June 7

Carcavera 2

© Alfonso

Tiempo estimado de lectura: [ 39 min. ]

Comienzo a ver las posibilidades de mi nueva vida

Un día ajetreado

Me fui a la cama jodido, menuda decepción. Pensaba habérmela follado como un puto cabestro y aquello había acabado casi como una paja.

A la mañana siguiente, cuando desperté, su cama estaba vacía. Me levanté y fui a darme una ducha. Me vestí y fui hasta el salón. No había nadie. Me asomé al jardín y vi a Laura sentada, desayunando.

- Buenos días, tía. – la saludé en plan familiar.

- Hola cariño. ¿Qué tal has dormido?

- Muy bien. No me he enterado ni de cuando se ha levantado Sonia.

- Se ha levantado temprano. Tenía unas cosas que hacer. ¿Lo pasasteis bien noche?

Me quedé cuajado, sin saber que contestar. Pensé que si le pareció normal que nos bañásemos desnudos cualquier respuesta le parecería natural.

- Estuvo divertido. Menos mal que no había nadie. – sonreí con timidez.

- Esta loca lo hace a menudo. No le dejes que te lie con sus trastadas. – sonrió casi pícaramente.

- Bueno, una vez está bien, por probar, pero una y nada más.

- Jajaja. ¿Que vas a hacer hoy?

- No tengo ni idea. Ayer tenía el… (iba a decir el tío, pero lo evité) Ramón previsto enseñarme la empresa. Supongo que tendré que ir a su casa hoy.

- Quédate a comer y después que te lleve Sonia.

- Me parece bien. – contesté por compromiso, pues a ver qué cojones iba a hacer durante toda la mañana.

Me senté a desayunar y Laura me estuvo contando que el veinticinco por ciento de la empresa era suyo y que con eso podía vivir cómodamente. Después estuvo despotricando de su marido, diciéndome lo golfo que era y lo mal que se había portado. Al final estaba un poco harto y decidí darme un paseo por la playa. Menos mal que no dijo nada sobre acompañarme.

Me puse el bañador y una camiseta y salí a la playa sin rumbo. Apenas había gente a esas horas, las diez de la mañana.

A los quinientos metros de paseo por la orilla oí una voz gritando mi nombre. Giré la vista hacia la arena y vi a una mujer sentada haciéndome señas con la mano. Agudicé la vista y me acerqué. Era Nuria, la amiga de mi tía.

Se levantó al llegar a su lado y contemplé su sonrisa permanente ocupando su redondita cara. Llevaba otro bikini diferente al del día anterior. Este era granate, pero igual de pequeño. Las tetas y el culo rebosaban por todos lados.

- ¿Me recuerdas? Soy Nuria. Nos vimos ayer.

- Si, claro. – Contesté sonriendo un par de metros de ella.

- ¿Dónde vas tan solito?

- Es que mi prima tenía que hacer unas cosas y como no conozco nada de esto he decidido darme un paseo para echar un vistazo.

- La playa es muy larga. Yo vivo ahí enfrente. – me dijo señalando uno de los chalets.

- Que bien estar tan cerca de la playa.

La miré con descaro viendo su piel morena por el sol. Se notaba que había pasado horas bajo los rayos achicharrantes. Sus tetas clamaban necesitar más tela para recogerlas y eran una atracción impactante para la vista. No sé si se dio cuenta de mi mirada, pero se colocó el bikini intentando ajustarlo a sus tetazas.

- La verdad es que si. Yo paso muchas horas tumbada al sol. ¡Me encanta!

- Se te ve muy morena. Te sienta bien.

- Gracias. – se tocó el pelo en plan coqueta.

- ¿Quieres quedarte a charlar un rato? Vivo sola, y es un poco aburrido, sobre todo por las mañanas.

- ¿No trabajas?

- Tengo una tienda de bañadores, pero la lleva una chica y apenas necesito pasarme por allí.

- Bueno, puedo quedarme un rato, pero no he traído toalla. - dije a regañadientes, pues no me apetecía otra charla con una señora de su edad.

- No importa. Puedes tumbarte sobre la mía. Es grande y cabemos los dos, jijiji.

Nos tumbamos los dos sobre la amplia toalla, pero recostados de lado, uno frente al otro. Sus grandes tetas se descolgaban como dos cascadas de deliciosa carne y era imposible no mirarlas. La cintura bajaba para formar una curva que se elevaba de nuevo para moldear la cadera y dar paso a unos tremendos muslos que se juntaban dejando ver apenas el pequeño triángulo del bikini. El bultito que se marcaba bajo la tela era como un pequeño bollito con una hendidura en medio.

- Entonces… ¿pasas mucho tiempo sola? – inicié la conversación.

- Más de lo que yo quisiera, aunque tengo buenas amigas, entre ellas tú tía, y nos vemos casi todos los días.

Me toqué la espalda sintiendo que el sol me picaba.

- Joder, pues si que pica el sol ya. Y eso que es pronto.

- En estas fechas ya es bastante fuerte. Tengo crema si quieres.

- No estoy acostumbrado a esto, y he salido sin nada.

Me pasó el frasco de crema y me di en el pecho y las piernas, y antes de que dijese nada, ella me sugirió.

- Si quieres te doy en la espalda.

- Pues me harías un gran favor. Ahí no llego.

Me tumbé boca abajo y crucé los brazos para poner la cara de lado sobre ellos. Se arrodilló a mi lado y volví a contemplar sus tremendos muslos a pocos centímetros de mis ojos. Noté sus dedos, fríos por la crema, y sentí una sensación deliciosa.

Comenzó a frotar despacio y suave, pasando por cada centímetro de la espalda. Era como un masaje delicado con el que te apetece cerrar los ojos y disfrutar durante horas.

- Oye, que gustito da la crema fresca. – le dije en plan dicharachero.

- ¡A qué si! Yo me la tengo que dar sola y no llego bien. Y claro, también te da más gustito que te la dé alguien, jijiji.

- Pues ahora cuando acabes, si quieres te la doy yo.

- Jijiji. ¡Me encantaría! – exclamó con algo de entusiasmo.

Me dio un sobo de cojones, por espalda, hombros y la parte trasera de los muslos. Cuando acabó estaba más feliz que un niño en una juguetería.

- Pues ya está. No he dejado ni un trocito de piel sin crema, jijiji.

- Pues ahora te toca a ti. – contesté incorporándome.

Se tumbó boca abajo, como había hecho yo y contemplé las curvas que formaban su culazo semidesnudo. Era una visión absorbente ver esas dos sandías apenas tapados por el pequeño bikini granate.

Había cruzado los brazos y hundido la cara entre ellos. Las tetas se desparramaban por los laterales como si fuesen dos globos aplastados.

Me unté las manos de crema y las puse sobre sus hombros.

- Uy, que gustito, jijiji.

Comencé a sobar hombros llegando hasta la tira del bikini que cruzaba su espalda.

- Desabróchalo para dar también por ahí. – oí su voz cálida sin que levantara la cabeza.

Lo desabroché dejando libre toda la espalda y sus tremendas tetas se desparramaron aún más. Comencé a sobarla de nuevo y mis pensamientos se fueron al día de antes, a esa frase que había pronunciado mi prima, “están más salidas que el palo de una escoba”. ¿Sería verdad?, o tan solo lo había dicho por despecho. Después de lo que había pasado la noche anterior ya no me fiaba mucho del criterio de Sonia.

Bajé con las manos abiertas hasta donde la braga del bikini marcaba la raya, y subí por los laterales rozando prácticamente el inicio de las tetas. Noté la carne blanda con las puntas de los dedos esperando su reacción.

- Así. Tú da por todo lo que se ve, que luego quedan marcas. – sonreí sin que me viese.

Empecé a pensar que Sonia podía llevar razón. Nunca había tonteando con una mujer de su edad, y menos follármela. Tan solo había intercambiado unas palabras insinuantes con Palmira, que debía de ser de su edad, pero solo eso, unas palabras que no llevaban a nada. Pero esto era otra cosa. Ahora estaba sobando el cuerpo a una mujer madura con posibilidades de algo más, o eso pensaba mi mente perturbada.

Bajé por los laterales, algo más que la vez anterior, y noté la carne blanda de sus tetas que sobresalía. No dijo nada, tan solo movió la cabeza sobre los brazos, lo que tomé como una seña de afirmación.

- ¿Te gusta cómo te doy la crema? – necesitaba obtener una confirmación más clara, con palabras.

- Ummm…, ¡me está encantando! – exclamó subiendo un poco el tono de su dulce voz.

Bajé de nuevo las manos hasta el borde del bikini.

- ¿Quieres también por las piernas?

- ¡Si, si! – se apresuró a contestar.

Me puse más crema en las manos y las coloqué a la altura de una de las rodillas, por la parte trasera. Fui subiendo lentamente abrazando su tremendo muslo hasta llegar al inicio del culo. Con la mano, que iba por el interior, casi rocé el bikini, y su reacción fue abrir las piernas mostrándome una parte del bultito que formaban los labios de su coño bajo el bikini.

No lo toqué, pero sentí como la polla me daba un meneo bajo el bañador. Continúe por la parte del culo que dejaba visible la pequeña braga del bikini, que era bastante. Sin preguntar. Ya me pararía ella cuando considerara que rebasaba el límite. No me paró, y le sobé el culazo a conciencia. Era delicioso hundir los dedos en esa carne y abrirlo como si fuese una sandía.

Noté cómo cerraba los dedos de las manos y los apretaba en forma de puño. Le estaba gustando, más bien excitando, pero el problema es que yo también me estaba excitando y mi polla crecía imparable bajo el bañador.

- ¿Voy bien? – pedí otra confirmación.

- Ufff, muy bien… - suspiró.

Mi polla ya había crecido notoriamente y no podía seguir, o acabaría formando una tienda de campaña. No tenía nada que perder, así que me arriesgué.

- Lo siento, Nuria. No puedo seguir.

- ¿Por qué? – preguntó girándose para mirarme.

Estaba de rodillas a uno de sus lados, y le señalé el bulto con la vista. Abrió la boca, diría que exageradamente, y se llevó una mano a ella para tapársela. Sus ojos no parpadeaban mirando el bulto, y tardó unos segundos hasta que dirigió la vista a mi cara. Como no decía nada, hablé de nuevo.

- Sería un poco bochornoso que pasara alguien y me viese así.

Volvió la mirada al bulto, sin cambiar el gesto. Seguía con la boca abierta y la mano sobre ella.

- Podemos ir a mi casa. – hizo un corto silencio – Allí no te verá nadie si… te pones así, jijiji.

- Me parece buena idea. – acepté sin dudar.

Recogió la toalla y el bolso playero y casi corrimos hacia su casa. Era como la de Laura, pues debía de ser de la misma constructora. Entramos al jardín y se puso nerviosa. Me dio la impresión de que no sabía cómo seguir.

- ¿Quieres tomar algo? Un café… una cerveza…

No quería perder el tiempo, y tiré a lo derecho.

- ¿No prefieres que te siga dando crema?

- Uy, si.. claro. – contestó nerviosa.

Se quedó un momento parada, con la mirada perdida en el césped.

- Tengo otra crema más suave. – me dijo de repente – ¿Te importa que me ponga otro bikini? Es para dejar más piel libre.

- No… claro. – contesté sorprendido.

- No tardo nada.

Entró en la casa y a los dos minutos salió en ropa interior. Se me levantaron las cejas solas al verla. La parte de arriba era un sujetador negro, semitransparente, que apenas tapaba los gruesos pezones y poco más. Se traslucían las dos grandes aureolas que los rodeaban. La parte de abajo era un pequeño tanga, también semitransparente.

Ahora el bultito de su coño era más claro, y podía distinguir los dos gruesos labios vaginales y la raja que los dividía.

- Bueno, no es un bikini, pero deja más piel a la vista, jijiji.

- Me parece estupendo. – dije con las cejas todavía levantadas.

Extendió la toalla en el césped y me pasó el frasco de crema, pero no era crema. Nada más abrirlo me di cuenta de que era aceite corporal.

Se tumbó de nuevo boca abajo y extendió los brazos a lo largo de su cuerpo con la cara apoyada de lado, mirando hacia mí. Me arrodillé y el bulto, que me había bajado de camino a su casa, crecía de nuevo ante esa visión. Vi cómo sus ojos los buscaban cuando rocé con él su costado dejándolo muy cerca de su mano extendida.

Me di el aceite en las manos y comencé por donde lo había dejado, por el hermoso culazo. Pero ahora lo tenía totalmente al aire. La tira del pequeño tanga se había perdido entre la raja y las dos sandías lucían esplendorosos.

Sonia me había dejado con mal sabor de boca la noche anterior y ahora tenía la oportunidad de desquitarme con esa sensual mujer madura de más de cuarenta. “¿Cómo será follarse a una madurita?” Pensé ya algo obsesionado.

Hundí los dedos en su culo y lo froté con ganas. Se lo abría, descubriendo la tira del tanga, y se lo volvía a cerrar apretando los dos glúteos hacia centro. Bajé con los pulgares extendidos hasta casi tocarle el bultito del tanga. Al momento la oí resoplar. - ¡Bufff…!

Giró levemente el cuerpo para poner un brazo bajo la cabeza. De esa forma, podía ver mejor la tienda de campaña que se había formado en mi bañador. Levantó la mano que tenía extendida a mi lado y la subió acariciando mi pierna hasta llegar al hueco que dejaba la tela por debajo. La metió a través de él y acarició suavemente los huevos. Ahora el que resoplé fui yo.

- ¡Bufff...! Menos mal que no estamos en la playa. - comenté como broma, pero con la polla latiendo con estupor.

Bajé de nuevo con los dedos por debajo del culo, pero está vez llegué hasta la tela y los pasé sobre el bultito que formaban los labios vaginales.

- ¡Uhhf…! ¡Uhhf…! ¡Uhhf! – resopló varias veces con un ligero temblor.

Su mano trepó más buscando la endurecida polla y la toqueteó nerviosamente con los dedos hasta que consiguió abrazar el tronco con fuerza.

Su mirada estaba fija en el bulto mientras me masajeaba el miembro con suavidad bajo el bañador. Vi su cara, sus ojos chispeantes y sus labios apretados, y pensé que era hora de romper esa corta distancia que todavía nos separaba. Dejé de sobarle el culo y llevé las manos hasta mi bañador para bajarlo lentamente. Me soltó la polla al observar la maniobra, y el endurecido miembro saltó por encima de la goma como si lo hubiese impulsado un muelle.

Sus ojos brillaron con más fulgor al ver la verga desnuda y erecta sobresaliendo de mi regazo. Las venas la surcaban como raíces que se salen de la tierra. Y el capullo quería despegarse del tronco como la punta de una fleca buscando dónde clavarse. Su vista se había fijado como si un imán la atrajese con fuerza, y su mano temblaba sin decidirse a agarrar el endurecido miembro de nuevo.

Se giró algo más hasta ponerse de lado y el sujetador, desabrochado, se descolgó por el brazo dejando libre una de sus tetazas. Llevé una mano hasta ella y hundí los dedos en la carne blanda con delicadeza. Su cuerpo dio un pequeño estertor, pero sus ojos siguieron fijos en la verga, como si yo no estuviese allí, tan solo mi polla.

Finalmente la agarró saboreándola con el tacto de cada uno de sus dedos. Subió y bajó la tersa piel lentamente mientras mi mano masajeaba su tetaza provocando que el pezón se pusiera como una piedra punzante.

Poco a poco fue retorciendo su cuerpo para acercar el inhiesto capullo hasta su boca. Brillaba como una piedra de rio lisa y redonda, y sus sensuales labios lo besaron con dulzura. Sacó la lengua y lo rodeó con ella como si lamiera la bola de un helado de cucurucho. Vi en sus ojos cómo disfrutaba al hacerlo.

Dio varias lamidas, impregnándolo de saliva, hasta que se lo metió en la boca. Dio varias succiones y todo mi cuerpo se tensó arrodillado sobre la toalla. Ya se había girado hasta ponerse de lado, con una mano sujetándose la cabeza y la otra aferrada a mi polla. Las tetas de descolgaban de su pecho, una en el aire y la otra contra la toalla, con el sujetador a medio caer. Paró un momento de chupar para quitárselo por completo dejando las dos tetazas desnudas.

Aproveché para agarrarme la polla y restregarla contra ellas mientras llevaba la otra mano al centro de sus piernas. Tuvo que sujetarse con las dos manos sobre la toalla al sentir mis dedos pasando sobre las bragas y acabó sentada resoplando con las piernas flexionadas.

- ¡Buff! ¡Buff! ¡Buff!

Cerró los ojos y abrió las rodillas quedándose como una rana boca arriba. Abrí la mano entera y se la pasé por todo el coño con una leve presión provocando que resoplara de nuevo.

- ¡Buff! ¡Buff! ¡Buff!

Incliné el cuerpo para llegar con la boca a sus tetas, y sin dejar de sobarle el coño por encima de las bragas, le chupe los gorditos y duros pezones.

- ¡Ay dios! ¡Aaaaaah!

Sin dejar de chupar los pezones, tiré de las bragas para bajárselas. Me ayudó moviendo las piernas y al instante se las sacaba por los pies. Dejé de chuparle las tetas para mirar su coño, estaba deseoso de verlo desnudo. Tenía un chochazo precioso, cono los labios regordetes y una raja tremenda. Me hubiese gustado que siguiera chupándomela para ver lo que era capaz de tragarse, pero estaba demasiado excitado para esperar.

Me quité el bañador arrebatadamente y me tumbé sobre ella. Su boca abierta respiraba agitadamente y sus ojos me miraban totalmente abiertos. Tenía mi cara casi pegada a la suya y podía sentir su aliento impactando contra mi boca. Metí una mano entre nuestros cuerpos y me agarré la polla para buscar su raja. Nada más sentir mi capullo entre ella, apreté con suavidad.

- ¡Aaaaaah! - gritó de nuevo al sentir cómo la mitad de la polla se metía en su vagina.

Comencé a bombear mirándola a la cara. A cada empujón abría la boca para volverla a cerrar. Cuando la polla se hundió por completo en lo más profundo de su coño retorció la toalla con los dedos aferrados a ella como las garras de un águila, y su grito fue mayor.

- ¡Aaaaaaaaah!

Temí que la escucharan si alguien pasaba por la acera y dejé de embestir con la polla dentro. Acerqué la boca hasta la suya y la besé suavemente. Todo su cuerpo temblaba y con la respiración tan agitada no podía besar bien. Volví a bombear lentamente. Yo también estaba muy excitado y temía que si le daba con fuerza me correría rápido, pero para ella fue suficiente. Jadeó descontrolada y se retorció llevándose una mano a la boca para mordérsela y evitar los gritos. Todo su cuerpo vibró como un flan y sentí como me mojaba la polla. Ya había cumplido, y ahora me tocaba a mí.

Me incorporé para ponerme de rodillas y puse las manos sobre sus tetas. Las aplasté con ganas y comencé a bombear de nuevo. Un pollazo tras otro, clavándosela hasta el fondo. “Este chochete sí que admite toda la polla” pensé acordándome de mi prima.

Levantó las piernas y aumente el ritmo de los pollazos. Era una sensación deliciosa ver cómo le abría el coño y reventaba los huevos contra su culazo. Desde que se había corrido no había dejado de temblar, pero noté que le daban fuertes estertores retorciéndose de nuevo. Giraba la cabeza hacia los lados desacompasadamente mordiéndose la mano. Y noté que se corría de nuevo cuando mi polla estalló dentro de su coño.

Los últimos pollazos fueron tremendos hasta que salió la última gota de leche. Caí derrumbado y jadeante sobre sus tetas y en ese momento me di cuenta que los dos sudábamos como cerdos. El olor a sudor y sexo se mezcló en mi nariz y cerré los ojos para disfrutar de ese momento.

Fueron largos segundos los que pasaron con la respiración agitada hasta que me serené. Ella ya me acariciaba la cabeza que la tenía contra su pecho. Oí su voz suave y tierna.

- ¿Te ha gustado?

Me extraño la pregunta, porque normalmente la solía hacer yo.

- Uf... ha sido la leche. - contesté todavía algo jadeante.

Note que me besaba en la cabeza y suspiraba posteriormente.

- Si que ha sido la leche. ¡Menudo polvazo! Y a estas horas de la mañana, jijiji. - yo también me reí contra sus tetas cuando vibraron al reírse.

- ¿Me harás otra visita? - me pregunto con dulzura.

- Claro. Ahora que voy a vivir aquí tendré muchos días. - contesté con la cara hundida entre sus tetas.

- Tenemos que hacer más cositas. Hoy es que estaba muy caliente y no me he podido controlar.

- ¿Te refieres a... chupármela? - le pregunté al recordar que se había quedado a medias.

- A chupártela y a follarme de más formas. Me encanta ponerme a cuatro patas y sentir las embestidas.

Casi me relamí el cerebro al oír eso.

- ¿Te lo han hecho alguna vez por detrás?

- ¿Te refieres a si me la han metido en el culo? - se contestó ella misma, y con cierto entusiasmo - ¡Siii! Y me gusta. ¿Te gusta a ti?

- Bueno, te seré sincero. Nunca lo he probado.

- Pues la próxima vez te dejaré que lo pruebes.

Se hizo un corto silencio mientras me seguía acariciando la cabeza.

- Tengo que pedirte algo. – le dije.

- Lo que quieras.

- No quiero que se entere mi tía de esto.

- Jajaja. Lo entiendo. Tranquilo, no le diré nada.

Me retiré de encima para postrarme boca arriba y respirar más desahogadamente. Ella, se giró de inmediato y se puso a acariciarme el pecho mezclándolo con tiernos besitos. Bajó despacio por el vientre hasta llegar a la polla, que estaba morcillona y empapada de leche. Noté de nuevo su caliente boca cuando la abrazó con los labios y la chupó y succionó como si fuese un rico caramelo. Eso ya fue la puntilla después de una buena faena. Cuando acabó, notaba que se quería enderezar de nuevo, pero de momento, no me apetecía más. La había dejado completamente limpia y brillante.

Me puse el bañador y nos despedimos con un tierno beso.

Volví a casa de mi tía y ya había llegado Sonia.

- ¿Qué tal el paseo? - me preguntó nada más pasar al jardín.

- Largo y entretenido. Hacía mucho que no disfrutaba de la playa viendo romper las olas.

- Pues ahora lo podrás hacer a diario, jajaja.

Se acercó a mí y me rodeo el cuello con los brazos para besarme en la boca. Le admití el beso, pero notó mi falta de ganas.

- ¿Qué te pasa?

- Nada. ¿Por qué?

- Te noto desganado. Ayer me besabas con más entusiasmo.

- Bueno, será porque el polvo que echamos me pareció escaso. - aproveche para lanzarle una pullita.

- Jo, ya te dije que tenía la vagina estrecha, y tu un pollón de la ostia, jajaja. - intentó hacerme reír.

- Entonces, mejor lo dejamos. No quiero que esto vaya a más para quedarme a medias siempre.

- Pero te corriste. - me dijo simulando voz de pena. Seguía queriendo hacerme reír, pero me mantuve serio.

- Tan solo me supo a paja. Bueno, vamos a dejarlo. - corté en seco - ¿Puedes llevarme a casa de tu padre? Quería llevarme a ver la empresa y no quiero hacerle esperar.

- Vale, no te enfades. - continuó con voz de pena simulada – Pues mi madre pensaba que te quedarías a comer y ya lo había preparado.

- De acuerdooo. - arrastré las palabras a modo de resignación - Me quedo a comer y después me llevas. - dio unos saltitos como una niña contenta haciéndome ver que se alegraba.

Sacó unas cervezas y nos sentamos en la mesa del jardín a tomarlas. Dejé el móvil sobre la mesa y me preguntó

- ¿No te han llamado mis amigas? - volví a coger el móvil y lo miré.

- No tengo ninguna llamada perdida ni ningún WhatsApp.

- Pues a mi si me han llamado y me han dicho que estabas para comerte, jajaja. - me sonó a camelo.

- Pues nada, que me llamen y me lo digan ellas mismas. - sonreí falsamente.

- No creo que se atrevan a decírtelo, jajaja. - continuó con la risita.

- Pues entonces creo que nadie se comerá a nadie.

- Jo, que borde que eres. Les has caído muy bien y a lo mejor deberías tomar la iniciativa.

- Después de oír lo que cuentan de los tíos... no sé. - intenté suavizarme para no parecer tan borde.

- Bah, no les hagas caso. Les gusta alardear, pero en el fondo están deseando follar.

- ¿No serán de vagina estrecha? - no fui nada sutil.

- Joder, no seas gilipollas. - se enfadó y se produjo un corto silencio – Pues te diré una cosa, les he dicho que tenías una polla enorme y se han puesto como locas. Para que te enteres.

Su enfado aumentó y al final de la frase me soltó la coletilla, como para joderme. Veía que poniéndome así no iba a llegar a ninguna parte y cambié el tono y las formas.

- De acuerdo, Sonia. Creo que me he pasado. Ya les daré un toque. – hice una pausa – De hecho se lo voy a dar ya.

Cambió su cara de enfado y volvió a sonreír.

- ¿Y a cuál se lo vas a dar?

- No sé. Aconséjame. – sabía que eso la haría más feliz.

Colocó la silla al lado de la mía y los dos miramos al móvil.

- MJ es más bruta y Ruth es más refinada. Por lo menos cuando estamos en grupo. La verdad es que no sé cómo serán cuando están solas con un chico.

- Pues comenzaremos por MJ, a ver cómo responde por WhatsApp.

- ¡Vale! – contestó dando palmaditas.

+ Hola MJ. ¿Que tal estás? – esperamos la respuesta impacientes, bueno, más bien ella, porque a mí me daba casi igual. No tenía pensado sacar nada de esa conversación.

+ Hola Dani!!! – contestó mostrando entusiasmo. – Muy bien, y tú?

+ Bien. Aquí tumbado en la playa disfrutando del sol. – mi prima se rio.

+ Pues yo estoy en casa, mirando unos apuntes por puro aburrimiento. ¿No estás con Sonia?

+ No. Estoy solito en la playa, sin nadie que me dé crema en la espalda.

Sonia, que estaba súper atenta se volvió a reír poniéndose la mano en la boca. Esta vez tardó unos segundos más en contestar.

+ Que pena no estar allí. Te la podría dar yo.

- Jajaja – rio Sonia – Esto se pone interesante.

+ Pues yo estaría encantado de que me la dieses.

+ Podemos quedar un día en la playa, y te la doy.

- Jajaja. Está lanzada. ¡Sigue! – dio palmaditas Sonia.

+ Y… solo me darías crema? – la intenté picar.

Tardó más en contestar y noté cómo Sonia se ponía nerviosa.

- Parece que se está pensando la respuesta. – me dijo inquieta.

+ Bueno, te la podría chupar después de darte la crema.

- ¡Jajajaja! – soltó Sonia una carcajada echándose bruscamente hacia atrás, y yo también me reí.

- La verdad es que no me esperaba algo tan directo.

- Ya te he dicho que es muy bruta. A ver cómo le respondes a eso. – me dijo Sonia.

+ Eso me parece algo atrevido sin saber cómo la tengo.

- No está mal. – comentó Sonia al leerlo – Creo que eso la va a picar más.

+ Sonia me ha dicho que la tienes grande, pero no me fío de su criterio. A ella todas le parecen grandes, porque le gustan pequeñas, jajaja.

- ¡Será puta! – gritó Sonia con cara de ofendida – ¡Menuda bocazas está hecha!

Tuve que aguantarme la risa y calmarla.

- Relájate, prima. Tú esto no lo estás viendo y no puedes decirle nada. ¿Quieres que siga? o ¿prefieres que acabe?

Se mordió las uñas nerviosa.

- Sigue, a ver qué más cosas se le ocurren a la zorra esta.

- A mí se me está ocurriendo algo, pero necesitaré tu colaboración.

- ¿El qué? – preguntó con avidez.

- Enviarle una foto de la polla, pero erecta, claro.

Se le iluminó la cara con una sonrisa cabrona.

- ¡Joder! Que idea más buena. ¿Te vas a atrever?

- Es amiga tuya, no mía. Y una polla sin cara no me identifica.

Se quedó pensando un momento.

- Pero por ese motivo, puede pensar que no es la tuya.

Sonia llevaba un par de anillos en cada mano y se me ocurrió una idea.

- ¿Conoce esos anillos que llevas?

Se miró las manos como no entendiendo donde quería llegar.

- Supongo que sí. Bueno, este seguro que lo conoce. – dijo señalando uno que tenía una especie de serpiente labrada – Nos compramos las tres uno igual.

- Pues si sale tu mano con ese anillo agarrándome la polla, seguro que llega a la conclusión de que es la mía.

- Pero se supone que no estoy contigo.

- Les has dicho que me la has visto, ¿Verdad?

- Bueno… si. – dudó .

- ¿Y que más les has dicho? – me vino de perlas llegar hasta ese punto, porque ahora le podía sacar todo lo que les había contado.

- Pues… les conté que nos bañamos desnudos y que después nos fuimos a follar detrás de la casa.

- ¿A follar? – sonreí con cinismo.

- Bueno, para mí fue follar, aunque…

- Aunque… ¿qué?

- Lo que ha dicho MJ… es un poco verdad. No me gustan las pollas grandes, vamos, no es que no me gusten, porque si que disfruto teniéndolas entre las manos y dándoles unas lamidas, pero no me gusta que me las metan. Ellas lo saben, y no podía engañarlas, a si que les dije la verdad. Que me la habías metido un poquito y me había corrido.

Sonreí por dentro oyéndola. Había desembuchado sin necesidad de presionarla.

- Bueno, puedo decirle que la foto es de ayer. Que querías tener un recuerdo y que la hice para ti mientras me pajeabas.

- Joder, como le das a la cabeza, cabrón. Esa idea es infalible.

- El problema es que me la tendrás que poner tiesa ahora. – sonreí en plan cabrón, y se picó, que es lo que esperaba.

- ¿Crees que no soy capaz? – dijo en plan chulito – Anoche lo hice, y puedo volver a repetirlo. – Seguí sonriendo en plan cabrón.

- Espera que conteste, que MJ estará esperando.

+ Quieres verla? – esperamos expectantes los dos mirando el móvil.

+ Pensé que ya no querías seguir hablando.

+ Es que me han llamado y he estado hablando. – seguimos esperando.

+ ¿Y cómo piensas enseñármela? ¿Con una foto? Eso se puede trucar, incluso enviarme otra polla que no sea la tuya.

Sonia se rio pensando en el truco de la mano, pero a mí se me ocurrió otra idea mejor.

Sin mediar más palabras, metió la mano por encima del bañador y comenzó a sobarme la polla, que estaba totalmente en reposo.

- Pues si que la tienes arrugada, jajaja.

- Más trabajo para ti. – sonreí cínicamente.

- ¿Por qué no te bajas un poco el bañador? Así es bastante incómodo.

Me bajé el bañador lo suficiente para dejar libre la polla y los huevos. Ella llevaba una camiseta y un pantalón corto, y le sugerí otra opción para estimularme.

- Si te quitas algo de ropa, seguro que me sube antes. – me miró con cara traviesa.

- Vale. Me pondré el bikini. ¿Te parece bien?

- Perfecto. Mientras le daré un poco de conversación a MJ.

- Jajaja. ¿Sabes? Esto me está gustando, incluso me está poniendo calentita.

- A mí también. Nunca había hecho nada parecido.

- Yo tampoco, pero pensar en enviarle una foto a MJ haciéndote una paja, me pone cachonda, jajaja.

Se metió en la casa para cambiarse y me centré de nuevo con MJ.

+ ¿Y cómo podría convencerte de que es mi polla?

+ Con una foto de cuerpo entero.

+ Eso va a ser que no. No quiero andar circulando por las redes desnudo y que se vea quién soy.

+ Pues si no es así, va a ser difícil de que me lo crea, jajaja.

+ ¿Me enviarías tu a mí una foto desnuda en la que se te viese la cara?

+ Pues no.

+ ¿Y solo una parte de tu cuerpo?

+ Quizás. Jajaja.

+ Estoy pensando en otra cosa.

+ ¿En qué?

+ ¿Te parecería bien un video en el que Sonia me esté haciendo una paja?

+ ¡Joder! Eso sería la leche, pero ¿cómo lo vas a hacer?

+ Acaba de llegar, y tendría que convencerla.

+ ¡Joder, que fuerte! ¡Hazlo, hazlo!

+ Y tú, ¿qué me enviarás a cambio?

Tardó un poco en contestar.

+ Una foto de mis tetas.

+ Hemos quedado en que las fotos no valen. Además, las tetas te las puedo ver en la playa. Seguro que haces topless.

Otro lapsus de tiempo.

+ Vale, pues un vídeo.

+ Solo si la cámara baja hasta el centro de tus piernas.

+ Vale joder. Bajo de las tetas al coño, pero quiero ver un buen plano de la paja y que se vea que es ella.

+ No puedo sacarle la cara, pero seguro que conoces su mano por los anillos que lleva.

+ Hay uno que llevamos las tres. Los compramos juntas.

+ Entonces, ¿hay acuerdo?

+ Ok. Pues dame un poco de tiempo para convencerla.

+ Date prisa, que estoy calentita de cojones. – me reí.

Sonia salió con un bikini precioso, de color azul celeste. Se le notaban los pezones exageradamente, y los pequeños labios vaginales se le marcaban con claridad. La parte de abajo era tipo tanga, y su culito desnudo me pareció precioso a plena luz del día.

- ¿Qué te parece? – me preguntó poniendo poses y movimientos insinuantes.

- Ummm… creo que te comería esos pezones como aperitivo con la cerveza.

Se bajó un poco el bikini y me los mostró con una sonrisa pícara. Se inclinó hasta mi cabeza y me puso uno sobre los labios. Pasé la lengua por la turgente carne y le di una buena chupada. “¡Dios, que pezones!” Exclamé en mi cabeza.

- Ufff… me encanta que me los chupes.

- Pues a mí se me pone tiesa chupándotelos.

- Jajaja, que facilón que eres.

Realmente, la polla comenzaba a enderezarse, y se sentó de nuevo a mi lado para agarrarla con la mano.

- Esto va a ser fácil, jajaja.

- Bueno, se ha complicado un poco.

- ¿Por qué?

- Se me ha ido la mano y le he dicho que le enviaría un vídeo.

- ¿Un vídeo? – repitió con un gesto poco aprobatorio.

- Me ha dicho que una foto era fácil de trucar, pero solo se verá tu mano, como habíamos pensado para la foto.

Volvió a quedarse pensativa.

- Pero yo no les he dicho nada de que nos hiciésemos fotos, y menos vídeos.

- Eso ya lo he pensado. Le he dicho que acababas de llegar y que te tenia que convencer para que me hicieses una paja y grabarla.

Se quedó mirándome, como si no lo entendiera.

- La gracia está en que ella cree que tú no lo sabes. Me he dado cuenta que eso la pone más cachonda.

Fue cambiando la cara hasta acabar riéndose.

- Jajaja, eres más cabrón que yo. Me gusta la idea. Eso la pondrá como una perra y seguro que se meterá los dos hasta las tripas, jajaja.

Se bajó de nuevo el bikini para ponerme las tetas en la cara y comenzó a masajear la polla.

- Esto te la pondrá dura antes. – me susurró restregándomelas por la boca.

Comencé a chupárselas mientras sentía su mano tocándome la polla y los huevos, y al momento la erección era notoria. El capullo se salía de la piel que lo protegía y se alzaba majestuoso como una bandera en lo más alto de la torre.

Me retiró las tetas de la cara y coloqué el teléfono para grabar primeros planos. Yo me había calentado, por supuesto, pero Sonia también. Podía ver cómo me miraba la polla con deseo, y aunque no se atrevía a dejarme que se la metiera, sus ojos brillantes y atentos me decían que lo deseaba.

Hice tres vídeos cortos, en tres posiciones diferentes, mostrando el tamaño y la robustez de mi polla rodeada con los dedos de mi prima haciendo que la piel subiera y bajara lentamente.

- A ver. Déjame que los vea antes de enviárselos. – me dijo con entusiasmo.

- Ufff, se va a morir de envidia. – dijo al verlos.

- ¿Tú crees? – la sonreí como diciendo “¿tan solo con esto?”

Me miró escondiendo algo de vergüenza en sus ojos.

- No es todo como a veces queremos parecer o demostrar. Aunque ayer las vieras desmelenadas, como si se fuesen a comer el mundo hablado de tíos y de follar, la realidad es que follamos poco. En el fondo están algo frustradas porque no las echan un buen polvo, por eso ponen a parir a los tíos. Se que estos videos le van a dar envidia a MJ. Eres un chico guapo y estás muy bien, y cuando vea como tengo tu polla entre mis manos te aseguro que se hará una buena paja, o quizás dos, jajaja. – intentó reírse al final.

- Y tú, ¿también estás frustrada?

Agachó la cabeza.

- Un poco. – hizo una pausa – Ayer me apetecía mucho que me la metieras hasta el fondo, pero…

- ¿Pero qué?

- Siempre me echo atrás a la hora de la verdad, y los chicos no repiten. Es un temor absurdo, porque se que eso se abre lo que sea necesario, pero no lo puedo evitar.

Pasé de vacilarla a consolarla, pues me dio un poco de pena.

- No te preocupes, supongo que en algún momento vencerás esos miedos y te lo pasarás genial.

Se agarró a mi cuello y me besó profundamente. Fue un beso diferente, en el que había deseo, pero también agradecimiento.

- Gracias primo. Eres muy comprensivo. – me dijo casi con lágrimas en los ojos – Se que a veces soy un poco borde, pero…

- Nada de peros. – la corté porque temía que acabase llorando – Ahora vamos a divertirnos un poco. Voy a mandarle los vídeos a MJ, a ver qué dice.

Intentó sonreír restregándose los ojos con la mano.

- Vale. Seguro que te suelta cualquier burrada. – intentó reírse.

Envié los vídeos y esperamos la respuesta, pero en ese momento oímos ruido en la casa y me subí bañador arrebatadamente mientras Sonia había lo mismo con su bikini.

- Hola chicos. ¿Qué hacéis? – preguntó mi tía apareciendo por la puerta.

- Tomando una cerveza. – contestó Sonia con rapidez.

- ¿Qué tal el paseo por la playa, Danielito? – Sonia soltó una carcajada.

- Mamá, que ya no es un niño. Llámale Daniel, o Dani.

- No pasa nada tía. Creo que me gusta que me sigas llamando así. Me da la sensación de que no pasan los años. – los tres reímos.

- El paseo muy bien. La verdad es que tenéis una playa estupenda.

- Puedes quedarte en casa el tiempo que quieras. En casa de Ramón no tienes la playa tan cerca. – dijo mi tía.

- Gracias tía. Lo tendré en cuenta.

- Lo digo de verdad. – insistió mi tía – Para nosotras no es ninguna molestia. Todo lo contrario, estamos encantadas de que estés aquí. ¿Verdad, Sonia? – a la vez me pasaba un brazo sobre los hombros y se inclinaba para darme un par de besos sonoros en la mejilla.

- ¡Claro mamá! – exclamó Sonia dándome otro sonoro beso en la otra mejilla.

Los tres reímos, aunque yo me puse algo colorado.

- Joder, me vais a poner colorado. – dije sin zafarme de sus besos. Y las dos rieron de nuevo volviéndome a besar de forma sonora y graciosa.

- Voy a preparar la comida. – dijo finalmente mi tía metiéndose en la casa.

- Te has puesto colorado, ¡eh! – comentó Sonia volviendo a su cara traviesa.

- Joder, es que me habéis abrumado. – soltó una carcajada.

- Vamos a ver si ha contestado MJ. He oído dos notificaciones. – dijo dándome el móvil que había dejado sobre la mesa.

Lo abrí y había dos mensajes.

+ Joder, pues llevaba razón Sonia.

+ Se ve su mano muy pequeña al lado de tu polla, jajaja.

Los dos reímos bajito para que mi tía no nos oyera.

+ Ahora te toca a ti. – le respondí.

- ¿Qué le toca a ella? – preguntó Sonia sorprendida al leerlo.

- Le he pedido que a cambio me enviara un vídeo de un desnudo de su cuerpo.

- ¿Y ha accedido? – se sorprendió de nuevo.

- En principio, si.

- ¡Joder! Pues que yo sepa nunca ha hecho eso.

- Pues ahora veremos si lo cumple.

- Jajaja. ¡Me está encantando esto! – dijo dando palmaditas y dándome un beso rápido en los labios.

- ¡Para tía! Nos acabará viendo tu madre.

- ¡Joder! Es que estoy nerviosa, jijiji.

Al momento llegó otro mensaje. Era el vídeo prometido. La primera imagen era de su cuello y el inicio de las tetas. La cámara fue bajando lentamente hasta que aparecieron las tetas completas en un primer plano absorbente. “¡Dios, que tetas!” Exclamé en mi cabeza intentando no hacer ningún gesto con la cara.

- ¡Joder! La muy zorra lo ha hecho. – exclamó Sonia con la vista fija en la pantalla.

Tenía unas tetas impresionantes. Grandes, redonditas y elevadas. Dos pequeñas aureolas de color más oscuro que su piel, rodeaban los dos gruesos pezones, que vibraron cuando les dio unos pequeños toques con los dedos.

La cámara siguió bajando por el vientre hasta llegar al pubis y los ojos se me abrieron al ver la pequeña mata de vello que lo cubría.

- ¡Será guarra! Te va a enseñar hasta el coño. – dijo Sonia llevándose la mano a la boca.

- ¿No se depila? – pregunté sorprendido.

- Jajaja. Según ella, a los tíos os gusta más así. – me miró a la cara - ¿Es verdad?

- Jajaja. – ahora reí yo – Es diferente, pero me gustan más los depilados para comérmelos sin pelos.

- Jajajaja – Ahora la carcajada de Sonia fue más sonora.

El vídeo continuó, y vimos cómo se abría el chochete con los dedos.

- ¡Madre mía! ¡Qué zorrón está hecha! – clamó Sonia en voz alta.

Calla, que te va a oír tu madre. – repliqué riéndome.

Había llegado otro mensaje y cerré el video para abrirlo.

+ ¿Te gusta?

Miré a Sonia como diciendo, ¿qué le digo?

Me agarró por el cuello y me besó de nuevo.

- Joder, que caliente me ha puesto esto.

- ¡Para, Sonia! – la increpé – Que nos va a acabar viendo tu madre. – le repetí de nuevo.

- ¡Dios! Es que tengo un calentón tremendo.

- Yo también. Mira mi bañador. – le dije señalando con la vista el bulto que tenía.

Me miró con ojos chispeantes unos segundos que se me hicieron larguísimos.

- ¡Quiero que me la metas!

- Anda, déjate de historias, que tengo que contestar a MJ.

- No, lo digo de verdad. – me dijo seria.

- Y qué quieres, ¿que nos pongamos a follar aquí mismo? – le dije medio riendo.

- No, claro que no. Pero he decidido que quiero que follemos de verdad y sentir tu polla bien dentro.

La miré casi sin creérmelo, y la di largas para cerrar la conversación.

- De cuerdo. Ya buscaremos el momento. Ahora tengo que contestar a MJ.

- ¡Dile que la vas a reventar! – contestó con desgarro.

- No le diré algo que no vaya a hacer. Es tu amiga, y no quiero que haya malos rollos entre vosotras.

- Tranquilo, no me voy a mosquear porque te la folles, jajaja.

- ¿Crees que le enseñará los vídeos a Ruth?

- No te quepa la menor duda, jajaja. – volvió a reírse – Y si no le escribes a Ruth, lo hará ella en el momento que vea los vídeos.

- ¿Me estás diciendo que tendré que follar con las dos?

- Solo si tú quieres. ¿Te da miedo? – me dijo desafiante.

- Miedo, ninguno. Lo decía por ti.

- Por mi no tengas problemas. No es la primera vez que compartimos un chico.

- Vale, pues le contestaré, pero de forma más suave que tu proposición, jejeje.

+ Tienes un cuerpo delicioso, por lo menos en vídeo.

+ Puedes comprobarlo al natural… si quieres.

+ Estaría encantado.

+ Pues dime cuando quedamos. – contestó de inmediato.

+ Ya hablaremos.

+ Espero que sea pronto – respondió, y a continuación me envió la foto de una de sus tetas apretándosela con una mano, como si fuera a sacar leche del pezón.

- ¡Dios, que zorra es! Jajaja. – exclamó Sonia al ver la foto.

- Pues ya está. – dije yo – Y tú eres la que has empezado todo esto.

- ¿Es que te arrepientes?

- No, para nada.

- Pues ahora escribe a Ruth.

- De eso nada. No quiero llenar la agenda el primer día.

Sonia soltó una carcajada y yo la acompañé con otra.

Mi tía nos llamó para comer y lo dejamos. Los dos estábamos en bañador, y tan solo nos cubrimos con unas camisetas para comer.

Cuando terminamos, Sonia quería que me echara la siesta con ella, pero me negué. Aunque me había dicho que quería que se la metiese entera, no me lo había creído, y no quería otra paja contra su chochete.

Finalmente me llevó a casa de mi tío a eso de las cuatro de la tarde.

- Vaya, pues si que te ha absorbido Sonia. – me dijo nada más llegar.

- La verdad es que es muy absorbente, pero lo hemos pasado bien. Me ha presentado a sus amigas y nos hemos bañado en la playa de noche, que nunca lo había hecho.

- Jajaja. Sonia es un trasto. Cómo te dejes arrastrar por ella te va a volver loco.

- Jajaja. – reí algo forzado – Por eso he vuelto. – mi tío soltó una carcajada, pues le hizo gracia mi respuesta.

- Pues bienvenido al refugio. – contestó en plan broma – Ahora tengo que irme con Raquel, pero vuelvo luego y te llevo a ver la empresa.

No había visto ni a Raquel ni a Palmira, y me fui hasta la cocina para prepararme un café. Estando preparándolo hoy a mi tío hablar en el salón.

- Volveremos sobre las seis y media, Palmira.

- Vale Ramón. – contestó Palmira.

Se hizo de nuevo el silencio y me serví el café. Salí hasta el salón y me encontré de frente con Palmira. Iba con una batita fina de verano mostrando gran parte de sus piernas y sus grandes tetas reventándole los botones.

- Hola Dani. Ya me ha dicho tu tío que habías vuelto.

- Pues si. Ayer tuve una tarde ajetreada y la mañana de hoy también lo ha sido. Me apetecía tomar un café y disfrutar del maravilloso jardín que tenéis.

- Claro. Me tomaré uno contigo.

Se preparó uno y salimos al jardín para sentarnos juntos a la mesa redonda pintada de blanco.

- Pensé que anoche charlaríamos un rato, para conocernos. – me dijo con una sonrisa insinuante, y sonreí casi de la misma forma.

- ¿Hubieras ido a mi habitación si hubiese tocado con los nudillos en la pared? – le pregunté recordando nuestra corta conversación.

- Pues claro. Tú habitación es la mas alejada de la de Ramón y Raquel. Aunque hubiésemos hablado en alto no nos oirían, jijiji. – se colocó el escote de la bata coquetamente. Estaba claro que quería que le mirase las tetas, y lo hice con descaro.

- ¿Te sientes muy sola por las noches?

Me sentía eufórico después de todo lo que me había ocurrido en tan poco tiempo y con una confianza en mi mismo arrolladora. Palmira me pareció provocadora desde el primer momento, y no dudé en lanzarme directo, sin rodeos.

- Algunas. – sonrió de esa forma provocadora – Sobre todo cuando les oigo retozar en la cama.

Yo estaba siendo directo, pero ella aún más.

- ¿Te pone caliente oírlos?

- Un poquito, jijiji.

Estaba sentada a metro y medio de mi, con las piernas cruzadas mostrándome sus tremendos muslos. Se los miré con descaro y me toqué la polla por encima del pantalón para que lo viese, recordando la conversación de mi tío con ella. “Te doy mi permiso para que le quites la calentura”.

- Que pena no estar en tu habitación para oírlos.

- Si quieres te aviso para que vayas cuando retocen. – replicó con voz insinuante.

- Sería un problema.

- ¿Por qué?

- Tendría que masturbarme si me pongo cachondo escuchando.

- Jajaja. – rio a carcajadas provocando que sus tetas bailasen – Eso no sería ningún problema. Yo lo he hecho alguna vez. – puso tono pícaro en la última frase.

- Pero estabas sola. Yo tendría que hacerlo delante de ti.

Me miró fijamente, sin perder esa sonrisa insinuante e inclinó su cuerpo lentamente hacia mi.

- O te lo podría hacer yo. – arrastró las palabras guiñándome un ojo.

Desde que vi a mi tío metiéndola mano, supe que también se la follaba, aunque lo haría poco teniendo a su disposición al pibón de la hija. Pensé que estaba más falta de sexo que yo. Me volví a tocar el pantalón con descaro y miró mi mano con ojos golosos, y acercó la silla a la mía. Abrí un poco las piernas y retiré las manos. Los dos teníamos claro lo que iba a pasar sin necesidad de palabras.

Alargó una mano y la pasó sobre mi pantalón. Sus grandes tetas se descolgaban a pocos centímetros de mis ojos y levanté una mano para tocárselas. La sensación fue deliciosa al sentir toda esa carne blanda entre mis dedos.

Alargó la otra mano y me desabrochó el botón del pantalón. A su vez, yo introduje la mía entre la bata y se desabroché el botón que sujetaba la tela que presionaba. Parte de las tetas quedaron desnudas, y desabroché el otro botón con rapidez para descubrirlas por completo. Un pequeño sujetador de color verde claro con transparencias las intentaba sujetar con poco éxito. Los gruesos y oscuros pezones se apretaban contra la fina tela intentando rasgarla.

- Ayer vi cómo te las manoseaba mi tío. – le solté con la boca muy cerca de su oreja, pero ni se inmutó.

- Tu tío es muy caprichoso, y a veces le gusta cambiar de hembra.

Bajó la cremallera del pantalón y metió la mano con decisión. Mi polla ya estaba enderezándose y agarró el tronco medio endurecido sacándola fuera con una facilidad pasmosa. Se quedó mirándola poniendo la boca en forma de “O”.

- ¡Vaya sorpresa! – exclamó al cabo de unos segundos.

Subió y bajó la piel lentamente y al instante, mi polla se erguía dura y majestuosa. Se pasó la lengua por los labios lascivamente y dejó de mirarla para mirarme a mi.

- Menuda joya tienes aquí, niño. Tú tío la tiene grande, pero tú le superas con creces.

Se inclinó y dio una suculenta lamida alrededor del endurecido capullo. Volvió a incorporarse y me besó en los labios con una lascivia absoluta.

- ¿Por qué no nos ponemos más cómodos?

- ¿Qué sugieres? – le pregunté subidito.

- Podemos ir a mi habitación y deshacernos de algo de ropa.

Asentí con un gesto medio gracioso, como diciendo, “me mola, tía”. Subimos a su habitación y se quitó la bata quedándose en ropa interior. Su cuerpo era súper sensual con unas tetas grandiosas y un culo tremendo. El tanga era de risa, pues apenas le tapaba… nada. Su culazo era como dos sandias apretadas con una raja inmensa entre ellas, y por delante se le salía una melena de pelo negro y rizado entre la escasa tela, pero formando un triángulo perfecto.

Yo ya me había quitado la camiseta y tiraba de los pantalones y los calzoncillos hacia abajo arrebatadamente con la vista fijada en ese cuerpo. Me quedé totalmente desnudo mientras ella se contoneaba sinuosamente mostrándome todas sus curvas. Se levantó las tetas con las manos a la vez que se las apretaba. Después se dio la vuelta y se movió con rapidez haciendo que los glúteos vibraran. Los abrió para mostrarme la tira del tanga, y los soltó haciendo que votasen entre ellos.

“Joder, esta si que sabe poner a un tío cachondo” Pensé mientras me pajeaba con suavidad mirando cada uno de sus movimientos. “No me extraña que Ramón se la folle de vez en cuando”

Se quitó el sujetador y sus tetas se descolgaron desnudas. Unas grandes aureolas rodeaban los tremendos pezones que se estiraban majestuosos del centro de las tetas. Después tiró de la tira del tanga hacia abajo hasta dejarlo caer al suelo. Puso las manos sobre los muslos con los dedos abiertos y las subió lentamente ente ellos pasando por las ingles y continuando por el vientre hasta llegar a las tetas. Las elevó hasta llevar una de ellas a su boca y darle una lamida al grueso pezón.

Lo que estaba haciendo me parecía maravilloso y tremendamente excitante. Creo que si hubiese seguido me podía haber corrido sin ni siquiera tocarla. Se acercó hasta mí y me agarró la endurecida polla con una mano mientras lamía mi cara y mis labios con su ávida y carnosa lengua. Bajó lamiéndome el cuello y después el pecho hasta llegar a la polla.

Se quedó en cuclillas con una agilidad increíble, y comencé a ver y sentir su lengua lamiendo mi capullo. Abrió la boca y avanzó con sus gruesos labios hasta comerse el duro glande. Mi cuerpo convulsionó al notar varias succiones.

Avanzó por el venoso tronco con los labios ligeramente apretados y sentí otro subidón. Me di cuenta de que no tenía ningún problema con el tamaño de mi polla. Pensé que sería capaz de tragársela entera. “Cuantas pollas se habrá comido esta” Pensé mientras se tragaba el rabo hasta la mitad con una facilidad increíble.

Volvió hacia atrás con los labios ligeramente apretados hasta sacársela entera, viendo cómo mi polla daba un fuere latido cuando saltó de su boca.

Dio varias chupadas llegando a la mitad, y cuando pensé que me iba a correr en segundos, se la sacó de la boca para bajar a los huevos y succionarlos como si fuera una aspiradora. Mi cuerpo convulsionó de nuevo, pero con esa maniobra, había evitado que me corriera.

“¡Madre mía! Lo que sabe está zorra” Pensé mientras sentía cómo las piernas me fallaban.

Se elevó y me llevó hasta la cama haciendo que me tumbarse boca arriba. Mi cuerpo parecía el casco de un velero, y mi polla el mástil elevándose majestuoso en el centro.

Se colocó en la parte de mis pies y comenzó a lamerme los dedos. Nunca me lo habían hecho, pero fue una sensación deliciosa. Fue subiendo lamiendo mis piernas a la vez que restregaba sus hermosas tetas contra ellas. Me lamió las ingles, otra sensación excitante. Pasó de largo la polla, pero la abrazó con las tetas agarrándoselas con las manos mientras me lamía el vientre y el pecho.

Estaba que me salía, pero la muy zorra sabía cómo hacerlo para mantenerme en ese punto que parece que te vas a correr, pero no lo haces.

Siguió subiendo, sin dejar de lamer, hasta llegar a mi cara. Sentí su aliento, su lengua húmeda y caliente, y su jugosa saliva embadurnándome.

Subió más, hasta agarrarse al cabecero de la cama, y elevando su cuerpo me puso la maraña de pelo a la altura de la boca. Se movió sobre ella rozándome con el vello, y mis narices se impregnaron con el fuerte olor de su coño.

Estaba alucinando, flotando en una nube de placer interminable, y volvió a bajar lamiéndome hasta llegar a la polla. Otras lamidas interminables hasta que la engulló. Avanzó de nuevo con los labios ligeramente apretados, pero está vez se introdujo más de la mitad. Mi cuerpo convulsionó de nuevo

- Me voy a correr… - jadeé con el corazón latiendo como un tambor aporreado.

- Lo sé. – me susurró desde abajo sacándosela de la boca – Hazlo y disfruta.

Volvió a engullirla y le dio unas chupadas tremendas tragándosela casi entera. Mi cuerpo tembló, convulsionó como si me dieran calambrazos y la verga comenzó a soltar semen.

No paró, siguió chupando y tragando cada manguerazo que soltaba. Noté cómo sus manos aferraban mi culo a la vez que chupaba como si fuese un jugoso néctar.

Cuando solté el último chorretón de leche, dejé de temblar con la respiración completamente agitada, pero siguió chupando lentamente unos segundos más.

Cuando se la sacó de la boca brillaba como si la hubiesen limpiado con un abrillantador. Se limpió los labios con el dorso de la mano y me miró con una sonrisa traviesa.

- ¡Joder! Ha sido… ha sido…

- Lo sé. – me cortó al ver que no me salían las palabras – Me gusta comerme una buena polla, y la tuya es de las mejores que me he tragado. – me dijo de forma lasciva.

- Y… ¿tú? – le pregunté viendo cómo la polla se amorcillaba.

- Otro día me la meterás bien metida. Vamos a tener muchos días. – sonrió.

Reptó por mi cuerpo y me besó suavemente introduciendo en mi boca el sabor a semen.

- Esto ha sido para que veas lo que soy capaz de hacer, y tan solo ha sido un aperitivo.

Después de que el corazón se me tranquilizarse, me fui de la habitación. Me di una ducha relajante y me tumbé en la cama para volver a disfrutar con el pensamiento. “¡Dios! Y la tendré todas las noches en la habitación de al lado” Pensé con una sonrisa de oreja a oreja.