July 2

Javier nos ayuda  6

rom19

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Capítulo 6

Me levanté un poco después que ella se durmiera, me vestí de forma informal y me fui al salón con el móvil para ver los correos y todas las notificaciones que eran muchas.

-Hola Diego -me sorprendió Javier pues creí que estaría en su habitación.

-Hola Javier, Ana se ha quedado dormida y venía a sentarme un rato aquí al salón.

-¿Cómo estáis? -me dijo algo preocupado-, creo que antes me pasé un poco y te pido perdón por ello, no volverá a pasar

-Yo estoy bien, Ana estaba un poco agobiada y preferí llevármela para que se relajara. Eso es todo.

-Ya, en cuanto la vea le pediré disculpas, la verdad es que es una gran mujer y yo un gilipollas.

-Joder no te culpes más, ya lo he hablado con ella y simplemente ha sido algo para lo que no está preparada, dale tiempo y ya veremos como se suelta un poco más.

-¿Tú no te has agobiado verdad? -me dijo, cuando en realidad me estaba preguntando si yo estaba de acuerdo con aquel juego y hasta donde llegaría a dejarle hacer.

-No me he agobiado, pero no sé hasta donde puedo llegar sin que me agobie. Solo te digo que cualquier avance se tiene que hacer en mi presencia, de otra manera lo consideraría una grave traición.

-No te preocupes que jamás haré algo que te incomode lo más mínimo, solo te lo decía porque creí que estabas de acuerdo en lo que le pedía a Ana.

-Sí, ya te digo, puedes seguir con tus avances pero muy poco a poco y siempre que los dos te dejemos avanzar. Que te pare en algún momento no quiere decir que no puedas volver a intentarlo más tarde si las condiciones son más propicias, ya sabes.

-Claro, ¿Bueno pues que hacemos esta noche?

-No sé, a ver que nos dice Ana cuando se levante, donde prefiere cenar y si sigue con ganas de ir a la disco.

-Sí, mejor que decida ella -me respondió.

-Otra cosa Javier, ¿Piensas traerte tus ligues aquí?

-Solo si me lo autorizáis, puede que alguna vez traiga una chica, si no lo veis conveniente me iré a un hotel.

-Mira por nosotros no te cortes, cuando quieras traerte una chica, lo puedes hacer siempre que no sea un desmadre, vengáis muy bebidos, o sea demasiado frecuente.

-Entiendo lo que quieres decir y no te preocupes que eso no va a pasar. Si traigo una chica será para pasar la noche con ella y ya está.

Quedamos los dos en silencio un buen rato mientras mirábamos el contenido de nuestros móviles.

-¿Diego se podría poner otra puerta en la entrada de tu dormitorio? Es posible que necesitemos una ducha después de echar un polvo, pero no podemos entrar si vosotros estáis durmiendo.

-Lo comentamos con Ana luego. A mí me parece razonable.

-Por supuesto los gastos correrían por mi cuenta -me propuso.

-Ok, gracias.

Terminé con el móvil y me fui a la terraza a darle un poco a los pedales. Allí estuve un buen rato escuchando la música con mis auriculares, hasta que sentí la voz de Ana que me llamaba. Me liberé de ellos porque no oía lo que me decía.

-¿Perdona qué me decías? -le pregunté.

-Que te vengas al salón que vas a coger frío en la terraza.

La verdad es que estaba anocheciendo y se había levantado un aire muy frío, aunque yo sudaba un poco con tanto pedaleo.

-Vale, voy.

Entré al salón y ellos estaban sentados en el sofá riéndose.

-Vaya siesta que has echado.

-Estaba muy cansada porque anoche dormí muy poco con los nervios por lo del alquiler de la habitación y todo eso.

-Ana antes de nada quiero pedirte disculpas porque creo que me he pasado tres pueblos contigo. Ya me he disculpado con Diego y os prometo que eso no va a ocurrir nunca más.

-Bueno pero tampoco me has forzado a que te enseñara el sujetador, no creo que tenga ninguna importancia.

-No te he forzado pero ha llegado un momento en que te has sentido incómoda con mis peticiones.

-Sí, me he sentido un poco agobiada porque nunca he hecho una cosa así, pero no pasa nada. Si quieres te lo enseño otra vez, para que veas que ya no me agobio y te quedas más tranquilo, ¿Te importa cielo? -me preguntó con una mirada algo pícara.

-Si es por tranquilizarle no me importa -le respondí.

Entonces ella se incorporó un poco en el sofá y cogiendo su camiseta por los bordes, la subió hasta sobrepasar su sujetador. Aquello era para morirse, el sujetador ya no era el mismo, este era rojo y tenía encajes en los bordes que le hacían un pecho precioso, sus pezones otra vez estaban durísimos y muy cerca de esos encajes, las areolas sí que lo sobrepasaban. Después de unos segundos dejo caer nuevamente la camiseta y nos miró con una gran sonrisa.

-¿Veis? Ni estoy agobiada, ni me habéis forzado a nada. En la playa podéis verme en topless y tampoco me agobio.

-Ufff... Ana ahora el agobiado soy yo -nos dijo mientras ponía sus manos encima de su paquete justo al lado de mi novia.

Nosotros dos soltamos una risitas.

-¿Qué te ha parecido? -le requirió ella.

-No sé, si te digo la verdad con la sorpresa no he tenido tiempo de fijarme apenas.

-Quítate la camiseta y le dejas que lo vea bien el rato que quiera -le dije.

-¿Tú también quieres que me la quite?

-Solo si tú te sientes bien y porque Diego te lo ha pedido.

-Quítamela tú -le dijo poniendo sus brazos en alto y él no se hizo de rogar ni un segundo.

-¿Lo ves bien ahora? -le dijo ella acercándose algo más a él.

El seguía con la camiseta en la mano derecha, por lo que su paquetón ya no estaba tapado. Mi novia lo podía apreciar con toda claridad por lo juntos que estaban sentados.

-Perfecto -le respondió-, lo veo perfecto, tienes unos pechos preciosos y las areolas muy bonitas.

-¿Sí? -dijo ella mientras levantaba un poco los encajes que cubrían parte de las mismas mostrando casi los propios pezones-, ¿También te gustan?

-Claro -dijo Javier tragando saliva, como lo delataba su nuez que subía y bajaba. Al mismo tiempo mostraba una tienda de campaña donde se podía apreciar su glande redondeado en la punta del pantalón. El cabrón estaba bien armado.

Ella seguía con los encajes levantados por sus manos y en un momento los levantó un poco más durante un par de segundos, lo suficiente para que él pudiera ver de refilón los pezones.

-Joder Ana, me estás poniendo muy malito.

-Ya lo veo, ¿Te crees que no lo he visto? Anda ponme la camiseta y vete a darte una ducha fría a ver si se te baja eso -le dijo con una sonrisa.

-Me parece que voy a tener que tomar medidas más drásticas, -dijo él con otra sonrisa mientras le volvía a poner la camiseta.

-Qué desperdicio, igual en la discoteca te ligas una chica.

-La verdad no quiero ligar con una chica. Ahora no me apetece ninguna chica, bueno me voy a la ducha.

-Espera ahora te toca.

-¿Qué? -preguntó como si no se hubiera enterado.

-Pues te bajas el pantalón y nos muestras tus atributos con el bóxer puesto, igual que he hecho yo con los míos.

Javier me miró como pidiéndome permiso y asentí con la cabeza, luego se puso delante de Ana para aflojarse el cinturón del pantalón, bajarse la cremallera y dejarlos caer al suelo quedándose solo con el bóxer y aquel capullo que ahora sí marcaba perfectamente un gran empalme.

Él se metió la mano dentro del bóxer y agarrando la polla la puso mirando hacia arriba. Luego la soltó, quedando parte del glande sobresaliendo por la cinturilla. Después, con las dos manos apretó un poco el bóxer en los dos lados de su polla, quedando totalmente dibujado el pollón que gastaba el cabrón.

Ella no perdía puntada y hasta se incorporó un poco más para ver lo que sobresalía por arriba.

-Baja un poco más la cinturilla -le pidió y él la bajó mostrando casi la polla entera-, vale, vale ya te puedes duchar.

Ahora estaba arrebolada pero no de agobio, sino de morbo y placer. Él no se iba, seguía allí mostrando aquella polla unos centímetros más larga que la mía y algo más gruesa también con un glande muy alargado como si fuera una prolongación del tronco.

-Si Diego lo permite lo puedes tocar.

Ella me miró con la cara llena de lujuria y yo asentí. Se volvió a girar hacia él y elevó su mano derecha para agarrarlo por el tronco y allí estuvo unos segundos mientras le pajeaba muy despacio, luego lo soltó y se echó más hacia mi lado sin dejar de mirar aquella polla.

Javier comprendió que aquello se había terminado, se subió los pantalones y se fue a su cuarto.

-Con vuestro permiso me voy a duchar.