Lucero: trabajo de verano 6 y 7.
- ¡Joven! ¡Joven! ¡Ya llegamos a su casa! - dijo el conductor del Uber, levantando la voz para despertarme pues, a pesar de que el trayecto de la casa de Trina a la de Lucero no fuera largo, aquel día terminé tan cansado que me quedé noqueado en el asiento trasero del vehículo.
- Lo siento - me disculpé con el conductor antes de darle unos billetes y bajarme del auto, sintiendo cómo los músculos de todo mi cuerpo clamaban por un poco de descanso después de todo lo que hice con Trina una vez que su amiga nos dejó solos.
Y es que si lo que le hice a Astrid ya me había demandado un importante despliegue físico, lo que después me exigió mi tía terminó por acabarme, porque esa mujer no se conformaba con cualquier cosa y a pesar de que en realidad disfrutaba mucho de estar con ella, aun siendo un hombre con buena condición física, no resultaba fácil seguir el ritmo de sus deseos y satisfacer todos los caprichos de una mujer a quien su marido tenía tan abandonada.
- ¡Qué carita! ¡Parece que Trina está desquitando lo que te está pagando! - comentó Yolanda desde la sala, mirándome con una expresión maliciosa, estando recostada en uno de los sillones, poniendo en pausa la película que en aquel momento veía en el televisor, provocándome un vacío en el estómago ante lo que sugería pues no creía que Lucero estuviera al tanto de lo que pasaba en la casa de mi tía.
- Te ves agotado ¿Quieres que te prepare algo de cenar, cariño? - preguntó Lucero, haciéndome sentir un poco extraño al llamarme de esa forma, aunque si he de ser honesto, estaba tan agotado que no tenía cabeza para pensar en nada que no fuera darme una ducha caliente y meterme en la cama.
- Gracias, pero prefiero tomar un baño y dormir tanto como pueda, ¿No les molesta si…?
- No, no, adelante, disfruta tu baño - respondió Lucero, sonriendo al final mientras Yolanda la miraba de una forma extraña y yo les hacía un gesto con la mano a modo de despedida, encaminándome de inmediato al baño, donde me quité toda la ropa, abrí las llaves de la regadera y me metí a la ducha, experimentando esa deliciosa calidez del agua en todos mis músculos, sintiendo cómo se iba relajando mi cuerpo de a poco, suspirando al ser cobijado por esa sensación de bienestar por la que me dejé abrazar, cerrando los ojos, recargando mis manos en la pared, permitiendo que el agua me acariciara todo el cuerpo por algunos minutos, perdiendo la noción del tiempo hasta que la voz de Lucero me hizo salir de aquel nirvana de tranquilidad en el que me permití vivir por unos minutos.
- Lo siento, cariño, es que vi que te metiste directo al baño y como acabo de lavar, no había toallas aquí, así que te traje un par para que te seques cuando salgas - dijo mientras abría alguna gaveta y acomodaba algo.
- Gracias, Lucero, eres muy amable - respondí, lamentando un poco aquella interrupción del momento tan relajante que viví unos segundos atrás.
- No es nada, cariño - contestó, incomodándome de nuevo al llamarme de esa forma, haciéndome pensar que se iría del lugar al no tener otra razón para continuar ahí, hasta que volvió a hablar y supe que pasarían algunos minutos antes de volver a quedarme a solas - Omar… ¿Estás bien? Hoy llegaste muy cansado y me preocupa que Trina te esté exigiendo más de lo que puedes soportar, así que… bueno, no sé, si quieres podría hablar con ella para que se calme o… - comentó, mostrándose auténticamente preocupada por mi bienestar, dejándome un poco perplejo con sus palabras, pues a partir de lo que dijo, parecía que ella sabía qué era lo que estaba haciendo para Trina, una suposición que me tomó por sorpresa y a la vez me hizo preguntarme si acaso, cuando ella y Yolanda me consiguieron aquel trabajo, Lucero ya estaría al tanto de lo que implicaba pasar el verano con mi tía.
- Si, bueno, es solo que no estoy… yo no… - intenté decir algo, pero no tenía idea de cómo terminar aquella frase que inicié, porque no sabía hasta dónde estaba esa mujer al tanto de lo que estaba haciendo con su hermana, una duda que me hizo ponerme muy nervioso, aunque, por fortuna, antes de que siquiera estuviera cerca de decir algo más, Lucero volvió a hablar.
- ¿Sabes algo? Me alegra que estés pasando tiempo con mi hermana, ella necesita del cariño de un hombre guapo y fuerte como tú. Estos últimos años no han sido fáciles para ella y me alegra que la estés haciendo feliz, porque su esposo es un patán y un infiel que la ha descuidado mucho y ella no se merece que la traten de esa manera, así que supongo que le caerá bien que un chico como tú la consienta durante el verano - comentó como si nada, a pesar de que sus palabras fueran cargadas de algo tan condenable como lo que estaba pasando entre mi tía y yo.
Mis ojos se abrieron mucho más de lo que ya lo estaban cuando al fin me quedó claro que Lucero estaba al tanto de todo lo que pasaba con Trina, porque a pesar de que no me dijo las cosas de una manera tan directa, era evidente que lo sabía, un hecho que me heló la sangre, que me hizo suspirar, sin entender muy bien como fue que en esa familia llegaron las cosas al punto de entender la sexualidad de una manera tan liberal, más aún teniendo al imbécil del capitán como patriarca, siendo el hombre más estricto y mojigato que hubiera conocido en mi vida. Lucero dejó escapar una risa muy divertida.
- ¿Pensaste que no sabía lo que harías con mi hermana durante el verano? - preguntó, sin que yo fuera capaz de decir una sola palabra - sí, lo sé, yo misma he pasado algunas tardes en su casa cuando me siento muy sola - confesó, induciéndome un breve estado de shock cuando entendí todo lo que aquello significaba.
- Y si lo sabías ¿Por qué me mandaste con ella? ¿No te provoca nada que yo esté haciendo… bueno, esas cosas con mi tía? - pregunté llevado por la curiosidad y la sorpresa que me provoco aquella actitud tan relajada de parte de Lucero, puesto que desde que llegué a esa casa no me parecía que pudiera comportarse de esa manera.
- Mira, por supuesto que me lo pensé bastante antes de mandarte con ella, principalmente porque no sabía cómo reaccionarías cuando te enteraras de lo que suele hacer con los chicos que mete en su casa, pero… - Lucero suspiró y se sentó en la taza del baño, de lo cual estuve al tanto por el ruido que provocó al hacerlo - mira, yo sabía que al estar en el colegio militar, tu contacto con mujeres probablemente había sido casi nulo, así que pensé que sería una buena idea que espabilaras un poco, darte algo de experiencia con mujeres antes de que fueras a la universidad, además de que te ayudaría a reunir el dinero que necesitas para tus estudios. En cuanto a la parte de que me pueda molestar o algo como eso, bueno, no me molesta, en absoluto, porque nadie está haciendo las cosas obligado y todos los involucrados ya son lo bastante mayores como para saber lo que hacen, además, supuse que estar con tu tía sería una buena forma de pasar el verano, claro, con Trina y con todas las mujeres que la buscan para pasar un rato divertido con sus chicos - dijo antes de soltar una risilla un tanto nerviosa.
El descaro de Lucero ante todo aquello resultaba desconcertante y al mismo tiempo refrescante, porque de cierta manera me hizo sentir mucho más tranquilo el saber que ella estaba al tanto de lo que pasaba con mi tía, algo que me tomó por sorpresa y logró despertarme un poco, aunque en aquel momento decidí que el tiempo en la ducha ya debía terminar y cerré las llaves del agua antes de sacar mi mano para tomar una toalla, una que me dio Lucero, la misma con la que envolví mi cuerpo antes de abrir la cortina y ver a esa mujer sentada en la taza, observando mi cuerpo semidesnudo, sin disimular la sorpresa que le provocó verme así ni la mirada que le dirigió a mi bulto que en aquel entonces estaba un poco más pronunciado de lo normal, pues la clase de plática que tuve con Lucero había despertado un poco de mi libido, algo que en realidad resultaba una proeza después de todo lo que le demandé a mi amiguito durante el día.
- Y me apuesto algo a que seguramente mi hermana lo está pasando muy bien, porque eso que tienes ahí no lo tiene cualquier chico - comentó Lucero, riendo luego de su broma, haciéndome ruborizar mientras me perdía unos segundos en la forma como sus senos se asomaban por los costados de aquella blusa de tirantes que llevaba encima, provocando que me sintiera un poco intimidado por esa actitud tan relajada y un poco descarada que de pronto estaba tomando conmigo, como si la tensión de aquellos primeros días se hubiera desvanecido, comportándose como si de pronto todo lo que se guardó durante años con respecto de mí y del hecho de que no nos hubiéramos visto, lo hubiese superado en un abrir y cerrar de ojos.
- ¿Y has visto a muchos chicos? - pregunté sin pensarlo, dominado por la curiosidad que me embargaba al preguntarme ¿Cuántas veces Lucero le habría puesto los cuernos al imbécil del capitán mientras ese idiota andaba de servicio? Una pregunta que a pesar de que no logré pronunciar, si hizo que la cara se me pusiera de mil colores, mientras veía cómo Lucero me miraba con los ojos muy abiertos y el rostro invadido por la sorpresa, antes de que soltara una risilla nerviosa y negara con la cabeza, como si de alguna manera me estuviera regañando por ser tan entrometido.
- Algunos, no tantos como los que me gustaría haber visto - respondió, con ese tono y ese brillo de complicidad que irradiaban sus ojos, dejándome con la boca entreabierta, quedándonos unos segundos en silencio mientras nos mirábamos con detenimiento y hasta que la voz de mi hermana se escuchó proveniente de la sala.
- ¡Mamá! ¡Apúrate! ¡Ya solo faltan veinte minutos de la película y no me quiero ir a dormir tan tarde! - gritó a modo de reclamo, sin que Lucero y yo dejáramos de mirarnos y sonreírnos, hasta que la mujer rio un poco y se levantó de donde estaba sentada.
- ¿Estás seguro de que no quieres cenar nada, cariño? - preguntó, colocando sus manos en mis hombros, deslizándolas suavemente por mis pectorales, mirando mi cuerpo con ese brillo de deseo que jamás pensé que vería en esa mujer.
- Gracias, pero comí bien con Trina y ahora prefiero dormir - respondí, sin poder creer que aquello estuviera pasando, antes de que Lucero se me acercara tanto que pude sentir la forma como sus senos se aplastaron en mi cuerpo mientras besaba una de mis mejillas.
- Vale, entonces hasta mañana, descansa - se despidió, dando luego media vuelta, obsequiándome una escena muy linda de sus piernas largas y hermosas, junto con aquella porción de sus nalgas que dejaban a la vista los diminutos shorts que llevaba encima, una escena que disfruté hasta que salió de la habitación, dejándome en el baño suspirando y con el pene muy tieso tras aquel inesperado y excitante momento que compartimos.
Después de los minutos que me llevó recuperar la cordura, sequé mi cuerpo y salí del baño para luego meterme en mi habitación, sin tener siquiera la precaución de asegurarme de cerrar bien la puerta, antes de que me tirara en la cama boca abajo, con el cuerpo medianamente cubierto por la toalla con la que me envolví, pensando que en unos minutos me levantaría a ponerme un short o algo para dormir, pero necesitando descansar en ese preciso instante porque el día había sido agotador y necesitaba un momento de relajación con mucha urgencia, un instante que me obsequié sintiendo las ventiscas de aire que se colaban por la ventana en aquella noche calurosa de verano, algo que resultaba bastante refrescante y placentero, lo suficiente como para no quererme mover durante algunos minutos, sintiéndome un poco soñoliento, pero sin terminar de conciliar el sueño, pues nunca había podido dormir estando boca abajo y, como tampoco tenía ganas de moverme, solo dejé que los minutos pasaran estando semidesnudo y tirado en mi cama, permaneciendo con los ojos cerrados incluso cuando escuché que alguien se había colado en mi recámara, pues pensé que sería Yolanda y no quería abrir los ojos con la esperanza de que al verme así creyera que estaba dormido y se fuera de mi cuarto.
- ¿Estás dormido? - escuché de pronto, llevándome una gran sorpresa cuando me di cuenta de que era Lucero quien entró en mi habitación y no mi alocada y algo impertinente hermana.
- No, solo estoy descansando y… ¿Qué estás haciendo? - le pregunté cuando sentí que se subió a la cama, desanudó mi toalla y descubrió la parte trasera de mi cuerpo, sentándose luego sobre mis piernas, sin que le importara que me encontrara desnudo, sin tener idea de lo que pretendía hacer.
- Te vi tan cansado que supuse que te caería bien un masaje, aunque tal vez te quedes dormido antes de que termine ¿Qué te parece? ¿Me dejas que te consienta un ratito? Creo que te lo mereces después de un día de trabajo tan agotador - dijo la mujer, provocándome algunas risas con aquel último comentario, sin esperar una respuesta de mi parte antes de que sintiera sus manos embadurnadas con algo tibio que comenzó a esparcir por mis hombros y mi espalda alta, sintiendo de inmediato una relajación bastante agradable en las partes del cuerpo que Lucero estaba tocando.
- Gracias, eso se siente muy rico - respondí, sin saber qué más decir, dejándome consentir por esas manos tan suaves que parecían saber muy bien lo que hacían.
Muchos suspiros me fueron robados mientras Lucero masajeaba mi cuello y mi espalda, porque la verdad es que lo hacía tan bien que conforme los minutos avanzaban yo me sentía cada vez más soñoliento y relajado, disfrutando de la forma como apretaba mis brazos y mi espalda baja, sentándose luego casi a la altura de mis pies para masajearme las piernas y el trasero, haciéndome tragar saliva cuando sentí sus manos metiéndose entre mis piernas y tocarme los testículos con roces que podrían pasar como accidentales, hasta que esa mujer me tomó de nuevo por sorpresa al levantarse por un minuto para tomar uno de mis pies y hacerlo a un lado, obligándome a abrir las piernas, sintiendo cómo mis testículos se relajaban sobre mi pene que para ese momento ya estaba bastante duro apuntando hacia Lucero, aplastándose contra las cobijas de mi cama.
- Lo siento, yo… - traté de disculparme por mi erección, sintiendo cómo la cara se me ponía de mil colores mientras experimentaba las manos de Lucero sobando la parte interna de mis muslos, acariciando de pasada mis testículos y la cabeza de mi pene con esos roces tan persistentes que empecé a sospechar que quizás no eran tan accidentales.
- Shhh - me hizo callar - no digas nada, solo cierra los ojos y relájate - dijo en un susurro, robándome las palabras antes de que sintiera cómo una de sus manos comenzaba a sobar mis testículos con mucho cuidado y bastante descaro, de una forma tan suave y deliciosa que me robó un gemido y me hizo cerrar los ojos, que me hizo suspirar y dejar que mi cuerpo entero se relajara mientras ella me tocaba, a pesar de que en mi cabeza no lograra superar el hecho de que fuera mi madre quien me masturbaba de esa manera tan deliciosa.
Oleadas de un placer exquisito sacudieron toda mi anatomía mientras Lucero me masajeaba de esa manera tan experimentada, sintiendo tanto placer que en algún momento decidí facilitarle las cosas y levanté un poco el trasero, sin saber que con ello haría que las cosas escalaran a un punto que resultó mucho más placentero y condenable que lo que ya me estaba haciendo, porque en cuanto mi pene dejó de estar aplastado en las cobijas, ella lo tomó y comenzó a recorrerlo con su mano desde la base hasta la punta, a un ritmo calmado, pero no demasiado despacio, jugando con sus dedos en mi glande cada vez que llegaba a la punta mientras que su otra mano continuaba acariciando mis testículos de una manera tan perfecta que de pronto me di cuenta de que aquello no podía ser un accidente, que una habilidad como esa no podía ser adquirida de la noche a la mañana, una observación que despertó aquella curiosidad que sentía con respecto de Lucero y de su vida sexual, algo que muy pronto se perdió entre el placer que sentía y el morbo que me provocaba el pensar que la mujer que me tocaba era mi mamá.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Me voy a venir! ¡Ahhh! - susurré entre gemidos, sintiéndome avergonzado de mencionar aquellas palabras frente a mi madre, algo que en ella solamente provocó que la velocidad de su mano acelerara, no de una forma descontrolada, sino tocándome con tal maestría que me hizo sentir el cielo entre mis piernas.
- Déjalo salir, cariño, tienes una toalla abajo, solo deja que pase, déjame ver cómo te vienes en mis manos - susurró Lucero sin dejar de tocarme, mientras mis genitales sufrían algunos espasmos y mi pene escupía aquel primer chorro de leche, sin que esa mujer se detuviera, sintiendo cómo continuaba acariciando mi glande con sus dedos sin importarle que se estuvieran llenando de mi semen, experimentando una súbita oleada de cansancio y relajación que se fue haciendo más intensa conforme el semen se me iba agotando, hasta que al final me quedé profundamente dormido, sin saber cómo había terminado aquello, sin notar en qué momento me quedé solo en mi habitación.
Despertar a la mañana siguiente fue extraño, porque me costaba asimilar el hecho de que lo que pasó con Lucero en realidad hubiera ocurrido, y no es que me escandalizara o que no lo hubiera deseado o que no me encantara que me tocara de la manera como lo hizo, porque en realidad lo que pasó fue alucinante, pero me costaba trabajo entender que la misma mujer que me recibió unos pocos días atrás y que trató de presentarse ante mí como esa mujer que me extrañó durante tanto tiempo y que sufrió al tener a su hijo lejos, la última noche se hubiera comportado de la manera como lo hizo. En pocas palabras, estaba fascinado con lo que pasó, pero necesitaba aclarar algunas dudas con Lucero para poder mantener mi curiosidad a raya.
- ¡Cariño, el desayuno está listo! ¡Apúrate o llegarás tarde con Trina! - gritó Lucero desde la planta baja, haciendo que me parara y me vistiera para luego reunirme con ella en la cocina, donde para sorpresa mía, no se encontraba mi hermana.
- ¿Y Yolanda? - pregunté un poco desconcertado, sorprendiéndome al notar que en realidad me decepcionó que no estuviera en la cocina para desayunar conmigo.
- Salió con unas amigas, me dijo que no regresaría hasta la noche - respondió mientras yo me sentaba, antes de que frente a mí apareciera un gran plato de hot cakes con miel y tocino - buen provecho, cariño - comentó, regresando de inmediato al otro lado de la cocina, sin que yo fuera capaz de asimilar el hecho de que se comportara de esa manera tan indiferente después de lo que hizo la noche anterior, una cualidad que de cierta manera me recordó a la actitud que demostró Yolanda después de que me toqueteara durante aquella película y luego de lo que pasó en la ducha.
- Lucero, lo de ayer en la noche… ni siquiera sé cómo preguntarte algo acerca de lo que pasó - dije, haciendo un alarde de sinceridad mientras esa mujer se reía un poco, regresando después con dos humeantes tazas de café que desprendían un rico olor a canela.
- ¿No te gustó el masaje? - me preguntó, mostrándose divertida, como si aquello no hubiera sido nada más que una travesura.
- Sí, me gustó, pero ese no es el punto - respondí, viendo confundido cómo ella se reía de nuevo mientras le daba un sorbo a su café.
- Mira, si te incomodó de alguna manera, te prometo que no volveré a hacerlo, pero… - suspiró con un aire de resignación que en ese momento no entendí a qué se debía - a ver, cuando te ofrecí venir a casa estaba muy entusiasmada por tenerte de nuevo conmigo, quería recuperar el tiempo que te tuve lejos, quería reconectarme contigo como madre e hijo y pensé que una conexión como la que tuvimos cuando eras un niño no se perdería sin importar cuánto tiempo pasara, pero luego llegaste convertido en un hombre, con un proyecto de vida en el que yo no figuraba y un pasado del que yo solo formaba parte en una proporción insignificante - nuevo suspiro acompañado de una mirada triste y una expresión resignada - traté de verte como mi hijo ¿Sabes? Traté de volver a sentir la conexión que un día tuvimos cuando eras pequeño, de compartir ese algo que me hacía sentirme parte de ti, que me hacía sentir tu madre, pero la verdad es que el hombre que eres ahora ya no tiene nada que ver con ese niño mimoso y tierno que recordaba y, a pesar de que no lo quisiera aceptar en un principio, no puedo ver en ti nada más que a un hombre de quien sé muy pocas cosas, a un chico guapo y atractivo, tan valiente que tomó la decisión de hacer su vida por su cuenta a pesar de tenerlo todo en contra y… bueno, siendo así las cosas, entendí que no puedo convivir contigo de la manera convencional como una madre debería convivir con su hijo, así que lo que pasó ayer fue un intento de acercarme a ti de una forma diferente, más como… bueno, no sé, como ¿Una amiga, tal vez? O algo como eso, porque aunque no me guste la idea, creo que el tiempo para ser tu madre ya quedó muy atrás, pero no me gustaría que cuando termine el verano decidas marcharte de aquí y no volver nunca, porque aunque no me veas como tu madre y yo no pueda verte como ese niño del que me despedí cuando era una criatura, sigo queriendo ser parte de tu vida - explicó Lucero, dejándome tan asombrado que por unos segundos no pude hacer nada más que mirarla mientras trataba de entender qué significaba todo aquello, tragando saliva al no querer asumir que podría tener con ella la misma clase de relación desinhibida, cuestionable y tan excitante que tenía con Yolanda.
Por fortuna no tuve que buscar entre mis pensamientos las palabras correctas para responder a esa clase de declaración pues, antes de que se me ocurriera qué decir, el móvil de Lucero sonó y salió de la cocina para contestar, provocando que espabilara y escapara de mi ensimismamiento para empezara a comer, tratando de no pensar en lo que acababa de decirme porque no creía estar listo para analizarlo todo en ese momento, interrumpiendo mi desayuno solo cuando Lucero volvió a entrar en la cocina, mostrándose algo apresurada, pero a la vez muy contenta por alguna razón que no conocía y que ella no se tomó la molestia de explicarme.
- Lo siento, cariño, tengo que salir en una hora y primero me tengo que arreglar, así que te dejaré desayunar solo, pero si quieres podemos continuar esta conversación en la noche, porque me encantaría que empezáramos a entendernos de una manera más adulta, pues como te lo dije, ya abandoné mis intenciones de que me veas como a tu madre, pero me interesa mucho que seamos amigos o algo como eso - dijo Lucero antes de acercarse a mí y darme un beso en la frente - ten un gran día, cariño - se despidió, dejándome con más dudas que respuestas, antes de que me volviera a concentrar en mi comida y en imaginar lo que me esperaría en un día más con Trina, porque seguía sin querer pensar en lo que me dijo Lucero ni en todo lo que implicaba, solo quería concentrarme en lo que haría con mi tía, sin tener idea de que esa misma tarde, en cosa de unas pocas horas, descubriría una nueva faceta de aquella mujer que renunció a ser mi madre, una que me sorprendería mucho, que me brindaría muchas explicaciones con respecto de todo lo que pasó y de todo lo que descubrí desde que regresé a esa casa que fue mi hogar durante mis primeros años de vida.
- Hoy no pasaremos el día en casa, cariño - dijo Trina en cuanto me vio, tomándome de la mano para llevarme a su habitación, sosteniendo en su otra mano una copa de vino, haciéndome sentar en la cama cuando al fin llegamos a su alcoba - verás, una buena amiga organizó un evento de caridad en la terraza de un hotel muy lujoso, así que tenemos que ir ahí, pero no te dejes llevar por la apariencia, porque todos los eventos que se llevan a cabo en hoteles suelen terminar con muchos de los asistentes teniendo sexo en alguna de las habitaciones, por lo que generalmente las recaudaciones de mi amiga terminan convirtiéndose en nada más que el pretexto para que los asistentes encuentren a alguien con quien divertirse por un par de horas - explicó, antes de terminar con la copa de vino que llevaba en la mano y meterse en el vestidor - por supuesto que tú y yo iremos juntos, pero como no tengo idea de a quiénes podamos encontrarnos ahí, vamos a tener que portarnos bien para mantener la apariencia de que eres mi respetuoso sobrino y que nada está pasando entre nosotros - gritó desde el vestidor, mientras yo veía cómo volaba su lencería al bote de ropa sucia que quedaba a mi vista desde donde estaba.
- Ojalá me hubieras avisado para ponerme algo más apropiado de ropa - respondí, mirando los jeans desgastados y la camiseta blanca que llevaba encima. Mi tía dejó salir una risilla desde el vestidor.
- Cariño, tú no tienes que preocuparte por nada además de mí. Ye tengo preparado lo que te vas a poner, aunque como no estaba segura de tu talla, le pedí al encargado de la tienda que me enviara varias prendas de diferentes tamaños para que te quedes con las que mejor te ajusten - explicó, haciéndome sonreír pues aquello era demasiado para mí, y es que aún me costaba trabajo creer que en verdad una mujer como mi tía me estuviera pagando por pasar tiempo con ella y además me comprara ropa para encajar en la clase de evento al que asistiríamos.
- Vale, entonces dime dónde está para…
- ¡No, no, no! Antes de que te vistas primero tienes que evaluar mi atuendo, porque tengo tres opciones y no sé cuál de ellas debería llevar - comentó, un segundo previo a que saliera del vestidor y yo me quedara con la boca abierta al contemplar aquel atrevido y nada recatado atuendo que escogió, uno de color blanco que se transparentaba por todos lados, dejándome observar el atisbo de la tanga blanca que se puso, así cómo la forma como sus pezones se marcaban en esa tela que se transparentaba un poco, obsequiándome una vista maravillosa de sus senos - okey, es demasiado, no hace falta que me digas nada, tu amiguito ya me lo dijo todo - comentó con una voz pícara, señalando la forma como mi erección se marcaba en mi pantalón, mientras ella sonreía para luego volver a meterse en el vestidor.
- Quizás podrías usarlo si te pusieras un sostén blanco - le comenté, escuchando de inmediato aquella risa que dejó escapar.
- Pero si lo hago dejaría de tener sentido el llevarme ese atuendo tan coqueto - comentó, robándome una sonrisa mientras me quedaba ahí sentado en la cama, sintiéndome un poco nervioso, pensando en cómo sería aquel evento hasta que comencé a repasar todas las cosas de las que hablé con Lucero desde la noche anterior cuando se metió en la regadera hasta la conversación que tuvimos esa misma mañana antes de que me reuniera con Trina en su casa.
- Tía, necesito saber algo, aunque… bueno, si no me quieres contestar está bien, pero tengo curiosidad - le comenté, un poco inseguro de lo que estaba por preguntarle, pero dejándome llevar por la curiosidad, porque la clase de cosas que me dijo Lucero y lo que hizo conmigo durante la noche, me hicieron pensar que esa mujer llevaba una vida de la que yo no estaba enterado, una que sospechaba que poco tenía que ver con la imagen recatada que aún conservaba de ella.
- Pregúntame lo que quieras, cariño, soy un libro abierto - dijo mientras salía de nuevo del vestidor, en aquella ocasión con un vestido negro cuyo escote era tan atrevido que una porción de sus senos se escapaba por un costado, mientras que en la parte baja una de sus piernas quedaba descubierta casi por completo - ¿Qué te parece este?
- Bastante lindo, pero si vamos a estar al aire libre, probablemente te acalores mucho vistiendo de negro, bajo el sol y… - se me escapó un suspiro cuando me perdí en la imagen de ese hermoso par de senos - te ves hermosa, pero no creo que sea la mejor opción para ese tipo de evento, menos si lo que quieres es dar una imagen de que vas con tu sobrino.
- Tienes razón, mejor buscaré algo más aburrido; pero no dejes que te interrumpa cariño, venga esa pregunta que me quieres hacer.
- Sí, bueno es que no es de ti, tiene que ver con Lucero. Verás, ayer por la noche estuvimos charlando y… bueno, es que no parece ser la clase de mujer que pensé que era…
- ¡Ay dios! ¡Pues qué te dijo! - exclamó con un tono divertido antes de soltar algunas risillas.
- No me malentiendas, no la estoy juzgando, pero tengo curiosidad porque… - suspiré de nuevo en un intento por darme valor - a ver, es que ayer que llegué a casa, ella me vio muy cansado y se metió en mi cuarto para darme un masaje y… - las risas de Trina explotaron desde el vestidor.
- ¡Así que al fin se atrevió! ¡Bien por ella! - exclamó de una forma tan vigorosa y escandalosa que de inmediato supe que me estaba perdiendo de algo, dejándome perplejo mientras mi tía salía de nuevo del vestidor, en aquella ocasión, sin que yo pudiera quitar mis ojos de los suyos pues mi cabeza demandaba una explicación a su reacción, algo que ella notó de inmediato - ¡Ay dios! ¡Creo que ya abrí la boca de más! - dijo antes de sentarse a mi lado en la cama - a ver cariño, primero tienes que entender que su situación es muy complicada, demasiado particular, pues dudo mucho que alguien haya pasado por lo que ustedes vivieron cuando el imbécil de tu papá te alejó de tu mamá. Mira, cuando lo de tu regreso era solamente una idea, tu mami estaba muy contenta de que pasaras con ella el verano, estaba ilusionada de volver a verte y tener de nuevo a su hijo en sus manos, pero cuando llegaste se dio cuenta de que ya no era lo mismo, porque a pesar de que te sigue amando, lo que sentía por ti ya no parecía tener mucho sentido al verte convertido en un adulto, ya que ella te dejó de ver cuando eras un niño y… - mi tía suspiró al notar la manera tan atenta como la veía - mira, ella se esforzó para ignorar la clase de cosas que le provocabas desde que regresaste, porque sabía que eras su hijo y se sintió culpable de sentirse atraída por ti - ese comentario me hizo tragar saliva - y luego aceptaste trabajar conmigo y yo le conté lo bueno que eras y… al final supongo que solo se dejó llevar por un deseo que no pudo controlar, pero no te lo tomes tan en serio, no es como que se haya enamorado de ti o algo como eso, solo es atracción animal y nada más, además, dudo mucho que entre ustedes dos pase algo más allá de lo que haya ocurrido con ese masaje, porque a diferencia de mí y de Yoli, ella tiene algunos límites con respecto de lo que se puede hacer o no con personas de la familia, así que no te hagas ilusiones con que la cosa con Lucero llegue más lejos.
- Entonces ¿Tú no crees que esté mal que me sienta atraído por ella, a pesar de que sea mi madre?
- Madre o tía o hermana, da igual, antes de ese parentesco, las chicas somos chicas, y en particular las chicas de tú familia somos mujeres muy pasionales y entregadas, que nos gusta que un hombre nos haga cosas ricas y que no solemos ser muy buenas para contenernos con respecto de lo que deseamos o de a quién deseamos, además tú ya no eres un niño, así que supongo que si no te sientes a gusto con eso, pues bastaría con que se lo dijeras, aunque por lo que Yoli me contó que hiciste con ella, no creo que ese sea tu estilo - comentó al final con un tono travieso en su voz y una expresión lasciva y maliciosa en su rostro, provocando que la cara se me pusiera de mil colores al saber que ella estaba al tanto de lo que pasó con mi hermana, algo que por alguna razón me hizo sentir mucho más excitado de lo que ya lo estaba - solo te sugiero que si lo de Yoli crece, procura que lo que sea que hagan ocurra sin que Lucero se dé cuenta, porque si se entera y ustedes dos llegan a un puto que ella considere excesivo, van a tener muchos problemas con tu mami ¿Vale? - me advirtió y yo asentí con la cabeza, sin poder procesar del todo lo que me estaba diciendo, al tiempo que me preguntaba en que punto empezarían los límites de Lucero en los que ella consideraría condenable lo que estaba pasando con Yolanda - bueno, ahora que ya te respondí, dime ¿Qué te parece este? - preguntó mientras se ponía de pie y daba una vuelta, luciendo un vestido que combinaba bastante bien con el color de su cabello, que delineaba su figura de una forma casi perfecta, estando ajustado y siendo un poco revelador pero sin llegar a ser vulgar.
- Es perfecto - comenté con la voz un tanto perdida, sintiendo de pronto esa ansiedad que me acuciaba en cada ocasión en que me sentía excitado y no veía la hora de satisfacer mis deseos, mientras contemplaba el trasero de mi tía, quien no se dio cuenta de la manera como la miraba al estarse observando en el espejo, sintiendo de pronto la necesidad de pararme y acercarme a ella, caminando despacio a sus espaldas - te ves increíble - susurré cuando estuve cerca de ella, colocando mis manos en su cintura, dirigiendo mi mirada al espejo para encontrarme con sus ojos, necesitando fornicar con ella en ese momento, porque la curiosidad que me provocó con sus palabras de explorar hasta dónde podría llegar con mi hermana y con Lucero, me pusieron tan cachondo que tenía que desahogarme en ese instante, algo que inició con la forma como me pegué a su cuerpo por detrás, deslizando mis manos hasta atrapar sus senos, sin interrumpir aquella conexión que se formo entre nuestras miradas a través del espejo, eso se siente muy bien cariño, pero no tenemos mucho tiempo, debemos darnos prisa o… ¡Ahhh! - gimió cuando la empujé con mi mano en su espalda alta mientras con la otra sujetaba sus caderas, haciendo que se inclinara hacia delante, que parara el culo para mí, que recargara sus manos en la superficie de su tocador.
- Pues tendremos que hacernos un poco de tiempo, tía - le susurré, desconociendo mi voz por un momento tras haber pronunciado aquellas palabras con un morbo y de una manera tan lasciva como jamás había hablado en el pasado, tomando a esa mujer porque quería hacerlo y no solo porque ella lo deseara, siendo por primera vez quien tomaba el control de la situación, mientras mi tía me miraba entre sorprendida y excitada, al tiempo que mis manos tomaban la parte baja de su vestido y se lo levantaba, dejando expuesto ese trasero tan redondo y lindo, sin que ella dijera una sola palabra, sin perder el asombro ante el hecho de que su sobrino estuviera tomando la iniciativa de aquella manera por primera vez.
- ¡Ahhh! ¡Cómeme así! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Cabrón! - gimió y exclamó después de que hiciera sus bragas a un lado, mientras yo hundía mi cabeza entre sus nalgas, lamiendo sus labios a la vez que le apretaba el trasero, sintiendo cómo poco a poco su coño iba respondiendo, obsequiándome aquellos fluidos que empezaron a dispersarse por mi lengua mientras le comía la concha y ella movía el trasero sin retirar sus manos del tocador, sin tratar siquiera de abandonar aquella posición en la que la había dejado.
Ella me miró por el espejo con esa expresión perturbada por el deseo cuando me levanté, me aflojé el cinturón y luego me bajé los pantalones, dejando que mi miembro y su concha juguetearan por un momento antes de tomarlo con mi mano y metérselo sin miramientos, contemplando la forma como el rostro de mi tía se contraía en expresiones de placer, disfrutando de ver cómo cerraba los ojos y se mordía el labio inferior mientras yo entraba en su vagina, sintiendo ese apretado abrazo de bienvenida que le dio a mi miembro, dejando que se me escaparan algunos gemidos ante el placer que el cuerpo de esa mujer me provocaba, llevando mis manos a los tirantes de su vestido para hacerlos a un lado y dejar sus senos expuestos a mis curiosos ojos y mis impetuosas manos que los sobaron con ansiedad mientras mis caderas iban y venían, haciendo temblar el cuerpo de Trina con esas embestidas que le daba, sin dejarme llevar del todo, manteniendo un ritmo que me permitiría disfrutar de su coño por un buen rato, una intención que ella no dejó que se viera satisfecha, pues cuando se dio cuenta de que no me estaba entregando del todo, dijo algo con lo que logró hacer que perdiera la cabeza, con lo que me hizo enloquecer y perder el control de mis actos.
- ¡Ahhh! ¡Dame más duro, sobrino! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Hazlo más fuerte! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Quiero que me destroces por dentro! ¡Quiero que me cojas como te cogerías a tu madre! ¡Ahhh! - exclamó mirándome a los ojos con mucha atención, provocando que me detuviera por un momento cuando sentí el efecto que aquellas palabras tuvieron en mí, cuando de pronto parecía como si mi erección se hubiera hecho aún más dura, provocando que, en el momento en el que volví a moverme, lo hiciera con mucha más fuerza que antes, que de pronto tomara sus tetas y atrajera a esa mujer a mi cuerpo mientras gemía como loca ante la forma tan salvaje con que la embestía, obligándola a cerrar los ojos mientras le chupaba el cuello y le lamía las orejas, disfrutando de aquella fantasía que se creó en mi cabeza en la que de pronto ya no era mi tía la mujer a quien penetraba sino mi madre, inspirándome para apretarle los senos de una forma diferente, más ansiosa, sobándoselos como si necesitara tocarlos por completo, sintiendo ese calor que de pronto se apoderó de todo mi ser, que me hizo deslizar una mano hacia su entrepierna y atrapar su clítoris entre mis dedos, castigándolo, sacudiéndolo de la forma correcta para hacer que perdiera el control de sí misma, obligándola a gritar como perra en celo mientras mis dedos se volvían locos acariciando el centro de placer de esa hembra que en mi cabeza no era otra que mi propia madre.
Tomarla del cabello y obligarla a que se inclinara una vez más al frente, resultó mucho más placentero de lo que lo esperaba, porque de pronto el morbo que se apoderó de mí cuando la tuve dominada, me hizo sentir un cosquilleo muy intenso por todo mi cuerpo, provocando que mis caderas se movieran con mucha rapidez para penetrar a esa mujer que se vino mientras la tomaba del cabello, siendo aquellos gemidos el estímulo que me hizo falta para meterle todo mi miembro hasta el fondo de su concha y vaciarme justo ahí, experimentando la manera como las paredes de su vagina se contraían una y otra vez en medio de esos deliciosos gritos y los salvajes movimientos de cadera que ejecutó como resultado del placer que le provoqué.
- ¡Eres un cabrón! ¡Ahhh! ¡Me encanta que un hombre tome lo que quiere! ¡Ahhh! ¡No sabes lo perra que me hiciste sentir! - exclamó sin abandonar aquella posición a pesar de que yo hubiera soltado su cabello, antes de que me saliera de ella, de que me agachara para recoger el semen que alcanzó a salir de su concha para luego meterlo de nuevo entre sus labios y acomodarle las bragas, sonriendo cuando se me ocurrió algo divertido y muy morboso, algo que de alguna forma supe que a esa zorra le encantaría hacer.
- No quiero que te limpies ni que te cambies las bragas. Vamos a ir a esa recaudación con tu coño lleno de mi leche - le dije a modo de orden, viendo cómo ella se mordía el labio inferior, contemplando la manera como se acariciaba uno de sus senos mientras asentía con la cabeza, antes de que se riera de esa manera tan lasciva como lo hizo, recibiendo al final una nalgada que la hizo levantarse y arreglarse el vestido, tragando saliva cuando estuvo por completo enderezada, sin dejar de mirarme a través del espejo mientras me le acercaba con el pene desnudo, sabiendo que su vestido se ensuciaría un poco con el semen que aún yacía en mi miembro - ¿Dónde está mi ropa, creo que ya es momento de que me vista? - le pregunté, sintiendo cómo ella me llevaba de la mano hasta el vestidor, donde me cambié mientras mi tía escogía unos zapatos, sin dejar de mirarme con esa expresión sorprendida y nerviosa que mantuvo desde que le di aquella orden y hasta que salimos de su casa para subirnos a su auto, sentándose a mi lado, riendo un poco cuando eché a andar el carro.
- Tengo las bragas empapadas… y me encanta - comentó, mirándome con un brillo de lujuria en sus ojos, haciéndome sonreír antes de que pusiera mi atención al frente, preguntándome ¿Qué pasaría si de pronto adoptara esa misma actitud con mi hermana? ¿Cómo actuaría si dejara de ser solamente un actor pasivo de sus deseos y tomara la iniciativa para disfrutar de su cuerpo?
La fiesta de recaudación a la que fuimos se parecía bastante a lo que yo esperé que sería cuando mi tía me contó a dónde iríamos, porque a pesar de estar en un lugar que en realidad era muy hermoso, con jardines por todos lados y una vista de la ciudad a la que no se accedería fácilmente, la mayoría de las personas mostraban la actitud propia de alguien que se cree por encima de todos, aunque por fortuna, las personas que se acercaron a mi tía, en su mayoría mujeres, no caían en ese patrón, algo que me hizo suponer que tenía más que ver con lo buena que Trina resultaba para escoger a sus amistades.
- ¡Trina, Querida! ¡Me alegra mucho que vinieras! - la saludó una mujer cuya elegancia resultaba demasiado evidente como para dejarla pasar por alto, una señora morena de piel clara, con las facciones tan finas y perfectas que sospeché que le habían pasado el bisturí en más de una ocasión, y con un cuerpo digno de la descripción que Yolanda hizo de las amigas de mi tía días atrás - no sabes lo mal que lo he pasado teniendo que lidiar con todos los pretensiosos que… ¡Hola, querida! ¡Muchas gracias por contribuir con sus donaciones! - se interrumpió para saludar a una mujer que iba pasando que encajaba perfectamente con la clase de idiotas que describí antes - en fin, me encanta que hayas venido, pero en realidad vine contigo porque vi que venías acompañada de este chico tan hermoso y quiero conocerlo - explicó, mirándome sin el más mínimo recato, mientras se mordía su labio inferior y Trina dejaba salir una risilla.
- Es mi sobrino, el hijo de Lucero - comentó mi tía ante de que me mirara - y esta mujer tan hermosa y descarada, es mi amiga Catalina, es quien organizó esta recaudación benéfica.
- Mucho gusto - respondí, sintiéndome un poco incómodo ante la forma como esa mujer me miraba, porque me hacía sentir como si en cualquier momento pudiera saltar sobre mí.
- El gusto es todo mío, mi amor. Pero qué hombre. Mira nada más los brazos que tiene - dijo la mujer sin mirarme a los ojos, concentrando su mirada en mi cuerpo, haciéndome sonreír de nervios, una reacción que de alguna manera hizo que esa mujer despertara del trance en el que parecía estar para sonreírme mientras su rostro se sonrojaba un poco - dime algo, Trina ¿Tu sobrino es de tus chicos o…? - le preguntó en un tono tan bajo que por poco y no la escucho.
- Fantástico - respondió con un tono casi soñador, antes de que suspirara y se aclarara la garganta - tendré que visitarte muy pronto, amiga, porque este chico…
- ¡Catalina! ¡Llego el alcalde! - gritó alguien, provocando que Catlina compusiera una expresión de pena, antes de que se me acercara u me diera un fuerte abrazo con el que me hizo sentir sus senos aplastándose en mi pecho.
- No tienes idea de todo lo que te voy a hacer cuando estemos solos. Ya quiero ver lo que tienes ahí abajo - susurró cerca de mi oído mientras metía una de sus piernas entre las mías para aplastarme el pene con ella - ¡Un gusto tenerlos aquí! ¡Disfruten! - se despidió, dejándome con una importante erección que por supuesto que Trina notó de inmediato.
- Creo que te agradó mucho mi amiga, cariño, tal vez demasiado - comentó y se rio mientras yo me retorcía un poco tratando de disimular mi erección - tranquilo, mi amor, me haré cargo de eso en un minuto - comentó, antes de que de su bolso sacara una tarjeta que resultó ser la llave de una de las habitaciones de aquel hotel - no creíste que después de lo que me hiciste en mi alcoba dejaría así las cosas ¿O sí? - presumió, y yo sonreí, antes de que mi tía apurara un último trago de su copa y me tomara de la mano para caminar con disimulo por entre toda esa gente, llevándose una botella de vino de pasada para luego meternos en el elevador, donde mi tía se pegó a mi cuerpo, besándome los labios, dejándome claro que tal vez ya había bebido más de lo que resultaría conveniente, nada que evitara que pusiera mis manos en su delicioso trasero y lo apretara a mi antojo - por poco y no venimos a este lugar después de que me cogieras como lo hiciste, así que espero que te queden muchas energías, sobrino, porque no dejaremos este hotel en varias horas - me advirtió, justo antes de que se apartara abruptamente de mí cuando el sonido del elevador nos indicó que estábamos llegando a nuestro piso.
Caminar junto a mi tía por el pasillo del hotel resultó extrañamente morboso, algo que tenía sentido solo al considerar que estábamos por tener sexo en el mismo lugar en el que se encontraban todas sus amistades, una idea que me hizo caminar un poco más rápido, deteniéndome solamente cuando mi tía estuvo a punto de caerse dado que no estaba tan sobria como para caminar bien con los enormes tacones que decidió ponerse para ese día.
- ¡Ay dios! ¡Por poco me caigo! ¡Qué bueno que tengo a un macho tan fuerte para sostenerme! - comentó mientras recargaba la mano en una mesita que se encontraba sobre el pasillo para quitarse los tacones, reanudando poco después su marcha con los pies desnudos, un detalle que solo me hizo desearla más de lo que en aquel momento ya lo hacía, que me incitó a querer abrazarla por detrás cuando se detuvo frente a la puerta de nuestra habitación, un deseo que tuve que reprimir al recordar que alguno de sus conocidos podría vernos - ¡Ay, carajo! ¡Cariño! ¿Podrías traerme la llave? La dejé en la mesita donde me recargué, amor - me pidió mi tía, haciendo que regresara sobre mis pasos, encontrando la tarjeta justo donde me dijo que la dejó, regresando luego con algo de prisa hacia la habitación, sin pensar en nada que no fuera lo que le haría durante aquella tarde, hasta que una puerta se abrió unos metros más delante de mí y por ella salió una mujer a quien yo conocía, quien iba vestida con una gabardina larga, la misma que recibió un sobre de esos donde la gente suele meter billetes, antes de que besara al tipo que se lo dio y luego caminara hacia mí, sin darse cuenta de que estaba ahí por algunos segundos, hasta que levantó la mirada y lejos de lo que yo supuse que haría, me sonrió, colocando un dedo en sus labios para indicarme que no debía hablarle, sin que yo pudiera quitar mis ojos de su rostro hasta que pasó a un lado de mí y se perdió de mi vista, momento en el que reanudé mi camino mientras mi verga se ponía tan dura como una roca.
- Es preciosa ¿Cierto? Podrías tenerla por 5 mil las dos horas, y te aseguro que esa zorra vale cada centavo - comentó el tipo que le pagó cuando pasé a su lado, seguramente habiendo notado la sorprendida expresión que compuse en mi rostro, sin que yo le hiciera caso, sin que pudiera reaccionar hasta que llegué con mi tía y me le pegué por detrás mientras metía la tarjeta en la ranura para ingresar a la habitación.
- ¡Ahhh! ¡Guau! ¡Dime que fui yo quien te puso así! - respondió Trina ante la forma como mi verga se hundió entre sus nalgas.
- Lo siento, pero no fue por ti - le comenté mientras entrábamos en la habitación, teniendo mis manos aferradas a sus senos, sintiendo cómo ella movía el culo para hacer que mi miembro se apretara con más fuerza contra su cuerpo - acabo de enterarme de que mi madre es una puta - susurré cerca de su oído, haciendo que la mujer diera media vuelta y tratara de detener lo que estaba ocurriendo.
- Omar, todo tiene una… ¡Ahhh! - gritó cuando la empujé hacia atrás, haciendo que cayera sobre la cama.
- No quiero que me digas nada hasta que termine de cogerte - le ordené, viendo cómo volvía a aparecer ese brillo de lujuria y morbo que noté en sus ojos cuando me la cogí en su casa, contemplando la manera como abrió las piernas para mí, conservando aquella expresión expectante en su rostro.
- Entonces ven aquí cariño, veamos qué puedes hacer con el cuerpo de mami.