Siempre Tuya Valentina
June 12, 2025

¡Sorpresas te da la vida!

A quién no le ha pasado estar caliente y cuando por fin tienes la oportunidad de desquitarte… ¡Va, y todo se va al traste!

Pues sí, así de cruel o injusta es la vida.

Hace una semana iba a quedar con mi “amante” bueno, realmente la amante soy yo porque el que está casado es él. Pero… por problemas que no vienen a cuento, tuvimos que posponer la cita para esta semana.

Como es lo habitual, estuvimos calentando motores toda la semana. Es un juego al que nos encanta jugar, para llegar el día de la cita con muchas más ganas. Y esta vez, no fue diferente.

Llegado el viernes, quedamos a la salida de nuestros trabajos respectivos, en la puerta del hotel.

Un hotel normalito, de esos “por horas”. Esos que te dan un lugar discreto y asequible para poder dar rienda suelta a la lujuria de parejas como nosotros. Vamos, lo que normalmente se denomina, un “picadero”. Llevamos frecuentando este hotel más de un año y jamás habíamos tenido ninguna clase de problemas. Pero el destino nos tenía reservada una sorpresa poco agradable.

-          ¡Qué guapa! - me dijo mientras me devoraba la boca entre sus brazos.

Llevaba un vestido largo y fino, puesto que ya empezaba a apretar el calor, de manga francesa, cuello en V y de colores primaverales.

Mis labios correspondieron a los suyos, mientras mis manos apretaban ese culito que tanto me gusta.

Estos primeros besos, estas primeras tomas de contacto, esas primeras caricias y arrumacos en medio de la calle… Hace que nuestro fuego se vaya avivando, cual atizador de chimenea en las tardes frías de invierno.

Sus manos se deslizaron a mi culo, intentando averiguar qué clase de braguita llevaba. Pero por más que pasaba la mano, no fue capaz de atinar con ninguna costura.

-          Busca, busca… Que no creo que la encuentres. Jajaja

-          ¡Cabrona! con lo que me pone eso.

Llegamos a la recepción cogidos de la mano, hablando y riendo entre besos, y algún azote que me llevé.

-          Buenas tardes, quisiéramos una habitación para un par de horas.

-          Buenas tardes, déjenme que mire.

El recepcionista miraba y miraba un listado que tenía encima de la mesa. Cogió el teléfono y marcó.

Desde nuestra posición no se oía nada, pero suponíamos que había algún problema, ya que nunca tardan tanto.

-          Disculpen, siento decirles que no tenemos ninguna habitación disponible. Si quieren esperar en el bar mientras localizo a la gobernanta…

Nos miramos, dimos las gracias y nos fuimos.

Jamás nos había pasado, fue un golpe duro, la semana pasada aplazamiento y ésta, también.

No todo es sexo, lo sé, pero mi cuerpo pedía carne a gritos. Pedía guerra. Estaba como se suele decir “on fire”.

-          Lo importante es pasar un rato juntos. Vamos a tomar un café y ya veremos qué hacemos.

Cogimos su coche y nos fuimos en busca de un lugar tranquilo para tomar café.

Encontramos una cafetería, con mesas en un patio inmenso y unas vistas impresionantes. Durante el trayecto ya me había fijado. Un pinar bien cuidado, Tenía parques infantiles, barbacoas, y muchos senderos por los que poder caminar, pero el calor apretaba y decidimos ir dentro.

Cobijados en el interior, disfrutamos de un buen café yo y él de una cerveza fresquita.

Estuvimos hablando entre carantoñas, algunas más subidas de tono que otras, pero el morbo nos puede. Y el sexo en espacios públicos, o al menos los magreos… Es algo a lo que él no se puede resistir, y a mí me encanta provocarle.

-          Tengo muchas ganas de ti, pero si me voy pronto, puedo poner otra excusa la semana que viene y volver a vernos.

-          Me parece bien, pero mira cómo estoy.

Disimuladamente, metí su mano por entre mis piernas hasta llegar a mi sexo empapado.

-          Dime, ¿Qué hago con todo esto? ¿Lo vas a desperdiciar?

Se levantó y fue derecho a pagar. Volvió hasta donde estaba sentada, me agarró de la mandíbula y me dijo:

-          Vamos, que vas a ver lo que hago con todo eso.

Mi cuerpo se estremeció. Salimos rápido camino del coche.

-          Espera, tengo que volver al servicio.

Cuando regresé me estaba esperando con algo en las manos.

-          Mira lo que he encontrado. Es una manta… - y con una sonrisa me agarró de la mano y empezamos nuestra particular caminata por el pinar.

Anduvimos jugando mientras caminábamos por el sendero colina arriba. Después de unos minutos, miramos hacia atrás y ya no se veía el coche.

Buscamos una sombra debajo de un pino, como la canción de María del Monte, estiró la manta y analizando la posición, se arrodilló comenzando a dar rienda suelta a su instinto.

Levantó el vestido y se metió por debajo. Fueron apenas unos minutos los que estuvo ahí arrodillado. Su lengua acariciaba todo mi ser, y sus dedos hacían de las suyas dentro mía.

Se retiró y se tumbó, desabrochó su pantalón, los bajó por debajo del culo y dijo:

-          Ven aquí pequeña.

Me arremangué el vestido y me senté encima, empalándome literalmente en su durísima polla.

Entró de lleno, mi coño estaba deseoso, todas sus incursiones son únicas. Mi coño es el molde perfecto de su polla, la abraza y la absorbe como con ninguna otra.

En medio del pinar, subía y bajaba mirándole fijamente a los ojos. La situación, el calor y el calentón acumulado de la semana, hacía que le cabalgara cada vez más rápido. Como si de una carrera de velocidad se tratara. Quería llegar a mi meta, a ese orgasmo, ver cómo se mordía el labio con desesperación, cómo gesticulaba de esa manera que sólo hace cuando está a punto de estallar, sentir cómo me llenaba de él.

Introdujo sus dedos por debajo del vestido para llegar a mi clítoris, empezando a estimularlo con círculos bien marcados al principio, para dar paso a rápidas caricias mientras yo aceleraba más y más.

Cual amazona en medio de la naturaleza cabalgando un pura sangre, con mi melena rubia suelta al viento, subía y bajaba en términos ecuestres “andando”, luego al “trote” y al ritmo que marcaban sus dedos al “galope”.

Apoyada en su pecho la cabalgada era rápida, mis gemidos eran más que audibles en el silencio del pinar, sus labios estaban ya en esa posición de explosión, cuando en el último sprint, giré la cabeza y cuál fue mi sorpresa, por la vereda por la que hacía unos minutos nosotros buscábamos nuestro sitio, un corredor se acercaba sin levantar la cabeza del suelo.

Justo cuando los dos estallamos, fundiéndonos en un único orgasmo, el corredor pasaba a nuestro lado, acelerando el ritmo, mientras que nosotros por el contrario lo íbamos bajando hasta caer completamente rendida encima de su pecho.

-          ¡Joder! ¿Cuánto habrá visto?

-          Jajaja prefiero no saberlo, porque vernos, nos ha visto fijo.

-          ¿Te imaginas que ha estado parado ahí abajo viéndonos?

Sólo de pensarlo nos encendía a los dos, y comenzamos una nueva tanda de besos apasionados, mientras su pubis se iba mojando poco a poco con la mezcla de nuestro placer.

-          Sé que esto es sólo un pequeño aperitivo, pero debería irme, y así la semana que viene me escapo de nuevo.

-          Tienes razón, pero ya sabes… Quiero más, siempre quiero más…

Muy a mi pesar, pero sabiendo que en una semana volveríamos a estar juntos, saqué de mi bolso unas toallitas íntimas para limpiarnos y volvimos al coche.

Me acercó a donde estaba el mío aparcado, y nos despedimos con uno de esos besos que te dejan con ganas de más.

-          Puff… no sé si aguantaré hasta la noche que se duerman mis hijos. Tengo muchas ganas de más. Necesito más…

Con una sonrisa de “cabrón” me dio una palmadita en el culo y me dijo:

-          Ya verás como aguantas, lo malo seré yo jajaja

-          Avísame cuando llegues, y ten cuidado en la carretera.

Camino a casa, no podía dejar de pensar en el corredor observándonos mientras follábamos en medio del pinar. No podía dejar de pensar en cómo me había devorado el coño allí en medio de la nada, cómo le cabalgué hasta corrernos juntos, y casi al unísono del corredor (jajaja). Iba completamente encendida conduciendo.

Mi coño palpitaba, pero esta vez no era de placer, era como si por medio de código morse me estuviera diciendo “para aquí mismo y dame placer”.

Llegué al garaje “más salida que el pico de una mesa” aparqué y, justo cuando iba a cerrar el coche y subir a casa, decidí cobijarme en la parte de atrás del coche, aprovechando la semioscuridad de mi plaza de garaje.

Semi recostada, comencé a acariciarme, recordando lo acontecido, rememorando su lengua por mi sexo. Recordé que en mi bolso llevaba el Satisfyer, mi fiel amigo, lo cogí y lo encendí.

Primera, segunda y hasta la tercera velocidad, ahí lo mantuve dándome justo en el clítoris. He de reconocer que soy un poco cabrona, cogí el móvil y le mandé un audio con el sonido inconfundible del Satisfyer, de mis gemidos y de.. Bueno, os podéis imaginar las obscenidades que de esa boquita salieron.

Una de las puertas del garaje sonó, bajaban vecinos, me agaché más e intenté ver qué módulos de luces se encendían mientras ahogaba mis gemidos, ya que no apagué a mi amigo.

Se encendieron las luminarias de tres coches más allá del mío. ¡Qué morbo! por favor, qué guarra me sentía. Mi excitación aumentaba y quise hacerle partícipe. Cogí el móvil y grabé para él. Todo mi sexo expuesto con todo su brillo, mi cara de vicio, las luces del garaje encendidas… Intentando controlar los gemidos, soy de las que gime, pero bien, llegando al primero de los orgasmos.

Sabía que hasta que no subiera a casa, no recibiría los mensajes, pero quería tenerlo malo y cachondo por el resto del día.

Así que repetí la operación una vez más. Mi amigo me daba el placer que se le había negado a mi amante. El coche pasó por delante de mi coche mientras yo gozaba en la parte de atrás. Un par de audios más tarde, el segundo orgasmo invadía mi coche. Entre jadeos acaricié mi empapado coño, sacándole una nueva foto, en el pie del mensaje escribí: “Mira qué delicia te estás perdiendo”

El coche olía a sexo, yo estaba fatigada después de los dos orgasmos, me recompuse, guardé a mi amigo en su funda y en el bolso y, cerciorándome de que no hubiera nadie cerca, salí del coche.

Me coloqué el vestido y el pelo un poco mientras se ventilaba el coche. Cogí el bolso, la bolsa del trabajo y me subí.

Al entrar en casa fui directa al servicio, después de lavarme un poco, saludé a mis hijos y el móvil sonó:

-          ¿No me digas que lo has hecho en el garaje? ¡Serás cabrona! Estoy deseando quedarme a solas para poder verte y escucharte.

-          Jijiji te lo has perdido. Ahora estarás pensando en mí toda la puta tarde.

Fdo: Siempre Tuya Valentina.