La marca de frisa
Soy frisa de Ares, sumisa brat en propiedad del Sr. Ares, en otra ocasión os contaré nuestros inicios. Hoy me gustaría contaros nuestro último encuentro, porque fue una ocasión realmente especial, una historia que no a todos gustará, que pocos entenderán y menos aún compartirán.
Como suele ser habitual, tengo mis indicaciones para el día del encuentro. Ese encuentro tan deseado y esperado con Mi Amo.
Esta vez Mi Amo quería una mezcla explosiva de sus fetiches: su zorrita y a su criada. Aunque esos no fueron sus deseos exactamente los días anteriores, pero como buena sumisa, recordé que hacía un tiempo dijo que le encantaría verme así. Así que aproveché que tendríamos tiempo para darle lo que más deseaba en ese momento.
Estos fetiches son bastante habituales en este mundo, al igual que las estudiantes, enfermeras, perras, lobas o gatitas.
Me levanté temprano, ya que él vendría pronto. Me duché, preparé minuciosamente los juguetes en la mesa del salón, bien ordenados, revisé que no faltara ninguno. ¡Mierda! Salí corriendo por el pasillo a la habitación a por el nuevo juguete que había comprado. No había sido capaz de mantenerlo en secreto, porque era una fantasía que tenía Mi Amo, pero no lo había probado nunca. Después de estar completamente segura de que estaban todos, me dispuse a arreglarme.
Estaba especialmente sensible, me tenía que bajar la regla, y en estas circunstancias las mujeres estamos mucho más sensibles de lo habitual y, por qué no decirlo, también mucho más receptivas y cachondas (por norma general). En mi caso, a Mi Amo le encantaban estos días porque si de normal lo daba todo, en estos días era como una caja de TNT en una vía llena de baches.
Primero hidraté bien los pechos, para evitar dolores innecesarios, los brazos y las nalgas. Y después el resto del cuerpo. Usé esta vez una crema de aroma de vainilla, que se mezclaría perfectamente en el ambiente si llegara en algún momento a encender la vela que había puesto en el salón.
Después me maquillé como si fuera a salir, bien marcados los ojos, sombras grises, eyeliner negro, un par de manos de rímel para que las pestañas quedaran bien frondosas, colorete y un especial cuidado en los labios. A Mi Amo le pierden los labios rojos pasión, así que eché corrector, polvos, los perfilé y por último un rojo mate Ferrari, por no decir otro calificativo. Aunque en esta ocasión bien se entiende, un “rojo puta”. Sí, porque cuando frisa está a los pies de Ares, ella es su zorrita, su puta, su pequeña, su mocosa… Ella es todo lo que él desea.
Estaba nerviosa, siempre estoy nerviosa antes de verle. Desodorante, colonia y me fui a la habitación.
Saqué las medias nuevas, y con sumo cuidado me las puse. Medias de rejilla hasta medio muslo con liguero incluido. Esta vez no pondría ni braguita ni tanga, ya entendéis por qué y si no, más adelante lo haréis. Saqué el delantal y me lo puse. Delantal como el de las chachas de las casas finas, pero porno. De encaje transparente blanco. La cofia tampoco sería necesaria, aunque me la probé, pero no quedaba muy bien. Me puse el collar y encima el corbatín de sirvienta.
Me miré en el espejo del baño, estaba increíble. Mmmm ¡Qué sexy! Joder… Me di la vuelta para verme por detrás y… ¡Qué sensación! Verme con las medias, el pelo suelto liso cayendo por la espalda y mis nalgas completamente desnudas… Ufff no sé si cuando llegue Mi Amo si no me correré sólo de verlo. Estaba muy excitada, y eso que aún faltaba por arreglarme.
Peiné mi largo pelo rubio, y coloqué mis orejitas. Unas dulces y tiernas orejitas de zorrita. Saqué unos mechones a los lados de la cara. ¡Fantástica! Ya solo quedaba el detalle final, pero debía esperar a que él estuviera llegando.
- Dame un minuto, me falta rematar. Te aviso para que subas.
Unos minutos más tarde el telefonillo sonó, abrí y… Comenzó todo.
Mi respiración se empezó a agitar, el corazón se me aceleraba por segundos y mi coño… Mi coño rezumaba desde que me había levantado.
Abrí la puerta de la casa, la dejé entornada y me puse en posición de espera en el dintel de la puerta del salón con el recibidor.
Arrodillada, piernas entreabiertas, las manos entrelazadas a la nuca y una gran sonrisa nerviosa esperaba impaciente a que Ares apareciese por la puerta.
Ver su expresión al verme allí, normalmente le espero en el salón, pero un día dijo que se le hacía eterno el camino de la puerta al salón, así que decidí ahorrarle camino. Ver su cara al verme las orejitas. Dejó en el suelo su mochila, se quitó el abrigo, se acercó, acarició mi cara y sus labios se fundieron con los míos. Sentí el fuego que llevaba en su interior, quería hacerme suya en aquél mismo instante.
Se incorporó y me rodeó. No le vi la expresión en ese momento, pero cuando volvió delante de mí y dijo: “Zorrita” … Con ese tono… Supe que el verme no solo con las orejitas si no también con la colita de zorrita le había encantado.
Hizo la prueba del algodón, siempre lo hace, así sabe en qué punto estoy, deslizó sus manos entre mis piernas y corroboró lo que por mi respiración agitada se desvelaba. Estaba empapada.
Restregó su paquete por mi cara, provocándome:
- ¿La deseas verdad zorrita? Pórtate bien y la tendrás.
Me ayudó a levantarme y me besó. Un beso de esos profundos, con sus manos puestas en mi cara, un beso de esos que se dan arriba y se sienten abajo.
Fuimos hasta el sofá y se sentó, echó al suelo un cojín que ya tenía preparado.
- Ven aquí a mi lado. – Y con un gesto indicó el cojín y su regazo.
Me arrodillé y apoyé mi cabeza en su regazo. Tiernamente pasaba su mano por mi cabeza y por mi espalda. No le veía, pero sabía que estaba analizando minuciosamente lo que había encima de la mesa preparado.
Hacía unos meses había comprado unas cinchas para la cama con agarres para manos y pies, y aún no habíamos tenido oportunidad de probarlas.
- Tu Amo quiere un café, pequeña.
Me levanté, y recordé la primera vez que me lo pidió, asomándose una sonrisilla por la comisura de mis labios.
Preparé el café y se lo serví en la mesita del salón. Sin palabras me indicó que me pusiera a su lado, a sus pies.
Arrodillada a sus pies con la cabeza en su regazo, Ares tomaba tranquilamente su café y desembalaba el juguetito nuevo que teníamos.
Era un masajeador, como el Hitachi, pero más pequeño y de marca blanca. Los dos veíamos cómo disfrutaban en los vídeos y me decidí a comprarlo. Quería comprobar en mis propias carnes si realmente su apodo, “torturador de clítoris”, le hacía mérito o solo era exagerado.
Cuando Ares terminó de indagar con el nuevo juguete, me retiró y se desnudó. Se volvió a sentar, y cogiéndome delicadamente del cuello, me apoyó nuevamente en su regazo, dejando mi cara pegada a su polla. Sabe cómo hacerme de rabiar, cómo hacer que mi deseo crezca y mis ganas de servirle.
Sé que sin permiso no puedo hacer nada, pero… Nadie dijo que no me pudiera restregar un poco. Así que, muy despacio, acaricié mi cara con su polla, y de vez en cuando sacaba mi lengua y suavemente lamía un poquito. No puedo abusar de esos gestos, si no sería castigada, y la verdad, no me apetecía mucho ser castigada. Me había propuesto ser buena y obediente.
- Sé que la deseas, y yo deseo estar dentro tuya pequeña.
Agarró su polla y me la pasó por los labios como si me los pintara. Entreabrí la boca, la deseaba dentro, me encanta su sabor, su textura, su color sonrosado y su dulce preseminal. Introdujo su glande en mi boca e inmediatamente mi lengua lo recorrió con devoción. Introdujo un poco más, dándome pie a poder saborearla.
Me encantan sus venas marcadas, y esa curva… Uff es suave y siempre está dispuesta para su pequeña zorrita.
Apenas me dejó unos minutos de ella cuando se levantó, me puso la correa y me llevó hasta la ventana. Me puso de rodillas mirando hacia la calle, de repente sentí las ventosas en mis pezones. La primera toma de contacto con ellos es algo dolorosa, pero merece la pena el después. Oí sus pisadas a lo lejos por el pasillo.
Le oía por la habitación, supuse que estaría colocando las cinchas. Me excitaba saber que quedaría a su merced sin opción a escaparme, ni soltarme. Mientras, miraba por la ventana y, aunque la cortina estaba cerrada, me excitaba saber que quizás algún vecino podría estar viendo mi silueta a través de esta, ya que no era demasiada opaca.
A los pocos minutos le oí por el pasillo, me volví a estremecer y mi respiración se volvió a agitar. No saber lo que me tiene preparado, poder entregarme plenamente a él me volvía loca de lujuria. Agarró la correa, se agachó y me besó, no sin antes, abrir la cortina para que se me pudiera ver desde la calle. Apenas fueron unos segundos, los suficientes para que en mi interior saltaran las alarmas morales pero que eran acalladas por el morbo y la desinhibición.
Fue un empujón a mis deseos, me giró y quedé frente a ella nuevamente. Mis ojos gritaban por ella, y Ares lo sabía. Me leía a la perfección, así que empezó a andar marcha atrás, cual zorrita buena, comencé a gatear persiguiendo mi premio. Pero estaba juguetón y no me lo dio, me dejó pasar delante y me ordenó ir a la habitación.
Claro, que aquí todos jugamos con las armas con las que disponemos, y si hay algo que una brat sabe hacer es “tocar los cojones”, así que muy digna pero ciega por las ganas de jugar, me coloqué delante y empecé a gatear moviendo bien mis caderas, haciendo que la colita bailara al ritmo de ellas y con cara de pícara miré hacia atrás.
- No hay mejores vistas zorrita, sabes cómo encenderme.
Tiró del collar para frenarme, y me azotó en la cacha derecha, un gemido de placer salió de mis labios. Puso sus piernas alrededor mío, y me restregué por sus piernas. Continué contoneándome hasta la habitación.
Los amarres estaban preparados, me posicionó en la cama y me ató, completamente expuesta para él, me puso un antifaz asegurándose de que no viera nada. Recolocó las ventosas en mis pezones y oí como abandonaba la habitación.