los pubis de los dos jóvenes se juntaron, los vellos oscuros de ambos se mezclaron en el punto de unión. Sara soltó un gritito al sentir como la punta de la polla de Gabi tocaba la puerta de su útero. Lo tenía metido en la matriz, y el placer fue tan intenso que casi le costaba respirar. Pero él estaba siendo tan cariñoso, no paraba de besarla, de acariciar sus pezones con sus manos y de susurrarle al oído que era la chica más guapa, caliente, y sexy que había conocido, y lo mucho que sentía que la quería. Algo en lo más profundo de la mente de Sara le prevenía que eso es lo que diría cualquier hombre cuando te la esta metiendo, pero ella apartó esos pensamientos, sabía, o quería saber que de todas las personas del mundo él decía la verdad, y todo parecía apuntar a ello.

-Dios- dijo Andrea empapada de nuevo. Se sentía fuera de sí, se quitó el sujetador dejando libres sus hermosas tetas y comenzó a acariciarse los pezones mientras con la otra mano se la metia en las bragas se hurgaba el coño con un dedo- Asi Gabi, metesela, hazla el amor, demuestrala cuánto la amas, nadie la va a querer mas que tu. Muévete así, sin prisa, pero no te detengas, sacala y la vuelves a meter.

Andrea comenzó a dedearse con fuerza, hacía años que no sentía ese placer tan incipiente, ese que te avisa de que el orgasmo va a ser apoteósico, de esos que quedan para siempre en la memoria. No podía quitarles los ojos de encima, aquellos dos cuerpos tan hermosos, tan jóvenes, recubiertos de aquel sudor que casi parecía hacerles brillar. Como se movían, acariciándose con todo el cuerpo mientras no paraban de besarse y lamerse, y sobre todo ese sonido como de chapoteo. Ese sonido, que aunque no pudiese verlo desde su posición le hacía saber que Gabi estaba penetrando a su hermana, que su polla estaba en su interior, moldeandolo a su forma, solo para él, como debía de ser. Así había sido con ella. Se metió un segundo dedo en el coño.

-Sois la imagen más sexy del mundo, os quiero más que a nada mis niños- dijo Andrea también jadeando, dejándose llevar por sus instintos por primera vez- el amor entre dos hermanos jovenes, y hermosos, es lo más bonito que existe en este mundo. Yo lo sé bien.

Gabi dejó de besar a su hermana un instante y miró a su madre intrigado. Duró apenas unos segundos pues Sara, hambrienta como estaba le agarró el rostro para volver a dirigirlo a sus labios y continuar con sus besos. Ella ya se sentía tan necesitada de él, pensó Andrea, yo también fui así hace no tanto tiempo.

-He visto a muchos hermanos hacer el amor y follar, en este pueblo no es raro, es más, es lo corriente. Pero ¿queréis que os cuente más? También empecé así.

-¿Con la tia Rosa?- pregunto Gabi entre besos sin apoyar de jadear y de follar el chocho de su hermana.

-Con ella, si, y con vuestro tío Enrique.

- ¡¿Te acostaste con el novio de tu hermana, mama?!¡A Gabi, te quiero! ¡Ah, más profundo!- gimió Sara

Andrea sonrió. Este era tan buen momento como cualquier otro para empezar a contar las verdades. Eso la excitaba como pocas cosas y se metió un tercer dedo en el coño, que ya chapoteaba de lo empapado que estaba.

-Mi amor, me acosté con el hermano de mi hermana.

Ambos la miraron, con los ojos como platos, sin parar de frotarse entre ellos, no dijeron nada, solo la miraron expectantes, mientras sus cuerpos seguían enfocados en seguir haciéndose el amor.

-Si, el tío Enrique es nuestro hermano mayor.

- ¡Ah, ah!¿y el padre de nuestros primos? ¡Dios! ¡Gabi!- preguntó Sara entre embestidas

-Si, Susana y Pablo. Yo vi como eran concebidos.

Sara se retorció, como si oir eso disparara un resorte en su interior. Se abrazó a su hermano con las piernas y los brazos como intentando fundirse con él. Con la boca abierta y los ojos cerrados.

-¡O DIOS! ¡Gabi! ¡Me co…!- no pudo terminar la frase. Volvió a caer sobre el colchón, respirando intensamente, completamente perlada de su sudor y del de su hermano que caía en goterones desde su nariz y barbilla. Pero Gabi no se detuvo, con embestidas lentas pero profundas continuó haciéndole el amor.

-Mama- dijo casi susurrando Gabi- ¿y….? ¡Dios, estás tan apretada!

-Mi cielo- dijo Andrea mientras se martirizaba el coño con fuerza- hace unos veinte yo estaba en una cama similar, vuestra tía Rosa estaba en mi lugar, sujetándome la mano, y vuestro tío Enrique, vuestro padre, me estaba haciendo el amor, la mejor tarde de mi vida. Igual que vosotros ahora, fue hermoso, con mucho amor, y acabé completamente llena de su lefa. Ese día me dio el primero de los dos mejores regalos que jamás he recibido. Eres tan guapo como lo era él entonces, Gabi.

-Dios, ¡Dios!, ¡Dios!- comenzó a gemir Gabi mientras aumentaba la intensidad de sus embestidas.

-¿Te pone oír eso cariño? Que tu madre te tuvo porque amaba tanto a su hermano mayor que no pudo negarse a que la llenase de su semilla y la hiciera un hijo.

-¡Ah! Dios Gabi, ¡Tan fuerte! ¡te quiero, te quiero!- Sara ya estaba casi fuera de la conversación, sus palabras solo se referían a la follada que le estaba dando su hermano.

-¡Te quiero Sara! Joder, no voy a aguantar mucho más.

Andrea tampoco, y quería que el final fuera apoteósico. Miro la carita de su hija.

Si Sara se parecía en algo a su madre debía estar hipersensible después de su primer orgasmo y no tardaría mucho en tener otro. Ella también estaba muy cerca, pero quería que Gabi acabase primero, que él pudiera disfrutar del placer de amar a Sara.

-Sigue campeón- le animo Andrea- ¿no quieres hacer como tu padre? ¿no te gustaría llenar a tu hermana?

-¡Joder!- Gabi ya apenas podía hablar, penetraba a su hermana de forma frenética, y esta lo recibía como podía mientras gritaba cuando lo quería.- ¡Joder quiero corrrerme! ¿Debería sacarla? Joder. Quiero acabar dentro de ella mamá, ¡quiero llenarla!

-Sí, mi amor.

-Pero ¡Ah dios! no estoy protegida, si se corre dentro… ¡Ah joder, me voy a correr otra vez!

-Shhh- Andrea se acercó a la cara de su hija y la beso en los labios callandola, pero sin dejar de masturbarse.- Es decisión de tu hermano. Te lo dije antes, su lefa tiene que acabar dentro de ti, él decide dónde.

-¡Pero mamá!- dijo alternando la mirada entre ambos- ¡Y si me haces un bebe Gabi, un bebe con tu hermana!

Andrea se dio cuenta de que si Sara quería desalentar a su hermano estaba consiguiendo justo lo contrario, y Gabi no tuvo que decir nada para que Andrea viera la determinación en sus ojos.

-¡Te quiero joder te quiero! - grito Gabi mientras apretaba cada embestida.

-¡O señor!- le siguió Sara siguiéndole, abrazándolo con todas sus fuerzas.

-Disfrutalo mi niña, siente su amor- le dijo Andrea mientras ella misma rozaba el orgasmo con sus dedos.

¡JODER!- rugió Gabi mientras daba un par de últimas embestidas profundas y comenzaba a depositar toda su semilla en el interior fértil y tierno del útero de su hermana menor. Como si la vida se le escapase por la polla, sentía que le estaba dando todo su amor a Sara.

Y esta lo notó, vaya que si lo noto. Pudo contar los potentes chorros de semen que golpeaban la pared de su cérvix, llenándola de un calor tan ardiente y reconfortante que la llevó directa a alcanzar un orgasmo aún más fuerte que el anterior. Quería gritar que le quería, que ojalá la hubiera embarazado, pero no pudo más que boquear y morder el hombro de su hermano más fuerte con cada chorro de esperma que la inundaba el útero.

Andrea no lo aguanto más y también se corrió, acabando de rodillas en el suelo mientras no podía dejar de ver la maraña en que se había convertido el coito de sus vástagos. Tenía las piernas tan empapadas de flujo que hasta el suelo estaba empapado, y las bragas como si acabaran de salir de la lavadora.

Por un instante no se escuchó más que el sonido de las respiraciones profundas y agotadas de los tres en toda la habitación.

Andrea consiguió levantarse, aun con las piernas temblando y miró a sus hijos llena de ternura. Se agacho levemente tras ellos lo justo para ver como la polla de Gabi seguía dentro de su hermana, y como por los bordes de su coñito se escapaban algunas gotas de esperma.

Sara abrazaba a su hermano con fuerza, sin querer soltarlo, como si su calor, su peso, y hasta su olor se hubieran vuelto de repente más importante que el propio aire para respirar.

Gabi la besaba suavemente, casi como bebiéndose el sudor de su frente.

Andrea se acercó a ellos, y beso a ambos suavemente en la frente. Sus chicos comenzaban a respirar más lentamente, más tranquilos, y tenían una imagen de paz, y de calma en sus rostros, como si se hubieran quitado un enorme peso de sus espaldas.

-Estoy muy orgullosa de vosotros. Os habéis portado como adultos, y estáis donde debéis estar, y yo no podría amaros más por eso.

Ambos estaban agotados. Andrea lo entendía, recordaba los polvos con sus hermanos cuando tenían su edad, y eran tan agotadores como satisfactorios.

Sara suspiró cuando la polla de Gabi terminó de volverse flácida y se escapó del interior de su coñito así como un poco de su lefa, dejándola con una sensación de vacío que no había sentido antes.

-Te quiero muchísimo ¿Sabes?- le dijo bajito al oído.- Siento mucho que no hayamos peleado todo este tiempo

-¿Si? yo también- dijo él con una sonrisa mientras la abrazaba con fuerza por unos segundos para luego separarse quitándose de encima de su nueva amante y acabando de espaldas junto a ella. Se sentía tan pleno, más grande que nunca. Había perdido la virginidad al fin, y había sido con una chica guapísima, que además lo quería, y más aún, que era su “odiada” hermana menor, que ahora era sin duda la su persona favorita sobre la faz de la tierra.

-Vosotros dos descansad, el tiempo que necesiteis, al fin y al cabo estáis de vacaciones.- dijo Andrea mientras recogía su ropa y las de sus hijos del suelo- Hablar, dormid o simplemente daros caricias y besos. Podéis volver a hacer el amor y que Gabi vuelva a llenarte de semen si lo preferís. Lo que queráis. Cuando estéis listos, daros una ducha y bajad a comer algo, tenemos muchas cosas de las que hablar. Os quiero más que la vida misma.

Con suavidad bajó la persiana de la habitación hasta dejarla casi en completa oscuridad y tras darles un beso en los labios a cada uno se fue cerrando la puerta tras ella.

Bajo las escaleras, lentamente, las piernas aún le sostenía débilmente, iba a tardar un rato en volver a la normalidad. Tenía que poner una lavadora, terminar de preparar la comida, hacer unas cuantas llamadas y mandar algunos mensajes. Iba a ponerse a ello, cuando pudo escuchar unas risas que venían en la habitación de Gabi, las risitas se convirtieron rápidamente en gemidos, e incluso algunos gritos medio ahogados todos envueltos por el golpeteo de una cama contra la pared. Andrea no pudo evitar volver a sonreír de orgullo.

Si has llegado hasta aquí te agradezco el esfuerzo y espero que hayas disfrutado leyéndolo tanto como yo escribiendolo. Si quieres dejarme un comentario constructivo o una critica eres bienvenido a hacerlo. Y si te has quedado con ganas de más, ya estoy trabajando tanto en la continuación como en otros relatos de otros personajes ya mencionados en esta ciudad en la que el amor en la familia es lo más importante. Si es así y te interesa alguno en particular no dudes en decírmelo. Por mi parte, si este primer capítulo es publicado pretendo seguir subiendo otros relatos (espero, si tengo tiempo e inspiración) sobre estos personajes y sus amores y aventuras.

Muchas gracias.