En el baño con una casada mientras su hijo llora
Una salida normal al boliche terminó en pasar cogiendo durante toda la noche a una casada infiel con su hijo tras la puerta...
Mi historia es breve y, aunque a muchos puede que no les resulte excitante, debo decir que a mí en ese rato me llenó de adrenalina. Me gustó al punto que la verga se me puso durísima, en vez de bajárseme la calentura como le hubiese pasado a cualquier otra persona.
Todo pasó una noche que salí al boliche. No me considero el más guapo, pero mido 1.75 y soy tan delgado que se me marcan todos los abdominales y demás músculos; eso llamaba la atención de algunas mujeres, especialmente de las que eran un poco mayores que yo. Ese día fui con mis amigos y, entre joda y cervezas, fuimos conociendo a varias mujeres. Entre ellas estaba Sofía; con su metro sesenta, era una de las más altas de sus amigas y, a su vez, la que tenía mejor cuerpo: tenía un culo grande, cintura pequeña y unas tetas medianas.
Desde que la vi, empecé a tirarle los perros, hasta que me dijo que era madre y casada, pero que su esposo trabajaba en otro lado. Realmente a mí no me importó en absoluto y, como me lo propuse, terminamos en el baño del boliche garchando.
Sofía, al igual que yo, estaba tan caliente que, sin pedírselo, apenas nos encerramos en el baño se arrodilló y comenzó a chuparme la pija. Me la chupaba como hambrienta, al punto de que se tragó mi verga completa sin tener arcadas, y eso que mide 17 cm con un grosor normal. Me estuvo chupa y chupa la pija hasta que me la tenía completamente babeada; entonces la levanté para bajarle el pantalón y sentarnos en el inodoro a culear. Sofía tenía la chepa peludita y apretadita; cuando se la metí, pegó un grito tal que tuve que taparle la boca con mi mano para que no nos escucharan, y seguimos cogiendo.
Sofía era una verdadera jinete; me cabalgó como quiso mientras yo le apretaba el culo y le chupaba los pezones de las tetas hasta que, antes de comenzar a correrme, por los sonidos que hacíamos llegó un guardia y nos sacó del baño.
Cuando salimos, pensé que Sofía ya no querría nada, pero antes de que le propusiera ir a algún motel u hotel, ella me dijo: "Vamos a mi casa". Y nos fuimos. Durante todo el trayecto en el taxi nos fuimos besando y manoseando, al punto que mi verga estaba dura de nuevo y ella me la sobaba provocándome más.
Llegamos a su casa y entramos. No era la gran casa, pero ahí mismo, en el ingreso, nos desvestimos y comenzamos a culear de pie. Esta vez estábamos completamente desnudos y Sofía comenzó a gemir más fuerte que en el baño, aunque manteniendo el volumen bajo para que no se despertara su hijo. Me la garché por su chepita, que seguía húmeda de lo poco que cogimos en el boliche, y le di un buen rato mientras ella se apoyaba en la pared. Se la metí con fuerza y rapidez, como ella me exigía entre gemidos, hasta que, apartándose de mí, se giró y volvió a chupármela hasta tragársela por completo. Sofía me la chupaba exquisito, incluidas las bolas.
Si no hubiese llorado el hijo, me hubiese corrido ahí mismo, pero como ella se asustó, me jaló y nos encerramos en un baño, y ella salió a ver a su hijo. Ahí encerrado, me puse a revisar todo y tenía la verga durísima hasta que volvió a entrar Sofía. Aunque quería que me fuera, luego de algunas insistencias y besos se dejó llevar y otra vez comenzamos a garchar. Esta vez, de pie y frente a frente, empezamos a darle; era la primera vez que culeaba en esa posición, pero era tan rica que Sofía gemía y gemía mientras, agarrándose de mi cuello, me pedía más rápido, haciéndome poner de puntillas para así meterle completita la verga. Estuvimos culeando así hasta que ya no aguantaba las piernas de estar agachado y, a su vez, en punta de pies, así que agarrándola la acosté encima del lavamanos y seguí cogiéndola. En esa posición veía sus tetas balanceándose de lado a lado con cada embestida, y seguí dándole incluso más duro cuando ella misma me ponía las piernas en los hombros o a los lados de mi cintura y me apretaba con ellas.
Hasta ese momento, era uno de los mejores polvos que había tenido con cualquier mujer con la que hubiera salido de un boliche, pero ahí no terminó. Cogiéndola así, encima del lavamanos, Sofía gemía y gemía hasta que comenzó a gritar pidiéndome que le diera más duro y más rápido; finalmente, jalándome hacia ella, me besó y comenzó a correrse. Yo, al ver eso, no puedo negar que mi ego se elevó; creí que había hecho correr a una mujer con pocas poses, pero resultó que Sofía era multiorgásmica. Fue la primera mujer que conocí con esa condición y sí que lo disfruté.
Luego de correrse y mojarme toda la cintura, no paramos. Con mi ego crecido, la bajé del lavamanos y, poniéndola en cuatro, seguimos culeando. No sé si porque Sofía se había corrido recién estaba más sensible, pero a la primera embestida comenzó a gritar fuerte, así que me bajé y le di unos lengüetazos en su chepa peluda y, para finalizar, unos escupitajos; luego, parándome, la seguí culeando hasta que ella no podía más. Incluso me decía que fuera más despacio, pero en vez de eso, nos sentamos en el inodoro como en el boliche y volvimos a culear hasta que el hijo comenzó a tocar la puerta y a llamarla. Ella solo se dirigió a su hijo una vez mientras no paraba de brincarme, pero después, ya sin hacerle caso, seguimos hasta que Sofía comenzó a gritar y a apretarme la verga y nos corrimos juntos. El condón salió lleno de leche y Sofía estaba rojísima y me mojó aun más la cintura.
Nos quedamos así sentados besándonos un rato mientras el hijo lloraba. Después, mientras ella le decía al hijo que se acostara y el chamaco era más y más insistente, ella ya lo dejó llorando para comenzar a moverse en mi verga rozándola con su culo. Teniéndola frente a frente, sudada, mojada y viéndome a mí mientras al hijo ni en cuenta lo tomaba, me tenía la verga aún con el condón puesto y con la leche dura; comencé otra vez a besarla por todo el cuerpo hasta que el chamaco comenzó a darle golpes y patadas a la puerta y ella se bajó diciéndome que me bañara, que tenía que ir a ver al hijo.
Sofía salió y yo entré a la ducha con mi verga dura y aún babosa de lo que recién me había sacado el condón. Me comencé a bañar y escuchaba cómo ella intentaba hacer dormir al hijo, pero él seguía llorando; hasta que, luego de algunos segundos, cuando ya estaba a punto de enjuagarme, Sofía volvió a entrar al baño. Entró directo a la ducha y, sin decirnos absolutamente nada, nos miramos; ella me agarró la verga y comenzamos a besarnos.
La calentura de Sofía era asombrosa y, como cualquier hombre, la disfruté. Luego de besos y caricias, Sofía volvió a chuparme la verga; era su fascinación más grande. Lucía entusiasta cada vez que lo hacía y yo disfrutaba ver y sentir cómo se tragaba toda mi verga, casi queriendo succionarme toda la leche. Le encantaba chuparme las bolas y masturbarme, pero lo que en ese rato hice fue cogérmela por la boca.
Con mi verga completa en su garganta y sintiendo lo apretada que estaba, comencé a moverme, sintiendo cómo su baba comenzaba a salir de su boca hasta cubrir mis bolas. Aun así, Sofía no sacó su boca de mi verga; me dejó hacer lo que quería hasta que la paré y, arrimada, comenzamos de nuevo a culear. Sofía gemía y yo daba todo de mí, pensando en cualquier cosa para no correrme rápido; pero Sofía, con una mano se agarraba de la pared y con la otra me agarraba la nalga, pidiéndome más y más. Por tanta insistencia, le agarré los brazos, se los puse hacia atrás y me la culié rapidísimo hasta que me corrí en su interior, sin condón.
Estaba exhausto, pero Sofía no paró; se agachó y entre sus tetas me comenzó a pajear mi verga babosa, y me chupó hasta la última gota de leche. No se la tragó porque de nuevo el hijo comenzó a llorar y a llamar, así que se acercó a la puerta y, sacando solo la cabeza, le dijo que se fuera a dormir gritándoselo. Verla en cuatro hablando me recordó a las típicas películas porno donde se cogen a la mujer mientras el marido está detrás de la puerta, y otra vez se me paró la verga.
Así que, luego de que colgó y al verme la verga dura, volvimos a coger; ahora solo un rato en cuatro y luego sentados en el piso de la regadera. Cuando le dije que me iba a correr, ella se levantó y, poniéndose en modo perrito, me la chupó, tragándose de nuevo los escasos chorros de leche que lancé. Ese día cogimos todas esas veces, pero desde ahí me convertí, por varios meses, en su amante hasta que el marido comenzó a sospechar y nos dejamos de ver.