
La puerta del cuartito no terminó de cerrarse. Quedó apenas entreabierta. Lo suficiente. La luz tenue del interior dibujaba siluetas en movimiento contra la pared. Ella estaba de espaldas al marco, el cabello cayendo sobre sus hombros, la postura firme incluso cuando alguien más se acercaba a su cuerpo. No había duda de quién dominaba. Se escuchó el roce de tela deslizándose lentamente. Una prenda cayendo al suelo. Luego otra. El sonido suave de un beso que comenzó contenido… y se volvió más profundo, más urgente. El observador permanecía en la sombra, respirando apenas, consciente de que estaba cruzando un límite invisible. No debía mirar. No debía escuchar. Pero la puerta abierta era una invitación. Dentro, el ritmo cambió. La espalda...

Relatos Eroticos Ella seguía con esa falda negra corta, ajustada a sus caderas como si hubiera sido diseñada para provocar exactamente ese momento. El saco medio abierto, la blusa delineando cada curva… pero ya no había elegancia tranquila en su postura. Había fuego. Hambre contenida. Te miró fijo. Desafiante. Y esa mirada fue el punto de quiebre. La tomaste de la cintura sin titubear, acercándola a tu cuerpo con firmeza. Esta vez no hubo suavidad. Ella no retrocedió… al contrario, sus manos subieron por tu pecho hasta tu cuello, aferrándose, marcando territorio mientras su respiración se volvía más densa, más urgente. El sonido del cierre bajando rompió el silencio. No fue lento. Fue decidido. La tela cedió lo suficiente para dejar...

Nelly se miró en el espejo del baño, ajustando el escote de su top deportivo que apenas contenía sus voluptuosos pechos, fruto de esa “tuneada” que le había pedido a Fernando después del nacimiento de su hijo. A los 32 años, su cuerpo era una obra de arte esculpida por el cirujano: caderas anchas que se balanceaban con cada paso, un trasero firme y redondo que atraía miradas indiscretas, y unos senos que desafiaban la gravedad, grandes y provocadores. Su piel morena brillaba bajo la luz matutina, y su cabello negro azabache caía en ondas perfectas sobre sus hombros. Llevaba gafas de montura delgada que le daban un aire intelectual, pero sus labios pintados de un rojo intenso y sus pendientes grandes gritaban algo más salvaje. babeaban...

Estabas saliendo del trabajo y el clima estaba frio debido a que la lluvia caía con fuerza sobre la ciudad, te irías en el metro, el cual, estaba más lleno de lo habitual. Tú bajabas las escaleras con prisa, tu falda pegada a las medias por la humedad, traías un abrigo cubriendo apenas la silueta de su cuerpo. Habías trabajado todo el día, y lo único que te mantenía despierta era el pensamiento de que pronto nos veríamos.