Me toco en mi trabajo de farmacéutica
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Hola me llamo Sofia y este será mi primer relato. Soy una chica de Ucrania y estoy aprendiendo castellano desde mi visita a España hace un año, también reconozco que he utilizado el corrector automático para verificar que ciertas frases tengan sentido y ayudarme con el idioma. Así que espero me perdonen ciertas faltas ortográficas. Como sabrán muchas ucranianas han migrado a España por la guerra y yo estoy pensando hacer lo mismo. España me pareció un país tan tranquilo y amigable, por lo que quisiera volver algún día.
He venido leyendo algunos relatos desde hace un tiempo por lo que sé que primero debo describir mi cuerpo. Soy la típica chica ucraniana: delgada y alta. Mi cabello es castaño claro y, bueno, mi cuerpo es lo que causa curiosidad. Tengo unos senos firmes y grandes: 75b con los areolas de los pezones marrones y grandes, mientras que mis pezones son prominentes y muy sensibles: al instante se endurecen; una cintura delgada con un abdomen plano y un culo redondo y atlético que no es excesivamente grande, pero que atrajo muchas miradas en mi visita a Figueres en Girona. Actualmente tengo un novio, pero sé que las historias con los novios suelen ser muy aburridas y monótonas, por lo que no todas lo tendrán a él de protagonista.
Esto pasó cuando tenía 23 años y trabajaba en mi ciudad de Lviv como farmacéutica. Este puede ser un trabajo muy monótono por lo que estaba en el mostrador sin nadie a quien atender y empecé a conversar por teléfono con un joven a quien había conocido en la discoteca. Una discoteca ucraniana no es como una española así que no imaginen que follamos ahí, simplemente nos conocimos aunque yo sabía que se moría por mí. Yo había visto su abdomen en sus fotos de Instagram y estaba enganchada a su cuerpo, aunque yo solo había visto fotos de penes de mis novios. Esta conversación fue subiendo en calentura poco a poco, él me preguntaba si me había ido con otro chico en la noche de la discoteca y yo, inocentemente, le decía que solo me había ido con amigos. Sin duda los hombres no confían en otros hombres, por lo que el pensaba que me habían follado y tal vez por eso el respeto que me mostró en la discoteca se convirtió en deseo una vez que empezamos a conversar por teléfono.
Le hice saber que me gustaba sus fotos de Instagram, de forma indirecta como hacemos las chicas: dándole likes a sus mensajes. Rápidamente me preguntó si me gustaba su abdomen y yo le dije que sí. Advertí que la conversación cambiará de tono de forma inminente por lo que caminé hacía una habitación vacía que servía como almacén en la farmacia y me encerré, dejando a otra dependenta a cargo del local. De pronto recibí la foto de un pene enorme y venoso. Era de unos 17 cm y era muy grueso. Supe que me había encerrado a tiempo en la habitación, pues ya se me derretía la boca y estaba hipnotizada mirando ese miembro, mi imaginación volaba por sentirme deseada por ese hombre. Ya sentía mis braguitas mojadas, por lo que empecé a quitarme parte de mi feo uniforme de farmacéutica. Primero la parte de arriba, dejando mis tetas al aire, sin terminar de quitarme la camisa. Mis pezones estaban ya enormes y duritos. Metí mi mano debajo del pantalón y comencé a frotar mi clítoris con un único dedo mientras veía la foto del pene de ese hombre y le escribía, con los dedos temblando, que me enviara una más, mientras en secreto deseaba follar y tener esa polla dentro de mí.
Mi calentura iba en aumento y sabía que en ese horario no se presentaba mucha gente en la farmacia por lo que decidí bajarme todo el pantalón. Acaricié mi vagina por encima de mis panties rosas, pero la temperatura iba en aumento y no tardé en bajármelas para meter todo mi dedo en mi vagina. Me senté en una silla y abrí las piernas. Confieso que le envié algunas fotos a este chico con el que hablaba, mientras me seguía tocando en mi trabajo. Por momentos me acariciaba también los pezones para darme más placer. Lo hacía en círculos y jalándolos fuerte hacia afuera como deseando que me crezcan aún más las tetas. El chico, sin previo aviso, decidió enviarme un video de él eyaculando su semen. Era un video antiguo pero cumplía la función de ponerme más cachonda en esa habitación enana. Sentía que había pasado una infinidad de tiempo y que las sensaciones se acumulaban. Aunque eso no importaba, yo seguía poseída con las piernas abiertas y frotando frenéticamente mi clítoris, esperando inconscientemente que alguien con un pene enorme venga a follarme sin compasión. Mis dedos entraban y salían de mi vagina y mi boca se mantenía abierta por la excitación o esperando, inconscientemente otra vez, que venga un pene a darme todo su semen. Estaba agotada ya cuando decidí regresar al trabajo. El chico con el que hablaba ya no me respondía, imagino que porque ya se habría corrido así que me vestí rápidamente, cubrí mis tetas y regresé al mostrador.
Mi turno aún no había terminado, por lo que tuve que volver al mostrador con los pezones duros y con las panties con toda la miel de mi vagina. Así trabajé el resto de la jornada, con todos mis fluidos encima. También decidí no lavarme las manos después de tocarme por lo que tenía el sabor de mi vagina en mis dedos. Entraron tantos señores a la farmacia y ninguno sospechó que detrás de la puerta que dirige al almacén había estado desnuda hace unos minutos. Tal vez si entraban ahí en ese momento se hubieran llevado una sorpresa. Tampoco sospecharon que en mis manos seguían mis fluidos vaginales. El resto de mi turno pasó sin ninguna sorpresa y yo regresé a mi piso luego de haberme dado placer en ese lugar público.