Carcavera 6
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Las dos amigas de mi prima son muy diferentes.
- ¿De verdad que se lo piensas contar? – volvà a preguntar incrédulo.
- Jo, que si, coño. – respondió con más convencimiento – Cuando le diga como mas empotráo va a querer probar. Ties que venir a casa.
Realmente me acojone, y el problema es que no sabĂa cĂłmo decirle que no y que no se molestase. Mi tĂo querĂa que la tuviese contenta para confraternizar, pero de la madre no habĂamos hablado nada.
- Bueno… ya veremos. Tengo que empezar a trabajar y no sé si tendré tiempo.
Lo dejamos ahĂ y bajamos al jardĂn. Alejandro estaba con un pedo que ya no podĂa mantenerse derecho en la silla, algo que me alegrĂł recordando los gritos que habĂa dado MarĂa en la terraza. En ese estado serĂa más difĂcil que se enterase. Raquel ya no estaba, y Carlota y mi tĂo reĂan a mandĂbula abierta.
Cuando nos vieron llegar, apenas nos hicieron caso, pero al rato, mi tĂo dio la velada por finalizada. MarĂa tenĂa el permiso de conducir y tuvo que ser la que se puso al volante para regresar a su casa.
- ÂżQuĂ© tal ha ido? – me preguntĂł mi tĂo nada más marcharse.
- Creo que MarĂa querrá volver otro dĂa.
- Jajaja. – se rio de su forma socarrona – Me ha parecido en algún momento que chillaba.
- Joder, como ves aquĂ no hay ruidos, y si alguien grita, pues se le oye.
- Ostias, ÂżY no han dicho nada su padre o su madre?
- Alejandro ya no veĂa ni escuchaba. Se ha puesto ciego a copas mirándole las tetas a Raquel, pero Carlota si que ha hecho un comentario. – me sonriĂł intentando poner cara de pillo.
- Pues sus palabras han sido, “parece que la niña se lo está pasando bien”, y se ha reĂdo, jajaja.
No dije nada, tan solo me quedĂ© pensando en que MarĂa se lo pensaba contar a su madre, y seguro que con detalles.
- Lo has hecho bien, sobrino. – no me gustĂł que utilizara el apelativo familiar porque eso suponĂa que me iba a pedir algo más, y asĂ fue – La verdad es que la muchacha tiene un trago, pero parece que lo has gestionado bien. Tendrás que tenerla contenta una temporada hasta que resuelva el tema con Alejandro. Espero que no me falles.
- Por supuesto que no, Ramón. – contesté mordiéndome la lengua para no soltarle un improperio. Menudo cabrón estaba hecho.
- Tendrás que pasarte algĂşn dĂa por su casa para que parezca que muestras interĂ©s.
- Pero RamĂłn, me dijiste que lo que te interesaba era invitarles a tu casa para hacer el negocio.
- Y eso harĂ©, pero hay que tener contentas a las mujeres, y Carlota me insinuĂł que estarĂa bien que te pasases un dĂa por su casa.
EmpecĂ© a pensar que el mayor problema ya no era tener contenta a MarĂa, sino que tambiĂ©n tendrĂa que hacerlo con la madre, si llegaba el caso.
- Te has ganado otro dĂa libre, jajaja – dijo finalmente mi tĂo antes de irnos a dormir.
Comenzaba a darme cuenta que mi tĂo no era tan padrazo, más bien un hombre de negocios y que me estaba usando como moneda de cambio. Me fui a mi habitaciĂłn y mirĂ© el mĂłvil. TenĂa varios mensajes. Uno era de MJ. HabĂa cogido vicio con las fotos y me habĂa enviado un par más mostrando sus tetas.
+ Qué pasa, ¿no te apetece verlas al natural? – rezaba un mensaje bajo las fotos.
Otro era de Gloria, la vecina de mi tĂo.
+ No me vas a hacer una visita?
+ Hola primazo! Hoy no te he visto el pelo, aunque me ha dicho mi madre que has estado en casa.
+ A ver si te pasas mañana y hablamos
No contestĂ© a ninguno, aunque se me escapĂł una sonrisa maliciosa. “¿EstarĂa dispuesta Sonia a romper sus tabĂşes de vagina estrecha?”
Me dormĂ plácidamente y cuando me despertĂ© eran la nueve y media de la mañana. Me sentĂ totalmente recuperado, dispuesto a quemar Carcavera, esa ciudad promiscua y sedienta de sexo. El problema era por dĂłnde comenzar, pues tenĂa varios frentes abiertos. MJ, Sonia, Gloria… pero el que me carcomĂa por dentro era mi tĂa Sandra. HabĂa tenido un buen feeling con ella en la Ăşltima conversaciĂłn, y casi nos habĂamos emplazado a salir una noche juntos.
BajĂ© a desayunar y me encontrĂ© con mi tĂo. Estaba de buen humor y me saludĂł dándome un manotazo en la espalda con su enorme zarpa. Desayunamos juntos y me estuvo contando algunos de sus proyectos, casi todos de temas de urbanizaciĂłn de chalets. EmpecĂ© a pensar que esa cantidad de dinero que tenĂa no era de la empresa, más bien lo conseguĂa de otros trabajillos más bien mafiosos sobornando a altos cargos del ayuntamiento para recalificaciĂłn de terrenos y construcciĂłn de chalets. No me lo dijo claramente, pero me lo dejĂł entrever.
Nos despedimos y quedĂ© con MJ para ver quĂ© habĂa de verdad en sus insinuaciones a travĂ©s del WhatsApp. Quedamos en la playa, cerca de su casa, pues tambiĂ©n vivĂa en un chalet como el de Sonia. Me enviĂł la ubicaciĂłn para que supiese el sitio exacto, y cuando lleguĂ© me estaba esperando con un bikini de infarto. Las hermosas tetas que habĂa visto a travĂ©s del mĂłvil, ahora las lucia al natural, pues no llevaba la parte alta del bikini. Y el tanga dejaba ver su culazo casi al completo.
Eran las diez y media de la mañana y no habĂa gente. Solo algĂşn o alguna deportista pasaba fugazmente corriendo por la orilla.
- Vaya, esto si que es un buen recibimiento.
- Suelo bañarme en topless. – me sonrió.
- Está bastante desolada la playa. – comenté mirando en derredor.
- Es muy temprano. La gente suele venir más tarde.
- Mi madre tiene un par de tiendas de ropa y voy a ayudar en temporada alta, jajaja. ¿Quieres que nos bañemos?
AccedĂ porque notaba cĂłmo empezaba a coger consistencia mi polla con tan sĂłlo mirarla. No podĂa negar que estaba buena de cojones. Nos metimos en el agua, bastante fresca a esas horas, y comenzamos a jugar salpicándonos y riĂ©ndonos, hasta que puso las manos sobre mis hombros y yo la agarrĂ© por la cintura.
- TenĂa ganas de verte. – me dijo mirándome a escasos centĂmetros.
- Yo tambiĂ©n. – contestĂ© – DespuĂ©s de las fotos y los vĂdeos que me has enviado.
- Nunca lo habĂa hecho. No sĂ© por quĂ© lo he hecho contigo.
- Alguna vez tenĂa que ser la primera.
Le rodee por la cintura y la peguĂ© a mi cuerpo buscando su boca. Nuestros labios se juntaron y nos fundimos en un jugoso beso. Por primera vez abrazaba su delicioso culo y lo apretaba con los dedos sintiendo toda esa carne. Los hermosos pechos se aplastaron contra el mĂo y notĂ© cĂłmo la polla cogĂa de nuevo consistencia a pesar del agua frĂa.
Lo debió de notar, porque bajó una mano con rapidez y la metió dentro de mi bañador. Sus dedos toquetearon la carne dura hasta que rodearon el miembro para abrazarlo con fuerza.
- Ufff… QuĂ© ganas tenĂa de tocarla desde que la vi en el mĂłvil.
- ¿Solo de tocarla? – le insinué poniendo cara traviesa.
- ¿Qué significa… de momento?
- No me acuesto con alguien el primer dĂa que quedo, jijiji.
Comencé a mosquearme, pues mi intención era follar sin perder el tiempo en tontunas.
- Pues yo si suelo hacerlo. – le dije ya sin sonreĂr.
- ¿Qué pretendes, que nos hagamos novios? – le pregunté con sorna.
- Pues no es mi intención. – la solté ligeramente cabreado.
- No te enfades. Podemos salir unos dĂas para divertirnos y luego ya veremos.
Me llevĂ© una decepciĂłn de la leche. Por sus mensajes y fotos a travĂ©s del mĂłvil pensaba que iba a tiro hecho, y ahora me salĂa con esas.
- Lo siento, pero no me apetece nada fijo. Pensaba que querĂas follar. – le dije sin rodeos – No tengo intenciĂłn de echarme novia.
- Todos los tĂos sois iguales. – respondiĂł cabreada.
- No tengo intenciĂłn de discutir. Lo siento.
Salimos del agua y la dejé con los brazos en jaras mirándome con mala leche. “Las maduritas dan menos problemas” Me dije a mà mismo mientras me alejaba mosqueado.
DespuĂ©s de haber estado follando sin problemas desde que lleguĂ©, ahora me encontraba con eso, con una tĂa que me querĂa de novio. “Ni hablar”. Me dije a mĂ mismo pensando en todas esas maduritas que habĂa conocido. CogĂ la moto y me puse a conducir sin rumbo. “SabĂa que esta puta era una calienta pollas” continuaba diciĂ©ndome en mi cabeza “Esta claro que nada de jovencitas, tienen que ser tĂas como Daniela, que lo que quieren es follar y ya está”.
No paraba de rezongar en mi cabeza aumentando aĂşn más el cabreo que habĂa cogido, hasta que decidĂ parar, tanto la cabeza como la moto. Me bajĂ© de ella y paseĂ© nervioso intentando serenarme. Se me vino a la cabeza mi prima Sonia. Con ella si habĂa follado, bueno, si a eso se le puede llamar follar, pero segĂşn sus mensajes parecĂa querer repetir de una forma más… consistente. “¿O quizás tambiĂ©n querĂa algo más serio?” VolvĂ a cabrearme yo solo.
Estuve paseando con la moto por toda la ciudad hasta la hora de comer. HabĂa estado tentado en volver a casa de Laura para continuar la conversaciĂłn que dejamos a medias, pero con el cabreo que habĂa cogido pensĂ© que era mejor dejarlo para otro momento.
Cuando llegue a la empresa de mi tĂo, este me presentĂł a un par de empleados suyos que tenĂan cargos relevantes. Por supuesto, les hizo saber que era su sobrino, y les dijo que me tratasen bien cuando empezara a trabajar.
Ya de camino al restaurante me dijo.
- Si te desenvuelves bien, como parece, quizás tengas que trabajar poco.
- Eres un chico guapo y atractivo. Se nota que le gustas a las chicas, y también a las que no son tan chicas. – me ofreció su sonrisa socarrona.
- ÂżLo dices por lo de anoche?
- Por lo de anoche y en la comida de ayer. Noté cómo te miraba Sandra.
ParecĂa que no se le pasaba nada por alto.
- Tengo que contarte algo, RamĂłn.
- Lo que quieras. Sabes que tienes toda mi confianza.
- Ayer me pase con la moto a ver a Sonia, y cuando llegué, Sandra estaba allà y Laura me la presentó. - le dije una verdad a medias.
- No sabĂa que se seguĂan viendo. - contestĂł mi tĂo - Son buena gente, pero Manuel es un poco pelmazo, y su mujer es un putĂłn verbenero que le pone más cuernos que a un ciervo, jajaja.
- Pues me ha insistido que me pasara a tomar un cafĂ© un dĂa de estos. - le dije para ver su reacciĂłn.
- Jajaja. Ha visto carne fresca y quiere probarla. Pues aprovecha chaval, que ahĂ donde la ves tan chiquitita, es una gata salvaje camuflada, jajaja.
- ÂżTe la has follado? - me atrevĂ a preguntarle, aunque con cierto temor a que no le gustara la pregunta.
- Jajaja, varias veces, pero hace ya tiempo. Javier, su marido, tiene un bufete de abogados, y es el que me lleva los asuntos legales. No quiero confraternizar demasiado con su mujer por si se mosquea, jajaja. El cabrĂłn sabe demasiado de mi.
- Entonces... Âżme aconsejas a que acepte ese cafĂ©? - querĂa una respuesta clara despuĂ©s de lo que acababa de decir sobre los vecinos.
Se inclinĂł hacia mĂ y me susurrĂł.
- Ya veo que también te gustan las mayorcitas, jajaja. – hizo una pausa - Si estás dispuesto a que te saque los higadillos... jajaja.
- Me gusta probar cosas nuevas. - sonreà provocándole otra carcajada.
- Me gusta esa forma de pensar, y ya que te gustan las mayorcitas y que quieres probar cosas nuevas, tengo algo que ofrecerte.
- ¿El qué? – pregunté inquieto.
- Hoy te presentaré a una mayorcita.
Le miré con sonrisa de cabrón y no pude evitar la insinuación.
- Supongo que es otro de tus negocios.
- Jajaja. Ya veo que las cazas al vuelo. AsĂ es. Se llama Elvira y estoy en tratos con ella para comprarle unos terrenos, pero no quiere vender. Es la tercera vez que quedĂł con ella para invitarla a comer. Hemos tonteando un poco, pero creo que le gustan los jovencitos.
- Ya veo. – repliqué con la mirada perdida en la carretera.
No dijo nada y me dejĂł que pensara en lo que acababa de decirme. Creo que sabĂa que necesitaba esos segundos.
- Supongo que quieres algo como lo de anoche. – dije después de la reflexión.
- Ya te he dicho que si me ayudas en los negocios tendrás que trabajar poco, y siempre es mejor follar que trabajar, jajaja. – me dio con el puño cariñosamente en el brazo.
VolvĂ a desviar la vista al frente pensando en todo eso. ÂżQuĂ© les pasaba a las tĂas mayores de ese puto sitio? ÂżEs que solo pensaban en el sexo? ÂżY que pretendĂa mi tĂo, convertirme en una moneda sexual para sus negocios? No es que me jodiera el tema de follarme a las maduritas, todo lo contrario, pero seguro que esta serĂa como Carlota, otra fea que follarĂa poco.
Tampoco me veĂa en posiciĂłn de negarme. Mi supervivencia estaba en sus manos. Si se mosquea conmigo y me mandaba de vuelta a casa, eso sĂ que podrĂa ser un puto infierno.
- Crees que querrá rollo conmigo.
- Ya te he dicho que yo lo he intentado, para camelarla, pero después me he enterado que solo le van los jovencitos, y tú eres un bombón, chaval, jajaja. – otra ostia en el brazo, supuestamente cariñosa.
- Supongo que será otra fea como Carlota.
- No es fea, dirĂa que es guapa, pero tiene cincuenta y cinco años.
- ¡Ostias, Ramón! Es una abuela, joder.
- Jajaja. Por ese motivo, si el negocio va hacia delante, te recompensaré bien.
- Seguro que te apetece vivir solo.
- Nunca he vivido solo, aunque lo he pensado más de una vez.
- Pues podrĂa dejarte un apartamento o incluso un chalecito pequeño, pero confortable.
La idea empezĂł a seducirme bastante.
- ¿Y crees que por el hecho de que yo le guste te cederá esos terrenos?
- No exactamente. – su sonrisa socarrona aumentó de tamaño – Si te la llevas a la cama tendrás que grabarla en una situación comprometida.
- ¡Joder, Ramón! ¡Eso es chantaje! – exclamé casi indignado.
- Pues claro chaval. ¿Qué te crees, que se llega arriba trabajando duro? Eso es una falacia, lo que hay que saber es como negociar en cada momento.
Me comĂ la indignaciĂłn, en cierta parte fingida, o volvĂ a sonreĂrle.
- ¿No acabaré en la cárcel por estas cosas? – le pregunté con sorna.
- Jajaja. QuĂ© va. Está casada con un tĂo de buena familia y jamás permitirĂa un escándalo.
- Joder, cada vez me lo pones más difĂcil. Está casada.
- Por eso será más fácil extorsionarla. El marido tiene veinte años más que ella, y está bastante echo polvo. Según me he enterado, cuando pilla a algún jovencito, que son escasas veces, se los lleva a casa a escondidas y se lo monta allà mismo.
Ya llegábamos al restaurante y dejamos la conversaciĂłn sin concluir. TodavĂa no le habĂa dado una aceptaciĂłn rotunda. Cuando entramos, ya estaba allĂ Elvira y su marido Gerardo.
Gerardo tenĂa setenta y cinco años, y llevaba una gafas de culo de vaso por las que no sabĂa si nos podrĂa distinguir. Al lado de la silla reposaba una garrota con la que se ayudaba para andar. No sĂ© levantĂł, tan solo nos alargĂł la mano para saludarnos.
Elvira era una mujer delgada, con el pelo muy negro y relativamente largo. Se le notaban los pĂłmulos por su delgadez, y sus ojos, tambiĂ©n oscuros me escrutaron de arriba abajo. Llevaba un vestido oscuro apenas escotado, y se notaban las tetas algo caĂdas, aunque parecĂan tener un tamaño nada desdeñable. Tampoco se levantĂł, y nos saludĂł con la mano a ambos.
La conversaciĂłn durante la comida girĂł en torno a mi. Mi tĂo le estuvo contando que habĂa venido a trabajar con Ă©l y no se cortĂł en elogios diciendo que era listo y que llegarĂa lejos. El marido solo comĂa, y parecĂa ajeno a todo lo que le rodeaba. Me dio la impresiĂłn, de que además de que no viera bien, tambiĂ©n estaba un poco sordo, pues Elvira levantaba la voz cada vez que se dirigĂa a Ă©l.
Como habĂa predicho mi tĂo, Elvira se mostrĂł muy amable y cercana conmigo, y cuando RamĂłn se levantĂł para ir al baño, no desaprovechĂł la oportunidad para lanzarme el anzuelo.
- Me caes muy bien, Daniel. Nosotros no tenemos hijos, pero me encanta hablar con la gente joven.
- Usted tambiĂ©n me ha caĂdo muy bien, Elvira, y está siendo un placer compartir la comida con alguien de su edad, pero a la vez muy juvenil. – yo tampoco desaprovechĂ© la oportunidad para deshacerme en halagos.
- PodrĂas pasarte un dĂa por casa a tomar cafĂ©. Me gustarĂa saber más cosas sobre ti. – no sĂ© anduvo con rodeos.
- SerĂa un verdadero placer. – aceptĂ© sin pensármelo.
- Apunta mi mĂłvil y me das un toque, pero… - se inclinĂł un poco hacia mi – preferirĂa que RamĂłn no se enterase.
- Mi vida privada es solo mĂa. – le guiñé un ojo y vi una tremenda sonrisa de satisfacciĂłn en su cara.
La metĂ en mis contactos antes de que llegase RamĂłn, y la comida continuĂł con cordialidad. Nos despedimos y regresamos a la empresa en el coche de RamĂłn. Mi tĂo era listo de cojones, y apenas nos sentamos en el coche me preguntĂł.
- ¿Qué? ¿Os habéis pasado los móviles?
- ÂżTan claro tenĂas que iba a suceder?
- Jajaja. He visto cĂłmo te miraba durante la comida y sabĂa que deseaba pillarte por banda a solas, por eso he ido al baño.
- Pues has acertado, me ha dado su número y me ha dicho que me pasara por su casa a tomar café, pero también me ha dicho que mejor no te lo dijera.
- Jajaja, menuda zorrita. Le gusta llevar estás cosas muy en secreto, pero siempre hay alguien que se va de la lengua por un poco de pasta.
Cada vez tenĂa más claro que mi tĂo era un puto mafioso.
Llegamos a la empresa y cuando fui a coger la moto para irme me encontré con Gloria, la que iba a ser mi compañera en los repartos, enfundada en su uniforme azul.
- Pues pensaba irme a casa. Me ha dejado mi tĂo una moto y ahora tengo independencia, jejeje.
- PodrĂas llevarme a la mĂa. El trasporte pĂşblico es una mierda.
- Si, pero no lo suelo traer a trabajar. Te puedo invitar a una cerveza cuando lleguemos, y si te apetece algo más… tambiĂ©n podrĂa ser. – me guiñó un ojo torciendo su tremenda boca.
MirĂ© para ver quĂ© no habĂa nadie cerca, y le soltĂ© con descaro.
- La verdad es que me gustĂł la mamada. Se te da muy bien.
- Ya te dije que soy la mejor. – torciĂł más su boca para volverme a guiñar el ojo – Y si te apetece alguna otra cosa podrĂamos probar.
“AsĂ es como me gustaban las cosas, directas y sin complicaciones” PensĂ© que una mamada a la hora de la siesta no me vendrĂa nada mal. Lo de follar, ya me lo pensarĂa, pues Gloria no me ponĂa nada.
Montamos en la moto y nos fuimos a su casa. La cabrona me fue tocando la polla todo el camino y cuando llegamos, pensé que se me iba a salir del bañador.
- Joder, tĂa. AsĂ no se puede conducir.
- Jajaja. ÂżNo me digas que no te ha gustado?
- Bueno… si, pero menuda vergĂĽenza si nos para la poli y me ven el bañador asĂ.
- Ahora te la bajo para que te siente mejor la cerveza. – me dijo con naturalidad.
Cuando entramos en la casa, me puse totalmente colorado. HabĂa una tĂa y me puse las manos por delante del bañador.
- ¿Anda, pero si has venido? – dijo Gloria.
- Pensé en darte una sorpresa.
Gloria le dio un par de besos y me la presentĂł. Era su madre.
- Mamá, este es el que va a ser mi compañero. Dani, está es mi madre, Andrea.
Andrea me dio la mano con una sonrisa tĂmida, pero graciosa.
- Lo mismo digo, hijo. – me respondiĂł con voz suave y tĂmida.
Llevaba un vestido amplio de color oscuro, que le llegaba por debajo de las rodillas, pero se podĂa notar que tenĂa grandes atributos. Las facciones de su cara eran más parecidas a su hermana Daniela que a su hija. Cara más redonda y afable, y labios gruesos y atrayentes aunque no los llevaba pintados. El pelo lo tenĂa claro, sin llegar a ser rubio, y lo llevaba recogido en un moño tras su nuca.
- Me ha traĂdo y le he prometido una cerveza.
- Pos ahora mismo os las saco. – contestó servil y amable.
- Vale. Mientras voy a enseñarle mi habitación.
TirĂł de mi mano, mientras seguĂa y me llevĂł a la habitaciĂłn. CerrĂł la puerta y se agarrĂł a mi cuello para darme un tremendo morreo. Casi ni me enterĂ©, pues mi mente seguĂa ausente pensando en su madre, y en quĂ© me habĂa visto con el bañador abultado.
- Joder, tĂa, vaya corte. – le dije cuando dejĂł de besarme.
- Porque me ha visto el empalme que llevo.
- Eso le da igual. Ya me ha visto traer a casa a algĂşn chico otras veces.
- Entonces… ¿Follas estando ella en casa?
- Pues claro. Nos metemos aquà y ya está. Ya soy mayorcita para andar escondiéndome, aunque se que le da envidia.
- No me lo puedo creer. La veo muy tĂmida y callada…
- Ese es el problema que tiene, y por ese motivo no se come ni una rosca.
- Supongo que viviendo en un pueblo tendrá pocas oportunidades.
- Tiene un amigo que se ven alguna vez, pero poco. Está más salida que la pata de un armario, pero le da bastante corte enrollarse con gente desconocida.
Por sus palabras deduje que no conocĂa algunas aventuras de su madre como la que me habĂa contado Daniela. La verdad es que me habĂa despertado más interĂ©s la madre que la hija, aunque eso era fácil viendo a Gloria. Pero sobre todo por esa historia en la que se habĂa follado a dos tĂos y la habĂa parecido poco. Mi mente se alterĂł pensando en si surgirĂa la oportunidad con Andrea.
Mientras mi mente cavilaba sin parar, se habĂa quitado la camisa y los pantalones, y cuando me quise dar cuenta tenĂa su escuálido cuerpo denudo, tan solo unas pequeñas braguitas y un sujetador a juego lo cubrĂan. La verdad es que no era nada atrayente, ni vestida ni en ropa interior, pero no hizo falta. Se sentĂł en el borde de la cama y tirĂł de mi bañador para descubrir mi polla, que habĂa perdido algo de erecciĂłn.
Al momento sentĂ el glande dentro de su boca y su lengua lamiendo en el interior. La erecciĂłn subiĂł de nuevo y sus chupadas comenzaron a ser suculentas. SubĂa y bajaba por el tronco con una suave presiĂłn en los labios mientras no dejaba de lamer con la lengua por donde pasaba.
- Oooooh… tĂa… que bien lo haces. – no dudĂ© en alabarla.
Me puso una mano en los huevos y la otra en el culo, y comenzĂł a tragársela profundamente. Entorne los ojos a la vez que puse la mano en su cabeza y acompañé esas chupadas tan maravillosas. VolvĂ a pensar que eso es lo que querĂa, nada de niñatas gilipollas como MJ, por muy buena que estuviese.
PodĂa sentir como el glande atravesaba su estrecha garganta, y cada vez que lo hacĂa sentĂa un leve calambrazo en el cuerpo. “¡Dios, esto sĂ que es una mamada!” Exclamaba en mi cabeza cada vez que sentĂa como los huevos chocaban contra su labio inferior. Me parecĂa increĂble que se pudiese tragar mi enorme polla con esa facilidad.
Estaba que me salĂa. Caliente, excitado, eufĂłrico… Me costaba definirme a mĂ mismo el estado en que me encontraba. Esa chica era un portento haciendo mamadas, y pensĂ© que se merecĂa un premio.
- ¿Quieres que te folle? – le pregunté sin pensarlo demasiado.
Se sacĂł la polla de la boca y levantĂł la mirada sorprendida.
- ¡Joder claro! – exclamó casi sin podérselo creer.
Se levantĂł y se quitĂł las bragas con rapidez, pero no lo hizo con el sujetador. Se girĂł y se inclinĂł apoyando las manos sobre el borde de la cama ofreciĂ©ndome su estrecho y escuálido culito. ParecĂa no querer esperar, quizás por temor a que me arrepintiese. La rajita envuelta por unos finos labios apareciĂł bajo sus delgados muslos. En un primer momento pensĂ© que la iba a reventar si se la calzaba entera.
Me agarrĂ© la polla y coloquĂ© el duro y ensalivado glande contra esa carne suave y apretĂ© con cuidado. NotĂ© cĂłmo tensaba las piernas al sentir como el duro capullo atravesaba la raja, pero fue delicioso sentir cĂłmo la vagina se abrĂa para engullir la carne dura que la invadĂa.
- Aaaaaaaaa… - dio un largo gemido al sentir cómo atravesaba su vagina con todo su cuerpo en tensión.
HabĂa metido media polla y no apretĂ© más al sentir ese gemido y la presiĂłn de la carne de su vagina. PensĂ© que la estaba haciendo daño. No me atrevĂ a preguntárselo directamente, y le hice otra pregunta que me lo podrĂa aclarar.
- ¡Si! ¡Si! – repitió, pero las piernas le temblaban incomprensiblemente en ese primer empujón.
TirĂ© hacia atrás despacio y volvĂ a meterla lentamente mirando cĂłmo se abrĂan los finos labios apretándose contra mi polla.
- Aaaaaaaaa… - otro largo gemido con la misma tensión en su cuerpo.
- ÂżEstás segura? – insistĂ.
- Si, si. – volviĂł a repetir, pero me aclarĂł – Es que al principio siempre me cuesta un poco, y además… la tienes muy gorda. – intentĂł reĂrse.
- Joder, pues con la boca te la has tragado entera sin hacer ni un puto guiño.
- Es que estoy más acostumbrada a chupar que a follar. – está vez me reà yo sin que viese mi cara.
SeguĂ bombeando lentamente hasta que conseguĂ metĂ©rsela entera, aunque me daba la impresiĂłn de que la estaba reventando. ContinĂşe intentando ser suave y delicado, pero sus largos gemidos continuaron y al momento se corriĂł. Tuvo un orgasmo tremendo en el que su cuerpo temblĂł como nunca habĂa visto a ningĂşn otro, seguramente era más aparatoso por su delgadez. Le saquĂ© la polla, totalmente empapada de su corrida, y prácticamente se desplomĂł boca abajo contra la cama.
Me senté a su lado mirando sus piernas abiertas, los labios de su coño enrojecidos bajo ellas y el pequeño culito de escasa carne semiabierto dejando ver el amarronado agujero. “¿Se lo habrán abierto alguna vez?” Se me pasó esa idea por la cabeza
- Lo siento. – me dijo al cabo del corto tiempo en el que se recuperó.
- Es que follo poco, y menos con un tĂo tan bueno como tĂş. Y me he corrido… muy rápido.
- No pasa nada. – intenté restarle importancia – Lo importante es que te haya gustado.
- ¡Joder que si me ha gustado! Por eso me he corrido tan rápido. ¡Menudo orgasmo he tenido! – exclamó con euforia sacando las pocas fuerzas que le quedaban.
- Pues eso es lo importante. Me apetecĂa que disfrutases. Tus mamadas son sensacionales y tambiĂ©n te mereces un buen polvo.
- Eres un cielo. – me dijo con una sonrisa clara y sincera – Ahora te voy a hacer una mamada que te voy a sacar toda la leche.
La polla ya se me habĂa arrugado y no me apetecĂa seguir.
- No es necesario. Si vamos a ser compañeros tendrás muchos dĂas. – le dije con sonrisa pĂcara.
Me fui con rapidez intentando evitar a su madre por vergĂĽenza, aunque despuĂ©s de lo que me habĂa contado Daniela no creo que le importase mucho que me follase a su hija estando ella en casa.
Me fui con un raro sabor de boca, yo, apenas habĂa disfrutado y no tenĂa claro si ella lo habĂa hecho. CogĂ la moto y me puse a pensar mientras conducĂa sin un rumbo fijo. Mi tĂo me habĂa liado con sus trapicheos y ahora tendrĂa que follarme a una fea, y probablemente a su madre, y por si fuera poco a una tĂa de cincuenta y cinco años.
TambiĂ©n me acordĂ© de mi prima, que estaba dispuesta a follar de verdad, de la oferta de la madre de Ruth para enseñarme sitios mejores y seguramente tambiĂ©n para follar, de Pepa, la amiga de mi tĂa que habĂa prometido no decirle nada, pero a cambio de hacerle una visita, y sobre todo me acordĂ© de mi tĂa, que a cada minuto que pasaba crecĂa más el deseo morboso en mi cabeza para tener un encuentro a solas con ella. Menudo puto sitio, parecĂa que todo el mundo solo podĂa pensar en follar, y yo… ya era uno más.
Cuando me di cuenta iba por la carretera de la playa. Eran las seis de la tarde y el sol lucĂa con menos fuerza, pero se estaba bien, de hecho habĂa gente bañándose, aunque eran pocos. LleguĂ© hasta el final y aparquĂ© la moto donde lo habĂa hecho por la mañana. A pocos metros me habĂa encontrado con Ruth y su madre. MirĂ© hacia la arena desde donde estaba y distinguĂ a la que podĂa ser Ruth por el delicioso color cafĂ© de su piel.
DudĂ© un instante si me acercaba a saludarla. En el fondo me habĂa sido la que mejor me habĂa caĂdo de las tres, incluida mi prima. A pesar de ser la más tĂmida, parecĂa la más normal. TenĂa ganas de hablar para quitarme de la cabeza todo lo que me la estaba calentando.
Al final me acerqué y al verme se puso muy contenta.
- Jo, que bien verte otra vez por aquĂ. – dijo al verme a la vez que se levantaba para darme un par de besos.
- Me estaba dando una vuelta con la moto y te he visto.
Tuve que disimular mi mirada viciosa al ver que estaba en topless con las bonitas tetas al aire. Algo que pareciĂł no importarle al verme. Los duros y negros pezones me parecieron exquisitos, y pensĂ© en su madre, que tenĂa las tetas más grandes y seguramente más deseosas a la vista.
- Me ha dicho mi madre que le has caĂdo muy bien.
Se volviĂł a tumbar sobre la toalla y me sentĂ© en la arena a su lado. Ya le habĂa visto las tetas desnudas, pero se puso la parte alta del bikini para cubrirlas.
- Lo que no sé es lo que te ha pasado con MJ. He hablado con ella y me ha dicho que eras un gilipollas, como todos.
- Bueno, digamos que me habĂa hecho pensar algo que despuĂ©s no era asĂ. – intentĂ© no darle detalles.
GirĂł la cabeza para mirar a la arena.
- ÂżQuieres que te cuente una cosa?
- He venido porque me apetecĂa hablar contigo. Puedes contarme lo que quieras.
- PreferirĂa que esto quedase entre nosotros. No me gustarĂa que se enterase ni tĂş prima.
- Puedes confiar en mĂ. Sonia, aunque sea mi prima, no comparto mis secretos con ella.
- Bueno… es que… la verdad es que ya estoy un poco harta de las dos, pero sobre todo de MJ. Siempre que conocemos a algunos chicos lo acaba jodiendo. Sonia también, aunque no es tan borde.
- Lo entiendo. La forma que despotricasteis de los chicos cuando os conocĂ, me hizo pensar algo asĂ.
- Yo lo hice por seguirlas la corriente, pero a mĂ no me gusta lo bordes que se ponen con ellos. Yo no soy asĂ. MJ va de chulita pareciendo que se los va a comer y al final los acaba cabreando.
- Pues algo asĂ me ha pasado con ella. Me ha puesto los dientes largos a travĂ©s del mĂłvil y cuando nos hemos visto me dice que para hacer algo tenĂamos que hacernos novios. Y no estoy por la labor de enrollarme con nadie de fijo.
Se hizo un corto silencio hasta que dijo con algo de timidez.
- Me ha enseñado el vĂdeo, pero antes de cabrearse.
- Joder, me parece algo bastante indiscreto.
- Ya te he dicho que va por la vida de chulita.
- Menos mal que no se me ocurriĂł enviarle un vĂdeo de cuerpo entero.
- Pero se ve que es la mano de Sonia, por el anillo, jijiji.
Estaba simulando enfado, pero acabĂ© sonriendo. HabĂa sacado ella el tema y supuse que querĂa hablar de mi polla.
- Entonces tú también lo tienes en tu móvil, ¿noo?
- Pues solo te puedo decir que espero que te guste.
- ¡Uy, siiii! Tienes una… - se paró antes de seguir – polla grande y bonita, jijiji.
- Supongo que Sonia se lo pasarĂa bien haciĂ©ndote la paja, aunque conociĂ©ndola, no creo que te dejara que se la metieras, jijiji.
La miré con sonrisa de cabroncete.
- Ya veo que conoces bien a las dos, lo que no sé es por qué vas con ellas.
- Somos amigas desde pequeñas, pero… también voy con otra gente y hago otras cosas.
MirĂł otra vez hacia la arena mientras pensaba lo que iba a decir.
- Ellas no lo saben, asà que si te lo cuento tendrás que guardarme el secreto.
- Ya te he dicho que no comparto secretos con mi prima, y con MJ, no sé si volveré siquiera a hablar.
- Vale, pero mejor vamos a mi casa.
- No está, y me ha escrito un mensaje diciendo que no venĂa a cenar y que llegarĂa tarde.
AccedĂ y caminamos hasta su casa, que tan solo era atravesar la arena y la carretera. Se fue a su habitaciĂłn a quitarse el bikini, porque lo tenĂa mojado, y saliĂł con una camiseta larga que tapaba su precioso culito, pero dejaba visibles sus contorneadas y largas piernas de ese color cafĂ© brillante tan delicioso. SacĂł un par de cervezas y nos sentamos en el sofá, sobre una pierna ambos, para mirarnos de frente. Las braguitas blancas que se habĂa puesto quedaron ligeramente expuestas a la vista en la parte donde se juntaban sus estupendos muslos.
Sus ojos grandes y oscuros me miraron con intensidad. Y sus sensuales y carnosos labios dibujaron una amplia sonrisa. No pude evitar pensar cĂłmo serĂa un beso con esos suculentos labios algo más claros que su piel.
- Entonces… ÂżEstás dispuesta a contarme tu vida secreta? – le sonreĂ
- La verdad es que me has caĂdo muy bien, y a mĂ madre tambiĂ©n, que suele tener buen ojo para los tĂos, jajaja.
- Pues no parece que lo tuviera con tu padre, si se ha separado. – le solté una pullita.
- Entonces era muy joven, pero creo que es con el Ăşnico que se ha equivocado.
- ÂżEs que conoces a todos con los que se enrolla?
- Solo los que trae a casa, que son más de fiar.
- ¿Qué son más de fiar? – repetà al no entenderlo.
- Eso dice ella, que solo se trae a casa de los que se fĂa plenamente.
- ÂżY que relaciĂłn tienes con los que trae a casa?
JugĂł con la boca de la botella de cerveza por sus labios, de una forma muy sensual, hasta que le dio un trago. DespuĂ©s me sonriĂł con cierta perversidad, una sonrisa que no la habĂa visto hasta ese momento.
- Ese es mi secreto. – dijo después de beber ampliando esa sonrisa perversa.
- ¿Te enrollas… con ellos? – le pregunté levantado las cejas.
- Llevo pocos dĂas en esta ciudad, pero creo que ya no me sorprende nada con respecto al sexo. – contestĂ© con aspecto de derrotado – Me rindo ante la promiscuidad que fluye en Carcavera.
- Jajaja… Muy poético, pero seguro que te encontrarás con más cosas que te sorprendan.
Ambos dimos sendos tragos a las cervezas, pero ella lo seguĂa haciendo de una forma lasciva, como si saborease la boca de la botella de vidrio.
- Entiendo que te gustan los tĂos de cierta edad. – volvĂ a su secreto.
- Son más fiables para el sexo. – otra sonrisa pecaminosa y sensual con sus atractivos y gruesos labios.
- Alguno hay, pero la mayorĂa se corren nada más oler un coño.
- Quizás tú madre no piense igual.
- ¿Por qué lo dices? Nunca la he visto con un chico joven.
- A lo mejor no quiere que la veas con alguien de tu edad. Alguien que podrĂa ser su hijo. Es posible que piense que a ti no te guste que aparezca por casa con un chico que incluso podrĂa darse la casualidad de que fuese un amigo tuyo.
Se quedĂł pensando unos segundos.
- Nunca me ha ocultado nada. Solemos hablar de sexo a menudo y no se corta a la hora de follar. Se mete en su habitaciĂłn y jadea y grita sin importarle que la oiga. No creo que me oculte que se ha enrollado con un joven, si es que alguna vez lo ha hecho.
- ÂżSabe ella que te enrollas con los que trae a casa?
- Bueno… no, pero eso es diferente. Además, solo me he enrollado con… dos.
- Entonces, tampoco son tantos. ÂżY cĂłmo surgiĂł eso?
- Siempre que viene con alguien me lo presenta, si es la primera vez, y solemos tomar algo juntos antes de que se metan a follar. Con el primero que me enrollĂ©, ya habĂa venido tres veces, y por el tiempo que pasaban en la habitaciĂłn y los gritos que daba mi madre, pensĂ© que se le daba bien. No tuve muchos problemas para que nos pasásemos los contactos sin que mi madre se enterara. Lo de quedar en otro sitio fue fácil, pues el disponĂa de un piso que le dejaba un amigo.
- ¡Joder que si se le daba bien! En mi vida habĂa tenido tantos orgasmos seguidos. Estaba acostumbrado a follar con los de mi edad y a tener un orgasmo, y no siempre. AsĂ que para mĂ conocerle fue descubrir un mundo nuevo en el tema del sexo.
- No es tan bueno como este, pero tampoco se le da mal, jejeje. – se rio de forma maléfica.
- Me has dicho que el primero disponĂa de casa, pero que era de un amigo. ÂżEs que no tiene una propia?
VolviĂł a sonreĂr de esa manera, que la verdad es que me resultaba excitante.
- Es que… está casado. Mi madre siempre dice que los casados son los que menos problemas dan, jajaja.
Ruth me estaba pareciendo una tĂa muy interesante y madura. Me habĂa dado cuenta de que realmente no tenĂa nada que ver con MJ y mi prima. Ellas todavĂa parecĂan adolescentes. Lo que todavĂa no tenĂa claro era si tenĂa intenciĂłn de follar conmigo.
- ÂżY solo follas con esos dos? ÂżNo hay nadie de tu edad?
- Alguna vez quedó con alguien de mi edad, pero yo sola. Sin que se enteren estas dos estrechas. Bueno, tú prima no es que sea una estrecha, más bien es una paranoica que se piensa que le va a reventar el coño si le meten una buna polla.
- Si, eso lo sé. – se me escapó la frase.
- Jajaja… No sé si sabes que nos contó vuestra aventura.
- Si. No tardĂł mucho en confesármelo. Por eso surgiĂł lo de poner caliente a MJ enviándola el vĂdeo de la paja.
- Pues con la polla que tienes, no sé ni cómo se atrevió a dejarte que le metieses la punta, jajaja.
Con esa frase vi la oportunidad de picarla para ver si entraba al trapo.
- No a todas las tĂas les gustan grandes, aunque lo de Sonia sea paranoia.
- No hace falta tenerla grande para hacerle disfrutar a una tĂa, pero no puedo negar que a mĂ m gustan grandes.
No paraba de moverse en el sofá y ya podĂa ver sus bragas blancas con claridad, y era excitante ver el contraste con su piel oscura.
- ÂżCĂłmo la mĂa? – me atrevĂ a preguntarle.
- Solo la he visto en video, pero parece de buen tamaño.
- Te la enseñarĂa para que la vieses al natural, pero no en el estado que se encuentra ahora. – bromeĂ©, pero con segundas.
- Jajaja… Si es por eso… podrĂa colaborar para poderla ver cĂłmo en el vĂdeo.
Por fin se definĂa. Ya empezaba a estar harto de rodeos.
- Pero si se me pone dura y después no pasa nada, acabaré con dolor de huevos.
- Jajajaja… - su carcajada fue tremenda, y pasaron varios segundos hasta que dijo – Ya se nos ocurrirá algo para que te vayas con los huevos descargados.
AcercĂł su cara hasta la mĂa y me besĂł con sus sedosos labios de piel oscura y brillante. Fue un beso delicioso y suave, pero con una carga sensual tremenda. ElevĂ© una mano y acariciĂ© su pecho a travĂ©s de la camiseta. No llevaba sujetador y notĂ© una de sus tetitas duras con el pezĂłn muy erecto.
Su mano también alcanzó mi pecho, y bajó con rapidez para meterse bajo la camiseta y acariciar la dura carne de mis pectorales. El beso se fue haciendo más intenso y sabroso mientras nos sobábamos ambos pechos. Bajé la mano para meterla bajo su camiseta y los dedos pudieron sentir la carne tersa de su cuerpo. La dureza de sus tetitas era deliciosa y la erección de sus duros pezones aún más.
A pesar de que sus tetas no eran de gran tamaño, disfrutĂ© de ellas como si fuesen un manjar especial. Un manjar que degustĂ© con los labios y la lengua cuando le quitĂ© la camiseta con su ayuda. Nunca habĂa estado con una chica negra, bueno con ese color cafĂ© de piel, y lo estaba disfrutando como algo nuevo y deliciosamente absorbente para mis sentidos.
Cuando introduje en mi boca sus duros pezones la oĂ ronronear.
- Ummmm… siiii… asĂ… despacio… suave…
Me estaba diciendo cómo le gustaba, y asà lo hice. Chupadas suaves, largas, con una ligera intensidad. Miré por el rabillo del ojo y vi sus braguitas blancas tapando los dos poderosos gajos que se marcaban bajo ellas. Puse una mano en el interior de sus muslos y los acaricié con suavidad deleitándome con el tacto de la tersa piel.
AbriĂł más las piernas y entendĂ que me dejaba paso, que querĂa que subiera hasta las bragas. AvancĂ© lentamente con los dedos hasta pasarlos sobre la abultada tela.
- Ummmm… - ronroneó de nuevo – sigue… sigue… - me pidió con un hilo de voz.
PasĂ© los dedos sobre la tela que contenĂa los tremendos gajos y moviĂł la pelvis con suavidad para sentirlos más.
- Aaaaaaaaa… - un largo gemido acabó con el ronroneo.
En ese momento, la mano que tenĂa en mi pecho la bajĂł con rapidez hasta llegar al bañador. TocĂł el enorme paquete que se habĂa formado y con la misma rapidez, metiĂł la mano por encima del elástico para alcanzar la dura carne que se habĂa formado.
NotĂ© cĂłmo palpaba con suavidad el duro tronco plagado de venas. ParecĂa estar tomando las dimensiones. Mientras lo hacĂa, metĂ los dedos entre las bragas y toquetee los tremendos labios de carne jugosa y tersa.
- Aaaaaaaaa… - otro largo gemido saliĂł de entre sus labios rociando los mĂos con su cálido aliento.
MetĂ un dedo entre la raja y todo su cuerpo se contrajo.
- Aaaaaa.. Aaaaaa… - otro largo gemido entrecortado empapó mis labios a la vez que me los besaba.
No sabĂa si es que era muy sensible o simplemente es que estaba muy caliente, pero no parĂ©. ComencĂ© a horadar con el dedo entre la raja profundizando entre el calor y la humedad y sus caderas empezaron a moverse al ritmo de mi dedo haciendo que se introdujera más profundamente.
Sus jadeos aumentaron y la mano que tenĂa en mi polla comenzĂł a subir y bajar la piel. El calor y la humedad aumentaron en su coño y le metĂ dos dedos sintiendo cĂłmo se abrĂa.
- Aaaaaah… ¡Para! ¡Para! – me sobresaltó – No quiero una paja. Vamos a la cama.
Casi saltamos del sofá para dirigirnos a la habitaciĂłn. Me quitĂ© con rapidez la camiseta y el bañador mientras ella se quitaba las bragas, pues es la Ăşnica prenda que le quedaba. MirĂł con sus ojos oscuros cĂłmo la polla tiesa y dura se erguĂa entre mis piernas. Yo tambiĂ©n mirĂ© con descaro su precioso coño con los gruesos labios semiabiertos mostrando la carne sonrosada de su interior.
Se pegĂł a mĂ para besarme profundamente mientras me agarraba la polla y la restregaba contra su caliente y hĂşmeda vulva.
- Quiero que me folles sin parar hasta que te corras. – me susurró contra los labios, y añadió – No pares aunque notes que yo me corra. Tú sigue.
Nunca me habĂa dicho una tĂa cĂłmo tenĂa que follarla, pero no me pareciĂł mal la idea. Ya la habĂa tenido dura durante bastante rato con GlorĂa, y no sabĂa si aguantarĂa mucho.
Se tumbó boca arriba en la cama con las piernas bien abiertas ofreciéndome una foto espectacular de su bonito cuerpo. Las tetitas empinadas sobre su pecho como dos pasteles redonditos con la cereza en lo más alto. Su coño abierto de piel oscura por fuera y sonrosada por dentro era una atracción absorbente para la vista.
Coloqué mi cuerpo sobre el de ella con suavidad y la besé con la lujuria instalada en mi cerebro. Levanté ligeramente el culo para agarrarme la polla y colocarla entre la jugosa raja. Apreté con suavidad mirándola a los ojos. Eran preciosos, tan oscuros y abiertos.
Su boca comenzĂł a abrirse al sentir la dureza del glande y la carne dura y venosa penetrando en su caliente vagina.
- Ooooaaaaah… un gemido largo y profundo llenó el silencio de la habitación.
Su vagina pareciĂł cerrarse alrededor del duro glande produciĂ©ndome una sensaciĂłn maravillosa. Apenas habĂan entrado unos pocos centĂmetros de carne y su cuerpo habĂa comenzado a temblar. MovĂ las caderas despacio, suavemente, sintiendo cĂłmo se habrĂa más su chochito en cada empujĂłn. Su suave y dulce voz se rasgĂł cuando la dura verga profundizĂł más. - Aaaaaaaaag… - MirĂ© sus ojos oscuros y abiertos como platos, que parecĂan querer desprenderse de las Ăłrbitas. Sus dedos y uñas se clavaron en mi espalda como garfios y cada mĂşsculo de su cuerpo se tensĂł hasta la dureza más extrema.
No sabĂa si seguir, pues me daba la sensaciĂłn de que no disfrutaba, pero moviĂł ligeramente las caderas para sentir más la verga. La dejĂ© que accionará, que fuese ella la que se moviera, y asĂ lo hizo hasta conseguir metĂ©rsela entera mientras el silencio nos cubrĂa, tan solo roto por sus suaves gemidos al son de sus movimientos. – Ahh.. Ahh… Ahh…
CambiĂł esos movimientos de pelvis por otros laterales, provocando que mi polla bailase dentro de su coño. – Oooooh – GemĂ al sentir un placer exquisito. Le habĂa costado metĂ©rsela entera, pero ahora sabĂa cĂłmo disfrutar de ella y a la vez, hacerme disfrutar a mĂ.
ElevĂ© el culo lentamente para sacar parte del miembro y apretĂ© con suavidad sintiendo cĂłmo su caliente vagina abrazaba y acogĂa mi polla de nuevo. – Aaaaaaaaa… - otro largo gemido acompañó la penetraciĂłn. DejĂł de clavarme las uñas en la espalda para poner las manos sobre mi culo, y un vaivĂ©n lento, pero constante, comenzĂł a fluir entre nuestros cuerpos.
Era una delicia ver sus gruesos labios abiertos lanzando su cálido aliento sobre mi cara. SubĂa y volvĂa a bajar lentamente clavándole toda la polla y su preciosa boca se abrĂa en casa penetraciĂłn. Al momento, su respiraciĂłn se acelerĂł y aumentĂ© el ritmo empujando con más fuerza. – Aaaaaah… Aaaaaah… - gimiĂł repetidamente cuando un fuerte orgasmo convulsionĂł todo su cuerpo. Sus preciosos y oscuros ojos brillaron con gran intensidad y su boca de ahogĂł en interminables gemidos incontrolados.
Me habĂa dicho que no parase, y eso hice. SeguĂ bombeando, cada vez con más potencia. Mi respiraciĂłn tambiĂ©n se habĂa acelerado y jadeaba como un perro sobre su bonita cara. Sus uñas se volvĂan a clavar, pero ahora en mi culo, acompañando a las fuertes embestidas. Su cuerpo no cesaba de retorcerse en casa empujĂłn, y un segundo orgasmo zarandeĂł todo su cuerpo hasta dejarlo desmadejado. Su boca seguĂa abriĂ©ndose y cerrándose, sin apenas fuerza, sin sonido, sin aliento, mientras la mĂa resoplaba sobre su dulce cara como un oso enfurecido. Sacaba la polla de su mojado coño y la volvĂa a clavar hasta el fondo, una y otra vez, sintiendo el abrazĂł de la delicada piel de su vagina. Estaba disfrutando más que con ninguna de las anteriores y querĂa que aquello no acabase, pero no aguantĂ© más y mi mente se nublo repleta de placer cuando comenzĂł a manar la leche. Los chorretones de semen saltaron con furia en el interior de su coño mientras mis jadeos se ahogaban. El orgasmo que recorriĂł mi cuerpo fue tremendo, delicioso, y disfrutĂ© de el largos segundos mientras mi mente se evadĂa flotando en una nube de placer.