June 28

Quiero ser cornudo   5

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Nando tiene una fantasía sexual, la ha mantenido en secreto demasiado tiempo y ha llegado el momento de compartirla con su esposa.

NANDO OTRA VEZ

20 minutos después, Nando pudo escuchar como las llaves abrían la puerta del piso.

Cuando Lidia entró al salón, se encontró a Nando desnudo y con su pene erecto frente a ella. Su vista se desvió hacía aquel pene, pero su mente regresó al pollón que hacía apenas unos minutos había tenido entre sus dedos.

Aquella polla grande, gorda, caliente, que palpitaba en su mano y no tenía nada que ver con el pene que ahora tenía frente sus ojos.

–¿Y pues? – la interpeló Nando interrumpiendo sus pensamientos.

–¿Que habéis hecho? – la apremió impaciente.

Lidia se lo miró con lástima, por alguna razón que no entendía, tenía una extraña sensación de desazón. Su marido no era feo, de hecho era un hombre atractivo, inteligente y con éxito en la vida, pero ahora lo veía pequeño. Sí, aquella era la palabra; pequeño. No hacía ni media hora, sus manos habían acariciado un pecho fuerte y musculoso. Había sentido su respiración, el latir de su corazón y, ahora, se encontraba ante un hombre al que quería mucho pero que le pareció…. pequeño.

–¿Qué quieres oír, una historia que satisfaga tus fantasías o la verdad?

–La verdad – respondió Nando convencido.

–Pues la verdad es que tenía intención de mentirte. Hacerte creer que ya eras el mayor cornudo de la ciudad para que, de una vez por todas, te olvidaras del tema, pero… en realidad... sí que algo ha sucedido.

Y Lidia se lo contó todo; con todos los detalles, sin olvidar nada y sin añadir nada. Le mostró las fotos, incluso aquella en la que tenía esa enorme polla palpitando en su mano. Y cuando terminó, Nando escupió un espeso chorro de semen que fue directamente a la cara de Lidia.

–Entonces, ¿si no te hubiera llamado e interrumpido el momento, habrías acabado follando con Miguel? – preguntó Nando por enésima vez.

–Es posible – respondió Lidia, también por enésima vez.

Y al oír su respuesta, Nando no supo si debía alegrarse o entristecerse pero, de lo que sí estaba seguro era de que, con esta historia tendría material para masturbarse durante todo el año.

* * * * *

Las siguientes dos semanas, pasaron tan rápido que ni siquiera fueron conscientes de ello. Durante aquellos días, hicieron el amor cada día y siempre, Nando, después de mirar una y otra vez las fotos, le hacía la misma pregunta.

–¿Era mucho más larga que la mía?

–Sí– respondía Lidia cortante, – mucho más.

Por su parte, Lidia no le contó la sensación que tuvo nada más entrar en su casa y encontrarse a su hombre desnudo. Aquella sensación de pequeñez.

Era una sensación extraña porque no se refería sólo al miembro. Que también. Sino al hombre en sí. Y aquella sensación no había desaparecido del todo.

Cada vez que le agarraba el miembro a Nando se sentía transportada al apartamento de Miguel. Cada vez que Nando la abrazaba, que la desnudaba, que le lamia el sexo y la poseía, se sentía transportada y poseída por aquel calor ardiente.

Por su parte, Miguel intentó contactar varias veces con Lidia que, finalmente, cuando vio que ignorándolo no resolvía el problema le contestó con un escueto mensaje, pero que Miguel respetó.

[Lidia] Perdona que no te haya contestado hasta ahora.

[Lidia] Ya sé que es muy injusto. Yo te puse el caramelo en la boca y te lo quité abruptamente. Pero necesito unos días para pensar. Lo que sucedió en tu casa me ha afectado mucho.

[Lidia] Necesito tiempo para reflexionar y ordenar ideas. Por esto te pido por favor que no insistas mandando mensajes. Cuando crea que esté suficientemente centrada te responderé.

[Miguel] [Emoticono llorando]

Luego durante unos segundos apareció el mensaje “…. escribiendo”, pero al final desapareció sin que Lidia recibiera ningún mensaje.

* * * * *

Los siguientes días fueron muy extraños para Lidia; ya que todas las noches se acostaba agotada después de un largo día de trabajo. Pero apenas cerraba los ojos, su cuerpo se erizaba con la presencia de Miguel, que se acercaba, la besaba, y la acariciaba lentamente. Notaba su calor, su humedad, su respiración acelerada y, justo en el momento en que, con una mano, acariciaba el firme y depilado pecho de Miguel y con la otra sujetaba con fuerza su miembro, irremediablemente, sonaba el despertador.

Se despertaba con la mano apretada sobre su húmedo sexo y no podía evitar empezar a masturbarse.

–¡Ummmmm!! – jadeaba mientras se acariciaba el clítoris como sólo una mujer sabe hacer.

Este sueño se repitió, una y otra vez, durante casi un mes. Y cuando ya empezaba a preocuparse, poco a poco se desvaneció hasta desaparecer totalmente.

Por su parte, Nando estaba encantado con la nueva situación. Durante aquel mes follaron casi todos los días; Lidia estaba más receptiva que nunca y aceptó sin demasiados impedimentos fantasear con Miguel.

–Dímelo otra vez – dijo Nando mientras penetraba a cuatro a Lidia.

–¿El que? – respondía ella hastiada.

–Ya sabes, eso. ¿Quién te está follando?

–Tú

–No, en serio. ¿Quién te está follando? – insistía Nando.

Mientras tanto, Nando introducía su pene en el coño de Lidia aunque esta, sin la lubricación adecuada, no acababa de disfrutar del sexo.

–Miguel– respondía finalmente ya harta de representar siempre la misma actuación.

–Sí, dímelo, llámame como él.

–“Ahhhhh!!! ¡Ummmmm!!! Miguel... !Ummmmm!! – jadeaba Lidia simulando un placer que realmente no sentía.

–¿Cómo tengo la polla?

–¡Ahhhhh!!! Enorme... así ¡Fóllame!... ¡Ahhhhh!!!! es el doble de larga que la de mi marido….

–¿Y que es tu marido? – insistía Nando con la necesidad de ser humillado.

–¡Ahhhhh!! Mmi marido…. Le quiero... Es mi amor...

–¿Pero qué es? Dímelo.

–Un cornudo ….. ¡Ahhhhh!!!!…. Así fóllame duro.

Y apenas decía la palabra “Cornudo” Nando se corría llenando de semen la vulva de Lidia pero dejándola inevitablemente insatisfecha.

Entonces, cuando Nando caía rendido, Lidia se acariciaba el sexo y se transportaba mentalmente a la habitación de Miguel. Estaba totalmente desnuda esperando la estocada final, esperando que el pollón de Miguel se introdujera en su coño y le arrancara el orgasmo más salvaje de su vida.

Cerraba los ojos estimulándose el clítoris, recordando, sintiendo el aliento de Miguel mientras sujetaba aquella polla.

–¡Ummmmm!!! – jadeaba, esta vez, sinceramente.

–¡Ummmmm!!! Miguel, fóllame– murmuraba en voz baja.

Pero al final, la mayoría de las veces se sentía culpable atenazada por los remordimientos de hacer algo incorrecto e interrumpía la masturbación flagelándose metafóricamente. Pero en otras ocasiones, era incapaz de controlarse y acababa disfrutando de unos orgasmos explosivos.

–¡Ahhhhh!!!! Siiiii – acababa chillando aunque apretando los dientes para que Nando no pudiera oírla.

Luego, acababa durmiéndose pero, inexorablemente, se repetía su sueño erótico y se despertaba agotada con las sábanas empapadas.

“Voy a tener que cambiar las sábanas”, pensó al despertarse, “otra vez”, maldijo para sí misma.