Siempre Tuya Valentina
February 14, 2025

Un San Valentín diferente

14 de febrero de 2.024

Mañana es San Valentín, nunca he sido de celebrar esta fiesta, pero este año es especial. Este año, es el primer año que tengo pareja seria para esta fecha, y aunque hemos dicho de no regalarnos nada, me hace ilusión darle alguna pequeña sorpresa.

Llevamos casi un año juntos, digo casi, porque justo nuestro aniversario es el quince de febrero. Ha sido un año maravilloso, nos hemos ido conociendo poco a poco, nuestros gustos e intereses se han ido acoplando y hemos congeniado con las respectivas contrapartes.

Le dije que al menos me gustaría verle, sé que es un mal día, miércoles, mitad de semana, pero me hacía mucha ilusión pasar la noche con él. Hugo accedió encantado e ilusionado. Antes de nada, me recalcó lo de no comprarnos ningún regalo. Cruzando mis dedos le dije que no se preocupara, que no le compraría nada.

Realmente no mentí, pero no significa que no fuera a tener nada. Me dispuse a ir a la papelería y compré unos folios de pergamino. Le escribí unas palabras sobre lo que había supuesto este año para mí, lo enrollé y quemé las puntas de este, haciendo que pareciera un papiro antiguo.

¡Ya era San Valentín! Estaba nerviosa, abrí los ojos y allí estaba mi mensaje de felicitación. Hugo me lo había mandado nada más levantarse:

“Feliz día de los enamorados, princesa. Deseo que llegue esta noche para poder tenerte entre mis brazos. Te quiero”

Hugo es muy expresivo respecto a sus sentimientos y también detallista, pero ese pequeño mensaje, hizo que mi corazón latiera intensamente. Era la primera vez que me decía “Te quiero”. Me incorporé en la cama y le llamé, mi voz sonaba entrecortada. Pensaréis que es una tontería, pero ninguno de los dos hemos tenido suerte en el amor, y en estos trescientos sesenta y cuatro días, no habíamos pronunciado esas palabras.

Después de una pequeña charla, me levanté y me fui al trabajo. Mi cara irradiaba felicidad, y me sentía la mujer más afortunada del mundo.

El día pasó sin complicaciones y a las cinco en punto me dirigía a mi apartamento, no sin antes hacer unas pequeñas compras.

Un buen vino espumoso y un increíble helado de stracciatella.

Decoré la casa con velas aromáticas, descargué una playlist romántica, y encargué comida italiana, su favorita, para que nos la sirvieran a las nueve y media de la noche.

Cuando todo estuvo perfecto, me fui a arreglarme yo. No sabía si vestirme muy formal o simplemente arreglada. Puse varias opciones sobre la cama. Fui al servicio a maquillarme y peinarme. Elegí un maquillaje neutro, para que me sirviera con cualquiera de los vestidos que había sacado, y simplemente me alisé el pelo, dando unas pequeñas ondas en los mechones cercanos a la cara.

Hidratada, maquillada, peinada y perfumada, quedaba lo más difícil. Elegir modelito y, en función de eso, la ropa interior. Los candidatos eran similares, de ahí mi falta de decisión. Me probé varias veces cada uno, pero ninguno me terminaba de llenar. Abrí las puertas del armario, y empecé a pasar nuevamente uno a uno los vestidos. Los sacaba y me los superponía frente al espejo, hasta que sí, ese era perfecto. En la primera batida me pareció demasiado para una sencilla cena en casa, pero cuando me vi con él puesto….

Lo único que tuve que hacer fue darle a mi maquillaje un pequeño impulso. Un poco más de colorete y pintar mis labios de un rojo Ferrari. Al darme el toque final de perfume recité delante al espejo: Por si beso, por si arraso y por si acaso…. (mientras perfumaba ambos lados del cuello y por debajo del ombligo) Una sonrisa pícara y perversa se esbozó en mis labios. Y…. Sí, ¡Perfecta!

A las nueve y cuarto sonó el telefonillo, abrí el portal y como una quinceañera esperé a Hugo. Sonó el timbre, me arreglé el vestido, me miré en el espejo del recibidor, respiré y abrí la puerta.

Un ramo enorme de rosas rojas tapaba la cara de Hugo, incrédula, y ojiplática me quedé pasmada en la puerta. Nunca me habían regalado rosas y, después del mensaje de esta mañana, se me hizo un nudo en el estómago, y unas lagrimillas asomaron por el lagrimal.

-          Feliz San Valentín, princesa. Espero que te gusten. – Dijo Hugo ofreciéndome el inmenso ramo.

No pude articular palabra, acercó su mano a mi mentón y dulcemente besó mis labios. Al retirarse limpió mis mejillas.

-          Creo que te han gustado. Pero mi intención no era esta.

Pasamos al salón, saqué el jarrón y puse las flores en agua. Mientras venía la comida, descorchamos la botella de vino, y picamos un poquito de queso y jamón que a última hora había decidido poner por si se retrasaba la cena.

La cena llegó puntual, nos sentamos y disfrutamos de ella, con una amena charla, risas, caricias y besos nos llevaron hasta el postre.

Preparé en un momento los cuencos de helado, y los dispuse en la mesa de fumador. Me acerqué a Hugo y le guie de la mano hasta el sofá. Allí estaríamos más cómodos. Se sentó y quizás por el efecto del vino, por la situación o por una mezcla de ambas, me puse a horcajadas sobre él. No sin antes levantarme la falda vaporosa de tul rojo que llevaba.

Mi diablilla interior la levantó un poco más de la cuenta, dejando a la vista el encaje color champán con detalles negros del tanga. Hugo se quedó sorprendido, y me acogió en su regazo, llevó sus manos a mis glúteos, acariciándolos con deseo. Me acercó hacia él, sus labios se encontraron con los míos. Mis manos enmarcaron su cara y, dulcemente comenzamos un baile lento de besos, caricias y movimientos.

Hugo recorría con sus dedos mi espalda descubierta, dejó caer los tirantes del corpiño y colmó de besos mis hombros, pasando de uno a otro sin descuidar mi clavícula y mi cuello.

-          Princesa, hoy estás arrebatadora en todos los sentidos. Me encanta.

Susurraba entre besos y mordisquitos. Desabrochó el corsé, liberando mis pechos. Me separó y empezó a admirar cómo mis pezones se iban endureciendo, principalmente por la excitación y por supuesto al sentir el aire en ellos.

Viendo cómo reaccionaban, empezó a soplar suavemente sobre ellos. Me agarró fuerte de la cintura y se incorporó hacia la mesa de fumador, cogió una cucharada de helado y se la comió. Con el frío en su lengua, recorrió mis pezones, dando círculos alrededor de ellos. Cogió una nueva cucharada, pero esta vez su boca llena abrazó mi pecho.

-          ¡Uff qué frío! Mmmm

Esas palabras salieron de mi boca, pero mi voz interna estaba gimiendo de puro placer.

Se comió el helado como si mi pecho fuera el cucurucho. Lamió y lo relamió hasta que quedó completamente limpio. Después, volvió a mi boca y una nueva ola de besos apasionados y ardientes caldearon mi cuerpo.

Hugo era muy dulce y delicado, también cuidadoso y siempre había respetado mis tiempos. Pero hoy… Hoy al igual que yo, se le notaba especialmente entregado y más excitado de lo habitual. O al menos, era la sensación que mi entrepierna notaba en su entrepierna.

Su dureza, el porte de su gesto, su respiración agitada y la voraz manera de recorrer mi cuerpo con sus labios, me llevaban a un estado de excitación como hacía mucho que no sentía.

Una mano lo agarraba de su nuca para que no se escapara de mi boca, y la otra bajaba desesperadamente por su torso hacia su bragueta. Necesitaba sentir esa dureza, notarla y desde luego saborearla.

Siguiendo con el juego que él había empezado, me quité de encima suya, retiré la mesa lo suficiente para poder ponerme de rodillas delante de él. Le desabroché el cinturón, el pantalón y, dulcemente besé esa fiera aprisionada que tenía encerrada en el bóxer.

Sabiendo y deseoso de cuál sería mi siguiente movimiento, elevó sus caderas y me ayudó a bajarle las prendas de ropa que nos estorbaban. Le descalcé y saqué los pantalones y el bóxer.

De rodillas, cogí una cucharada de helado, lamiendo la cuchara, mirándole a los ojos. Sabía lo que me hacía, ese juego de miradas ardientes mientras pasaba mi lengua lentamente por el helado… Hacía que me pusiera más excitada. Me estaba jugando una mala pasada mi propio juego, jajaja.

Cuando terminé la cucharada, mi lengua se dirigió a su sexo. Ese polo duro y erecto que tenía entre sus piernas. El frío de la lengua le hizo moverse involuntariamente, fue un pequeño retraimiento hacia su tripa.

-          ¿Qué te ha pasado? ¿Está fría?

Una sonrisa se esbozó en su cara. Pero no dijo nada. Cogí otra cucharada, y realicé la misma operación, pero esta vez mi mano acariciaba el palo del polo. Bien sujeto como si temiera que se me escapara, pasé nuevamente mi lengua llena de helado por su glande.

Cuando parte del helado se hubo derretido, introduje su glande en mi boca y jugando con mi lengua lo impregné de la mezcla de helado y saliva. Recorrí su glande con devoción, mi lengua lamía y mis ojos le gritaban lo mucho que estaba disfrutando.

Introduje más su miembro en mi boca y ayudándome de la mano le fui masturbando lentamente. Mis labios la abrazaban con dulzura y mis manos la acariciaban con suavidad. A un ritmo lento pero constante, mi mano y mi boca realizaba un trabajo fastuoso.

Mezcla de excitación y ternura, quería disfrutar de cada momento, cada situación, cada beso y cada caricia.

Mi ritmo aceleró poco a poco, su polla entraba y casi salía de mi boca. Mi lengua recorría su glande y el frenillo. Mis ojos escudriñaban los suyos buscando ese momento, es momento justo en el que se deja ir.

Hugo se había recostado en el sofá, con la cabeza echada hacia atrás, apoyó sus manos en mi cabeza y comenzó un baile con sus caderas follándome lentamente la boca.

Tomó el control de la situación, y yo me dejé llevar. Con mi boca abierta, seguía el ritmo que marcaba con sus caderas. Entraba y salía, despacio pero profundo. Era como si me estuviera haciendo el amor en la boca.

Después de unos minutos así, me levantó y me sentó en su regazo, echó el tanga a un lado, me miró a los ojos pidiendo permiso. Mis ojos gritaban “¡Síiiiii!” pero hasta que no asentí con la cabeza, Hugo no se introdujo dentro de mí.

Nunca le había sentido sin protección, sentir cómo entraba suavemente, sentir su calor e incluso sus venas hinchadas. El salto del prepucio era maravilloso, y rozar su pubis sin la “gomita” era, era… INCREIBLE, simplemente maravilloso.

-          Pequeña, cómo te deseo, cómo necesitaba sentirte plenamente.

Hugo me agarraba de la espalda, y me atraía hacia él mientras yo le cabalgaba suavemente. Sus ojos se calvaron en los míos, apoyé mis codos en sus hombros y me dejé llevar. Mis caderas se aceleraron y la profundidad de la embestida se acrecentó.

De delante a atrás mis caderas se movían cada vez más y más rápido, las miradas clavadas el uno en el otro, podía sentir los dedos de Hugo clavados en mi espalda mientras yo le agarraba del pelo y gemía en su oído.

Nuestras bocas se buscaron, se encontraron y nuestras lenguas se amaron.

Su pubis se fue mojando de mi ser, notaba cómo mi vulva se mojaba, cómo su polla “achicaba” mi flujo en cada penetración. No podía dejar de besarlo, de acariciar su pelo, de mover mis caderas, de gemir, de amarlo…

-          Te quiero pequeña. Te quiero…

Hugo susurraba a mi oído mientras yo no paraba de cabalgar.

Le atraje hacia mi pecho, hundí su rostro entre mis tetas y aceleré el galope.

Nos volvimos a mirar mientras nos aferrábamos el uno al cuerpo del otro. Las convulsiones de su polla al correrse dentro de mí hicieron que las mías fueran aún más intensas de lo habitual, llegando juntos al clímax.

Abrazados en el sofá, sin movernos, sentía cómo mi coño se vaciaba encima suyo. Nuestros placeres cayendo por nuestros sexos por primera vez. Sentir cómo su polla aún seguía dura dentro de mí, notar la humedad, y ver sus ojos agradecidos mirando mi cara desencajada por el orgasmo. Todo eso provocó lo que hacía mucho tiempo que mi boca no había pronunciado:

-          Te quiero, Hugo. Te quiero…

Ese fue el principio de una gran noche, llena de amor, sexo y por supuesto de orgasmos.

No penséis que me olvidé de mi regalo, ese se le di por la mañana desayunando juntos antes de ir a trabajar. Como veréis, la noche se alargó.

Escribo esto justo un año más tarde, pensando en cómo celebraremos nuestro segundo San Valentín, pero eso quizás os lo cuente el próximo año.

Fdo: Siempre Tuya Valentina.