
Es en estos meses cuando la gente más descontrola. Será por el calor, será porque vamos todos más ligeritos de ropa, será porque desde el mes de abril (o después de Semana Santa) la gente comienza con la operación bikini y lucimos “palmito” o simplemente, porque después de todo el año trabajando, sumidos en rutinas, nuestros cuerpos se rebelan y dan rienda suelta a los deseos pecaminosos que en nuestro día a día y en nuestra zona de confort, no se nos ocurriría hacer.

Llegué a la habitación intrigada por ese extraño que, tan amablemente me había dado la parte de arriba de mi bikini.

A quién no le ha pasado estar caliente y cuando por fin tienes la oportunidad de desquitarte… ¡Va, y todo se va al traste!

Abrazados, Ares se vació en mi interior al igual que yo lo había hecho. Allí tumbados en la cama, con él aún dentro de mí, acurrucada en sus brazos, me sentía la mujer más feliz de la tierra, la más afortunada. Me sentía plena, protegida y amada.

Tiró del collar para frenarme, y me azotó en la cacha derecha, un gemido de placer salió de mis labios. Puso sus piernas alrededor mío, y me restregué por sus piernas. Continué contoneándome hasta la habitación.

Apoyado, Xena le quitó el polo mientras le besaba los labios, su forma de hacerlo era entre brusca, quizás por la excitación que tenía, y suave por la ternura que le desprendía la juventud de Kiko.

Mañana es San Valentín, nunca he sido de celebrar esta fiesta, pero este año es especial. Este año, es el primer año que tengo pareja seria para esta fecha, y aunque hemos dicho de no regalarnos nada, me hace ilusión darle alguna pequeña sorpresa.

Soy frisa de Ares, sumisa brat en propiedad del Sr. Ares, en otra ocasión os contaré nuestros inicios. Hoy me gustaría contaros nuestro último encuentro, porque fue una ocasión realmente especial, una historia que no a todos gustará, que pocos entenderán y menos aún compartirán.

Llega otra vez el verano, y es mi segundo año de “soltera”, pero esta vez me voy sola, tengo que aprender a disfrutar de mi elegida soledad.