March 12

Mi suegra tiene un culo delicioso

Tiempo estimado de lectura: [ 14 min. ]

  • Estamos en la cocina y veo a mi suegra inclinada en el refrigerador con la falda subida y sin braguitas debajo, me lanzo sobre ella y se la meto por el culo aunque al prinicpio protesta un poco

Mi suegra se la acababa de mamar al mendigo y yo esperaba que se lo follase, estaba convencido de que iba hacerlo, Paulina tenía un calentón de cojones y necesitaba una buena verga metida en el coño.

Pero para mi sorpresa, su respuesta fue negativa.

- Vámonos, por favor. – respondió sonrojada –

Me extrañó que no quisiera que la follara, la veía tan excitada que yo estaba seguro que iba a aceptar la propuesta.

Me despedĂ­ de mi amigo y conduje en direcciĂłn a su casa. Durante el trayecto mi suegra me echaba miradas furtivas, seguramente esperaba que la llevase a un sitio apartado o a algĂşn hotelito para que follase con ella, pero no tocaba ese dĂ­a, sabĂ­a que estaba muy calentorra y querĂ­a dejarla con las ganas.

Al llegar al portal me mirĂł esperando que dijera algo, pero cĂłmo vio que no lo hacĂ­a, abriĂł la puerta y saliĂł del coche sin decir palabra.

Cuando había dado dos pasos la llamé por la ventanilla.

- ¡Eh! ¿Dónde vas tan deprisa? Anda, anda, Paulina, abre la puerta y sube.

Se giró y me miró muy digna, se sentó en el coche pero no preguntó qué quería.

Metí la mano entre sus piernas y las subí poco a poco hasta llegar a la braga, acaricié el coño por fuera y vi como entornaba los ojos y gemía como una perra.

- Ummmmmmmm. – jadeó sin decir esta boca esta mía –

Empujé la tela hacia dentro, metiéndola con los dedos hasta que ya no podía.

La jodida estaba empapada, tenía el coño más mojado que la piscina de su casa.

- Ummmm. – gimió echándose hacia delante y reclinándose en el asiento –

- Joder Paulina, vaya calentĂłn has pillado.

Abrió levemente los ojos pero no dijo nada al respecto, aparté la braguita, acaricié la vulva muy despacio y metí cuatro dedos en su coño sin que ella se lo esperara.

- Auggggh. – chilló al sentirse penetrada –

Pero de inmediato elevó las caderas para que pudiera meterlos con más ganas, la cabrona estaba esperando que hiciera esto desde que habíamos dejado antes al mendigo.

- Ummmm. Sigue, mételos, corre. – pidió subiendo y bajando sin freno –

Sus caderas eran un no parar, se estremecĂ­a constantemente y votaba en el asiento.

- Ufff. Vaya por Dios, suegra. Con la polla tan grande que has mamado y ahora te conformas con los putos dedos.

AbriĂł mucho los ojos y su mirada lasciva casi me mata.

- Fóllame tú, venga. Ummmmm. Vámonos a cualquier lado y méteme la polla en el coño.

MantenĂ­a las caderas en vilo y yo golpeaba su vulva una y otra vez con la palma de la mano.

¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop!

Joder que bien entraban los dedos, mi suegra tenía el coño más abierto que la boca de metro de su barrio.

- Vámonos, corre. – rogó de nuevo – Vamos a follar a algún sitio.

¡¡¡Qué gusto verla tan entregada!!!

La zorra que me habĂ­a llamado pobre y habĂ­a dicho que no valĂ­a para su hija, ahora mendigaba como loca que la metiera un buen pollazo y me la follara.

- Quítate las bragas. – ordené decidido –

La zorra ni se lo pensĂł, tirĂł de los lados hacia abajo y se las sacĂł por las piernas en menos que canta un gallo.

- Dámelas, joder. – dije alargando la mano –

Me las dio y se incorporĂł para que yo arrancara.

- ¡Quieta! Paulina. Qué te veo muy cachonda.

La empujé hacia atrás en el asiento y volví a follar su coño con los dedos.

¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! Volvió a sonar en el coche al golpear mi mano su vulva empapada.

Mi suegra despatarrada, con las piernas en alto, se estrujaba las tetas y gemĂ­a como una posesa. La cabrona estaba tan caliente que habĂ­a desabrochado el vestido y se magreaba los pechos como habĂ­a hecho antes el mendigo.

- Qué puta eres, Paulina. – dije al verla tan perra –

Pero ella no me hizo caso y siguió tocándose las tetas y bajó la otra mano para acariciarse el chichi con ella.

La jodida estaba hecha una fiera.

- Ummmmm. Ufffff. Siiiiii. – salía de su boca –

Saqué los dedos del coño, la pegué una cachetada en el muslo y la di donde más le dolía.

- ¡Hala! Paulina. Acaba la paja en tu casa.

Se le cambiĂł la cara de golpe, su imagen de perra salida se tornĂł en otra de muy mala leche.

- ¡Hijo de puta! – exclamó muy educada –

Pidió que la devolviera las bragas pero ya sabéis mi respuesta.

- No, no. Es un recuerdo de familia.

Cuando salĂ­a del coche dije para despedirme.

- Si algún día quieres volver al Bingo no tienes más que llamarme.

- Cabrón. – respondió sin siquiera girarse –

Pero antes de que diese el portazo dejé caer algo para que lo pensase.

- ImagĂ­nate follar con una verga tan grande, igual tienes que darlo una vuelta.

PegĂł el portazo que esperaba y se metiĂł en el portal de su casa.

La comida del fin de semana fue muy agradable, mi suegra y yo sonreíamos y nos tratábamos como si fuéramos uña y carne. Y su marido y mi esposa, al vernos, alucinaban. ¿Cómo habíamos cambiado tanto de un día para otro?

Nada más llegar a su casa había pegado un repaso a Paulina.

¡Bien! La zorra había aprendido, se había puesto una blusita de gasa sin sujetador debajo y una mini cortísima que enseñaba todas las piernas.

La estreché entre mis brazos, y la comprobar que nadie miraba, metí las manos bajo la falda y me amarré corriendo a su culo.

¡Qué hija de puta! No llevaba bragas.

Me echĂł una mirada de esas que te acojonan.

- Hoy te vas a quedar sin recuerdo de familia. – dijo con mucha sorna –

Si al final Paulina era un cachonda.

A pesar de eso, dejó que metiera el dedito entre las nalgas hasta llegar al esfínter. Intenté penetrarlo, pero apretó con fuerza los glúteos y me dejó con las ganas.

A los postres, nos sentamos en la terraza y nos servimos unas copitas bien frías, mi esposa con la niña en los brazos y mi suegro medio dormido.

Mi suegra dijo que iba a preparar unos mojitos y yo me presenté voluntario para ayudarla, me miró medio enfadada y movió la cabeza negativamente, estaba claro que no perdonaba lo que había hecho con ella el miércoles por la noche al regresar a casa.

Pero ¿Qué le había molestado tanto? ¿Hacérsela chupar al mendigo o que no me la follara en el coche?

Bueno, ya me enteraría más adelante.

Entré en la cocina y vi que me miraba de reojo, sacaba las cosas para el mojito pero no me quitaba la vista de encima, sabía que en cualquier momento iba a saltar sobre ella como un león sobre su presa.

Se agachĂł para coger hielo del frigo y ahĂ­ fue cuando metiĂł la pata.

Con su culito inclinado, los cachetillos abiertos y el anillito estrellado frente a mis ojos, me pegué rápidamente a su culo y acaricié su agujerito oscuro

Buffff. Qué estrechito parecía, daba gusto tocarlo.

Se giró rápidamente para darme un manotazo.

- Joder, estate quieto. – dijo algo nerviosa –

Pero no hice caso a su queja y deslicé el dedo hacia abajo hasta meterlo entre sus gajos.

- Ayyyy. Joder. – volvió a protestar de nuevo –

Así, tal como estaba, la cogí por las caderas y froté mi paquete contra sus nalgas.

Intentó levantarse y darse la vuelta, pero la sujeté con firmeza obligándola a mantenerse inclinada.

La di un azotazo en el culo e intentĂł revolverse.

¡Zas! Sonó bien fuerte.

- Para. ¡Joder! – se quejó mi suegra de nuevo –

LlevĂł la mano a su nalga y se acariciĂł la zona enrojecida.

- Bufffff. Joder, me has hecho daño. – protestó con vocecita de niña pija –

Pero yo seguía con los dedos en su coñito y de eso no se quejaba. Los metí entre los gajos y recorrí su rajita de lado a lado.

- Ummmm. Para, anda. – pidió con una vocecita apenas audible –

- Joder, Paulina, estás muy mojada.

- Ummm. Calla, bobo. – dijo evitando reírse –

A la jodida le gustaba el tonteo y me seguĂ­a la corriente.

Vi que movía las caderas y supe que ya era mía, llevé los dedos otra vez a su culo y presioné ligeramente el esfínter

- Ummmm. Aaaahhh. – empezó el concierto de gemidos –

- Me encanta tu culito, suegra. – susurré amorosamente en su oído –

Echó el culito hacia atrás frotándolo con mi dedo.

- ÂżQuieres que te lo meta?

- Ummmmm. – gimió sin darme respuesta –

Pero seguĂ­a inclinada hacia delante y no hacĂ­a nada por levantarse, se dejaba tocar el culito sin parar de moverse.

- ÂżTe lo folla tu marido?

Cuando pensaba que no iba a responder me llevé una sorpresa.

- Ummmm. Nooo. Ummm. A él no le gusta.

- ¿Y a ti? – me picó al curiosidad –

Se quedĂł unos segundos dudando pero al final contestĂł a mi pregunta.

- Ummm. A veces.

Joder, me surgiĂł otra pregunta.

- Pero si a él no le gusta. ¿Quién es el cabrón que te da por el culo esas veces?

EvitĂł responderme y metiĂł la mano entre sus piernas para cogerme la verga.

- Uffff. Qué grande. – dijo acariciándola con los dedos –

ComenzĂł a menearla sacudiendo el capullo con una mano y acariciando los huevos con la otra.

Buffff. Que gustito sentir sus manitas cálidas y sedosas haciéndome la paja, colocó mi polla entre sus nalgas y empezó a sacudirlas.

Joder con Paulina. ÂżMe pedĂ­a que se la metiera por el culo?

No estaba seguro pero tenía que comprobarlo, empujé con el glande presionando el ojete y vi como éste cedía.

- Ayyyy. – protestó al notar que intentaba metérsela –

- Calla, Paulina. – dije agarrando sus tetas - A ver si se va a despertar tu marido.

Inclinada como estaba, no la dejé levantarse, la embestí sin parar punteando su culito.

- Por ahí no, por ahí no. – repitió varias veces seguidas -

Al verla inclinada e indefensa, se me fue la cabeza, la sujeté por el pelo, me lancé hacia delante y la empotré por el culo sin preocuparme de lubricarla.

- Ouggggg. Adrián, por Dios. – dijo lamentándose –

Pero yo no escuchaba y embestía su culazo metiéndosela cuanto podía.

- Ouuggg. Para, por favor, métela más despacio. – pidió apoyándose en la nevera –

Yo seguĂ­a empujando y ella se agarraba donde podĂ­a.

- Ufff…. Ufff…. Ufff. – resoplaba yo cuando se la metía –

Mi pelvis chocaba contra sus nalgas y ella intentaba mantener el equilibrio.

¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! Era el sonido constante.

- Ummmmm. Ummmm. Despacio, despacio o vas a tirarme. – pedía golpeándose contra el frigorífico –

Pero verla asĂ­ inclinada, con su culazo bien abierto, me ponĂ­a como una moto y no podĂ­a dejar de follarla.

- Uffff.…Uffff. – chillé tirándola del pelo y empotrándola con todas mis fuerzas –

Acabé dándola una estocada y metiendo la polla hasta los huevos.

- Ummmmm. Vas romperme, Adrián. ¡Por Dios! Fóllame más despacio.

Separé las nalguitas con los dedos y vi todo mi trozo de carne enterrado en su culazo.

- Uffff. – resoplé clavándosela por completo –

Golpeé salvajemente sus nalgas, mi polla desapareció de mis ojos y solo vi su ojete rozando mi pelvis.

¡Plas! Sonó al follarla tan fuerte.

- Ummmm. – gemí tirando de ella hacia atrás por las caderas –

La tenĂ­a entera metida y aĂşn presionaba con fuerza para que mi suegra sintiera mi polla en su culo.

- Ouggggg. ¡Dios! Ummmm. Adrián, vas a….Aaahhh…vas a reventarmeeee. – dijo con un largo suspiro –

Pero se quedĂł como estaba y comenzĂł a acariciarse el clĂ­toris.

¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!

- Ummmm. Métela, métela. Cabrón. Dame bien duro por el culo. – rogó sin dejar de tocarse –

Yo empotraba el trasero y estrujaba sus tetas sin control ni paciencia, estaba enculando a lo bestia a mi queridĂ­sima suegra Paulina.

Entonces soltĂł algo que me dejĂł sorprendido.

- Ummmm. Vaya verga más grande tenía el cabrón del mendigo.

A mi suegra la estaba dando por el culo y ella tenĂ­a la mente muy lejos.

Joder con Paulina. Me imaginé lo que quería y no se atrevía a decirlo.

¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!

- Si, suegra. La tiene grande y gorda.

- Ummm. Siiii. Lo vi, lo vi. Ummm. Menudo pollĂłn tiene el cabrĂłn

Apreté sus pezones y decidí echar la caña.

- ÂżQuieres probarla algĂşn dĂ­a?

Intentó levantar la cabeza pero la postura no la dejaba, tiré con fuerza del pelo y la obligué a mirarme a la cara.

- Augggg. – protestó con el cuello doblado –

- Dime, zorra. ÂżQuieres probarla?

Cerró unos instantes los ojos, se mordió con fuerza los labios y mirándome de nuevo, dio una respuesta muy clara.

- Auff. Pero va a hacerme daño.

¡Qué hija de puta! Si que quería.

- Ya verás cuando te la meta por el coño, te vas a derretir de gusto.

- Ufff. Siiiii. Pero despacio. ÂżVale?

La metĂ­ una estocada y se golpeĂł contra la nevera.

- Ummmmm. ¡Dios! Cómo me gusta. – dijo en vez de quejarse –

Metí la mano en el coño y vi que chorreaba, a la zorra de mi suegra le iba el sexo duro.

La pegué una nalgada que dejé su culazo bien rojo. ¡Zas!

- Ummmm. – gimió estremeciéndose – Adrián, eres un cabronazo.

- Qué puta eres, Paulina. – dije sujetando sus caderas y empotrándola de nuevo –

¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!

- Ummm. Métela entera. Cabrón. – pidió completamente salida –

La follé como un salvaje tirándola del pelo y metiéndola vergazos.

Mi amadĂ­sima y recatada suegra Paulina, no paraba de gemir y pedir que la rompiera el culo en pedazos, la zorra estaba disfrutando como nunca y lo mostraba moviendo el culo.

- Voy….Aaahhhh…voy a correrme….voy a correrme. – chilló fuera de sí – Yaaa, yaaaaaa, me corrro, Adrían, me corroooo.

Cuando por fin se corriĂł, me dijo que me la chupaba, pero no era eso lo que yo querĂ­a.

La empotré como un salvaje hasta que derramé mi leche en su recto, y cuando saqué la verga del culo vi un reguero de semen que salía por el ojete.

- Paulina, no vayas a limpiarte. – ordené maliciosamente - Quiero verte sentada en la terraza con el culito lleno de leche.

Salimos con los mojitos y nos sentamos frente a frente, mi suegra separĂł ligeramente las piernas y se echĂł un poco hacia delante.

Wow. Aún se veían algunas gotitas de semen rezumando por el culo y deslizándose por los muslos.

La hija de puta pasó un dedo por ellas, y rebañándolas se lo llevó a los labios, lo chupó mirándome de forma lasciva y luego sacó la lengua y me guiñó un ojo.

Joder con mi suegra Paulina, al final Ă­bamos a llegar a entendernos y a ser buenos amigos.