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📣 Famila DRK: 📢

Mi suegro llega, me encuentra en calzĂłn y me coge

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Ven tĂ­o, tocame

Tiempo estimado de lectura: [ 7 min. ]

Campamento de Verano

Tiempo estimado de lectura: [ 33 min. ]

MĂ­ mujer y el Cubano

Mi mujer y el cubano Cuando descubres a tu mujer masturbándose a escondidas, evidentemente no funcionas en la cama. Yo nunca me había considerado un gran amante, más bien lo contrario, pero no imaginaba que estuviera tan necesitada. Con 53 años y un cuerpo rotundo, Rosa, mi mujer, no parecía muy feliz conmigo. La encontré sentada en su ordenador, mirando un vídeo porno de Internet y masturbándose frenéticamente con la mano dentro de su pijama corto. Estaba contrayendo los músculos de sus nalgas, por lo que intuía que estaba para correrse pronto; en la pantalla, un muy musculoso joven se follaba salvajemente a una madura entrada en carnes. Con dos profundos suspiros, mi mujer alcanzó un profundo orgasmo, uno como nunca había tenido...

Noche de Bodas

Noche de bodas Le di un buen trago a mi copa de cava. Tenía mucha sed, pero aquella era una noche para celebrar, así que nada de agua. Mi mujer sudaba mucho más que yo; su cuerpo estaba totalmente cubierto de transpiración, e incluso su cabello castaño mostraba esta humedad. A pesar de estar técnicamente en ropa interior, su atuendo le daba bastante calor; desde el balcón de la habitación del hotel podía ver la humedad dentro de sus medias blancas; el corsé del mismo color cubría todo su torso, y los guantes de raso blanco rebasaban sus codos. Ella iba toda de blanco, como una novia. Y es que lo era, pues esa misma tarde habíamos contraído matrimonio. Mi esposa me miraba desde la cama, y su rostro reflejaba la anticipación, cuando...

Mi nuevo trabajo

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Entregando a mi esposa por primera vez

Tiempo estimado de lectura: [ 49 min. ]

Corrompiendo a mamá 17

Tiempo estimado de lectura: [ 21 min. ]

Paredes de Papel 50

Capítulo (50) Ya volvía a tenerle en pie de guerra, casi totalmente rearmado para atacarme con mayor contundencia que mi marido en su época de gloria, pero me gustaba tanto su polla, que no pude resistirme a metérmela en la boca para chuparla tranquilamente, agasajándola con todo el calor, suavidad y jugosidad de mis carrillos, lengua, paladar y labios. La humedad de mi entrepierna se hizo más patente cuando sentí cómo ese manjar terminaba de engrosarse dentro de mi cavidad oral, poniéndose duro como la porra de un policía antidisturbios, excitándome tanto, que comencé a succionar con más fuerza. — Para, golosa, que te vicias —dijo Fer, sujetándome la mandíbula y sacándome el trabuco—. Si sigues comiéndomela así, no voy a querer que...