Autores varios
February 28, 2025

Fantasía fin de semana 6

Relato escrito por Fran (@epifranio), miembro del grupo Valentina Erótica

Desperté el domingo, me giré hacia ti, seguías dormida, pasé mi mano por tus muslos, subiendo suave hasta abrazarte por la cintura, arrimando mi cuerpo al tuyo, y dándote un beso en la mejilla que me estaba más cerca.

Así fue como despertaste, con mi beso, y nos quedamos quietos unos instantes, luego ya mi mano no pudo resistirse a subir hasta tus senos, cogiendo uno primero y después el otro, achuchándolos suavemente, con mis dedos en los pezones, notando como crecían y se endurecían a mi contacto, a la vez besaba tu omóplato y nuca con mucha dulzura.

Te moví levemente colocándote boca arriba, para poder acercar mis ansiosos labios a los tuyos, mordiéndote el labio inferior, mientras bajé mi mano que se metió bajo tus braguitas y exploró lo que guardaban, encontrando el mayor tesoro que podía descubrir, acaricié despacio, como si fuese algo frágil que se fuese a romper, introduciendo con mucha delicadeza el dedo corazón y estar un rato masturbándote con suavidad, era el complemento perfecto a aquel intenso beso.

Tu mano tampoco se quedó quieta, buscó a tientas mi verga, la empezó a acariciar y masturbar despacio.

No pude resistir más, y tuve que bajar saboreando tu suave piel hasta esos maravillosos pechos, que metí en mi boca para que mi lengua disfrutara de tus duros pinchitos, no me paré mucho tiempo en ellos, continué mi recorrido besando tus costillas, lugar de cosquillas, que te hicieron retorcerte un poquito. Como no quería que lo pasaras mal, seguí bajando hasta el ombligo y acabé en tu monte de venus, desde donde salté hacia tus labios, a los cuales pase mi lengua de abajo a arriba y acabe succionando y lamiendo, sin olvidar la bolita mágica que te hace encogerte de placer. Movías levemente las caderas para acompañar el movimiento de mi cabeza y guiarme mejor. Estuve unos minutitos saboreando tu flor con ganas, no estoy seguro si así llegaste al orgasmo o no.

Cambiamos de postura, me senté en la cama y tú te sentaste encima de mis muslos, clavándote en mi cuerpo y sujetándote en mi nuca, comenzamos así un vaivén lento mientras yo te sujetaba del culo.

Estábamos fundidos en un beso eterno, regalándonos las lenguas mutuamente y tan pegados que casi me hacían daño tus pezones en mi pecho.

Te echaste hacia atrás, mostrándome tus aterciopelados senos en todo su esplendor, apoyando tus manos en la cama, embrujándome con esa imagen. Dejé que marcaras el ritmo a golpes de tu cadera, y me abalancé a comerte esas enormes gotas de miel.

Rato después, te volví abrazar, para tumbarte con cuidado en la cama. Me puse encima, apoyando mis codos a los lados de tu cabeza, y sin dejar la penetración, despacio, sintiendo cada centímetro de nuestros sexos, sin prisas, pero rítmicamente, puse toda mi atención en besarte no solo tus tetas, también la zona encima de ellas, justo antes del cuello, que también se llevó lo suyo, llegando a tus labios de nuevo. Con mi pecho rozaba el tuyo, intentando estimularlo, tus dedos agarraban con fuerza mi culo como evitando que me saliese de ti, siguiendo el pausado movimiento de mi pelvis.

Sentí cómo se empezaba a estremecer tu cuerpo en un orgasmo, que me supo a gloria, ver que mi chica disfrutaba de mis caricias, me hacía el hombre más feliz del mundo.

Me tumbé a tu lado esperando a que te repusieses un poco, acariciándote la mejilla te volví a besar, esta vez era un beso tranquilo, de agradecimiento, por hacerme tan feliz.

Cogidos de la mano nos metimos en la ducha, sin dejar de toquetearnos con ternura, bajo el chorro de agua de la ducha no paramos de juntar nuestros labios, teníamos los ojos cerrados y agudizábamos bien el resto de los sentidos para disfrutar el uno del otro, sobre todo el tacto.

Levantaste una pierna pegándola a mi cintura, pierna que sujeté con mi brazo, que estiré para poder llegar con mi mano a tu culo y amasarlo. Este movimiento tuyo, hizo que nuestros sexos no encontraran barrera para juntarse, tu agujero abrazó mi longitud venosa secuestrándola en su interior, tus manos “arañaban” mi espalda con fuerza, nuestro movimiento era lento pero de lo más placentero.

En un momento que decidiste oportuno, te diste la vuelta frotando tu culo en mi entrepierna, te inclinaste hacia delante apoyando las manos en aquellos azulejos.

-          Quiero sentirte dentro amor. Hazme el amor como tú sabes.

Enfilé mi llave en tu cerradura, y la moví con mi cintura para buscar abrir la puerta a tu próximo orgasmo. Sujetándome en tu preciada cadera, observaba tu melena mojada moverse.

No sé lo que duramos así, pero pude apreciar como tu coñito palpitaba y tenía contracciones, señal de que te habías corrido, coloqué entonces mi mano bajo tu ombligo para sujetarte, te giré y te abracé con ternura, nos quedamos inmóviles sin separar nuestros cuerpos unos instantes, y tras otro beso más, cogiste gel de ducha y me empezaste a enjabonar los hombros, la espalda, los glúteos, y me pediste que me diese la vuelta para seguir limpiándome.

Pegada a mi espalda donde sentía tus todavía erectos pechos, tus manos fueron deslizándose por mi clavícula llenándome de espuma jabonosa. Mi pecho, mi vientre, y mientras seguías sobando toda esa zona con una mano, sintiéndola tuya, la otra mano agarró mi extremidad central, y la embadurno en jabón, con movimientos masturbatorios.

-          Me encanta sentir tu cuerpo cariño, ¿te gusta lo que te estoy haciendo?

Mordías mi hombro y lo besabas mientras me trabajabas mi anatomía.

-          Claro que sí preciosa, me haces muy feliz.

Apenas podía hablar del placer que estaba sintiendo. Tu mano es experta en artes amatorias, y sabes llevarme al clímax a tu antojo.

-          Suéltalo todo mi amor, no reprimas más.

Me susurraste al oído, sin dejar de pajearme a buen ritmo y con la otra mano sujetando la base y acariciando mi escroto.

Exploté, solté un primer latigazo que pringó la mampara, y le siguieron varios más. Mi cuerpo convulsionaba levemente, mientras me sujetabas de la cintura y me sacabas toda la testosterona del cuerpo.

-          Gracias guapa, ¡qué placer!

Volvimos a darnos otro beso más, cariñoso, de esos que son de agradecimiento por hacernos feliz el uno al otro, y acabamos de ducharnos.

Después de secarnos y vestirnos, bajamos a desayunar al hotel, para recargar baterías, preguntamos en la recepción si había hueco en el spa, aun nos quedaba tiempo hasta la hora de salida, no queríamos irnos de allí sin probarlo.

Cogimos de las maletas los bañadores y bajamos a las instalaciones. Nos metimos primero en las duchas de contraste, abrazados para que ninguno de los dos huyera al llegar el agua fría. Lo siguiente fue ir a la sauna, con el calor que hacía, no quise achucharte allí, por muy solos que estuviéramos, era más reconfortante observar cómo brillaba tu cuerpo mojado a la luz tenue de aquella salita, una obra de arte.

Luego nos metimos en la piscina a usar las cortinas y los chorros de agua, mientras el jacuzzi se libraba. Cuando nos tocó el turno nos metimos dentro de aquella bañera burbujeante, disfrutamos tranquilos del hidromasaje que nos relajaba aún más esa mañana. Escondidas bajo el agua notaba como tus manos traviesas me acariciaban los muslos y alguna cosa más.

Te acercabas hacia mí para besarme, te abracé para sentirte más cerca y nos volvimos a besar por enésima vez, esperamos en esa posición abrazados, a que finalizaran las burbujas y decidimos que ya era hora de marchar.

Recogimos la habitación y nos quedamos en el restaurante del hotel a comer para no perder tiempo buscando otro sitio.

Estuvimos conversando del viaje, de lo que más nos había gustado de la ciudad, de cuál sería nuestro siguiente destino, hasta que terminamos de comer, a la vez que se consumía la velita que teníamos encima de la mesa.

De camino a casa por la carretera, continuamos la conversación entre alguna caricia y algún que otro beso cariñoso. Paramos en un pueblecito que estaba de camino, del que habías oído hablar. Tenía varias cosas bonitas que visitar, y era famoso por varios postres típicos que querías degustar.

Estuvimos paseando por sus calles, agarrados de la mano, escuchando al guía que nos explicaba sus secretos. Con la imprevista visita turística, y los souvenirs comprados, cenamos ahí mismo y volvimos al coche, ya no paramos hasta llegar a casa.

-          Este finde hay que repetirlo, ha sido maravilloso, gracias.

-          O mejorarlo, ve pensando otro lugar que quieras visitar, para empezar a planear.

Extra: Tras la cena de aniversario

Volviendo de cenar, me dijiste que parásemos el coche en un sitio tranquilo. Yo obediente, busqué un lugar apartado y apagué el motor del coche.

Acto seguido me echaste el asiento para atrás y te subiste encima, lamiéndome y besándome la cara toda fogosa, sin darme un respiro para adaptarme a la situación.

Desabrochaste mi camisa mientras me acariciabas y mordías, jugando con mi pecho y mis pezones. Después bajaste tus manos para desabrocharme el pantalón.

Tras subirte la falda a la cintura, te bajaste las medias y las braguitas de seda, pero sin parar de jugar con tus labios y boca en mi pecho y cara.  Colocaste mi miembro entre tus labios inferiores como un hotdog (sin introducirlo) y te frotaste como si fuera un cojín de esos con los que te masturbabas de adolescente.

Subiste tu jersey sacando tus preciosas y voluminosas gotas de miel a mi vista, poniéndomelas en la boca para que las comiera. Golpeándome a tetazos la cara y apretujándome la cabeza contra ellas, según te apetecía. Hasta que en un arrebato me pusiste las manos en tus pechos para que los masajeara, te bajaste el jersey negro ese tan sexy con brillantes con mis manos dentro tapándome las vistas a esas obras de arte y de esa guisa te sujetaste con fuerza a mi cuello para moverte a más velocidad llegando al orgasmo. En ese punto, caíste encima mío resoplándome en el oído.

Un rato después, cuando recuperaste algo de fuerzas, volviste a tu asiento, vistiéndote. Cuando yo, tras atarme la camisa me dispuse a subirme el pantalón me diste un manotazo y me dijiste que no habías acabado. Te agachaste hacia mi entrepierna para hacerme una gran felación.  Lamiendo, besando mordisqueando, y jugando con tu juguete sabiendo que cuando la tienes en la boca soy como un muñeco bloqueado por el placer.

La metiste hasta el fondo, sacándola lentamente mientras yo te acariciaba tus nalgas por encima de los pantis, hasta que no aguanté más. Te comenté que pararas que me iba a correr. Entonces paraste de chupar, sí, pero no soltaste mi glande atrapado con tus labios, y empezaste a masturbarme hasta que notaste que dejaba de tener espasmos.

Apretando bien los labios fuiste liberándome la polla, sin dejar una sola gota que pudiese mancharnos la ropa o el asiento, yo me quedé exhausto y solo podía mirar como abrías la puerta y escupías toda mi energía.

Me abroché el pantalón y te volviste a abalanzar a darme otro beso donde tu lengua me hizo ver q estabas bien empoderada esa noche y mandabas tú. Tu mano me agarró fuerte el ya flácido paquete para que no se me olvidara que era tuyo, y al terminar de besarme me dijiste que arrancara ya el coche, que había que volver pronto a casa que al día siguiente tenías que  levantarte pronto para que te diera tiempo a lavarte el pelo antes de ir a trabajar.

Fran