March 25, 2025

Mi vecina embarazada 5

Final

Tiempo estimado de lectura: [ 6 min. ]

La serie llega al final con dos golpes.

MIRIAM

Fue una mañana que comencé a encontrarme mal. Estaba débil y sentí un dolor punzante en el abdomen. Traté de ir al baño y allí no pude más que ver la sangre antes de desmayarme.

Ya había superado el ecuador del embarazo y acababa de perderlo. Me desperté en el hospital con las dos personas que más quería a mi lado: Gabriel y mi madre.

Los siguientes meses fueron horribles para mí. Me había recuperado físicamente pero el vacío que sentía era enorme. Aunque había sido un embarazo no deseado, con el paso del tiempo me había hecho ilusiones de ver a mi bebé. Me pasaba los días llorando, con la tristeza oprimiendo mi pecho. Mi relación de pareja parecía tambalearse, pero Gabriel jamás se apartó de mi lado, ni en los peores momentos.

VIRGINIA

Cuando esa mañana Gabriel me llamó, lo último que pensaba que me diría era lo que me dijo: Miriam había perdido el bebé. La noticia me golpeó como un alud en la montaña.

Nunca había visto a mi hija tan hundida, con un dolor tan desgarrador que lo sentí como propio.

Cuando llegué al hospital, ella estaba dormida y él a su lado, cogiéndola de la mano. Ahí pude ver en sus ojos el claro y puro amor que sentía por Miriam.

En ese momento vi que Gabriel ya no era ese joven de dieciocho años que había conocido, era todo un hombre que respetaba y amaba a mi hija. Vi en sus ojos que jamás la abandonaría.

Con su ayuda y el paso del tiempo, mi hija comenzó a sanar. Yo no sabía cómo ayudar a mi hija, pero él sí. Se mantuvo a su lado, incluso en los peores momentos. Sanaron juntos.

Yo estaba muy feliz por ellos. Por nosotros.

Esperé un tiempo para romper ese hechizo. Quería disfrutar un poco más de esa felicidad.

GABRIEL

Meses después de la pérdida, la vida cambió su tempo. Todo iba a un ritmo mucho más lento y tranquilo. A Miriam le costó mucho recuperarse. Aunque me sienta mal al pensar en ello, creo que la horrorosa situación me ayudó a aclararme: quería pasar el resto de mi vida con ella a mi lado.

Terminamos viviendo juntos. Con el paso de los meses la sonrisa regresó a su rostro. Comenzamos a fantasear sobre nuestro futuro, ella quería acabar sus estudios y que ambos comprásemos una casa con terreno, tener un

Desde el suceso, había pasado casi un año y no habíamos tenido relaciones sexuales. Yo me aliviaba por mi cuenta, sabía que para ella no era fácil y no quería presionarla.

Todo cambió esa mañana de octubre.

Desperté con las caricias de Miriam sobre mi torso. Sus dedos acariciaban el poco vello que brotaba de mi pecho. Acercó sus labios a mi oreja y sacó su lengua caliente para lamer mi lóbulo.

Sentía el calor que emanaba de ella, irrumpiendo en mi interior con el roce de su lengua y bajando hacia mi pubis en donde ella seguía con sus caricias.

Introdujo su mano a través de mis calzoncillos. La habitación estaba a oscuras, pero en la penumbra diferenciaba su sonrisa pícara y deseosa de mí. Yo no tardé en excitarme por completo con su mano acariciando mis testículos.

Me giré para devolverle las caricias y descubrí que estaba completamente desnuda bajo las sábanas.

Acerqué mi boca a sus grandes pechos para chupar su pezón con suavidad mientras mi mano acariciaba el interior de su muslo, que se acercaba balanceante hacia mí. Notaba las protuberancias de su areola entre mi lengua, que la humedecía a su paso.

Miriam continuó agarrando bien mi polla, masturbándome muy lentamente. Yo, que no había follado en meses temía terminar demasiado pronto y la paré con mi mano. Quería que ella disfrutase primero.

Subí la mano que estaba en su muslo, acariciando su ingle para llegar a bordear su coño. Descubrí que se había depilado para la ocasión. Notaba al paso de mis dedos que estaba muy humedecida. Gemía e inclinaba su cadera al paso de mis dedos.

Doblé la almohada tras de mí y, medio inclinado, la guie con mis brazos para colocarse encima de mí, dándome la espalda.

Con mis piernas arqueadas e inclinadas, ella estaba tumbada encima de mí. Desde mi posición inicié el ritual de caricias que sabía que tanto la excitaban, mi mano izquierda se fijó en su pecho, bordeando el pezón cada vez más duro. Con la derecha fui bajando por su cintura, con calma, hasta llegar a su clítoris. Ahí comencé a pasar mi dedo anular en círculos.

- Gabriel…. – susurraba a mi paso.

Yo respondí con gemidos en su oreja.

Ella se inclinó unos centímetros para agarrar con su mano mi polla y dirigirla dentro de ella.

Con mis pies haciendo palanca en la cama, comencé a mover mi cadera para que mi polla fuese entrando y saliendo dentro de ella. Nos habíamos acostado muchas veces, pero esta era diferente, esta vez sentía el ardor en su interior.

Miriam, con su mano en la zona, no permitió que mi polla se saliese. Comenzó a moverse también al ritmo que yo marcaba.

- Miriam… cariño… voy a terminar pronto.

Esas palabras la encendieron aún más. Sus movimientos se hicieron más rápidos y entusiastas.

- Eso es lo que quiero – replicó - ¡Termina dentro de mí!

Sus palabras me excitaron tanto que fueron el punto de partida de la eyaculación. Ayudado con su mano, que apretaba la parte baja, en tres empujones descargué todo mi semen en su interior.

- Gabriel!! ¡¡Sí!! ¡¡Joder!!

Ella se corrió al mismo tiempo.

Fue un orgasmo brutal.

MIRIAM

Esa mañana, con ese tremendo orgasmo, recuperé mi apetito sexual. Las siguientes semanas seguimos el ritmo y regresamos a una cierta normalidad en nuestra vida de pareja.

No sabía que todavía me esperaba un golpe de la vida, que va a su ritmo y no respeta la felicidad.

VIRGINIA

Había recibido la noticia semanas atrás, pero no quise decir nada. ¿Para qué? Miriam y Gabriel al fin habían recuperado la felicidad y se les veía genial juntos.

Cuando ya no quedó más remedio, tuve que contárselo. Primero hablé con Gabriel, quedamos en secreto una tarde.

- ¿Cáncer? – preguntó sorprendido.

- Sí… este maldito hábito…

- ¿Y lo sabes desde hace semanas? ¿Por qué no has dicho nada?

- Gabriel… lo que me ocurre no tiene remedio, no quería estropear la alegría de veros tan bien.

Se quedó callado, con los ojos lacrimosos.

- Me quedan como mucho seis meses. No voy a pedirte nada, porque sé que lo harás, sé que Miriam se queda en buenas manos. Sed muy felices.

GABRIEL

La noticia fue devastadora. Virginia buscó el momento para contárselo a Miriam, que rompió a llorar. Evidentemente fue un mal trago para ella, el peor de su vida diría.

Sin embargo, Miriam no se hundió. Decidió aprovechar el tiempo con su madre al máximo. La acompañaba a las citas médicas, la cuidaba en casa mientras yo trataba de ser el soporte de ambas.

Virginia no se asustó en ningún momento, o al menos no lo mostraba. Se preocupaba porque nosotros estuviésemos bien después de su partida. No quería que la tristeza nos invadiese.

Fueron semanas, meses difíciles. Miriam se mostró fuerte con la situación y me asombré aún más con ella, con su entereza, con su dedicación a su madre. Cuando su ánimo bajaba, ahí estaba yo para levantarla.

Una fresca mañana de mayo, con el sol entrando a través de las cortinas de la habitación, Virginia se fue con una sonrisa en su rostro mientras nos miraba al lado de su cama. Su aliento se interrumpió y el silencio se apoderó de la estancia.

Nos costó acostumbrarnos a vivir sin ella. El dolor y la pérdida nos acompañaron mucho tiempo.

Con los años Miriam y yo construimos una familia. Ella terminó sus estudios y ampliamos mi tienda en la que ella comenzó a trabajar administrándola. Nos casamos y tuvimos una hermosa hija.

En nuestro recuerdo siempre estará nuestra amada Virginia. Mi primer amor.

*

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© MarthaKC / 📰 @RelatosEroticosDRK