June 23

Hace unos años con Ana

Primera experiencia con mi hermana Ana.

Tiempo estimado de lectura: [ 45 min. ]

Esta es una historia real y, como sucede en estos casos, solo cambiaré los nombres de sus protagonistas, por si acaso, que el mundo es un pañuelo.

Soy el tercero de seis hermanos, tengo dos hermanas mayores que yo, otras dos más pequeñas y por último un hermano, de una familia de clase media alta, en la que nunca ha faltado nada sino más bien al contrario. Nuestra vida, hablo de hace unos años, era normal y rutinaria, de casa al colegio y del colegio a casa. Miércoles, sábados y domingo judo, martes y jueves natación, fines de semana de invierno esquí, sábados por la mañana fútbol.
En fin, una vida sana y muy programada.

Estudiaba en un colegio de curas y, aunque no era el primero de la clase, sí que tenía, generalmente, buenas notas. Entre los hermanos nos llevábamos bien, con las peleas normales cuando éramos más pequeños y un mayor acercamiento cuando fuimos creciendo.

Cuando terminé el colegio, empecé a estudiar en la facultad de medicina y para mí supuso un cambio tremendo. El colegio, sin ser un agobio, sí que había sido bastante estricto en lo que se refiere a estudios, conducta,...

etc., sin embargo todo esto desapareció al entrar en la universidad. Todo era libertad, si no querías ir a clase, no ibas, con lo que aquel primer trimestre fue un desmadre. Nunca había salido con chicas y ahí tuve mis primeros rolletes, mis primeras borracheras y mis primeras juergas. Hasta ahí, todo normal.

Claro, este cambio de actitud fue enseguida notado por mis padres que tomaron, rápidamente, cartas en el asunto. Me empezaron a controlar las salidas, los estudios - mis notas del primer parcial fueron realmente penosas - y hasta los amigos. Volví un poco a la rutina estudio - deporte que había tenido durante mi etapa escolar. Mis amigos de la facultad se convirtieron en meros compañeros de clase, ya nada de francachelas.

Consiguientemente, con quien empecé a salir los fines de semana fue con mi hermana Ana, la que va justo detrás de mí y tiene un año y medio menos que yo, y sus amigos, todos pertenecientes a las juventudes de una parroquia.

Mis hermanas mayores tenían novio e iban a su rollo y los pequeños eran demasiado pequeños para mí. En el grupo de mi hermana se hacían catequesis, charlas religiosas, misas... pero el ambiente no era tan horrible como pudiera parecer, pues a pesar de que había quien estaba todo el día con la cantinela de "vamos a rezar vísperas", "vamos a rezar laudes", no era todo el mundo y en el grupo había de todo, además de disponer de un local estupendo para nosotros.

Mi entrada en el grupo fue bien recibida, sobre todo por parte del sexo femenino y, gracias a mi hermana, tuve un par de novias de entre las chavalas más monas que había...

-Oye Chema, que me ha dicho fulanita que le gustas - Era ir sobre seguro.

Lo malo es que, dado el ambiente en el que se movía esta pandilla, todo acercamiento sexual consistía en unos cuantos besos y algún magreo detetas por encima de la ropa. Las chicas estaban siempre pendientes de sureputación, la que se dejaba tocar por alguno de sus novietes por debajo del sujetador ya era considerada una golfa. ¡Qué tiempos...!

La cuestión del asunto es que Ana y yo cada vez nos teníamos másconfianza, nos contábamos más cosas y nos íbamos haciendo inseparables.

Eso no quiere decir que diéramos de lado al resto de hermanos pero, al salir juntos en la misma pandilla, la compenetración era mayor.

Poco a poco y, sin que me diera cuenta prácticamente, mi hermana me iba pareciendo mejor que cualquiera de las chicas con las que andábamos, las comparaba con ella y siempre salía ganando Ana.

Un día, en una discoteca, sonaba música lenta, yo estaba un poco achispado y, además, me gusta poco bailar; de las chicas que había no me gustaba ninguna por lo que permanecía sentado a mi bola y con mi cubata, al que no daba tregua.

Ana estaba muy mona, su pelo negro le llegaba casi a la cintura, suelto, enmarcando una cara preciosa donde se veían unos ojazos enormes una naricita respingona y unos labios de esos que dicen cómeme. Llevaba una minifalda, no excesivamente corta pero sí lo suficiente para enseñar unas piernas que ya quisieran para sí cualquiera de las chicas que he conocido y un jersey cortito y muy ceñido. No tenía unas tetas de escándalo pero sí muy bien puestas y redonditas, de esas caídas hacia arriba de puro tieso.

Se le ocurrió la feliz idea de sacarme a bailar y yo me resistía pues no tenía ninguna gana, pero insistió tanto que finalmente fuimos de la mano a la pista.

Sonaba la música... El alcohol corría por mis venas... Ana me dijo que me quería mucho, que era su hermano preferido. Me hizo mucha ilusión y, casi sin querer, le di un beso en los labios. Fue un beso corto aunque no excesivamente, sin lengua, pero muy apasionado. Me puse como un tomate y le pedí perdón, pero ella solo sonrió y me dijo que no por bailar juntos nos teníamos que enrollar.

Ya sé que era broma y sé que ella no pensó nada raro pero yo tuve una especie de revelación: se me hizo un nudo en el estómago, otro en la garganta y, lo que es peor ¡Me había empalmado!

¡No podía ser!. ¿Cómo me podía enamorar de Ana? ¡Con la cantidad de tías que hay por ahí! Sin embargo, la realidad se me iba haciendo cada vez más evidente, cuanto más lo pensaba más seguro estaba; en los sentimientos no se puede mandar.

Disimulando todo lo posible seguimos bailando un rato y luego nos fuimos a casa, yo bastante serio y mi hermana, alegre como siempre, sin sospechar lo que pasaba por mi cabeza.

Me fui dejando llevar... Mi relación con ella no cambió por esto, no iba a dejar que se me notara nada, hubiera sido tremendo tener que dar explicaciones. A pesar de que mi hermana está bastante buena, nadie me habría entendido y sería el cachondeo de todo el mundo, eso sin contar a mi familia ¡Catástrofe total!

Ahora bien, conforme iba pasando el tiempo, más ganas tenía de decirle a Ana lo que sentía, pero seguía sin atreverme, no encontraba la manera de hacerlo. Cualquiera va y le dice a su hermana - Oye, ¿quieres enrollarte conmigo? - o - Mira Ana, que me he enamorado de ti, que me gustas un montón y que si quieres que echemos un polvo - No me parecía muy ético, pero algo había que hacer...

Por aquella época mi hermana no estaba saliendo con nadie, cosa curiosa, así que pensé que podría tener más posibilidades de éxito en mi empresa, aún siquiera por definir.

Empecé a mostrarme más íntimo en mis conversaciones con ella, le hablaba de mis gustos y experiencias sexuales, de las chicas que había en la facultad y con las que, al principio, había tenido algún escarceo... Todo con la esperanza de que me viera como yo la veía a ella, que tuviera celos de que alguien se metiera en medio de nuestra relación, tan íntima y especial. No notaba yo grandes avances pero tampoco me atrevía a ir más allá...

Un sábado cualquiera habíamos quedado todos los amigos para jugar un partido de fútbol en el campus de la universidad y decidimos hacer una sangría para pasarlo bien y que los espectadores, o sea, las chicas y los que no jugaban de la pandilla, pudieran ponerse a tono, amén de utilizarse como elixir para los jugadores. En un garrafón metimos el vino, el limón, la fruta, el azúcar y, por si acaso, un litro de coñac y otro de ginebra.

Aquella sangría era un bombazo.

Ya jugando, cualquier excusa era buena para acercarse a la banda y beber un vasito de aquel bebedizo, así que con el paso de los minutos, en vez de un equipo de fútbol éramos una panda de borrachos arrastrándonos por el campo. En la grada, ni te cuento.

En un momento del partido y por estar ya bastante bebido me llevé una patada descomunal que me dejó revolcándome en el suelo de dolor. Enseguida salieron las masajistas, todas las chicas de la pandilla, montando juerga y con el garrafón. Me llevaron fuera del campo y me hicieron beber un vaso tras otro, con lo que fui subiendo el grado de embriaguez de forma más que considerable. Ya no veía un balón sino dos y acabé deambulando por el campo hecho cisco. Mi hermana se empezó a preocupar y pidió que me cambiaran para llevarme al vestuario a darme una ducha a ver si me despejaba.

Me ayudó a llegar y allí me quedé tirado en un banco incapaz de moverme de la tajada que tenía. Ana no se había atrevido a entrar por ser el vestuario masculino pero, viendo que yo no contestaba a sus llamadas desde fuera, se decidió, encontrándome hecho una piltrafa.

-Chema, venga, levántate, vamos a la ducha –

-No puedo, no me puedo ni mover. Si me levanto, todo me da vueltas y me encontraré peor, ya lo sabes - Dije con voz gangosa y sin levantar la cabeza.

-Ven, te voy a llevar a la ducha. Seguro que luego te sientes mejor.

Venga, ayuda algo que no puedo sola contigo... - Ana intentaba tirar de mí pero yo pesaba demasiado para ella y no hacía ningún esfuerzo.

Siguió insistiendo hasta que consiguió ponerme sentado en el banco. Yo estaba con la cabeza agachada entre los brazos, con unas náuseas terribles. Me quitó las botas de fútbol, las medias y las espinilleras e intentó ponerme de pié. A duras penas me sostenía...

-Vamos, quítate la ropa para ducharte, no pretenderás hacerlo vestido... -

-¡Joder, Ana! ¡Que no puedo! ¡Me encuentro fatal!- No se como había llegado a ese estado. Muchas veces me había emborrachado, pero nunca asta ese punto; debía ser que estaba en ayunas y que la sangría con coñac y ginebra era muy fuerte y entraba muy bien. A raíz de la patada me haría bebido más de un litro casi de golpe, más lo que llevaba de antes...

Fue ella la que me quitó la camiseta y el pantalón de deporte dejándome desnudo. Naturalmente, ella nunca me había visto así y se quedó un momento recreándose la vista. Al ponerme ella de pie sucedió lo inevitable; mis náuseas fueron en aumento y me tuve que meter en un váter a vomitar. Eché hasta mi primera papilla mientras Ana intentaba mantenerme erguido. ¡Qué espectáculo! Desnudo delante de mi hermana y vomitando mientras ella hacía de buena samaritana, aparte de la vergüenza me sentía profundamente agradecido para con ella.

Me llevó medio a rastras a las cabinas de duchas, me metió en una de ellas y, en cuanto me soltó, caí desmadejado a suelo. Vuelta a levantarme con muchísimo esfuerzo, no me tenía en pié sin ayuda, así que, ni corta ni perezosa, mi hermana abrió el grifo del agua mientras me sujetaba. La ducha cayó sobre los dos, a mí despejándome un poco y a Ana empapándole la ropa. Dio un gritito y se apartó, dejándome caer otra vez.

-Espera un momento - Me dijo, y empezó a desnudarse mientras yo estaba allí tirado.

-No tengo más ropa y no voy a volver calada a casa. Me puedo coger una pulmonía. - Dejó sus vaqueros, camiseta, jersey y ropa interior bien
extendidos en otro de los bancos del vestuario y se metió conmigo en la ducha ayudándome a levantar otra vez.

Yo tampoco la había visto desnuda en mi vida y me quedé alelado. ¡Que buena estaba! Esas tetas bien tiesas ganaban mucho al natural y qué culo. Tenía un culo de infarto, tieso, duro, respingón... ¡Y que decir del coño! Lo tenía depilado por las ingles, dejando el vello justo. ¡Era una maravilla!

A pesar de la borrachera que tenía mi polla reaccionó de inmediato y, sin poderlo evitar, le puse una mano en las tetas. ¡Guau! ¡Qué suavidad!

-¡Oye! ¡No te emociones! ¡Ni se te ocurra ponerme una mano encima, idiota! - Si tenía alguna duda de cómo decirle a Ana que me gustaba quedó disipada al momento. Debí poner una cara de hecho polvo tremenda...

-Venga, no seas tonto y deja que te duche - Dijo, con una voz mucho más cariñosa. Empezó a enjabonarme todo el cuerpo con sus manos ¡Qué gozada! Me frotó el pecho, la espalda, las piernas y, por fin el culo. Luego se dirigió a mi polla y la dio un repaso de órdago, yo creo que se estaba tirando más tiempo con ella de lo necesario

-¡Vaya empalme tienes!. ¿Siempre la tienes así cuando bebes o es porque estoy en pelotas? - Su tono era entre cariñoso y divertido...

-¡Hombre, si me la sobas así qué quieres... - Le dije mientras seguía apoyado contra la pared de la ducha

-No vengas con cuentos que ya estabas empalmado antes de que te enjabonara, Lo que pasa es que te excito. ¡Mira que ponerte así con tu propia hermana! ¡Los hay guarros! –

Me estaba dejando alucinado pues, mientras me decía esto de una forma más que cachonda, me estaba haciendo una paja en toda regla, o eso me parecía, apoyando sus tetas en mi espalda y restregando, poco a poco, su pubis con mi culo. Me di la vuelta y me la quedé mirando fijamente a los ojos. Todo lo fijamente que podía porque veía cuatro en vez de dos. El agua seguía cayendo sobre nosotros, estaba preciosa con el pelo mojado y además, seguía moviendo la mano de arriba abajo sobre mi pene a punto de reventar. Pero el alcohol hace maravillas y estaba teniendo un aguante fuera de lo normal. No dije nada, simplemente dirigí como pude mi boca a sus tetas, engullendo el primer pezón que se me puso a tiro. Succionaba con los labios y jugueteaba con la lengua, así de un pecho a otro mientras ella había tenido que soltar mi aparato y sujetarme para que no me volviera a caer. Empezó a suspirar quedamente, apenas audible por el ruido del agua al caer. Dirigí mis manos a su culo y empecé a sobarlo y a amasarlo con ganas. Que culo tan rico, que suavidad la de su piel, qué pezones, qué tetas... Me estaba poniendo a mil.

Delicadamente fui bajando a lo largo de su tripa hasta llegar a su sonrosada alejita. Intentó subirme y cerrar las piernas...

-No Chema... Que soy Ana...Eso no... Déjame... - Me dijo, pero a mí no me sonaba convincente. Qué calientapollas, pensé en ese momento. Me hace una paja, deja que le coma las tetas, pero en cuanto llega la hora de la verdad se echa para atrás.

Hice un poco de fuerza y metí toda la cara entre sus firmes muslos.

Enseguida mi lengua empezó a jugar con sus labios mayores, recorriéndolosde arriba abajo, abriéndolos y buscando su cueva. ¡Qué sabor...! A limpio, a mujer excitada... ¡Alucinante!. A duras penas me sostenía en cuclillas agarrado a su hermosísimo trasero y trabajándole el coño con fruición, pero el agua de la ducha y, sobre todo, la vagina de mi hermana estaban obrando maravillas. Cada vez estaba más despejado y me daba cuenta mejor de lo que hacía. Para mí no había vuelta atrás. Cada vez disfrutaba más y hacía disfrutar más a Ana. Suavemente cogí su clítoris con los labios e hice una pequeña succión frotándolo a la vez con la lengua; le empezaron a temblar las piernas, hacía movimientos de cadera incontrolados y lanzó un gran suspiro a la vez que me apretaba la cara contra ella tirando fuerte del pelo. Sus flujos, abundantes, se mezclaban con el agua y con mi saliva mientras intentaba tragármelos con rapidez.

Como aún me costaba ponerme en pie seguí comiéndome su conejo sin desfallecer, acariciando su culo e intentando meter un dedo en su ano sonrosadito. Esto parece que no le hizo gracia porque enseguida intentó quitarme la mano. Sin embargo, aceleré mis movimientos linguales provocándole un nuevo orgasmo, más intenso que el anterior y así aproveché para introducir el dedo índice completamente y empezar a hacer círculos dentro. Esto hizo que suspirara con mayor fuerza aún y lanzara algún gritito entrecortado. Estaba a punto de desfallecer...

-Chema... Chema... Por favor... No sigas... Por favor... - Dijo, de forma entrecortada.

¡Cómo para parar estaba yo! Poniendo sus manos en mis axilas tiró de mí hacia arriba y yo me dejé hacer. Al estar erguido intenté aprovechar para besarle la boca.

Apartó la cara, no sé si por asco a sus propios flujos o por ser yo su hermano. La verdad es que no la entendía muy bien, era ella la que me había provocado con esa paja inconclusa y lo demás había venido rodado. ¡Y ahora se hacía la estrecha!

Pero yo estaba cada vez más y más excitado, era la mujer de mis sueños, estaba hasta las cejas de alcohol y no iba a dejar que se me escapara.

Cogí su cara con las manos y la obligué a mirarme, tenía una expresiónindefinible entre placer y temor. Mi expresión era de profundo cariño, o al menos eso intenté, y volví a la carga con el beso. Como estaba sujeta no pudo apartarse...

Al principio no fue muy receptiva pero, poco a poco, iba cediendo, iba abriendo los labios, iba colaborando, iba haciéndose a la idea... Aunque después del par de orgasmos que había tenido, no sé a que idea tenía que hacerse. ¿A que veía que iba a perder su virginidad? ¿A que era su hermano el que la hacía disfrutar? ¿A que estaba descubriendo sentimientos similares a los míos? No sé...

Lo que sí sé es que tenía la polla como un garrote y necesitaba meterla en algún sitio. Con suavidad y cuidado, intentando no romper la magia del momento, la fui abriendo las piernas y acercando el glande a su entrada, todo esto sin dejar de besarla. Empecé a empujar popo a poco...

-No, no, no... Por favor... - Era más un lloriqueo de niña indefensa queuna petición, pero yo iba a por todas... Seguí empujando sin descanso hasta conseguir llegar al fondo de su coño virginal. En algún momento debí romperle el himen, pero no me di ni cuenta. Solo disfrutaba del momento ¡Qué gloriosa sensación! ¡Se la había metido entera! ¡Me sentía en las nubes!
Ana, la pobre, tenía los ojos y dientes apretados, debía de haberle hecho bastante daño. Seguí quieto durante un buen rato mientras la besaba el cuello y las orejas con pequeños mordisquitos, a la vez que la sobaba las tetas con pasión. Empecé a moverme despacito, entrando y saliendo... Su tensión inicial iba cediendo, empezaba a disfrutar...

Por primera vez le hable...

-Te quiero Ana. Te quiero muchísimo... – En ese momento me sentía realmente enamorado...

-Yo también Chema, también te quiero. Pero esto... - No la dejé acabar lafrase, le di un beso en la boca con toda mi alma, metiendo la lengua hasta dentro buscando la suya. Su entrega fue total, entablamos una batalla delenguas intercambiando saliva como posesos. Me fui dejando caer al suelo hasta acabar sentado con ella encima de mí. Ahora no logro recordar como pude mantenerme derecho hasta entonces.

Era Ana la que me cabalgaba y en ningún momento se le ocurrió levantarse, ahora que tenía oportunidad. Empezó a moverse cada vez más rápido, jadeaba, restregaba su pecho contra el mío y su clítoris contra mi vello púbico...

Su orgasmo se acercaba a la misma velocidad que el mío, yo no aguantaba más, quise decirle que se levantara, que me iba a correr, que era peligroso... Pero no pude... Empecé a soltar chorros de esperma en su interior con toda la celentura del momento ¡Qué manera de correrme! Levantaba el culo intentando metérsela lo más dentro posible y surtió efecto. Ana se apretó muy fuerte contra mí, me clavó las uñas en la espalda, me dio un mordisco en el hombro y soltó un gran AAAAHHH que casi me deja sordo.

Luego quedó totalmente desmadejada, abrazándome el cuello y dándome besitos tiernos en los labios...

-¡Joder Chema! ¡Qué pasada...! ¿Pero te das cuenta de lo que hemos hecho? -Me dijo con voz aún jadeante por el cansancio del orgasmo.

-¿Lo que hemos hecho? El amor, eso hemos hecho. Es lo normal entre personas que se quieren ¿No? –

-¿Entre hermanos también? –

-Hombre, eso no es tan normal, pero seguro que no somos los únicos - Yo yaintentaba levantarme, caí en la cuenta de que el resto del equipo estaría a punto de llegar y no era plan que nos pillaran en estas condiciones.
-Venga Ana, que seguro que están todos a punto de venir –

Ana se vistió a todo meter, Tenía la ropa un poco mojada, pero eso no le extrañaría a nadie y me ayudó a mí que, aunque bastante repuesto, no estaba bien del todo. Salimos del vestuario justo a tiempo, los demás llegaban bastante alegres a causa de la sangría...

-Vaya Chema, como estabas ¿Eh? - Me soltó uno de mis amigos. Y así elresto, haciendo bromas a causa de mi estado...

-¡Qué tajada chaval!. Que para saber beber hay que saber mear. -
-Iros a tomar por el culo. ¿No habéis visto lo que me han hecho beber las chicas? ¡Un poco más y me meten el garrafón entero! –

-Venga, no te mosquees. Por cierto Ana, estás calada. Pídele a alguna chica que te deje algo de ropa... O te dejo yo mi chándal - Dijo Fernando, uno de la pandilla que estaba un poco quedado con mi hermana, pero ella no le hacía ni caso. Y después de lo que acababa de pasar, menos.

-No te preocupes, Fer, Ya cojo el chándal de Luis – Era cierto, se nos había pasado que yo tenía un chándal para dejarle y que no fuera mojada...

-Oye, que nosotros nos vamos ya en mi coche a casa. ¿Quedamos luego, por
la tarde? –

-Vale, pero deberías esperar un poco para conducir - Nos despedimos de los demás y fuimos a dar un paseo hasta que se me pasaran totalmente los efectos del alcohol. Además nos apetecía estar solos, había mucho que hablar.

-Chema... - Empezó Ana -Esto que hemos hecho... No sé... No debería haber pasado. Me he dado cuenta de que también te quiero, que me gustas, vaya.
Pero eso no quita que seamos hermanos. No se pueden liar dos hermanos, está prohibido y es pecado mortal.-

-¿Pecado mortal? También follar fuera del matrimonio y veinte mil cosas más. Me importa un huevo que sea pecado. Solo sé que ahora no puedo dejarte. Lo único que me da miedo es que se enteren los papás o los demás - Dije, refiriéndome a nuestros hermanos. -Ahí si que no sé que pasaría... Pero lo que sí tengo claro es que no me voy a separar de ti. –

-¿Y como quieres ocultarlo? Esas cosas se notan. Seguro que si siguiéramos acabarían por descubrirlo y entonces fijo que nos matan. –

-Pero... Yo... Ana, después de esto... – Dije con voz entrecortada.

-Déjalo estar Luis. Ya veremos que pasa -

Pasaron los días. Ana y yo manteníamos una actitud normal dentro de casa. Al salir juntos, con los mismos amigos, no extrañaba a nadie en casa que tuviéramos tanta intimidad. Eso sí, al ser tantos hermanos, más nuestros padres y dos chicas de servicio era imposible tener cualquier tipo de encuentro sexual en casa.

Solo me quedaba el recuerdo del increíble sabor de su coño... Del sublime momento de la penetración, para mí el más placentero, más incluso que el propio orgasmo... El haber sentido como los labios vaginales de mi hermana me rodeaban y apretaban la base de la polla me volvía loco... También recordaba cómo me comía sus tetas, son preciosas, con esas areolas rosaditas y esos pezones que se excitan al menor contacto...

Pero, en fin, un día, Ana, al cabo de unas cuantas semanas, descubrió que estaba embarazada. No sé como pudo pasar, solo lo habíamos hecho una vez; a pelo sí, pero mira que es difícil acertar a la primera. El panorama que se nos presentaba era bastante desolador... En España, por aquel entonces, no existía el aborto, ni aún en casos de violación. Ni idea con respecto al incesto y tampoco se me ocurrió preguntarle a nadie.

Pero esa es otra historia que quizás algún día cuente.

Luego Ana se quedó embarazada. ¡Qué mala suerte! Todo el tiempo que había pasado yo intentando algo con ella y, cuando por fin pasa, nos ocurre esto. ¡Qué capricho del destino!

Ahora venía la parte peliaguda de la cuestión. ¿Qué podíamos hacer? Mi padre era tremendamente estricto así que cuando se enterara que su hija estaba en estado montaría en cólera y no sabíamos de lo que podía ser capaz . Haría cualquier burrada, seguro. ¿Y mi madre? También tenía un genio de órdago, así que por ahí tampoco encontraríamos ayuda. De mis hermanas mayores mejor no fiarse, por si acaso y los pequeños, ni pensarlo.

Dios, Dios, Dios... No había solución por ningún sitio y la desesperanza se iba apoderando de nosotros. Pensamos en pedir consejo a los curas de la parroquia, pero no era buena idea. Quizá comprendieran que Ana hubiera tenido un desliz , pero jamás entenderían que dicho desliz fuera conmigo. Con respecto a la pandilla, mejor guardar el secreto porque las noticias corren como la pólvora y, en seguida, se hubiera enterado hasta el Papa. Esa era otra idea, pedir una dispensa Papal y casarnos, pero no tenía ni idea de cómo funcionaban esas cosas. Conclusión, estábamos jodidos de verdad. Y yo, como buen Quijote, no iba a dejar que Ana cargara sola con el mochuelo.

Mientras tanto, mi hermana no dejaba que le pusiera la mano encima. Si ya se arrepintió del polvazo que echamos, ahora con el embarazo no quería ni que me acercara. Yo, preocupación aparte, estaba que me subía por las paredes.

Me parecía que estaba más guapa, menos infantil, más mujer... ¡Como la deseaba! Volvían los recuerdos de su coño... de sus tetas, de su sabor...

¡Jesús! Si seguía así, me iba a poner malo...

Un sábado o domingo, poco después, curiosamente, nos habíamos quedado solos en casa, Ana aduciendo que no se encontraba muy bien y yo porque tenía que estudiar. Ella estaba en el cuarto de estar viendo la televisión, aproveché para acercarme e intentar hablar del tema...

-Ana, ¿Qué tal estás? - Le pregunté entrando en la sala

-¿A ti qué te parece? ¡Estoy jodida! ¡Estoy preñada! ¡Estoy que mato a alguien! ¿No te imaginas a quién? ¡Cómo quieres que esté, imbécil!

¡Joder, qué cabreo! Lo dicho, desde que se había enterado de la noticia no me podía ni ver...

-Venga Ana, no te pongas así conmigo. ¿Crees que lo hice a propósito? Además, te recuerdo que fuiste tu la que me provocó. Tú me empezaste a tocar la polla y con la tajada que tenía... Pues eso, que me lancé. Se suponía que tu querías lo mismo...

-¿Cómo iba a pensar que te ibas a lanzar de esa manera? Soy tu hermana, no una golfa de la calle. Y si te toqué un poquito fue para hacerte una broma.

-¡Pero si el otro día dijiste que me querías! - Ya me estaba empezando a poner de mala leche toda esta historia.

-¡El otro día no sabía que estaba preñada! ¡Y, además, claro que te quiero!Pero ahora no es cuestión de cariño ¿No te das cuenta de lo que tenemos encima?

Se le empezaba a quebrar la voz... Normal, estaba soportando una tensióntremenda y si a eso sumamos el caos hormonal que supone el inicio de un embarazo...

No sabía que hacer, también a mí me entraba la congoja. Me senté a su lado en el sofá y le pasé un brazo por los hombros atrayéndola hacia mí, intentando darle sensación de apoyo.

-Venga, ya verás como lo arreglamos. Tiene que haber algo que podamos hacer... No se... Ya se nos ocurrirá.

Ana se acurrucaba en mi pecho, buscando una seguridad que estaba lejos de poder ofrecerle. Lloraba en silencio. La levanté la cara subiéndola por el mentón y le di un beso tierno en los labios. Cerrando los ojos, llenos de lágrimas, se dejó besar...

-Mi niña... Mi Anita querida... No voy a dejar que nadie te haga nada. ¡Por mis pelotas que salimos de esta!

Qué cara tan guapa tenía ahora. La besé los ojos bebiéndome su lágrimas...

Besos muy tiernos, con mucha dulzura, besos que expresaban mi estado de ánimo y mi cariño hacia ella... Besos correspondidos, en los labios, besos que fueron desatando la pasión, besos que liberaron toda la tensión acumulada.

Fueron haciéndose más profundos... Nuestras lenguas se buscaban y encontraban dentro de su boca o la mía, con ellas recorríamos los dientes, los pliegues de cada uno...

Subí mi mano derecha hacia su pecho mientras la tenía abrazada. Sobé con ganas por encima de la blusa y empecé a desabrocharle los botones mientras ella suspiraba y me apretaba más hacia sí. Introduje la mano dentro de las copas del sujetador y mis dedos, con habilidad, estimulaban sus pezones...

Solté el cierre del sostén y sus tetas salieron de su prisión de tela. ¡Que ganas tenía de volver a verlas, de volver a chuparlas enteras!

Me dediqué a ello con ansia, chupando los pezones y jugando con la lengua por toda la areola. Mis manos tampoco estaban quietas y ayudaban acariciando los pechos desde abajo. Pasaba de una teta a otra, indistintamente, dejándolas brillantes de saliva. Casi había olvidado la suavidad de su piel... ¡Qué tetas tenía Ana!

Mientras ella me acariciaba la nuca con una mano, fue bajando la otra al botón de mi pantalón, soltándolo con un hábil movimiento de dedos. Bajó la cremallera y se introdujo dentro de mis calzoncillos, donde mi polla la esperaba ansiosa.

En el momento en que estuvo fuera pudo, por fin, estirarse en todo su esplendor. Me la cogía con esa mezcla de suavidad y firmeza que proporciona una mano femenina, la acariciaba y la agarraba subiendo y bajando la piel del prepucio.

Con un gesto rápido, tanto que me sorprendió, se agachó e introdujo elmiembro en su boca y empezó un mamada rápida, nerviosa e inexperta pero que me hizo ver las estrellas. No recordaba cuándo me la habían chupado por última vez. Me empezaban a temblar las piernas y, si seguía así, me iba a correr enseguida, cosa que no me apetecía.

Dejé de acariciarle el pelo, la incorporé y empecé a quitarle la falda, ella ayudó a que le bajara las bragas levantando el culo, quedó ante mí desnuda de cintura para abajo, con la blusa abierta y el sujetador a la altura de la garganta. Mientras terminaba de desnudarla, hizo lo propio conmigo, soltándome los botones de la camisa y ayudándome a bajarme los pantalones y calzoncillos.

Ninguno decía nada, solo nos mirábamos con la cara arrebolada y ojos de deseo.

Volví a besar sus tetas, me tenían encandilado, acariciaba su culo y muslos mientras me dirigía hacia el fruto prohibido. Esta vez Ana no hizo ningún esfuerzo por detenerme, todo lo contrario, recostándose sobre el sofá abrió las piernas ofreciéndome su sonrosado coñito. No tardé ni en segundo en meter la cara entre sus muslos y empezar a recorrer toda la raja con la lengua.

Utilizaba hasta la nariz para presionar su clítoris mientras hacía dibujos en la entrada de su cueva. Sus jadeos iban a más al igual que los movimientos de mis labios y lengua sobre toda la zona, segregando flujo que se mezclaba con mi saliva.

Ana empezaba a mover la pelvis de forma incontrolada, síntoma inequívoco de que estaba disfrutando y yo arreciaba en mis caricias intentando arrancarle un orgasmo bestial. Ya estaba totalmente centrado en su tierno botón, succionándolo y aplastándolo contra los dientes, sin llegar a morderlo...

Arqueó la espalda, gimió, resopló, me incrustó la cabeza contra su pubis y se pegó un corrida fenomenal... Me dejó toda la cara pringosa pero estaba encantado.

Ya venía lo mejor... Tenía unas ganas enormes de clavársela hasta el corvejón... Nos miramos fijamente y la besé. Volví a centrar la vista en ella mientras, ayudándome de una mano, iba encajando la polla entre sus labios vaginales. En el momento en que noté la entrada empecé a empujar lentamente, sin apartar la mirada de su cara, viendo como cambiaba su expresión. Abría mucho los ojos y jadeaba con la boca abierta, tenía las mejillas coloradas, boqueaba mientras iba notando como taladraba sus entrañas...

Cuando la tuve toda dentro me detuve para recrearme en la sensación ¡Qué bien se estaba así! Dejé que Ana se fuera acostumbrando a tener metida mi herramienta para empezar un suave vaivén. A fin de cuentas sólo era su segunda vez y quería que lo disfrutara de verdad, que se olvidara del mundo entero durante un rato.

A pesar de las ganas, no aceleraba mis movimientos, en todo momento eran suaves y cadenciosos y, si estaba cerca de correrme, me detenía un ratito dentro de ella, mordisqueándola las orejas y el cuello, excitándole el clítoris con la mano, chupándole los pezones que tenía superexcitados... Ella me acariciaba la nuca y la espalda hasta el culo, levantaba las caderas y me aprisionaba con sus piernas... Gemía de una forma maravillosa...

Cada vez movía más el pubis, su orgasmo se acercaba y el mío lo tenía a las puertas desde hacía un buen rato. No es que aguantara, es que, como he dicho antes, me paraba... Era una técnica que había leído en no recuerdo que libro. Cuando me apretó fuerte con los talones supe que era el momento, aceleré mis acometidas todo lo que pude mientras me pegaba la mejor de mis corridas... Ella me clavaba las uñas y me mordía el cuello, mientras no dejaba de mover las caderas prolongando el orgasmo todo lo posible...

-¡¡¡QUE COÑO ESTÁIS HACIENDO!!!

No fue un grito, fue un alarido. ¡Horror! Mis padres acababan de entrar en casa con nuestros hermanos pequeños. Mi padre tenía la cara congestionada con un gesto de pura rabia y mi madre... Mi madre nos miraba con los ojos como platos, tapándose la boca con las manos, incapaz de hacer o decir nada. Los pequeños, de 13 y 14 años nos miraban alelados y nosotros nos habíamos quedado paralizados, todavía con la polla tiesa dentro de mi hermana.

En dos zancadas mi padre se plantó delante de nosotros y, levantándome en vilo, me dio las dos mayores bofetadas que me hayan dado en mi vida, tirándome al suelo y rematándome a base de patadas. Yo intentaba escabullirme alrededor de la mesita de café que había delante del sofá, en cuanto lo conseguí mi padre se lió a tortazos con Ana. Estaba totalmente fuera de sí, tuvo que ser mi madre el que le apartara...

-¡Cálmate Pepe, que la vas a matar!

-¿Que la voy a matar? ¡Claro que la voy a matar! ¡¿Pero tú has visto a tus hijos?! ¡Es contra natura! ¡Es un atentado a la moral! ¡¿Alguna vez has visto algo así?!

Mi madre ni intentaba responder, solo abrazaba a mi padre para evitar que siguiera con las tortas o para evitar que le diera un infarto. Nos mandó a vestir y que fuéramos a hablar con él al despacho.

Al llegar allí, él estaba un poco menos rojo, pero igual de cabreado y mamá estaba llorando sentada a su lado. Ana también lloraba como una magdalena y tenía la cara como un tomate de las tortas, la vergüenza... y por lo que podía venr ahora.

En cuanto entramos me volvió a partir la cara y, si no llega a intervenir mi madre otra vez, no sé que hubiera pasado... Se sirvió un whisky que se tomó de un trago, repitiendo un par de veces. Yo nunca había visto a mi padre beber alcohol , a no ser alguna cerveza, muy esporádicamente, o algún vaso de vino en comidas especiales. No sabía como podía sentarle ahora. Parece que se calmó un poco...

-Chema, no sé si decir que eres hijo mío o eres un engendro de la naturaleza. ¿Te das cuenta de lo que has hecho? ¿Pero, tú estás bien de la cabeza? - Iba subiendo el tono de voz cada vez más - Un chaval serio, estudiante de medicina... metido en una parroquia... con todas las comodidades en casa... ¿Se puede saber qué coño hemos hecho mal? ¡Con tu propia hermana! ¡Y tú! - dijo dirigiéndose a Ana, que no dejaba de llorar; estaba aterrada - ¡Eres una puta! ¡Una golfa! ¡Una ramera! ¡¿Pero, has visto como estabas?! ¡Abierta de piernas como una cualquiera! ¡En mi propia casa! ¡Y con tu hermano!

Aquello empezaba a resultar repetitivo...

-Para empezar, no os quiero a ninguno de los dos en esta casa. Para mí, se acabó, cómo si no fuerais mis hijos. Ahora mismo cogéis vuestras cosas y largo. No os quiero volver a ver.

-¿Y donde vamos a ir? - Se me ocurrió preguntar - No tenemos dinero ni nada, no vamos a dormir en la calle...

-Haberlo pensado antes, degenerados, que eso es lo que sois, ¡unos degenerados!

Ni mi madre ni Ana decían una palabra, y yo veía el futuro más negro que el sobaco de un grajo... Me armé de valor...

-Mira papá, no sé como ha podido pasar pero Ana no tiene la culpa... He sido yo el que la he seducido, ella no quería... Lo malo es que, además, está embarazada...

¡Toma ya! ¡Lo había soltado!

El grito que dieron mis padres debió de oirse en todo Madrid. Ana me miró con cara de espanto y se puso a llorar todavía más.

-¡¡¡¿Pero estáis locos?!!! ¡¡¡Embarazada!!!

Se le hincharon las venas del cuello y parecía que los ojos se le salían de sus órbitas. Cayó desencajado sobre un sillón tapándose la cara con las manos... Mi madre me echó una mirada asesina...

-¡Como le pase algo a tu padre,te mato!

¡Coño! Aquí todo dios nos quería matar. Y todavía faltaban mis hermanas mayores. A lo mejor ellas también se apuntaban... y sus novios y los pequeños y nuestros tíos...¡Hala! ¡Todos a hostias con nosotros!

Estaba ya delirando. No sabía si quedarme en esa habitación o salir pitando... Mi padre se recuperaba, respiraba fatigosamente...

-Iros a vuestra habitación. Ya hablaremos mañana. Vuestra madre y yo tenemos que pensar que hacemos con vosotros. - Dijo mi padre con voz agotada

Salimos Ana y yo disparados a nuestros cuartos... En mitad de la escalera la sujeté un momento y le dí un beso en la boca, sólo para darle ánimos. Me devolvió una bofetada... Aquí le iba tomando gusto todo el mundo a mi cara.

-¿Estás gilipollas? ¡Después de lo que ha pasado! - No dijo nada más y entró corriendo en su habitación, dirigiéndome yo a la mía. Allí estaba mi hermano pequeño, Pablo, con el que compartía el cuarto.

-Desde luego Chema, sois gilipollas. ¡A quién se le ocurre! ¡Con Ana y encima en casa!

-Mira enano, deja de darme lecciones que no estoy de humor...

-Es como si yo me pongo a follar con Isabel... ¡Imagina la cara que pondrías! Además, que no sé como te puede gustar tu propia hermana...

Isabel era nuestra hermana pequeña, infantil pero ya bastante mona. Al ser la menor de todos era la más mimada.

Pasé una noche infernal, sin pegar ojo, con pesadillas horribles sobre nuestro futuro... Supongo que Ana estaría igual que yo, pero no me atreví a ir a su cuarto. Ahora pienso cómo debían estar mis padres... Pobres... ¡Qué disgusto! Si me pasara a mí, no sé si sería capaz de entenderlo. Encontrarte a tus hijos follando en el salón de tu casa... Es como para que te dé un patatús.

A la mañana siguiente, temprano, mis padres nos volvieron a llamar a su despacho, tenían algo que decirnos... Entramos Ana y yo, acojonados, con la cara horrible de haber dormido fatal.

Allí estaban todos, mis padres, Laura y Sandra, mis hermanas mayores, Pablo e Isabel. Parecía un tribunal y nosotros los reos... Solo faltaban las chicas de servicio para estar al completo.

Mi padre se levantó y nos miró largamente, sin decir nada. No tenía la carade rabia del día anterior, pero estaba serio... Muy serio.

-Chema, Ana... el disgusto que nos habéis dado a todos no se nos va a olvidar en la vida... Por más que lo hemos pensado, vuestra madre y yo, nohemos sido capaces de entenderlo... Pero hemos de rendirnos a la evidencia.

Si estáis esperando un niño es que la cosa es más seria de lo que nos podíamos imaginar. O es que sois idiotas de remate...

Hababa de forma sosegada pero cargada de tensión. Los demás nos miraban en silencio...

-Nuestra primera idea, Chema, es que te vayas, que te vayas a estudiarfuera. Te mandaremos a una universidad lo más lejos posible de aquí. Y si es al extranjero, mejor, aunque será más difícil. Tú, Ana, tienes que terminar el colegio y examinarte de selectividad. Lo malo es que así no puedes volver por lo que irás a un instituto público, allí pasarás más desapercibida. Con respecto al niño, cuando des a luz, nosotros nos haremos cargo de él, como otro hermano más. Eso de cara a los demás, porque en casa le cuidarás tú, así que olvídate de salir por ahí. – Calló un momento, mirándonos a los dos... - Bueno, ¿No tenéis nada que decir?

Yo estaba anonadado ¡Separarme de Ana...! ¡Qué putada! Ella tenía la cabeza gacha y no decía nada. ¡Qué iba a decir! En mi casa siempre se hacía lo que decía mi padre, aparte de que todavía era menor de edad. Lo que me daba cierta rabia era no saber si a mi hermana le sentaría igual de mal que a mí la separación. Me quedé sin saberlo...

Rápidamente se hicieron los preparativos de traslado, etc... Yo no podía irme todavía, por estar a mediados de curso, pero a Ana la cambiaron al instituto inmediatamente y la mandaron a vivir a casa de una hermana de mi madre, soltera, a fin de que no estuviéramos juntos nunca.

Se me hizo insoportable, no podía hablar con ella ni por teléfono, no podía verla, no podía sentirla... ¿Se puede ser más desgraciado?

No sé ni como aprobé el curso, supongo que por tener a mi padre encima todo el día, así que me matricularon en la universidad más lejana que encontraron, la de "La Laguna" de Santa Cruz de Tenerife, en Canarias. Lo dicho, más lejos imposible.

¡Qué años pasé! En todo ese tiempo sólo pude volver a casa las navidades del año siguiente y ni siquiera me dejaron verla. Eso sí, conocí a mi hija, si verla durante un minuto escaso es conocerla...

¡Qué preciosidad! Se parecía a su madre y me emocioné tanto que se mesaltaron las lágrimas. Pero ya digo que solo la vi un minuto. Fueron unas navidades bastante desagradables, todo el mundo tenso y con actitudes forzadas, incluso mis hermanos... Decidí que no merecía la pena volver

Me marché sin haber cumplido mi sueño de estar con Ana. Sabía que estababien por las cartas o llamadas de mis hermanas mayores o de mi madre, pero no me comentaban nada más. Ella nunca contestó a las que yo le escribí y jamás se puso al teléfono; poco a poco fui dejando de hacerlo. Supongo que había censura por parte de mi familia y no llegó a recibirlas, porque pensar que no quería se me hacía difícil de tragar.

Pero el tiempo lo cura todo... A mi me curó la amargura y el despecho pero no me hizo olvidar a mi hermana. Me juré a mí mismo que no estaría con ninguna otra mujer y que, algún día, volveríamos a estar juntos, sin embargo, cada vez lo veía más lejano, algo inalcanzable... Pasó a ser un sueño de juventud que dejó de atormentarme para convertirse en un dulce recuerdo.

Me centré solo en estudiar, acabar la carrera y preparar el MIR, seis años y, realizar la residencia, otros tres años más. A pesar de que siempre hubo oportunidades con otras mujeres, nunca las aproveché, no me interesaban, me había convertido en un hombre frío, serio y nada simpático con el sexo femenino.

Habían pasado nueve años desde que me fui de casa... ¡Nueve años! Se dice pronto... y hacía ocho que no había ido por la península. Cuantas cosas habrían pasado... ¿Y mi hija? Debía de haber cumplido ya siete añazos.

Estaría hecha toda una mujercita, pero sólo tenía de ella una foto que me habían mandado por carta hacía un par de años...

Aprobé las oposiciones a la Seguridad Social con muy buena nota y pudeelegir destino... Decidí volver a Madrid. A pesar de que Tenerife esprecioso, estaba un poco saturado de la isla, como si tuviera claustrofobia.

De todo esto en mi casa no sabían nada, ya era hora de tomar mis propias decisiones...

Alquilé un pisito en la capital y tomé posesión de mi puesto en un hospitalcomo ginecólogo adjunto. Varios días después de mi llegada me decidí, me fui a casa de mis padres a visitar a mi familia. Iba con sentimientos contradictorios... No sabía lo que me podía encontrar... Por un lado me hacía mucha ilusión ver a mis hermanos, a mi madre y, a pesar de todo, también a mi padre, pero no sabía cómo me iban a recibir. De repente me di cuenta de que sería un extraño en esa casa, mi hija ni me conocía y, lo que es peor, yo no tenía un sentimiento de paternidad muy arraigado y ¿Estaría Ana? ¿Cómo reaccionaría al verme? Pronto lo averiguaría...

Toqué el timbre de la puerta y esperé... Salió a abrir una chica de servicio que no conocía ¡Empezamos bien!

-¿Si? ¿Qué desea? - ¡Joder! ¿Qué le decía yo a la tía esta? ¿Le digo que soy el señorito Chema? ¿Y si no le han hablado siquiera de mí?

-Soy un antiguo amigo de la familia. ¿Están los señores? - Me pareció una salida airosa. Si no estaban, ya volvería otro día sin que supieran que había pasado por allí.

-Está la señora. ¿A quién debo anunciar? - ¡Coño! ¡Esta tía era de lo más remilgado!

-Soy el Dr. Salcedo. - Mentí como un bellaco, en lo de Salcedo ya que Dr. sí que era...

-Pase, por favor, la señora está en el salón.

Me fui tras ella al cuarto de estar. ¡qué recuerdos me traía! En fin..., cuando entré vi a mi madre en el sofá viendo la televisión. Estaba sola.

-Señora - Dijo la doncella - Tiene visita, el Dr. Salcedo.

Mi madre se giró a ver quién era

-Hola mamá. Cuánto tiempo ¿verdad? - Me acerqué a ella para darle un beso

-¡Chema! - Me miró con cara de asombro. Reconozco que físicamente había cambiado mucho y estaba irreconocible. Soy de ese tipo de gente, de rasgos poco marcados, a las que cualquier tipo de cambio las hace irreconocibles...

Me había dejado barba, tenía el pelo largo recogido en una coleta y llevaba gafas, vestido con traje de chaqueta y corbata. No me parecía nada a aquel chico que se había visto obligado a dejar su casa con diecinueve años.

-¡Hijo, cómo has cambiado! ¡Si eres todo un hombre! Ven, siéntate aquí conmigo. ¿Quieres tomar algo?

Apenas me puso la mejilla para recibir el beso, ni abrazo ni nada...

-Me tomaré un whisky, si no te importa. Solo, sin agua ni hielo. - Me gusta así el whisky, pero también era en memoria del día de las bofetadas de mi padre y para aguantar la mala hostia que se me había puesto con el recibimiento de mamá.

-Juani - Se dirigió a la chica de servicio - Haga el favor de servir al señorito y traiga café para mí.

-Si señora - La pobre debía de estar alucinando.

-Bueno, cuéntame como te van las cosas. ¿Cómo es que estás aquí? - Me dijo mi madre. Yo mantuve una actitud un tanto fría, ya no era el hijo cariñoso de hacía unos años. Su actitud tampoco estaba siendo como para echar cohetes, cualquiera diría que no me había visto en tantos años...

-Pues nada mamá, ya sabes que acabé la carrera ¿No? - Mi tono intentaba ser irónico - Me especialicé en tocología y ginecología. Ahora trabajo en un hospital de la Seguridad Social y a lo mejor pongo una consulta privada. Depende de cómo me vaya.

Parecía que se lo estaba contando a una desconocida. ¡Tener que decirle yo a mi madre lo que había estudiado o dejado de estudiar! ¡Era de locos!

-Bueno, y los demás? ¿Qué tal papá? - No quería pronunciar el nombre de Ana.

La doncella trajo el whisky y el café. Como mi padre, me tomé el primero de un trago, uno doble, y me serví el segundo, doble también. Al verme beber así mi madre me miró con recelo...

-¿Sueles beber mucho? - Me preguntó con cierto reproche

-De vez en cuando. No suelo tener muchas cosas que hacer aparte de salir a tomar unas copas. Eso cuando no estoy en el hospital. - Contesté lo más fríamente posible.

Mi madre estaba tensa y pronto descubrí porqué. Yo estaba sentado en un butacón mirando hacia la puerta y entonces la vi. Me quedé alucinado. ¡Que guapa estaba! Mi hermana Ana se había convertido en una mujer de bandera, con el pelo moreno, suelto y ondulado, los mismos ojazos, pero más madura, conservando cierto aire de ingenuidad en la mirada. Al entrar en la habitación me parecía que entraba una diosa... Todos los recuerdos, sueños y anhelos volvieron de repente.

-Mamá ¿Has visto a la niña? No se donde se ha metido esta cría. Ah, tienes visita...

-Si- dijo mi madre -¿No vas a saludar?

-Sí, claro... - Se acercó a mí a darme dos besos en las mejillas. Me levanté...

-Hola, buenas tardes. Soy Ana... - Evidentemente no me reconoció...

-Hola Ana. Estás guapísima - Dije, de forma bastante protocolaria. Tenía un nudo en la garganta que apenas me dejaba hablar.

Me miró con cara de extrañeza que pasó a ser de sorpresa inmediatamente, casi de susto...

-¡Chema! ¡Eres Chema!

-Si Ana ¿No te alegras de verme? - Parecía que había visto un fantasma

-¡Claro! ¡Cómo has cambiado! Es que... ¡No sé! ¡Qué sorpresa!

Mi madre le echó una mirada de advertencia, en el fondo las cosas no habían cambiado tanto para ellos; sin embargo, para mí sí, venía dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva, incluso a pedir perdón e intentar volver a ser la familia de antes, a olvidarme de Ana, en el plano sexual se entiende... Pero no me lo iban a poner fácil.

Ana entendió el aviso silencioso de mi madre y se separó de mí rápidamente.

-Bueno... Perdona Chema, te tengo que dejar, estoy buscando a la niña que no sé por donde anda.

-Se la ha llevado tu hermana Sandra al cine a ver la última película de Walt Disney. Deben estar a punto de salir ¿Por qué no vas a recogerlas en el coche?

-Sí, claro mamá. Bueno Chema, me voy. Ya nos veremos ¿No? - Estaba nerviosa, no sé si desando irse por ella misma o por culpa de mi madre. Me fastidiaba sobremanera que siguieran separándome de ella y de mi hija y estuve a punto de decir algo de mala leche. A fin de cuentas era su padre aunque no la hubiera reconocido o, mejor dicho, no me hubiesen dejado reconocerla. No me habían dicho ni su nombre. Me contuve a duras penas...

Ana se fue y yo me quedé con mi madre, un tanto a disgusto. Me contó algunas cosas de mis hermanos; Laura, la mayor, se había casado, naturalmente no fui a la boda, Sandra seguía soltera, solterona diría yo, desde hacía tiempono tenía novio. Los pequeños, Pablo e Isabel estaban en la universidad y pronto acabarían la carrera. De Ana no me comentó absolutamente nada.

También me dijo que mi padre estaba muy orgulloso de mí, de lo responsable que había demostrado ser a pesar de todo.

¡Qué cinismo! Pensé. Mi me habían dejado pisar mi casa en nueve años. Me levanté para despedirme, no aguantaba más tiempo la situación. Mi madre se mostró aliviada y eso me cabreó más. ¡Dios mío! ¡Y era mi madre!

Salí de la casa hecho polvo. Quizá esperaba un recibimiento tipo "la vuelta del hijo pródigo", no sé... algo más efusivo desde luego, no la frialdad con que me había encontrado. Ni siquiera mi amada Ana había demostrado demasiada alegría por mi vuelta. ¡Qué asco de familia! ¡Por mi parte, les iban a dar por culo a todos!

Estuve dando vueltas sin rumbo fijo durante un buen rato, me sentía desgraciado... como el patito feo, sin familia ni nada... ¡Mierda de vida!

Pasaron los días, me iba habituando a mi nueva casa, a mi trabajo, a las guardias en el hospital... Intenté contactar con antiguos amigos pero todos me contestaban con evasivas, parecía un apestado. Algo debían de haberles contado para que me trataran así, pero no supe el qué.

Salía solo o con algún compañero del hospital, siempre a beber como cosacos y, de vez en cuando, me tiraba a alguna enfermera o a alguna residente facilona. ¿Porqué tenía que seguir guardando ausencias a Ana? Que se fuera al carajo

Un par de meses después, estando solo en casa, dando buena cuenta de una botella de Ballantines, llamaron a la puerta. ¿Quién sería? Quizá alguna de mis ligues del hospital con ganas de echar un polvo... Pues no estaba muy por la labor, le diría que hoy no me apetecía quedar...

Abrí la puerta y me llevé una sorpresa mayúscula

-¡Ana! - Allí estaba, preciosa, como siempre, con el pelo recogido, sin embargo tenía los ojos rojos de haber llorado mucho. Llevaba un par de maletas en la mano. No supe reaccionar... Me había quedado de piedra

-Hola Chema. ¿Puedo pasar?.

-Claro, claro, pasa - Me hice a un lado y cogí sus maletas; entró en casa y se sentó en el sofá del cuarto de estar, yo detrás de ella sin salir de mi sorpresa. Esperé a que mi hermana me contara lo que pasaba

La miré con interrogación. ¿Qué se estaba proponiendo? Me senté en otra butaca, no quería estar demasiado cerca de ella, me serví otra copa y le ofrecí algo de beber...

-Si, gracias - Me contestó - Ponme un whisky con cola, si tienes.

Fui a la cocina a por un vaso, la cola y hielo. Me tenía en ascuas

-Bueno, ya me dirás que haces aquí y cómo me has encontrado. Esta dirección no la sabe nadie...

-Me la dieron en el hospital. Estuve llamando a todos los hospitales a ver en cual trabajabas. Luego tuve que convencerles de que era tu hermana y que era importante.

-Bien, vale ¿Y a qué has venido? - El tema de las maletas ya me estaba indicando algo, pero quería que fuera ella la que dejara las cosas claras.

-Mira Chema, no aguantaba más. Tú no sabes lo que he pasado. Me han hecho la vida imposible todos estos años. Desde que nació nuestra hija no he podido ni salir, solo para ir a la facultad, pero luego a casa a cuidar de ella.

Cuando acabé la carrera y me puse a trabajar, tampoco me dejaban; en cuanto insinuaba que me iba de casa y me llevaba a la niña, curiosamente me echaban del trabajo. Ya sabes como es papá... ¡Hojalá me hubieran mandado fuera como a ti! No has tenido que soportar sus reproches año tras año... Si no hubiera sido por la niña, no sé que habría pasado...

Le volvían a aparecer lágrimas en los ojos. Verdaderamente tenía que haberlo pasado mal. En ese momento me sentía tremendamente egoísta, tenía razón en que yo no había pasado ese calvario

-Cuando viniste a casa el otro día, no sabes la que se armó después -
Continuó un poco más serena - En cuanto vino papá volvieron las amenazas.

Que no se me ocurriera volver a verte, y yo por más que decía que no había sido culpa mía, nada, no me dejaban en paz. Me siguen tratando como cuando era una cría, tengo que pedir permiso hasta para respirar y siempre me chantajean con la niña ¡No puedo más!

-Venga, venga... No te preocupes. Aquí puedes estar el tiempo que quieras, ya lo sabes. De aquí no te pueden echar. ¿Y la niña? ¿Dónde la has dejado?

-Está con Sandra. Se porta fenomenal con Anita y conmigo, es la única que siempre me ha ayudado

Me senté en el sofá al lado de Ana, le pasé un brazo por los hombros y la atraje hacia mí. Era un gesto idéntico al de hacía nueve años... la levanté la cara por la barbilla y le di un beso en los labios. Me abrazó por el cuello, muy fuerte, correspondiendo al beso introduciendo la lengua hasta mi campanilla. Después de lo que me parecieron horas, separó sus labios de los
míos y me miró con amor y deseo

-Si supieras lo que te he echado de menos Chema...

-No creo que tanto como yo a ti.

Levantándome del sofá, la cogí de la mano y me encaminé hacia mi habitación.

Ya era hora de hacer las cosas bien. Se dejó llevar dócilmente. La tumbé en la cama y me quedé admirando su figura... Llevaba un niki de manga corta, pantalones vaqueros y calzada con zapatillas toreras.

Me incliné sobre ella y nos volvimos a besar con pasión, me tumbé de costado pegado a Ana y metí la mano debajo del polo... ¡Ah, qué tetas! Ya no eran las de sus diecisiete años pero seguían bastante firmes, más grandes, más maduras, intentaba mirarlas a través de su sujetador. Incorporándola un poco le quité el niki y volví a tumbarla. Le mordía los labios suavemente mientras acariciaba y amasaba sus pechos. Metí la mano dentro de las copas del sostén para liberarlos, jugué con sus pezones, mucho más grandes que antes, con más capacidad de excitación. Se hincharon y endurecieron con mis caricias, Ana me acariciaba el pelo empezando a gemir quedamente... Bajé mi boca hacia ellos dejando un reguero de saliva por el camino y los fui lamiendo alternativamente a la vez que seguía sobándolos con la mano.

Desabroché el botón de su pantalón y los botones de la bragueta, acariciando su vientre hasta el límite del elástico de sus bragas. Me introduje tocando su pubis por debajo de la ropa interior, jugando con sus vellos, sin avanzar, haciendo que me deseara...

Mi polla reaccionaba a marchas forzadas y el empalme me hacía daño dentro de mis vaqueros, mi hermana me tocaba por encima sin atreverse a desabrocharlos.

Metí más la mano entre sus piernas sin dejar de chupar y morder sus tetas, llegué hasta sus labios vaginales, aún cerrados pero destilando humedad. No me costó nada abrirlos con los dedos, lo estaba deseando e introduje el dedo corazón en su coño. ¡Qué suave estaba! Esponjosa, lubricada... Llegué a tocarle el cuello de la matriz, me dediqué a hacerle círculos alrededor y jadeó con mayor fuerza.

Cambié de postura, situándome entre sus piernas para poder quitarle el pantalón, se lo fui bajando, poco a poco, mientras iba besando y mordiendo el interior de sus muslos. Levantó el culo para facilitarme la tarea y se los saqué rápidamente. Hice el camino inverso con la boca a lo largo de sus piernas hasta llegar a ansiado objetivo, me entretuve en sus ingles sin llegar a tocar el ansiado fruto, excitándola todo lo posible...

-Chema, por favor... Por favor...

La tenía a punto de caramelo, ella abría y recogía las piernas ofreciéndome su tesoro, me entretuve un ratito más, haciéndola sufrir, antes de atacar. Me tumbé entre sus piernas para tener un mejor acceso y metí la lengua entre su raja, pasándola de abajo hacia arriba hasta el clítoris, sin llegar a tocarlo. Jugué un ratito a la entrada de la vagina, saboreando su flujo, bajando posteriormente hacia su ano, de un color pardo clarito. Estuve intentando introducirle un poquito la lengua, levantaba las caderas para facilitarme la tarea, jadeaba cada vez más fuerte...

Volví a subir, a meter la lengua en su cueva todo lo que me daba de sí, ella movía la pelvis de forma enloquecedora y me agarraba fuerte del pelo. No pude
aguantar más, cogí su hinchado botón con los labios y chupé... chupé fuerte mientras lo restregaba entre la lengua y los dientes, haciendo presión con toda la cara en su entrepierna.

Gimió con su orgasmo, un gemido prolongado, con los dientes apretados para después jadear con la boca abierta. Tiró de mí hacia arriba, me situó encima de ella y me besó en los labios con muchísima pasión, restregando su boca contra la mía, metiéndome la lengua hasta el fondo, mordiéndome los labios, abrazándome con brazos y piernas.

Me quitó la camiseta que tenía puesta con movimientos bruscos. Dándose la vuelta me quitó los pantalones y calzoncillos con manos febriles, liberando por fin mi polla a punto de reventar. ¡Que gusto! ¡Me la estaba destrozando dentro del pantalón! Se lanzó a por ella con ansia, introduciéndosela en la boca todo lo que pudo, chupando el glande, jugueteando con su lengua alrededor de él. No la dejé continuar... Si seguía me iba a correr enseguida y yo quería otra cosa... Entendió al instante, se irguió colocándose encima de mí, cogió la polla con una mano y la apuntó directa a su agujero. Se fue dejando caer encima con un suspiro de satisfacción... hasta el fondo, hasta que no cupo más. Se mantenía derecha apoyando las manos en mi pecho, seguía con el sujetador puesto pero con las tetas fuera, la imagen misma del
erotismo. Se movía de atrás hacia delante, en círculos, utilizando solo las caderas. De vez en cuando se tumbaba, con lo que yo aprovechaba para realizar un mete saca rápido y volvía a incorporarse, a realizar aquellos movimientos de pelvis frotando su clítoris contra mi pubis. Me sonreía, tenía la cara muy roja y resoplaba.

Mientras acariciaba sus tetas iba notando que ya no podía más, no iba atardar nada en correrme y no quería hacerlo dentro. Empezó a moverse másrápido, también ella debía de estar a punto... Quise levantarla pero no me dejó, se apretó fuerte contra mí y mis chorros de leche inundaron su interior. Allí iban nueve años de deseo... dejé escapar un gemido y empujé con las caderas hacia arriba, cada vez con más fuerza... Ana aceleró y en un par de minutos tuvo un orgasmo monumental, con todo mi semen dentro, me clavó las uñas en la espalda y me mordió un labio ¡Qué daño!

Fue relajando el ritmo y se quedó quieta, encima de mí, con la cara entre el cuello y el hombro, recuperando la respiración. Se izó y me dedicó una sonrisa radiante, correspondida por mí. Seguía con la polla dentro del coño y ella hacía pequeñas contracciones vaginales mientras se iba poniendo blandengue. No dejó que ocurriera... siguió con ello hasta que me fui recuperando. No tenía demasiada experiencia pero ninguna chica me había hecho esto nunca. Estaba en la gloria...

Ahora, con más calma, se levantó para hacerme una mamada en condiciones. Se introdujo el nabo en la boca y lo fue chupando, limpiando los restos de
nuestras corridas. Hacía intentos de metérselo hasta el fondo, pero le daban arcadas, así que se dedicó a chupar y lamer el glande, dándome toquecitos con la lengua en la parte inferior. La fui girando para poder comerme su coño a gusto, la puse encima de mí, y ataqué sus labios y clítoris con fruición, intentando sacarle otro orgasmo. Metí un dedo en la vagina para lubricarlo y se lo empecé a introducir en el culo. Lo tenía muy estrechito, no parecía que lo hubiera usado nadie... fui apretando con cuidado, no quería hacerla daño. Lo sacaba, lo volvía a lubricar y vuelta a intentarlo, poco a poco. En un momento lo tuve entero dentro, jugaba con él, hacía círculos y un mete saca cada vez más rápido. Se movía tanto encima de mi cara que, a veces, me ahogaba. Entonces la empujaba un poco hacia arriba para poder respirar.

Cada vez estaba más descontrolada, se movía más rápido y dejaba, durante unos momentos, de chuparme la polla. Notaba como llegaba su nuevo orgasmo, se veía venir... Con un dedo en el culo y el clítoris entre mis labios se corrió como una loca, gritando de placer, llenándome la cara con sus flujos y restos de mi leche...

Cuando se relajó un poco la puse a cuatro patas, no sé si intuía lo que pretendía hacer pero colaboró sin problemas. Me llené la polla de saliva así como su ano, la apoyé en la entrada y empujé... Lo tenía un poco dilatado por el dedo pero no tanto como para permitir el paso a la primera.

-Chema, ten cuidado, por favor, ten cuidado...

-Si cariño, no te preocupes...

Volví a la carga, muy despacio, con una paciencia infinita... Me hubiera cortado yo mismo el rabo si le hacía daño pero quería poseerla por todos lados. Era superior a mí, la demostración de lo que la había necesitado y la venganza perfecta contra mis padres. Al pensar en ellos me entró la rabia y empuje con fuerza, hasta el fondo, como si fuera a ellos a quien sodomizara.

Ana dio un grito enorme y me sentí culpable...

-¡Cabrón, me has hecho polvo!

-Perdona, perdona. No sé que me ha pasado... Aguanta un poco, anda...

Me quedé quieto, con la polla dentro y frotándole el clítoris con los dedos.

Lógicamente se iba relajando, el masaje en el coño hacía que ella misma se empezara a mover, al principio despacio, para ir acelerando progresivamente... Yo sí que me iba a correr, no aguantaba, pero fue Ana la que se pegó la gran corrida, apretando el esfínter y haciéndome llegar a mí.

Descargué todo lo que me quedaba dentro suyo, mientras no dejaba de meterle dedos en la vagina a toda velocidad. Caímos derrengados en la cama y me quité de encima para no aplastarla. ¡Qué polvo! ¡El más maravilloso de mi vida!

Nos quedamos acostados, acariciándonos y dándonos, de vez en cuando, pequeños besos en los labios. No hablábamos, ensimismados en nuestros pensamientos, no veía tan claro que Ana y yo pudiéramos seguir con una relación estable, había muchos impedimentos, la niña, mis padres...

Ana se quedó conmigo pero sufría por no poder ver a su hija. Llamada todos los días al teléfono móvil de Sandra para hablar con ella, pero yo veía que lo estaba pasando mal. Insistí en que no podía volver a casa de mis padres, sería la victoria total de ellos, podrían, entonces, hacer de ella lo que quisieran y a mí no volvería a verme el pelo.

Me hizo caso pero tuve que soportar verla llorar cada día, también yo estaba a punto de claudicar... Pero, oh sorpresa...

Casi un mes después vinieron mis padres a mi casa. Ana casi se muere del susto, pero venían en son de paz. No querían separar a la niña de su madre, la pobre cría debía de estar pasándolo fatal. A fin de cuentas la querían mucho... Insistieron a mi hermana para que volviera con ellos, pero ahora era yo el que no quería perdonar, no sólo por mí sino por lo que le habían hecho a ella.

Tras mucha discusión acabó por imponerse un poco de juicio y accedieron (no les quedaba más remedio) a que las dos, madre e hija vinieran a vivir conmigo. Como concesión, llevaríamos todos los fines de semana a la niña a ver a sus abuelos. Yo, sintiéndolo muchísimo, apenas aparezco por su casa.

Hace casi un año que vivimos así, encantados de la vida. Anita (la niña) me empieza a llamar papá, aunque le ha costado, y eso irrita sobremanera a mis padres ¡Que se jodan!