Con mi primo
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Parte dos de mi anterior relato.
Me llamo Clara, tengo 18 años y, aunque nadie lo diría viéndome, soy bastante salida. Vengo de una familia muy religiosa, de esas que van a misa todos los domingos, que rezan antes de comer y que te miran mal si te pones un poco de escote. Por fuera soy la niña buena: la que saca buenas notas, la que ayuda en casa, la que tiene novio “estable” desde hace casi un año. Se llama Carlos. Es majo, atento, de buena familia… pero no tiene ni puta idea de lo que soy en realidad.
Llevo dos años haciendo cosas que nadie imaginaría. Empecé poco a poco, casi por curiosidad, pero cuanto más hacía, más lo necesitaba. El verano pasado fue cuando todo se descontroló un poco más.
Mis primos Marcos y Pedro (de 22 y 28 años) venían a pasar unos días con nosotros. Ellos sí podían salir de fiesta hasta tarde porque “son chicos”. Yo, en cambio, tenía que estar en casa antes de las doce. Mi madre y mi tía eran implacables conmigo. Así que mientras ellos volvían a las cuatro o cinco de la mañana, borrachos y oliendo a alcohol, yo me quedaba en mi cama con el móvil, escuchando cómo entraban por la puerta de casa intentando no hacer ruido.
Esa noche en concreto no pude aguantarme. Los oí llegar, reírse bajito en el pasillo y meterse en la habitación que compartían. La verdad es que parecian muy borrachos, muy contentillos... Eran las casi cuatro de la mañana. Me levanté de la cama sin hacer ruido, solo con una camiseta larga y unas braguitas. Me acerqué descalza hasta su puerta. Estaba entreabierta. Los vi: Marcos tumbado en su cama con el móvil en la mano y Pedro sentado en la otra, quitándose las zapatillas.
No pensé demasiado. Entré, cerré la puerta con cuidado y eché el pestillo. El clic sonó bastante alto en el silencio de la noche.
Los dos me miraron al mismo tiempo.
—¿Clara? ¿Qué coño haces aquí? —preguntó Marcos, más sorprendido que enfadado.
—Se te va a armar un lío si te pillan aquí.
Yo me quedé de pie junto a la puerta, mirándolos. Me acerqué un paso y les puse un dedo en los labios a los dos, uno tras otro.
—Shhh… —susurré—. Ni una palabra. No vais a hablar. Vais a callaros y vais a dejarme hacer lo que yo quiera. ¿Entendido?
Se miraron entre ellos, confundidos, pero ninguno dijo nada. Marcos incluso soltó una risita nerviosa. Pedro tragó saliva. Yo me arrodillé en el suelo, entre las dos camas. Primero me puse frente a Marcos. Le bajé el pantalón del chándal y los calzoncillos de un tirón. Su polla salió ya medio dura, gruesa. Olía a sudor. La cogí con la mano y empecé a lamerla despacio, de abajo arriba, como si fuera un helado que se me derrite. Marcos soltó un gemido ahogado y se quedó muy quieto.
Luego me giré hacia Pedro. Le bajé también los pantalones. Su polla era un poco más larga que la de Marcos, más delgada, pero muy dura ya. La cogí con la otra mano mientras seguía lamiendo la de Marcos. Alternaba: chupaba la cabeza de uno, luego la del otro. Los mojaba bien con saliva, los chupaba con ganas, metiéndomela hasta el fondo de la garganta y sacándola llena de baba. Hacia ruidos húmedos y sucios.
Y aqui paro para hacer un inciso: NO SABÉIS LO PUTA QUE ME SENTIA, Y LO QUE ME GUSTABA. Parecía una peli porno.
A veces me la metía toda de un primo y con la mano masturbaba al otro. Luego cambiaba.
Marcos tenía la polla más gruesa, me costaba más abrir la boca del todo, pero me gustaba cómo me llenaba la boca. Pedro gemía más bajito y me acariciaba el pelo con torpeza, borracho. Yo subía y bajaba la cabeza rápido sobre uno, luego sobre el otro, haciendo ruidos de succión fuertes y húmedos. La baba me caía por la barbilla y me manchaba la camiseta. No paraba. Les chupaba las pelotas a los dos también, una por una, metiéndomelas en la boca mientras les masturbaba la polla con la mano. Ellos seguían sin hablar, solo respiraban agitados, mirando cómo su prima, inocente y jovencita que les miraba con cara de pena mientras les chupaba las pollas como una puta en medio de la noche.
Marcos fue el primero en correrse. Me agarró del pelo sin mucha fuerza y me metió la polla hasta el fondo mientras soltaba un gemido largo. Sentí cómo me se corrió literalmente en mi garganta, como un puto caballo. Me tragué casi todo, pero se me escapó un poco por la comisura de los labios. No me aparté. Seguí chupando hasta que se le ablandó un poco.
Entonces me giré hacia Pedro y le metí la polla aún con el sabor del semen de su hermano en la boca. Lo chupé con más ganas todavía, rápido y profundo, hasta que él también se corrió. Esta vez me corrí un poco la cara a propósito, sacó el movil y me hizo una foto, lo que me dio muchisimo morbo... me saqué la polla cuando empezó a salir y le dije que me grabase, dejé que me diera fuerte con su polla en la mejilla, en los labios y en la barbilla. Me quedé arrodillada entre las dos camas. Me arreglé el pelo y me fui. Ninguno de los dos dijo nada durante un rato.
Al rato les mandé un mensaje por instagram: mañana más.
Al día siguiente no pude concentrarme en nada. Todo el día estuve mojada solo de imaginar cosas. Cuando llegó la noche y la casa se quedó en silencio, me levanté. Solo me puse un albornoz largo y ligero, nada debajo. Descalza, con el corazón a mil, me dirigí a su habitación.
Llamé suavemente. Marcos abrió la puerta, me miró de arriba abajo y sonrió con malicia.
—Pasa, prima. Él estaba sin camisa y con el pantalon corto de jugar a baloncesto. Estaba muy guapo.
Entré, y eché el pestillo. Sin decir una palabra, me solté el cinturón del albornoz y lo dejé caer al suelo. Me quedé completamente desnuda delante de ellos. Mis pechos con los pezones duros como piedras, el coño recién depilado y el culo redondo y tenso.
Los dos me miraron en silencio un segundo. Luego Marcos se arrodilló delante de mí, me separó las piernas y hundió la cara entre mis muslos. Su lengua caliente y ancha lamió mis labios hinchados, subió directo al clítoris y lo chupó con fuerza, succionándolo entre sus labios. Yo gemí bajito, poniendo una mano en su cabeza. Detrás de mí, Pedro se arrodilló también, me abrió las nalgas con las dos manos y empezó a lamer mi culo. Su lengua daba vueltas lentas y húmedas alrededor de mi ano, presionando, empujando la punta dentro. La sensación era sucia, intensa, me hacía temblar las rodillas.
Estaba siendo comida por los dos agujeros al mismo tiempo. Marcos chupaba y lamía mi coño como si tuviera hambre, metiendo la lengua dentro y luego subiendo a chupar el clítoris con fuerza. Pedro lamía mi ano con más intensidad, metiendo la lengua un poco más cada vez, babeando sobre mi agujero. Yo me corría ya solo con eso. Mis piernas flaqueaban, gemía ahogadamente, el coño contraía contra la lengua de Marcos mientras Pedro seguía lamiendo mi culo como un animal. Me corrí fuerte, empapando la cara de Marcos, pero ellos no pararon. Siguieron lamiendo hasta que tuve un segundo orgasmo, más intenso, con las piernas temblando tanto que casi me caigo.
Entonces me dijeron que me pusiera a cuatro patas en la cama. Me subí, apoyé las manos y las rodillas, arqueé la espalda y levanté el culo. Marcos se colocó detrás y apoyó su polla gruesa contra mi ano. Empujó despacio, estirándome poco a poco. El ardor inicial fue fuerte, pero pronto se convirtió en un placer profundo y sucio. Empezó a follarme el culo con embestidas cada vez más fuertes, sus caderas golpeando contra mis nalgas, sus manos sujetándome fuerte de las caderas.
Delante, Pedro se arrodilló y me metió su polla en la boca. La chupé con ganas, babeando, mientras era follada por el culo. Iba y venía en mi garganta, gimiendo cada vez que Marcos me daba una embestida más profunda. Era una doble penetración brutal: culo y boca al mismo tiempo. La polla de Marcos me abría el ano sin piedad, y la de Pedro me follaba la garganta.
De repente Pedro se sacó la polla de mi boca, se movió y se colocó debajo de mí o en ángulo. Me penetró el coño de un solo empujón, profundo y duro. Ahora los dos me follaban al mismo tiempo: Marcos en el culo y Pedro en el coño. Pero según lo que querías, el que me follaba la boca (Pedro) empezó a follarme el coño extremadamente duro. Sus embestidas eran rápidas, profundas, violentas. Cada golpe hacía que mi cuerpo se sacudiera hacia delante, mi cara contra la cama, los pechos balanceándose. El sonido de piel contra piel era obsceno. Pedro me follaba el coño como si me odiara, profundo, rápido, sin parar. Yo gemía como una puta, me corrí otra vez, el coño apretando alrededor de su polla mientras Marcos seguía follándome el culo.
Se corrieron casi al mismo tiempo. Pedro me llenó el coño de semen caliente, chorro tras chorro. Marcos se corrió dentro de mi culo, llenándome también. Cuando se salieron, sentí cómo el semen de los dos me goteaba por los muslos. Me quedé a cuatro patas, temblando, con los dos agujeros abiertos y llenos.
Me puse el albornoz otra vez, salí de la habitación en silencio y bajé las escaleras. En el pasillo, apoyado contra la pared con los brazos cruzados, estaba mi tío Gustavo. Mi tío. El padre de Marcos y Pedro. Me miró de arriba abajo, con cara seria.
—Clara —dijo en voz baja—. Ven conmigo.
No discutí. Bajamos al jardín, subimos a su coche y nos fuimos. Condujo en silencio durante un rato, hasta que llegamos a un camino de tierra que entraba en el bosque. Aparcó en un claro apartado, donde no llegaba ninguna luz. Apagó el motor y se giró hacia mí.
—Te vi entrar desnuda. Te oí gemir. Has sido muy irresponsable, Clara. Ahora vas a ser la puta de mis hijos. Van a usarte cuando quieran.
Yo lo miré, con el corazón latiendo fuerte, el coño todavía goteando semen de mis primos. Sentí cómo me excitaba otra vez.
—Lo sé… —susurré—. Pero también puedo ser la tuya… si no lo cuentas.
Se quedó callado un segundo, luego sonrió con esa misma malicia que tenían sus hijos.
Sacó una colchoneta de playa del maletero y la extendió en el suelo, entre los árboles. Me miró.
Me lo quité. Me quedé desnuda otra vez, esta vez delante de mi tío. Él se desabrochó el cinturón, se bajó los pantalones y sacó su polla. Era más gruesa y más larga que la de sus hijos. Me empujó suavemente hasta que me tumbé de espaldas en la colchoneta.
Se metió entero de un empujón y empezó a follarme fuerte, profundo, con embestidas lentas pero potentes al principio. Me miraba a los ojos mientras me follaba.