September 15

Mí mujer y el Cubano

Mi mujer y el cubano
Cuando descubres a tu mujer masturbándose a escondidas, evidentemente no funcionas en la cama. Yo nunca me había considerado un gran amante, más bien lo contrario, pero no imaginaba que estuviera tan necesitada. Con 53 años y un cuerpo rotundo, Rosa, mi mujer, no parecía muy feliz conmigo. La encontré sentada en su ordenador, mirando un vídeo porno de Internet y masturbándose frenéticamente con la mano dentro de su pijama corto.
Estaba contrayendo los músculos de sus nalgas, por lo que intuía que estaba para correrse pronto; en la pantalla, un muy musculoso joven se follaba salvajemente a una madura entrada en carnes. Con dos profundos suspiros, mi mujer alcanzó un profundo orgasmo, uno como nunca había tenido conmigo…
Decidí no decir nada; aproveché cuando fue al baño a limpiarse para abrir la puerta de nuevo y simular que llegaba en ese momento. Me saludó como si tal cosa (si le llego a besar la mano seguro que le olía a coño). Aquella noche en la cama, mientras ella dormía profundamente, medité sobre el asunto, y decidí darle solución. Ya sabía lo que le ponía, los jovencitos cachas, así que decidí buscarle uno en el gimnasio al que va a pilates y que se la trinque.
No fue difícil encontrar candidatos. Allí todos tenían unos brazos como mi pierna. Al final vi a un cubano bastante moreno y fuerte, que además era su profesor; viendo cómo le miraban todas supe que era el candidato ideal. No me costó nada entrarle; hablamos un rato frente a un café y le solté que le pagaría 200 euros si seducía y se tiraba a mi mujer.
Yago, que así se llamaba, me aseguró que en el caso de Rosa lo haría gratis, pero que el dinero le venía muy bien, así que me lo aceptó. Al día siguiente, que ella tenía clase de pilates con él decidí seguirla. Ya verla salir del vestuario me indicó que su profe la ponía mucho; me sorprendió que llevara sus mallas y por arriba sólo el sujetador deportivo, que lucía su talla 100 en todo su esplendor. Yo no se si él siempre es así, pero ese día estaba muy tocón con ella corrigiendo las posturas y aprovechando para pillar bien. Por lo nerviosa que se mostraba ella no parecía ser lo habitual.
Al final Rosa estaba muy sexy, toda sudada. Cuando acabaron Yago la sugirió tomarse algo en la cafetería, y ella no lo dudó un momento. Estuvieron cerca de tres cuartos de hora hablando animadamente, y Yago no desaprovechaba para magrear descaradamente a mi mujer, que se dejaba hacer con el mismo descaro. Al final se fueron para las duchas, pero observé que Yago salió antes y se quedó esperando. A los seis minutos salía mi mujer y se fueron juntos, así que los seguí. Justo entonces recibí un mensaje de Rosa diciendo que se retrasaría un poco con unas compañeras…
Fueron hasta el aparcamiento y se metieron en el coche de Yago, pero en la parte trasera; ni se molestaron en mover el coche, allí mismo estuvieron tres cuartos de hora dándole, que por cómo se movía el coche debió ser intenso. Al fin se abrió una ventanilla y pude ver a mi mujer fumando el cigarro de después, para luego abrir la puerta y colocarse las mallas como pudo.
Llegó a casa muy animada y contenta, la muy puta, diciendo que había decidido ir al gimnasio a diario, y así lo hizo, y todos los días llegaba ya para cenar. Llamé un día a Yago y me dijo que mi mujer estaba muy necesitada, y que él estaba encantado de darle lo suyo, lo que yo no le doy, y gratis, que es una mujer muy fogosa y caliente, y que con él hace cosas inimaginables… por ejemplo, no le ponía ninguna pega a petarle el culo, cosa que conmigo nada…
Una vez la pillé el móvil y le cotilleé las fotos, y tenía algunas de él y de los dos. Cuando vi la tranca que se calzaba, comprendí que Rosa estuviera pillada de esa manera, y en los vídeos se le veía viril y enérgico, justo lo que yo no soy.

Seguimos así una temporada, hasta que un día me lo soltó todo y me dijo que se iba a vivir con él una temporada, o quizá para siempre, que lo sentía, pero no podía seguir disimulando. No era amor, dijo, era puro vicio, con él tenía sexo a diario, y además sexo duro, lo que ella más anhelaba…
La vi al cabo de unos meses, con un aspecto despampanante, en la trasera de la moto de Yago, con unos pantalones cortísimos y unos taconazos de impresión. Por supuesto, ya no volvió más…
Fin