Javier nos Ayuda 7
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Pareja que incorpora un inquilino para solucionar problemas económicos.
Nos quedamos solos en el salón los dos muy juntos en el sofá y la abracé desde atrás apoyándola en mi pecho.
-Vaya escenita de puta que te has marcado.
-Ya te falta poco para que te folle Javier.
-De eso nada, de ahí no vamos a pasar a ver si te crees que soy una cualquiera.
-Se dice una puta cualquiera golfa, que le acabas de coger la polla al cabrón ese.
-Porque tú querías que la cogiera, la próxima vez se la coges tú.
-¿Yo? Yo soy muy macho para eso.
-¿Seguro? Acabo de notar algo muy duro ahí detrás.
-Me estás poniendo hecho un berraco zorra.
-¿Por mi culpa o por culpa de la polla de Javier?
-Por las dos cabrona, me estáis poniendo a mil.
-Pues tranquilízate un poco “macho”, que desde que lo conocimos ya me has pegado dos polvos cornudito mío.
-Como me sigas diciendo cornudo te voy a follar aquí mismo.
-No te follo ya porque tenemos visita y nos tenemos que comportar, si no te ibas a enterar lo que es un polvo de verdad.
-Anda, anda que estás más caliente que los palillos de un churrero -me dijo separándose para quedar sentada a mi lado.
-Serás cabrona... me podrías hacer una mamada, no creo que Javier venga ahora al salón.
Para llevarme la contraria se escuchó abrirse la puerta del baño y Javier se asomó al salón.
-Perdonadme pero he tenido que utilizar vuestro gel, champú y el body milk, nunca llevo porque siempre cojo el del hotel, el próximo día lo traeré.
Venía con una toalla nuestra anudada a la cintura y el torso al aire. El poco vello de su pecho se iba haciendo más estrecho, hasta perderse bajo la toalla.
-¿Te has echado el perfume de ella? -le pregunté.
Echamos unas risitas los tres.
-Pues no creas que porque he estado a punto, me hubiera tenido que duchar después otra vez.
-Pues que sepas que huele muy bien.
-Bueno qué hacemos ahora, ¿Cenamos fuera o pedimos algo? -dijo él.
-Te vas a resfriar así -le dijo mi novia-, mejor te viste y lo hablamos.
-Que va, no tengo nada de frío -y se vino a sentarse al otro lado de ella.
-Nos encanta -le respondí-, espera que tenemos aquí un folleto para pedir.
Me acerqué a la cómoda y cogí el folleto de un cajón.
-Mira a ver que te gusta -le di el folleto y me senté otra vez al lado de Ana.
-Me gusta casi todo, así que pedirme lo mismo que a vosotros. Luego vamos a la disco, ¿No?
-Sí, claro -dijo ella-, oye que tienes aquí y le hizo girar el hombro un poco donde aparecía un pequeño moratón.
-¿Tengo algo? Es que hace dos días me dí contra el pico de un mueble mientras me ponía de pie.
Ella le masajeó la zona con la palma de la mano.
-Sana, sana, curita de rana -le dijo dándole un breve pico en la moradura.
-Seguro que ya estará sanado para siempre, mira a ver si tengo alguno más -y se giró para mostrarle toda la espalda.
-Ahí no, como no lo tengas en el culo -le respondió ella y nos reímos los tres.
-¿Lo quieres inspeccionar por si acaso? -dijo él poniéndose de pie y quedando de espalda a nosotros mientra no parábamos de reír.
Ella le soltó una nalgada muy fuerte.
-Ayyy... serás mala, seguro que ahora sí tengo algún daño ahí -se quejó mientras deshizo el nudo y la toalla se giró para quedar sujeta por una mano quedando su culo desnudo ante nosotros.
-No tienes nada guarro, anda tápate otra vez que te vas a resfriar -le dijo Ana.
El se giró hacia nosotros mostrándonos una polla morcillona doblada sobre unos grandes huevos totalmente depilados. Después se volvió a poner la toalla cogida con una mano por delante sin cerrar del todo dejando ver parte de sus genitales, por último se volvió a sentar de nuevo.
-Has visto al tío éste -dijo mirándome-, debe ser exhibicionista o algo así.
-Tampoco te vas a asustar con la de veces que hemos ido a playas nudistas, -le respondí.
-Sí, pero las personas decentes no enseñan esas cosas en un salón de su casa.
-Pues podemos hacer como si los tres estuviésemos en una playa nudista -dijo Javier.
-Anda, anda, tápate eso que no haces más que provocar mamoncete, -le requirió ella.
-Vale, me voy a vestir -dijo levantándose totalmente desnudo-, te devuelvo la toalla. También tengo que comprar toallas.
Se fue andando con pasos largos y aquellas piernas tan fuertes que dejaban ver su culo apretado cubierto con un vello muy fino, mientras su polla morcillona iba pegándole de un muslo a otro con cierta violencia.
-Joder con el Javiercito éste -le dije-, está muy lanzado.
-Sí, y tú callado o de parte de él, en vez de defenderme.
-Pero si ni siquiera te ha tocado...
-Eso hacía falta, que también me diera un sobeo.
-¿Quieres que intervenga si te da un sobeo?
-No hace falta, me defenderé sola de los dos, porque tú eres peor que él.
-Venga vamos a pedir al chino que se nos hace tarde, -le dije cogiendo el folleto.
Seleccionamos lo que íbamos a pedir, y encargué la comida aprovechando para borrar un par de llamadas desconocidas, que serían para interesarse por el anuncio, a pesar que ya los había eliminado.
Ella se fue al dormitorio con la toalla de Javier, seguramente a ordenar un poco el baño y echar la toalla al cesto de la ropa para lavar.
-¡Pero tío todavía estás desnudo y con la puerta abierta! -Exclamó mi novia cuando iba por el pasillo.
-Ah, perdona ya me visto, es que me he distraído un poco.
Y oí como se cerraba la puerta mientras los pasos de ella se alejaban por nuestra habitación que también cerró. Menudo peligro tenía el Javier éste.
Como me tenía que duchar porque había sudado un poco pedaleando, me fui también a nuestro dormitorio.
-¿Cariño me ducho ahora? -le dije entrando al aseo con ella que estaba reponiendo la toalla de baño.
-Vale, yo lo haré después de cenar.
Me duché cantando la canción de Calamaro, lo más desafinado que pude y mi novia no paraba de reír.
-Qué cabrón eres, que sepas que yo no la canto así, que me la sé entera y la canto como él de bien -decía, mientras se daba un retoque en la cara mirándose en el espejo.
Tuve que soltar una carcajada en medio de un tatareo porque no sabía la letra.
Me estaba vistiendo cuando sonó el interfono del portero electrónico y mi novia se fue a atenderlo. Al momento me fui al salón para cenar y Javier ya se encontraba allí sentado en el sofá, en el mismo sitio de antes, se ve que ese iba a ser su lugar en el sofá. Mi novia entraba al salón con la comida que habían traído. Ahora llevaba una falda un poco acampanada que le quedaba por encima de las rodillas y una sudadera.
-Voy a por vasos -le dije mientras nos cruzábamos.
-Hombre menos mal que ya te has vestido -le dijo a Javier.
-Bueno es solo para cenar, después si quieres nos desnudamos los tres, ya sabes, como dice el refrán “lo que se han de comer los gusanos, que lo disfruten los humanos”.
-Eso es verdad -dije yo que venía de la cocina con los tres vasos.
-Sí, tú dale alas al pervertido éste que vamos a tener polla hasta en la sopa -dijo con una sonrisa.
-Oye que si molesto no la enseño más. A mí no me molesta que tú nos enseñes las tetas -dijo él.
-Ya te dije que yo no os he enseñado las tetas, solo el sujetador, y vamos a comer que esto se enfría.
La cena fue muy amena pues ellos dos seguían con aquel diálogo extrovertido y simpático. Yo intervenía para ponerme una vez de parte de ella y otra de él.
Cuando terminamos fuimos los tres a llevar los restos a la cocina y allí mismo preparamos un café cargado para cada uno, porque seguro que nos quedaba noche para rato.
Volvimos al salón cada uno con su café y nos sentamos como venía siendo habitual con Ana en medio de los dos.
Mi novia le preguntó por su familia.
Javier nos explicó que sus padres habían fallecido. Su madre al poco de nacer él y su padre hacía cinco años. No tenía hermanos y su única familia eran primos de su madre, con los que no tenía ninguna relación. El padre le había dejado la casa y algo de dinero. Hacía un año que había comenzado su negocio cuando su padre falleció.
Aquello nos dejó un poco tristes. Cuando terminó de contarnos su situación, Ana le dio un abrazo. Sus ojos lagrimosos mostraban la pena que sintió por él en esos momentos. Yo alargué mi mano y le di un fuerte apretón en su hombro.
-Que sepas que nos tendrás a nosotros para lo que necesites -le dije algo emocionado.
-Os lo agradezco y espero corresponderos igualmente. No vais a arrepentiros de tenerme aquí con vosotros, -decía mientras terminaba el abrazo con mi chica.
Estuvimos unos momentos en silencio y fue el propio Javier el que nos devolvió a la vida real.
-He estado viendo algunas tiendas de mobiliario de oficinas que hay por el polígono industrial y si os parece nos llegamos el martes por la tarde que es cuando Ana está libre, ¿No?
-Sí, -le respondí yo-, pero mejor vais los dos, porque Ana es la que tiene mejor gusto para esas cosas y yo lo único que voy a hacer es crearos dudas. Lo que sí haré es medir bien las paredes y os lleváis un croquis de la habitación con todas sus medidas. Lo haré por el portátil y os lo lleváis impreso.
-Está bien, también podríamos acercarnos a un centro comercial para comprar toallas, mi cesta de la ropa para lavar, las cosas del baño, además de los televisores para las dos habitaciones.
-Bueno, si nos da tiempo veremos eso también -dijo Ana.
Ya nos habíamos tomado los cafés, así que propuse unas copas que aceptaron y preparé tres gin-tonic.
-Por nosotros -brindé con la mía y ellos chocaron con ella para echarnos el primer trago al gaznate.
-Ten cuidado cariño que tú tienes mal beber y te da por provocar a los demás.
-Serás cabrito, pues que sepas que no me doy por enterada.
-¿Y qué le da por hacer? -me preguntó Javier.
-Nada, que se insinúa un poco a los tíos, ya sabes, y como está tan buena la jodía... los pone a mil.
-Yo me conformaría con que me pusiera a cien -dijo él.
-Otra vez hablando de mí como si yo no estuviera aquí.
-Pero Diego ha dicho la verdad.
-¿Y tú como sabes si me insinúo o no? -le preguntó.
-No, lo digo por lo de que estás muy buena.
-Bueno, solo he dicho buena, no, muy buena -le rectifiqué.
-Perdón, no sé en qué estaría yo pensando -me respondió mirando hacia ella con su gran sonrisa.
-Yo creo que tú siempre estás pensando en lo mismo -le contestó mi novia.
-¡Qué va! También pienso en tus piernas.
-¿Porqué piensas en ellas? ¿También te gustan?
-Me encantan y ahora con esa faldita mucho más.
Ella se echó instintivamente más abajo la falda tirando de ella con las dos manos, quedándose prácticamente en el mismo sitio que estaba.
-Pues ya has visto bastante, ahora me puedes mirar la oreja, ¿No te gusta mi oreja?
-Mucho -le respondió-, pero tu culo me pone más y si tú ya has visto el mío...
-Pues te vas a quedar con las ganas.
-Pero Diego un culo es un culo y todos tenemos uno -me dijo-, a no ser que el de Ana sea especial.
-Mira Javier no solo es especial, es el mejor que has visto en tu vida.
-¿Pero bueno queréis dejar de hablar de mi culo?
-Cariño, después si lo hablamos los dos solos querrás que te lo cuente.
-Menuda cara tenéis los dos, pues no vais a ver mi culo.
-Cielo yo te lo he visto hoy como diez veces ya.
-Me refería a éste granuja que tengo a mi derecha.
-Yo no te he tocado ni he hecho nada malo, tampoco era para que te echaras la falda una cuarta más abajo, la podrías dejar donde estaba, ¿No?
-¿Una cuarta? ¡Si estaba aquí mismo!
-¿Diego donde estaba la falda? Pónsela tú donde la tenía.
El cabronazo estaba lanzado, y ahora me hacía las propuestas a mí para que me involucrara en sus propósitos.
-Mira yo creo que estaba por aquí más o menos -y le subí la falda unos diez centímetros-, o quizás más alta es que no me fijé mucho.
Los muslos de Ana quedaron al descubierto en gran parte hasta que casi se podía intuir el tanga. Ella en ningún momento hizo ademán de volver a bajarla.
-Joder Ana, lleva razón Diego, con esos muslos pones caliente a todo el mundo. ¿Cuántas copas necesitas para provocarnos?
-Ninguna, yo nunca provoco a nadie con las copas.
-¿Puedes subirla un poco más? -le dijo señalando la falda con su mirada.
-¿Es que no tienes bastante con lo que ves? -le respondió-, no quiero ser la culpable de que te tengas que dar otra ducha fría.
-Pero sabes que también hay otros remedios mucho más agradables -le dije a mi novia.
-¿Ves? Los dos queremos verte otra vez el tanguita.
-Tú nunca lo has visto ni lo vas a ver.
-Pero Diego sí y te lo quiere ver otra vez, ¿Verdad?
-Ella me miró y yo solo mostré una sonrisa.
-Javier, solo si ella quiere lo enseñará -le frené un poco y quizás les corté el rollo a los dos.
-Bueno vamos a arreglarnos para ir a la disco que ahora es cuando empieza a animarse -dijo ella incorporándose y los tres fuimos a cambiarnos.