Incest
May 31

Lucero: trabajo de verano 4 y 5.

Imagina que durante toda tu vida te has preguntado que se sentirá subirte a una montaña rusa que luce particularmente emocionante sin que se te haya presentado la oportunidad de vivir esa experiencia por ti mismo, teniendo que conformarte con las miles de historias que la gente te cuenta acerca de cómo se siente, de lo emocionante que resulta, de lo divertido que es y las ganas que tienen de volver a vivir esa aventura en cuanto tengan la oportunidad; ahora imagina que un día entras al parque de diversiones y te subes una vez, y otra más, y una más, y muchas veces más, sintiéndote cada vez más excitado y emocionado porque estar ahí es tan increíble que no puedes creer que eso te esté pasando.

Bueno, pues algo así fue lo que viví con mi tía Trina aquella tarde después del masaje que le di a la orilla de la piscina, pasando horas conociendo todos sus trucos y secretos, probando por primera vez los sabores de una mujer, viviendo en carne propia todos los placeres que el cuerpo femenino podría brindarme y aprendiendo todo lo que yo mismo era capaz de provocar en una chica, enloqueciendo con cada orgasmo que le provocaba a mi tía y en cada ocasión que esa diosa del sexo me hacía eyacular, sin que ninguno de los dos pareciera tener suficiente a pesar de las muchas veces que lo hicimos, sin que alguno quisiera detenerse porque lo que estábamos haciendo era maravilloso, porque con cada cosa que le hacía, en mi cabeza nacían otras tres o cuatro ideas que quería experimentar con ella.

Por desgracia, el cuerpo humano tiene sus límites y en algún momento de la tarde nos quedamos dormidos en la cama donde Trina solía dormir con su marido, recostados en una sábana que quedó empapada de sudor y de todos los fluidos que salieron de nuestros cuerpos, agotados después de todo el sexo que tuvimos, despertando después de varias horas y solamente porque el teléfono de mi tía sonó, algo que me hizo abrir los ojos para darme cuenta de que estaba por anochecer, mientras Trina se levantaba de la cama sin hacer siquiera el intento de vestirse, para luego salir de la habitación y responder aquella llamada que le hicieron, regresando a los pocos minutos de haberse ido, caminando hacia mí con tranquilidad, mostrando una enorme y lasciva sonrisa en sus labios.

- ¿Y bien, sobrino? ¿Qué me dices? ¿Qué tal estuvo tu primer día de trabajo? - preguntó con picardía, robándome una risilla nerviosa sin que supiera qué debía responder a esa pregunta, antes de que se agachara para besarme en los labios y luego se metiera en su vestidor - no creas que todos los días serán iguales, dudo mucho que lo soportáramos, pero era necesario que aprendieras algunas cosas y me parece que lo has asimilado todo muy bien, así que mañana invitaré a una amiga para que te conozca y… bueno, supongo que para este punto ya te habrás dado una idea de qué es lo que pretendo hacer contigo ¿No? - comentó Trina desde el vestidor, haciendo que me sintiera incómodo ante la perspectiva de prostituirme con las amigas de mi tía, sin embargo, no dije nada al respecto.

- Sí, creo que tengo una idea - respondí, sin comentar nada más, sin exponer mis dudas al respecto, viendo poco después cómo mi tía salía del vestidor usando solamente unas bragas cacheteras y una camiseta holgada que no restaba nada a su hermosa y sensual apariencia.

- Vamos, cariño, deberíamos comer algo antes de mandarte a casa y creo que también te caería bien tomar un baño - comentó, haciendo que me levantara de la cama antes de que me lanzara mis calzoncillos a la cara, riéndose al hacerlo - te espero en la cocina, amor, no tardes - se despidió con un tono juguetón, dejándome solo en su habitación con miles de preguntas, sin decidir si de verdad quería pasar aquel verano de la forma como me lo había planteado mi tía.

***

- ¡Llegó mi hermano! - exclamó Yolanda poco después de que entrara a la casa, anunciándome con mucho entusiasmo, levantando la voz a pesar de estar a un lado de mi madre, sosteniendo un sartén en una mano mientras en la otra agarraba una espátula - ¡Estamos haciendo hot cakes para cenar! ¡Ya casi terminamos! - comentó esa chica tan extrovertida, haciendo que tomara asiento en una silla, no tanto porque tuviera hambre o porque se me antojara mucho lo que estaban preparando, sino más bien porque resultaba delirante observar aquel espectáculo que brindaban esas dos mujeres al ir enfundadas en esos atuendos tan ligeros, dejándome observar la forma como sus pezones se marcaban en sus delgadas camisetas, provocando que suspirara de vez en cuando al ver sus largas piernas y sus traseros apenas cubiertos con aquellos shorts que llevaban encima, algo que no me extrañó en lo más mínimo considerando el tremendo calor que estaba haciendo.

- ¿Cómo te fue con Trina? Espero que no haya sido demasiado abrumador pasar el día con ella, sé que mi hermana puede ser un poco excéntrica - comentó Lucero sin dejar de prestar atención a lo que hacía su hija, como si se estuviera asegurando de que lo hiciera bien, haciéndome suponer que quizás esa chica tan alocada estaba aprendiendo a hacer hot cakes.

Como era de esperarse, aquella pregunta provocó que recordara lo que hice con Trina durante el día, que reviviera sus gemidos como si los estuviera escuchando en aquel momento, que recordara el inmenso placer que me provocó al tenerme en su boca y lamer mi glande con esa cara de vicio que le resultaba tan natural, que sintiera cómo mi sexo se endurecía mientras revivía la escena en la que la penetré recostada en la cama, viendo cómo los senos se le movían de arriba hacia abajo al ritmo con que me la cogía.

- Bien, supongo. Es una mujer un poco intimidante, pero con el pasar del rato nos fuimos entendiendo y… creo que lo pasaré bien trabajando con ella, aunque dudo que algo de lo que hicimos pudiera considerarse un trabajo real - respondí sin pensarlo demasiado, sin poder hacer algo para evitar que mi voz sonara un tanto soñadora mientras recordaba todo lo que viví con esa hermosa mujer, a la vez que le miraba el trasero a Yolanda, notando que lo tenía muy redondito y que al menos a la distancia parecía bastante firme. Ambas dejaron salir algunas risillas ante aquello último que dije.

- ¡Ay, hermanito! ¡Lo que yo daría por tener un trabajo como ese! ¿Te imaginas? Estar todo el día con una mujer sensual yendo por ahí medio encuerada y sin preocuparme de nada más que de pasarlo bien ¡Suena fantástico! - exclamó la chica, levantando un poco los brazos sin soltar el sartén ni la espátula que tenía en la mano, provocando que su madre le diera un golpecillo en el brazo para recordarle que estaba cocinando.

- Sí, supongo que lo es - respondí con el mismo tono de voz soñador, sin poner mucha atención a lo que esas mujeres me decían, pues me costaba trabajo apartar los ojos del trasero de Yolanda y más aún dejar de recordar todo lo que hice con Trina, algo que cautivó mi atención hasta que Lucero me volteó a ver y me atrapó viendo el cuerpo de su hija, supongo que de una manera muy poco inocente, provocando que me sonrojara y desviara la mirada, sintiéndome muy avergonzado al haber sido atrapado con los ojos en la masa.

Para mi sorpresa, Lucero no se enojó, solamente sonrió con complicidad antes de regresar a lo que hacía un minuto atrás, sin volver a mirarme hasta que terminaron de preparar lo que les quedaba de la mezcla y se reunieron conmigo en la mesa, sin que esa mujer hiciera o dijera algo con respecto de lo que me atrapó haciendo, una ausencia de respuesta que me permitió relajarme conforme los minutos pasaron, mientras escuchaba aquellas historias que mi hermana contaba de su pasado, de sus amigas, de cómo se despidieron entre lágrimas cuando terminaron la preparatoria y de lo mucho que las extrañaría, temas que fueron una y otra vez interrumpidos para que la chica contara alguna anécdota de cada una de sus compañeras, haciendo de aquella charla algo muy ameno y divertido que me arrancó algunas risas, que incluso hizo que me sintiera un poco más en confianza, que empezara a dejar de percibirme a mí mismo como un extraño en esa casa, como si solamente fuera un invitado en el hogar de esas mujeres.

- ¡Santo dios! ¡¿Pero qué estoy haciendo?! ¡Se supone que tú deberías estarnos hablando de tu vida y no yo! ¡Eres un…! - exclamó un tanto molesta, reclamándome como si yo hubiera sido el responsable de que no cerrara la boca, aunque por fortuna no alcancé a escuchar lo que era antes de que Yolanda bostezara sin poder evitarlo, haciendo que su madre se levantara de la mesa y empezara a recoger los platos, como dando por terminada la cena al ver que su hija estaba llegando a su límite de energías.

- Creo que ya es hora de que duermas, cariño ¿Por qué no subes a ducharte para que te relajes un poco mientras yo…?

- ¡No, no, no, de eso nada! Tú me hiciste el favor de enseñarme a hacer hot cakes, así que los trastes son cosa mía, y como mi hermano parece haber llegado muy fresco de su no trabajo, él me ayudará con todo esto ¿Verdad que sí? - me preguntó al final, dedicándome una sonrisa acompañada de ese divertido gesto que al parecer hacía con mucha frecuencia en el que levantaba las cejas varias veces y muy rápido, robándome algunas risas mientras asentía en su dirección, poniéndome de pie para dirigirme al fregadero mientras Yolanda hacía lo mismo.

- Cariño, yo… - respondió Lucero, mirándome un poco avergonzada, pero Yolanda la atajó de inmediato, antes de que dijera alguna otra palabra.

- ¡Nada, nada! Ve y tómate ese baño relajante mientras nosotros nos encargamos de esto. Yo lavo y él seca, así terminamos más rápido - le dijo la chica a su madre, sin que la mujer dejara de mirarme como disculpándose conmigo, como si creyera que al irse de la cocina con la intención de tomar un baño, no demostrara sus buenos modales o algo parecido.

- Bueno, gracias, chicos - se despidió al final, supongo que cuando entendió que no tenía caso discutir con su hija, marchándose de ahí un segundo después mientras Yolanda y yo nos poníamos a lo nuestro.

- Ahora que mamá se fue, ya puedes contarme cómo te fue en realidad con la loca de Trina, y no trates de omitir los detalles vergonzosos, porque conozco a esa mujer muy bien y sé que debió ponerte muy incómodo al menos una decena de veces desde que llegaste a su casa - comentó, tomándome por sorpresa, haciendo que la cara se me pusiera como un tomate, algo que esa chica notó de inmediato, que incitó aquellas risas que salieron de su boca - ¡Lo sabía! ¡Esa mujer está más chiflada que yo! ¡Vamos! ¡Cuéntame qué hicieron!

- No me sentiría cómodo hablando de eso contigo - le respondí, nervioso y con voz titubeante, provocando que me mirara con una expresión de sorpresa en su rostro, deteniéndose por algunos segundos de lo que hacía antes de que volviera a los trastes, quedándose de pronto muy callada, como dándose un momento para tranquilizarse o para ordenar sus ideas antes de retomar las cosas como si aquella reacción que tuvo jamás hubiera ocurrido, un comportamiento que de alguna manera me recordó a los abruptos cambios de humor de Trina.

- A ver, después de lo que hicimos ayer mientras veíamos la película, no me puedes decir que te da vergüenza hablar de ciertas cosas - me soltó de golpe, haciendo que me sintiera mucho más avergonzado que antes - además, Trina es más mi amiga que mi tía, yo misma he hecho en esa casa cosas que no andaría contando por ahí, así que… ¡Vamos! ¡Cuéntame lo que hicieron! ¡Te prometo que no se lo diré a nadie! ¡Será un secreto entre nosotros dos! ¡Un secreto de hermano y hermana! - suplicó, mirándome de reojo, dejando incluso de poner atención a lo que hacía, algo que noté cuando lavó tres veces el mismo plato.

La verdad es que si bien en general no solía sentirme cómodo hablando de esas cosas con ninguna persona, Yolanda me hizo entender que desde lo que pasó con ella durante la tarde anterior, las cosas en realidad habían cambiado entre los dos, porque lejos de ser solo una desconocida, lo que pasó me conectó de cierta manera con ella al compartir un secreto, creando un vínculo de complicidad entre nosotros, un algo que, mientras estábamos en la cocina y miraba cómo terminaba de lavar los trastes, de pronto me hizo sentir bastante a gusto ante la idea de contarle lo que hice con mi tía.

- Trina es muy desinhibida y no parece tener mucho problema con que la gente la vea medio desnuda - comenté, viendo cómo Yolanda volvía a concentrarse en los trastes, dándose tanta prisa como pudo para acabar con ello cuanto antes, creo que con la intención de poner toda su atención a lo que estaba por contarle - después de que me enseñó la casa me dijo que fuéramos a nadar, pero antes me llevó a su habitación y se puso un bikini muy provocativo y…

- ¡¿Y?! - me exigió cuando me detuve por unos segundos, llamando mi atención ante la aparente ansiedad que le provocaba saber cada cosa que pasó con mi tía durante mi primer día de trabajo.

- Bueno, es que me atrapó mirando su cuerpo en bikini y se dio cuenta de que me excité, así que me tomó la mano y me hizo tocarle uno de sus senos - Yolanda soltó una carcajada con la que me contagió un poco de su alegría.

- ¡Siendo tan tímido como eres, ya me imagino la cara que habrás puesto!

- Sí, bueno, fue muy incómodo, pero las cosas no se quedaron ahí. Después de que la tocara, ella se fue de su recámara y me dejó para que me pusiera un traje de baño, me dijo que no tenía problema con que me tardara un poco más si quería relajarme, porque… bueno es que estaba un poco excitado, aunque claro que no hice nada en su habitación, solo me coloqué el traje de baño y luego me reuní con ella en la alberca - dije mientras mi hermana se desternillaba de risa, provocándome un poco para reírme de mi precaria situación hasta que sus imparables carcajadas comenzaron a ser un poco molestas - ¡Esto va a ser mucho más difícil si te la pasas riéndote de cada cosa que te cuente!

- ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Me calmo! ¡Lo siento! ¡Continúa! - dijo sin dejar de reírse del todo, fascinada con cada cosa que le contaba.

- El caso es que cuando al fin salimos del agua, me pidió que le diera un masaje profundo y… bueno, eso fue lo que hice - comenté, sintiendo cómo la cara se me ponía toda colorada al recordar lo que pasó con Trina, rogando que Yolanda entendiera lo que aquello significaba sin necesidad de pronunciar las palabras que describirían con precisión lo que pasó a un lado de la piscina, porque sabía que hacerlo me costaría mucho trabajo y me haría sentir mucho más avergonzado de lo que ya me sentía. Mi hermana tuvo que morderse los labios por dentro para no reírse de nuevo, algo que le llevó un par de minutos antes de que pudiera abrir de nuevo la boca.

- Y ¿Se puede saber qué tan profundo fue ese masaje? - preguntó mientras me dirigía una mirada traviesa y ejecutaba de nuevo la cosa que hacía con las cejas, empleando ese tono malicioso que ya había escuchado desde que nos quedamos a solas en mi habitación la tarde anterior, poco después de haber llegado a su casa.

- No diré nada más al respecto, esto ya es bastante incómodo como para ponerme más descriptivo con ese asunto - traté de cortarla, pero esa chica no parecía estar dispuesta a irse de ahí sin escuchar una descripción más detallada.

- ¡Oh, vamos! ¡Me encanta enterarme de cosas que no debería saber! - se quejó, haciendo gala una vez más de esa sinceridad sin filtros que poseía - ¡Vamos, hermanito! ¡No seas malo! ¡Dame más detalles o…! - hizo una pausa repentina mientras yo terminaba de secar y guardar los platos, provocando que la mirara para encontrarme con aquella expresión que me dedicó, como si me hubiera atrapado en algo malo, mirándome con los ojos muy abiertos, fingiendo alguna clase de sorpresa o indignación que no combinaban para nada con su forma de ser - ¿No será que preferirías mostrarme cómo estuvo ese masaje? Porque si quieres hacerlo tengo aceite en mi cuarto y… - sus risas estallaron en cuanto notó la cara que puse ante tal clase de ofrecimiento, algo que después la hizo abrazarme con mucha fuerza desde atrás, pegándome todo su cuerpo para finalmente darme un beso en la mejilla - lo siento, hermanito, no quería torturarte tanto, es solo que no es común encontrar a un chico tan tímido y tan lindo, en serio, la mayoría de los animales que conozco son unos puercos, así que resulta refrescante ver a un hombre que se pone nervioso al hablar de esas cosas y estar en esa clase de situaciones; pero mira, ya hablando un poco más en serio, Trina es un alma libre como yo, mamá dice que no tenemos remedio, así que lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar, disfrutar de las locuras que se le ocurran a mi tía y nada más, porque estoy segura de que lo vas a pasar muy bien con ella sin importar la clase de cosas que te pida hacer por ella, o con ella, o sobre ella, o dentro de…

- ¿En serio no crees que tenga nada de malo que esté haciendo esa clase de cosas con mi tía? Quiero decir, a pesar de todos los años en los que no nos vimos, sigo siendo su sobrino y… - le pregunté, sorprendido ante lo relajada que se mostraba al decirme aquellas cosas, sin que al parecer le afectara en lo más mínimo el saber que estábamos teniendo sexo a pesar de pertenecer a la misma familia.

- No, al menos yo no le veo nada de malo, porque más allá de la relación familiar que puedan compartir, son adultos con necesidades y deseos, así que si para los dos está bien hacer esas cosas, entonces no hay problema, y como su amargado de cabecera no andará cerca durante el verano, creo que lo pasarás muy bien con ella si logras deshacerte de esa idea de que estás haciendo algo indebido, hermanito - dijo, antes de volver a hacer ese gesto con las cejas.

- Hablas como si tú hubieras tenido algunas aventuras con esa mujer, como si lo que estoy viviendo con ella ya lo hubieras vivido en carne propia - le comenté sin poder contener mi curiosidad, ella me sonrío con complicidad.

- Eso es porque así fue - respondió sin demostrar el más mínimo ápice de vergüenza - a ver, entre ella y yo no pasó nada porque a Trina no le van las chicas, pero la acompañé en su casa durante las vacaciones de primavera y… en realidad lo que ocurrió no fue nada del otro mundo, es solo que en más de una ocasión llevó chicos a su casa y… bueno, no hicieron nada conmigo porque yo no quise que me tocaran, porque a excepción de unos pocos muchachos deliciosos, como tú por ejemplo, no me van mucho los hombres y… bueno, eso no viene al caso, el punto es que durante esas vacaciones me la pasé de maravilla acariciándome mientras la escuchaba haciendo salvajadas en su recámara con esos muchachos, en serio, no sé cómo no me dio algo después de todas las cosas que me metí mientras la escuchaba, y es que Trina tiene una gran colección de juguetes en su caja secreta, seguramente ya los conocerás, porque a esa mujer le gusta mantener las cosas interesantes en la cama - explicó la muchacha, dejándome con la boca abierta mientras la escuchaba, haciendo que al final tragara saliva en un intento por devolverle el color a mi cara, mientras mi hermana me observaba con mucha atención, hasta que de pronto un montón de palabras salieron de mi boca, como de una forma automática, como si no pudiera contener el impulso de sacarlas de mi sistema.

- Ella me dijo que me enseñaría a perderle el miedo a las mujeres y que para cuando el verano terminara me habría convertido en un rompecorazones, también me dijo que si aprendía rápido todo lo que quería enseñarme, podría hacer dinero con eso, pero… bueno es que yo…

- ¡Carajo! ¡Quiere que seas uno de sus chicos! - respondió la chica con mucho asombro, abriendo tanto los ojos que de alguna manera temí que pudieran salirse de sus órbitas - ¡Pero entonces…! ¡Eso quiere decir que…! ¡Tú no me has contado todo lo que hicieron! ¡Ya te enseñó lo que tienes que hacer! ¿Cierto? ¡Eso fue lo que hiciste con ella toda la tarde! ¡Verdad! - preguntó como necesitando una explicación inmediata, impregnando de cierta desesperación su voz, haciendo que volviera a sentirme muy abrumado ante todo lo que pasó y, principalmente, ante los planes que Trina parecía tener con respecto de mí.

Después de dejar el último plato en su lugar, coloqué la toalla que tenía en las manos sobre el mueble de la cocina y me senté en la mesa, viendo cómo Yolanda me imitaba sin permitir que su vista se apartara de mi cara.

- Sí, eso fue lo que hicimos durante toda la tarde - le confesé, sorprendiéndome al ver cómo se dibujaba una desconcertante sonrisa en sus labios - pero la verdad es que no estoy muy convencido de que quiera hacer lo que me propuso, porque… bueno, es cierto que necesito dinero, pero no estoy seguro de querer tomar ese camino.

- ¡Esa mujer es una zorra! - exclamó en cuanto dejé de hablar, antes de que suspirara, se cruzara de brazos y recargara la espalda en el respaldo de la silla, mirándome pensativa, como si quisiera escoger muy bien las palabras que me diría - escucha, tal vez las cosas las estás interpretando de una manera equivocada, y no quiero decir que no pretenda promocionarte como si fueras un jugoso pedazo de carne, pero tampoco es como que pretenda pararte en una esquina a esperar que una mujer necesitada pase en su auto y te pregunte cuánto cobras; no, no se trata de nada de eso. Déjame te explico. El círculo social en el que nos movemos está lleno de mujeres muy descuidadas por sus maridos, chicas que pasan semanas y a veces meses sin ver a sus hombres, ya sea porque tienen viajes de trabajo o por diversas obligaciones propias de lo que hacen para vivir. Ahí tienes a Trina, por ejemplo, el tarado de su esposo pasa la mayor parte del tiempo de viaje, apenas regresa a casa por unos días antes de volver a irse quién sabe a dónde, dejándola sola, aburrida y sin sentirse apapachada por un hombre, algo que según lo que he visto resulta ser frustrante y a veces se convierte en algo muy triste; y así como ella sufre al quedarse sola en casa, hay otras muchas mujeres en nuestro círculo social a quienes les hace falta compañía. Otro ejemplo de eso podría ser mamá. El capitán se la pasa la mayor parte del tiempo de servicio, viene a casa solo de vez en cuando y cuando lo hace casi siempre están discutiendo por algo, luego se va por algunos meses sin que sepamos nada de él y… bueno, el punto al que quiero llegar es que una mujer necesita sentirse querida, amada y deseada, así que si su hombre no le da lo que necesita…

- Espera ¿Me estás queriendo decir que Lucero ha recurrido a esa clase de servicios?

- Yo no dije eso - se defendió, pero en su mirada pude ver que se avergonzó, que acababa de decir algo que no debía - el punto al que quiero llegar es que, dadas las circunstancias en las que viven todas esas mujeres, mi tía encontró la forma de hacer que esa clase de servicios puedan brindarse de una manera un poco más discreta, disfrazándolo todo con invitaciones a su casa para tomar el té o cosas como esas, pero sin que nadie ajeno sepa lo que en realidad ocurre dentro de la casa de mi tía, donde generalmente tiene a algún chico delicioso para atender a sus amigas, el cual en este caso serías tú, por supuesto - comentó, mirándome de una forma significativa, resoplando cuando notó la manera como se me estaba yendo el color de la cara, porque aquella clase de negocio no era para nada lo que yo pensé hacer durante el verano para reunir el dinero que necesitaba para la universidad - a ver, no pongas esa cara, solo trato de hacerte entender cómo son las cosas y cómo va a funcionar tu nuevo… negocio, claro, eso siempre y cuando logres complacer los estándares de una de las amigas de Trina que se llama Astrid, ella es algo así como el control de calidad del asunto, aunque dado el tamaño de la cosa que tienes ahí abajo, dudo mucho que te cueste trabajo satisfacerla, porque además tienes un cuerpo muy lindo y eres bastante guapo, así que… bueno, lo que tienes que saber es que tanto a ella como a sus amigas, les gusta manejarse como si todo pasara de forma casual, como si estuvieras con ellas porque quieres hacerlo y no solo por las cosas que te van a dar, así que lo que más te conviene es que nunca manejes precios o hables de pagos o digas algo que no dirías al convivir con alguien solo por diversión, mantén las cosas como si fueras amigo de todas esas mujeres y te sintieras enloquecidamente atraído por ellas.

- Pareciera que me van a entrenar para ser una zorra como la que contrataron esos chicos para quitarme la virginidad - dije con sinceridad, sintiéndome bastante incómodo con la forma como Yolanda estaba hablando de aquella situación.

- ¡Por supuesto que sí, zorrita! - bromeó, creo - pero estoy casi segura de que solo lo hace porque sabe que necesitas el dinero, y no creas que lo hace por ganar algo de plata, para nada, ella solo es como un agente del caos, como un pequeño demonio que le gusta ver que los demás hagan cochinadas en su casa, aunque… - suspiró de pronto con algo de gravedad y un aire de resignación al ver que seguía sin estar convencido de querer ser parte de todo eso - mira, si todo esto de verdad te molesta, puedes negarte a entrar en su juego, pero si eso es lo que decides, es importante que seas muy directo con Trina, que le digas las cosas como son, sin rodeos ni buscar atajos, solo dile lo que piensas y establece cómo quieres que sean las cosas, aunque… - Yolanda hizo una nueva pausa, mirándome con un brillo de algo parecido a la desconfianza en sus ojos, como mostrándose escéptica ante mi reticencia - a ver, quiero que respondas una pregunta, no tienes que decirme lo que piensas, pero responde esta cuestión para ti mismo: ¿En serio te molestaría tanto pasar algunos ratos sensuales con las amigas de mi tía y ganar dinero por hacerlo? Tienes que pensarlo bien antes de responder, porque todas esas mujeres han hecho hasta lo imposible por llamar la atención de sus esposos, en serio, se han pasado una gran parte de sus vidas metidas en gimnasios y sometidas a rutinas extenuantes para quedar deliciosas, son chicas muy lindas, mucho más que cualquier mujer que pudieras encontrar en la calle un día cualquiera ¡Vamos, que casi parecen modelos sacadas de alguna revista! Así que… bueno, piénsalo tú mismo, pero si me lo preguntas, creo que no te vendría mal esa clase de experiencia cuando estás por entrar en la universidad, porque además estoy segura de que todo lo que aprenderías con Trina y sus amigas te vendría bien al querer ligarte a una universitaria, y por si eso te parece poco, el dinero que vas a ganar satisfaciendo mujeres hermosas, no lo conseguirás de ninguna otra manera, sin importar lo mucho que trabajes ni que consigas una cantidad absurda de empleos - explicó Yolanda, antes de levantarse de su silla, rodear la mesa y abrazarme de nuevo por detrás, sin que yo me hubiera levantado, pues aún consideraba todo lo que esa chica acababa de decirme, siguiendo una línea de pensamientos que solo se vio interrumpida cuando dejó salir una carcajada, justo en el momento en el que notó el gran bulto que se levantaba en mis pantalones - y esto - dijo mientras ponía su manos sobre mi paquete y lo apretaba - no pasaría tan seguido si tuvieras sexo con más frecuencia - comentó, para luego besar mi mejilla y susurrarme algunas palabras al oído - en serio, un verano como el que mi tía quiere que pases, te ayudaría a que no te pongas así de duro cada vez que veas o pienses en una chica hermosa y… - bostezó de nuevo como lo hizo al final de la cena - ¡Diablos! Me encantaría ayudarte con tu problemita, pero en verdad estoy muy cansada, hermanito, aunque… me apretó el pene con más fuerza antes de sobarlo un poco por encima de mi pantalón - si crees que necesitas mucho de mí, puedes visitarme cuando quieras en mi cuarto, dejaré la puerta sin seguro a partir de hoy, y no me importaría que te diviertas mientras yo duermo, siéntete libre de manosearme aunque esté dormida, porque seguramente en algún momento me voy a despertar y terminaremos lo que sea que empieces conmigo - dijo con ese tono malicioso que resultaba tan seductor y sensual, dándome al final un beso en la mejilla y una palmada en el pene, para luego marcharse de la cocina, moviendo el trasero de una forma llamativa, sabiendo que la estaría mirando, haciendo que tragara saliva al saber que tendría que hacerme cargo de aquella erección por mi cuenta, porque a pesar de todo lo que hice con Trina, me conocía lo bastante bien como para entender que no tendría el valor de escurrirme por la casa y meterme a su cuarto a hurtadillas, aunque, pensando en ello, no pude evitar preguntarme ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que me atreviera a hacer esa clase de cosas con esa chica tan hermosa, que además de todo resultaba ser mi hermana?

5

A pesar de lo preocupado e indeciso que me fui a la cama, estaba tan cansado que no tardé más de unos pocos minutos en quedar noqueado, sin enterarme de nada hasta que la mañana llegó anunciada por el escándalo que mi hermana armó en el pasillo, cantando a todo pulmón una canción que no conocía, algo que interpreté como una nada sutil forma de despertarme, dado que el caos que armó empezó justo a la hora que tenía que levantarme.

Esa mañana, mientras me sentaba a la orilla de la cama y veía a mi alrededor, me pareció increíble haber regresado a esa casa y estar de nuevo en esa recámara en la que viví siendo un niño, una idea en la que me permití perderme por unos minutos hasta que a mi cabeza regresó la decisión que tenía en las manos y que debería tomar esa misma mañana, pues debía estar seguro de lo que haría para el momento en el que regresara a la casa de Trina.

A decir verdad, si bien cuando llegué a casa la noche anterior estaba más inclinado a rechazar la propuesta de Trina, mi perspectiva cambió después de que platiqué con Yolanda, porque esa chica escandalosa planteó las cosas de una forma muy diferente de como yo las había visto, de una manera que me tentaba, que me hacía querer intentar lo que mi tía proponía, que le restaba algo de inmoralidad a todo ese asunto, y es que tomando en consideración todo lo que me dijo esa muchacha ¿Quién en su sano juicio querría negarse a coger con mujeres tan sensuales como las que ella me describió, a cambio de algunos billetes que además resolverían mis asuntos financieros con respecto del pagó por mis estudios?

Para sorpresa mía, cuando decidí abordar una vez más el asunto al estar sentado en mi cama, entendí que la decisión ya estaba tomada, algo que al mismo tiempo me hizo sonreír y sentirme muy nervioso, y ¿Cómo no hacerlo? Después de todo solamente había tenido sexo con una prostituta y con mi tía, aunque debo reconocer que la tarde que pasé con Trina fue tan instructiva que supongo que tendría que contarlo por más de una ocasión.

Obviamente la inseguridad que me provocaba mi inexperiencia fue lo que me hizo ponerme un poco mal al considerar la posibilidad de que quizás pudiera fallar al estar con alguna mujer, una idea que me provocó un poco de inestabilidad, que me hizo preguntarme si tendría lo que hacía falta para satisfacer a una de esas mujeres que describió mi hermana, hasta que de pronto recordé los gestos que Trina hizo la noche anterior mientras hacíamos cosas, sus gemidos y aquella sensación de mi miembro siendo bañado por sus fluidos cuando se venía conmigo dentro de su cuerpo, un recuerdo que a la vez que me hizo sonreír, también me hizo pensar que quizás tendría una posibilidad, que a lo mejor no lo haría tan mal cuando el momento de actuar llegara.

El problema con pensar en todo aquello y principalmente al dejar que mi atención se concentrara por completo en lo que pasó con Trina, fue que no me di cuenta de la erección con la que salí de mi cuarto, un detalle que Yolanda sí que notó en cuanto me miró en el pasillo, que la hizo abrir mucho los ojos y obsequiarme esa traviesa y lasciva sonrisa con la que me acompañó mientras ambos nos metíamos al baño.

- Amaneciste muy animado, hermanito - comentó con ese tono tan irreverente como sugerente - supongo que la plática de ayer te puso algo travieso, aunque la verdad es que me decepcionó un poco que no me visitaras por la noche, pensé que haríamos cositas por un rato. Tal vez mi invitación debió ser un poco más descarada - dijo componiendo un puchero, pronunciando aquellas últimas palabras como si se estuviera haciendo un recordatorio a sí misma, pero sin dejar de ver la erección que se levantaba debajo de los shorts que llevaba puestos.

- Sí, bueno… yo… tengo que bañarme, así que… - comenté titubeante en un vano intento por hacer que se fuera del baño.

- ¡Claro, claro! ¡Hazlo! ¡Yo…! ¡Yo me lavaré los dientes! - dijo eso último como si acabara de ocurrírsele, empleando aquella excusa para justificar el quedarse en el baño mientras me duchaba, teniendo que resignarme al hecho de que no se iría de ahí, provocando que me pusiera nervioso y que mi rostro se me acalorara mucho, pues a pesar de lo que ya había pasado entre nosotros, no lograba sentirme cómodo con todo aquello que a mi hermana parecía resultarle de lo más natural, una reticencia que tuve que hacer a un lado cuando llegó el momento de desnudarme, a pesar de que esa chica estuviera en el baño.

Los ojos de Yolanda se abrieron como platos cuando me bajé el short delante de ella y dejé que mirara mi erección por unos segundos, viendo con algo de orgullo ese brillo en su mirada que irradiaba deseo y mucho morbo, hasta que di media vuelta y abrí las llaves del agua, dejando que ella fingiera que se había quedado ahí para lavarse los dientes.

- Y… ¿Ya tomaste una decisión? - preguntó después de un minuto, con la voz turbada por cualquier cosa que se le estuviera pasando en aquel momento por la cabeza.

- Sí, ya lo hice - respondí, sin poder contener una gran sonrisa al saber que dejar aquella respuesta tan abierta, haría que mi hermana perdiera la cabeza.

- ¡¿Y bien?! - preguntó exasperada, exigiendo una respuesta concreta después de algunos segundos en los que me quedé en silencio, antes de que asomara una mano y le hiciera un gesto afirmativo con mi dedo, de que la escuchara cuando dejó salir una risa nerviosa, aunque no estaba del todo seguro de por qué mi respuesta podría ponerla así.

- ¡Entonces decidiste convertirte en una zorrita! ¡Bien por ti, hermanito y…! - exclamó, riéndose durante unos segundos antes de que se quedara de pronto muy callada, cortando sus palabras de una manera tan abrupta que de inmediato entendí que tenía algo más que decirme - ¿Sabes algo? Si quieres practicar, podrías hacerlo conmigo, no tengo problema con eso, además, puedo ser una muy buena jueza de tu desempeño en esa clase de cosas, y podría darte muy buenos consejos y trucos, porque he estado con otras chicas, así que…

- Gracias, por la oferta, pero me parece que solo quieres tener una muestra gratis de mis servicios - bromeé con ella, riendo al final, escuchando luego ese gemido de indignación que profirió, antes de que la cortina de la ducha se abriera y la encontrara ahí parada, mirándome justo en el momento en el que estaba enjabonando mi erección.

- No seas engreído, hermanito - comentó con la voz un poco distraída, sin dejar de mirar mi sexo, provocando que sintiera un poco de vergüenza y dejara de tocarlo, haciendo con ello que Yolanda negara con la cabeza mientras se sentaba en la taza del baño con sus piernas dirigidas hacia mí, abriéndolas luego con mucha lentitud para después hacer a un lado sus bragas y mostrarme esa vulva tierna y perfecta que poseía, a la vez que se mordía el labio inferior mientras una de sus manos se acercaba a su entrepierna - aunque debo admitir que esa cosa llama mucho la atención - dijo sin dejar de mirarme el pene - ¿Por qué no te acaricias mientras yo hago lo mismo? Así te ayudo a que te relajes antes de ir al trabajo y me compensas por no visitarme en la noche, porque no es de buenos modales dejar a una chica esperando - propuso, dejándome hipnotizado por la imagen de su coño expuesto ante mis ojos, sin que apenas me diera cuenta del momento en el que mi mano comenzó a recorrer mi miembro, sintiendo cómo la piel se me erizaba cuando de pronto se puso de pie y se sacó toda la ropa que llevaba encima, dejándome ver esas hermosas tetas que me motivaron a mover mi mano con más fuerza mientras ella se sentaba de nuevo y comenzaba a meterse los dedos, gimiendo de inmediato, obsequiándome la escena más morbosa que había presenciado en mi vida.

- ¿De verdad no te importa hacer esto a pesar de que seamos hermanos? - pregunté, sin poder creer que esa chica estuviera deshaciéndose en gemidos y gestos de placer mientras me masturbaba a tan solo unos centímetros de ella.

- ¡Ahhh! ¡No, claro que no! ¡Ahhh! ¡Estás muy bueno como para desperdiciarte por ese insignificante detalle y…! ¡Ahhh! ¡Y como te lo dije ayer, a mí no me van mucho los chicos, pero…! ¡Ahhh! ¡Tienes algo que me hace sentir muy cachonda y que no puedo evadir! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Tienes algo que me hace querer jugar contigo! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Mírame! ¡De solo verte la verga ya me tienes toda mojada! - exclamó, dejando que su mano enloqueciera entre sus piernas mientras se negaba a desviar la mirada de mi sexo y yo la miraba de cuerpo entero, disfrutando de la imagen de esa hermosa chica al estar desnuda frente a mí, al saber que se estaba masturbando inspirada en la clase de cosas que yo le provocaba, queriendo meterme entre sus piernas para cogérmela, pero sin tener el valor de hacerlo, teniendo que conformarme con tocarme aprovechando la alucinante imagen que me estaba brindando y los gemidos con los que me estaba volviendo loco.

Cerrar los ojos fue algo que no pude evitar mientras me masturbaba, dejándome embriagar por los gemidos que no paraban de salir de la boca de esa increíble y sensual chica, mientras sentía el agua cayendo sobre mi cuerpo y me acercaba cada vez más a un orgasmo que resultó bastante inusual, uno que ocurrió entre mis propios gemidos y la sorpresa que me llevé al sentir la forma como Yolanda apartó mi mano de mi miembro para ser sustituida por su boca, metiéndose mi pene tan adentro de su garganta como pudo para recibir en ella toda mi leche, sin que yo atinara a hacer nada más que gemir y mirar la cara de vicio que compuso mientras chupaba mi pene, hasta que no salió más semen de él y comenzó a mover su cabeza de atrás hacia delante, despacio y con mucha sensualidad, succionando con fuerza como no queriendo dejar una sola gota de mi leche fuera de su boca, dejándome por completo limpio antes de que se apartara, se pusiera la ropa que llevaba encima cuando entró en el baño y se colocara frente al espejo para lavarse los dientes como si nada hubiera pasado, adoptando la misma actitud que asumió después de que me masturbara mientras mirábamos aquella película.

Por supuesto que yo tampoco dije una sola palabra, y es que para ser honesto no se me ocurrió nada que pudiera decirle, así que solo regresé a mi ducha y me dejé consentir por la sensación del agua tibia escurriéndose sobre mi piel, concentrándome de una manera tan inmersiva en mi baño que ni siquiera me di cuenta del momento en el que Yolanda salió de ahí, hasta que yo mismo abandoné la ducha y sequé mi cuerpo para luego ir a mi recámara y vestirme, antes de bajar a la cocina donde Lucero ya tenía el desayuno listo.

- Buenos días - saludé antes de sentarme, viendo cómo Yolanda me dirigía una expresión alegre cuando lo hice, mientras Lucero me servía un plato con huevos revueltos, jamón, un poco de queso y dos rebanadas de pan.

- Cariño, ¿Quieres un poco de leche? - preguntó Lucero a su hija, quien me sonrió con malicia aprovechando aquel momento en el que su madre no la veía.

- Sí, mami, me encanta tomar un buen trago de leche por la mañana - respondió, compartiendo una mirada y una sonrisa cómplice conmigo, antes de que ambos fingiéramos que no pasaba nada, de que platicáramos de cualquier cosa mientras terminaba mi desayuno y luego me marchaba a pasar otro día con Trina en mi peculiar trabajo de verano.

***

- ¡Hola, cariño! ¡Me alegra que llegaras temprano! ¡Ven conmigo! ¡Te voy a presentar a una muy querida amiga! - exclamó mi tía con un tono de voz ansioso, mientras caminábamos por el pasillo de entrada de su casa hasta llegar a la sala, donde una mujer muy hermosa nos esperaba, una señora de piel blanca, cabello largo y oscuro, con los ojos claros y un cuerpo que me hizo recordar aquella peculiar forma como Yolanda describió a las amigas de mi tía - esta de aquí es mi querida amiga Astrid, la conozco desde hace muchos años y recientemente se ha quedado viuda - comentó Trina con algo de pesar, haciendo una breve pausa mientras la mencionada se ponía de pie, regalándome una imagen muy linda de su escote cuando se agachó un poco al momento de levantarse, permitiéndome ver sus torneadas piernas dado lo cortó que llevaba aquel vestido, provocándome sensaciones muy placenteras que comenzaron a dispersar un calor muy agradable por todo mi cuerpo, hasta que recordé que Yolanda describió a esa mujer como el control de calidad de los chicos a los que mi tía les asignaba esa clase de trabajos - hubieras escuchado cómo se emocionó cuando le dije que tenía a mi sobrino en casa, se moría de ganas por conocerte y… bueno, Astrid, este es Omar, mi sobrino - me presentó mi tía, sin que yo lograra salir del estupor en el que me dejó esa mujer, porque en realidad era muy hermosa, tenía un cuerpo delicioso y mostraba una actitud tan segura que de alguna manera muy extraña resultaba seductora y a la vez intimidante.

- Mucho gusto, Omar, ayer por la noche estuvimos platicando mucho de ti, así que espero que los halagos de tu tía no fueran solo anécdotas manipuladoras para hacerte quedar bien conmigo - dijo la mujer, con un algo en su voz que me hizo sonreír, que me hizo sentir muy cómodo al estar en su presencia.

- Yo también lo espero - bromeé, rompiendo un poco la tensión que sentía mientras mi tía me tomaba de la mano y me llevaba al sillón, haciendo que me sentara entre esas dos mujeres para iniciar una conversación que divagó por cientos de temas, que poco a poco me fue llevando a un estado más relajado hasta que Astrid se puso de pronto de pie.

- Voy por más tragos, chicos, en serio, qué buena idea fue venir a pasar el rato con ustedes. Tu sobrino es encantador, amiga - le dijo a Trina antes de levantarse y perderse de nuestra vista, un momento en el que mi tía dejó de sonreír y me miró con una expresión muy seria en su rostro.

- Escucha. Ella sabe todo lo que pasó entre nosotros ayer y quiso venir para comprobar por ella misma lo bueno que eres; así que tarde o temprano los dejaré solos y… bueno, ya sabes lo que tienes que hacer; pero tú tranquilo, te prometo que nada ocurrirá de manera forzada, así que solo déjate llevar y permite que nosotras hagamos lo nuestro ¿Vale?

- Sí, yo… Yolanda me dijo que ella es algo así como tu control de calidad - dije sin pensar, sintiéndome un poco abrumado a pesar de que en realidad no estuviera tan nervioso. Trina dejó salir una risilla.

- Bueno, nunca había pensado en Astrid de esa forma, pero sí, supongo que de cierta manera Yolanda está en lo correcto, porque las cosas en tu nuevo negocio serán mucho más sencillas si logras hacer que se vaya de aquí con una sonrisa en los labios, pues ella tiene una agenda de contactos mucho más grande que la mía, así que si la logras complacer, seguramente hará que ganes cantidades obscenas de dinero durante el verano, pero… a ver, si estuviste hablando de esto con Yoli, seguramente te dijo otras cosas de mí y de lo que hacemos cuando los maridos no están, así que dime, ¿Qué tanto te platicó de todo esto?

- Mucho, pero creo que de no ser por ella, tal vez no hubiera regresado, porque ayer que salí de acá no estaba tan seguro de entrar en este… negocio - me sinceré, viendo cómo mi tía sonreía con algo de sorpresa.

- ¿En serio? - respondí asintiendo con la cabeza - entonces supongo que le debo una a mi querida Yoli - alcanzó a comentar antes de que Astrid se reuniera de nuevo con nosotros y reanudáramos aquella charla en la que pude notar que esa mujer comenzó a acariciar mis brazos y mis piernas de una forma discreta, pero asegurándose de que la notara, de que sintiera cómo me pegaba sus senos al brazo y la manera como a ratos me pasaba los dedos por los pectorales.

- Chicos, no sé ustedes, pero a mí me apetece mucho meterme a nadar, está haciendo un calor horrible - comentó Astrid, parándose en ese preciso momento, tomándome por sorpresa cuando llevó sus manos a la parte baja de su vestido y se lo sacó ahí delante de nosotros, dejándome con los ojos y la boca muy abiertos, sonriendo al ver la cara que puse cuando se quedó en un diminuto bikini, luciendo ese cuerpo tan hermoso y apetecible - ¿Qué me dicen? ¿Me acompañan? - preguntó con una voz sugerente con la que me hizo asentir con la cabeza sin que pudiera dejar de admirar su cuerpo y esa piel que parecía ser perfecta.

Dada la experiencia que tuve desde el primer día que pasé con Trina, aquella mañana tomé la precaución de ponerme desde casa un traje de baño de mi reducido guardarropa, uno que me resultaba mucho más cómodo para nadar, aunque en realidad no hacía mucho para disimular lo que se ocultaba debajo de su tela, un detalle que notó Astrid en cuanto me desvestí a un lado de la piscina, mientras ella y mi tía me miraban con tanta atención que me hicieron sentir un poco apenado hasta que me metí al agua y di algunas brazadas para dejar que se mitigara lo colorado que se me puso el rostro.

Las horas pasaron entre tragos, risas y juegos bajo el agua donde toqué los cuerpos de esas mujeres tanto como me vino en gana, comportándonos como si no pasara nada que no debiera pasar, como si lo que hacíamos fuera de lo más normal, quedando en algún momento abrazado de Astrid quien rodeó mi cintura con sus piernas y me miró los labios por unos segundos, sonriendo con ese brillo lascivo en sus ojos.

- Voy a poner un poco de música chicos - dijo Trina de pronto, haciéndome saber que aquello no era más que un pretexto para dejarme a solas con su amiga, que mi prueba de control de calidad estaba por iniciar.

- ¿Sabes? Tienes una cualidad que aún no logro descifrar, pero que me hace sentir extrañamente bien al estar contigo, no sé si es esa mezcla de timidez y atrevimiento que has mostrado desde que nos metimos en la piscina o si se trata de algo más, pero de alguna forma haces que me sienta muy bien al estar cerca de ti - comentó, sin dejar de mirar mis labios mientras hablaba, apretándome las nalgas con sus piernas, como si quisiera tenerme más pegado a su cuerpo, mientras yo dejaba que mis manos abandonaran su cintura y se colocaran en su trasero, viendo cómo esa mujer sonreía - sí, a eso me refiero - dijo antes de darme un beso en los labios, de que metiera su lengua en mi boca y me dejara jugar con ella, experimentando ese dulce sabor de las bebidas que estuvo consumiendo, mientras sentía sus manos recorriendo mi espalda con suavidad, estando ambos en medio de la piscina, con el agua cubriendo nuestros cuerpos hasta el cuello.

La música comenzó a sonar desde el interior de la casa, haciendo que Astrid se apartara de mí y moviera sus hombros y sus brazos al ritmo de aquellas sensuales notas.

- ¡Tengo ganas de bailar! - exclamó de pronto, sonriéndome mientras se bajaba de mi cuerpo.

- Yo no tengo idea de cómo…

- No te preocupes, cariño, yo te enseño - dijo mientras me tomaba de la mano y comenzábamos a caminar hacia afuera de la piscina, quedándonos parados justo a un lado, donde me tomó de las manos y me enseñó cómo colocarlas antes de que empezáramos a movernos, provocando nuestras risas en cada ocasión en que me equivocaba hasta que de pronto me abrazó una vez más buscando mis labios, teniendo que ponerse un poco de puntitas al ser más baja de estatura que yo - tendremos que pulir tus habilidades de baile, Omar - dijo mientras me llevaba de la mano hasta los camastros a un costado de la alberca, donde le dio un trago a su bebida y luego se tiró en uno de ellos, boca abajo, desatando la parte alta de su bikini y luego la parte baja - tu tía me dijo que das unos masajes deliciosos, así que quiero probar esas manos mágicas de las que me habló Trina, y por favor no te contengas, hazme todo lo que quieras, por los siguientes minutos seré toda tuya - declaró, cerrando luego los ojos, haciendo que mi erección se pronunciara aún más, que sonriera al sentirme tan afortunado de poder tocar el cuerpo de una mujer tan sensual.

Por supuesto que no cometí el descaro de abalanzarme sobre las partes más atractivas de su anatomía, hacerlo hubiera sido un error. No, aquel masaje empezó más o menos como el que le di a mi tía, concentrándome primero en su cuello y en sus hombros, bajando después por su espalda, aprovechando aquel momento para acariciar los costados de los pechos de Astrid, de una forma con la que traté de fingir que el contacto era accidental, antes de que mis manos bajaran un poco más, sentándome en las pantorrillas de esa mujer mientras contemplaba ese trasero tan carnoso y bien cuidado, el mismo que no tardé mucho en masajear, separándole las nalgas para dejar que mis dedos rozaran su ano, haciéndolo al principio de una manera discreta, notando la forma como esa mujer comenzaba gemir y retorcerse con disimulo, hasta que la discreción dejó de tener sentido y ni ella ni yo pudimos contenernos, un instante en el que Astrid se removió en el camastro para sacar una de sus piernas de debajo de las mías y dejarla caer por un costado, dejándome ver ese hermoso coño expuesto ante mis ojos, haciendo que de pronto comenzara a salivar, que me dejara guiar por mis instintos cuando hundí mi cara entre sus nalgas y comencé a mamar de su vagina, sintiendo cómo ella levantaba el culo para facilitarme la tarea, dejando que el sabor a hembra se dispersara por mi lengua mientras mis dedos masajeaban su ano, provocándole gemidos y espasmos violentos que pronto se convirtieron en es indicio que me hizo saber que esa mujer se estaba viniendo, señal de que había hecho un buen trabajo, de que esa chica estaba lista para recibirme entre sus labios.

Sin perder el tiempo me arrodillé detrás de ella y me bajé el traje de baño tan solo lo necesario para sacar mi miembro, viendo cómo Astrid movía el trasero para mí, percibiendo el aroma que escapaba de su sexo, dejándome llevar por esa enloquecedora fragancia mientras sentía cómo esa mujer tomaba mi miembro con su mano desde debajo de sus piernas para guiarlo, experimentando ese húmedo y seductor contacto con sus labios que me hizo empujar mi miembro hacia su interior.

- ¡Ahhh! ¡Por dios! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Qué pedazo de verga! ¡Ahhh! - gritó desaforada, regalándome una sinfonía de gemidos mientras enterraba su cara en el camastro y yo comenzaba a sacudir su cuerpo con mis embestidas, perdiendo el control tal vez demasiado pronto, siendo algo que no podía reprimir después de las horas que estuvimos coqueteando, de todo el tiempo en que les estuve metiendo mano a Astrid y a mi tía, dejándome tan excitado que en aquel momento cualquier enseñanza de Trina quedó relegada a un segundo plano mientras yo me preocupaba por nada más que mi placer, experimentando cómo el trasero de esa mujer se aplastaba contra mi cuerpo cada vez que enviaba mi miembro hasta el fondo de su vientre, dejando que mis manos recorrieran su espalda y luego descendieran para capturar sus senos y apretarlos, para pellizcar sus pezones y robarle con ello gemidos mucho más intensos, antes de que Astrid se irguiera, poniendo sus manos sobre las mías para luego buscar mis labios y fundirnos en ese beso baboso, vulgar y salvaje que nos dimos, donde nuestras lenguas disfrutaron mucho de las mutuas caricias que se brindaron mientras esa hembra gemía en mi boca, quedándose de pronto muy quieta, con la boca entre abierta pegada a la mía, sacudiendo luego su cuerpo de una forma incontrolada mientras gemía ante la llegada de un nuevo orgasmo, una reacción que le hizo apretar la concha y mover el culo con la cadencia necesaria para que me derramara dentro de ella, gimiendo en su boca a la vez que sentía cómo toda mi leche abandonaba mi cuerpo para resguardarse en su concha.

- ¡Trina fue demasiado precisa cuando describió lo que le hiciste ayer! ¡Carajo! ¡Qué bien lo hiciste! - exclamó Astrid cuando se tiró en el camastro, llevando sus dedos a su concha para luego metérselos en la boca, antes de que yo me tirara en el camastro de a lado, tratando ambos de recuperar el aliento, quedándonos luego muy callados hasta que Astrid se levantó y caminó hacia el interior de la casa completamente desnuda, sin decir una sola palabra, sin siquiera mirarme.

- Vaya espectáculo el que acaban de dar ustedes dos - escuché de pronto la sorprendida voz de mi tía que se fue a sentar al camastro que Astrid dejó vacío - estoy segura de que lo lograste, pero habrá que esperar a que te dé el sobre.

- ¿El sobre? - pregunté y mi tía asintió.

- Astrid te dará un sobre antes de irse de aquí, ahí estará tu pago, si te da menos de 2 mil, quiere decir que no te recomendará, si te da más de 3 mil… bueno, tus problemas económicos se habrán resuelto - dijo mi tía como si nada, antes de recostarse en el camastro y relajarse, dejándome pensar en todo lo que estaba pasando, en cómo mi vida dio un giro tan drástico desde el momento en el que me encontré con Lucero, en cosa de tan solo unos pocos días.

Astrid se reunió con nosotros una hora más tarde, regresando bañada y con el cuerpo cubierto por aquel vestido tan atrevido con el que la vi cuando llegué a casa de Trina, provocando que mi tía se pusiera de pie y que yo siguiera su ejemplo, más aún al ver que en la mano llevaba un sobre que parecía bastante abultado.

- Deberías quedarte otro rato con nosotros, odio que te vayas tan temprano de mi casa - se quejó Trina, robándole una amplia sonrisa a su amiga.

- Me encantaría quedarme, pero tengo muchas cosas que hacer, así que supongo que nos veremos después, antes de que se acabe el verano, claro - dijo aquello último mirándome, sonriendo con coquetería, antes de que se me acercara y me abrazara, besándome la mejilla, dejando que sus labios se quedaran pegados a mi piel durante algunos segundos, hasta que se separó de mí y me miró a los ojos - tu tía me dijo que estabas reuniendo dinero para la universidad, así que me tomé la libertad de traerte un pequeño obsequio - dijo, haciendo que recordara aquello que Yolanda me comentó acerca de que no les gustaba hablar de precios, pagos y esas cosas, tomando aquel sobre que me extendió sin poder creer que de verdad me estuvieran pagando por hacer algo como lo que acababa de suceder con esa mujer.

- Gracias - dije sin más, sintiendo el peso del dinero que me dio, viendo cómo me sonreía antes de que se fuera, de que abriera el sobre y me encontrara con una cantidad de dinero que no había tenido nunca en mis manos.

- ¡Cielos! Al parecer le encantó lo que le hiciste - dijo mi tía cuando vio el contenido del sobre, antes de que me abrazara, pasándome la mano por los pectorales y el abdomen para luego tomarme de la barbilla y hacer que la mirara - espero que no creas que tu día se terminó con lo que le hiciste a Astrid, porque tienes una tía muy caprichosa que requiere de muchos mimos, cariño - comentó, haciéndome sonreír antes de que nos besáramos, de que dejara el sobre en un camastro mientras ocupábamos el otro en hacer aquello para lo que Trina me estaba pagando.


© Jane Cassey Mourin