
Un joven pasa cinco días en una casa de campo con su tía y dos primas, donde las reglas familiares se rompen y el deseo lo consume todo.

— ¿”Empresas cárnicas”? —preguntó Agustín. — Sí, así es como se las conoce en nuestro mundillo… —aclaró Fer, incidiendo nuevamente con su rodilla en mi muslo para comenzar a frotarlo lentamente. No pude atender a la explicación, pues el cosquilleo recorrió mi cuerpo incitando a mis globos oculares a dirigirse, una y otra vez, al atractivo abultamiento que parecía acrecentarse con ese clandestino roce, al tiempo que mis pezones también se endurecían. Afortunadamente, mis continuas miradas pasaban desapercibidas para el resto de comensales, pues todos estaban atentos a la exposición del informático. Y él se estaba recreando en ser el centro de atención, explayándose sobre su futuro laboral y las oportunidades que esperaba aprovechar...