Siempre Tuya Valentina
March 20, 2025

La marca de frisa 2

Tiró del collar para frenarme, y me azotó en la cacha derecha, un gemido de placer salió de mis labios. Puso sus piernas alrededor mío, y me restregué por sus piernas. Continué contoneándome hasta la habitación.

Los amarres estaban preparados, me posicionó en la cama y me ató, completamente expuesta para él, me puso un antifaz asegurándose de que no viera nada. Recolocó las ventosas en mis pezones y oí como abandonaba la habitación.

Agudicé mis sentidos para intentar averiguar lo que sucedía cuando noté cómo me ponía una especie de cinturón o algo al muslo derecho. Oí vibrar algo y sentí cómo lo acercaba despacio por entre mis piernas.

La primera toma de contacto fue… No sé cómo explicarlo con palabras, el “torturador de clítoris” estaba conociendo a una nueva víctima, comenzó a jugar con las intensidades y mi cuerpo iba reaccionando a cada una de ellas. Mis labios mordidos, los puños cerrados e incluso dentro de mis posibilidades, mi espalda se arqueaba o mis piernas se movían.

Dejó fijo ese pequeño torturador en el cinturón que había atado a mi pierna. Estuvo probando posiciones hasta que encontró la que quedaba perfectamente fijada. Ahí comenzó esa dulce tortura. Ese pequeño aparato pegado a mi sexo, dándole placer, estimulándolo sin descanso.

Nuevamente abandonaba la habitación, aunque ahora me costaba más centrarme, pero le conocía, y sabía que poco a poco traería todos los juguetes según los fuera necesitando.

Algo frío y rígido comenzó a recorrer mi cuerpo, no sé identificar lo que es hasta que suavemente comienza a golpear entre mis piernas en sentido ascendente. Ya estaba entre sus manos la fusta, retiró el torturador y noté el frío tacto de ella entre mis labios. Pequeños golpecitos los acariciaban cuando oí algo. Los golpes cesaron y en segundos sus dedos estaban untando ese maravilloso gel que hacía que mi coño ardiera de placer y calor. Un gel estimulante que produce calor y vibraciones en las zonas afectadas.

-          Mmmm. Mi Amo.

Esas eran las únicas palabras que mi boca podía pronunciar, entre gemidos y algún bufido.

Sus dedos jugueteaban por mi clítoris haciendo rápidas incursiones en mi coño buscando su objetivo. Comenzó a masturbarme rudamente. Entraba y salía de mi sexo con ritmo frenético. Colocó de nuevo el “torturador” en su sitio y prosiguió con ese don que tenían sus manos en mis entrañas.

La fusión del gel, las vibraciones y sus penetraciones me llevaban rápidamente hacia el abismo. Intenté poner mi mente en blanco para no correrme, quería aguantar para poder sentir mucha más intensidad.

Pero el tiempo que había pasado desde que no nos veíamos, la nueva situación y sus manos… Me llevaban a mil por hora hacia un océano de placer desenfrenado.

-          Mi Amo, no puedo más. ¿Puedo correrme?

-          ¡Córrete pequeña, córrete para mí!

Aceleró más las penetraciones con sus dedos en gancho y apretó el torturador contra mi clítoris. El orgasmo no se hizo esperar y, entre jadeos y temblores llegó mi primer orgasmo del día.

Las piernas me temblaban y las ingles convulsionaban solas, pero lejos de dejarme descansar Ares ajustó el torturador. Noté cómo deslizaba sus dedos por mi boca, abrí los labios y los introdujo en el interior.

-          Pruébate, estás exquisita señorita.

Mis labios y mi lengua chupaban sus dedos, jugaba con mi lengua como si fuera su glande.

Me recreé en mi propio sabor, dejando sus dedos limpios. Me agarró de la barbilla y me besó con pasión.

Algo puntiagudo recorría mis piernas hacia arriba desde los tobillos. No era un cuchillo, pero sí podía sentir cómo dejaba marca en mi piel, para justo después notar sus labios recorriendo ese mismo camino. Besando cada una de las partes en las que me había estremecido.

Dibujó todo mi cuerpo con ese artefacto y con sus labios. Una vez dibujado entero, tiró de las ventosas bruscamente, notando cómo mis pezones se querían ir con ellas.

Un gemido de placer se escapó de mi boca, el cual desapareció en el momento que noté su lengua y sus labios mimando mis pezones.

Los colmó de besos, los lamió y los mordió. Un baile perfecto de placer y dolor, en el que ambos participantes seguían el ritmo marcado por Ares.

Aceleró el “torturador” y justo en su momento más álgido sentí esa secuencia placentera, calor-dolor-placer que genera la cera caliente acariciando mis pechos.

Poco a poco fue creando un mosaico de cera sobre mi cuerpo. Por cada chorro de cera, aceleraba el “torturador”, dándome una de “cal y otra de arena”.

El calor de la cera, mi sexo ardiendo de deseo, mi clítoris sobre estimulado, la privación de la vista y sus palabras alentándome al placer. ¿Qué sería lo siguiente?

Ares sabe jugar perfectamente con los tiempos, mis tiempos. Mi cuerpo estaba lleno de cera, y yo desbocada. Era el momento de apaciguarme. Bajó el “torturador” a una intensidad media y con la ayuda, esta vez sí, de un cuchillo, me fue limpiando la cera.

Sentir el frío filo del cuchillo sobre mi piel seguido de sus manos acariciando y limpiando la cera, alentaban a la fiera que llevo dentro.

-          Me encanta cómo te estremeces cada vez que notas una cosa nueva pequeña.

Quería más, necesitaba más, y Ares lo sabía. Sabía que su pequeña zorrita le necesitaba, aun sin yo pronunciar palabra. Mi cuerpo gritaba que le quería dentro.

Entre besos retiró el “torturador” y me penetró.

Esa primera incursión de su polla en mi interior, ruda, llena de deseo, fue solo el comienzo de otras. Ares me penetraba una y otra vez, atento siempre a mis reacciones, me quitó el antifaz, le encanta mirarme a los ojos para leerme mejor. Observaba con atención cómo se iban dilatando mis pupilas según se acercaba el momento.

Estocada tras estocada mi momento estaba a punto de llegar. Todas las emociones que habían estado “retraídas”, todos los sentimientos que habían estado esperando como los atletas el pistoletazo de salida, emergieron en un orgasmo descomunal.

Gozo, placer y llanto emanaban de mí, pidiendo entre sollozos más y más.

Ares desató mis manos y después los pies, para empezar a follarme lentamente entre besos. Besaba mi cara, limpiando con sus labios las lágrimas derramadas. El que antes me follaba de manera salvaje, ahora me hacía el amor dulce y tiernamente. Mis lágrimas seguían corriendo por mis mejillas mientras otro orgasmo más suave golpeaba nuevamente mi cuerpo y el suyo.

Abrazados, Ares se vació en mi interior al igual que yo lo había hecho. Allí tumbados en la cama, con él aún dentro de mí, acurrucada en sus brazos, me sentía la mujer más feliz de la tierra, la más afortunada. Me sentía plena, protegida y amada.

Esos momentos en los que eres más vulnerable, en los que le has dado todo, él te está cuidando, te está agradecido por tu entrega, y hará todo lo que esté en su mano para que remontes del viaje al que te ha llevado. Esos momentos de cuidados, besos, caricias, miradas…No tienen precio.

Soy frisa de Ares, y le pertenezco.

Fdo: Siempre Tuya Valentina.