June 30

Carcavera 6

Alfonso

Tiempo estimado de lectura: [ 33 min. ]

Las dos amigas de mi prima son muy diferentes.

Dos jovencitas el mismo dĂ­a

- ¿De verdad que se lo piensas contar? – volví a preguntar incrédulo.

- Jo, que si, coño. – respondió con más convencimiento – Cuando le diga como mas empotráo va a querer probar. Ties que venir a casa.

Realmente me acojone, y el problema es que no sabĂ­a cĂłmo decirle que no y que no se molestase. Mi tĂ­o querĂ­a que la tuviese contenta para confraternizar, pero de la madre no habĂ­amos hablado nada.

- Bueno… ya veremos. Tengo que empezar a trabajar y no sé si tendré tiempo.

Lo dejamos ahí y bajamos al jardín. Alejandro estaba con un pedo que ya no podía mantenerse derecho en la silla, algo que me alegró recordando los gritos que había dado María en la terraza. En ese estado sería más difícil que se enterase. Raquel ya no estaba, y Carlota y mi tío reían a mandíbula abierta.

Cuando nos vieron llegar, apenas nos hicieron caso, pero al rato, mi tĂ­o dio la velada por finalizada. MarĂ­a tenĂ­a el permiso de conducir y tuvo que ser la que se puso al volante para regresar a su casa.

- ¿Qué tal ha ido? – me preguntó mi tío nada más marcharse.

- Creo que María querrá volver otro día.

- Jajaja. – se rio de su forma socarrona – Me ha parecido en algún momento que chillaba.

- ¿La habéis oído?

- Joder, como ves aquĂ­ no hay ruidos, y si alguien grita, pues se le oye.

- Ostias, ÂżY no han dicho nada su padre o su madre?

- Alejandro ya no veía ni escuchaba. Se ha puesto ciego a copas mirándole las tetas a Raquel, pero Carlota si que ha hecho un comentario. – me sonrió intentando poner cara de pillo.

- ÂżY que ha dicho?

- Pues sus palabras han sido, “parece que la niña se lo está pasando bien”, y se ha reído, jajaja.

No dije nada, tan solo me quedé pensando en que María se lo pensaba contar a su madre, y seguro que con detalles.

- Lo has hecho bien, sobrino. – no me gustó que utilizara el apelativo familiar porque eso suponía que me iba a pedir algo más, y así fue – La verdad es que la muchacha tiene un trago, pero parece que lo has gestionado bien. Tendrás que tenerla contenta una temporada hasta que resuelva el tema con Alejandro. Espero que no me falles.

- Por supuesto que no, Ramón. – contesté mordiéndome la lengua para no soltarle un improperio. Menudo cabrón estaba hecho.

- Tendrás que pasarte algún día por su casa para que parezca que muestras interés.

- Pero RamĂłn, me dijiste que lo que te interesaba era invitarles a tu casa para hacer el negocio.

- Y eso haré, pero hay que tener contentas a las mujeres, y Carlota me insinuó que estaría bien que te pasases un día por su casa.

Empecé a pensar que el mayor problema ya no era tener contenta a María, sino que también tendría que hacerlo con la madre, si llegaba el caso.

- Te has ganado otro día libre, jajaja – dijo finalmente mi tío antes de irnos a dormir.

Comenzaba a darme cuenta que mi tío no era tan padrazo, más bien un hombre de negocios y que me estaba usando como moneda de cambio. Me fui a mi habitación y miré el móvil. Tenía varios mensajes. Uno era de MJ. Había cogido vicio con las fotos y me había enviado un par más mostrando sus tetas.

+ Qué pasa, ¿no te apetece verlas al natural? – rezaba un mensaje bajo las fotos.

Otro era de Gloria, la vecina de mi tĂ­o.

+ No me vas a hacer una visita?

Y otros dos eran de Sonia.

+ Hola primazo! Hoy no te he visto el pelo, aunque me ha dicho mi madre que has estado en casa.

+ A ver si te pasas mañana y hablamos

No contesté a ninguno, aunque se me escapó una sonrisa maliciosa. “¿Estaría dispuesta Sonia a romper sus tabúes de vagina estrecha?”

Me dormí plácidamente y cuando me desperté eran la nueve y media de la mañana. Me sentí totalmente recuperado, dispuesto a quemar Carcavera, esa ciudad promiscua y sedienta de sexo. El problema era por dónde comenzar, pues tenía varios frentes abiertos. MJ, Sonia, Gloria… pero el que me carcomía por dentro era mi tía Sandra. Había tenido un buen feeling con ella en la última conversación, y casi nos habíamos emplazado a salir una noche juntos.

Bajé a desayunar y me encontré con mi tío. Estaba de buen humor y me saludó dándome un manotazo en la espalda con su enorme zarpa. Desayunamos juntos y me estuvo contando algunos de sus proyectos, casi todos de temas de urbanización de chalets. Empecé a pensar que esa cantidad de dinero que tenía no era de la empresa, más bien lo conseguía de otros trabajillos más bien mafiosos sobornando a altos cargos del ayuntamiento para recalificación de terrenos y construcción de chalets. No me lo dijo claramente, pero me lo dejó entrever.

Nos despedimos y quedé con MJ para ver qué había de verdad en sus insinuaciones a través del WhatsApp. Quedamos en la playa, cerca de su casa, pues también vivía en un chalet como el de Sonia. Me envió la ubicación para que supiese el sitio exacto, y cuando llegué me estaba esperando con un bikini de infarto. Las hermosas tetas que había visto a través del móvil, ahora las lucia al natural, pues no llevaba la parte alta del bikini. Y el tanga dejaba ver su culazo casi al completo.

Eran las diez y media de la mañana y no había gente. Solo algún o alguna deportista pasaba fugazmente corriendo por la orilla.

- Vaya, esto si que es un buen recibimiento.

- Suelo bañarme en topless. – me sonrió.

- Está bastante desolada la playa. – comenté mirando en derredor.

- Es muy temprano. La gente suele venir más tarde.

- ÂżNo trabajas?

- Mi madre tiene un par de tiendas de ropa y voy a ayudar en temporada alta, jajaja. ¿Quieres que nos bañemos?

Accedí porque notaba cómo empezaba a coger consistencia mi polla con tan sólo mirarla. No podía negar que estaba buena de cojones. Nos metimos en el agua, bastante fresca a esas horas, y comenzamos a jugar salpicándonos y riéndonos, hasta que puso las manos sobre mis hombros y yo la agarré por la cintura.

- Tenía ganas de verte. – me dijo mirándome a escasos centímetros.

- Yo también. – contesté – Después de las fotos y los vídeos que me has enviado.

- Nunca lo había hecho. No sé por qué lo he hecho contigo.

- Alguna vez tenĂ­a que ser la primera.

Le rodee por la cintura y la pegué a mi cuerpo buscando su boca. Nuestros labios se juntaron y nos fundimos en un jugoso beso. Por primera vez abrazaba su delicioso culo y lo apretaba con los dedos sintiendo toda esa carne. Los hermosos pechos se aplastaron contra el mío y noté cómo la polla cogía de nuevo consistencia a pesar del agua fría.

Lo debió de notar, porque bajó una mano con rapidez y la metió dentro de mi bañador. Sus dedos toquetearon la carne dura hasta que rodearon el miembro para abrazarlo con fuerza.

- Ufff… Qué ganas tenía de tocarla desde que la vi en el móvil.

- ¿Solo de tocarla? – le insinué poniendo cara traviesa.

- De momento, si, jijiji.

- ¿Qué significa… de momento?

- No me acuesto con alguien el primer dĂ­a que quedo, jijiji.

Comencé a mosquearme, pues mi intención era follar sin perder el tiempo en tontunas.

- Pues yo si suelo hacerlo. – le dije ya sin sonreír.

- Pues tendrás que esperar.

- ¿Qué pretendes, que nos hagamos novios? – le pregunté con sorna.

- Algo asĂ­, jijiji.

- Pues no es mi intención. – la solté ligeramente cabreado.

- No te enfades. Podemos salir unos dĂ­as para divertirnos y luego ya veremos.

Me llevé una decepción de la leche. Por sus mensajes y fotos a través del móvil pensaba que iba a tiro hecho, y ahora me salía con esas.

- Lo siento, pero no me apetece nada fijo. Pensaba que querías follar. – le dije sin rodeos – No tengo intención de echarme novia.

- Todos los tíos sois iguales. – respondió cabreada.

- No tengo intenciĂłn de discutir. Lo siento.

Salimos del agua y la dejé con los brazos en jaras mirándome con mala leche. “Las maduritas dan menos problemas” Me dije a mí mismo mientras me alejaba mosqueado.

Después de haber estado follando sin problemas desde que llegué, ahora me encontraba con eso, con una tía que me quería de novio. “Ni hablar”. Me dije a mí mismo pensando en todas esas maduritas que había conocido. Cogí la moto y me puse a conducir sin rumbo. “Sabía que esta puta era una calienta pollas” continuaba diciéndome en mi cabeza “Esta claro que nada de jovencitas, tienen que ser tías como Daniela, que lo que quieren es follar y ya está”.

No paraba de rezongar en mi cabeza aumentando aún más el cabreo que había cogido, hasta que decidí parar, tanto la cabeza como la moto. Me bajé de ella y paseé nervioso intentando serenarme. Se me vino a la cabeza mi prima Sonia. Con ella si había follado, bueno, si a eso se le puede llamar follar, pero según sus mensajes parecía querer repetir de una forma más… consistente. “¿O quizás también quería algo más serio?” Volví a cabrearme yo solo.

Estuve paseando con la moto por toda la ciudad hasta la hora de comer. Había estado tentado en volver a casa de Laura para continuar la conversación que dejamos a medias, pero con el cabreo que había cogido pensé que era mejor dejarlo para otro momento.

Cuando llegue a la empresa de mi tĂ­o, este me presentĂł a un par de empleados suyos que tenĂ­an cargos relevantes. Por supuesto, les hizo saber que era su sobrino, y les dijo que me tratasen bien cuando empezara a trabajar.

Ya de camino al restaurante me dijo.

- Si te desenvuelves bien, como parece, quizás tengas que trabajar poco.

- ¿A qué te refieres?

- Eres un chico guapo y atractivo. Se nota que le gustas a las chicas, y también a las que no son tan chicas. – me ofreció su sonrisa socarrona.

- ÂżLo dices por lo de anoche?

- Por lo de anoche y en la comida de ayer. Noté cómo te miraba Sandra.

ParecĂ­a que no se le pasaba nada por alto.

- Tengo que contarte algo, RamĂłn.

Me mirĂł de soslayo.

- Lo que quieras. Sabes que tienes toda mi confianza.

- Ayer me pase con la moto a ver a Sonia, y cuando llegué, Sandra estaba allí y Laura me la presentó. - le dije una verdad a medias.

- No sabía que se seguían viendo. - contestó mi tío - Son buena gente, pero Manuel es un poco pelmazo, y su mujer es un putón verbenero que le pone más cuernos que a un ciervo, jajaja.

- Pues me ha insistido que me pasara a tomar un café un día de estos. - le dije para ver su reacción.

- Jajaja. Ha visto carne fresca y quiere probarla. Pues aprovecha chaval, que ahĂ­ donde la ves tan chiquitita, es una gata salvaje camuflada, jajaja.

- ÂżTe la has follado? - me atrevĂ­ a preguntarle, aunque con cierto temor a que no le gustara la pregunta.

- Jajaja, varias veces, pero hace ya tiempo. Javier, su marido, tiene un bufete de abogados, y es el que me lleva los asuntos legales. No quiero confraternizar demasiado con su mujer por si se mosquea, jajaja. El cabrĂłn sabe demasiado de mi.

- Entonces... ¿me aconsejas a que acepte ese café? - quería una respuesta clara después de lo que acababa de decir sobre los vecinos.

Se inclinĂł hacia mĂ­ y me susurrĂł.

- Ya veo que también te gustan las mayorcitas, jajaja. – hizo una pausa - Si estás dispuesto a que te saque los higadillos... jajaja.

- Me gusta probar cosas nuevas. - sonreí provocándole otra carcajada.

- Me gusta esa forma de pensar, y ya que te gustan las mayorcitas y que quieres probar cosas nuevas, tengo algo que ofrecerte.

- ¿El qué? – pregunté inquieto.

- Hoy te presentaré a una mayorcita.

Le miré con sonrisa de cabrón y no pude evitar la insinuación.

- Supongo que es otro de tus negocios.

- Jajaja. Ya veo que las cazas al vuelo. AsĂ­ es. Se llama Elvira y estoy en tratos con ella para comprarle unos terrenos, pero no quiere vender. Es la tercera vez que quedĂł con ella para invitarla a comer. Hemos tonteando un poco, pero creo que le gustan los jovencitos.

- Ya veo. – repliqué con la mirada perdida en la carretera.

No dijo nada y me dejĂł que pensara en lo que acababa de decirme. Creo que sabĂ­a que necesitaba esos segundos.

- Supongo que quieres algo como lo de anoche. – dije después de la reflexión.

- Ya te he dicho que si me ayudas en los negocios tendrás que trabajar poco, y siempre es mejor follar que trabajar, jajaja. – me dio con el puño cariñosamente en el brazo.

Volví a desviar la vista al frente pensando en todo eso. ¿Qué les pasaba a las tías mayores de ese puto sitio? ¿Es que solo pensaban en el sexo? ¿Y que pretendía mi tío, convertirme en una moneda sexual para sus negocios? No es que me jodiera el tema de follarme a las maduritas, todo lo contrario, pero seguro que esta sería como Carlota, otra fea que follaría poco.

Tampoco me veĂ­a en posiciĂłn de negarme. Mi supervivencia estaba en sus manos. Si se mosquea conmigo y me mandaba de vuelta a casa, eso sĂ­ que podrĂ­a ser un puto infierno.

- Crees que querrá rollo conmigo.

- Ya te he dicho que yo lo he intentado, para camelarla, pero después me he enterado que solo le van los jovencitos, y tú eres un bombón, chaval, jajaja. – otra ostia en el brazo, supuestamente cariñosa.

- Supongo que será otra fea como Carlota.

- No es fea, diría que es guapa, pero tiene cincuenta y cinco años.

- ¡Ostias, Ramón! Es una abuela, joder.

- Jajaja. Por ese motivo, si el negocio va hacia delante, te recompensaré bien.

- ¿En qué has pensado?

- Seguro que te apetece vivir solo.

- Nunca he vivido solo, aunque lo he pensado más de una vez.

- Pues podría dejarte un apartamento o incluso un chalecito pequeño, pero confortable.

La idea empezĂł a seducirme bastante.

- ¿Y crees que por el hecho de que yo le guste te cederá esos terrenos?

- No exactamente. – su sonrisa socarrona aumentó de tamaño – Si te la llevas a la cama tendrás que grabarla en una situación comprometida.

- ¡Joder, Ramón! ¡Eso es chantaje! – exclamé casi indignado.

- Pues claro chaval. ¿Qué te crees, que se llega arriba trabajando duro? Eso es una falacia, lo que hay que saber es como negociar en cada momento.

Me comĂ­ la indignaciĂłn, en cierta parte fingida, o volvĂ­ a sonreĂ­rle.

- ¿No acabaré en la cárcel por estas cosas? – le pregunté con sorna.

- Jajaja. Qué va. Está casada con un tío de buena familia y jamás permitiría un escándalo.

- Joder, cada vez me lo pones más difícil. Está casada.

- Por eso será más fácil extorsionarla. El marido tiene veinte años más que ella, y está bastante echo polvo. Según me he enterado, cuando pilla a algún jovencito, que son escasas veces, se los lleva a casa a escondidas y se lo monta allí mismo.

Ya llegábamos al restaurante y dejamos la conversación sin concluir. Todavía no le había dado una aceptación rotunda. Cuando entramos, ya estaba allí Elvira y su marido Gerardo.

Gerardo tenía setenta y cinco años, y llevaba una gafas de culo de vaso por las que no sabía si nos podría distinguir. Al lado de la silla reposaba una garrota con la que se ayudaba para andar. No sé levantó, tan solo nos alargó la mano para saludarnos.

Elvira era una mujer delgada, con el pelo muy negro y relativamente largo. Se le notaban los pómulos por su delgadez, y sus ojos, también oscuros me escrutaron de arriba abajo. Llevaba un vestido oscuro apenas escotado, y se notaban las tetas algo caídas, aunque parecían tener un tamaño nada desdeñable. Tampoco se levantó, y nos saludó con la mano a ambos.

La conversación durante la comida giró en torno a mi. Mi tío le estuvo contando que había venido a trabajar con él y no se cortó en elogios diciendo que era listo y que llegaría lejos. El marido solo comía, y parecía ajeno a todo lo que le rodeaba. Me dio la impresión, de que además de que no viera bien, también estaba un poco sordo, pues Elvira levantaba la voz cada vez que se dirigía a él.

Como había predicho mi tío, Elvira se mostró muy amable y cercana conmigo, y cuando Ramón se levantó para ir al baño, no desaprovechó la oportunidad para lanzarme el anzuelo.

- Me caes muy bien, Daniel. Nosotros no tenemos hijos, pero me encanta hablar con la gente joven.

- Usted también me ha caído muy bien, Elvira, y está siendo un placer compartir la comida con alguien de su edad, pero a la vez muy juvenil. – yo tampoco desaproveché la oportunidad para deshacerme en halagos.

- Podrías pasarte un día por casa a tomar café. Me gustaría saber más cosas sobre ti. – no sé anduvo con rodeos.

- Sería un verdadero placer. – acepté sin pensármelo.

- Apunta mi móvil y me das un toque, pero… - se inclinó un poco hacia mi – preferiría que Ramón no se enterase.

- Mi vida privada es solo mía. – le guiñé un ojo y vi una tremenda sonrisa de satisfacción en su cara.

La metĂ­ en mis contactos antes de que llegase RamĂłn, y la comida continuĂł con cordialidad. Nos despedimos y regresamos a la empresa en el coche de RamĂłn. Mi tĂ­o era listo de cojones, y apenas nos sentamos en el coche me preguntĂł.

- ¿Qué? ¿Os habéis pasado los móviles?

- ÂżTan claro tenĂ­as que iba a suceder?

- Jajaja. He visto cómo te miraba durante la comida y sabía que deseaba pillarte por banda a solas, por eso he ido al baño.

- Pues has acertado, me ha dado su número y me ha dicho que me pasara por su casa a tomar café, pero también me ha dicho que mejor no te lo dijera.

- Jajaja, menuda zorrita. Le gusta llevar estás cosas muy en secreto, pero siempre hay alguien que se va de la lengua por un poco de pasta.

Cada vez tenía más claro que mi tío era un puto mafioso.

Llegamos a la empresa y cuando fui a coger la moto para irme me encontré con Gloria, la que iba a ser mi compañera en los repartos, enfundada en su uniforme azul.

- Hola Dani.

- Hola Gloria.

- ÂżDĂłnde vas?

- Pues pensaba irme a casa. Me ha dejado mi tĂ­o una moto y ahora tengo independencia, jejeje.

- PodrĂ­as llevarme a la mĂ­a. El trasporte pĂşblico es una mierda.

- ÂżNo tienes coche?

- Si, pero no lo suelo traer a trabajar. Te puedo invitar a una cerveza cuando lleguemos, y si te apetece algo más… también podría ser. – me guiñó un ojo torciendo su tremenda boca.

Miré para ver qué no había nadie cerca, y le solté con descaro.

- La verdad es que me gustĂł la mamada. Se te da muy bien.

- Ya te dije que soy la mejor. – torció más su boca para volverme a guiñar el ojo – Y si te apetece alguna otra cosa podríamos probar.

“Así es como me gustaban las cosas, directas y sin complicaciones” Pensé que una mamada a la hora de la siesta no me vendría nada mal. Lo de follar, ya me lo pensaría, pues Gloria no me ponía nada.

Montamos en la moto y nos fuimos a su casa. La cabrona me fue tocando la polla todo el camino y cuando llegamos, pensé que se me iba a salir del bañador.

- Joder, tĂ­a. AsĂ­ no se puede conducir.

- Jajaja. ÂżNo me digas que no te ha gustado?

- Bueno… si, pero menuda vergüenza si nos para la poli y me ven el bañador así.

- Ahora te la bajo para que te siente mejor la cerveza. – me dijo con naturalidad.

Cuando entramos en la casa, me puse totalmente colorado. Había una tía y me puse las manos por delante del bañador.

- ¿Anda, pero si has venido? – dijo Gloria.

- Pensé en darte una sorpresa.

Gloria le dio un par de besos y me la presentĂł. Era su madre.

- Mamá, este es el que va a ser mi compañero. Dani, está es mi madre, Andrea.

Andrea me dio la mano con una sonrisa tĂ­mida, pero graciosa.

- Encantado, señora.

- Lo mismo digo, hijo. – me respondió con voz suave y tímida.

Llevaba un vestido amplio de color oscuro, que le llegaba por debajo de las rodillas, pero se podía notar que tenía grandes atributos. Las facciones de su cara eran más parecidas a su hermana Daniela que a su hija. Cara más redonda y afable, y labios gruesos y atrayentes aunque no los llevaba pintados. El pelo lo tenía claro, sin llegar a ser rubio, y lo llevaba recogido en un moño tras su nuca.

- Me ha traĂ­do y le he prometido una cerveza.

- Pos ahora mismo os las saco. – contestó servil y amable.

- Vale. Mientras voy a enseñarle mi habitación.

Tiró de mi mano, mientras seguía y me llevó a la habitación. Cerró la puerta y se agarró a mi cuello para darme un tremendo morreo. Casi ni me enteré, pues mi mente seguía ausente pensando en su madre, y en qué me había visto con el bañador abultado.

- Joder, tía, vaya corte. – le dije cuando dejó de besarme.

- ¿Por qué?

- Porque me ha visto el empalme que llevo.

- Eso le da igual. Ya me ha visto traer a casa a algĂşn chico otras veces.

- Entonces… ¿Follas estando ella en casa?

- Pues claro. Nos metemos aquí y ya está. Ya soy mayorcita para andar escondiéndome, aunque se que le da envidia.

- No me lo puedo creer. La veo muy tímida y callada…

- Ese es el problema que tiene, y por ese motivo no se come ni una rosca.

- Supongo que viviendo en un pueblo tendrá pocas oportunidades.

- Tiene un amigo que se ven alguna vez, pero poco. Está más salida que la pata de un armario, pero le da bastante corte enrollarse con gente desconocida.

Por sus palabras deduje que no conocía algunas aventuras de su madre como la que me había contado Daniela. La verdad es que me había despertado más interés la madre que la hija, aunque eso era fácil viendo a Gloria. Pero sobre todo por esa historia en la que se había follado a dos tíos y la había parecido poco. Mi mente se alteró pensando en si surgiría la oportunidad con Andrea.

Mientras mi mente cavilaba sin parar, se había quitado la camisa y los pantalones, y cuando me quise dar cuenta tenía su escuálido cuerpo denudo, tan solo unas pequeñas braguitas y un sujetador a juego lo cubrían. La verdad es que no era nada atrayente, ni vestida ni en ropa interior, pero no hizo falta. Se sentó en el borde de la cama y tiró de mi bañador para descubrir mi polla, que había perdido algo de erección.

Al momento sentĂ­ el glande dentro de su boca y su lengua lamiendo en el interior. La erecciĂłn subiĂł de nuevo y sus chupadas comenzaron a ser suculentas. SubĂ­a y bajaba por el tronco con una suave presiĂłn en los labios mientras no dejaba de lamer con la lengua por donde pasaba.

- Oooooh… tía… que bien lo haces. – no dudé en alabarla.

Me puso una mano en los huevos y la otra en el culo, y comenzó a tragársela profundamente. Entorne los ojos a la vez que puse la mano en su cabeza y acompañé esas chupadas tan maravillosas. Volví a pensar que eso es lo que quería, nada de niñatas gilipollas como MJ, por muy buena que estuviese.

Podía sentir como el glande atravesaba su estrecha garganta, y cada vez que lo hacía sentía un leve calambrazo en el cuerpo. “¡Dios, esto sí que es una mamada!” Exclamaba en mi cabeza cada vez que sentía como los huevos chocaban contra su labio inferior. Me parecía increíble que se pudiese tragar mi enorme polla con esa facilidad.

Estaba que me salía. Caliente, excitado, eufórico… Me costaba definirme a mí mismo el estado en que me encontraba. Esa chica era un portento haciendo mamadas, y pensé que se merecía un premio.

- ¿Quieres que te folle? – le pregunté sin pensarlo demasiado.

Se sacĂł la polla de la boca y levantĂł la mirada sorprendida.

- ¡Joder claro! – exclamó casi sin podérselo creer.

Se levantó y se quitó las bragas con rapidez, pero no lo hizo con el sujetador. Se giró y se inclinó apoyando las manos sobre el borde de la cama ofreciéndome su estrecho y escuálido culito. Parecía no querer esperar, quizás por temor a que me arrepintiese. La rajita envuelta por unos finos labios apareció bajo sus delgados muslos. En un primer momento pensé que la iba a reventar si se la calzaba entera.

Me agarré la polla y coloqué el duro y ensalivado glande contra esa carne suave y apreté con cuidado. Noté cómo tensaba las piernas al sentir como el duro capullo atravesaba la raja, pero fue delicioso sentir cómo la vagina se abría para engullir la carne dura que la invadía.

- Aaaaaaaaa… - dio un largo gemido al sentir cómo atravesaba su vagina con todo su cuerpo en tensión.

Había metido media polla y no apreté más al sentir ese gemido y la presión de la carne de su vagina. Pensé que la estaba haciendo daño. No me atreví a preguntárselo directamente, y le hice otra pregunta que me lo podría aclarar.

- ÂżTe gusta asĂ­?

- ¡Si! ¡Si! – repitió, pero las piernas le temblaban incomprensiblemente en ese primer empujón.

Tiré hacia atrás despacio y volví a meterla lentamente mirando cómo se abrían los finos labios apretándose contra mi polla.

- Aaaaaaaaa… - otro largo gemido con la misma tensión en su cuerpo.

- ¿Estás segura? – insistí.

- Si, si. – volvió a repetir, pero me aclaró – Es que al principio siempre me cuesta un poco, y además… la tienes muy gorda. – intentó reírse.

- Joder, pues con la boca te la has tragado entera sin hacer ni un puto guiño.

- Es que estoy más acostumbrada a chupar que a follar. – está vez me reí yo sin que viese mi cara.

Seguí bombeando lentamente hasta que conseguí metérsela entera, aunque me daba la impresión de que la estaba reventando. Continúe intentando ser suave y delicado, pero sus largos gemidos continuaron y al momento se corrió. Tuvo un orgasmo tremendo en el que su cuerpo tembló como nunca había visto a ningún otro, seguramente era más aparatoso por su delgadez. Le saqué la polla, totalmente empapada de su corrida, y prácticamente se desplomó boca abajo contra la cama.

Me senté a su lado mirando sus piernas abiertas, los labios de su coño enrojecidos bajo ellas y el pequeño culito de escasa carne semiabierto dejando ver el amarronado agujero. “¿Se lo habrán abierto alguna vez?” Se me pasó esa idea por la cabeza

- Lo siento. – me dijo al cabo del corto tiempo en el que se recuperó.

- ¿Por qué lo sientes?

- Es que follo poco, y menos con un tío tan bueno como tú. Y me he corrido… muy rápido.

- No pasa nada. – intenté restarle importancia – Lo importante es que te haya gustado.

- ¡Joder que si me ha gustado! Por eso me he corrido tan rápido. ¡Menudo orgasmo he tenido! – exclamó con euforia sacando las pocas fuerzas que le quedaban.

- Pues eso es lo importante. Me apetecía que disfrutases. Tus mamadas son sensacionales y también te mereces un buen polvo.

Se incorporĂł para besarme.

- Eres un cielo. – me dijo con una sonrisa clara y sincera – Ahora te voy a hacer una mamada que te voy a sacar toda la leche.

La polla ya se me habĂ­a arrugado y no me apetecĂ­a seguir.

- No es necesario. Si vamos a ser compañeros tendrás muchos días. – le dije con sonrisa pícara.

Me fui con rapidez intentando evitar a su madre por vergüenza, aunque después de lo que me había contado Daniela no creo que le importase mucho que me follase a su hija estando ella en casa.

Me fui con un raro sabor de boca, yo, apenas había disfrutado y no tenía claro si ella lo había hecho. Cogí la moto y me puse a pensar mientras conducía sin un rumbo fijo. Mi tío me había liado con sus trapicheos y ahora tendría que follarme a una fea, y probablemente a su madre, y por si fuera poco a una tía de cincuenta y cinco años.

También me acordé de mi prima, que estaba dispuesta a follar de verdad, de la oferta de la madre de Ruth para enseñarme sitios mejores y seguramente también para follar, de Pepa, la amiga de mi tía que había prometido no decirle nada, pero a cambio de hacerle una visita, y sobre todo me acordé de mi tía, que a cada minuto que pasaba crecía más el deseo morboso en mi cabeza para tener un encuentro a solas con ella. Menudo puto sitio, parecía que todo el mundo solo podía pensar en follar, y yo… ya era uno más.

Cuando me di cuenta iba por la carretera de la playa. Eran las seis de la tarde y el sol lucía con menos fuerza, pero se estaba bien, de hecho había gente bañándose, aunque eran pocos. Llegué hasta el final y aparqué la moto donde lo había hecho por la mañana. A pocos metros me había encontrado con Ruth y su madre. Miré hacia la arena desde donde estaba y distinguí a la que podía ser Ruth por el delicioso color café de su piel.

Dudé un instante si me acercaba a saludarla. En el fondo me había sido la que mejor me había caído de las tres, incluida mi prima. A pesar de ser la más tímida, parecía la más normal. Tenía ganas de hablar para quitarme de la cabeza todo lo que me la estaba calentando.

Al final me acerqué y al verme se puso muy contenta.

- Jo, que bien verte otra vez por aquí. – dijo al verme a la vez que se levantaba para darme un par de besos.

- Me estaba dando una vuelta con la moto y te he visto.

Tuve que disimular mi mirada viciosa al ver que estaba en topless con las bonitas tetas al aire. Algo que pareció no importarle al verme. Los duros y negros pezones me parecieron exquisitos, y pensé en su madre, que tenía las tetas más grandes y seguramente más deseosas a la vista.

- Me ha dicho mi madre que le has caĂ­do muy bien.

- Ella a mí también.

Se volvió a tumbar sobre la toalla y me senté en la arena a su lado. Ya le había visto las tetas desnudas, pero se puso la parte alta del bikini para cubrirlas.

- Lo que no sé es lo que te ha pasado con MJ. He hablado con ella y me ha dicho que eras un gilipollas, como todos.

- Bueno, digamos que me había hecho pensar algo que después no era así. – intenté no darle detalles.

GirĂł la cabeza para mirar a la arena.

- ÂżQuieres que te cuente una cosa?

- He venido porque me apetecĂ­a hablar contigo. Puedes contarme lo que quieras.

- PreferirĂ­a que esto quedase entre nosotros. No me gustarĂ­a que se enterase ni tĂş prima.

- Puedes confiar en mĂ­. Sonia, aunque sea mi prima, no comparto mis secretos con ella.

- Bueno… es que… la verdad es que ya estoy un poco harta de las dos, pero sobre todo de MJ. Siempre que conocemos a algunos chicos lo acaba jodiendo. Sonia también, aunque no es tan borde.

- Lo entiendo. La forma que despotricasteis de los chicos cuando os conocĂ­, me hizo pensar algo asĂ­.

- Yo lo hice por seguirlas la corriente, pero a mĂ­ no me gusta lo bordes que se ponen con ellos. Yo no soy asĂ­. MJ va de chulita pareciendo que se los va a comer y al final los acaba cabreando.

- Pues algo así me ha pasado con ella. Me ha puesto los dientes largos a través del móvil y cuando nos hemos visto me dice que para hacer algo teníamos que hacernos novios. Y no estoy por la labor de enrollarme con nadie de fijo.

Se hizo un corto silencio hasta que dijo con algo de timidez.

- Me ha enseñado el vídeo, pero antes de cabrearse.

- Joder, me parece algo bastante indiscreto.

- Ya te he dicho que va por la vida de chulita.

- Menos mal que no se me ocurriĂł enviarle un vĂ­deo de cuerpo entero.

- Pero se ve que es la mano de Sonia, por el anillo, jijiji.

Estaba simulando enfado, pero acabé sonriendo. Había sacado ella el tema y supuse que quería hablar de mi polla.

- Entonces tú también lo tienes en tu móvil, ¿noo?

- Si, jijiji.

- Pues solo te puedo decir que espero que te guste.

- ¡Uy, siiii! Tienes una… - se paró antes de seguir – polla grande y bonita, jijiji.

- Me alegro de que te guste.

- Supongo que Sonia se lo pasaría bien haciéndote la paja, aunque conociéndola, no creo que te dejara que se la metieras, jijiji.

La miré con sonrisa de cabroncete.

- Ya veo que conoces bien a las dos, lo que no sé es por qué vas con ellas.

- Somos amigas desde pequeñas, pero… también voy con otra gente y hago otras cosas.

- ¿Ah, si? ¿Como qué?

MirĂł otra vez hacia la arena mientras pensaba lo que iba a decir.

- Ellas no lo saben, así que si te lo cuento tendrás que guardarme el secreto.

- Ya te he dicho que no comparto secretos con mi prima, y con MJ, no sé si volveré siquiera a hablar.

- Vale, pero mejor vamos a mi casa.

- ÂżY tĂş madre?

- No está, y me ha escrito un mensaje diciendo que no venía a cenar y que llegaría tarde.

Accedí y caminamos hasta su casa, que tan solo era atravesar la arena y la carretera. Se fue a su habitación a quitarse el bikini, porque lo tenía mojado, y salió con una camiseta larga que tapaba su precioso culito, pero dejaba visibles sus contorneadas y largas piernas de ese color café brillante tan delicioso. Sacó un par de cervezas y nos sentamos en el sofá, sobre una pierna ambos, para mirarnos de frente. Las braguitas blancas que se había puesto quedaron ligeramente expuestas a la vista en la parte donde se juntaban sus estupendos muslos.

Sus ojos grandes y oscuros me miraron con intensidad. Y sus sensuales y carnosos labios dibujaron una amplia sonrisa. No pude evitar pensar cómo sería un beso con esos suculentos labios algo más claros que su piel.

- Entonces… ¿Estás dispuesta a contarme tu vida secreta? – le sonreí

- La verdad es que me has caído muy bien, y a mí madre también, que suele tener buen ojo para los tíos, jajaja.

- Pues no parece que lo tuviera con tu padre, si se ha separado. – le solté una pullita.

- Entonces era muy joven, pero creo que es con el Ăşnico que se ha equivocado.

- ÂżEs que conoces a todos con los que se enrolla?

- Solo los que trae a casa, que son más de fiar.

- ¿Qué son más de fiar? – repetí al no entenderlo.

- Eso dice ella, que solo se trae a casa de los que se fĂ­a plenamente.

- ÂżY que relaciĂłn tienes con los que trae a casa?

Jugó con la boca de la botella de cerveza por sus labios, de una forma muy sensual, hasta que le dio un trago. Después me sonrió con cierta perversidad, una sonrisa que no la había visto hasta ese momento.

- Ese es mi secreto. – dijo después de beber ampliando esa sonrisa perversa.

- ¿Te enrollas… con ellos? – le pregunté levantado las cejas.

- ÂżTe sorprende?

- Llevo pocos días en esta ciudad, pero creo que ya no me sorprende nada con respecto al sexo. – contesté con aspecto de derrotado – Me rindo ante la promiscuidad que fluye en Carcavera.

- Jajaja… Muy poético, pero seguro que te encontrarás con más cosas que te sorprendan.

Ambos dimos sendos tragos a las cervezas, pero ella lo seguĂ­a haciendo de una forma lasciva, como si saborease la boca de la botella de vidrio.

- Entiendo que te gustan los tíos de cierta edad. – volví a su secreto.

- Son más fiables para el sexo. – otra sonrisa pecaminosa y sensual con sus atractivos y gruesos labios.

- ÂżLos de tu edad no lo son?

- Alguno hay, pero la mayoría se corren nada más oler un coño.

- Quizás tú madre no piense igual.

- ¿Por qué lo dices? Nunca la he visto con un chico joven.

- A lo mejor no quiere que la veas con alguien de tu edad. Alguien que podrĂ­a ser su hijo. Es posible que piense que a ti no te guste que aparezca por casa con un chico que incluso podrĂ­a darse la casualidad de que fuese un amigo tuyo.

Se quedĂł pensando unos segundos.

- Nunca me ha ocultado nada. Solemos hablar de sexo a menudo y no se corta a la hora de follar. Se mete en su habitaciĂłn y jadea y grita sin importarle que la oiga. No creo que me oculte que se ha enrollado con un joven, si es que alguna vez lo ha hecho.

- ÂżSabe ella que te enrollas con los que trae a casa?

- Bueno… no, pero eso es diferente. Además, solo me he enrollado con… dos.

- Entonces, tampoco son tantos. ÂżY cĂłmo surgiĂł eso?

- Siempre que viene con alguien me lo presenta, si es la primera vez, y solemos tomar algo juntos antes de que se metan a follar. Con el primero que me enrollé, ya había venido tres veces, y por el tiempo que pasaban en la habitación y los gritos que daba mi madre, pensé que se le daba bien. No tuve muchos problemas para que nos pasásemos los contactos sin que mi madre se enterara. Lo de quedar en otro sitio fue fácil, pues el disponía de un piso que le dejaba un amigo.

- ÂżY se le daba bien?

- ¡Joder que si se le daba bien! En mi vida había tenido tantos orgasmos seguidos. Estaba acostumbrado a follar con los de mi edad y a tener un orgasmo, y no siempre. Así que para mí conocerle fue descubrir un mundo nuevo en el tema del sexo.

- ÂżY el otro?

- No es tan bueno como este, pero tampoco se le da mal, jejeje. – se rio de forma maléfica.

- Me has dicho que el primero disponĂ­a de casa, pero que era de un amigo. ÂżEs que no tiene una propia?

VolviĂł a sonreĂ­r de esa manera, que la verdad es que me resultaba excitante.

- Es que… está casado. Mi madre siempre dice que los casados son los que menos problemas dan, jajaja.

Ruth me estaba pareciendo una tĂ­a muy interesante y madura. Me habĂ­a dado cuenta de que realmente no tenĂ­a nada que ver con MJ y mi prima. Ellas todavĂ­a parecĂ­an adolescentes. Lo que todavĂ­a no tenĂ­a claro era si tenĂ­a intenciĂłn de follar conmigo.

- ÂżY solo follas con esos dos? ÂżNo hay nadie de tu edad?

- Alguna vez quedó con alguien de mi edad, pero yo sola. Sin que se enteren estas dos estrechas. Bueno, tú prima no es que sea una estrecha, más bien es una paranoica que se piensa que le va a reventar el coño si le meten una buna polla.

- Si, eso lo sé. – se me escapó la frase.

- Jajaja… No sé si sabes que nos contó vuestra aventura.

- Si. No tardó mucho en confesármelo. Por eso surgió lo de poner caliente a MJ enviándola el vídeo de la paja.

- Pues con la polla que tienes, no sé ni cómo se atrevió a dejarte que le metieses la punta, jajaja.

Con esa frase vi la oportunidad de picarla para ver si entraba al trapo.

- No a todas las tĂ­as les gustan grandes, aunque lo de Sonia sea paranoia.

- No hace falta tenerla grande para hacerle disfrutar a una tĂ­a, pero no puedo negar que a mĂ­ m gustan grandes.

No paraba de moverse en el sofá y ya podía ver sus bragas blancas con claridad, y era excitante ver el contraste con su piel oscura.

- ¿Cómo la mía? – me atreví a preguntarle.

- Solo la he visto en video, pero parece de buen tamaño.

- Te la enseñaría para que la vieses al natural, pero no en el estado que se encuentra ahora. – bromeé, pero con segundas.

- Jajaja… Si es por eso… podría colaborar para poderla ver cómo en el vídeo.

Por fin se definĂ­a. Ya empezaba a estar harto de rodeos.

- Pero si se me pone dura y después no pasa nada, acabaré con dolor de huevos.

- Jajajaja… - su carcajada fue tremenda, y pasaron varios segundos hasta que dijo – Ya se nos ocurrirá algo para que te vayas con los huevos descargados.

Acercó su cara hasta la mía y me besó con sus sedosos labios de piel oscura y brillante. Fue un beso delicioso y suave, pero con una carga sensual tremenda. Elevé una mano y acaricié su pecho a través de la camiseta. No llevaba sujetador y noté una de sus tetitas duras con el pezón muy erecto.

Su mano también alcanzó mi pecho, y bajó con rapidez para meterse bajo la camiseta y acariciar la dura carne de mis pectorales. El beso se fue haciendo más intenso y sabroso mientras nos sobábamos ambos pechos. Bajé la mano para meterla bajo su camiseta y los dedos pudieron sentir la carne tersa de su cuerpo. La dureza de sus tetitas era deliciosa y la erección de sus duros pezones aún más.

A pesar de que sus tetas no eran de gran tamaño, disfruté de ellas como si fuesen un manjar especial. Un manjar que degusté con los labios y la lengua cuando le quité la camiseta con su ayuda. Nunca había estado con una chica negra, bueno con ese color café de piel, y lo estaba disfrutando como algo nuevo y deliciosamente absorbente para mis sentidos.

Cuando introduje en mi boca sus duros pezones la oĂ­ ronronear.

- Ummmm… siiii… así… despacio… suave…

Me estaba diciendo cómo le gustaba, y así lo hice. Chupadas suaves, largas, con una ligera intensidad. Miré por el rabillo del ojo y vi sus braguitas blancas tapando los dos poderosos gajos que se marcaban bajo ellas. Puse una mano en el interior de sus muslos y los acaricié con suavidad deleitándome con el tacto de la tersa piel.

Abrió más las piernas y entendí que me dejaba paso, que quería que subiera hasta las bragas. Avancé lentamente con los dedos hasta pasarlos sobre la abultada tela.

- Ummmm… - ronroneó de nuevo – sigue… sigue… - me pidió con un hilo de voz.

Pasé los dedos sobre la tela que contenía los tremendos gajos y movió la pelvis con suavidad para sentirlos más.

- Aaaaaaaaa… - un largo gemido acabó con el ronroneo.

En ese momento, la mano que tenía en mi pecho la bajó con rapidez hasta llegar al bañador. Tocó el enorme paquete que se había formado y con la misma rapidez, metió la mano por encima del elástico para alcanzar la dura carne que se había formado.

Noté cómo palpaba con suavidad el duro tronco plagado de venas. Parecía estar tomando las dimensiones. Mientras lo hacía, metí los dedos entre las bragas y toquetee los tremendos labios de carne jugosa y tersa.

- Aaaaaaaaa… - otro largo gemido salió de entre sus labios rociando los míos con su cálido aliento.

MetĂ­ un dedo entre la raja y todo su cuerpo se contrajo.

- Aaaaaa.. Aaaaaa… - otro largo gemido entrecortado empapó mis labios a la vez que me los besaba.

No sabía si es que era muy sensible o simplemente es que estaba muy caliente, pero no paré. Comencé a horadar con el dedo entre la raja profundizando entre el calor y la humedad y sus caderas empezaron a moverse al ritmo de mi dedo haciendo que se introdujera más profundamente.

Sus jadeos aumentaron y la mano que tenía en mi polla comenzó a subir y bajar la piel. El calor y la humedad aumentaron en su coño y le metí dos dedos sintiendo cómo se abría.

- Aaaaaah… ¡Para! ¡Para! – me sobresaltó – No quiero una paja. Vamos a la cama.

Casi saltamos del sofá para dirigirnos a la habitación. Me quité con rapidez la camiseta y el bañador mientras ella se quitaba las bragas, pues es la única prenda que le quedaba. Miró con sus ojos oscuros cómo la polla tiesa y dura se erguía entre mis piernas. Yo también miré con descaro su precioso coño con los gruesos labios semiabiertos mostrando la carne sonrosada de su interior.

Se pegĂł a mĂ­ para besarme profundamente mientras me agarraba la polla y la restregaba contra su caliente y hĂşmeda vulva.

- Quiero que me folles sin parar hasta que te corras. – me susurró contra los labios, y añadió – No pares aunque notes que yo me corra. Tú sigue.

Nunca me habĂ­a dicho una tĂ­a cĂłmo tenĂ­a que follarla, pero no me pareciĂł mal la idea. Ya la habĂ­a tenido dura durante bastante rato con GlorĂ­a, y no sabĂ­a si aguantarĂ­a mucho.

Se tumbó boca arriba en la cama con las piernas bien abiertas ofreciéndome una foto espectacular de su bonito cuerpo. Las tetitas empinadas sobre su pecho como dos pasteles redonditos con la cereza en lo más alto. Su coño abierto de piel oscura por fuera y sonrosada por dentro era una atracción absorbente para la vista.

Coloqué mi cuerpo sobre el de ella con suavidad y la besé con la lujuria instalada en mi cerebro. Levanté ligeramente el culo para agarrarme la polla y colocarla entre la jugosa raja. Apreté con suavidad mirándola a los ojos. Eran preciosos, tan oscuros y abiertos.

Su boca comenzĂł a abrirse al sentir la dureza del glande y la carne dura y venosa penetrando en su caliente vagina.

- Ooooaaaaah… un gemido largo y profundo llenó el silencio de la habitación.

Su vagina pareció cerrarse alrededor del duro glande produciéndome una sensación maravillosa. Apenas habían entrado unos pocos centímetros de carne y su cuerpo había comenzado a temblar. Moví las caderas despacio, suavemente, sintiendo cómo se habría más su chochito en cada empujón. Su suave y dulce voz se rasgó cuando la dura verga profundizó más. - Aaaaaaaaag… - Miré sus ojos oscuros y abiertos como platos, que parecían querer desprenderse de las órbitas. Sus dedos y uñas se clavaron en mi espalda como garfios y cada músculo de su cuerpo se tensó hasta la dureza más extrema.

No sabía si seguir, pues me daba la sensación de que no disfrutaba, pero movió ligeramente las caderas para sentir más la verga. La dejé que accionará, que fuese ella la que se moviera, y así lo hizo hasta conseguir metérsela entera mientras el silencio nos cubría, tan solo roto por sus suaves gemidos al son de sus movimientos. – Ahh.. Ahh… Ahh…

Cambió esos movimientos de pelvis por otros laterales, provocando que mi polla bailase dentro de su coño. – Oooooh – Gemí al sentir un placer exquisito. Le había costado metérsela entera, pero ahora sabía cómo disfrutar de ella y a la vez, hacerme disfrutar a mí.

Elevé el culo lentamente para sacar parte del miembro y apreté con suavidad sintiendo cómo su caliente vagina abrazaba y acogía mi polla de nuevo. – Aaaaaaaaa… - otro largo gemido acompañó la penetración. Dejó de clavarme las uñas en la espalda para poner las manos sobre mi culo, y un vaivén lento, pero constante, comenzó a fluir entre nuestros cuerpos.

Era una delicia ver sus gruesos labios abiertos lanzando su cálido aliento sobre mi cara. Subía y volvía a bajar lentamente clavándole toda la polla y su preciosa boca se abría en casa penetración. Al momento, su respiración se aceleró y aumenté el ritmo empujando con más fuerza. – Aaaaaah… Aaaaaah… - gimió repetidamente cuando un fuerte orgasmo convulsionó todo su cuerpo. Sus preciosos y oscuros ojos brillaron con gran intensidad y su boca de ahogó en interminables gemidos incontrolados.

Me había dicho que no parase, y eso hice. Seguí bombeando, cada vez con más potencia. Mi respiración también se había acelerado y jadeaba como un perro sobre su bonita cara. Sus uñas se volvían a clavar, pero ahora en mi culo, acompañando a las fuertes embestidas. Su cuerpo no cesaba de retorcerse en casa empujón, y un segundo orgasmo zarandeó todo su cuerpo hasta dejarlo desmadejado. Su boca seguía abriéndose y cerrándose, sin apenas fuerza, sin sonido, sin aliento, mientras la mía resoplaba sobre su dulce cara como un oso enfurecido. Sacaba la polla de su mojado coño y la volvía a clavar hasta el fondo, una y otra vez, sintiendo el abrazó de la delicada piel de su vagina. Estaba disfrutando más que con ninguna de las anteriores y quería que aquello no acabase, pero no aguanté más y mi mente se nublo repleta de placer cuando comenzó a manar la leche. Los chorretones de semen saltaron con furia en el interior de su coño mientras mis jadeos se ahogaban. El orgasmo que recorrió mi cuerpo fue tremendo, delicioso, y disfruté de el largos segundos mientras mi mente se evadía flotando en una nube de placer.