Siempre Tuya Valentina
January 8

Locura de una noche de verano

Es en estos meses cuando la gente más descontrola. Será por el calor, será porque vamos todos más ligeritos de ropa, será porque desde el mes de abril (o después de Semana Santa) la gente comienza con la operación bikini y lucimos “palmito” o simplemente, porque después de todo el año trabajando, sumidos en rutinas, nuestros cuerpos se rebelan y dan rienda suelta a los deseos pecaminosos que en nuestro día a día y en nuestra zona de confort, no se nos ocurriría hacer.

Ayer noche, quedé con una amiga de toda la vida, venían unos amigos suyos y nos íbamos a tomar unas copas.

Por la tarde me apetecía salir a mover el esqueleto, pero según se iba acercando el momento de cenar y arreglarme, la pereza se iba apoderando de mí. Pero… Tengo que salir, y como tal, me obligué a cenar y arreglarme.

Me duché, me bañé en crema, le di rizos a mi pelo cual leona (me veo mucho más sexy así) y me fui a echar un vistazo al armario. No tenía muy claro qué ponerme, los pantalones finos y una camiseta fresquita eran mi primera opción. Pero con este calor, cuanta menos ropa mejor.

Elegí un vestido negro de tirantes y un escote bastante generoso. Me tomé mi tiempo para pintarme. Es uno de los propósitos que me hice a primeros de año. Colores tierra, pero irisados. La raya bien marcada a ras de pestañas, rímel generoso y mezcla de colorete cremoso con terminación en polvo rosado. De base labial probé a echarme el mismo colorete en crema y encima un gloss rojo precioso que me había estado reservando para alguna ocasión “especial”. Más que especial, diría que la vestimenta lo pidiera.

Cuando me terminé de arreglar, me miré en el espejo de cuerpo entero, estaba explosiva, realmente me veía atractiva, sexy. En el último año pocas veces me había encontrado así. Pero hoy, era uno de esos días.

Cogí el bolso y me encaminé al bar donde me esperaba Chris con los chicos de su banda.

Estaban en la barra del bar tomando unas cervezas. Me presentó, nos dimos los dos besos de rigor, y desde ese mismo momento, fue como si nos conociéramos de toda la vida. Eran unos tíos realmente cercanos, yo iba algo nerviosa por no encajar.

La verdad, llamábamos bastante la atención. Chris y sus amigos son heavies, y sus vestimentas son las “típicas”. Y yo, no me identifico con ninguna “tribu”, pero por mi edad o por el ambiente en el que me muevo, visto como la “norma”. Y hoy mi “norma” era provocadora.

Cuando se terminaron la ronda que tenían a medias, cogimos el coche y nos bajamos al pueblo de referencia de la zona. Habíamos descubierto una terraza tipo “chill” la semana anterior, y para tomar la primera y hablar un rato era ideal.

Los chicos al final también pidieron algo de cenar, y nosotras nos dimos a la bebida dura directamente, dos refrescos. Jajaja

Fue el inicio de una noche llena de sorpresas, de gente nueva, de antiguas amistades y de actos nada castos.

A las dos de la mañana decidimos irnos a un bar donde, además de tener terraza, tenía un buen espacio donde poder bailar.

Al llegar, nos encontramos con una despedida de soltera. No eran muchas chicas, serían unas diez, pero se lo estaban pasando genial.

Es en estos casos cuando todo fluye y, aunque no nos integramos plenamente en la despedida, sí estuvimos interactuando bastante con ellas. Principalmente nuestros chicos.

Era increíble ver cómo dos “heviorros” meneaban sus caderas bailando salsa, bachata o reggaetón.

Cambios de pareja, idas y venidas, cogidos a las chicas de la despedida, a Chris o incluso a mí. La noche fluía y fluía llena de risas, bailes, copas y alcohol.

El bar se iba llenando poco a poco, pero sin agobios. Llegaron unos amigos del camarero, nos presentamos, y nuevamente nos integramos con ellos.

Nuestro grupo cada vez era más grande, aunque se notaban claramente las diferencias. El último grupo en unirse, eran 4 personas. Tres hombres y una mujer.

¡Cómo se notaba que llevaban la salsa en las venas! ¡Qué forma de bailar! Ella bailaba cuál profesional con uno de los chicos, el mediano en altura. Ataviado con pantalón corto crudo, y camisa de manga larga remangada al codo, guiaba a la chica de manera hipnótica.

Otro de los chicos, el más alto, se movía de manera tranquila, pausada, pero llevando el ritmo. Este se mantuvo distante del resto, pero sin llegar a separarse. Y el más bajito de los tres, se acopló en la barra observando al resto del personal.

Poco a poco, y gracias al camarero que conocía Chris, fuimos cogiendo confianza con los nuevos miembros. O al menos con tres de ellos.

Sol, que así se llamaba la chica, sacó a bailar a Pedro. Jamás me imaginé a un heavy mover así las caderas. Mientras que Vic bailaba y hablaba a la vez con Chris.

En aquella “soledad” y al ritmo de una de las canciones del verano, mi mirada se cruzó con la de Mario, y con una sonrisa de las de anuncio “Profiden” se acercó hasta a mí, tendiendo su mano.

Mario tenía algo, era un chico del montón, pero algo en él me llamaba la atención. Para empezar, y raro en mí, me había fijado siendo más bajito que yo. No mucho, pero a mí me gustan altos y fuertes. Sin embargo, Mario era unos centímetros más bajito que yo, y de constitución normal.

Tomé su mano, me atrajo hacia él con soltura y decisión. Pegados y cogidos, comenzamos a bailar.

He de reconocer, que me encontraba fuera de lugar. Nunca había sido capaz de dejarme llevar por un hombre, pero ahí estaba Mario, con la palma de su mano bien abierta en mitad de mi espalda, guiándome como un lazarillo guía a su dueño.

Cada vez me sentía más confiada, nunca pensé que sería capaz de bailar así. Pero Mario lo hacía super fácil.

Su mano recorría la parte baja de mi espalda, ordenando y guiando a mis caderas el camino y el ritmo a seguir. Nuestras piernas se intercalaban, nuestras caras pegadas, y su mano…

Sentir su mano, amplia, recorriendo mi espalda. Arriba, en medio y abajo. Presionando ligeramente para indicar el lugar exacto hacia el que quería que fuera…. Me dejaba llevar… El baile, la letra de la música y su aroma me embaucaba.

El resto iba cambiando de pareja, pidiendo más copas e incluso, pidiendo el relevo a Mario. Pero nosotros estábamos absortos, solos en aquel local.

Noté como la mano de Mario abandonaba mi espalda para sutilmente llegar al principio de mis nalgas.

La delicadeza del vestido me dejaba sentir fácilmente cualquier caricia por leve que fuera. Tímidamente, casi de una manera imperceptible, su mano recorrió lo más alto de mi nalga derecha. Suave, de una manera tierna. Quizás esperando mi reacción para avanzar o retroceder.

En medio de aquella situación embriagadora, solo deseaba sentir y sentir más. Así que apreté mi mano en su hombro y acerqué mi cara más a la suya. La música latina es muy cercana, y yo la estaba disfrutando como nunca.

Su mano recorrió mi nalga, de arriba abajo, suavemente, en círculos. Movió su cara quedándonos a escasos milímetros nuestros labios. Estábamos en una burbuja, lo reconozco. Pero no quería salir de esa burbuja.

La magia fue interrumpida por un cambio de música, nos soltamos quedándonos cerca, sin perdernos de vista. Pasaron varias canciones, bailábamos casi pegados, y no sé si intencionadamente o sin querer, nos “chocabámos” o nos tocábamos.

-          Chris, voy al servicio.

-          Vale, aquí estaremos. Jejeje – dijo Chris con mirada pícara.

Por supuesto, cuando empecé mi andadura me rocé con Mario, intentando llamar su atención. Yendo al servicio, pasabas por el almacén, la puerta estaba entreabierta, y allí estaba el camarero cogiendo una caja de refrescos. Alzó la vista y me saludó.

Había un par de chicas para entrar, así que tardé un poco en salir.

Cuál fue mi sorpresa que al abrir la puerta ahí estaba Mario.

-          Pensaba que habías desaparecido.

Y sin más, me agarró de la cintura, me atrajo hacia él (como en las películas) y me besó.

Tenía unos labios carnosos, suaves, y besaban realmente bien. Aunque me pilló desprevenida, era algo que estaba deseando desde que vi que me podía llevar en el baile. Un hombre decidido, seguro de sí mismo, sabiendo lo que quiere.

Entre besos, sin apenas respirar, fuimos llegando a la zona principal del pub donde estaban todos. Pero no sé cómo y ni de qué manera, cuando me quise dar cuenta estábamos en el almacén.

Mario cerró la puerta, nos apoyamos en unas cajas de refrescos y nos dejamos llevar.

Nuestros besos cada vez eran más intensos, cada vez más rudos si cabe. Sus manos acariciaban mi cuerpo, empezando por mis tetas, sin olvidarse del cuello, la clavícula y por su puesto mi culo.

Me levantó el vestido, dejando al aire mi pierna derecha, acariciando mi pierna hasta llegar a la nalga. Sin parar de besarnos. Mis manos acariciaban su espalda, bajando hasta su culo.

Me agarró bien el culo, yo hice lo mismo, me mordió el cuello, y me llevó a sentarme encima de un barril de cerveza. Me abrió las piernas, se puso de rodillas, echando a un lado el hilo del tanga. Besando, lamiendo mis labios inferiores.

¡Dios, qué lengua! Este hombre sabía lo que se hacía. Me lo lamió todo, todo, todo.

Sacó mis pechos del vestido, mientras sus manos los agarraban, manoseaban, y jugaban con los pezones.

Mis manos apretaban su cabeza contra mi coño. Mi pierna derecha elevada sobre su hombro. Mis caderas se movían solas.

Noté cómo metía sus dedos dentro de mí. Siguiendo el ritmo de su lengua y de mis caderas. Mis dedos se enredaban en su pelo. De mis labios surgían más y más gemidos. Y de mis otros labios, más y más humedad.

Mario no cesaba en su labor, no sé cómo, me incorporé, apoyando la pierna izquierda en el suelo, la derecha en el barril, y mis manos en su cabeza. Comencé a “follarle” la cara con mis caderas.

Los dedos acompañaban mis caderas. Mario era un experto bailarín, y sus dedos y lengua también lo eran.

La música sonaba de fondo, lo cual me permitía explayarme en mis gemidos. Porque sí, soy de las que expresan a “viva voz” o a “voz en grito” lo que sienten.

-          ¡Sí, sí, sí! Sigue, sigue, sigue…

Notaba como mi flujo comenzaba a chorrear por la pierna. Notaba las pequeñas contracciones de mi útero. Notaba sus dedos hurgando en mi interior. Notaba sus ansias devorando mi coño mojado y palpitante.

Me sentía PODEROSA.

-          Sigue, no pares. Sigue, sigue, sigue… ¡Ahhhhhhhh!

De lo más profundo de mi interior salió un grito, un gemido o una mezcla de ambos. Llenando mi cuerpo de la necesidad imperiosa de ser follada por él.

-          ¡Fóllame!

Mi voz sonó autoritaria y, aún así, Mario se incorporó, se desabrochó los pantalones, sacó su polla y un condón, y se lo puso.

-          Si quieres que te folle lo haré, pero ahora mando yo.

Me cogió del pelo, atrayéndome hacía él, sentí su mano en mi garganta, y sus labios devorando los míos. Me giró, azotó mis nalgas y poniéndome con el culo en pompa, me llenó de él.

Su polla entró sola, mi coño la absorbió, y con gran maestría, sus caderas comenzaron a golpear mi culo. Plas, plas, plas… Rítmicamente invadía mi interior. Mis caderas se unieron a su baile. Mis tetas rebotaban, se movían al compás de sus embestidas.

-          ¡Quieta! No te muevas.

Paré mis movimientos, me agarró de las caderas y empezó a follarme rápido y duro.

Plas, plas, plas… movimientos cortos, profundos y secos… De su boca comenzaron a salir jadeos, de mis labios gemidos, y de los inferiores más flujo chorreando cada vez que sacaba su polla.

-          ¡Quieta! O paro.

Inmóvil, sujetándome de las caderas, me agarró del hombro, dio su última embestida. Acarició mi espalda hasta llegar al culo, sacó su polla de interior, se agachó y limpió todo el flujo que emanaba cual fuente de mi interior.

-          Mmmm, sigue…

-          Te voy a limpiar, y debemos volver, estarán preguntándose dónde nos hemos metido. Ji ji ji

Terminó de limpiarme, nos vestimos y dulcemente beso mis labios.

Volvimos con los demás sin dejar de mirarnos, bailar juntos y buscarnos.

Pero… No pasó nada más y, esa fue “mi locura de una noche de verano”

Fdo: Siempre Tuya Valentina.