
Capítulo (48) «¿Querrá comprobar que estoy bien y si ya me he quedado dormida? Es un amor, pero lo que yo necesito ahora es otra cosa…» Me sequé y me dirigí a abrir la puerta, agradeciendo al cielo por haberme dado tiempo a enmascarar mi vicioso pecadillo. — Cariño… —dije, abriendo la puerta y quedándome sin palabras. — No es cariño, precisamente, lo que vengo a darte… —me cortó Fernando, entrando directamente y cerrando la puerta tras de sí. — ¿Pero estás loco? —pregunté, aún conmocionada—. ¡No deberías estar aquí! — ¿Cómo que no? —replicó Fer con autosuficiencia, tomándome por la cintura para pegar su cuerpo al mío y hacerme sentir la rotundidad de ese paquete que no había dejado de captar mi atención durante la comida—. Aquí es donde...