Incest
January 10

Sonia y selena ya no son unas nenas.

¿En qué momento se le ocurrió llamar a sus hijas así? Cuando las niñas nacieron, esas dos cantantes ya ni siquiera estaban de moda. Su mujer no puso objeciones tampoco, pero ahora le resulta raro. -piensa Daniel mientras ve a sus hijas jugando en el sofá-. Cree que ya son mayores para esos juegos tan infantiles, y se dispone a decírselo.

-Sonia, Selena, ya tenéis una edad para jugar a esto, ¿no creéis? -le recrimina con los brazos en jarras.

-Seguimos siendo tus niñas, ¿no papá? Podemos jugar todavía a esto. -le contesta Selena girando la cabeza.

Daniel no contesta, de hecho, espera la reacción de Sonia que siempre va acorde a la de su hermana. Pero esta vez Sonia no dice nada, se limita a mirar a su padre poniendo cara de niña buena. -seguro que quiere pedirme algo-. Piensa para sus adentros.

-Cariño, las niñas no hacen nada malo, no molestan a nadie, si acaso al sofá. -comenta Mariela, la esposa de Daniel y madre de Sonia y Selena que aparece en ese momento en el salón.

Él se vuelve para contestar a su mujer, cuando, sin que las vean, ambas le sacan la lengua al unísono. Es un gesto sin maldad, pero les gusta chinchar a su padre de vez en cuando.

-Anda diablillos, ayudadme a poner la mesa. -les pide su padre, mientras ellas vuelven a retomar sus juegos.

-Jo, papá, ya lo hicimos ayer. -protesta Sonia poniendo morritos, y Selena la mira sin decir nada-. Por un momento no quiere seguirle el juego.

-Venga niñas, que hoy he preparado lo que más os gusta para comer. Ternera a la jardinera. ¿Qué me decís? -anuncia Mariela para animar a sus hijas.

Sonia se cruza de brazos y acentúa sus morritos como si se fuera a poner a hacer pucheros, hasta que Selena le da un codazo leve para que deje de hacer el tonto porque su padre la está mirando fijamente.

Los cuatro caminan hasta la cocina con Daniel cerrando el grupo.

Después de comer en silencio, Sonia y Selena no han dicho ni mu en toda la comida, salvo para halagar lo bien que cocina su madre, y después de recoger la cocina, Mariela se dirige a la terraza para dormir un poco en su hamaca, y las niñas desaparecen de la vista de Daniel.

Poco después, Daniel está medio tumbado en el sofá mirando la televisión, pero sin apenas verla, cuando de repente ve a Sonia a su lado de pie vestida con el bañador de rayas moradas que le regalaron el año pasado, aunque en ese momento no vayan a ir a la piscina.

-Papá, ¿me ayudas a depilarme el chocho? -le suelta así de sopetón a Daniel.

Él imagina por un momento que es algo que ha oído en la tv, aunque tiene el volumen muy bajo, hasta que reacciona y se da cuenta de que esa frase ha salido de la boca de su hija.

-Ese vocabulario hija. Y baja el tono que tu madre está durmiendo ahí al lado y podria oírte. -le recrimina mientras se incorpora un poco y piensa: ¿cuándo ha aprendido a hablar así?

-Es que se me están saliendo los pelos por debajo de la tela, mira. -y se abre un poco de piernas para que su padre vea, que, efectivamente, unos pelos castaños y rizados, hasta hace poco infantiles, han comenzado a sobresalir por esa parte.

-Hazlo tú, que ya eres mayorcita. -le contesta él cruzándose de brazos tratando de mantener la calma.

-Selena me ha dicho que tú le has ayudado alguna vez a depilarse el chocho. -le responde con esa mezcla de inocencia y picardía propia de su hija.

-Baja la voz. -le dice señalando con el dedo a su madre que sigue dormida al otro lado de la puerta corredera-. Yo no he ayudado nunca a tu hermana.

Justo en ese momento aparece Selena vestida también en bañador, en este caso uno de rayas azules y rosas.

-Papá dice que no te ha ayudado nunca a depilarte el chocho. -le dice Sonia mecánicamente a su hermana.

Otra vez la palabra chocho. -piensa Daniel que cada vez se está poniendo más nervioso de tener a sus hijas ahí delante marcando sus curvas bajo la tela de los bañadores, ya completamente desarrolladas.

-No es verdad papá. Si que me has ayudado. Y más de una vez, de hecho. -responde Selena para acabar de confirmar lo que ha dicho su hermana-Ya son dos contra uno.

-¿Ves? Te lo dije. Ahora vas a depilarnos el chocho a las dos, o se lo chivamos a mamá. -le amenaza Sonia poniendo los brazos en jarras.

-Yo ahora casi no tengo pelos. -dice Selena estirándose la tela del bañador y mirándose la entrepierna.

-Anda, no seas tonta y aprovecha que papá te depile a ti también. -le dice Sonia dándole un toque en el costado.

Daniel sabe que le tienen cogido por los huevos y que no tiene escapatoria. Su hija le ha pillado en una mentira y ahora debe pagar el precio.

-Vamos a mi habitación. -dice Selena adelantándose.

-¿Tenéis la cuchilla aquí o en el baño? -pregunta Daniel aún más nervioso cuando los tres entran en la habitación de Selena.

-La tengo aquí. Selena también guarda la suya en mi mesilla. -contesta Sonia muy decidida.

-Bueno, pues, podemos empezar. -comenta Daniel que a esas alturas no sabe dónde meterse. Aunque haya ayudado a depilar antes a una de sus hijas, ahora las tiene a las dos juntas de pie mirándole fijamente como si nunca hubieran visto a su padre.

Selena es la primera que se quita el bañador con ese gesto de desparpajo habitual en ella. Sonia es un algo menos lanzada, aunque un poco más bruta a la hora de actuar.

Ambas se tumban en la cama de Selena, pequeña, pero suficiente para que quepan las dos, y completamente desnudas, algo que en ese momento pasa desapercibido para Daniel.

Miran a su padre desde abajo que sujeta una de las cuchillas de color verde, nervioso, y no sabe por cual comenzar.

-Esa es la mía papá. -le dice Sonia a su padre que se ha quedado alelado.

Tras separar un poco las piernas de su hija, Daniel comienza a depilar con cuidado ese sexo juvenil bajo la atenta mirada de Selena, que no quita ojo a lo que está haciendo su padre, y no entiende porque ahora se ve tan cortado cuando con ella era todo lo contrario. Cariñoso, tierno, pero también muy decidido. Quizá el hecho de que fueran a chivarse a su madre le ha hecho cambiar de actitud, o el tenerlas ahí desnudas a las dos.

Durante unos segundos Daniel roza sin querer con el dedo meñique el clítoris de Sonia que se estremece sin querer.

-Uuuuuhhh. -gime la niña acelerando su respiración.

Selena abre mucho los ojos. Cree que su padre ha empezado a masturbar a su hermana, pero en realidad no es así, ha sido algo involuntario. De hecho, Daniel retrocede nervioso, lo que hace que casi corte a Sonia con la cuchilla.

Sonia, con los ojos cerrados y con la cabeza mirando hacia al techo, nota unos segundos la ausencia de la cuchilla sobre su entrepierna. Su padre empieza a toser, no quería llegar hasta ese punto, y la niña baja sus dedos hasta su sexo y acaricia sus labios, más para saber si aún le queda algún vello púbico, que para masturbarse, aunque él apenas ha empezado a depilarla.

Ni siquiera se ha molestado en cubrir el pecho firme y duro de sus hijas con alguna prenda o las toallas del baño. Sonia y Selena siguen ahí tumbadas desnudas, y Daniel podría follarse a cualquiera de las dos si se lo propusiera de lo caliente que está.

Después de unos minutos de pura excitación, y de pensar que en cualquier momento podría cortar a alguna, Daniel finalmente termina la tarea. Está sudando, y la erección que muestra es completamente visible para Sonia y Selena cuando las dos chicas se incorporan.

Su padre duda si debe aplicarles la crema para después de la depilación que usa también su mujer cada vez que termina de afeitarse su precioso coño, pero Sonia le saca de dudas cuando desenrosca un pequeño tubo que parece haber sacado de la nada, y tomando un poco entre sus dedos, se lo unta en su vulva mientras no deja de mirar a su padre con ojos pícaros, mientras Daniel traga saliva, y trata disimular mirando hacia otro lado, para encontrarse con la figura de Selena, la cual se lleva la mano a la boca para disimular una sonrisa mezcla de excitación y sorpresa.

Cuando ambas han terminado de untarse la crema, su padre sale de la habitación y observa desde la puerta del salón que su mujer sigue dormida en la hamaca ajena a lo que acaba de pasar unos metros más allá.

-¿Tu crees que papá se hará una paja mientras nos echamos la siesta? -le pregunta Selena a Sonia en un tono lo suficientemente alto para que Daniel lo escuche, mientras ambas caminan desnudas cogidas de la mano hasta llegar a la puerta corredera de la terraza.

En lugar de cortarse por lo que acaba de oír, Daniel se envalentona, la erección tiene en parte de culpa de ello, y les responde:

-Venga, iros a dormir la siesta antes de que, en vez de hacerme una paja, acabe follándome a las dos.

Sus hijas no pueden creer que su padre acabe de decirles eso, ni siquiera Daniel, fuerte y duro como lo ha estado pocas veces, se imaginaba capaz de expresar en voz alta sus pensamientos que le arden en la cabeza, el pecho y, sobre todo, en la polla.

Tampoco ayuda el hecho de que después de oír esto, las niñas sigan de espaldas a él, con sus jóvenes y apetecibles nalgas a la vista de Daniel, que en ese momento está a punto de andar hasta ellas, y quién sabe si penetrarlas ahí mismo, cuando Mariela se despierta, y al girarse ve a sus hijas a través del cristal como ella y Dios las trajo al mundo.

-¿Qué hacéis las dos desnudas? -pregunta su madre al verlas de esa guisa-. Daniel ha retrocedido un poco haciendo que quede fuera de la vista de su mujer.

-Nos hemos ayudado a depilarnos mutuamente. -contesta Selena mientras aprieta con fuerza la mano de su hermana, a la que seguramente iba a escapársele decirle a su madre que había sido su padre quien las depiló.

-Esta bien, pero podríais vestiros. Hace calor, pero pueden veros los vecinos desde el otro edificio. Por cierto, ¿dónde está vuestro padre? -les pregunta Mariela alzando la cabeza, aunque sigue medió tumbada en la hamaca.

-Se ha quedado echándose la siesta. -contesta Sonia que ya sabe que quería decir su hermana con ese apretón de manos.

-Vosotras podéis hacer lo mismo. Todavía es pronto. ¿Qué os parece?

-Claro mamá. Es una idea genial. -contestan las dos al unísono dando un pequeño saltito que hace que sus pechos boten a la vez mientras Daniel no les quita ojo de encima desde donde está escondido.

Al cabo de un rato las tres duermen profundamente. Mariela en la terraza, y sus hijas en la habitación de Selena. Daniel se aproxima a la puerta sin hacer ruido, y ve a sus dos pequeños tesoros una al lado de la otra, casi pegadas, con sus pequeñas respiraciones acompasadas.

Ve los bañadores que reposan en una silla, y se acerca casi de puntillas hasta ellos. Coge las prendas, y se lleva hasta la nariz la parte de la entrepierna, y aspira el olor suave y dulce que emana la tela donde han estado sus sexos todavía virgenes.

Sigue aspirando un rato más el dulce aroma y su polla le aprieta todavía más, si es que es eso posible, bajo la ropa.

Cuando nota por el rabillo del ojo que Selena se gira y posa su brazo sobre los pechos de Sonia, deja los bañadores donde estaban, y sale de la habitación con cuidado para no hacer ruido.

Si Mariela no estuviera durmiendo tan profundamente, sin duda saldría a la terraza y se lo haría sobre la hamaca, sin importarle que les vieran los vecinos. Sin embargo, tiene que conformarse con hacerse una buena paja pensando en esos coñitos recién depilados, el olor que han dejado en sus bañadores, y la turgencia de sus pechos y sus cuerpos desnudos a solo unos metros de él.

Sentado en la taza del vater, con los pantalones y calzoncillos por los tobillos, y con el pestillo que pusieron en la puerta del baño cuando las niñas eran pequeñas echado, para evitar que vieran precisamente lo que está pasando ahora, solo que con Mariela cabalgándole mientras gemían y gemían como dos animales en celo, Daniel se masturba de forma urgente, necesita correrse cuanto antes. Hasta ahora no había experimentado con Selena la misma excitación que cuando ha depilado a las dos.

Las imágenes de sus hijas abiertas de piernas le vienen a la cabeza en oleadas. Sus coñitos sin vello, rasurados por su propio padre le vuelven como una bestia sexual sedienta de su orgasmo.

Daniel experimenta un placer indescriptible, mientras su mano se acelera más y más, hasta que cae de rodillas en el suelo del lavabo, y su glande más rojo que nunca, comienza a borbotear su semen en oleadas que salpican la puerta.

Uno, dos, tres, y hasta cuatro chorros del preciado líquido blancuzco caen sobre la madera, mientras Daniel se muerde el labio para no gemir mientras se corre, hasta qué finalmente el vendaval se diluye.

Se incorpora. Limpia la puerta, su glande, se enjuaga la cara y piensa que es una buena idea que él también se eche una buena siesta después de todo.

Amanece un nuevo día. Es domingo y Mariela se ha ido a comer a casa de su madre. Últimamente Daniel y ella no se llevan demasiado bien, por lo que él ha puesto la excusa de que tiene algo de gripe, cosa rara en primavera, para no ir, y que las niñas han quedado con sus amigas. Pensaban verse con su abuela el siguiente fin de semana, por lo que tienen la casa para ellos tres solos.

Daniel pasea por el jardín ajeno a todo, cuando oye un sonido de agua a sus espaldas. Alguien ha abierto la manguera, y el preciado líquido corre a sus anchas.

Otra vez se habrá colado el hijo de los vecinos para recoger su pelota de baloncesto, y habrá pateado el grifo, piensa. Pero de repente se detiene. Ve una silueta inequívocamente femenina agachada al lado del muro que separa el chalet de al lado, vestida solo con unas bragas. Las nalgas parece que vayan a salirse de la tela.

A esa distancia no reconoce aún el culo de Sonia. La niña está trasteando con algo, pero Daniel no sabe que es. En ese momento, y de sopetón, aparece Selena vestida igualmente solo con unas bragas. Ambos se miran y él está a punto de decirle que se ha colado una chica que viste tan poca ropa como ella. Selena señala con el dedo a su hermana.

-¿Que estás haciendo? -le pregunta en voz alta, casi en un grito a su hermana.

Sonia se incorpora de golpe, y el agua moja su pecho desnudo. Daniel nota un empujón ahí abajo. Otra vez su pequeño amigo empieza a despertar por culpa de una de sus hijas.

-Se había colado el gato del vecino y quería espantarlo con el agua. A los gatos no les gusta nada el agua. -responde ella como si fuera lo más normal del mundo espantar a un gato vestida solo con unas bragas.

Daniel mira a Sonia, a la cual le brillan los pechos y los pezones por el efecto del agua, ahora que sabe que es su hija la que estaba agachada, y nota como le sube una ola de calor desde su pene hasta su pecho.

-Papá, ¿nos depilas el chocho otra vez? -le pregunta Sonia como quien no quiere la cosa.

-Si ya os lo depilé el otro día. -contesta Daniel llevándose nervioso la mano a la boca.

-Anda papi, depílanoslo. Queremos ver cómo se te pone dura otra vez. -le dice Sonia agarrándolo del brazo y pegando su pecho contra él, mientras Selena llega también junto a su padre y le agarra del otro brazo.

Daniel no tiene escapatoria. Lo de la depilación es una excusa como otra cualquiera. Sus hijas solo quieren verle la polla erecta. Tienen edad suficiente para habérsela visto a alguno de sus novios. Sobre todo, en el caso de Selena al que alguna vez ha visto tontear con algún chico del instituto. Sonia es distinta, tan reservada en ese aspecto, que no está seguro de que haya tenido o tenga novio. Pero ahora les puede el morbo de verle el pene a su propio padre, el mismo órgano con el que las concibió.

Aunque está seguro de que todavía son vírgenes las dos.

Mientras piensa esto, las dos han posado sus manos, pequeñas para su edad, sobre el pantalón de su padre que marca una gran tienda de campaña. De hecho, Sonia se agacha hasta tener su paquete a la altura de su cara, cuando oye una voz al otro lado de la pared.

-Vecino, que vas a inundarme el césped, jajaja. Y no estamos como para derrochar agua. -es Fernando, el vecino del chalet de al lado, que alza un poco la cabeza a través de la pared que los separa para hablarle a Daniel.

Daniel se acerca para contestarle, tratando de que su cuerpo oculte a sus hijas, pero en ese momento se da cuenta de que Sonia y Selena han desaparecido.

Yo quiero bailar toda la noche, baila, baila, bailando, va, baila, baila, bailando, hey.

No sabe porque le viene a la cabeza la canción de ese dúo musical que se llamaba igual que sus hijas. Daniel se agacha para cerrar el grifo de la manguera, cuando Fernando va al otro lado del muro, y le pide que le abra la cancela por el que se puede pasar de un chalet al otro.

Cuando Daniel lo hace, ve a Lola, la hija de Fernando de trece años, vestida con un bikini verde, al lado de su padre. La niña se la ha puesto dura mucho antes de que se la pusieran dura sus propias hijas. Es toda una belleza y de curvas incipientes. No entiende porque viste así, si todavía no han llenado las piscinas, al menos faltan un par de meses para que comience la temporada de verano.

La mano izquierda de su vecino sobre la cadera de Lola le hace pensar que él también siente lo mismo que Daniel por las suyas. La niña no opone resistencia al toqueteo de su padre como quien no quiere la cosa, hasta que su mano grande y callosa se posa sobre las tersas nalgas de su hija, sin importarle que su vecino esté ahí mismo frente a ellos.

Daniel abre mucho los ojos como queriendo preguntarle a su vecino que necesita con la vista, en lugar de con la boca.

-Me he quedado sin cloro, vecino. ¿Podrías prestarme algo hasta mañana que pueda comprar? -le pregunta mientras sigue amasando las nalgas de su hija como si fueran masa de pizza.

-Claro. Me quedan un par de garrafas, y todavía no voy a limpiar la piscina. ¿Tú ya vas a llenarla? -le pregunta disimulando, aunque ve perfectamente que está haciendo su incestuoso padre.

-Este diablillo quiere bañarse ya, ahora que empieza a hacer buen tiempo. -le contesta Fernando señalando con la cabeza a su hija mientras sigue con el intenso magreo.

-Está bien. Ahora te paso una garrafa. -dice Daniel agachándose para abrir el armario donde guarda todo lo de la piscina y el jardín, cuando por el rabillo del ojo cree ver como la mano de Fernando pasa del trasero de su hija a su entrepierna, acariciándola con ansia.

La niña posa las manos con fuerza sobre la cancela, y Daniel experimenta un morbo inédito en él que le hace demorarse aposta en encontrar la garrafa de cloro, aunque la tenga bien a la vista, para ver hasta donde es capaz de llegar su vecino.

Después de unos minutos de puro nerviosismo, decide coger la garrafa e incorporarse. Está sudando a chorros por la situación, y el calor que comienza a apretar, cuando oye a su espalda los pasos de Sonia y Selena en chanclas, ahora en bañador, como si fuera la primera vez que aparecen en el jardín, y Fernando suelta las nalgas de su hija disimuladamente, si es que alguna vez pasó su mano de su culo a su entrepierna, o fue cosa de la imaginación calenturienta de Daniel.

Cuando las dos llegan a su altura, Fernando coge la garrafa de cloro que Daniel le pasa por encima de cancela.

-Bueno chicas, divertíos con vuestro padre. -le dice este mientras Lola saluda con la mano a sus vecinas-. No tiene mucho trato con ellas, pero mantiene una relación cordial como buenos vecinos.

-Eso haremos. -contestan al unísono pícaras.

-Vecino, me has salvado la vida. -le dice Fernando mientras estira la mano por encima de la cancela, y le da un buen apretón de manos-. Lola mira con ansia a su padre.

Si Daniel pudiera verlo, notaría una mancha creciente que ha comenzado a formarse bajo la tela del bañador de la niña, justo en la zona de su entrepierna.

Cuando los vecinos están a suficiente distancia, Selena pregunta:

-¿Tú crees que nuestra vecinita también se la pone dura a su padre? -pregunta Selena.

-Claro tonta. Esa preciosidad se la levantaría a un muerto. -contesta Sonia llevándose la mano a la boca mientras no puede dejar de reír de pura picardía.

-Y a ti papá, ¿te pone Lola, o te ponemos más nosotras dos? -pregunta Selena tomándole de la mano.

Daniel no sabe que decir realmente. Lo piensa mejor y no dice nada. Simplemente coge a sus hijas de las manos, como si estuviera hipnotizado, y los tres entran en la casa y se dirigen a la habitación de matrimonio que está en ese momento en penumbra, en la que solo entran escasos rayos de sol a través de la persiana casi bajada del todo.

Sonia y Selena se desprenden de su ropa con esa gracia propia de su edad, mientras ayudan a su padre a quitarse la camiseta.

Daniel se deja hacer medio obnubilado por una sensación entre deseo y timidez, porque son sus hijas las que llevan la iniciativa, sin que, hasta el día de la depilación a ambas, y después, hubiera pasado antes, porque la depilación en solitario a Selena nunca le produjo ninguna atracción física por su hija, cosa que ahora se ha convertido en algo inesperado, y para nada buscado.

Al cabo de unos segundos, Daniel ya se encuentra completamente desnudo, tumbado boca arriba, y con la polla erecta y descapullada, apuntando a su ombligo.

Sonia y Selena se suben a la cama, quedándose cada una a un lado de su padre. Sonia a la izquierda de rodillas y Selena a la derecha con las piernas flexionadas.

Ambas admiran el trabuco de carne de su padre. Selena, más decidida, lo coge con la mano derecha con suavidad, y lo levanta un poco más de lo que ya lo está, como midiendo hasta donde puede hacerlo.

-Anda, escúpele en el capullo. -le ordena Selena a su hermana.

-¿Yo? No, que asco. -contesta Sonia poniendo cara de asco.

-Vamos escúpele. Así es más fácil chupársela. Se desliza mejor en la boca. -le cuenta Selena mientras Daniel la mira asombrado de que su hija use ese vocabulario.

-Me da cosa. -le contesta Sonia agarrándose ella misma los brazos.

-Pues entonces luego no podrás chupársela. Será toda para mí. -le explica Selena.

-Vaaaaale. Está bien. -acepta finalmente Sonia, que abre la boca y deja escapar un poco de saliva que queda colgando unos segundos, hasta que finalmente cae en el glande de Daniel.

-¿Ves? No era tan difícil. -le dice Selena, y se agacha hasta meter la punta de la polla de su padre en la boca.

Glog glog glog. Se escucha cuando Selena empieza la felación ante la atenta y sorprendida mirada de su hermana.

Daniel gime en voz baja mientras su hija obra con ganas. De vez en cuando ella alza la cabeza un poco sin sacarse la polla de su boca, para mirar a su padre y a su hermana que no sale de su asombro.

Tal y como Daniel suponía, no es la primera vez que su hija practica una felación.

Cuando su polla está bien cubierta de saliva, Selena se la saca de la boca y se la ofrece a su hermana como si fuera un polo de limón.

Sonia la coge, pero no sabe muy bien que hacer con ella. Selena saca la lengua para enseñarle lo obvio, ya que acaba de verlo hacer a su hermana.

En ese momento Daniel le empuja suavemente la cabeza hasta que Sonia abre la boca y se mete el capullo húmedo en la boca.

-Uggggh. -gime Sonia mientras comienza a tragarse más allá del glande su padre-. Al poco y casi sin dificultad, le entra en la garganta hasta la mitad del pene.

Pero pronto se envalentona y traga de tragársela toda, hasta que comienza a dar arcadas, y se la saca de la boca llena de babas y tosiendo con fuerza.

-Anda, no seas tan avariciosa, jejeje. -le dice Selena dándole unos golpecitos en la espalda, mientras Daniel no sabe a esas alturas si está soñando, o es todo realidad.

-Ufff, me gustó tanto al principio tragarme el capullo que creía que podía con toda. -le contesta Sonia con lágrimas en los ojos, pero sonriendo abiertamente.

-No pasa nada hermanita, es tu primera vez. Ahora terminaré yo. -le dice Selena con todas las ganas del mundo.

La niña, ansiosa, vuelve a meterse en la boca ese falo paterno, ahora colapsado por un urgente orgasmo que amenaza a Daniel con explotar en cualquier momento.

Sonia mira fijamente como su hermana lleva a su padre al paroxismo con esa tremenda mamada que le está haciendo, mientras sus coños hace rato que están completamente empapados.

Unos segundos más tarde, Daniel empieza a correrse mientras todo su cuerpo tiembla gracias a las extraordinarias dotes de su hija Selena.

Su polla rezuma chorros de semen a pesar de solo un día antes se haya corrido.

Gime y gime sin importarle que puedan oírle Fernando y su hija, o cualquiera de los vecinos de alrededor.

Sonia casi se asusta al ver a su padre en ese estado, mientras la boca experta de su hermana comienza a tragar el blancuzco regalo que este le proporciona a borbotones.

La niña no deja de chupar esa polla madura que acaba de exprimir al máximo, pero lejos de rendirse, sigue con su cometido hasta que no deja una gota de semen en su glande.

Cuando termina, se incorpora y abre la boca todo lo que da de sí para mostrarle a su hermana el fruto de su trabajo. Una boca con restos del preciado líquido que ha dejado sin tragar para enseñárselo a Sonia.

-¿Quieres probar hermanita? -le pregunta mientras su padre yace ahora completamente inmóvil con los ojos cerrados.

-A ver. -dice Sonia estirando el dedo para alcanzar su boca, cuando Selena se acerca a ella y pega su boca contra la de su hermana, entrelazándose en un tremendo beso.

Al principio Sonia trata de retroceder, pero Selena la abraza con fuerza mientras sus bocas siguen besándose, sus lenguas enrollándose, y Sonia probando por primera vez el semen de un hombre.

Ambas gimen de puro placer, casi encima de su padre, y a punto de correrse de gusto.

Selena alcanza con sus dedos la vulva de su hermana y la masturba hasta que finalmente se corre con un gemido alto, fuerte, boca pegada con boca, y experimentando el mayor de los orgasmos que haya tenido en mucho tiempo.

Torpemente le devuelve el favor a su hermana, masturbándola como puede, hasta que separan sus bocas, y Selena guía con su mano los dedos de su hermana que frotan con ansia sus labios vaginales, hasta llegar a su clítoris y volver a besarse, y al poco ella estalla en un tremendo orgasmo que empapa las piernas de su padre de los fluidos vaginales, como antes lo habían hecho los de Sonia.

Ambas caen exhaustas y temblando sobre el cuerpo de Daniel que parece que haya perdido el sentido.

A las 7 de la tarde se desató una tormenta primaveral que se derramó sobre la urbanización como hacía unas horas se habían derramado tres de los cuatro componentes de esa familia.

Sonia y Selena duermen abrazadas a su padre, cada una a un lado, cuando este se despierta con la cabeza llena de pensamientos.

Contempla a sus dos pequeños diablillos a su lado, acaricia sus cabellos sudados, y se incorpora en la cama.

Mira su reloj que no se había quitado para aquel encuentro, y ve que es tarde. Mariela no tardará en volver.

En ese momento Sonia ronronea como si fuera un gatito y Selena se gira

dándole la espalda a Daniel.

-Chicas. Es muy tarde. Vuestra madre estará a punto de llegar. Vamos, levantaos perezosas. -les ordena Daniel, aunque de forma cariñosa.

-Ufff el orgasmo me ha dejado agotada. -dice Selena mientras se incorpora y trata de arreglarse el pelo con los dedos.

-A mí también. -contesta Sonia picara mientras se lleva los dedos a la boca en un gesto que desarmaría a cualquier hombre heterosexual.

-Anda, calla, que seguro que tú nunca has tenido un orgasmo como el de antes. -le dice Selena sonriendo.

-Pues la verdad es que no recuerdo haberlo sentido tan fuerte. Ufff, creía que me iba a desmayar. -le contesta Sonia frotándose los ojos.

-Claro hermanita. Ya has aprendido que tu hermana puede proporcionarte los mejores orgasmos. -le dice Selena segura de sí misma.

-Vamos chicas. Daros una ducha que estáis empapadas. No solo arriba, sino también abajo por lo que he podido observar. -les dice Daniel ya de pie.

-Valeeeee papá. -contestan ambas al unísono.

Daniel se agacha hasta ponerse a la altura de sus caras.

-¿Y no habéis pensado en quien os puede proporcionar aun mejores orgasmos? -les dice a las dos al haber oído eso de su hija mientras siguen sentadas en la cama.

Sonia y Selena se quedan mirando a su pene que ha vuelto a alegrarse un poco ante su mirada.

-Oh. ¿En serio papá quieres meternos eso dentro? Menudo monstruo tienes ahí. -dice Sonia mordiéndose el labio que todavía está manchado de semen de Daniel y las babas de Selena.

-Y tu Selena. ¿Quieres ser la primera en ser follada por tu padre? -le pregunta a su hija señalándola con el dedo.

-Joder, papá. Así a bote pronto. No sé qué decirte. Además, las dos somos vírgenes. -contesta Selena pensándose la propuesta.

-Chivata. -le suelta Sonia dándole un golpecito en el brazo, pero sin estar enojada.

-Bueno, si os ha cabido en la boca, en el coño os cabe fijo. -contesta Daniel con las manos en las rodillas y su polla casi erecta otra vez-. En ese momento imagina a su vecino Fernando enculando en el sofá a su hija de 13 años, y habiendo hecho lo que acaban de hacer, ambas cosas le hacen sentirse, muy, pero que muy cerdo.

Suena el aviso de WhatsApp en el móvil de Daniel desde el salón.

-Ostias, seguro que es mamá que ya llega. -dice Selena saltando de la cama.

-Vamos, a la ducha las dos. Y nada de morreos ni de dedos, ¿eh? -comenta Daniel riéndose.

-¡Si señor! -contestan las dos al unísono llevándose la mano a la cabeza haciendo el saludo militar.

Me toca cambiar las sábanas antes de que llegue Mariela, están empapadas. -piensa Daniel con una sonrisa en los labios y la polla de nuevo bien dura-. A ver que ropa me pongo ahora.

Mariela llegó sobre las 20:05, despues de saludar a Daniel y a sus hijas, se cambió de ropa, y pidieron pizza para cenar. Ninguno de los cuatro tenía ganas de cocinar, y menos aún los tres amantes.

Se fueron a la cama temprano. Sonia y Selena se quedaron un rato más viendo la televisión.

Daniel estaba sediento de sexo. Su polla hacia rato que se había recuperado del asalto de esa tarde, y necesitaba meterla en el coño de su mujer hasta que pudiera follarse a sus hijas.

-¿Los oyes? -le pregunta Selena a su hermana-. Creo que ya están liados.

-Si, se oye moverse la cama. -le contesta Sonia.

-Si, está dándole a mamá bien fuerte. Uff, joder, a veces me da envidia mamá. Tener esa tranca dentro de ella. Uff, me pongo cardiaca solo de oírlos ahora que sabemos la polla que gasta papá. -dice nerviosa Selena.

-Me estoy mojando otra vez. -le dice Sonia metiéndose la mano bajo el pijama y las bragas para tocarse la humedad con los dedos.

-Anda, gírate y mírame. -dice Selena-. Necesitas hacerte otro dedo. Yo te lo hago hermanita.

Selena se quita la camiseta mientras su hermana lo hace con el pantalón del pijama y las bragas, y la pone debajo de las piernas de su hermana que se sienta en cuclillas.

-Oooooh. - comienza a gemir Sonia mientras su hermana no para de mover los dedos por sus labios vaginales. Es una experta, más que su Sonia, y no para de demostrárselo.

Selena la mira fijamente a los ojos mientras lo hace. Ve la tremenda excitación en su hermana, y eso la pone más todavía.

De repente los gemidos de Sonia se coordinan con los que vienen de la habitación de sus padres que llevan un buen rato follando.

-Oooooh si, ooooooh si, así cariño así. -exclama Mariela que baja de repente el tono de sus gemidos como si hacerlo así escondiera más que Daniel está empotrando a su mujer con toda la fuerza de sus caderas y su pelvis contra la cama de matrimonio.

Selena sigue con el trabajo manual. Sonia ya no puede aguantar más, y no deja de jadear todo lo bajo que puede, mientras nota como se acerca de nuevo el orgasmo.

Su clítoris enrojecido la lleva a la máxima cota de placer. Entonces se agarra a los hombros de su hermana con fuerza, hasta que ya no puede más y comienza a correrse, circunstancia que aprovecha Selena para comerle de nuevo la boca, y que ambas terminen abrazadas, mientras Sonia comienza a temblar mientras se corre, y hace que Selena comience a gemir también, hasta que el orgasmo de su hermana se diluye, y ambas se quedan así, abrazadas piel con piel, respirando agitadamente, con sus babas mezcladas.

Daniel sale de la habitación desnudo, cubierto solo por una toalla, y cruza el salón para dirigirse al baño, está muy cansado y necesita una buena ducha, despues de tan buena sesión de sexo con Mariela, y ve a sus hijas sentadas de costado en el sofá y abrazadas todavía.

-Chicas, vuestra madre puede salir en cualquier momento. -les dice en voz baja-. Se que nos habéis oído, y por eso estáis como estáis, pero no podéis quedaros así cielos. -les dice y les besa el pelo a las dos.

Esto parece sacarlas de su ensimismamiento y miran a su padre con ojos cansados y algo llorosos.

Finalmente se separan, y cogidas de la mano caminan hasta la habitación de Selena.

Han pasado dos días y ninguno de los tres ha vuelto a hablar lo que pasó. Sonia, Selena y Daniel actúan como un padre normal con sus hijas, sin dejar de lado las muestras de cariño, pero guardando todo eso en su interior.

Mariela no ha vuelto a faltar demasiado tiempo de casa, tan solo el ir y venir del trabajo, y algún día para hacer la compra, lo que ha impedido un mayor acercamiento de Daniel a sus hijas.

Selena se muerde el labio cuando se queda a solas con su padre, deseando que llegue el momento de hacerlo con él. En el fondo, aunque le vaya a doler tener ese instrumento en su interior, lo desea con toda su alma, sobre todo desde la noche en que escucharon tan claramente hacerlo a sus padres.

Y a sus 15 años está deseando tener sexo con un chico, cosa que la mayoría de sus amigas y compañeras, ya han hecho con mejor o peor impresión. Y quien mejor para estrenarse que con su propio padre. Quizá cuando sea más mayor le importe mucho el incesto, pero por ahora lo ve como algo lógico y normal si no tiene ningún chico al que acudir, y además cuenta con todo el amor de su padre.

Por otro lado, Sonia no se queda atrás. Cuando comen juntos los cuatro, procura sentarse al lado de su padre y acariciarle el muslo cuando su madre no mira. Si no pueden sentarse juntos, a veces Selena le hace rabiar y le quita el sitio, se sienta enfrente y alza la pierna para llegar a tocar con el pie el paquete de su padre, tanto, que alguna vez le hace atragantarse.

Es domingo de nuevo. Mariela ha salido el viernes por temas de trabajo. De vuelta a casa, un camión tuvo un accidente en plena autopista, y además, la fuerte lluvia que cae en esos momentos la tiene atascada junto a todos los vehículos.

-Cariño, ¿te encuentras bien? -le pregunta Daniel cuando recibe la llamada.

-Si, cielo, no te preocupes. Estamos todos igual de atascados. -le contesta Mariela tranquilizando a los tres.

La tarde transcurrió tranquila. Los tres merendaron en silencio, pero la tensión sexual se podía palpar en el ambiente. Selena no dejaba de morderse el labio como esos días. Sonia los miraba a ambos como si no fueran de su familia.

De vez en cuando cruzaba las piernas sentada sobre la mesa, y se tocaba sin disimular el coño levantando un poco el pantalón del pijama.

Selena no podía aguantar más lo que le ardía ahí abajo. Se levantó a fregar su plato y su vaso, cuando Daniel se puso detrás de ella y comenzó a besarle el cuello.

-Aaaah papá. Que gusto me das. Como me gusta esto.

-¿Te gusta cielo? Tengo más para ti. -dice él susurrándole al oído, aunque Sonia les está escuchando.

-Ooooh si, dámelo, papá. Dámelo ya. -contesta Selena echando hacia atrás su culo hasta pegarlo a su paquete, mientras Daniel comienza a frotarse contra el hermoso trasero de su amada hija.

Daniel mueve su polla sobre la raja del culo de su hija por encima de la tela del pantalón.

-Mmmmmmm. Uffffff. No puedo más. Fóllame ya papá. -exclama Selena mientras se gira y besa en la boca con lengua a su padre.

Daniel estira su mano y coge la de Sonia.

-Vamos cielo, tú también debes estar con nosotros. -dice él presa de una tremenda excitación, tanto, que ha comenzado a manchar el pantalón de líquido preseminal.

Los tres van a la habitación de Selena, mientras Sonia los acompaña cogida de la mano de Daniel.

Enseguida padre y e hija se desnudan, y se suben a la cama. Sonia observa sentada en el suelo mientras no deja de masturbarse.

Daniel abre las piernas de su hija y comienza a pasar su lengua por sus labios vaginales muy enrojecidos e hinchados, Sonia no va a tardar en correrse.

Selena se agarra a la cabeza de su padre mientras este sigue con el cunnilingus sobre el mojado coñito de su amada hija.

-Aaaaah papá, no pares, sigue así por dios, no te pares ahora, ni aunque entre mamá ahora mismo por la puerta. -dice muerta de gusto, sabiendo que Mariela no volverá en un par de horas por lo menos.

Daniel se incorpora dejando a Selena con la miel en los labios. Ella lo mira desde abajo, con las piernas ahora muy abiertas, y un charco de fluidos de ella y de babas de su padre.

Entonces comienza a subir desde su clítoris hasta su ombligo. Ella se muere de gusto, mientras su padre sube más hasta sus pechos, de pezones enhiestos y ahora completamente erectos.

Se recrea en chuparlos alternativamente. Los coge con los labios sin morderlos, y luego los suelta sin cuidado. Selena no deja de gemir mientras echa la cabeza hacia atrás y mira al techo.

Daniel le pide a Sonia que le traiga una toalla del baño. La niña obedece y sale de la habitación.

Al poco vuelve con la toalla. Daniel la pone bajo las nalgas de su hija, cubriendo estas, y el comienzo de sus muslos.

-Espérame cielo. -le dice mientras la besa en la boca y se incorpora.

Cuando vuelve trae algo de color metálico en los dedos. Es un condón. Daniel se sube de nuevo a la cama.

-Pónmelo cielo. -le pide dulcemente a su hija.

Selena rasga el envoltorio, pero duda como ponerlo. Aunque supiera hacerle a su padre una buena mamada, el hecho de que no haya tenido nunca sexo, no le hace saber exactamente como poner un preservativo.

-Dale la vuelta tesoro. Por aquí está el depósito. Ponlo sobre el capullo, y ve deslizándolo hacia abajo, hasta que se desenrolle del todo. -le ayuda a su hija tan tiernamente.

Selena mira fijamente su polla mientras va desenrollando el condón de látex hasta que llega hasta la base.

Daniel se coloca mejor entre sus piernas y le anuncia lo que va a ocurrir, aunque Selena sea perfectamente consciente.

-Ahora cielo voy a empezar. No te preocupes, voy a ir muy despacio. Notarás un dolor al principio. Perdóname tesoro. -le dice mientras le besa la frente, y con su mano derecha acerca el glande hasta su clítoris y comienza a frotarlo hasta que enrojece.

Selena cierra los ojos y se muerde el labio inferior cuando nota como esa parte de su padre se introduce lentamente en su vagina.

Daniel se queda quieto unos segundos. Quiere que su hija se acostumbre a sentir esa parte en su interior.

Cuando cree que ya está lo suficientemente acostumbrada a tener su glande en su interior, empuja un poco más. Nota el coño ardiente y extremadamente estrecho de su hija envolver su polla como si fuera una cueva húmeda, pese al condón.

-Papá, me duele, unggggh. -le dice Selena que sigue con los ojos cerrados.

-Lo sé cielo, lo sé. No quiero que sufras, pero es necesario para que luego goces. -le dice él mirándola fijamente a la cara, mientras Selena abre un momento los ojos.

Daniel la coge suavemente de las muñecas y le separa los brazos poniendo uno a cada lado de su cabeza. Sin decirle nada, da un empujón con las caderas, y su polla entra del todo. El himen se rompe con un chasquido, y se añaden la mezcla de los fluidos, y el látex del condón al rozar, y mancha la toalla puesta a propósito bajo ella.

Selena cierra los ojos con más fuerza aún, y se agarra a su padre por los hombros, le duele mucho, pero no quiere gritar, no quiere asustar más a su padre ni a su hermana que ha dejado de masturbarse, y tiene los dedos empapados de fluidos.

Decide abandonarse a las sensaciones. Dolor, mucho dolor, que va diluyéndose poco a poco, en cada empujón de su padre, en cada embestida.

Luego, cada vez se aleja más el dolor. En cada follada, en cada embestida, en cada momento en que la polla de su padre sale hasta casi la mitad, para luego volver a penetrarla hasta el fondo de su tierna y apretada vagina de 15 años, Selena deja más atrás el dolor y por fin comienza a gozar.

-Papaaaaaaa, mmmmmmhhhhh. -gime Selena cuando después de la intensa follada su coño empieza a palpitar de puro placer.

Daniel no se detiene. Mira a su hija a la cara fijamente y hacia abajo, hasta su coño, donde ve como se traga su polla, ya sin dificultad.

-Así cielo, así, por fin empiezas a gozar. -dice él con la voz entrecortada, mientras suelta sus muñecas, y la coge de las caderas aumentando un poco más los bombeos continuos.

Sonia sigue mirándolos fijamente sin perderse nada. Ha dejado de masturbarse, aunque su coño chorreé, deseando que luego su padre la penetre a ella.

Ahora Selena aprieta las piernas tras la espalda de Daniel dejando que su padre no escape, cosa que él no piensa hacer hasta que se corra. La niña le mira con ojos llorosos, está gozando de puro placer, ahora ha conseguido por fin sentir como la polla de su padre entra y sale dándole todo el placer que necesita, ni el látex del condón puede frenar lo que está sintiendo.

-Papá, sigue así por favor, papá, no te pares, la siento tan bien, oooooooohhh siiiiiiiii, aaaaah, aaaaah, fóllame así por favor, fóllame asiiiiiiiii. -le ruega Selena que ahora es una con su padre, unidos en un solo cuerpo.

Sonia retoma la masturbación. Frota rápidamente sus dedos de nuevo contra su clítoris, y entonces Daniel la hace un gesto para que se acerque.

La niña lo hace, dejando de masturbarse, y mientras Daniel sigue embistiendo a su hija con fuerza, la guía para le coma de nuevo la boca a su hermana.

Sonia lo hace con todo el deseo del mundo. Además, el tener ahí mismo a su padre dentro de su hermana la excita todavía más.

Las dos hermanas se siguen besando con ansia, con deseo, con todo lo que sienten la una por la otra y los tres a la vez. Daniel nota cerca el final. El coño de Selena le aprieta bien fuerte la polla. No va a durar mucho más.

Selena por fin se corre entre gemidos intensos, su cuerpo convulsiona de puro placer, y hasta Sonia deja de besarla y retrocede al notarla en ese estado.

Daniel sigue bombeando un poco más. Nota llegar el orgasmo en oleadas que le suben desde la columna hasta la base del pene, para luego derramarse por el glande en chorros fuertes y potentes, que casi rompen el depósito del condón.

Se sale con cuidado para no derramar el semen, aunque la toalla está empapada de una mezcla de sangre del himen de Selena, y fluidos, y se tumba boca arriba junto a las dos, que se abrazan a su padre.

Sonia no se ha corrido, pero no le importa, sabe que será la próxima en probar la polla de su padre.
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