Lucero: trabajo de verano 10 y 11.
La sorpresiva llegada de Omar obliga a su hermana a cambiar el plan que tenía de pasar la tarde cogiendo con su amiga, no obstante, ambas le ayudarán al chico con la erección que le provocó lo que su clienta le dio de beber, un esfuerzo que podría llevar a los hermanos a romper las reglas de mamá
No era un secreto que tenía muchas ganas de tener sexo con mi hermana, un deseo que nació en esa manera como coqueteaba conmigo en cada ocasión en la que tenía la oportunidad de hacerlo, el mismo que se vio impulsado ante la aparente disposición de las mujeres de la familia por mantener relaciones íntimas sin que importaran los lazos de sangre; un impulso que durante aquella tarde, al encontrarme a las afueras del cuarto de Yolanda mientras la escuchaba gemir, me hizo sentir tentado a entrar en la habitación e intentar hacer algo como respuesta a ese persistente coqueteo que mantuvo desde que regresé a casa, sin embargo, había un pequeño problema con todo eso, y es que ella no se encontraba sola en su recámara.
- ¡Ahhh! ¡Me encanta cómo me comes la concha! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Méteme los dedos! ¡Ahhh! ¡Hazlo como sabes que me gusta! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Así bebé! ¡Ahhh! ¡Justo así! - gritaba Yolanda, arqueando la espalda hacia atrás, dejando que sus senos se pronunciaran hacia el techo, obsequiándome una vista envidiable de esos pezones que parecían deliciosamente duros, mientras una chica de cabello blanco enterraba la cara entre las piernas de mi hermana, moviendo su cabeza de una forma ansiosa, dejándome escuchar aquellos sonidos pegajosos que escapaban de entre las piernas de Yolanda en las pocas ocasiones en que mi hermana se quedaba callada, una imagen que logró paralizarme por un instante, hasta que recorrí el cuerpo de aquella desconocida y mis ojos se detuvieron momentáneamente en su trasero blanco y desnudo, disfrutando de la imagen que me daban los labios de esa misteriosa chica que parecía tener una gran habilidad en lo que hacía.
- ¡¿Estás segura de que tendremos la casa para nosotras durante toda la tarde?! - dijo la chica, mientras levantaba un poco la cara y penetraba a mi hermana con sus dedos, de una manera salvaje, a una velocidad que a mí seguramente me hubiera provocado un cierto temor de lastimarla, pero con lo cual hizo que Yolanda temblara de placer, que se pellizcara los pezones y se retorciera en la cama mostrando espasmos violentos mientras gemía con todas sus fuerzas en medio de lo que interpreté como un orgasmo muy violento.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gritó mi hermana, tomando una almohada para colocársela en la cara y ahogar aquellos gemidos que le provocó su amiga, novia o lo que fuera esa chica para ella - ¡Carajo! ¡Ahhh! ¡Eres increíble! ¡Tienes una facilidad absurda para hacerme venir! ¡Ahhh! - exclamó Yolanda mientras su amiga se subía a la cama y se acomodaba de tal forma que le permitió entrecruzar sus piernas con mi hermana, pasándole una por encima y otra por debajo, provocando que sus sexos quedaran juntos antes de que esa chica comenzara a mover las caderas a un ritmo calmado, como dándose un descanso pero sin que quisiera renunciar al momento que estaba teniendo con Yolanda - ¡Ahhh! ¡Ya te lo dije! ¡Mamá y mi hermano regresarán por la noche! ¡Tenemos toda la tarde libre! ¡Ahhh! ¡Eso se siente muy rico!
- ¿Y cuándo me vas a presentar a tu hermano? Por lo que me has contado creo que podría hacer cosas muy interesantes con… ¡Ay, dios mío! ¡¿Por qué me pegas?! - se quejó la chica, aunque me dio la impresión de que en realidad disfrutó mucho de aquella nalgada que le dio mi hermana.
- ¡Ahhh! ¡No puedes tocar a mi…! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡No quiero que toques a mi hermano! ¡Él es solo mío! ¡Ahhh! - le reclamó Yolanda, haciendo que mi erección se pusiera aún más dura si es que eso era posible, provocando que me quedara de piedra mientras escuchaba aquella conversación.
- ¡Ahhh! ¡Vamos, Yoli! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Sabes mejor que yo que no te lo vas a coger! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Qué concha tan suave tienes! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Tu mamá te mataría si se entera de que tuviste sexo con él! ¡Ahhh! ¡¿O me equivoco?!
- ¡Eso es asunto mío y…! ¡Ahhh! ¡El que no me lo pueda coger no quiere decir que no podamos hacer otras cositas! - exclamó mi hermana, dejándome intrigado con lo que esas dos acababan de decir, mientras su amiga se apartaba de ella para luego tirarse a un lado de Yolanda.
- Sigo sin entender cómo es que tu madre es tan complaciente con algunas cosas, pero tan estricta con ese detalle en particular, ¿Por qué no tiene problema con que Omar te la meta por todos lados, pero se escandaliza con la idea de que hagan el amor en toda regla? Quiero decir, no es como que ella misma no haya fantaseado con cogerse a su hijo - comentó esa chica, provocándome un vacío en el estómago cuando lo dijo, haciendo que suspirara peligrosamente fuerte, que diera un paso atrás para tratar de mantener mi anonimato, aunque al parecer ninguna de las dos notó que yo estaba ahí, pues siguieron hablando entre ellas con normalidad.
- Si, bueno, tiene sus motivos, no quiere que por accidente vaya a quedar embarazada de él, y considera que jugar, toquetearnos, incluso usar nuestras bocas está bien, pero que llegar como tal a la penetración ya sería cruzar un límite muy extremo, porque, bueno, ya sabes, somos hermanos, él es su hijo.
- Sí, bueno, eso lo entendería viniendo de una mujer tradicional, pero después de todo lo que he visto y he hecho en esta casa… bueno, no te molestes, pero ¿No crees que es un poco absurdo que ponga un límite tan alto? Quiero decir, con base en esas reglas Omar podría hacerte una cantidad obscena de cosas que harían ver la penetración vaginal como algo puritano - comentó la chica, cuyos ojos eran tan claros que incluso al estar a varios metros de ella podía notarlo.
- Sí, lo es, pero reglas son reglas, así que…
- ¡Oh, vamos! ¡Tú jamás sigues ninguna regla! ¿O acaso no te presumes a ti misma como una rebelde y una revolucionaria? - Yolanda soltó una risilla ante ese comentario, antes de que ladeara su cuerpo y comenzara a acariciar sutilmente los senos de su amiga, cuyos pezones eran un poco más grandes que los de mi hermana, de un color rosado que combinaba muy bien con su piel tan blanca.
- Soy una rebelde con las reglas del capitán, incluso con algunas leyes, no lo niego, pero con mamá es distinto, a ella la respeto mucho más que a cualquier otra persona y odiaría decepcionarla, eso simplemente no me lo perdonaría a mí misma - aseguró mi hermana, antes de que se subiera al cuerpo de su amiga, de que viera cómo comenzaba a besar la piel de esa chica, comiéndole los senos de una forma golosa, provocando que esa preciosa joven de cabello blanco cerrara los ojos y comenzara a suspirar cada vez con más frecuencia, acompañando de esa manera el momento en el que mi hermana llegó al fin a su entrepierna y comenzó a darle la misma clase de trato que acababa de recibir.
- ¡Entonces deberías dejar que yo me coja a tu hermano! ¡Ahhh! ¡Si quieres puedes ver cómo me lo hace! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Sabes que nunca he tenido problema con tener público! ¡Ahhh! ¡Qué rico! - exclamó, mientras mi hermana se acomodaba entre sus piernas, comiéndole la concha con perseverancia a pesar de que cambiara una y otra vez de posición, como si no lograra acomodarse.
- No, esto no funciona - dijo de pronto Yolanda, apartándose abruptamente de su amiga, arrodillándose en la cama mientras la chica la miraba desconcertada.
- Vale, no me acuesto con él, pero tienes que…
- No, no me refiero a lo de mi hermano, digo que no me acomodo, ¿Por qué no mejor te sientas en mi cara? Con respecto de Omar - suspiró con severidad - sí, quizás sería bueno que estuvieras con él alguna vez, tal vez así logre sacármelo de la cabeza, pero mientras eso no pase, vamos, siéntate en mi cara - sugirió Yolanda antes de tirarse de espaldas sobre las cobijas, de que su amiga se sentara en su cara tal y como ella se lo pidió, dejándome contemplar un par de senos enormes y muy lindos, cuya magnitud no pude apreciar correctamente cuando estuvo recostada, porque en realidad ese par de mamas eran impresionantes.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Sí! ¡Definitivamente se siente mucho mejor! ¡Ahhh! - exclamó la amiga, arqueando su espalda, haciendo que sus senos se pronunciaran hacia delante, llevando sus manos a su nuca mientras movía ligeramente las caderas para el deleite de mis ojos y su placer, pues en cuanto comenzó a hacerlo sus gemidos se incrementaron en volumen y frecuencia, incitándola a que se acariciara los senos, antes de que se chupara los dedos y los introdujera en el coño de mi hermana, acariciándola al principio con una paciencia enloquecedora, antes de que volviera a penetrarla de la misma forma salvaje y violenta como lo hizo cuando le estuvo mamando el coño, provocando un concierto de gemidos que hizo que inconscientemente me tocara por encima del pantalón, cerrando los ojos, dejándome cautivar por un momento por los sonidos que escapaban de esa recámara, perdiendo la prudencia lo suficiente como para no conservar correctamente el equilibrio y empujar la puerta un poco, lo necesario para que la amiga de mi hermana abriera mucho los ojos cuando me vio ahí parado, sin que dijera nada mientras su mirada y la mía se conectaban, hasta que me puse un dedo en los labios y ella sonrió, aunque sin perder la sorpresa que cautivó su cara mientras se mordía el labio inferior al ver el bulto enorme de mi pantalón, una imagen que la hizo dejar de tocar a mi hermana, llevarse las manos a los senos y comenzar a pellizcarlos con esmero, mirándome a los ojos cuando no me veía la entrepierna, siendo una tentación ante la cual no supe qué hacer más allá de quedarme justo donde estaba, con la mitad de mi cuerpo en el interior de la habitación de Yolanda y la otra en el pasillo, apretándome la verga sin decidirme a unirme a ellas o conformarme con solo mirarlas, porque un minuto antes me hubiera lanzado por todo, pero en aquel momento tenía en la cabeza lo que esas dos dijeron con respecto de que al parecer estaba prohibido que yo tuviera sexo con Yolanda.
Fue en medio de aquella duda que me acogía, cuando la mujer en la cara de mi hermana comenzó a sacudir sus caderas con fuerza, gimiendo con un ánimo que me hizo comprender que estaba a punto de venirse, que el momento de tomar una decisión llegaría en un par de minutos, tal vez en unos pocos segundos, una sospecha que se vio confirmada cuando la chica se quedó de pronto muy quieta, sufriendo los espasmos propios de un orgasmo, tentándome a quedarme ahí hasta que de pronto la duda me acogió y salí de la habitación, entrecerrando la puerta para que Yolanda no se enterara de que estuve ahí, antes de bajar las escaleras y dirigirme a la entrada de la casa para abrir y cerrar con fuerza la puerta principal, anunciando de esa manera mi llegada, un movimiento que en realidad no estuvo bien planeado, pues a pesar de que tratara de fingir que acababa de llegar, no era mucho lo que podía hacer para disimular mi erección, más allá de meterme en la cocina y servirme un vaso de agua para darle tiempo a mi hermana de hacer lo que tuviera que hacer al saber que estaba en casa.
- Y tú ¿Qué haces aquí? - preguntó mi hermana segundos más tarde, en cuanto entró en la cocina y mientras yo me tragaba aquel vaso de agua, dándole la espalda porque por alguna razón no quería que viera mi erección, pues justo en ese momento, aquella prohibición de la que habló con su amiga mientras hacían el amor, hizo que recordara lo que me dijo Trina días atrás acerca de que no esperara que pasara mucho más con Lucero de lo que ya había pasado, una advertencia que parecía concordar con aquellos límites que no se permitió cruzar cuando me dio ese masaje en mi cama o cuando me obsequió aquella sesión de sexo oral en la ducha, saliéndose del baño cuando yo me planteaba tener sexo con ella, aunque debo decir que con respecto de los límites de Lucero yo también creía que dejaba muy alta la frontera de lo prohibido.
- Trina me mandó a la casa de una de sus amigas, Catalina, y por lo que entendí hubiera pasado todo el día ahí de no ser porque su esposo llegó y… bueno…
- ¡No digas! ¡¿Te pegó?! ¡¿Te amenazó con su arma?! ¡Ese idiota está chiflado! ¡¿Estás bien?! - exclamó mientras se apresuraba hacia mí, tirando de mi brazo, quizás pensando que estaría lastimado o herido, observando mi rostro con mucho interés, como queriendo encontrar algo que no anduviera bien conmigo.
- No, bueno en realidad trató de golpearme, pero…
- ¡Carajo! ¡En serio te dejaron a medio palo! - gritó sin contenerse cuando notó mi erección, antes de soltar una carcajada y dar algunos brinquitos como si estuviera festejando el hecho de que estuviera tan excitado, una reacción que logró ponerme nervioso ante la posibilidad de que conectara aquella erección con lo que pasó entre ella y su amiga minutos atrás, algo que por fortuna no ocurrió.
- ¡Me alegra que te divierta, tonta! - le reclamé por reírse de mí.
- Déjame adivinar, te dio a beber la cosa de hierbas esa que pone a los chicos como burros durante horas, ¿Cierto? - asentí - ¡Alguna vez escuché que esa porquería hace ver al viagra como un dulce para niños! - exclamó con ganas, antes de soltar aquellas carcajadas que resultaron mucho más molestas que las anteriores, hasta que me miró de nuevo y se reprimió al notar que la miraba con cara de pocos amigos, un momento en el que en su rostro se dibujó la clase de expresión que mostraría el personaje de una caricatura cuando le aparece un foco encendido en la cabeza - ¿Sabes algo? ¡Carajo, esto sí que es una gran coincidencia! Quizás el que hayas llegado en ese estado podría ser una bendición para ti - comentó contagiando su voz de una sutil coquetería, antes de que se me acercara y me apretara el pene por encima del pantalón - porque casualmente estoy con una chica bastante hermosa que me ha pedido conocerte desde que llegaste, y por supuesto que va a estar más que encantada de ayudarte con tu problema.
- ¿Y por qué no me ayudas tú? - la desafié, viendo cómo se sonrojaba antes de que se me acercara un poco más y me diera un pico en los labios.
- ¿Y por qué no te ayudamos las dos? - dijo con ese tono sensual, antes de tomarme de la mano y sacarme de la cocina, de que subiéramos las escaleras y nos metiéramos en su habitación, donde esa chica de cabello blanco me miró con una sonrisa contenida, vistiendo una playera larga similar a la que Yolanda llevaba encima - ¡Mira quién llegó! ¡Este es Omar, mi hermano! ¡Ella es Janet! ¡Es una amiga muy íntima! - dijo, haciendo énfasis en esas últimas dos palabras.
- ¡Guau! ¡Parece que a tu hermano le dio mucho gusto conocerme! - exclamó Janet, clavando su mirada en mi erección, desplegando un comportamiento un tanto exagerado en sus intentos por aparentar que no me había visto unos pocos minutos atrás.
- Sí, lo sé - contestó Yolanda con una voz de pena fingida - por eso le dije que subiera, necesita un poco de ayuda con ese problemita, al parecer se tomó una cosa con hierbas que lo va a tener así durante algunas horas, así que… bueno, si no te molesta, me gustaría que se nos uniera a nuestra pequeña fiesta ¿Qué opinas? - le preguntó mi hermana con ese tono insinuante, provocando una amplia sonrisa en el rostro de Janet, quien saltó de la cama y se acercó a nosotros, mordiéndose el labio inferior sin dejar de mirarme la erección, antes de que su mano apretara mi pene y sus labios se pegaran a los míos, dándome un beso que al principio solo fue un pico, pero que muy pronto fue subiendo de intensidad hasta que nuestras lenguas comenzaron a jugar a la vez que sentía un par de manos quitándome la ropa, interrumpiendo aquel beso cuando me sacó lo que llevaba encima, antes de que la misma Janet comenzara a desabrocharme el cinturón, bajarme los pantalones y capturara mi pene con su mano, sobándolo de una manera apretada, utilizando como lubricante aquellos fluidos viscosos que escapaban por la punta de mi glande, provocándome sobresaltos cuando sus caricias resultaban particularmente placenteras, sin dejar de besarme hasta que Yolanda tomo mi barbilla y me hizo girar mi cabeza para besarla a ella.
- No mentiste cuando me hablaste de su pene, es muy hermoso - escuché la voz de Janet en el segundo justo que precedió al instante en el que engulló mi miembro, sin prisa, acariciándolo despacio con sus labios, succionándolo un poco, como si quisiera sacar de mi sexo todos los fluidos que se encontraran aun dentro, antes de que sintiera su mano tocando mis huevos y dejara que mi pene entrara por completo en su boca, hasta el fondo, que tocara su garganta y sintiera cómo se atragantaba antes de que lo deslizara un poco hacia afuera para tomar un respiro, para luego volver a meterlo por completo, dejándolo ahí por un momento mientras la lengua de mi hermana enloquecía al jugar con la mía y sus manos recorrían mi pecho, mi abdomen y mis nalgas con una ansiedad curiosa, como si no quisiera desaprovechar aquella oportunidad para tocarme tanto como pudiera, un comportamiento casi obsesivo que solo se detuvo cuando gemí en su boca y se apartó de mí, mirando con una mezcla de sorpresa y envidia a aquella hermosa chica que en ese momento movía su cabeza de atrás hacia delante para obsequiarme una cantidad enorme de placer al estimular mi miembro de esa manera tan sensual y placentera.
- Yo también quiero probarlo - se quejó mi hermana, haciéndome creer por un segundo que se arrodillaría junto a su amiga, antes de que me tomara de la mano y tirara de mí para llevarme a la cama, obligándome a brincar un poco para no atropellar a su amiga, quien sin pensárselo demasiado se unió a nosotros una vez que mi hermana me obligó a acostarme en la cama y comenzó a besar mi pene, con mucha menos habilidad de aquella que Janet demostró, pero viéndose favorecida por el hecho de que fuera mi hermana, pues algo tan simple como eso convertía aquella escena en algo alucinante.
- ¿Qué te parece si me siento en tu cara? Aunque espero que no te moleste que esté empapada, porque antes de que llegaras tu hermana y yo ya estábamos jugando entre nosotras - dijo esa chica atrevida, compartiendo una sonrisa de complicidad conmigo mientras me pasaba una pierna por encima y me dejaba deleitarme con el olor de su coño y la humedad de sus labios, sintiendo de pronto esa oleada de sabor a hembra que se dispersó por mi lengua cuando probe su concha y empecé a lamer su clítoris como si la vida me fuera en ello.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Lo haces muy bien! ¡Ahhh! ¡No te detengas! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Yolanda! ¡Ahhh! ¡Tienes que probar esto cuando me coja a tu hermano! - gritó, de una forma forzada, como si con aquel comentario esa chica le estuviera presumiendo a mi hermana lo que haría, sabiendo que quizás Yolanda no se atrevería a llegar tan lejos por cualquiera que fuera la regla que Lucero le hubiera impuesto.
La aludida no dijo nada, solamente se concentró en lo que hacía, en mamarme la verga como mejor podía hacerlo, acariciando mis testículos, lamiéndolos, en ocasiones incluso metiéndolos ambos en su boca para jugar con ellos, algo que resultó inesperadamente placentero, mientras mi lengua se perdía entre los pliegues vaginales de su amiga y mis manos le apretaban las tetas a esa deliciosa mujer que gemía y movía el culo estando sentada en mi rostro, profiriendo tal clase de alaridos que de inmediato me quedó claro que aquello era fingido, que era nada más que un intento por tentar a mi hermana, por desafiar su fuerza de voluntad y tratar de provocarla para que traspasara los límites que le había impuestos su madre.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Quiero coger contigo, Omar! ¡Ahhh! ¡Ya no quiero esperar más! ¡Ahhh! - exclamó Janet, provocando que en ese preciso instante Yolanda dejara de besar mi sexo y se levantara de la cama, que tomara el sillón de su computadora y lo colocara cerca de mí, al alcance de mi mano, invitándome a mirar cómo levantaba las piernas para recargar sus pies en la cama y se abría para mí, mostrándome sus labios, antes de que se chupara los dedos y comenzara a tocarse, sin dejar de mirarme, mostrándose tan excitada que su rostro adquirió un color rojo bastante intenso, creando una imagen que me resistí a dejar de ver tanto como pude, hasta que sentí la calurosa humedad del coño de Janet y mi atención se concentró en esa chica y en ese impactante par de tetas que comenzaron a sacudirse al ritmo que Janet imponía con sus caderas.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Que delicia! ¡Ahhh! ¡Que pedazo de verga tienes, Omar! ¡Ahhh! ¡Ahhh! Yoli ¿Por qué no te sientas en la cara de tu hermano? ¡Ahhh! ¡Dios mío! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Tiene una lengua divina! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - exclamó Janet sin dejar de mover el trasero, antes de que reacomodara sus piernas para darse de sentones con mi pene enterrándose una y otra vez entre sus labios.
- No, no quiero perderme esto - comentó Yolanda, con la voz extraviada, mostrándose muy distraída, como si las palabras de su amiga no le importaran en absoluto, como si la imagen de mi miembro entrando una y otra vez en el coño de Janet fuera algo tan importante y alucinante que no quisiera perderse un segundo de ello; no obstante, las sensaciones que me provocaba Janet al subir y bajar sobre mí, no superaron al morbo que me provocó detectar el aroma que escapaba por entre las piernas de mi hermana, el mismo que me llevó a estirar el brazo y tocar su concha con mis dedos, haciendo que se sobresaltara antes de que retirara su mano y me dejara acariciarla, de ver cómo sus ojos titubeaban hasta que al fin se cerraron por completo cuando le metí los dedos, comenzando a acariciar su vientre por dentro, dejándome llevar hasta tal extremo por la imagen que me brindaban sus expresiones de placer, que de pronto dejé de prestarle atención a Janet, permitiendo que mi atención fuera por completo capturada por mi hermana retorciéndose de gusto ante la forma como yo la tocaba.
Los enormes senos de Janet aplastándose sobre mi pecho fueron lo que me hizo desviar la mirada de Yolanda, sintiendo casi de inmediato los labios de esa exuberante chica sobre los míos a la vez que me acariciaba la cabeza con sus manos con una pasión que no parecía natural, que me hizo sospechar que esa chica se traía algo entre manos.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Omar! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Hermanito! ¡Ahhh! - gritó Yolanda con fuerza, sin dejar de gemir, prolongando aquellas expresiones de placer mientras su amiga me besaba el rostro, lamía mi cuello y acercaba poco a poco sus labios a mi oído.
- Voy a fingir que me vengo y luego iré al baño. Aprovecha tu oportunidad y cógete a tu hermana. Ella lo desea y sé que tú quieres lo mismo. Nada tiene por qué salir de esta habitación. Lo que pase será un secreto entre los dos - me susurró, dejándome de piedra cuando vi cómo movía las caderas a un ritmo salvaje y luego se abrazaba con mucha fuerza a mi cuerpo, interpretando espasmos que resultaron bastante convincentes, antes de que se bajara de encima de mí, se sentara un momento en la cama y observara aquella escena en la que mis dedos se metían una y otra vez en el coño de Yolanda, sonriendo al ver lo mucho que mi hermana lo disfrutaba.
- Voy al baño, chicos, traten de no extrañarme demasiado - dijo apresurada, agitada, saliendo de inmediato de la habitación mientras yo continuaba con lo que le hacía a mi hermana, disfrutando de aquella escena que me obsequió al tocarse los senos y pellizcarse los pezones con fuerza, gimiendo con los ojos cerrados, disfrutando de las caricias de su hermano.
- Al fin se fue - comenté como si tal cosa, sacando los dedos del interior de Yolanda, haciendo que abriera los ojos, que me mirara con ese brillo de deseo y ansiedad que me obsequió - ven aquí Yolanda, quiero probarte, quiero mostrarte lo que puedo hacer - le comenté, sintiendo un calor muy intenso y agradable cuando ella me sonrió, antes de que se subiera a la cama y se sentara con las piernas abiertas, de que yo me arrodillara frente a ella, notando lo nerviosa que de pronto parecía, viendo cómo su pecho subía y bajaba a una velocidad intrigante mientras acariciaba sus piernas, disfrutando de ese momento previo al instante en el que perdería el control, en el que comenzaría a explorar lo lejos que podría llevar las cosas y desafiar la fortaleza de aquella decisión que según le dijo a su amiga que ya había tomado.
Desde que regresé con mi familia no había parado de tener sexo, ya fuera con Trina, con alguna de sus amigas o durante esos juegos nada inocentes que de vez en cuando tenía con Lucero o con mi hermana, sin embargo, aquella tarde en la que tenía a Yolanda frente a mí y con las piernas abiertas, entendí que sin importar la cantidad de placer que pudiera recibir ni la gran variedad de cosas que viviera con todas esas mujeres, siempre habría algo más que querría experimentar, algo que no hubiera hecho, que despertara morbo y deseo en mi interior, un hecho que comprobé cuando sentí mi boca inundada de saliva de solo mirar los hinchados labios de mi hermana y oler el aroma a hembra que emanaba de entre sus piernas, teniendo su vulva a tan solo unos pocos centímetros de mi cara y esperando a que yo me la comiera, a sentir la misma clase de cosas que experimentó su amiga Janet unos minutos atrás, aunque debo decir que a mi hermana no planeaba tratarla de la misma forma como traté a esa chica, porque con ella las cosas serían distintas, más especiales, pues con cada día que pasé en esa casa se había ido acumulando el deseo que sentía por esa chica que en aquel momento me miraba ansiosa y expectante.
Tomar sus piernas y colocar sus pies en mi espalda fue lo primero que hice antes de besar la parte interna de sus muslos y sentir cómo se le erizaba la piel, a la vez que le provocaba aquellos pequeños sobresaltos que me obsequiaba de tanto en tanto, acompañados de gemidos tímidos que continuaron saliendo de la boca de mi hermana mientras mis besos se iban acercando cada vez más a su vagina, provocando ruidos estridentes que favorecían esas reacciones naturales en Yolanda, llegando lentamente a sus labios para darles algunos besitos discretos y sonoros, algo que también hice en su clítoris, induciéndole tal sensación que el gemido que expulsó fue uno especialmente largo, señal de un placer tan intenso que incluso sus piernas le temblaron mientras yo acariciaba su punto de placer con mis labios, sin sacar la lengua, dejando que el olor de mi hermana se impregnara en mi boca mientras recorría la longitud de su hendidura, antes de que mis manos se deslizaran por su abdomen hasta apoderarme de sus senos, de que sacara la lengua y comenzara a deslizarla por entre sus labios, sintiendo la tensión de su cuerpo, disfrutando de la sensación que me provocaban sus manos al acariciar las mías a la vez que el sabor de sus fluidos se dispersaba por mi lengua.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Qué boquita tan traviesa! ¡Ahhh! - exclamó mientras mis labios succionaban su clítoris y disfrutaba de ver a mi hermana retorciéndose de placer, arqueando su espalda hacia atrás, llevándose las manos a la cabeza sin dejar de gemir, incapaz de controlar su respiración ante las intensas sensaciones que le estaba provocando, llevándola a mover las caderas de una manera que parecía ser instintiva, como si aquella parte de su cuerpo se moviera de manera autónoma a los deseos y la voluntad de Yolanda, forzándome a pegar la boca con mayor ahínco a su vagina, moviendo mi lengua alrededor de su clítoris, de vez en cuando bajando un poco para meterla en su vagina antes de volver a concentrar mi atención en estimular ese punto de placer con el que sabía que la haría enloquecer.
Tener a mi hermana desnuda, presenciar lo mucho que disfrutaba de mis caricias y mis besos y el saber que se estaba dejando llevar conmigo, fue demasiado para mí, algo tan intenso y morboso que desconectó aquella parte de mi cabeza que me decía que debía tener cuidado con lo que hacía, que era mi hermana y que a pesar de lo laxas que eran las reglas en esa casa, eso no justificaba que quisiera cogérmela siendo quien era.
En ese momento nada importaba, porque el mundo se redujo a nosotros dos y a lo que pasaba entre sus piernas y mi boca, siendo sus gemidos y aquel sonido pegajoso que escapaba de su vagina la banda sonora de un momento que jamás olvidaría, el mismo que se vio coronado cuando esa chica me tomó de la cabeza apretándome contra su cuerpo, gimiendo desaforada, embarrándome el coño en toda la cara hasta que se vino de una forma ruidosa y sumamente húmeda, bañando mi rostro con sus fluidos, haciendo que mi excitación se fuera al cielo al sentirme abrumado por los olores, sabores y sonidos que nublaron mi razón y colmaron mis sentidos, una mezcla de estímulos que me motivó a deslizarme hacia arriba por encima de su cuerpo, que me hizo disfrutar mucho más el tener sus senos en mi boca, el chupar sus pezones y lamer su cuello mientras me acomodaba entre sus piernas para cogérmela, dejándome llevar por mis deseos hasta que colocó la mano sobre su vagina impidiendo que mi miembro coqueteara con ella, haciendo que la mirara a los ojos en aquel momento en el que su cuerpo se sacudía aún por los efectos del orgasmo que le provoqué.
- No… no podemos ¡Ahhh! - gimió, haciéndome saber que aún no había terminado de experimentar esa explosión de gozo que le induje con mis labios - hazme lo que quieras, pero no penetres mi vagina, mamá me mataría si se enterara - dijo, dejándome escuchar ese tono temeroso, sin que aquellas palabras fueran suficientes para que me rindiera y dejara de buscar que pasara lo que tanto había deseado hacer con ella - ¡Omar! ¡Por favor, no lo hagas! - exclamó con ese aire de preocupación cuando le retiré la mano de la concha y empecé a mover las caderas restregando mi sexo entre sus labios, viendo cómo los ojos se le ponían en blanco cuando lo hice, escuchando esos incitantes gemidos que me obsequió mientras mi glande coqueteaba con su clítoris, disfrutando de la imagen que me regaló cuando arqueó la espalda y sus senos se pronunciaron hacia el techo, antes de que dejara que mi cuerpo descansara sobre el suyo, sin apartar mi pene de entre sus labios, habiendo colocado mi glande justo en la entrada de su coño sin penetrarla, quedándome de pronto muy quieto mientras le tomaba la cara y la besaba, metiéndole la lengua en la boca, sintiendo cómo ella respondía a mis besos, sin que intentara meter de nuevo su mano entre los dos, ni siquiera cuando me aparté y ella me observó con los ojos muy abiertos, mostrándose nerviosa, sabiendo que bastaría un pequeño movimiento de mis caderas para entrar en su vientre.
- Dime que no lo deseas y te dejaré en paz - le dije sin interrumpir la conexión que se formó entre nuestras miradas, viendo cómo tragaba saliva mientras las dudas y el miedo luchaban en contra de lo que en realidad quería hacer, tratando de mitigar la excitación que podía ver en sus ojos.
- No se trata de desearlo o no… nosotros no podemos… no debemos… si mamá se entera… si acaso ella… - respondió titubeante, tragando saliva cuando la interrumpí.
- ¿Y tú se lo vas a decir? - le pregunté, viendo cómo parpadeaba rápidamente al sentir lo que yo empezaba a hacer entre sus piernas.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Claro que no! ¡Ahhh! ¡Pero…! ¡Ahhh! - balbuceó entre gemidos mientras movía las caderas tan solo un poco, lo necesario para que la mitad de mi glande se introdujera en su coño, para presionar el contorno de su vagina, sintiendo cómo se sobresaltaba y su cuerpo temblaba con cada incursión - ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Carajo! ¡Ahhh! ¡Te deseo demasiado! ¡Ahhh! - dijo al final, antes de que fuera ella quien empujara sus caderas haciéndome entrar en su cuerpo, comenzando de inmediato un sensual y excitante movimiento con el que me tomó por sorpresa cuando sentí mi pene deslizándose por el interior de su vientre, siendo apretado por las estrechas paredes de su vagina, invitándome a moverme en respuesta, haciendo que el ritmo con que nuestros cuerpos se sacudían se acompasara al tiempo que disfrutaba de sus gemidos, de la sensación tan deliciosa que me provocaba el contacto de nuestros cuerpos desnudos.
- ¡Ahhh! ¡Eres una delicia! ¡Ahhh! ¡No voy a dejar de cogerte en horas! ¡Tienes un coño bien apretado! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Qué bien se siente estar dentro de ti, hermanita! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - exclamé en susurros, entre aquellos gemidos delirantes que se me escaparon, sintiendo algo muy rico y morboso cuando la llamé hermanita.
- ¡No se lo digas a nadie! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Mamá no puede saberlo! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Coges tan rico! ¡Ahhh! - susurró cerca de mi oído, abrazándose de mi cuello, provocando con esas palabras que por alguna razón el mantenerlo todo en secreto hiciera de aquello algo mucho más excitante, induciendo el incremento en la fuerza y velocidad con la que movía las caderas, volviéndome loco ante las suculentas expresiones que se dibujaban en el rostro de Yolanda en cada ocasión en que llegaba al fondo de su vientre hasta que se abrazó de mi cintura con sus piernas y mordió con fuerza mi hombro en lo que interpreté como un intento de venirse en silencio, provocando en mí una mezcla de dolor y placer que inevitablemente me llevó a empujar un par de veces más mi miembro en su interior para quedarme en el fondo de su concha y venirme justo ahí, sintiendo las palpitaciones de mi pene mientras le llenaba el coño de leche, buscando sus labios para comernos la boca mientras yo me vaciaba en su interior y ella seguía disfrutando de los efectos de aquel primer orgasmo que compartimos, sin que ninguno de los dos se moviera, gimiendo juntos, abrazados, disfrutando del calor de nuestros cuerpos y la humedad de nuestras pieles, relajándonos poco a poco en la medida en la que el éxtasis alcanzado fue claudicando, hasta que ella aflojó el cuerpo quedándose recostada en la cama, mirándome con los ojos entrecerrados y la boca fruncida, como recriminándome lo que acababa de pasar, como si de alguna manera me quisiera regañar por haberla tentado con algo que ella deseaba tal vez más de lo que yo lo hubiera imaginado.
- ¿Qué pasa? ¿No te gustó? - jugué con ella, sintiendo la nalgada que me dio antes de que ambos nos riéramos, pero sin que su hermoso rostro perdiera ese algo que delataba lo culpable que se sentía por haber hecho el amor con su hermano, una expresión a la que tuve que renunciar para poderme recostar a su lado, dejándome cobijar por esa oleada de ternura que me acogió cuando mi hermana colocó su cabeza en mi pecho y rodeó mi cintura con su brazo.
- Si me hago adicta a lo que acaba de pasar, te voy a golpear muy fuerte - susurró con una voz caprichosa, provocándome reír mientras acariciaba su cabello y Janet se metía de nuevo en la habitación, mirándonos con los ojos muy abiertos, las cejas levantadas y una sonrisa de oreja a oreja en los labios - si dices una sola palabra te voy a morder el clítoris y se lo voy a regalar a mi hermano - la amenazó Yolanda, provocando una risa incontrolable en su amiga quien hizo un ademán como si estuviera cerrando un cierre sobre sus labios, antes de que la viéramos vestirse y tomar sus cosas para luego marcharse.
- Disfruten de su tarde, cochinos - expresó la chica, provocándome una carcajada antes de que viera una almohada volando en dirección de aquella puerta que Janet alcanzó a cerrar antes de marcharse, dejando la habitación en silencio por unos minutos, hasta que Yolanda se recostó sobre mi cuerpo de tal forma que colocó sus manos sobre mi pecho y sobre ellas recargó su barbilla para mirarme.
- Y entonces ¿Qué haremos toda la tarde? ¿Se te ocurre algo? - preguntó con ese tono seductor e insinuante, provocando mis risas mientras deslizaba mis manos sobre su trasero y se lo apretaba - claro, eso. Sí, creo que está bien, después de todo, una vez que la regla se rompió, supongo que dará lo mismo que lo hagamos una o veinte veces ¿No? - contestó a mis gestos mudos.
- Veamos qué tan lejos podemos llegar antes de que llegue Lucero - le respondí, sintiendo casi de inmediato sus labios sobre los míos, metiéndome la lengua en la boca, reanudando lo que sería una extenuante tarde de placer en la que hermano y hermana cogimos hasta el cansancio, hasta que no pudimos más, perdiendo la noción del tiempo y del hecho de que Lucero no debía enterarse, quedándonos dormidos sin remedio cuando la fatiga nos doblegó, condenándonos a un sueño tan profundo que ninguno de los dos escuchó la puerta de la casa al abrirse ni tampoco a Lucero subiendo las escaleras, siendo conscientes de su llegada solamente cuando de su boca escapó un grito estruendoso que puso fin al hermoso momento que compartí con Yolanda.
- ¡Por dios! - exclamó, despertándonos a ambos para darnos cuenta de la manera asombrada y horrorizada como nos observaba, quedándose callada por unos segundos hasta que al fin habló para hacer una sola petición, una ante la cual ni Yolanda ni yo fuimos capaces de decir una sola palabra - ¡Por favor, díganme que no lo hicieron!
La mañana se tornó sumamente incómoda después de que fuéramos descubiertos por Lucero, pues a pesar de que ni Yolanda ni yo dijimos una sola palabra con respecto de lo que hicimos, era claro que la mujer sabía que habíamos hecho el amor, lo cual se tradujo en un silencio sepulcral a la hora de compartir el desayuno, antes de que me tuviera que despedir para ir a la casa de Trina, asumiendo que las cosas serían con mi tía como en cualquier otro día pues no me había hablado para cambiar los planes como lo hizo cuando me mandó con Catalina.
- Nos vemos más tarde - me despedí, contemplando cómo Yolanda mantenía la cara agachada, mostrándose triste y arrepentida por lo que hicimos, algo que en realidad me parecía muy injusto, pues aquella regla de Lucero me seguía pareciendo ridícula y su actitud al respecto me resultaba hipócrita, porque ¿Cómo era posible que adoptara esa actitud tan represiva en contra de mi hermana por lo que hicimos, después de que esa mujer me hubiera tenido en su boca durante aquella ducha que tomamos juntos? Una pregunta que me hizo mirar a Lucero con la intención de hacerle saber cómo me sentía de una manera muy poco amable, hasta que ella, creo que al darse cuenta de mis intenciones, tomó la palabra antes de que yo pudiera decir algo.
- Que te vaya bien, Omar - dijo con frialdad, mirándome a los ojos de tal manera que me quedó claro que no quería escucharme, resignándome a resoplar indignado mientras negaba con la cabeza, sintiéndome asqueado por la hipocresía que demostraba esa mujer antes de que le diera un beso en la cabeza a mi hermana y me fuera de la casa, manteniéndome enojado durante todo el tiempo que me llevó reunirme con Trina, con esa sensación de impotencia que me provocó el no poder decir lo que sentía, que incluso me hizo considerar pedirle asilo a mi tía para que me permitiera dormir en su casa durante aquella noche, porque sabía que si regresaba con Lucero no tendría nada bueno que decirle a esa mujer y que, lejos de que nuestro reencuentro fuera como supongo que ella lo esperó, las cosas terminarían muy mal para todos los involucrados.
- ¡Guau! ¡Qué carita! ¿Estás bien? ¡Te vez furioso! - exclamó mi tía en cuanto me vio, abriendo mucho los ojos, dándome un momento para contestarle, pues tenía claro que algo verdaderamente malo estaba pasando.
- Si no te importa, prefiero no hablar de ello, al menos no por ahora ¿Está bien? - le respondí con tanto tacto como pude hacerlo, con ese tono suplicante con el que intenté que no insistiera a pesar de creer que trataría de enterarse de lo que me ocurrió, llevándome una gran sorpresa cuando mi tía me abrazó y me besó en los labios, dejando en mi boca un rico y refrescante sabor a pasta dental antes de que se apartara un poco y me acariciara ambas mejillas.
- Dime lo que quieras cuando quieras hacerlo, cariño, solo me interesa que estés bien, y si necesitas que te ayude en algo, no dudes en pedírmelo, ¿De acuerdo? - respondió, sonriéndome al final, haciendo que yo asintiera con la cabeza antes de que me tomara de la mano y me llevara a la cantina, donde me sirvió un trago que me tomé sin preguntar de qué se trataba, intentando relajarme porque no quería que mi tía lo pasara mal por mi estado de ánimo, por culpa de las absurdas reglas y la hipocresía de su hermana - bien, escucha; hace un rato hablé con Catalina y está súper apenada por lo que pasó con su esposo, me dijo que entiende si no quieres volver a verla, pero que le gustaría que se encontraran de nuevo, dice que el encantó cómo la trataste y quiere pasar algo más de tiempo contigo, de hecho, me hizo un depósito hacer rato para que te lo diera como compensación por lo que ocurrió, al parecer quedó muy impresionada por cómo te comportaste cuando ese idiota te atacó y… - comentó mi tía, hablando un poco nerviosa, algo que en realidad no iba con ella ni con la imagen que yo tenía de una mujer tan segura e imponente como lo era Trina.
- Gracias, pero prefiero pasar, no quiero tener problemas con ese hombre, además mi hermana me dijo que suele ir armado y prefiero evitar esa clase de altercados - le respondí a mi tía, aunque por la cara que puso, creo que lo hice con más dureza de la necesaria - mira, yo sé defenderme, pero estoy haciendo esto solo por dinero, para pagar mi universidad, y si las cosas se pusieran mal y saliera lastimado de alguna forma, yo… - comencé a explicarme, sintiéndome un poco apenado por la forma como le respondí en un principio, hasta que mi tía me puso un dedo en los labios y me sonrió.
- No tienes que explicarme nada, lo que pasó con el esposo de Catalina no debió ocurrir, incluso le dije que podían usar mi casa para estar juntos y seguros, pero ella no quiso aceptarlo, así que no te sientas apenado por negarte a pasar más tiempo con ella, Catalina fue la culpable de lo que ocurrió, no tú ¿Vale? - dijo en un intento por hacer que me relajara, recibiendo un asentimiento de cabeza por toda respuesta - muy bien, entonces yo manejaré las cosas con Catalina, no te preocupes; por otro lado, hoy no tendremos un día muy convencional que digamos, porque vendrá una amiga con su hija, no se trata del tipo de visita que harían Astrid o Catalina, para nada, ellas son más conservadoras y tremendamente más recatadas, así que mientras estén aquí mantendremos las cosas lo más frías posible, ¿Vale? Es que al parecer mi amiga Crystal le cachó los cuernos al esposo y… bueno, es que esa parte no la entendí muy bien, pero al parecer, tanto ella como su hija Paula, se enteraron el mismo día de que sus respectivas parejas les estaban poniendo los cuernos. Sí, vaya coincidencia - dijo cuando notó la cara de sorpresa que compuse - pero eso fue lo que pasó, así que ahora creo que quieren desahogarse bebiendo unos tragos y quejándose de sus respectivos idiotas, por lo que mientras estén por acá tú solo no servirás de bar tender y cosas así, entonces… bueno, no sé, si quieres mira algo en el televisor mientras todo pasa ¿Vale? Lo único que te pido es que no te alejes mucho por si se ofrece que me ayudes con algo ¿De acuerdo? - me preguntó y yo asentí con la cabeza, viendo cómo me sonreía antes de que le diera un trago más a su bebida, sintiendo de pronto una oleada de agradecimiento con esa mujer que además de resolverme la vida tuvo el tacto como para no entrometerse en aquello que había provocado mi desmejorado estado de ánimo, un sentimiento que me hizo tomar su mano y besar su dorso, llamando su atención, encontrándome con esa expresión extrañada que me dirigió cuando nuestras miradas se cruzaron.
- Gracias por todo, tía - le dije con toda sinceridad, provocando que la mujer me abrazara y me besara una vez más en los labios, dejando que las cosas avanzaran repentinamente, que comenzáramos a comernos la boca con más ganas, que nos tocáramos un poco por encima de la ropa hasta que el timbre sonó anunciando que las visitas de mi tía habían llegado.
- ¡Santo dios! ¡En qué momento llegaron! - se quejó, provocándome una sonrisa que ella imitó mientras se obsequiaba un minuto para mirar mis labios sin apartarse del todo de mí, disfrutando de aquella erección que se aplastaba contra su cuerpo, antes de que me diera un pico en los labios y corriera a recibir a sus amigas, quienes muy pronto se reunieron conmigo en el bar, por fortuna, lo hicieron cuando yo ya me encontraba sentado en uno de esos bancos altos de cantina - chicas, les presento a Omar, es mi sobrino, ese del que tanto te he hablado, amiga.
- Encantada de conocer al famoso Omar, yo soy Crystal - dijo esa mujer rubia cuya elegancia resaltaba incluso al ir vestida solamente con una camiseta blanca y un pantalón de mezclilla, estrechándome la mano mientras sus ojos recorrían mi cuerpo, con discreta curiosidad.
- Un placer, Crystal - respondí, sin poder evitar que mis ojos curiosearan un poco recorriendo el escote de esa mujer.
- Y esta hermosa señorita es su hija, Paula - intervino mi tía, antes de que la mencionada diera un paso al frente y me saludara con un beso que seguramente trató de darme en la mejilla, a pesar de que sus labios tocaron la comisura de los míos.
- Encantada, Omar, eres más lindo de lo que te imaginé - comentó, tomándome por sorpresa con aquel atrevimiento, pues ciertamente un comentario así no lo esperaba de una mujer que mi tía había descrito como conservadora y recatada.
- Gracias, es un placer conocerte - expresé, un poco desconcertado porque la forma como esas mujeres me veían no concordaba del todo con el plan que mi tía había diseñado para el tiempo que estarían en la casa de Trina.
- Amiga, me muero de calor, ¿Te parece bien si nos metemos a la piscina? En serio necesito un buen chapuzón - le preguntó Crystal a mi tía, quien asintió mientras sus ojos titubeaban, dejando en claro que no se esperaba nada de lo que estaba pasando, mostrándose al menos tan sorprendida como yo lo estaba.
- Tú también te vas a meter con nosotras ¿Cierto? Porque no sería muy correcto que privaras a tres mujeres de tu compañía - comentó Paula, observándome con esa mirada coqueta mientras componía una expresión caprichosa en su rostro, tomándome una vez más por sorpresa, provocando que me quedara callado y la mirara como idiota por unos segundos hasta que mi tía me dio un codazo en el brazo para hacerme reaccionar, un gesto que incitó las risas tanto de Crystal como de su hija.
- Por supuesto - respondí sin más, antes de que ambas se dirigieran a la piscina, de que viera a través del ventanal cómo se desprendían de su ropa hasta quedar cubiertas tan solo por esos trajes de baño de dos piezas que no dejaban mucho a la imaginación, creando una escena que nos dejó con la boca abierta tanto a mí como a mi tía.
- Conservadoras y tremendamente recatadas ¿Eh? - le dije a Trina sin poder evitar que una sonrisa muy amplia apareciera en mis labios, porque esas dos mujeres estaban muy buenas y le agregaba algo de morbo el saber que eran madre e hija.
- Estoy tan sorprendida como tú - respondió mi tía antes de que lograra salir de su ensimismamiento, suspirara y luego me hiciera mirarla a los ojos.
- Hay una jarra de margarita en el refrigerador, sirve tres copas y reúnete con nosotras en la piscina y… bueno espero que estés descansado, porque por lo que veo esas dos no vinieron solamente a platicar - me advirtió, antes de que la viera caminando en dirección de la piscina, de que contemplara cómo se quitaba la bata que llevaba encima quedando en traje de baño, obsequiándome un momento para contemplar a esas tres hermosas mujeres, olvidándome por algunos minutos de lo que pasó con Lucero y Yolanda, sin poderme creer que mi vida hubiera cambiado tanto en cosa de unas pocas semanas, que estuviera a punto de tener sexo con esas hembras tan hermosas, sintiendo cómo mi miembro se endurecía al pensar en que, quizás, con un poco de suerte, antes de que Crystal y Paula se marcharan a casa, podría saber qué se sentía estar con madre e hija en la cama.
- Cariño, date prisa con los tragos, te estamos esperando - gritó mi tía, sacándome de ese sueño despierto que tuve para hacer que me apresurara con lo que me pidió y sacarme la ropa dejando sobre mi cuerpo nada más que ese apretado traje de baño que solía usar, saliendo de la casa con una bandeja ocupada por cuatro copas y una erección que durante un breve instante capturó la atención de esas mujeres, que hizo que mi tía sonriera y discretamente negara con la cabeza, antes de que se mordiera el labio inferior mientras yo observaba con morbo las expresiones en los rostros de sus amigas.
- Creo que hoy lo pasaremos muy bien - murmuró Crystal y Paula apoyó el comentario de su madre con un breve asentimiento de cabeza, sin que ninguna de las dos retirara su mirada de mi entrepierna, sin que siquiera trataran de disimular que estaban observando mi erección, mientras yo repartía los tragos comportándome como si lo que estaba pasando fuera lo más normal del mundo, sabiendo que no tardaría mucho en conocer y tal vez saborear los cuerpos de las hermosas amigas de mi tía.