March 29, 2025

Los placeres secretos de María

Tiempo estimado de lectura: [ 12 min. ]

Al ver que yo lo miraba atentamente......

Los placeres secretos de María

Me llamo María, tengo 45 años, tengo un cuerpo trabajado, por horas y horas de gimnasio

Tengo un buen pasar económico, lo que me permite disfrutar de todas las cosas buenas que la vida tiene para ofrecer.

Mi preferencia sexual, son los chicos veinteañeros y musculosos.

Hay muchas otras cosas que me gustan: música, cine, ropa bonita, salir de noche, bailar, por nombrar algunas.

Pero Dios, creo que todos tienen algo que ver con el erotismo y el sexo.

Soy una persona muy física. Quiero sentirme bien en mi cuerpo

Soy divorciada y tengo un hijo de 20 años, que ya no convive conmigo, aunque nos vemos con mucha frecuencia.

Por razones de cercanía con su trabajo, mi hijo, alquiló un departamento y se fue a vivir solo

Como ahora vivo sola, puedo ausentarme de mi casa, cuando quiero

Ese día me vestí con una minifalda negra de lycra muy corta y brillosa, que apenas tapaba la tanga negra, que usaba como ropa interior

Un top negro también de lycra, muy ajustado, del mismo estilo de la minifalda, sin mangas y muy escotado, que marcaban mis voluminosos pechos y mis pezones

Medias de red negra y borcegos negros de tacón bajo, para poder bailar cómoda toda la noche.

Tenía la intención de dirigirme, a una fiesta techno o electrónica, pues es frecuentada por jóvenes veinteañeros musculosos, como me gustan a mi

Además, anhelaba la sensación de colocarme con una pastilla de éxtasis y presionar mi piel caliente, contra la piel suave, joven y musculosa de alguien, cuyos sentidos también ardieran, impulsados por la misma droga

No había sensación en el planeta, más potente que la euforia del amor y el sexo, acelerados bajo el uso de éxtasis.

Mi instinto me decía que esta podría ser una noche emocionante.

Dentro del lugar, baile un rato en el primer escenario. Ojos cerrados, brazos arriba, gente bailando sola, gente bailando en círculo, cada quien disfrutando la música a su modo.

Sentía la euforia colectiva, los sonidos retumbantes y repetitivos de la música

La verdadera atracción del lugar, eran las chicas adolescentes y veinteañeras con atuendos increíblemente cortos, a menudo solo un sujetador y minifaldas, pulseras de colores y diminutos encajes y medias de rejilla que se esforzaban por contener sus voluptuosos pechos y traseros.

Las mujeres más bellas se mostraban en el escenario, sexys y casi desnudas.

Allá donde fueras, el público estaba lleno de grandes tetas rebotando y caderas contoneándose con la alegría frenética de las mujeres experimentando la dicha de alcanzar el MDMA.

Había tomado una pastilla de éxtasis, hacía unos 45 minutos, así que empecé a sentir ese pequeño cosquilleo, Ese familiar y hermoso cosquilleo

Se sentía bien, demasiado bien. A medida que los músculos se contraían, pequeñas oleadas de placer emanaban de cada contracción

Me sentía cada vez mejor, e involuntariamente empecé a mover mi cuerpo al ritmo de la música.

Una multitud compacta de músculos y curvas brillantes, cabellos ondeando y pupilas dilatadas, se movían a mi alrededor, rozándome

Y yo vibraba al ritmo de la música electrónica, con gente feliz y drogada.

Las hipnóticas luces del escenario. El bajo vibrante, las luces y rayos láser me habían cautivado

La pastilla de éxtasis había empezado a surtir pleno efecto.

Mi cuerpo se sentía suelto, libre, electrizado de placer.

De pronto lo divise, un joven de 18 años, con un cuerpo tonificado y musculoso, que bailaba despreocupadamente.

Al ver que yo lo miraba atentamente, me miró, se mordió el labio y me guiñó un ojo.

Y yo le sonreí

Detrás de él estaba su mejor amigo, otro joven de 18 años.

El primer jovencito, que luego descubriría que se llamaba Carlos, tomo una pastilla de éxtasis.

Con una sonrisa nerviosa, se la metió en la boca, tragándola con un trago de su botella de agua.

Su amigo Alejandro hizo lo mismo, intercambiando una mirada cómplice.

Y ambos, se fueron acercando a mí

-"¿vienes seguido por acá?", preguntó Carlos, rodeándome con sus brazos.

Es la primera vez que vengo, respondí.

Alejandro se acercó y me saludo también, meciéndose al ritmo de la música.

Empezamos a bailar los tres al ritmo frenético de la música

Nuestros cuerpos se rozaban, bajo las luces negras que brillaban con la misma intensidad que cualquiera de los láseres, que salían del escenario. Di un paso atrás y apreté mi trasero contra la entrepierna de Alejandro.

Estoy segura de que le encantó. Sus manos subieron al ritmo de la música, hasta mis pechos

Eche mi cabeza lentamente hacia atrás y cerré los ojos

Alejandro me beso el cuello, mientras me acariciaba los pechos, jugueteando con mis pezones.

Su pene erecto, presionaba mi trasero

Casi como si lo hubieran ensayado, Carlos, que había estado bailando frente a mí, se acercó más y extendió la mano hacia adelante, abriéndose paso por debajo de mi tanga negra y la posó sobre mi vagina afeitada y deslizó fácilmente un dedo dentro de ella.

Se acercó más a mí y apretó su cuerpo cálido, suave y tembloroso contra el mío.

Nuestras pieles ardían de placer.

Sentí que su pene, se hinchaba rápidamente, presionando contra mí ya húmeda vagina

Mientras tanto, su respiración se hacía más superficial y rápida a medida que el pene, cada vez más duro, se restregaba contra mi entrepierna

La música sonaba mientras nos apretábamos el uno contra el otro una y otra vez.

Nos miraron a los ojos con las pupilas dilatadas por las pastillas de éxtasis

Carlos presionó sus labios calientes contra los míos y los besó con avidez.

Mientras tanto Alejandro, me besaba el cuello y restregaba su pene en mi cola

No estaba segura de sí los demás se darían cuenta de que estaban haciendo, en la pista de baile.

La multitud era densa y la pista, estaba cubierta de niebla, así que era difícil ver lo que hacíamos.

Pero igualmente me daba igual.

Rodeé a Carlos con mis manos por la cintura, y lo atraje hacia mí y le apreté el trasero. Me mordió el hombro y el placer me invadió.

Alejandro se apretó junto a mí y me mordisqueaba la oreja

Los dedos de Carlos empezaron a entrar y salir a mayor velocidad de mi vagina

Mi cuerpo respondió de inmediato, desbordándose sin control en un orgasmo intenso.

Puse los ojos en blanco y mis músculos se convulsionaron, mientras me aferraba a él, apretándolo con tanta fuerza que en cualquier otro momento me habría resultado doloroso.

Pero ahora, en un exquisito subidón de éxtasis, el dolor se transformó en puro placer.

_"¿Sabes qué? Deberíamos largarnos de aquí, dijo Carlos.

_ Si, salgamos de aquí dije yo.

_ Vayamos a la casa de José, que esta acá cerca, dijo Alejandro.

Caminamos abrazados los tres a la casa de José, un joven de 20 años

Entramos al departamento y conocí a José un joven musculoso de 23 años

El departamento, era chico, estaba vacío por dentro, en la mesa una bolsita de polvo rosa, pastillas y botellas de licor medio vacías y una botella de champagne

Charlamos por un rato y tomamos unas copas de champagne

Carlos empezó a besarme y Alejandro y José empezaron a acariciar mi cuerpo.

El efecto del éxtasis había cesado y me propusieron inhalar un poco de cocaína rosa, también llamada Tusi.

José preparo unas líneas de Tusi y luego Carlos, José y Alejandro la inhalaron

Luego preparo una línea gruesa para mí y la inhale y saboree el subidón hedonista que me subía por la nariz. Y ahí estaba yo una mujer madura drogada a la merced de tres jovencitos y me encantaba y excitaba la situación

Me deleite con la sensación del estimulante que acababa de inhalar y la anticipación de una noche que pretendía que fuera una sesión de sexo legendario, que perduraría en mi memoria, para el resto de mi vida

Miro a cada uno de los chicos, mientras se bajan los pantalones, todos con los penes visiblemente erectos. Los chicos empiezan a quitarse la ropa interior, y veo por primera vez sus penes erectos, todos de muy buen tamaño en largo y grosor

Nos fuimos quitando la ropa y luego de quedar desnudos, hubo algunos besos y toqueteos A los 20 minutos la droga me hizo efecto, me sentía eufórica, mi piel estaba hipersensible a cada roce y muy caliente

Mis labios pasaban de una boca a otra y muchas manos tocaban mi cuerpo

Mis manos acariciaban sus penes, grandes y calientes, luego los chupaba uno a uno

La excitación que sentía era anormal, nunca la había sentido, ni con las pastillas de éxtasis

Cada sonido, cada caricia eran cada vez más intensas y una sensación de calor y hormigueo inexplicable

Mi corazón latía desbocado

Me dirigí a la cama y me recosté en ella y les hice seña para que vinieran

Los chicos empiezan a subirse a la cama.

Dos de ellos se acercan a mi cabeza, poniendo sus penes duros en mi cara.

Me giro a la derecha y acepto el pene de Carlos en mi boca primero.

Empiezo a chupársela apoyándome en un codo.

Con la otra mano, agarro el pene de José y empiezo a acariciarlo.

Siento a Alejandro tocándome los pechos y las piernas, recorriendo mis muslos con las manos.

Sentí que Alejandro se movía entre mis piernas y las separaba aún más.

Acomodó su cara entre mis muslos y empezó a lamer mi vagina.

Me sentí muy traviesa y me encantó ser el centro de atención

Frente a la cama había un gran espejo, que me devolvía la imagen de una hembra madura, rodeada de machos jóvenes y vigorosos.

Mi primer orgasmo de la noche lo provocó la experta lengua de Alejandro en mi híper excitada vagina.

Exploté mis fluidos mientras gemía con fuerza

Dejé caer la cabeza hacia atrás sobre la cama, jadeando literalmente por el placer que acababa de recibir.

Mientras mi orgasmo se calmaba, Alejandro, continuó lamiéndome la vagina, saboreando mis jugos.

Me vi en el espejo, inhalar otra línea de cocaína rosa y la imagen me provoco una excitación intensa, me sentí en un abismo de lujuria y deseo.

Ya no había límites. No había relaciones. Era una absoluta libertad de carne y placer.

Alejandro le dijo a José que se tumbara en la cama.

Luego Me dijo: " ponte encima de él". Lo hice.

Me percate que no tenía puesto ningún condón, pero no me importo, estaba muy pero muy excitada y la idea de tener el esperma caliente de estos tres jovencitos en mi interior, me ponía más caliente.

José bajó la mano y metió su pene en mi vagina. Me deslicé sobre él y empecé a cabalgarlo.

Alejandro, suave pero firmemente, me empujó hacia abajo sobre José.

Sabía lo que venía, así que arqueé la espalda ligeramente, sacando el trasero para que pudiera acceder a mi trasero.

Alejandro puso su pene contra mi ano y empezó a empujarlo, haciéndome gemir aún más fuerte.

Me sentí de maravilla con dos penes juveniles dentro de mí a la vez.

Me levanté un poco para que José, que estaba debajo pudiera embestir mi vagina.

Lo hizo, y Alejandro empezó a penetrarme analmente.

Gemí fuerte mientras ambos me penetraban a la vez.

Carlos hizo lo que yo deseaba: me agarro de la cabeza y me metió el pene en la boca. ¡Por fin estaba completamente apretada!

Tres penes me bombeaban a la vez; estaba en el cielo, viviendo mi fantasía.

El primer pene en correrse, fue en mi boca.

Me tragué su semen lo mejor que pude.

Se corrió mucho, y un poco me corrió por la barbilla.

Alejandro, fue el siguiente en correrse.

Lo sentí bombear mi ano con más fuerza, y gruñó y gritó

Sentí su semen caliente dispararse en mis entrañas.

Mientras Alejandro vaciaba su semen en mi culo, José empezó a gruñir y a correrse dentro de mi vagina

Estaba al límite, y en un instante estaba teniendo un orgasmo muy intenso.

El efecto de la droga, se siguió intensificando, mi piel se quemaba, mi corazón se desbocaba

Carlos me pregunta, si quiero que vengan tres amigos más.

Le digo que si son jóvenes si, calculo que mi voluntad está viciada por la droga

Aunque ser poseída por seis sementales me enloquece.

A los 20 minutos suena el timbre, son ellos. Alejandro los hace entrar

Son tres jóvenes Juan 18 años, Marcelo 19 y Renato 18

Mientras esperaba tumbada, noto que aún puedo saborear el semen que me tragué de tres hombres diferentes, y también siento el semen que sigue rezumando de mi vagina y mi ano.

Me pregunto qué estarán planeando para mí.

Pronto lo descubriré.

El primero en acercarse a mí Juan, me levantó las piernas y les dijo a Marcelo y Renato, que las sujetaran.

Lo hicieron, y mi vagina y mi ano ahora estaban abiertos, expuestos e irritados.

Mientras me mantenían las piernas abiertas Juan coloco su pene contra mi ano y lo deslizo lentamente dentro de mí.

Mientras Marcelo y Renato, me sujetaban las piernas y Juan me embestía el culo, José, Alejandro y Carlos se reunieron alrededor de la cama para mirar.

Empecé a llegar al clímax, y Juan el jovencito que me penetraba el culo, aceleró sus embestidas para correrse conmigo.

Ambos gemimos fuertemente hasta tener nuestros orgasmos conjuntos.

Marcelo y Renato que eran los dos que me sujetaban las piernas, me soltaron.

Marcelo se tumbó en la cama y yo me puse encima de él.

Deslicé mi vagina sobre su pene me incliné y Renato subió a la cama detrás de mí y me empujó hacia abajo sobre Marcelo que estaba debajo mío.

Esperaba una penetración anal, pero en lugar de eso sentí su pene empujando contra la parte superior de mi vagina.

Nunca había hecho una doble penetración en el mismo agujero.

Tenía una mezcla de deseo, ansia y miedo.

Primero, el deseo, debido a mi estado de excitación.

Miedo al dolor y a no poder seguir adelante.

Intenté relajarme lo máximo posible, mientras el jovencito presionaba hacia adelante.

Sentí que mi vagina empezaba a estirarse mientras sus penes combinados empezaban a penetrarme.

Sentí un ligero momento de incomodidad, pero luego pasó.

Habían logrado insertar las cabezas de sus dos penes en mi vagina.

Sentí que mi vagina se estiraba a otro nivel.

Solté un gemido de placer porque ¡era realmente delicioso!

Empezaron a embestirme.

Al principio fue incómodo, pero pronto cogieron un ritmo: uno entraba y el otro se retiraba.

Nunca había sentido nada igual; mi vagina recibía placer como nunca antes.

Sentí que mi orgasmo se acercaba y sabía que iba a ser intenso.

Llegué al clímax tan intensamente que grité de placer.

Marcelo llegó primero y pronto le siguió Renato.

Mi vagina estaba tan llena de semen y tan abierta que cuando se retiraron de mi vagina, el semen se derramó por mi agujero abierto sobre el estómago de Marcelo.

Sus testículos, su pene y su bajo vientre estaban cubiertos de semen.

Yo estaba en éxtasis; sin dolor, solo placer

Alejandro, Carlos y José ya recuperados quieren tener sexo conmigo mi cabeza se nubla, mi corazón galopa desenfrenadamente

José, se recostó al borde de la cama, yo me se senté sobre su pene, metiéndomelo por completo dentro de mi ano.

Recosté mi cuerpo sobre su pecho mientras me penetraba y entonces vino Carlos, con su pene bien lubricado empezó a metérmelo poco a poco… en el ano.

Mi ano estaba bastante dilatado, así que había sitio suficiente para dos penes duros listos para explotar.

Los dos penes duros estirando mi esfínter, abriéndolo totalmente, me sentía tan pero tan abierta.

Carlos me agarró fuerte de las caderas y empezó a metérmelo brutalmente.

Empecé a gritar, con mi espalda arqueada, mi pelo por toda mi cara.

Ambos empezaron a moverse más rápido… sabía que pronto tendría toda su esperma dentro, lo deseaba como loca. “¡Dame la leche, dame la leche!” reclamaba como perra en celo.

Me estaba descompensando, mi corazón estaba a punto de estallar, mi vista engañaba mis sentidos, veía destellos de luces, los objetos se desenfocaban

La línea entre la fantasía y la realidad parecía haberse desdibujado por completo. Cuerpos y partes del cuerpo se fundían, se mezclaban y se separaban. Debo haberme desmayado, pues no me acuerdo de nada más.

Me despierto al otro día, me miro en el espejo de la pared; debería estar avergonzada de lo que acabo de hacer.

Mi vagina y mi culo, estaban llenos de semen de varios hombres, Tenía semen seco por toda la cara y el cuerpo.

Tenía el pelo hecho un desastre y el maquillaje corrido, me dirijo al baño a ducharme

Mientras me duchaba, pensaba en lo que acababa de hacer, o mejor dicho, en lo que había permitido que me hicieran.

Me despedí de los jovencitos, prometiendo volver muy pronto, no sin antes pedirles sus números telefónicos

Sigo pensando que debería sentirme culpable, pero no.

Lo malo es que quiero volver a hacerlo.

Sé que estoy jugando con fuego, pero está en mi naturaleza, una naturaleza, que me exige, actos cada vez más atrevidos, más públicos, más tabú.

Mientras espero, sé que la próxima vez lo que hare será más fuerte, más intenso, más incontrolado.

© Veronica / 📰 @RelatosEroticosDRK