La putita de p@p@ 1 a 6
Esta noche salíamos a cenar en familia a un italiano. A mí no me apetecía mucho. En plena adolescencia lo que quería realmente era salir con mis amigas, pero tenía que cumplir un castigo por malas notas y no podía escaquearme. Mis padres iban como locos intentando vestir a mis dos hermanos pequeños mientras yo me ponía guapa con la esperanza de que, después de la cena, me dejaran salir con mis amigas a la fiesta de fin de curso de mi colegio.
—¡Andrea baja ya! ¡Que se nos hace tarde! - vociferó mi padre desde el recibidor de casa.
—¡Ya bajo papá! – contesté terminando de perfilarme los labios, me miré al espejo que me devolvió una imagen despampanante. Enfundada en un traje de tirantes de lentejuelas negras, que, cubriéndome escasamente hasta medio muslo, me sentaba como un guante. Rematando el conjunto, unas sandalias tacón alto, de tiras, que dejaban al aire mis lindos deditos. El reflejo me arranco una sonrisa satisfecha, guiñándome el ojo. Estaba tremenda.
—Niña, ¿no había ningún vestido más corto? - me dijo mi padre resignado mientras le daba un beso en la mejilla e ignoraba su comentario. EL olor a madera y especias de su fragancia hizo que me fijara en él.
A sus 40 años, como me insistían todas mis amigas, estaba cañón. Alto, muy alto, su ancha espalda y fuertes brazos transmitían poder y seguridad, aunque mis amigas, y sus madres, con lo que perdían el sentido, provocando más de un sonrojo y un coro de risitas tontas, era con lo que en su entrepierna marcaba cuando iba a recogerme con sus ajustadas mallas de ciclista a la puerta del colegio.
Habiéndome tenido muy joven, parecía que le costaba asimilar que su pequeña había dejado de ser una niña para empezar a transformarse en toda una mujer, con un cuerpo escandaloso y una actitud descarada, desafiante.
El restaurante estaba a tope, pero mis padres habían reservado mesa, así que pudimos sentarnos sin problemas. Mientras mis padres intentaban que mis hermanos se sentaran correctamente comencé a observar al resto de mesas y me di cuenta de que había un hombre que no apartaba su mirada de mí. La verdad es que estaba en una edad en la que empezaba a darme cuenta del poder que me otorgaba mi cuerpo y lejos de incomodarme me dio un subidón sentirme observada por ese hombre.
Apenas comenzada la adolescencia, aburrida por mis compañeros varones que, comidos de espinillas, apenas tenían otro tema de conversación que no fuera el futbol, me sentía atraída por hombres mucho mayores que yo y este tendría la edad de mi padre. La seguridad en sí mismo que mostraban muchos hombres adultos destacaban sobre las inseguridades de los chavales de mi edad y eso me ponía muchísimo.
Mis padres bastante faena tenían con mis dos hermanitos y mis miradas descaradas con ese atractivo desconocido pasaban completamente desapercibidas para ellos.
Tras un buen rato así, me dispuse a ir un paso más allá y me levanté con la excusa de buscar a algún camarero para pedirle una coca cola. Mi intención no era otra que la de acercarme a ese desconocido para insinuarme y mostrarle mis encantos.
Él no dejaba de mirarme haciendo caso omiso de los otros dos hombres que lo acompañaban y con todo el descaro de una niña sin prejuicios le guiñé un ojo sonriéndole pícaramente mientras me contoneaba sensualmente.
Tras conseguir mi coca cola pasé por su lado rozándolo sutilmente y me fui alejando lentamente, sabiendo que su mirada estaría focalizada en mi culo y mis largas piernas. Una idea loca pasó por mi mente. Cogiendo con la mano el vuelo de mi vestido lo levanté rápidamente. No serían más de un par de segundos, pero sabía que le habría dado el tiempo suficiente para contemplar mi precioso culito y eso me había puesto a mil.
Tras sentarme de nuevo observé como me seguía lanzando miradas, pero en esta ocasión señalando en dirección al pasillo que llevaba a los baños. Entendí perfectamente y con una sonrisa pícara le hice ver que aceptaba.
Terminando de beber un largo trago de su copa, con total tranquilidad se levantó y comenzó a ir hacia los baños. Con el corazón a mil, me levante con la excusa de tener que ir al baño.
Al entrar en el pasillo allí estaba él, con una tranquilidad amenazadora mientras fumaba un cigarrillo. Uno frente al otro, y comprobando que no había nadie más, cogiéndome de la mano entramos en el baño de hombres. Sin perder un segundo me llevó hasta uno de los aseos y cerró el pestillo.
El espacio era muy reducido y podía sentir el calor que emanaba. Alto y corpulento, un poco menos que mi padre, con firmeza me sentó en el water y a partir de ese momento me quedó claro que era lo que él quería y yo, aunque temblando, también.
Mordiéndome el labio para aplacar mis nervios no me anduve con titubeos y, queriendo aparentar una seguridad que ni de lejos tenía, comencé a desabrochar su cinturón y bajando con cuidado la cremallera metí mi mano en busca de su polla que, con su ayuda, no tardó en aparecer.
Sin proponérmelo me encontraba ante la primera polla en vivo que había visto en mi vida. No es que fuera pequeña, tal vez internet me había creado falsas expectativas, pero… Temblándome ligeramente el pulso la agarré suavemente con mi manita para sentir su calor y notar como se endurecía y palpitaba. Estaba como una moto. Tras acariciarla unos segundos aproxime mis labios.
Manteniéndole la mirada comencé a lamerla lascivamente hasta que una de sus manos se apoyó en mi cabeza y supe que había llegado el momento de probar realmente a que sabía una polla.
Internet me había ayudado a hacerme una idea sobre el arte de comer una polla, pero ahora tenía una de verdad ante mí y no quería cagarla. Tras un inicio de tanteo comencé a chupársela con suavidad, pero con ritmo. Mis manos se apoyaban en sus caderas y las suyas me acariciaban el pelo mientras jugaba a meter en un trozo cada vez más grande con cada ida y venida de su carne dentro de mi boca.
Durante la mamada se escuchaba a gente que entraba en los baños, pero yo estaba a lo mío, segura de que nadie podía vernos. En pleno frenesí se escucharon voces que reconocí al instante, mi padre con uno de mis hermanos ocupaba uno de los váteres contiguos al mío.
Me quedé paralizada, había perdido todo mi aplomo. El miedo a que me pillaran me paralizó e interrumpí la mamada, pero mi desconocido amante, impaciente, me pego un tirón del pelo e introduciéndome de nuevo su polla, comenzó a follarme la boca, pero en esta ocasión era él quien marcaba el ritmo. Agarrándome de la cabeza con ambas manos y poniéndome de los nervios, el hombre comenzó a aumentar sus embestidas mientras yo estaba cada vez más segura de que me iban a pillar en cualquier momento.
—¡Vamos Quique! termina de una puta vez que ya eres mayorcito. En cuanto acabes vamos a ver qué coño hace su hermana que no sé cuánto tiempo lleva en el baño- La voz de mi padre tuvo el efecto de un rayo, y dando un respingo que pillo por sorpresa a mi amante, saqué de mi boca su miembro, me desembaracé de su aprieto y sin intercambiar palabra salí disparada hacia los baños femeninos.
Colorada como un tomate y con el corazón a mil apenas atiné a meterme en un cubículo vacío cuando la voz de mi padre me llamó desde la puerta.
—¡Andrea! ¿estás ahí? Venga niña, acaba ya con lo que estes haciendo que las pizzas están en la mesa.
—¡Ya voy! Ir por delante que ya voy, estoy acabando.
Sintiendo de nuevo el silencio en el baño, me relajé y recomponiéndome atine a echarme algo de agua fría en la cara y retocarme el peinado mientras trataba de controlar mi ansiedad para evitar que mi familia sospechara nada.
— ¿Porque has tardado tanto Andrea? - preguntó mi madre inquisitiva.
— Me llamó una amiga y.…ya sabes – respondí queriendo terminar el tema.
Volví a mirar hacia mi desconocido, devolviéndome la mirada con un gesto de decepción. En esto mi padre se levantó dirigiéndose decididamente hacía él. Creí morirme allí mismo. El color abandono mi cara. Era imposible que me hubiera visto ¿pero acaso había reconocido mis gemidos o visto en el aseo de hombres? Mi corazón se salía del pecho, sudaba de pánico cuando, llegando a su mesa adelantó su mano enérgicamente…
— Hombre Fernando, ¿Qué tú por aquí? – le oí decir un segundo antes de que me diera un sincope.
—Hombre Pedro, ¡que sorpresa! - contestó mi desconocido amante.
—Pues mira, estoy aquí con mi familia, ven y os presento – continuo mi padre mientras cogiéndolo firmemente del brazo lo acompañaba en dirección hacia nuestra mesa, trayecto en el que creí advertir como mi padre fijaba su vista en mi mientras esbozaba una torcida sonrisa.
—Familia os presento a Fernando mi jefe, Isabel mi mujer, aquí mis dos pequeños y mi hija Andrea.
Yo me quedé petrificada. Mi boca todavía sentía el regusto a su polla y aquí tenía a mi padre presentándonos y a ese cabrón saludándonos. El saludo no duró mucho y agradecí que así fuera pues estaba muerta de vergüenza y miedo.
En el camino de vuelta a casa no dejaba de pensar en lo sucedido. Se la había chupado a un desconocido casi en la cara de mi familia, y encima había resultado ser el jefe de mi padre. El temor a haber sido descubierta me tenía temblando, aunque por otro lado sentía como mi coñito me había dejado las bragas completamente mojadas.
Muerta de ganas de llegar a mi cuarto para hacerme un dedo con el que calmar mi ansiedad, sin embargo, mi padre aún no había terminado de darme sorpresas.
—Isa cari…-comenzó a decirle a mi madre —que te parece si dejamos a Andrea en la fiesta del cole y así nos da tiempo a nosotros de acostar a los niños. En cuanto se duerman me vengo y la recojo, total, nos pilla de camino y no va a ser mucho rato.
Aquello me pilló de sopetón, tanto que casi doy un bote en el asiento mientras mi madre se revolvía nerviosa en el suyo.
—Pero bueno ¿tú te estas oyendo? ¡Que solo le ha faltado suspender el recreo! ¿Y ahora le vamos a dar un premio?
Brusca respuesta ante la que mi padre, conociendo a mi madre, prefirió guardar un prudente silencio.
No habíamos sobrepasado la primera rotonda y ya se vislumbraba el edificio de mi colegio cuando mirando a mi padre y volviendo su serio rostro hacia atrás, mi madre volvió a hablar.
—¡Que tu padre sea un buenazo no quiere decir que yo lo sea, ni que te hayamos levantado el castigo! Mañana te quiero ver todo el día sin levantar la vista de los libros, y así hasta Septiembre ¿Entendido?
Sorprendida por el giro de los acontecimientos y deseando ver a mis amigas para contarles los acontecimientos de la noche poco me falto para, de un salto, darle un abrazo de agradecimiento a mis padres.
Llegada a la fiesta en seguida localice a Sonia y Agatha mis inseparables amigas.
—¡Jo tía! ¿Pues no decías que no te dejaban venir? - Me recibieron chillando por encima de la música,
A duras penas nos podíamos hacer entender por lo que deje el ponerlas al día para otro momento. Pese a la música, se notaba que el ambiente había decaído, los pocos chicos que no se habían ido de botellón se agolpaban más en la barra que en la pista y los profes que controlaban que no nos desmadráramos tenían cara de sueño y no hacían más que mirar al reloj, a ver si llegaba la hora de mandarnos a casa.
Visto el plan, me limite a tomar un par de copas aliñadas por lo bajini con un chorreón extra de ron y a bailar con mis amigas, sin por ello lograr apagar la calentura que arrastraba.
Había pasado poco más de una hora cuando note que el móvil vibraba. Echándole una mirada comprobé que era un wasap de mi padre anunciándome que salía de casa y que en un rato me recogería fuera del pabellón.
Haciéndome oír como pude me despedí de mis amigas y salí donde a lo lejos pude ver las luces intermitentes del SUV de mi padre.
En el camino de vuelta a casa, queriendo abstraerme y revivir lo vivido en el restaurante, me puse los auriculares, cerré los ojos y comencé a soñar despierta, fantaseando, cayendo en un agradable duermevela. Las imágenes volvían idealizadas a mi cabeza. Ahora si conseguía completar mi primera mamada y la cálida leche discurría espesa por mi garganta mientras entreabriendo mis carnosos labios adolescentes, mostraba los abundantes restos de semen que aun llenaban la boca a mi satisfecho amante.
Tan a gustito estaba que inconscientemente abrí aún más mis muslos y al dejarme deslizar sobre el mullido asiento de copiloto el vestido se me subió algo más dejando asomar la húmeda tela de mi braguita, que de mojada y pegada, era ahora una segunda piel que marcaba descaradamente mi inflamada vulva.
Y como si mis calientes sueños se hicieran realidad sentí una mano en mi muslo... ¡pero no era la del jefe de papa!... acariciándolo suavemente mientras iba subiendo muy lentamente hasta toparse con la mojada tela que cubría mi palpitante chochito virgen.
La evidencia de que era mi papá quien me magreaba con todo descaro me puso tensa. El debió notarlo, pero no por eso retiro su mano.
Firme, áspera, cálida y decidida siguió su camino hasta situarse encima de mi sexo. Me estremecí... ¡Dios! el mismo que apenas hace unas horas me regañaba por lo escueto de mi vestido ¡Mi padre me estaba metiendo mano! Y ese sucio pensamiento me estaba poniendo como una perra. Queriendo hacer más intenso el contacto levante ligeramente mi cadera. Lo notó.
Presionando con todos sus dedos sobre mi braguita, su dedo corazón marcó el cálido surco entre los inflamados labios de mi vagina, consiguiendo arrancarme un profundo gemido.
Tras la morbosa caricia, con el índice comenzó a correr a un lado mi mojada braguita dejando totalmente expuesto mi palpitante sexo. Sus gruesos dedos corazón e índice, abriendo mis inflamados labios mayores, comenzaron a penetrar la húmeda vagina, lenta, decididamente, hasta que topó con mi intacto himen.
Llegados a este punto no podía disimular mi excitación ante el morboso juego que habían iniciado sus gruesos dedos. Igual tanteaba mi intima telita, que curvando sus dedos arañaba sensualmente el interior de mi húmedo sexo o abriendo dentro de mis sus fuertes dedos dilataba deliciosamente mi carne. Cachonda como una mona, todo ello provocaba que mis caderas, que se cimbreaban sin control, hubieran subido el vestido por encima de mi cintura y mis crispadas manos se aferraran al mullido asiento del automóvil. Solo mis ojitos cerrados mantenían la fantasía de mi adormecimiento.
Mi agitada respiración subía y bajaba mis pechos que, a esas horas, duros como piedras amenazaban con rasgar la suave tela con mis erectos pezones, soñando con que su boca los hicieras suyos, que los pellizcara, retorciera fuerte, tratándome como la perra que era. Mi boca entreabierta gemía sin freno llenando con mi sensual maullido el silencio del coche, mientras los primeros hilillos de mi baba superaban las comisuras de los labios para desbordarse hacia mi barbilla.
Los sonrosados labios de mi coño, hinchados, se abrían como una flor entre los sedosos pelillos que lo cubrían. A cada envite suyo, de mi interior exhala el cálido vaho de mi deseo. Ahora eran tres de sus gruesos dedos los que entran y salen de mi sexo chapoteando en los abundantes jugos que lo inundan.
El cálido jugo resbala por la raja de mi culo, empapándolo todo. Siento que su mano abandona mi sexo y, ya sin recato, intento retenerla con las mías mientras un profundo gemido nace en mi garganta saliendo de mi boca como un aullido de animal herido.
Momentáneamente venzo, sus manos vuelven a mi sexo mientras levanto mis caderas queriendo hacer más profunda su deliciosa intrusión. La victoria es corta y, firme pero inexorablemente, la retira para llevarla a mi entreabierta boca, que golosa los acoge, lame cada uno de sus mojados dedos como si fueran un falo.
Limpia su mano, de vuelta a mi sexo, parsimoniosamente recorre el canalillo entre mis pechos provocándome sucesivas descargas que nacidas en mi hinchado sexo recorren mi cuerpo tensando la espina dorsal hasta acabar como una deliciosa explosión en la base de mi nuca.
Entreabriendo mínimamente mis cerrados ojillos apenas llego a percibir su imponente figura que, sin dejar de conducir el auto, me está llevando una morbosa montaña rusa de orgasmos.
Siento su mano deslizarse por mi vientre, levanto mi cadera para acortar la distancia con mi palpitante sexo. Deteniéndose, sus fuertes dedos hacen suyo mi descapullado clítoris que, palpita como un loco, provocándome un nuevo e intenso orgasmo con el solo roce de su áspera piel.
Mis piernas tiemblan sin control dominadas por continuos calambres, mis muslos se aprietan, mi apretado culo reclama, con el ojete palpitando, su parte, y vaciándome lo mojo todo. El pegajoso flujo inunda mi vulva, empapa su mano, chorrea por el culo hasta mojar el asiento y, en un último espasmo, caigo desecha contra el mullido asiento.
El silencio lo llena todo, noto el coche parado, no se cuánto tiempo lleva así. Cuando por fin abro mis ojos estamos en el jardín de casa, la luz del porche me hace volver a la realidad.
Con miedo, lentamente, giro mi rostro hacia papá. En el salpicadero reposa su móvil, bajo mis ojos y la imagen del húmedo asiento, mis mojados muslos y mi expuesto sexo me muestran que nada de lo sucedido ha sido un sueño.
Roja como un tomate elevo mi vista hacia mi padre. Nada ha cambiado. Su rostro no muestra signo de arrepentimiento. Solo una ligera sonrisa ilumina su rostro. Su firme mano sigue sobre mi muslo.
—Venga gandula, es hora de entrar en casa, no vayamos a preocupar a mama. - Un solo vistazo al salpicadero del coche me muestra que apenas han transcurrido media hora desde que me recogiera de la fiesta.
Todavía abochornada levanto mis caderas. Al intentar subir mis mojadas braguitas su mano me detiene.
—Esto es para mí.- Con firmeza, desliza la empapada tela por mis muslos, que entreabro a su paso para facilitarle el paso. Llegado a mi pantorrilla levanto mis pies para ayudarle a sacarlas. Llevándoselas a su rosto, hinchando su pecho, aspira mi intimo aroma y con una sonrisa lobuna las guarda en el bolsillo superior de su impecable chaqueta, morboso gesto que provoca un nuevo derrame de mi palpitante sexo.
Sin atreverme a mirarlo a la cara recompongo mi vestido, reajusto mis duros pechos en el escote del vestido, el roce de mis dedos me produce un dulce escalofrío, y abriendo la puerta pongo mis pies en el suelo.
Papá sale con calma del coche. Ajustándose el pantalón y la chaqueta se acerca a mí y cogiéndome de la cintura me acerca a él. Siento su calor y acerco aún más mi cuerpo al suyo dejando descansar mi cabeza a la altura de su pecho.
—Venga, vamos a la cama. - Frase que erizándome todos los vellos de mi cuerpo vuelve a ponerme como una perra. Levantando la vista veo su fuerte mandíbula y el chorreo de mi sexo me obliga a apretar los muslos.
Abierta la puerta el silencio nos envuelve. Solo la tenue luz de la lamparita del vestíbulo nos recuerda que no estamos solos. A su paso mi padre la apaga. Con calma subimos los escalones. Yo, queriéndome hacer ingrávida subo los escalones como acariciándolos mientras, a mi lado, mi padre aparenta no importarle lo más mínimo que se nos oiga.
Frente a la entreabierta puerta de mi dormitorio me susurra mordisqueándome al oído.
Temblándome las piernas apenas logro traspasar el umbral. De pie frente a mi cama, de espaldas a la puerta, quedo inmóvil. Espero. La luz de la farola entra por la ventana, siento un escalofrío. Sin verlo, una ligera sombra me anuncia que papá está en el umbral de la puerta. No me atrevo a volverme. La aventura con que comencé la noche apenas ocupa ahora un escondido rincón en mi memoria. Papá es el presente, lo temo, lo deseo.
Noto como sus pasos traspasan el umbral, el click de la puerta consigue ponerme los pezones como pitones, mis muslos se mojan, mis rodillas tiemblan. Con mis brazos pegados al costado, mi pecho sube y baja agitado. Mi cuerpo transpira, siento un goterón recorrer desde el nacimiento de mi cuello por toda mi espalda.
Su calor anuncia su llegada, sus dedos acarician mis hombros y sus labios se acercan a mi cuello. Su caliente aliento eriza mi piel.
—Tu rico chochito no va a ser ahora ni nunca para el pichafloja de mi jefe. - Me susurra mientras sus labios recorren mi cuello. Mi piel se eriza, creo desfallecer. El me sostiene pegándome a su cuerpo. Contra mí siento la dureza y calor de su miembro.
—¿De verdad creías que no me daba cuenta de tus mohines de zorrita y sus gestos de amante de telenovela? - Ahora eran sus dientes los que mordían mi hombro y sus manos me sujetan agarrando mis pechos, caricias animales que me provocan un profundo gemido. Caliente como una perra pego mi culito contra él. Se mueve y sitúa su dura carne sobre mi vestido, sobre el canalillo de mi culo que ante la presión se abre ansioso. Me cimbreo, subo y bajo levemente mi ardiente culito contra su miembro. Noto que le gusta.
Con sus dientes, aferrados al tirante de mi vestido, llevándolo al límite del hombro consigue bajarlo, y apartando por un instante su mano de mi pecho, consigue que quede desnudo. El fresco de la noche eriza mis aureolas, mis pezones se endurecen y crecen. Gimo.
—¡Por favor…! - Apenas susurro.
Su mano libre aparta la ligera tela que aun cubre mi otro pecho y desnudos los dos, sus ásperas manos se hacen dueñas de mis pezones. Un nuevo orgasmo me arrasa y nublada mi mente por el deseo me doblo contra él casi hasta caer.
El inesperado gesto me une más a él. Sus firmes manos me sujetan una vez más agarrando mis turgentes pechos, que hinchados al extremo me duelen, quisiera que nunca dejaran de hacerlo, tanto es el placer que me proporcionan sus bruscas caricias. El vestido, subido por encima de mi cintura, deja mi firme culo al desnudo. Lo siento palpitar debajo de su pantalón, solo la tela me separa de lo que tanto ansió.
Irguiéndome suavemente, recupero lentamente el sentido. Me giró. Mirándolo desde abajo con ojillos de cordero degollado, parece que lo viera por primera vez. Es tan guapo. Desprovisto de su chaqueta aún conserva el suave jersey cuello cisne que tanto resalta su musculatura, Su fuerte pecho, su plano vientre, sus marcados brazos. Resulta que lo que tanto buscaba siempre lo he tenido al lado. Poniéndome de puntillas pegue mi pubis al suyo.
Lo siento duro, enorme, caliente y las rodillas vuelven a flojearme. Me muevo sobre las puntas de mis pies como sé que le gusta, ligeramente arriba y abajo, en pequeños círculos como una danza del vientre. Siento su miembro hincharse aún más bajo su pantalón. Palpita.
Siento sus manos sobre mis hombros desnudo. Se lo que viene y babeo de cachonda que estoy.
Voy a ponerme de rodillas cuando él me para.
—De rodillas no. En cuclillas zorrita.
¡Ostia puta! Su tono autoritario basta para transformar mi coño es una fuente.
Lentamente, rozando mis labios abiertos y mis manitas por su firme cuerpo, voy acuclillándome hasta tener su bragueta a la altura de mis ojos. Se le ve prominente, largo. Boqueo como un pececito fuera del agua.
Elevando mi vista hacia su rostro varonil, mi manita levanta la cinturilla de su jersey y comienza a abrir la hebilla de su cinturón. Mi otra manita soba el caliente bulto mientras mi baba comienza a caer sobre mis desnudos pechos.
Desabrochado el cinturón, mi manita comenzó a liberar el metálico botón de sus jeans.
—¿Sabes guarrilla? Hoy tú vas a sacarme de una duda que tengo.
Valeria, la mujer de mi jefe, siempre que me come la polla como una cerda, entre atragantón y atragantón, mientras lagrimea y babea como tú ahora, siempre balbucea algo sobre lo grande que tengo la polla en comparación con la de su marido.
Nadie parece haberle dicho que no se habla con la boca llena, jajajaja, con lo que nunca me entero si se refiere al doble o el triple de grande. Ahora tú vas a poder aclararme de que me habla esa guarra.
¡Joder con papá! El mismo que me acurruca al acostarme, él, que me todavía me da un beso de buenas noches en la frente, y se preocupa por con quien me relaciono ¡el muy cabrón se tira a la mujer de su jefe!, ¡Dios, estaba cachonda perdida!
En esos pensamientos andaba cuando mi manita seguía bajando la cremallera de su bragueta, con lo que el golpe que recibí en mi frente me pillo de improviso.
—¡Ostia puita! - Pude solo articular mientras reculaba sorprendida. Como un resorte, su polla había saltado del pantalón y me había dado un cipotazo en la frente.
Y Dios ¡Que polla!, la madre de todas las pollas. Oscura, dura como una roca, venosa, caliente y grande ¡MUY GRANDE! Eso si era una polla dije para mi reconciliándome con internet,
Extasiada la contemplaba, teniendo que alejarme de su entrepierna para abarcarla en toda su plenitud. Con los ojos como platos y la mandíbula descolgada miraba hipnotizada como ese pedazo de musculo animal cimbreaba frente a mis ojos como dotada de vida propia.
—Jajajajaja, Vale zorrita, tu cara me vale como respuesta Jajajajaja. - Comento divertido mi padre ante la cara de pasmo que debía tener en ese momento.
Como respuesta solo pude ofrecer el brillo de deseo en mis ojos y mi sonrisa bobalicona mientras trataba de abarcar ese fabuloso monstruo con mis manitas.
—Bueno zorrita, ha llegado el momento de que me demuestres si sigues siendo esa niñita que aun usa braguitas de Hello Kity o de verdad mereces convertirte en mi putita.
Un buen buche de saliva me recorrió raspándome la garganta, ya no había marcha atrás. Y yo solo deseaba seguir hasta el final.
Tímidamente abrí mi boquita, sacando mi lengua cuanto pude papá depositó la pesada punta sobre ella, encamándola. Solo tenía ojos para su prepucio. Lentamente mis manitas estiraron su piel hacia abajo apareciendo su hermoso glande.
Un enorme fresón como no había comido en mi vida apareció ante mis ojos, rojo, brillante, grande, muy grande.
Levante mis ojos hacia papá y en sus ojos no vi una invitación, vi la orden que su putita estaba deseando obedecer. Lentamente, salivando abundantemente, con mis manitas sosteniendo su caliente miembro comencé a tragar.
Apenas había conseguido meter su hermoso glande en mi boca, las comisuras de mis labios ya amenazaban con rasgarse.
—Relájate zorrita, no vas a poder tragártela toda la primera vez. Aprenderás y lo harás, tu boca, tu garganta serán mías. Respira tranquila. Así, por tu naricita.
Su voz me transmitió seguridad y, recordando lo aprendido en las clases de canto, relajé todo mi cuerpo. Mis labios, el paladar y la garganta parecieron distenderse y de un nuevo empujón logré meterme un cuarto de su tranca.
Buscando su aprobación, eleve mis ojillos hacia él, respondiéndome con un gesto de impaciencia.
—¡Vamos putita! Puedes hacerlo mejor. Acaríciala con tu rica lengüita y degusta el sabor a coño de la perra de tu madre.
Mis ojos se me salieron de las orbitas. El muy cabrón había aprovechado el tiempo de recogerme de la fiesta para follarse a mi madre y ¡me lo estaba dando a probar! ¡Papá era un puto sátiro y yo no dejaba de chorrearme como una perra!
Con un nuevo tirón de mi cuello su polla hizo tope con mi garganta y eso que apenas había conseguido meterme poco más de la mitad de su maravilloso miembro. La momentánea pausa me permitió regustarme en el sabor de su miembro, que ahora sabía que lo era del coño de mi madre. Mi memoria gustativa apenas pudo asemejarlo a la salsa agridulce de los chinos y esta idea me arranco una sonrisa.
Satisfecho, papá puso sus manos sobre mi cabecita.
—Saboréalo perrita. Pronto aprenderás a identificarlas a todas por su sabor, incluso llegaras a reconocer de que humor estaba, según qué día, la putita de turno, Jajajajaja.
Bueno guapa ahora comienza lo bueno.
Y sin más tregua comenzó a retirar su miembro de mi boca para, cuando su glande apenas volvía a rozar mis labios, volver a metérmela sin piedad, como un martillo neumático, imprimiendo un ritmo que solo el que me tuviera firmemente fijada con sus manos impedía que callera.
Mi boca no dejaba de salivar, llenando, desbordando mis labios, babeando sobre mis desnudos pechos, sobre mis muslos, que comenzaban a resentirse de la forzada postura provocándome cada vez mayores, frecuentes, deliciosos calambres.
Los mismos calambres que tenían hipersensibilizado los músculos de mi ingle, se transmitían a mi inflamado sexo con descargas eléctricas que aumentaban mi placer.
De vez en cuando papá detenía su martilleo manteniendo su polla taponándome al inicio de la garganta. Con sus fuertes manos resistía mis vanos intentos de retroceder, de respirar, y solo cuando mi rostro comenzaba a azularse lo retiraba para continuar con su maravilloso martilleo.
Mis ojos hace tiempo que estaban arrasados de lágrimas, lagrimas que habían acabado con el rímel con que había adornado mis lindas pestañas y la sutil sombra de ojos de mis parpados. Lágrimas, mocos que salían a borbotones de mi naricita y babas que corrían por mi barbilla y habían transformado mi lindo rostro en una grotesca máscara. Y yo solo deseaba que se corriera en mi boca, sentir su fuerte sabor, que su espesa leche corriera por mi garganta, alimentarme con ella.
Mis pechos, pesados e hinchados como los de una parturienta, rebotaban en cada acometida, mi hirviente sexo palpitaba fluyendo mi espeso flujo como un río, formando entre mis piernas un charco cada vez mayor.
Solo la necesidad de mantener mi inestable equilibrio me impedía dejar de agarrar el pedazo de tronco que no lograba meter en mi boca para llevar mis manos a mi inflamado clítoris y frotarlo como una loca.
Sustitutos de mis entretenidas manos, trataba de aliviar mi calentura rozando mis muslos. Casi vencida por el cansancio, mi culito reposaba sobre mis talones, y el rítmico golpeteo de estos con mis glúteos transmitían crecientes olas de placer que tenían a mi ojete como destino, que boqueando parecía esperar quien lo rellenara.
En mi delirio sentí como aumentaba el ritmo y su miembro engordaba en mi boca. Elevando mis empañados ojillos hacia papá contemple su rostro crispado, sus ojos cerrados, su boca entreabierta y fui yo la que incremente el ritmo, acompasando sus acometidas a las mías, profundizando su penetración hasta casi traspasar a mi garganta.
Sentir sus crispadas manos sobre mi cabecita me anticipo lo que tanto deseaba que ocurriera. Inmovilizada por sus fuertes manos el primer trallazo de su leche me relleno la garganta, inconscientemente aflojo su presión y al recular su polla un tanto, el siguiente trallazo se estrelló en el paladar.
Momentáneamente rehecho, volviendo a asir con fuerza mi cabecita, de un golpe de riñón papá volvió a metérmela hasta la campanilla. Un tercer trallazo que manó como un río inundó mi garganta con un gorgoteo continuo que haciéndome difícil tragar provocó que comenzara a toser violentamente, lo que hizo que su espesa leche comenzara a manar por mi naricilla.
Avergonzada, eleve suplicante mi mirada hacia papá, que serio, como única respuesta volvió a metérmela violentamente en la mi boquita.
—Come puta, trágatela toda ostia, traga puta, zorraaaa
Imposible de seguirle el ritmo, mi cabecita era un pelele en sus manos, su glande igual atacaba el interior de mis carrillos, que el paladar o el inicio de mi garganta en un golpeteo loco mientras sus bamboleantes huevos golpeaban el bajo de mi barbilla.
Mis babas y su rico semen desbordaban mi boca cayendo sobre mis desnudos pechos, cubriéndolos con la espesa mezcla.
Sintiéndome usada, estaba como loca, desatada, mi mente iba a mil. Mis erizados pezones amenazaban con reventar, mi coño se contraía como queriendo retener un miembro que aún no había probado, y era feliz, feliz de sentir a papá, a mi hombre, mi macho descargarse en mi boca.
—¡Córrete guarra! Traga, traga, zorraaaaa
Jamás pensé que mi juvenil cuerpo pudiera albergar tal cantidad de líquido. El orgasmo me mordió la base de mi nuca como una fiera. Vueltos mis ojos creí morir de placer. Solo el agarrarme a su palpitante miembro me impidió caer.
En mis manos continuaba palpitando, sus últimas descargas llenaron mi rostro, mis piernas temblonas cedieron al fin cayendo de hinojos al suelo, desbaratada, exhausta mientras los últimos estertores de mi orgasmo todavía hacían temblar mi cuerpo.
Rendida en el suelo, apenas tuve fuerzas para abrir mis ojillos y elevar mi mirada hacia papá. Estaba imponente, ligeramente despeinado, con su erguido miembro en su mano, pajeándolo suavemente, descargaba sobre mi cuerpo los restos de su corrida. Sonreía y saber que estaba contento lleno mi magullado cuerpo de una cálida alegría.
Sintiendo que aún no había terminado me incorporé como pude, y sustituyendo sus manos por las mías continue masturbándolo, enfrentando su glande a mi cara, sentía como, por espasmos, su leche seguía rociando mi cara. Con los ojos desorbitados de deseo acerque mi boca a su enrojecido glande comenzando a lamerlo en pasadas largas, de la punta hasta los huevos y de vuelta al glande, rebañando cualquier resto de semen que lo cubriera.
—Así putita, déjalo reluciente. Esa es la primera regla que has a aprender “quien ensucia limpia”- susurró papá mientras sus dedos se entremetían en mi desecha melena.
Una de mis manitas hizo suyo uno de sus hermosos huevos de toro. Cálido y pesado, volvía a estar lleno para una nueva faena. Admirada volví mi sucia carita hacia él sonriéndole. Abriendo mi boquita cuanto pude metí el otro huevo en mi boca. Lo lamí, chupé, sorbí destilando el fuerte sabor que desprendía, ese era de él, sin contaminar por el chocho de mamá.
Con mis mejillas, labios y manos acariciaba su miembro que hacía rato había recuperado su dureza inicial. Una necesidad imperiosa me impedía separarme de él, cual síndrome de abstinencia, su polla era mi droga.
En un movimiento inesperado su mano se hizo con mi sexo y ello basto para que de mi garganta naciera un rugido animal que él sofocó con su fuerte mano, mientras mi cuerpo convulsionaba sin ser capaz de emanar flujo alguno, tan seca había quedado tras nuestra incestuosa aventura.
Acuclillándose a mi lado, sonreí al ver como su polla descansaba deslizándose en el frio suelo. La tenía tan cerca, era tan apetitosa que aun intente acercar mi boquita a ese monstruo que tanta felicidad me estaba proporcionando.
Cariñosamente, su fuerte mano acaricio mi mejilla con su reverso.
—Te has portado bien putita. Ahora toca descansar.
No le pasó desapercibido el pequeño gesto de decepción que dibujó mi rostro. Desde el inicio de la noche era su miembro lo que había deseado que llenara mi sexo.
—Tendrás tu premio zorrita, te lo has ganado, pero cuando puedas mantenerme el ritmo. Ahora, si todavía quieres ver como folla un hombre, dejare abierta la puerta de mi dormitorio.
Cogiéndome por mis axilas me elevo como si fuera una pluma hasta sentarme en el borde de mi cama. Posando sus fuertes manos en mis mejillas aproximando sus labios a mi boca nos fundimos en un tórrido morreo. Su lengua entrelazada con la mía me penetraba hasta raspar mi paladar, tocar mi campanilla, tironeando de mi húmedo musculo amenazando con arrancármelo.
Sus dientes mordían mis labios, estirándolos, lamiéndolos, saboreándolos, compartiendo nuestra saliva. Extasiada, deshecha, me entregue a él, hasta que, de igual modo que empezó, rompió el beso.
—No sé porque, pero estoy seguro de que no echaras de menos al pichafloja de mi jefe.
Dejándome ahí, sin más palabras, viendo su imponente figura recortarse contra el marco de la puerta supe que tenía un nuevo propósito en mi vida. Ser la putita de papá.
Sentada en mi cama, todavía con la mirada fija en el marco de la puerta, como esperando que papá volviera, basto un instante para darme cuenta de lo desecha que estaba.
Me dolían todos los músculos, pero lo peor era la deshidratación. La boca seca como un corcho era el menor de sus síntomas, mis piernas temblonas, recorridas por micro calambres, mi piel sin textura y las paredes de mi vagina pegadas entre sí anunciaban la cantidad de líquido que había perdido.
Sacando fuerzas de flaqueza comencé a levantarme apoyándome en los muebles de mi cuarto y casi a rastras llegué al aseo del rellano. Como el ganado ante la proximidad de la fuente me arrastre hasta el grifo del lavabo y amorrándome comencé a tragar como si no hubiera un mañana.
Jamás pensé que fuera capaz de tragar tal cantidad de líquido, pero poco a poco mi cuerpo recuperó las fuerzas.
Ahita. Dejándome caer contra la puerta, comencé a recuperar el resuello y apoyándome en el lavabo logré levantarme.
Vuelta hacia el espejo, el cristal me devolvió una imagen grotesca. Con el arrugado vestido hecho un gurruño alrededor de mi cintura, mi vulva, mis pechos aparecían inflamados, pringados.
En un primer momento ni siquiera reconocí la imagen que me devolvía el espejo. Cubierta de babas, semen y restos de fujo, con el rímel corrido, mi imagen era la de una máscara de geisha derretida.
Aun así, el recuerdo de lo vivido aquella noche me hizo esbozar una picara sonrisa.
Recuperada, comencé a recoger el semen de la cara. Llevada por un morboso impulso lleve los pringados dedos a mi boca. Relamiéndolos, metiéndolos hasta los nudillos no deje de chuparlos hasta dejarlos limpios. Satisfecha, comencé a lavarme la cara. Con el color retornado a mi cara, volví a reconocerme como la desvergonzada adolescente que había comenzado su tórrida aventura aquella tarde. Un familiar calorcillo volvió a mi entrepierna al rememorar lo vivido con papá.
En el silencio de la casa, un profundo gemido me saco de mi ensimismamiento. Saliendo del aseo me dirigí sigilosa hacia el cuarto de mis padres. Papá había cumplido y la puerta de su cuarto aparecía abierta del todo. La luz indirecta de su baño iluminaba levemente el dormitorio.
Un nuevo gemido acompañado del renqueante sonido del somier rompió de nuevo el silencio.
—Siiii, Ufffff Diossss la tienes tan dura, follameee
Subida a la cama, de rodilla, sentada su culazo reposando sobre sus piececitos mama estaba de cara a la puerta. Con su cortita camiseta de dormir por encina de su ombligo, Papá, pegado a su espalda, magreaba sus perfectos pechos.
—Tócate el coñito, tócate para mí, zorra.
Las manitas de mamá, dejándose caer hacia su entrepierna, llegó encima de su tanga, Apartándola a un lado, metió el dedo índice en su húmeda rajita.
—Así guarra. Susurraba papá mientras, comiéndole el cuello, retorcía sus erectos pezones.
Totalmente lanzada, me atreví a asomar algo más mi cara para no perderme detalle, dándome cuenta de que los ojos de mamá estaban cubiertos por un pañuelo.
Habiéndome visto, un gesto de papá me invito a disfrutar del espectáculo.
— Quítate la camiseta puta, metete los dedos en tu boquita de guarra
Joder cuando lo hizo, ver esas tetas, las fuertes manos de papá sobándolas me provocó tal calentón que como un autómata mis manos se posaran sobre mi sexo. Estaba que me derretía.
Mamá obedecía sin dudar con cara de absoluto vicio. Sus dedos penetraban a la vez su coño y su culo. Sus labios boqueaban como un pececito fuera del agua, babeando de gusto. Se estaba haciendo un dedo de campeonato.
Mi manita chapoteaba en mi coño.
Papá sobaba sus tetazas, la morreaba bien guarro. Su lengua penetraba su boca como una polla. Cogiéndola del cuello lo vi apretar… como haciéndole saber quién era su macho.
Yo me moría por ser ella. Por estar en sus manos, por obedecer lo que me mandara.
Ordenándole que se corriera, mamá cerró los ojos, su manita se escarbaba el coñito a velocidad supersónica y se corrió. Con los dedos de papa llenando su boca. En silencio total, temblando de pies a cabeza, apretando los labios entorno sus dedos, ahogando sus gemidos para no despertar a sus niñitos. Como una madre entregada.
Girándola, papá hizo que se la mamara. Papá se situó a su costado para sobarle las tetas mientras mamá le comía la polla… como se la chupaba, como una ternera sus hinchados labios parecían sorberla, quererla exprimir, comiéndole los huevos como una gatita con mimo, sus manitas seguían martirizando su palpitante coño. Totalmente fundida.
Con las manos temblando mis manos se repartían ente mis pechos y mi coño. Transpirando, mi pecho agitado, mis ojos no perdían detalle de la morbosa escena.
Poniéndola a cuatro patas, frente a mí, papá presionándola entre los omoplatos hizo que su cara reposara sobre el colchón. Su culazo lucía rotundo.
—¿Es esto lo que quieres guarra?
—Siii, Siiiiiiii, dame, dame duro cabrón, dame ese pedazo de polla que cargas -gemía
Plaassss! Plaasssss! Los azotes resonaban secos, sus nalgas se enrojecían por momentos. Papá me saco la lengua, su húmeda lengua me dirigía gestos obscenos. Me sentía morir.
—Calla guarra – Y metiéndole un trapo negro en la boca acallo sus gemidos.
—Saboréala. Saborea esta braga que no es tuya ¿adivinas de cual de mis putas es? Siempre has tenido buen tino para distinguirlas.
Mamá mugía como una hembra desesperada de polla. Yo, al caer en que esas braguitas eran las mías, ahogando mi grito con la mano, cayendo al suelo con las piernas temblonas, me corrí como una cerda.
—Mueve el culito guarra. Mueve ese culazo tuyo para mí. Pídeme que te lo parta…
Y mamá movía ese culazo que se gasta, lo cimbreaba, lo empujaba contra la polla de papá. Reclamando lo que creía suyo, gemía, farfullaba, y aunque no se entendía nada, yo sabía que le estaba suplicando a papá que la follara.
Desde el suelo vi como el cabrón de papá se resistía a darle lo que mamá suplicaba. Restregándole su pedazo de polla por toda su raja, pasándola ente las calientes nalgas, papá no dejaba de martirizarla mientras ella se retorcía de puro deseo. Podía ver como sus flujos mojaban su polla, como brillaba, húmeda, de tan caliente u ligero vaho la rodeaba. Mi boca entreabierta era un mar de babas.
Con su dedo papá me llamo a su lado. Arrastrándome hasta la cama, procurando no hacer ruido, levantándome sobre mis rodillas, llegue a su altura. Y entonces papá, girándose metió su caliente polla en mi boca. Un trallazo me recorrió. Mis flujos se derramaban por mis muslos. Queriendo ser mejor que ella, que me prefiriera a mí, abrí la boca cuanto pude y sin ayudarme con las manos, metí su polla en mi boca hasta hacer tope con mi garganta. Mi lengua ensalivaba su miembro.
Lo mire interrogante, su sonrisa satisfecha y su mano sobre mi cabecita fueron la mejor respuesta.
Mamá seguía retorciéndose, intentando hacerse oír. Arrasada de lágrimas, suplicaba polla.
Y papá sin darse prisa, afirmándose firmemente en sus caderas, apunto su enrojecido glande a la puerta de su palpitante ojete.
Me pareció oír como mi madre, aliviada, suspiraba profundamente anticipando el final de su martirio.
Sin aviso, de un fuerte golpe de riñones, papá se la metió. No fue suficiente uno, fueron necesarios tres empellones para que su pubis hiciera tope con el culazo de mamá.
A esas alturas ella ya había escupido mi tanga de su boca y gemía, lloraba, feliz, llena, berreaba de gusto. Como una buena guarra.
Y entonces papá comenzó a bombear, fuerte, seco, rítmicamente. Lento al principio, más rápido después. Con sus empellones papá hacía que la cama crujiera, que mamá levantara las rodillas del colchón, que sus babas mojaran las sábanas.
Plaassss! Plaasssss! Sus manos volvían a azotar su culazo.
El bamboleo de los gordos huevos de papá golpeando rítmicamente el chorreante coño de mamá me tenía hipnotizada.
Mis manitas iban de mi sexo a mi boca. Cada golpe de pelvis lo sentía en mi coño, lo deseaba en mi culo. Los celos me devoraban. Quería ser ella. Ser yo a quien abriera mis carnes. Apenas había probado su polla en mi boca, la ansiaba en mi mojado culo y palpitante ojete.
Papá la follaba a cuatro patas y seguía azotando sus erguidas nalgas.
Echándose sobre su espalda papá le susurro al oído.
—La muy guarra que me he follado antes de recoger a la niña chillaba como una cerda…como tú.
Alargando su mano papá recogió mis babeadas braguitas arrojándolas fuera del dormitorio.
Echándola de costado, sin sacarle la polla del culo continúo enculándola, morreándola suciamente. Mamá le buscaba la boca como una sedienta en el desierto. Su polla entraba y salía de su culo. Sus lenguas jugaban ansiosas y con una mano le apretaba los melones, le metía dos dedos en el coño…sin dejar de besarla, haciéndole correr de nuevo, sin dejarla respirar…comiéndole los morros.
Apoyada contra la pared contemplaba la tórrida escena mientras mis dedos entraban y salían de mi sexo.
Sentándose contra el cabecero de la cama papá la hizo arrodillar entre sus piernas, volviendo a comerle la pringosa polla. Otra vez todo el repertorio…le comió las pelotas…le repasó los huevos con la lengüecita…los estaba dejando relucientes.
Se pasaba la polla por la carita, por los labios como posesa…echándole todo adentro…toda…todita la leche, que se tragó de un bocado.
Cuando ya se había corrido…mamá seguía con su polla… Aun habiendo perdido parte de su dureza mamá seguía con su polla en la boca y se masturbaba…se pajeaba la muy zorra, nunca había visto algo así… se destrozaba el clítoris con su polla en su boca…hasta que se corrió…. Tenía una cara… parecía a punto de llorar y con la boquita deformada por su polla…Jadeaba, su respiración buscaba recuperar su ritmo normal.
Silenciosamente, reptando, salí del dormitorio dejando un rastro de flujo en el suelo. Fuera de la habitación recogí mis braguitas, estrujadas entre mis deditos sentí fluir la pegajosa mezcla de sus babas y mi flujo. Lamí las gotitas que resbalaban entre mis dedos.
Llegada a mi cama me deje caer sobre el colchón.
Mis manos volvieron a mi sexo mientras masticaba mis mojadas braguitas y como una creciente ola el orgasmo llegó a mi cuerpo mientras suspiraba “Papaaaa…”
Rendida por el trajín que había disfrutado en apenas unas horas, Adrea cayó rendida al sueño.
La vibración que sentía cerca de su cara le pareció una parte más de un extraño sueño, pero la insistencia termino por sacar de su sopor a la aturdida jovencita.
Abriendo un ojo la luz le cegó y volvió a cerrarlo. Era sábado, podía dormir cuanto quisiera. La molesta vibración comenzó de nuevo. Sobresaltada Andrea abrió los ojos para encontrase que era su móvil el que vibraba.
Intrigada, desbloqueo la pantalla para comprobar que era su padre quien la llamaba. De un salto se incorporó en la cama.
—¿Si? Contestó en un susurro la sorprendida niña
—Entérate bien zorra, que sea la última vez que no contestas a la primera. Salta de una vez de la cama y vente a mi cuarto cagando leches. Interrumpiendo bruscamente la comunicación.
Como impulsada por un resorte, Adrea echo pie al suelo y cogiendo al vuelo una ligera camiseta que usaba como pijama salió corriendo hacia el dormitorio de sus padres.
Llegada a la carrera, la adolescente echo el freno en previsión de que pudiera encontrase. En particular por el temor a encontrase de cara con su madre.
Con precaución asomo su cabecita por la puerta entreabierta para encontrarse con su padre tal como lo dejara la noche anterior. Sentado contra el cabecero de la cama, con el fuerte torso desnudo, permanecía cubierto de cintura para abajo por la arrugada sabana.
—Pasa ostia, tu madre puede volver en cualquier momento- le dijo secamente su padre mientras retiraba la sabana de un golpe.
Andrea abrió los ojos como platos. Ante sus ojos el tremendo miembro de su padre se mostraba hinchado, erecto, descapullado, con una brillante gotita empezando a deslizarse por su rojo glande.
—Solo te lo voy a decir una vez. A partir de hoy cada día te levantas y te vienes para el cuarto, compruebas que mamá no está a la vista y te sirves tu ración de palote relleno. No querrás que baje todos los días con este empalme. O eso o tendré que dárselo a tu madre. Jajajaja.
Con la boca hecha agua me lance sobre la cama como quien se tira a la piscina y agarrando con mis manitas el duro palote de papá no paso un segundo a que lo tuviera en mi boquita.
Levantándome sobre mis codos inicie una jugosa y profunda mamada sin ayudarme con las manos. Mientras papá, con una sonrisa satisfecha, se arrellanó y poniendo sus manos detrás de su cabeza se dispuso a disfrutar del espectáculo.
—Así guarrilla, traga como la cerda que eres. Ummmm que boquita gasta mi niñita. Con un gesto me indico que me acercara y sin interrumpir mi mamada me fui girando para acercarle mi culito.
—¿Notas el sabor a culo de tu madre? . - El solo recuerdo de la tremenda follada de culo que recibió mi madre y el saber que era su agridulce sabor el que tenía en mi boca bastó para ponerme como una perra.
Ya a su alcance, su dedo corazón comenzó a recorrer de arriba abajo mi húmeda rajita provocándome un sinfín de deliciosos escalofríos.
—Vamos guarra, no tenemos todo el día. - Me recordó
Acelerando mi ritmo, su gruesa polla se deslizaba en mi mojada boca mientras mis babas comenzaban a gotear sobre sus hinchados huevos. Sabiendo que en cualquier momento podía aparecer mi madre, estimule con mi manita sus huevos de toro.
Intentaba concentrarme, pero el delicioso dedo que me estaba proporcionando, pellizcando mi descapullado clítoris, o introduciendo sus gruesos dedos en mi palpitante sexo, me hacía olvidarme de mi tarea, cosa que provocó que papá nalgueara mi duro culito.
—Venga guarra, a lo tuyo. - Me recordó mientras su mano, haciendo una cola con mi melenita, imprimía un fuerte ritmo a mi mamada.
Con los mocos saliendo a borbotones por mi naricita, mis babas derramándose, mi boquita inundada por ese delicioso trozo de carne, yo estaba en la gloria y solo ansiaba el momento en que papá descargara su preciosa carga en mi garganta.
El sentir como su miembro de hinchaba aún más, como palpitaba y papá presionaba mi cabecita hacia su pubis me hizo saber que el glorioso momento estaba cerca. Papá paró de bajar y subir mi cabecita sobre su miembro. Lo miré y vi como entrecerraba sus bonitos ojos. Cada día me parecía más guapo. Sonreí y relajé mi garganta.
La descarga llegó como una cascada, a un primer chorro que lleno mi boca siguió un verdadero caudal que me afane en tragar y tragar, sin saborearlo, sintiendo su espesa leche recorrer mi garganta hasta el estómago. Buffff, creía que sería imposible tragar tal cantidad, sentía mi barriguita llena. Un último espasmo provocó que parte de su corrida saliera por mi naricilla.
Estaba relamiendo el pringoso miembro de papá, babeando al verlo todavía erecto, duro como una roca, cuando el ruido de la puerta de casa me provocó un respingo y temiendo ser pillada por mamá inicie mi huida.
Un fuerte tirón de pelos me paro en seco.
—De aquí no te vas hasta que termines tu faena. Así no remolonearas mañana.
Entre divertida y atacada de los nervios mi lengua parecía un torbellino y cuando creía que había completado mi tarea papá volvía a retenerme, señalándome algún grumo que se me había quedado atrás.
El ruido de pasos empezó a oírse en la escalera. El corazón amenazaba con salirme del pecho. Aterrorizada mire a papá, que con una sonrisa dejo por fin que me fuera.
Apenas había llegado al cuarto con la boca aun rezumando la calentita leche de papá cuando oí la voz de mamá.
—Ummm, ¿mi machote esta aun remoloneando en su camita? Guauuuu, Mi macho está muy recuperado ¿No te basto con la zorrita que te follaste ayer y con la enculada que me diste? Uyyyy Jijijiji, shiiii, loco, loco jijijiji, déjame…ohhhhh siiii ostia, con este pollón tengo que perdonarte todo…uuummmm.
¡Ostia! mi madre era una cornuda consentidora y satisfecha. Alucinaba. Comenzando a escuchar el inconfundible sonido del colchón, en mi desecha cama comencé a darme un delicioso dedo recordando el cuerpazo de papá.
Pasado un buen rato y tras adecentarme un poco, vestida solo con una corta camiseta que dejaba a la vista el nacimiento de mi culito con idea de alegrarle la vista a mi padre, bajé a la cocina donde encontré a mamá dando de desayunar a los gemelos. Ni rastro de mi padre.
—¿Y papá? – pregunté con un toque de ansiedad en mi voz
—Tu padre ha salido con la bici, no volverá hasta media mañana. No sé qué le ve a eso de la bici, pero bueno a él le gusta. - Contesto distraída, pero con un inconfundible brillo de alegría en los ojos.
—Desayuna, arregla tu cuarto que está hecho una leonera. Cuando acabes te pones a estudiar y ni se te ocurra levantar los ojos del libro. Y olvídate del móvil. – Me reprochó con un toque de irritación – Yo voy a bajar con tus hermanos a la piscina, cuando acabes te bajas y me ayudas.
—Oki.- respondí bufando por lo bajo.
Bufff, la mañana pasaba lenta como un caracol. Abiertos los libros sobre la mesa, hacia más de media hora que no pasaba ni una hoja. Girando el lápiz entre los dedos, la vista se me iba continuamente de la piscina de la urbanización donde veía a mamá hablando con las vecinas, mientras de reojo miraba el móvil, leyendo envidiosa en Instagram los reels e historias de mis amigas.
Planchada por el aburrimiento, no dejaba de mordisquear el lápiz mientras mi menta divagaba sin rumbo. De pronto una sonrisa ilumino mi rostro y comprobando que mamá estaba entretenida con los peques decidí darme un merecido descanso.
Frente a mi revuelto armario decidí espantar el aburrimiento probándome los bikinis del año anterior para ver si alguno me podría servir. La verdad es que mirándome al espejo con el que, hasta entonces, había sido mi bikini favorito podía darme cuenta de lo mucho que mi cuerpo había cambiado en tan solo un año. Era un bikini de dos piezas amarillo muy bonito pero que, a duras penas, era capaz de cubrir mis tetas y mi culo.
Cumplido un año más, aún conservaba mi cara aniñada de labios gruesos y mirada traviesa pero mi cuerpo ya era el de toda una mujer, con unos buenos pechos coronados con unos pezones que atravesaban la fina tela del bikini y unas marcadas caderas que resaltaban un culito respingón por donde se perdía la braguita sin remedio convirtiéndose en poco menos que un tanga. Estaba claro que necesitaría renovar mis trajes de baño si quería escaparme algún rato a la piscina o a la playa porque usar eso incrementaba demasiado las probabilidades de acabar siendo violada.
Mientras me probaba un segundo bikini rosa tuve la sensación de que alguien me observaba. Al creerme sola en casa, la puerta de mi habitación estaba abierta y al fijarme, el espejo me devolvió la imagen de mi padre que sin inmutarse disfrutaba sonriente del espectáculo de estriptís.
Dispuesta a alegrarle la vista y otras cosas, mordiendo mi carnoso labio inferior, me calcé unas lindas sandalias de plataforma que hacían mis piernas más largas y levantaban mi culito. Con esas prendas tenía pinta de golfa de polígono que tiraba para atrás.
Una vez calzada y sin volver la vista continue con el morboso espectáculo. Igual que el otro el bikini, este, rosa chicle, cubría una ridícula parte de mis tetas y marcaba de manera clamorosa mi vulva, dejando entrever parte de mis labios vaginales por los laterales, la verdad es que con este parecía un putón...
Chorreando, anticipando el momento, quise darle un toque mas guarro a un y cogiendo un chicle comencé a mascarlo hasta conseguir una buena pompa. Sabia que con esa pinta de nena cachonda mi papá debía estar reventando de ganas de follar a su nena.
Caliente, comencé a cimbrear mi insinuante cuerpo haciendo posturitas delante del espejo, acariciando mis curvas con mis pintadas uñitas. Sacando mi culito, sentía sin verlo que papá me estaba comiendo con sus ojos. Dispuesta a subir la apuesta, llevando mis manitas a mis turgentes pechos, comencé a acariciar mis duros pechos, que sentía llenos, pesados. Sacando de la escueta tela mis erizados pezones comencé a retorcerlos, a estirarlos, entreabriendo mi jugosa boquita, sacando mi húmeda lengua entre mis blancos dientes, mascando escandalosamente el chicle, mientras sensualmente gemía como una gatita caliente.
Al oír sus pasos supe que había ganado.
Sin necesidad de volverme sentí su presencia, su calor.
La excitación erizo los vellos de mi cuerpo. Una corriente eléctrica me tenía en una deliciosa tensión.
Sentir sus fuertes manos en mi cintura hizo que humedeciera mi sexo y mis rodillas temblaran.
Plassss! Una fuerte nalgada sacudió mi culito.
—Vaya culazo que gastas guarra. Es un sueño tener una putita como tú en casa- Susurro, mordisqueando mi cuello mientras sus dedos recorrían de mis caderas al nacimiento de mis pechos.
Solo oírlo susurrar me puso a mil.
Echando mi culito hacia atrás, creí derretirme de gusto cuando mis nalgas sintieron su duro miembro sobre mi piel. Cogiendo sus fuertes manos las posé sobre mis turgentes pechos.
Sus dedos sustituyeron los míos, pellizcando, estirando, retorciendo mis erectos pezones. Un profundo gemido salió de mi boca.
—¡Ostia puta! ¡Papá!¡me tienes tan perra!
Sus dedos índice y corazón comenzaron a acariciar mis mojados labios, entreabriendo mi boquita, punteándolos con mi lengua, les invite a penetrar en ella. Penetrándome, lenta, pero inexorablemente comencé a comerlos hasta los nudillos. Los chupaba golosa mientras mi culito cimbreaba sobre su dura entrepierna. Papá magreaba, estrujaba mis pechos.
Girándome lentamente, le mire con cara de vicio. Vi fuego en sus ojos, sus manos se crisparon en mi culito. El fuego que me consumía me hacía traspirar, sentía mi coño abrirse y cerrase, inflamar mis labios vaginales y comenzar a chorrear como una cerda.
Poniéndome de puntillas eleve mis brazos cerrándolos entorno a su fuerte cuello. De un grácil saltito me encarame a él. Abrazándolo con mis piernas, mi hinchada vulva cayo sobre su duro miembro. Su delicioso calor me abrasaba, eche mi cabecita para atrás y exhale un profundo gemido. Papá me sostenía agarrándome, magreándome mi firme culito.
Sensualmente comencé a rozar todo mi cuerpo contra él. Podía sentir como mis erectos pezones arañaban su pecho, como mi vulva recorría a lo largo su palpitante miembro, a cada centímetro me sentía morir.
Su boca comenzó a morder la mía, mi boca se abrió, entregándome, dejándome poseer por su larga y húmeda lengua que tomó posesión de la mía. No hubo un rincón de mi boca que no explorara, superando mi campanilla parecía querer llegar a mi garganta. Estaba cachonda, me derretía entre sus brazos, mi cuerpo se adhería al suyo.
Desde donde estábamos veíamos la piscina de la urbanización.
—¿Mi sucio papí va a desvirgar a su puta niñita a la vista de mami y sus hermanitos? - Susurre morbosamente mientras le mordisqueaba el lóbulo de su oreja. Quería ponerlo hirviendo, sacar su instinto animal, que lo dominara. No podía dejar que se echara atrás.
La forma en que me llevo contra la pared, como ciño mi cuerpo con el suyo, como echo para delante su prominente pubis contra mi húmeda rajita me confirmo que había vencido, que no habría marcha atrás, que papá haría de su pequeña, su putita.
Sus carnosos labios, sus afilados dientes saboreaban mi cuello, sus empellones y restregones contra mi vulva amenazaban con hacerme correr sin haberme penetrado. La ostia fue cuando su dedo corazón, sin previo aviso profano mi culito. Creí morir, me corrí como una perra, agitándome, gritando, como una cerda.
Despacio, en volandas, papá me llevo hasta la cama y dejándome caer de espaldas pude al fin contemplarlo en plenitud.
Su rostro, desencajado por el deseo, mostraba signos de nuestra reciente batalla. Sus labios inflamados, su rostro recorrido por nuestras babas, sus ojos dilatados le daban una apariencia animal.
Simulando un miedo que no sentía, recule levemente como un animalillo asustadizo, como queriendo escapar. El vicio en mis ojos me delataba. Un simple gesto suyo bastó para detenerme. Me tenía cachonda perdida.
Sonriéndole lascivamente, asomando mi lengüecita entre mis labios, aun con mis lindas sandalias, con los pies sobre la cama, separe aún más mis rodillas mostrándole la humedad que empapaba la braguita del bikini.
Sonrió lobunamente, con sus dientes brillando. Ahora si me dio miedo.
Su pecho, marcado por el maillot de ciclista se mostraba firme y musculado. Su calzón marcaba obscenamente su prominente miembro mientras ceñía sus musculosas piernas…
Acercándose a mí se deshizo del maillot descubriéndome su musculado y depilado pecho. Yo babeaba con la sola contemplación de su cuerpo. Coqueta, deslice a un lado la escueta tela de mi bikini dejando a la vista mi chorreante e hinchada vulva, que, como apetitoso melocotón, invitaba a ser devorada.
Sus dedos índice y corazón recorrieron desde abajo la raja entre mis nalgas. Desde mi sonrosado ojete hasta mi clítoris, arrancándome una nueva descarga, recogiendo un buen churretón de mi flujo, dándomelo a probar.
—Aaaggggghhhhh ¡LA OSTIA PUTAAAA!
Girándome, poniéndome a cuatro patas, con los ojos hinchados de deseo ciego, avance con sensualidad felina. Sin perderle la vista, invitándole con mi boca entreabierta, mi lengua húmeda, mi fuerte olor a hembra caliente.
Llegando a la altura de su prominente entrepierna, con su inmenso bulto marcando obscenamente su pantalón, mi boca babeaba, comenzando a mojar mis sabanas.
Mi manita se hizo con la cinturilla, mi dedo índice comenzó a bajar su ceñido pantalón. Prevenida por lo pasado la noche anterior, la salida como un resorte de su enorme miembro no me pillo de sorpresa, cogiéndolo al vuelo con mi manita.
Con su caliente polla en mi manita, con su brillante glande ante mis ojos, y aunque creía conocerlo desde las dos veces anteriores, mis ojos se abrieron como platos, mi mandíbula volvió a descolgarse, mis flujos se derramaron por mis muslos.
Mirándolo a los ojos, mi lengüecita comenzó a saborearlo, mis carnosos y húmedos labios a rodear su glande como una rica bola de helado. Su mano derecha se apoyó en mi cabecita. Mirando su hermoso rostro le sonreí y comencé a tragar su hermosa carne.
Un brillo de sorpresa ilumino mis ojillos, desviando una interrogante mirada a papá, el sabor de su polla era distinto, diferente al regusto del coño o culo de mamá.
—Jajajajajaja. ¡Te has dado cuenta! Eres buena. Comienza la cata de sabores. - Respondió divertido mientras empujaba mi cabecita hacia su pubis.
—Tercera muestra para tu catálogo. Apunta a Jimena en tu lista, su culo.
Ostia puta. Papá venia de tirarse a la estirada mujer del presidente de la Inter comunidad. En realidad, era ella la verdadera presidenta Jajajajaja. La misma que nos mira por encima del hombro y abusa de los jardineros como si dirigiera un campo de algodón en el profundo sur americano, se acababa de abrir de patas a papá.
—Jajaajjaja. Si, es como te lo imaginas. La estirada pija se abre como una guarra, abriéndose el culito con sus cuidadas manos, suplicando que le abra el ojete, babeando ante la contemplación de mi polla. Jajajajaja. Y ahora deja de distraerte y chupa.
Haciendo tope con mi campanilla, papá comenzó a retirar su polla para volver a meterla, superando su anterior límite. Primero lentamente, al poco aumentando su ritmo. Las lágrimas comenzaron a aflorar, mojando mis mejillas, los mocos a borbotear en mi naricilla.
Sus dos manos se posaron a los lados de mi cabeza. Sabia lo que venía, comencé a salivar abundantemente, me tenía encendida como una guarra.
Sus envites, secos y firmes, comenzaron a traspasar mi garganta. Cada poco, haciendo tope, papá mantenía su enorme tranca en mi boca. Sonriendo esperaba hasta que mis manitas, impelidas por la falta de aire, trataban de empujar para sacarla. Su presión lo impedía. Y cuando él lo decidía, volvía a retirarla. Era el puto amo y yo su entregada guarrilla.
Llevaba un buen rato con el mete y saca, mi boca dilatada, encharcada en mis babas, cuando paró.
Cogiéndome suavemente de mis mejillas papá me elevó ligeramente, besándome, tiernamente, para pasar a morrearme, comerme los labios. Me derretía en sus manos, me faltaban las fuerzas, haría lo que fuera que me pidiera.
Girándome hacia el cabecero, poniéndome a cuatro patas, la expectativa de que por fin hubiera llegado el momento me provocó un delicioso escalofrío. De que como una perrita por fin me desvirgara sintiendo los rítmicos golpeteos de su pubis en mi culito me puso a mil.
Sintiendo como sus rodillas hundían el colchón, miré hacia delante, frenética por que ocurriera, me llevé una sorpresa cuando colocó su móvil sobre la almohada.
El que se dispusiera a grabar mi inminente desvirgamiento me dio otro subidón. Papá era un pervertido y ese pensamiento morboso hizo que el coño se me hiciera agua.
Sentí sus manos en mi culito, separando mis nalgas. Sentir su carnosa y húmeda boca sobre mi palpitante vulva me provocó tal orgasmo que, fallándome las fuerzas en mis bracitos, mi cabeza cayó a peso sobre el colchón.
Su jugosa boca abarcaba mis hinchados labios vaginales. Dejandola sobre ellos, sorbiendo mis jugos, creí morir. Arrastrándose desde abajo, su rasposa lengua recorrió mi entreabierta vulva, desde mi sobresaliente clítoris hasta mi palpitante ojete.
El orgasmo fue tan brutal que, flaqueándome las piernas caí a plomo sobre el colchón. Agitándome epilépticamente disfrute de un goce eterno. El roce de mis erectos pezones, de mi hinchado sexo con las sábanas me provocaban continuos calambres.
Sentir su caliente miembro sobre mis nalgas hizo que me fuera recuperando. Sin necesidad de ninguna orden, lentamente, volví a ponerme a cuatro patas, recostándome sobre mis codos, situándome en plano inclinado, saqué lo que pude mi precioso culito, cimbreándolo sensualmente.
Papá volvió a situar sus ásperas manos sobre mis nalgas.
—Dale al play. - Me ordenó mientras su lengua comenzó a puntearme el sonrosado ojete, violándolo, penetrándolo, mientras su saliva actuaba como cálido lubricante.
Gimiendo, temblando, mis deditos atinaron a dar al triangulo de la pantalla.
La aparición de Sonia y Agatha en la pantalla me provocó un fuerte respingo y que sorprendida girara mi cabecita hacía papá.
—No te distraigas guarra. - Contestó mientras continuaba con su lujuriosa caricia en mi palpitante ojete.
—¡Hola guapi!.- Comencé a escuchar a mis íntimas amigas. —Si estas viendo esto es que ya has probado, o estas a punto de hacerlo, la tremenda polla de tu papi. Jajajajaja, daríamos lo que fuera para verte ahora la carita.
Realmente mi cara debía ser un poema, los ojos desorbitados, mi boca completamente abierta de la sorpresa.
—Jajajajaja, tú, que te creías tan lanzada y va a resultar que, en probar ese pedazo de polla que se gasta tu papi, vas a ser la última. – Les oía relatar mientras en la imagen mis amigas intercambiaban sus manitas para hacerse un morboso dedito. —Si Andreita, tu papí hace tiempo que se pasa por la piedra a la mitad de las chicas de la clase. ¿No te has dado cuenta de lo popular que te has vuelto? Pues todo es para estar cerca de tu papá y tener la oportunidad de probar esa deliciosa tranca que se gasta. Jajajajaja. Pero no te creas que solo son las compis…casi todas las mamis del colegio lo menos que le han hecho al macizo de tu papá es comerle el rabo. Jajajaja, hasta nuestras mamis…aunque ellas no saben que nosotras lo sabemos. Tendrías que oírlas como chillan como cerdas cuando les rompe el culo, a solas o en pareja. ¡Si! ¿Te lo puedes creer? Nuestras mamis comiéndose la boca mientras tu papá les rompe el culo. Ríete tu del porno, no sabes la de deditos y comidas de coño nos hemos hecho visionando los videos. Bueno guapa…disfruta, ya nos cuentas...- Terminando el video tirándome un besito.
La sorpresa me había dejado grogui, atontada, sin palabras, pero hirviendo de la calentura que tenía.
La intrusión de dos dedos en mi dilatado ojete, la rugosa lengua de papá penetrando mi chorreante sexo, logro sacarme de mi ensimismamiento, arrancarme un profundo gemido.
Ciñéndome la cintura, papá comenzó a darme la vuelta.
Situándome de espaldas, abriendo mis piernas, elevando mis rodillas, poniendo mis piececitos sobre la sabana, volví a ver a papá. Su imponente cuerpo me pareció la de un Dios. Mis ojos encendidos, carnosos labios, palpitante sexo, el calor de mi cuerpo invitándole a hacerme suya le arranco una torcida sonrisa, como la de una fiera.
Cogiendo su enorme miembro, comenzó a golpearme el chorreante sexo, salpicando mi vientre con mi propio flujo. Mi inflado clítoris era el epicentro de las ondas de placer que dominaban mi cuerpo. Mis manitas, separando aún más mi rodilla, ofreciéndome totalmente rendida, mi pecho sube y baja agitadamente.
Llevando mi manita a la boca, penetro en ella con mis deditos índice y corazón, embadurnándolos con mi saliva. Con un brillo de perra caliente iluminando mis ojitos, sin perderle la cara, mis mojados deditos retornan hacia mi caliente vagina. Entreabriendo mis hinchados labios, un cálido vaho sale de mis entrañas. Gimo lascivamente.
Meto y saco mis deditos en mi palpitante sexo. El calor los atrapa. Runruneo como una gatita viciosa.
Mi flujo, borboteando desde el sexo, comienza a chorrear hasta mi ojete, encharcándose en las sábanas.
Poniendo sus manos sobre el interior de mis sudados muslos, papá me abre aun más. Su glande se sitúa en la puerta de mi vagina. Mis hinchados labios se entreabren queriendo atraparlo. Me mira duramente a los ojos.
—No dejes de mirarme mientras te rompo. Quiero ver tu carita de puta viciosa cuando te haga mi hembra. Me dice seco, sin rastro de cariño en su voz, gruñendo como un animal salvaje.
Mi sexo palpita, los hinchados labios parecen tocar las palmas, ansiosos.
Mientras papá comienza a estirarse sobre mi cuerpo alargo mis bracitos para tomarlo de su fuerte cuello.
Siento como su ardiente miembro se abre paso en mi ceñida vagina. Me produce el primer y delicioso dolor. Levanto ligeramente mi cadera, ansiosa por hacer más profunda su penetración.
Siento su tronco abriendo mi cálida vagina, la intensa humedad facilita su camino.
Su glande hace tope con mi himen. Fija sus ojos en los míos. Una sonrisa ilumina su rostro.
Su olor a macho dominante llena mi nariz, hincha mis pulmones. Noto como papá retira levemente su cadera. De un golpe firme y seco hunde su enorme miembro en mi sexo. Rompe la última frontera, mis manos se crispan tras su cuello, mi cadera se eleva queriendo hacer más profunda su penetración.
Unas pocas lagrimas mojan mis mejillas mientras un brillo de felicidad iluminan mis ojos. Estoy feliz, soy suya. Ahora sí. Soy su puta.
Apenas la mitad de su miembro ha entrado en mi cuerpo. Papá se detiene, me come la boca. Lo recibo ansiosa. Mi lengua penetra su boca enredándose con la suya, intercambiamos nuestras salivas mientras el espeso flujo, mezclado con unos hilillos de sangre, comenzaba a desbordar mi ardiente sexo.
—Dios que a gustito se siente estrenando a otra zorrita. A mi pequeña, mi putita.
—Ooouuufffff – Gimo tal como lo va sacando para meterlo de nuevo, pero esta vez mucho más despacio.
Comienza a entrar en mi cuerpo lentamente para retirarlo de la misma forma.
—Ummmm- gimo embargada por una deliciosa sensación de plenitud mientras papá me mira sonriendo, disfrutando de la humedad y la estrechez de mi cuerpo. Cada vez que entra, cierra los ojos para disfrutar de como domina mi interior, entrando y saliendo al ritmo donde el siente más placer. Yo solo lo abrazo por el cuello gimiendo en su oído, runruneando. Mis piernas ciñen su cintura, cerrándose en torno a él, impidiéndole salir. Son ya dos tercios de su miembro los que penetran mi cuerpo. Mis erizados pezones arañan su duro pecho. Lo abrazo con mis manos y piernas impulsándome, tratando de que cada vez que me penetra lo haga más y más profundo, empujando con mis talones en su duro culo, chorreando como la golfa que soy.
Sus embestidas aumentan de velocidad. Gemimos a coro, el morbo del incesto consumado aumenta nuestra pasión.
Papá se endereza sobre sus rodillas y me toma de la cadera. Al mismo tiempo que empuja su cadera, tira de la mía, entrando y saliendo de mi cuerpo, contemplando como el martillo pilón que tiene por polla horada mi cuerpo.
A la vista de mis tetas que se agitan al ritmo de sus embestidas, firmes, duras, redondas, rematadas por mis rectos pezones, papá se relame los labios. Sin pensarlo dos veces llevo las manos a mis senos para estrujarlos, apretarlos entre ellos y con dos dedos pellizcar mis pezones, con la boca muy abierta en forma de “O” y la mirada cachonda igual que una estrella porno.
Papá pasa una mano hacia atrás para tomar mi tobillo y abriendo el abrazo de mis piernas, sin interrumpir su penetración, coloca mi tobillo sobre su hombro y lo mismo con el otro. Mi cuerpo se dobla ligeramente haciendo que mi vagina se abra un poco más, aferrándose él a mis piernas para continuar metiendo y sacando su verga a ritmo creciente, sin aun meterla totalmente.
—Aggggghhhhh .- Mis gemidos se oyen por toda la casa, traspasan la abierta ventana que da a la piscina comunitaria. Ha dejado de importarme que mamá descubra la puta que tiene por hija.
—Prepárate zorrita que aquí viene lo mejor –me dice papá, comenzando a cogerme con más rapidez.
Papá me está llevando al cielo. Las hinchadas venas de su miembro raspan las paredes de mi ardiente vagina. Siento como su verga entra y sale de mi cuerpo. En mi rendida postura no puedo hacer otra cosa que recibirlo en mi vagina, lo miro, está feliz y concentrado. En ocasiones cierra los ojos para disfrutar de mi cuerpo, pero en otras me mira, grabando en su mente que se está cogiendo a su nenita recién estrenada, a la putita que habita bajo su techo.
Mi vagina se distiende a la par que el placer aumenta. Su verga comienza a entrar más profundo a cada segundo, y cuando menos me doy cuenta de lo que está pasando, sus huevos comienzan a chocar con mi sonrosado ojete. Su polla entra en su totalidad, nuestros pubis chocan rítmicamente. Por la rítmica penetración, por mi obligada inmovilidad, me siento sometida al placer de papá, tiene el total control de mi cuerpo.
Me siento usada, morbosamente sucia. Perdiendo el control de mi cuerpo exploto en un tremendo orgasmo que me arrasa.
Mientras mi cuerpo sigue dominado por los espasmos, mi mirada perdida, papá pasa una de mis piernas a un solo hombro y tomando mis dos piernas muy pegadas hace que mi vagina se estreche aún más y sin dejar de meter y sacar rápidamente toda su inflamada polla, mi cuerpo explota en otro orgasmo devastador, no terminaba ese nuevo arrebato cuando mi cuerpo explotó en un tercer orgasmo, sintiendo como la caliente leche de papá rellena mi sexo en continuos chorreones, su polla se hincha dentro de mí, su espesa leche inunda mi útero, lubricando mi sexo, su leche comienza a chorrear por la raja de mis nalgas, manchando mi espalda, empapando las sabanas.
No sé cuánto tiempo paso, cuando comencé a tener conciencia de mi alrededor, abriendo los ojos pude ver como papá se estaba incorporando. Le sonreí satisfecha, agradecida, feliz.
—¿Lo he hecho bien? ¿Te ha gustado? – pregunte tímidamente.
—Ha sido la ostia zorrita. Pero esto no acaba más que de empezar. Ventila el cuarto, arregla un poco este desastre y lleva la ropa a la lavadora. Mamá estar por llegar. - Me contestó, sin rastro de ternura, dominante, mientras salía de la habitación en dirección a la ducha.
Viendo su fuerte espalda, duro culo y fornidas piernas abandonar la habitación, un calor abrasador volvió a mi sexo, y con una sonrisa iluminando mi carita, estuve segura de que papá, ahora sí, era mi macho y yo su putita.
Dominada por la euforia me deje caer en la cama revolcándome de felicidad. Jajajajajaja me oí reír sin razón aparente.
Quedándome quieta fije mi vista en el techo esbozando una satisfecha sonrisa. De pronto me acorde de las zorras de mis amigas Sonia y Agatha. Las dos habían disfrutado de papá a mis espaldas, las muy guarras, seguro que riéndose al ver como me las daba de chulita mientras ellas llenaban sus coñitos con el pollón que yo apenas acababa de probar. La rabia dio paso a una sonrisa al pensar en cómo podríamos disfrutar juntas de nuestro macho. Jajajajajaja, Sonia, Agatha y sus mamas, de pronto me entro ansia de saborear el regusto de sus sexos en la polla de papá. De un humor excelente me levanté de la cama y comencé a hacer lo que había mandado papá. Papa, mi macho. Volví a mojarme.
Haciendo un poco de fullería, enfundándome unos leggins que se pegaba a mi cuerpo como una segunda piel y un top que dejaba a la vista mis hombros y ombligo, termine mis tareas con tiempo aun de llegar a la piscina para ayudar a mamá a traer de vuelta a los peques. Aunque me lleve una pequeña regañina, ese pequeño gesto hizo que la cosa no llegara a mayores.
Comencé a sentir un dolor en todo mi cuerpo como si hubiera corrido un maratón, pero a diferencia de haber hecho ejercicio, este pequeño dolor era placentero. Arrastrando de mis hermanitos iba pensando en el pollón de papá.
De vuelta a casa, al entrar oímos caer el agua en la ducha de mis padres.
—Parece que papá ha vuelto. Anda quédate con tus hermanos que voy a ver si necesita algo.
La prisa que se dio y la sonrisa con que subió la escalera me hizo pensar que más que en lo que pudiera necesitar mi padre, mamá buscaba rellenar el vacío de su entrepierna.
El rato que tardo en volver a bajar, la humedad de su pelo y la sonrisa bobalicona que iluminaba su cara, me confirmo mi sospecha.
—Anda ve preparando la mesa mientras termino el almuerzo. ¡Eh peques no pongáis los pies en el sofá!
Acabábamos de poner las cosas en la mesa y mamá sacaba la comida del horno cuando papá apareció en el marco de la puerta. Recién duchado, con su bermuda y su ceñida camiseta lucia imponente. El rubor tiño mis mejillas y el calor abrasaba mi coño.
—Huele de miedo. Tengo un hambre de lobo, me como lo que me pongas delante. – Rio mientras palmeaba el prieto culo de mamá, gesto que saco una sonrisa de los peques.
Durante la comida un solo pensamiento me rondaba por la cabeza y dándole vueltas planee como llevarlo a cabo.
Tras la comida mi madre se fue a la cocina a fregar, papa le ayudaba, y mis hermanos se fueron a jugar fuera. Tendida a todo lo largo del sofá oía sus risitas en la cocina. Para entretenerme cogí sin fijarme un álbum de fotos familiar que estaba por la mesita. Así estaba cuando vi acercarse a papá. Sentándose junto al reposabrazos su olor a macho me devolvió la calentura.
Una vez sentado puse mi nuca sobre su fuerte muslo, mientras continuaba viendo el álbum.
Sus palabras erizaron mis pezones, marcándose en mi top. Levemente moví mi cabecita hasta situar la nuca sobre su entrepierna. Muy despacito y suavemente no tardé mucho en sentir su bulto. La acariciaba con mi nuca, teniendo el efecto inmediato de alcanzar un tamaño y dureza considerable. Me sorprendía su pasividad ante tremendo descaro por mi parte, no podía evitar sentir cierta excitación y un morbo tremendo sabiendo que mi madre se encontraba a unos pocos metros.
No era realmente consciente, con mi madre tan cerca, de adonde podían llevarme estos juegos, pero una fuerza irresistible me impulsaba a quemarme. Tras unos minutos de caricias, su paquete estaba duro como una piedra, listo para follar. Yo babeaba.
—Um, estaba aburrida y estaba ojeando el álbum de fotos de las últimas vacaciones.
Mostrándole una foto en que aparecíamos con la familia materna, tíos, primos y abuelos incluidos.
—Dicen que cada día me parezco a la abuela. – Continue sin pensar señalando a la madre de mamá.
—Si, en lo puta. – Su brutal respuesta hizo que aparte de dar un respingo, mi coño comenzara a destilar flujos como una fuente.
Sus ojos se centraron en mi entrepierna donde, ausente de braguitas, los leggins marcaban los labios de mi inflamada vulva y comenzaba a marcar una creciente humedad. Gemí, mirándolo con los ojos como platos, sentí su mano, caliente como el fuego, rozando la cara interna de mis muslos. Fue subiendo lentamente, y noté como su dedo índice, penetrando entre los leggins y mi piel, comenzaba a tocar mi empapada vulva.
En ese momento se escuchó el sonido de algo hacerse trizas contra el suelo. El sobresalto hizo que medio me incorporara, mirándolo aterrada ante la posibilidad de que nos pillaran. Impasible, manteniendo la presión sobre mi sexo, papá impidió que me levantara.
—Perdonad se me ha caído un plato - dijo mi madre desde la cocina.
Su dedo índice penetro mi rajita. Me arranco un profundo gemido
Su dedo comenzó a acariciar mi descapuchado clítoris. La áspera piel me arrancaba constantes escalofríos. Comencé a retorcerme. Un nuevo dedo comenzó a penetrarme. Entre tanto gustito una pregunta había arraigado en mi mente.
—Papaaaaaá…buffff ¿Por qué has dicho eso de la abu?
—Porque es así, es una tragona de campeonato. A la segunda vez que aparecí por casa de tu madre, se me tiro encima y acabamos follando, desde entonces no hemos parado. - Contesto sin alterarse mientras continuaba acariciándome.
¡La Virgen santa! ¿Pero había una mujer que se le resistiera a papa? Pensaba mientras me retorcía de gusto en sus manos. Una ola iba creciendo en mi interior, los pechos se me endurecieron. Mis manos retorcían los pezones. El orgasmo me arrastro, me retorcía en el sofá, convulsione, mordiéndome la mano para no gritar.
—¿Qué veis?.- Dijo mamá desde detrás del sofá.
Roja como un tomate, quede rígida, temiendo que pudiera haberme visto.
—Estoy reventada, me voy a echar un rato a la siesta. ¿Te vienes cariño? Andrea, échales un vistazo a tus hermanos y deja descansar a papá. Terminó mi madre dirigiéndose hacia las escaleras.
No acababa de desaparecer por las escaleras cuando, tomando la iniciativa, me arrodillé frente a él y de un tirón le bajé la bermuda, dejando libre de su cautiverio ese gran trozo de carne venoso con un glande que brillaba. Me quedé unos instantes observándola, notaba como palpitaba a escasos centímetros de mi cara, era tremenda, sus enormes pelotas como dos globos colgando me tenían fascinada.
Acerqué la punta de mi lengua a sus pelotas y empecé a jugar con ellas mientras mis manitas agarraban su caliente polla. Le pegaba mordisquitos, intentando meterme una de sus preciadas bolas en la boca. Empecé suavemente a masturbarlo. Mi lengua estaba en frenesí lamiendo los huevos de mi padre mientras el ritmo de la paja aumentaba y con mi mano libre jugaba con mi coñito.
Sentía como disfrutaba mi padre, pero, apartando su polla de mí y con un rápido movimiento me quitó el top dejándome con las tetas al aire. Sentándome a horcajadas sobre sus rodillas, de manera lasciva se acercó a mis pechos y golosamente sus carnosos labios se hicieron con mi erecto pezón mientras mis manos acariciaban su pelo, sus hombros, sus brazos...
Su mano, cogiendo la cinturilla, comenzó a bajarme los leggins. Caliente como estaba me puse de pie y en dos movimientos los saque por los pies.
Acelerada volví a subirme de rodillas al lado de sus piernas. Mirándole a los ojos, cogiendo su erecta polla con mi manita, comencé a penetrarme lentamente, sintiendo como abría mis carnes.
—¡Ostia puta! ¿Te gusta papi? ¿Es tu nena una buena putita? .- Le dije al tiempo que le besaba el cuello y sus manos se esmeraban en amasarme el culo
Sus pelotas chocaban contra mí en cada embestida. Mi coño palpitaba, los labios estaban inflamados y chorreando flujo como jamás habían estado, mi cuerpecito estaba revolucionado.
Plaassss! Papá me dio una fuerte nalgada. Sentía su polla entrar y salir de mi apretado sexo. Estaba cardiaca. El aire me faltaba y abría la boca al máximo. Al borde del orgasmo, agarrada de su cuello, mi cara desencajada veía la puerta del patio. Papa mordió mis pechos.
El orgasmo venia, se abría paso, mis músculos se contraían entorno a su hermosa polla. Papá me metió su dedo corazón en el culo. Aquello fue el disparadero. Comencé a correrme como una loca, me derramaba, giraba mi cabeza de un lado a otro ahogando un grito.
La puerta del patio comenzó a entreabrirse, el corazón se me paró. Uno de los peques asomo su cabecita.
—Siiiii…Siiiiii…Siiiiiiiiiiiiiii respondí mientras mi cuerpo convulsionaba.
—Manu, que Andrea viene a jugar. - Termino el peque mientras volvía sobre sus pasos saliendo de nuevo al patio.
Como loca comencé a devorar la boca de papá, quería comérmelo, queriéndole devolver todo el placer que me había proporcionado.
—Buffff papi, no sé si podría soportarlo otra vez. Creía que me moría. Ha sido la ostia. Mi papi tiene unos huevos de toro. - Le decía mientras seguía besándolo sin dejar de balancearme con duro su miembro para eternizar el placer.
Ya más calmada le pregunte lo que me andaba rondando desde que descubriera que papá era un sátiro.
—Bueno zorrita, a mamá le doy toda la polla que pide y creo que está contenta de saber que las demás la envidian por tener en casa lo que ellas quisieran. Bueno, creo que te esperan tus hermanos. - concluyo mientras se levantaba. —Y ahora me toca cumplir con mamá. No hagáis mucho ruido.
Mordí mi labio, envidiosa de que mama disfrutaría de la dura polla de papa y sus huevos rellenos de leche que yo no había sabido exprimir.
La tarde trascurrió tranquila, apenas aliñada por la desdibujada figura de mama contra la ventana de la habitación, el vaho de su cálido aliento empañando los cristales. Los celos me carcomían, envidiosa de que no fueran mis pechos y boca la que tuviera estampada papá contra el cristal.
La tarde llegaba su termino, el sol empezaba a ocultarse cuando, arrastrando a mis incansables hermanitos, volví a entrar en casa para encontrarme a mama en la cocina tomándose un té. Una sonrisa y esa mirada perdida me confirmaron que otra había disfrutado lo que yo había dejado escapar.
—¿Umm? - Respondió distraída, — Se durmió tarde y estará remoloneando en la cama, venia cansado de tanto ejercicio, déjalo descansar. - mención que me hizo sospechar que mamá comenzara a intuir algo.
—Vale, me voy a mi habitación, los peques están en el salón comiendo galletas.
Sigilosamente, conteniendo la respiración, subí la escalera hasta mi cuarto. Con una picarona sonrisa en mi rostro rápidamente me cambie de ropa.
Con una risa nerviosa y una calentura en aumento, frente al espejo de cuerpo entero de mi habitación volví a colocarme el bikini amarillo del año anterior.
Las copas apenas cubrían las aureolas y los erizados pezones, rebosando el resto de mi generoso pecho. Si eso era en mis senos, el escueto triangulo apenas lograba cubrir los turgentes labios vaginales. Dispuesta a parecer un verdadero puntón estire al máximo las tirillas de mi cintura logrando que la escasa tela se entremetiera por los húmedos labios de mi vagina, mientras la tirilla posterior se metía completamente en la raja del culo dejando mis rotundas nalgas al aire.
Nerviosa y cachonda por mi travesura, saque la cabeza por el marco de mi puerta para comprobar que el campo seguía despejado. Deslizándome de puntillas llegué al cuarto de Papá y mirando tímidamente al interior lo vi todavía recostado contra el cabecero, fumando un puro mientras trasteaba el móvil con su mano izquierda.
Agachándome para ocultarme, repte hasta los pies de su cama y con el máximo sigilo me encarame en su cama.
El peso de mi cuerpo sobre el colchón fue suficiente para advertirle de mi presencia. Sus ojos muy abiertos, su satisfecha sonrisa, fueron suficientes para saber que había acertado con mi procaz indumentaria.
Con mi mejor sonrisa me encaramé sobre él, y poniéndome a horcajadas sobre su entrepierna comencé a apretar mis duros pezones, a retorcerlos y estirarlos, a humedecer mis gruesos labios con mi lengüita, mientras mi cadera se deslizaba adelante y atrás sobre su durísimo miembro.
—Papi, estoy malita. Tengo mi chichi muy caliente y las tetitas me duelen de duras que las tengo ¿no tendrías algo para aliviarme? Sabes, ese palote tuyo podría aliviar a tu nenita… ¿vale papi? Le rogué sensualmente fingiendo un pucherito
—Jajajaja, así que mi niña necesita el palote de papa para quitarse la calentura. Bueno habrá que probar…- contestó divertido mi papa, y dejando en la mesilla el puro y el móvil, ciño con sus fuertes manos mi cintura, aupándome ligeramente. Momento que aproveche para cogiendo con mi manita su duro cipote llevar su cabezota grande a la puerta de mi caliente vagina, que la absorbió como un helado.
Con una cara de zorra que hubiera asustado a cualquier puta de polígono, comencé a dejarme caer sobre esa barra de durísima carne que tanto deseaba.
—¡Papi! ¡Diossss! Como me gustaaaagggghhh. - gemí mientras su polla abría mi carne en dos.
—Vamos potrilla, demuéstrame como cabalga una verdadera zorra como tú.
En el séptimo cielo que estaba, mi cuerpo comenzó a actuar por su cuenta buscando su máximo placer, cuando mis sentones nos llevaban a juntar nuestros pubis, mi sobresaliente pipita del clítoris se dejaba arrastrar, arañar con el tacto de su piel. Todo mi cuerpo era una enorme terminación nerviosa que respondía al más mínimo contacto con olas crecientes de placer.
—Si, si, siiiiiii gemía totalmente ida.
Me deje caer sobre su pecho, mis duros pezones recorrían el pecho de papa, una y otra vez, arriba y abajo, caricia que me arrancaba eléctricas corrientes de placer.
Sus fuertes manos apretaban mis nalgas, ayudando a mis sentones, haciendo que su glande golpeara repetidamente contra mi útero.
Apretujando mis pechos con sus manos, su boca se hizo dueña de mis pezones.
—Que melones gastas zorrita.- suspiraba mientras su lengua embadurnaba mis tetas.
Mis manos agarraban su cabeza, mis dedos se aferraban a ella apretándole contra mi pecho. Elevándome bruscamente, papa sacó su dura polla de mi húmedo chocho poniéndome en perrito sobre la cama, con mis piernas abiertas y mis rodillas al borde. Bajando de la cama papa se puso detrás mío, y ciñendo mi cintura, de un solo empellón, volvió a metérmela a fondo, logrando levantar mis rodillas de la cama.
El intenso martilleo, sus fuertes manos en mis pechos me tenían en una nube, jadeando como una perra, cimbreado mi culito como una gata, empujando mis nalgas contra él para que me llegara más y más profundo, el orgasmo llegó como una descarga.
—Agggghhhhh, si, si, siiiiiiii gemía mientras su pubis continuaba golpeando mis nalgas, una vez subía al cielo, para encadenar una y otra subida, mientras papa, infatigable continuaba con su delicioso martilleo.
Sin previo aviso Papá saco su caliente polla de mi sexo, lo que me dejo un vacío imposible de rellenar. Como un rayo, poniéndome de rodillas ante él apunté su miembro a mi cara y abriendo al máximo mi boca comencé a tragar las ráfagas de semen que iban embadurnando mi cara.
Golosa, no me conforme con lo que ese maravilloso rabo me ofrecía y apretando con mis manitas el delicioso tronco lo exprimí, saboreando hasta la última gota.
Con una sonrisa de boba, elevé mi mirada a él y le sonreí agradecida, como una devota a su Dios. Y como había aprendido, comencé a relamer su miembro hasta dejarlo reluciente.
De nuevo en la cama, deje reposar mi cabecita en su firme pecho mientras Papá se continuaba fumando un medio consumido habano y mis manos acariciaban sus gordas pelotas.
—Abajo, con los peques. Me dijo que te dejara descansar.
—Me encanta lo obediente que eres jajaja rio mientras me comía la boca. Sus palabras y su tórrida caricia me volvieron a humedecer el coño. No podía estar mejor.
El domingo amaneció esplendido, los primeros rayos de sol entraron por mi ventana, descansada, me desperece con una sonrisa iluminando mi rostro.
El recuerdo de la orden que me diera papa me puso repentinamente tensa.
Echando las sábanas a un lado puse los pies en el suelo y sigilosamente salí al pasillo en dirección al cuarto de mis padres.
Asomando la cabeza llegue a ver un bulto sobre la cama, la suave bajada y subida de las sábanas indicaban que el ocupante aun dormía plácidamente. El ruido de la ducha me avisó de que alguien estaba despierto. Intrigada, arrastrándome al interior del dormitorio llegue a ver la melena de mama caer por el borde de la cama, sumida en un profundo sueño, reafirmado con un suave ronquido.
Con una sonrisa traviesa y un agradable cosquilleo en la entrepierna me dirigí al amplio baño de mis padres. Entrando en él, la figura de papá se adivinaba a través de la ahumada mampara de la ducha. La visión de su robusto cuerpo siendo embadurnado con abundante espuma hizo que la boca se me hiciera agua.
Desprendiéndome de la corta camiseta que me servía de pijama me introduje en la ducha.
—Hola zorrita, veo que esta mañana no he tenido que llamarte al orden.
Me soltó sin siquiera volverse mientras seguía enjabonándose. Cachonda como estaba arrime mis pechos a su espalda y rodeándole la cintura con mis brazos mis manitas cayeron sobre su polla, que para mi sorpresa mostraba una dureza increíble.
—¡Guauuu!, resople excitada cuando mis manitas intentaron rodear su miembro.
Animada por la excitación de papá comencé a hacerle una suave paja, deslizando mis manitas por su pellejo, descapullándolo y cubriéndolo como las olas en la playa.
Sintiendo como el calor crecía, rodeé su cuerpo y postrándome ante él, puse mi boca a la altura de su miembro. El agua que seguía fluyendo distorsionaba mi vista, pero sus fuertes manos sobre mi cabecita me anunciaron que era eso lo que quería.
Su amoratado glande ocupaba todo mi campo de visión. Lo tenía delante apuntando directamente a mi cara y me maravillé. Lo lamí y lo introduje en mi boca. Aun no siendo la primera vez, sin embargo, encontraba dificultades para albergar su tamaño. Cogí la base del tronco, abriendo al máximo mi boquita, mi lengua sirvió de cama a su brillante glande en mi boca, comenzando a devorar su inflamada verga, lo trago, vuelvo a sacarlo, me relamo los labios sin que papá pierda detalle.
Vuelvo a tragármelo, su miembro se abre paso camino de mi garganta cuando el agua de la ducha dejó de caer. Elevando mis ojillos hacia él, el brillo de sus ojos me animo a seguir tragando. Su varonil apostura hizo que mi sexo comenzara a mojarse ¡estaba tan guapo!
Queriéndole demostrar mi total entrega lleve mis manitas detrás de mi nuca, continuando, tragando su inmenso miembro, a golpe de cuello, hasta que lo note a la entrada de mi garganta.
Como me había enseñado en nuestra primera noche comencé a relajar mi garganta, pausar mi respiración, salivar abundantemente, y para darme impulso agarré sus duras nalgas.
Animada por su bonita sonrisa continue tragando polla hasta notar que su glande había sobrepasado la última frontera y comenzaba a recorrer mi garganta. Sujetándome en su firme culo para no perder el equilibrio, retrocedí levemente para coger aire, volver a tragar hasta repetir mi morboso movimiento como un embolo.
Poco a poco su durísima polla fue avanzando poco a poco en mi garganta. Papá, en un gesto de dominio que provocó que me corriera de gusto, posó la palma de su mano en mi cuello para comprobar como su polla recorría mi garganta.
Viéndome desfallecer, papá ciñó firmemente sus manos en mi cabecita y, tomando el mando comenzó a follarme la boca como si no hubiera un mañana. Los mocos salían a borbotones de mi naricita mientras mis babas chorreaban sobre mis tetas, el aire me faltaba y mi vista comenzó a nublarse.
Al borde del desfallecimiento, papá saco su miembro de mi dilatada boquita y, asiéndome de las axilas me elevo como si fuera una pluma.
Nuestras bocas están frente a frente, mis endurecidos pezones arañan su pecho y mi abierto sexo se desliza a lo largo de su duro tronco. Quiero hacer desaparecer cualquier distancia entre nosotros, necesito su calor, sentir su carne dentro de mí.
En perfecta sincronía mis brazos se cruzan detrás de su robusto cuello, mi inquieta lengua penetra su húmeda boca enroscándose furiosa contra la suya, intercambiando nuestros fluidos como dos seres perdidos en el desierto. Mis piernas se ciñen a su cadera y siento su sexo palpitar, ardiendo contra el mío.
Con un leve movimiento de su cadera se separa levemente de mí, lo justo para con su mano poner su inmenso glande en la abierta entrada de mi inflamada vulva.
Ahora soy yo la que con un brusco movimiento de mi cadera lo introduzco hasta el fondo. Mi chorreante sexo facilita la tarea y de pronto siento su glande golpear con mi útero. Morboso contacto que provoca un nuevo orgasmo. El latigazo es tal que, faltándome el aire, mi cuello se inclina hacia atrás, nuestros pubis entran en contacto, mi inflamado clítoris sufre una descarga que me quita el aliento.
La boca de papá se hace dueña de mi cuello. Avanzando levemente apoya mi espalda conta la pared. Con ese nuevo punto de apoyo, ese punto de no retorno, papá comienza su delicioso martilleo.
Su polla entra a tope en mi sexo una y otra vez. Sus bamboleantes huevos golpean rítmicamente mi sonrosado ano. Sus fuertes manos me sostienen agarrando y separándome las nalgas. Nuestras bocas vuelven a enroscarse, nuestros jadeos hacen el vacío entre nosotros, no es posible separar nuestras bocas.
Su dedo anular perforándome el ojete mientras su polla entra y sale de mi coño me provoca el enésimo orgasmo. Mis ojos se quedan en blanco. Ahora son dos los dedos que me dilatan el ano. Creo morir de gusto, mi pubis se acompasa con el suyo para que la penetración sea más profunda. Siento mi clítoris hinchado, palpitar, el tacto de su piel, los pelos que rodean su polla me provocan continuas descargas de placer…un orgasmo más. Pierdo el sentido sin que mi incansable amante baje el ritmo.
Como en un sueño siento de nuevo que mis rodillas tocan el húmedo suelo. No sé cómo he llegado allí, lo miro desconcertada y aparte de su sonriente cara lo único que veo es su amoratado glande frente a mis ojos.
Lo quiero todo para mí, abro al máximo la boquita, mi boca se ciñe entorno a su glande como una ventosa, mi manita recorre todo su tronco, lo siento palpitar. A dos manos cojo sus gordos huevos mientras no dejo de mamar. Cogiéndolos al peso, hinchados y pesados los siento llenos de su esencia. La quiero toda para mí.
En mi boca las palpitaciones de su miembro se transmiten como ondas sísmicas. La firmeza de sus manos sobre mi cabeza me anuncia la inminencia de su sabrosa descarga. La quiero todo para mí, quiero ser la mejor, el depósito donde pida descargar su semen de por vida.
Trago hasta el fondo, las lágrimas brotan de mis ojillos, el aire me falta, los mocos desbordan mi naricilla, noto su glande penetrar en mi garganta. Nada me importa.
La primera lechada entra directamente por mi garganta hasta el estómago, tres lechadas seguidas me llenan. Retiro lentamente para que su última descarga choque contra mi paladar, quiero saborearlo, dejar su varonil sabor en mi boca. La relajación de su cuerpo me anuncia que todo ha acabado. No he desperdiciado ni una gota.
Lo miro hacia arriba, hasta ahora no he notado como me dolían las rodillas, el cuello, mi coño. Nada me importa, lo veo feliz y eso es lo que quiero. Vuelvo a mirarlo, mi lengua recorre mis hinchados labios, él acaricia satisfecho mi cabeza.
Con igual discreción que empezó, termina nuestro morboso escarceo saliendo de rodillas del cuarto de mis padres, dejando atrás a mama aun profundamente dormida en la cama conyugal.
Llegada a mi cuarto, volví a acostarme y de puro agotamiento caí profundamente dormida.
—¡Vamos gandula! El desayuno está en la mesa.
Me despertó bruscamente mi padre con su eterna sonrisa, para añadir en un susurro
—En casa de tu abuela, en cuanto veas que desaparezco te subes al palomar. Tiene las mejores vistas de la casa jajajaja. Terminó dejándome perpleja.
La verdad es que con los últimos acontecimientos se me había olvidado de que como cada mes la familia de mi madre se reunía un domingo en casa de mis abuelos. Normalmente eran ocasiones divertidas pues los primos nos lo pasábamos en grande mientras nuestros padres atendían la nevera y la barbacoa. Hoy, después del vapuleo que me había dado mi padre no tenía cuerpo para ello y me levante con desgana.
—¡Por fin se levanta la reina! Fue el jocoso saludo de mi madre mientras atendía a mis hermanitos y papá leía el periódico en su Tablet mientras terminaba su café.
—Vamos, date prisa que tienes que encargarte de tus hermanos, salimos en media hora y aún no he podido ni ducharme. Continuo mi madre, saliendo escaleras arriba.
En apenas dos bocados termine mi tostada de mantequilla con mermelada y el Colacao, haciéndome cargo de mis hermanos.
Estaba tratando de que terminaran sus cereales cuando sentí la áspera mano de papá acariciando el interior de mis muslos, camino de mi entrepierna, lo que me provocó un delicioso escalofrío y que abriera mis piernas facilitándole la tarea.
—Ufff, mi niña sigue caliente, jajajaja, Menos mal que vamos a la piscina de la abuela, allí podrás refrescarte jajajaja. Bromeo mientras sus dedos recorrían lentamente mi húmeda rajita, haciéndome flaquear las piernas.
—Papiiii. Gemí mientras trataba de controlarme.
Sonriente, papá llevo sus dedos a mi boca, a lo que yo, golosa se los rechupete como si fuera el mejor postre.
Apunto estaba de sentarme a horcajadas sobre papá cuando el sonido de mi madre bajando las escaleras me hizo recomponerme, terminar de arreglar a mis hermanos y recoger la cocina.
—Bueno venga, al coche. Nos urgió mi madre y detrás de ella salimos todos camino de la casa de mis abuelos.
La casa de los abuelos es en realidad una antigua casa de campo, remodelado para vivienda y con todas las comodidades para que una familia tuviera todas sus necesidades cubiertas, sobre todo en verano pues la amplia piscina y la barbacoa al aire libre la convertían en un lugar ideal para pasar los rigores del calor de la ciudad.
Algo mas recuperada, el corto trayecto en coche me sirvió para recuperar el entusiasmo y comenzar a preguntarme sobre las palabras de papá sobre mi abuela y él.
Mi abuela, la madre de mamá, actualmente tiene 55 años y, aunque hasta ahora solo la había visto como una abuelita cariñosa, las revelaciones de mi padre habían hecho que la mirara de otra manera. Prejubilada de banca, dedicaba su tiempo libre en el gimnasio, clase de natación y otras actividades al aire libre que la mantenían en forma, con las carnes prietas. Físicamente muy parecida a mama, destacaba sus grandes ojos verdes, sus carnosos labios, sus prominentes pechos, que aun después de dos maternidades mantenían su firmeza.
Frente a su espíritu jovial, que acompañaba con una forma moderna y desenfadada de vestir, mi abuelo es todo lo contrario. Mediano empresario, acomodado a una fuente de ingresos que funcionaba por si sola, hacia años que se había dado a la comodidad y el único ejercicio que hacía ver todo deporte desde el sofá, tomar cervezas frías y no desperdiciar ninguna oportunidad de llevarse algo grasiento a su boca, lo que había provocado que luciera una generosa barriguita cervecera.
Aparte de mis abuelos y nosotros, completaba la familia la hermana mayor de mamá, la tía Aurora, su aburrido marido y sus cuatro hijos, mis primos, una de las cuales Nicol, que me sacaba un año, odiaba con toda mi alma- sentimiento reciproco- porque era la típica niña creída, la mas mona, deportista, lista…como insistían en recordarnos continuamente su padre y mi abuelo.
—Venga, hemos llegado. Abajo todos. Chicos portaros bien y no deis la lata al abuelo, que ya sabéis que le gusta dormir la siesta. Nos recordó mi madre.
Una vez en tierra, a las puertas de la parcela nos esperaban mis abuelos y mi tía lo que me permitió observar como de especial era el recibimiento de mi abuela a papá. Quien no estuviera avisado no hubiera visto nada especial. Yo que, si lo estaba y con la mosca detrás de la oreja, si me percate de que el abrazo entre ellos era tal vez más prolongado, apretado, que con el resto y que las manos de papá reposaban más debajo de la cintura con evidente intención. Si eso era lo que esperaba, lo que me sorprendió fue la extraña mirada de mi tía Aurora, como de envidia. Decidí estar atenta.
Rápidamente terminamos con los saludos y despojados de la ligera ropa que cubría los trajes de baño los primos enseguida estuvimos metidos en la fresquita piscina. Con alivio vi que no estaba mi prima Nicol. Mi alegría duro poco pues a mi tío le faltó tiempo para informarnos que vendría después de ganar su enésimo campeonato de tenis, cuya recogida de premios era el motivo de su retraso.
Pronto el abuelo y mi tío se encargaron de encender la barbacoa, sacar las carnes, todo acompañado con las consabidas cervecitas. Papá sin embargo aprovechaba para, tirado a todo lo largo en una hamaca, disfrutar de una fría cerveza, bronceándose mientras exponía su trabajado cuerpazo.
Entre chapuzón y chapuzón no perdí ocasión de observar como mi abuela, enfundada en un llamativo bikini turquesa que destacaba sus exuberancias de desvivía porque a papá no le faltara de nada, intercambiaba comentarios, risitas cómplices y sensuales caricias dismuladas en friegas de protector solar.
El ambiente se animó cuando a voces llamaron a comer y los niños nos arremolinamos en torno a la barbacoa saqueando la mesa de bocadillos y bebidas frías. Tal como subió, el ambiente bajó considerablemente después de la abundante comida, el pegajoso calor y para los mayores el efecto de las repetidas cervezas.
Metida en la piscina para aliviar el bochorno del mediodía, pese a las advertencias de mi madre y abuela sobre el efecto del agua sobre mi digestión, con los brazos para el bordillo eche un vistazo a mi alrededor comprobando como mi abuelo y mi tío roncaban sonoramente en sus respectivas hamacas, mi madre desaparecía en el interior de la caseta de la piscina con mis hermanos para echar la siesta y como mi abuela, cimbreando sus caderas, entraba en la casa echando una sugerente mirada a mi padre que este respondió con esa sonrisa canalla que tan perra me pone.
Sin siquiera preocuparse de quien pudiera verlo, levantándose sin prisa, papá siguió los pasos de mi abuela en el interior de la vivienda.
Avisada como estaba, salí rápidamente de la piscina y sin pensar en que iba empapada y dejando un rastro húmedo que cualquiera podría seguir me dirigí al palomar. Era este una terraza semi cubierta donde antaño mi abuelo criaba palomas mensajeras, pero ahora, abandonada esa afición se había convertido en un lugar donde se acumulaba lo que no servía y por ello poco o nada transitado. Tenía como característica, que hacia que desde chicos nos prohibieran subir allí, el que el pretil que daba al patio interior apenas alcanzara el medio metro, con lo que si querías ver sin ser vista debías hacerlo de rodillas.
Con curiosidad y precaución saque mi cabeza por encima del pretil para comprobar que una planta más abajo y enfrente, las vistas de uno de los dormitorios de la casa eran extraordinarias.
La inesperada imagen de mi abuela a través del amplio ventanal que iba del suelo al techo de la habitación hizo que, en un acto reflejo, volviera a retirarme para evitar ser vista. Como en la piscina, seguía vistiendo su bikini turquesa, si bien con la humedad de la prenda, resaltaban aún más sus tiesos pezones y los marcados labios de su vulva.
Vuelta a asomarme, pude ver como se volvía hacia la puerta y de inmediato los fuertes brazos de papá la abarcaban, se posaban en su tremendo culo, lo amasaban, mientras se fundían en un tórrido morreo.
Poco tardaron las copas y la braguita del bikini de la abuela en caer al suelo. Y poco tardó mi abuela en caer de rodillas ante papá y con una ansiedad nada disimulada bajarle el bañador de donde emergió, dura y erecta su tremenda polla. Sin estar presente podía sentir el estupor, el ansia y la necesidad de mi abuela que por un momento quedo como paralizada, hipnotizada ante la visión del imponente miembro.
La imagen de mi abuela con la boca entreabierta, con los primeros hilillos de saliva desbordando sus labios hicieron que mi coño comenzara a emanar fluidos. Con mis manitas clavadas en el pretil no perdía detalle de la morbosa escena.
Recuperada de su ensimismamiento, mi abuela, recogiendo su rizada melena en una improvisada cola, asió con ambas manos el hinchado miembro y, elevando la vista a papá, pidió permiso para saborear su ansiado premio.
Una sonrisa de papá fue suficiente para que la abuela se tirara ansiosa a devorar el palpitante miembro. De seguro no era la primera vez que lo hacía pues, a los pocos empellones, su nariz ya tocaba el peludo pubis de papá.
Los primeros momentos fueron frenéticos, pareciera que la abuela tenía hambre de sexo atrasada. Su boca tragaba una y otra vez, como un pistón, mientras las babas comenzaban a formar un charquito a sus pies.
Al poco, más tranquilizada, ralentizo el ritmo, dedicando delicadas chupadas a los gordos huevos de papá, lamidas que iban de la base al glande y todo ello con una sonrisa en sus labios, un brillo vicioso en sus ojos que no perdían de vista a papá.
No dispuesto a que otro marcara el ritmo de su placer, papá, cogiendo con su mano la improvisada coleta de mi abuela, fue imponiendo su ritmo. Unas veces pausado, otras atropellado, provocando arcadas, que aumentara la salivación y que las lágrimas asomaran al rostro de su suegra.
Esta, como mero receptáculo de su placer, puso sus brazos a su espalda, entregándose sumisa a la follada de boca que le estaba proporcionando su yerno.
Cuando más intenso era el ritmo de su follada papá paró de pronto, provocando que a sus pies mi abuela lo mirara desconcertada. Sin palabra alguna, tirando bruscamente de su coleta, la levanto, tanto y tan rápido que la obligo a ponerse de puntillas e iniciando una rápida marcha hacia la puerta de cristal la estampo de frente a ella.
Podía ver los ojos desorbitados de mi abuela. Aunque no tan directamente como desde donde yo estaba, sin embargo, la desnuda imagen de la abuela sería visible desde algún ángulo de la piscina, con lo que advertí que con un rictus de miedo en su rostro lo volvía implorante hacia mi padre.
Este, sin importarle su muda suplica, volvió a estamparla con tras el cristal, aplastando, su rostro, sus hermosas tetas y su coño contra la transparente superficie.
Pronto las manos de papá cubrieron los pechos de mi abuela. Observe como prendían sus erizados pezones, los estiraban, retorcían, provocando en ella gestos de dolor que al poco comenzaron a tornarse de placer. Su boca se entreabría, su húmeda lengua mojaba el cristal, sus ojos vueltos, una visible humedad mojaba el interior de sus firmes muslos…
Una fuerte palmada en sus nalgas provocó que mi abuela sacara e irguiera el culo. Atrás suyo podía ver como la polla de papá golpeaba sus nalgas, como entremetiéndola entre sus muslos golpeaba su coño haciendo que salpicaran sus flujos, que mancharan el cristal del ventanal.
Ahora mi abuela no lo miraba con miedo, vuelta su cara hacia él lo miraba con deseo. Se veía abrir su boca, sin oír sabia que le estaba pidiendo polla, que le suplicaba…y sabía que papá se estaba haciendo de rogar, enseñando a su caliente suegra cual era su lugar, el de caliente perra cachonda hambrienta de su polla…y me corrí, me corrí en aquella solitaria terraza sin siquiera tocarme, solo deseando estar en el lugar de mi abuela, de esa hembra madura sedienta de sexo.
El cambio del aplastado rostro de mi abuela contra el cristal me indico que el macho había hecho suya a su hembra. La relajación de sus facciones, esa jugosa boca que esbozó una satisfecha sonrisa fue suficiente. Sus turgentes pechos aplastándose y retirándose del cristal no fueron sino la confirmación.
Dejando de fijarme en la abuela lo vi a él. Sus fuertes manos aferradas a las amplias caderas de mi abuela, el bamboleante movimiento de su pubis empujando una y otra vez su miembro dentro de la hembra, su pecho, su cara de dominio.
El ritmo se incrementaba y ralentizaba, los fuertes empellones levantaban los pies de suelo a mi abuela. Las babas de esta embadurnaban ahora todo el cristal. Ya no le importaba nada, solo sentirse hembra, mujer en brazos de un hombre, de un verdadero macho.
El orgasmo le llegó como un rayo, vi sus piernas desfallecer, el squirtin empapar el cristal. Papá la sostuvo firme, manteniendo su ritmo. No puedo saberlo, pero el rostro amable de mi abuela se había transformado en puro vicio. Orgasmo tras orgasmo, la vi aullar, el sonido no me llegaba, pero sabía lo que significaba su boca desencajada, sus ojos vueltos.
Lentamente papá fue sacando su miembro. Los fluidos lo hacían brillar, hinchado, erecto, desafiando la gravedad era una visión animal.
Cogiéndola de los hombros la hizo volverse, arrodillarse y situando el amoratado glande frente a sus vidriosos ojos comenzó a pajearse, lentamente. Sumisa, volvió a arrodillarse cruzando sus brazos a su espalda, esperando lo que su macho mandara. El rostro de mi abuela mostraba ansia, hambre, hambre de la esencia, la simiente de su hombre. Lo esperaba con la boca entreabierta, la lengua sacada, jadeando.
Y pronto recibió su premio, trallazo tras trallazo el caliente semen que emanaba de la palpitante polla de papá fue dibujando su obsceno dibujo en la cara de su suegra que lo recibía hambrienta, buscaba que la mayor parte cayera en su boca para deleitarse, saborearlo, alimentarse con él.
Los últimos churretones alcanzaron sus ojos. Toda su cara era una mascara blanca, y debajo de ella se adivinaba la sonrisa satisfecha de la madre de mi madre. Ahora no era mi abuela, era una hembra viciosa, dominada por el vicio, la lascivia de sentirse mujer en brazos del único hombre que le daba lo que solo se atrevía a imaginar en sus calientes sueños.
Papá parecía decirle algo. La abuela elevo su rostro hacia él, sonreía.
Lentamente sus dedos fueron rebañando los grumos de semen de su rostro, Los acumulaba y llevándolos a su boca los saboreaba, premiando a papá con una agradecida sonrisa.
Hasta que no termino de retirar hasta el último grumo, la abuela no abandono su posición de sumisión.
Por algo que le dijo papá comenzó a levantarse y recogiendo las copas y braguitas de su bikini se los entrego a papá.
Tranquilamente y con el interior de las húmedas prendas, papá termino de limpiar el rostro de mi abuela. Luego le hizo que se las volviera a colocar y ese simple gesto de marcar su dominio sobre ella hizo que, de nuevo, sin tocarme siquiera, volviera a correrme. La cabeza me explotaba, los pezones me dolían, los pechos me pesaban. No perdía detalle.
El escabroso encuentro parecía haber llegado a su fin. Mi abuela deshizo su maltratada cola, y cardando con sus dedos su rizada melena fue recomponiendo su figura. Con un brillo de deseo en sus ojos, cerrando sus brazos entorno al cuello de papá y empinándose sobre los deditos de sus pies, volvió a comerse la boca. Un beso interminable, que unía al lascivo roce de su pubis con el duro miembro de papá.
Como todo lo que comienza, llego el final y abandonando la estancia mi abuela, con un brillo de deseo y pena en sus ojos dejó solo a papá.
No se el tiempo que había pasado. El sol aparecía todavía en lo alto y el silencio reinaba en la casa. Comenzaba a retirarme cuando un gesto de papá llamo mi atención. Parecía que alguien más había entrado en la habitación.
Intrigada, volví a ocupar la posición de furtiva espectadora. La súbita aparición de mi tía Aurora, la hermana mayor de mamá, provocó que en mi pecho naciera un grito de sorpresa.
Grito que hubiera descubierto mi posición de no haber sido por la mano que firmemente, tapaba mi boca y el cuerpo que sobre mi me inmovilizaba.
Un terror frio me domino, bloqueada, inmovilizada, comencé a transpirar. Mi corazón desbocado, mi respiración agitada hacían que mi cabeza girara como una lavadora, interrogándome sobre en manos de quien había caído.
Una susurrante, irritante y conocida voz me descubrió la identidad de mi opresora.
—Vaya, vaya. Va a resultar que la mosquita muerta de mi primita es una sucia mirona ¿No te da vergüenza espiar las cosas de los mayores? ¿Qué pensarían mi papi, el abu si supieran esto? Seguro que tendrías que dar muchas explicaciones jajajajaja. Decía a mi oído la irritante de mi prima Nicol.
Sin rebajar su presión, mi prima me mantenía callada e inmóvil. Aunque solo nos superara un año, su constante entrenamiento le conferían de una fuerza que no podía desafiar. Pese a ello, moviendo mi cabeza bruscamente, intentando morderla, trataba de desasirme de su abrazo.
—Quieta fierecilla, vamos tranquilízate. Pensándolo bien creo que podemos entendernos. Vamos que si sabes de este mirador privilegiado…si hoy estas aquí dándote el atracón de porno en directo solo puede ser porque alguien te haya avisado y si mis sospechas son ciertas creo saber quién es él…jajajaja ¡Acerte!- Casi grito después de haber introducido sus dedos índice y corazón en mi chorreante coño.
—Jajajaja. ¡Vaya, vaya! La mosquita muerta de mi prima ya no es virgen…oiuiui…jajaja ¿y no será que el galán no es otro que el que acaba de pasarse por la piedra a la buena de nuestra abuelita?
Mis ojos como platos fueron toda la respuesta que necesitaba para saber que había acertado.
—Jajajaja, vaya con el tío. No deja de aumentar su harem. Sabes, no le culpo. Con el pollón que gasta y lo guapo que es desde luego no podías tener mejor maestro ¿Ha sido él quien te ha estrenado o ya venias usada? Se por experiencia que puede ser muy celoso.
De nuevo un simple gesto le sirvió de confirmación.
—Mejor. Hubiera sido una pena que te hubiera estrenado un picha corta, eyaculador precoz, en cualquier excursión escolar o lo que es más triste en un portal o los aseos del colegio. ¿Sabes la pena? Que después de comenzar con el mejor lo que siga te va a saber a poco. Te lo digo por experiencia.
Cual no sería mi cara de sorpresa que mi prima prosiguió con ese tono de suficiencia que tanto me irritaba.
—¿Ah, no lo sabias? ¿No te lo ha dicho? Pues si primita, tu papí me lleva al cielo cada vez que me toca al menos desde hace un año, fíjate a la misma edad que te ha estrenado a ti ¿No es casualidad? Parece que tiene un escrúpulo o es que a esta edad las nenas comenzamos a babear por una buena polla. Bueno y ahora dime ¿Puedo soltarte y no harás ninguna tontería?
De nuevo un gesto de asentimiento le sirvió para que aflojara su llave y dejara que recuperara mi movilidad.
—Bueno y ahora que ya somos cómplices en esto podemos disfrutar del espectáculo. Porque a eso habíamos venido ¿ok?
Asomadas de nuevo al pretil de la terraza la escena era bien distinta de la que había disfrutado con mi abuela.
Desnudo, repanchingado en un mullido sillón, papá, con una expresión sarcástica escuchaba pacientemente lo que parecía una airada reprimenda de mi tía Aurora que con amplios gestos de sus brazos parecía estar echándole algo en cara no.
Hasta ahora no he descrito a mi tía Aurora. A diferencia de mamá y la abuela, la hermana mayor de mi madre no podía ser más diferente en lo físico. Frente a la exuberancia de mi abuela, la tía era menuda. Bonita figura, curvilínea, destacaban sus medianos pero firmes pechos, como meloncitos, nada caídos a pesar de haber tenido cuatros hijos y haberlos amamantado.
Grandes ojos negros que iluminaban su bonito rostro, enmarcados por una media melena castaña. Boquita pequeña rematada por unos carnosos labios, en fin, una monada. Como dice papá, un rico perfume en frasco pequeñito.
—¿A que parece que mi mamá estuviera enfadada? No te creas nada de lo que veas. En realidad, es que se la comen los celos. Jajajaja, si no me mires así.
Si la abuela comenzó a follarse a tu papá a la segunda vez que llego a su casa, mi madre lo hizo desde la primera, Jajajajaja, si te vieras la cara Jajajajaja.
Y es que con los ojos como platos y con mi boca abierta por sorpresa mi cara debía ser un poema.
—Pues si tontina. Para mi que lo que está echándole en cara a tu papí es que la tenga desatendida. Ufff, basta que pasen un par de días sin que se la folle y se sube por las paredes. Se ve que desde que ha comenzado a follarte la visita menos a menudo. Jajajaja.
De nuevo volvimos la mirada a la escena. En ese momento papá comenzó a levantarse lentamente, lo que provoco que mi tía quedara paralizada y muda. Ante la corpulencia de papá mi tía Aurora, temerosa, dio un paso atrás.
Llevando sus manos a las tirantas de su ceñido bañador de una pieza, papa comenzó a deslizarlo hasta dejar a la vista sus bonitos pecho que ya mostraban unos empitonados pezones. La cara de mi tía era un poema, entre el estupor y el ansia, su entreabierta boca comenzaba a babear.
A un gesto casi imperceptible de papá mi tía comenzó a flexionar sus rodillas hasta quedar arrodillada, con las manos detrás de su nuca, mirando suplicante a papá.
Este, con su hinchada polla en su mano la paseaba frente al rostro de mi tía, pintando con el precum sus mejillas mientras mi tía trataba ansiosa de cogerlo con su boca. Papá se divertía jugando con ella, esquivando sus vanos intentos de llenar su boca.
Desesperada, mi tía comenzaba a lagrimear de desesperación cuando de repente papá le metió su duro miembro en la boca. Sorprendida por la brusca incursión a punto estuvo de caer. Rehecha, y teniendo como punto de agarre el firme miembro de papá, la tía comenzó a mamar como una loca.
Fijada mi atención en la morbosa escena, apenas percibí al principio como los delgados dedos de mi prima comenzaban a palpar mis nalgas, y echando la braguita a un lado comenzó a acariciar mi hinchada vulva.
Al principio sorprendida y empujada por la animadversión que sentía por mi prima a punto estuve de rechazar sus caricias, pero, el vacío que desde el principio sentía en mi palpitante chocho hizo que al contrario empujara mi culito hacia ella para hacer mas profunda su incipiente penetración. Una sonrisa de triunfo ilumino el irritante rostro de mi prima y yo, vencida, gemí sensualmente.
En la habitación papá follaba la boca de mi tía como el embolo de una locomotora.
Las afiladas uñas de mi prima arañaban la húmeda pared de mi palpitante vagina llevándome al cielo, bastándole rozar con su pulgar mi sonrosado ojete para arrancar mi primer orgasmo.
—Ummm como me gustan los culitos vírgenes, tan estrechitos. ¿Papi no te ha hecho aun el culito? Ummm lo disfrutaras, te lo aseguro. Rajándote, creyendo que no serás capaz y a la vez deseando que te la meta más y más. Ummm.
Dios, la puta de mi prima sabia como ponerme caliente. Mi ojete comenzó a palpitar pidiendo más.
Lejos de parar, sus dedos se volvieron más atrevidos y desentendiéndose de la morbosa escena que teníamos ante nuestros ojos, a la vez que con una de sus manitas penetraba a todo lo hondo mi chorreante coño con dos dedos de la otra dilataba a cada momento más mi sudado ojete.
El orgasmo me sacudió como un rayo, atravesada por una corriente eléctrica mi cuerpo convulsiono, se retorció, aullando como un animal herido, suerte que previéndolo la manita de mi prima ahogo mi grito, pues si no de seguro nos hubieran descubierto.
Apenas recuperada del intenso orgasmo, con la neblina del placer aun cubriendo mi juicio, sentí los carnosos y húmedos labios de mi prima sobre los míos y, olvidada la animadversión que le tenía de antaño, devolví agradecida y ansiosa su caricia, mordisqueando sus labios, introduciendo mi lengua en su boca y recibiendo la suya en la mía, intercambiando nuestras babas nos dejamos caer en el caliente suelo revolcándonos la una contra la otra, con nuestros muslos entre las piernas de la otra, frotando furiosas contra nuestros sexos hasta alcanzar un delicioso orgasmo.
Con la respiración agitada, nuestros pechos subiendo y bajando, gire la mirada para ver a mi prima. A diferencia de mí, que en la refriega había perdido ambas partes del bikini, aparecía completamente transpirada, impregnada de nuestras babas y densos flujos, mi prima aun mantenía su uniforme de tenis, un poco arrugado pero impoluto, la blanca camisa polo, su plisada faldita a juego ceñían como un guante su sensual figura.
Al igual que mi tía, mi prima Nicol, si bien carecía de exuberancia de mis pechos exudaba sensualidad por todos sus poros. Sus largas piernas, rotundos muslos, caderas pronunciadas, culito respingón que elevaba con gracia el vuelo de su faldita, un vientre plano y fuerte, unos pechos, deliciosos meloncitos, todo ello rematado por un atractivo rostro, piel blanca, labios rojos, ojos azules y una lacia melena rubia ceniza que en esta ocasión remataba con dos coletas altas que le daban imagen de niñata rica de serie americana.
Ante la visión de tan apetecible cuerpo, el recuerdo de los recientes orgasmos, no pude aguantar un profundo suspiro y que mi sexo volviera a humedecerse.
Notándolo, Nicol acerco su rostro al mío y mi boca se abrió ofreciéndose. Dominante, cruel, apenas sus labios rozaron los míos, arrancándome un gemido. Su manita, firme, apretando mi erecto pezón comenzó a retorcerlo mientras su legua jugaba con la mía, su mano acaricio mi descapuchado clítoris y cuando más próximo estaba de estallar de nuevo, fríamente corto de raíz su caricia.
—Bueno perrita, es hora de que devuelvas algo de lo recibido ¿no te parece zorrita?
Agitada, la mire, sonriente y volviéndose hacia el pretil, de rodillas, en pompa elevó graciosamente su faldita dejando a la vista su sonrosado culito. Entreabriendo sus muslos quedó a la vista su abultada vulva, ligeramente húmeda, pequeñas gotitas cubrían la pelusilla dorada que la cubrían como un delicioso melocotoncito.
—Tu papi se lo está pasando genial, aunque creo que mamá se lo está pasando mejor. Es hora de que me hagas disfrutar.
Levantando ligeramente la vista sobre el pretil pude ver como enroscada entorno a la cintura de papá, sujeta por sus firmes nalgas, papa la martilleaba contra el cristal del ventanal, dejando a quien quisiera ver imagen de las nalgas y su espalda.
—Vamos perrita, no te distraigas, tú a lo tuyo. Ya te iré contando mientras tanto.
Obediente, situándome tras suya, mi boca se posó sobre la palpitante vulva. Su gusto agridulce me enervo desde un principio. Tal era el delicioso sabor que desde ese momento solo pensaba en comer y comer, glotona cuanto sus carnes pudieran ofrecerme.
Posadas las manitas en sus nalgas, las abrí ligeramente, dejando mi naricilla sobre su sonrosado ojete. Golosa, mi húmeda lengua se posó en su arrugado ano, lamiéndolo en amplias lengüetadas. Deslizando a todo lo largo, humedeciéndola, sentía como se distendía, palpitaba. Su agrio sabor me abrió el apetito, la firme punta de mi lengua se entremetía en la estrecha abertura, rebañaba sus jugos. Mis manos abrían sus nalgas, a cada palpito la abertura se hacía mayor, la sonrosada carne se abría ante mis ojos, cada vez mi lengua penetraba en ella más y más, retorciéndose dentro de su carne. Las primeras falanges de mis deditos penetraron en ella, ensanchadora, mi rostro incrustado en sus nalgas, mi naricilla aspirando su aroma.
Soltando un espeso salivazo, mis deditos lo esparcieron en su interior arrancándole un sensual gemido, tres de mis deditos penetraron en ella, perforándola, sintiendo la calidez y humedad de su recto.
Comencé un suave mete y saca mientras mi otra manita, posada a todo lo largo de su cálida vagina comencé a recibir sus espesos flujos.
Hundiendo mi dedo medio en su mojado coño, martilleando su dilatado ano, le arranque su primer orgasmo. Vuelta la cara hacia mí, la visión de su rostro, su satisfecha mirada llenó mi pecho de un delicioso calorcillo. Sin interrumpir las sensuales caricias, deje caer mis duros pechos, restregándolos contra su espalda.
Arrastrándome sobre ella, mi boca llegó a la suya fundiéndonos en un morboso morreo.
—Ummm zorrita, ten seguro que a partir de hoy iré a visitarte a menudo. No podemos dejar que esta renacida relación se apague, sigue zorrita, sigue. ¡Ostia puta! Siiii que manitas tienes golfa.
Corriéndose de nuevo, su cuerpo se tensó, tembló, hasta llegar al relajo. Rendidas, una contra otra, un ligero beso volvió a estamparse en mis hinchados labios.
—Bueno guarrilla, si conozco a tu papi seguro que aun le queda un cartucho, y hoy el trofeo que pienso cobrarme está entre sus piernas. Jejejeje. Disfruta del espectáculo.
Y alisándose el vestidito salió de la terraza.
Continuara….
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