Autores varios
June 19, 2025

Relato misterioso- Capítulo 1. Cascadas

Relato escrito por @epifranio miembro del grupo de Valentina Erótica

Evelyn era una arqueóloga con mucha intuición.

Cuando leyó en aquella revista un reportaje sobre la civilización antigua “los ametsaks”, se dio cuenta de que el diario que había encontrado podría tratarse de algo relacionado con esa civilización. No obstante, en la imagen que acompañaba al reportaje había una mariposa muy similar a uno de los dibujos de aquel diario encontrado entre las pertenencias de su desaparecido amigo, colega y profesor J. Charles.

Fue a por aquel librito y entre sus páginas, volvió a ver aquella mariposa. Estaba dibujada con poco detalle, pero aun así era clavada a la mariposa grabada en la piedra que aparecía en la revista.

Empezó a buscar información sobre aquella civilización en internet y en las libretas que había en las cajas que guardaba de su amigo, desaparecido hacía poco más de unos meses mientras trabajaba en algo “muy importante”, al menos esas fueron las palabras que le dijo él en su última conversación.

Después de una semana estudiando pistas, y de dibujarse planos y anotaciones en la copia del manuscrito antiguo, estaba lista para salir en busca de aquella civilización que podría explicarla dónde podría encontrarse su colega. Metió en su mochila lo necesario, y salió hacia el aeropuerto.

Tras llegar a aquella isla perdida del mundo, alquiló un jeep, y tomó la ruta que le indicaba el GPS hacia la dirección que había creído en casa que era el punto de partida para la búsqueda.

Por el camino pudo ver animales danzando a sus anchas, era una isla con una selva preciosa en la que había un volcán, que podría haber sido el causante de la perdida de aquel reino perdido.

Llegó al punto adecuado, un gran lago con varias cascadas donde habitaban una gran cantidad de flamencos que, en cuanto sintieron su presencia, echaron a volar.

Se metió en el lago, le hubiera gustado desnudarse y disfrutar del agua en ese paraje idílico, pero había llegado ahí con un propósito y no podía perder el tiempo. Anduvo hasta una roca verde que se elevaba en medio del lago (parecía un buen sitio para buscar pistas).

Ojeando las pistas que había escrito en su libreta, leyó:

“Tras las lágrimas de la selva entrarás en la caverna” (anotación copiada de su amigo).

Buscó entre las cascadas. Encima de una de ellas había una enorme roca agujereada, podría ser el ojo del que cayesen las “lágrimas” de la frase.

Se acercó a la cascada, tuvo que meterse al lago y nadar. El agua cada vez estaba más fría, notaba como sus pezones se erguían contra su camisa, cruzó la cortina de agua que acabó de mojar su melena, y comenzó a rebuscar algo que destacara en la pared de piedras y arena que se encontraba detrás de ahí. No le costó mucho ver que algunas piedras estaban puestas por la mano del hombre y las retiró, a través de ellas se veía luz, había encontrado la entrada a una cueva, buena señal.

Encendió la linterna que no se le había olvidado llevar, y vislumbró un largo pasillo natural que recorrió con cuidado. En el suelo había agujeros, se oían ruidos de animales reptando o corriendo, y no quería sustos. En pocos minutos llegó a una gran sala llena de estalactitas, en la que destacaba una pared de bloques que no eran naturales. Tras el arco de aquella pared había una gran cámara en la que se encontraban esqueletos y calaveras que no invitaban a entrar.

Observó con la linterna los bordes del portal, buscando algún mecanismo. Vio una piedra agujereada y alumbrándola observó una cuerda vegetal bastante roída que subía hacia el techo, siguió la cuerda con la linterna y encontró una piedra al otro extremo.

¿Cómo podría estar activa la trampa aun? Pensó.

Cortó la cuerda con su cuchillo, que se le cayó de la mano, y al agacharse a recogerlo pudo ver una baldosa que a simple vista no se apreciaba que estaba más alta que las demás de aquel pasillo. Se alejó unos pasos y lanzó una piedra a aquella baldosa, que activó una trampa en la que varias lanzas salieron de los laterales de la pared quedándose fuera y tapando el pasillo. Retiró la piedra y la mitad de las lanzas no retrocedieron, se notaba que aquel mecanismo tenía miles de años, pero cuando entró no se veía ninguna lanza, eso la mosqueó. O no había pasado nadie en siglos, o alguien había vuelto a poner a punto la trampa antes de llegar ella. Además, todos los esqueletos estaban a los lados del pasillo, y ninguno por él.

Al llegar al otro extremo del pasillo, había un atril de piedra con símbolos grabados. Sacó una foto y, al verla ampliándola en el móvil, observó un cacho de tela en una esquina detrás del atril. La cogió, era un tejido moderno, por lo tanto, alguien iba por delante de ella, podría ser su amigo, o alguien que fuera tras él. Buscó más pistas por el primitivo altar, pero no encontró nada que la llamara la atención salvo una marca en el suelo de que algo o alguien había sido arrastrado.

Volvió a mirar los signos del atril, no los entendía bien, creyó que sería mejor preguntarle a su gran amiga Marilyn.

Tras salir de la cueva, tapar la entrada, volvió al aeropuerto y salió hacia la enorme y pintoresca casa de su amiga.

Fran