Papito te amo
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Confesiones de cómo fui convirtiéndome poco a poco en la pequeña putita de papá.
vulva preadolescente, puse un piececito delante del otro en lánguido y temblante andar.
Mi mano tiritando fuera de control tomó el pomo de su puerta, girándolo lentamente a pesar de que mi cabeza gritaba que no lo hiciera. Oía gritar a mamá a todo pulmón y falta de aire, mientras que su cama se mecía y crujía salvajemente. A pesar de mi limitado conocimiento sobre el tema, pude deducir lo que hacían, como si hubiera tenido aquella información arraigada en lo más profundo e instintivo de mi ser, casi en mi adn.
En la escuela nos habían mencionado la reproducción, dándonos una breve y escueta explicación de los procesos involucrados. A esto sumándole los atrevidos comentarios de algunas compañeras y sus chistes picosos adelantados a nuestro oídos, me permitieron confirmar que sí: “están teniendo relaciones”.
Tenía que dar un vistazo… solo un vistazo y me largaría. “¿Cómo se vería tal acto?… ¿Realmente tiene que entrar en la cosita de la mujer?… ¿Dolerá mucho, por eso mamá grita tanto?” Fueron algunas de las absurdas preguntas que se clavaron en mi inocente ignorancia.
Todas mis alertas se encendieron, gritándome que no estaba bien, que no era correcto. Pero casi en un morboso transe volví a besar a mi propio padre, esta vez jalando su mano hasta mi vagina. Mi boca comenzó a seguirle el ritmo a sus carnoso y maduros labios, mientras que sus dedos acariciaban delicadamente mi intimidad sobre mis prendas y la toallita sanitaria.
Un segundo respiro necesitamos, sin poder creer lo que acababa de ocurrir. —Te amo papito… —
Fuimos interrumpidos por lo que pareció ser mi madre levantándose de golpe. Papá volvió a su lugar junto a ella y yo quedé viendo arcoíris y auroras boreales, con las cosquillas y sensaciones más deliciosas que había sentido en mi corta vida hasta ese entonces, recorriendo todo mi cuerpo y concentrándose en mi inmaduro sexo.