Siempre Tuya Valentina
August 14, 2025

Vacaciones de Enoturismo 2

Llegué a la habitación intrigada por ese extraño que, tan amablemente me había dado la parte de arriba de mi bikini.

Debía tener más o menos mi edad, no le pude observar bien puesto que estaba dentro del agua, pero parecía de constitución media. Rondaría el metro ochenta más o menos. Ojos marrones verdosos y, por suerte para mí, tenía unas canas muy … ¿Cómo decirlo? Muy sexis.

Me duché y me arreglé para salir a dar una vuelta por los alrededores del hotel. Me dejé el pelo rizado, para que se me secara al aire, eché una crema con ligero tono de maquillaje, máscara de pestañas transparente (solo para marcarlas un poco), ligero rubor en las mejillas y un gloss color frambuesa. Quedaba muy natural.

Vestido negro de tirantes, corte por debajo del pecho, pero no pegado, dejando un buen trozo de espalda al aire. Era un vestido muy básico, pero a la vez, fresquito y, por qué no decirlo, muy sensual con esa espalda. Me calcé unas cuñas de esparto, cogí el bolso de mano y salí.

En los alrededores del hotel sólo estaba el ayuntamiento y la oficina de turismo. Un poco más alejado, un parque infantil y una larga vereda perfectamente iluminada que casi llegaba a unir los dos pueblos.

Al no encontrar ni siquiera un bar, ya raro en España, me volví al hotel para tomarme una cerveza fresquita antes de cenar.

En el centro del hotel, cual claustro de convento, había un patio al que daban alguna de las habitaciones. Era un patio precioso, el suelo empedrado con dibujos hechos con las mismas piedras, un pozo gobernaba el centro de este, y a su alrededor unas mesas de forja y piedra, con diferentes clases de sillas en cada mesa.

Me senté en una de ellas pegando a una esquina, Omar se acercó a tomarme nota. Mientras disfrutaba de mi cerveza fresquita y unas patatas fritas, absorta en disfrutar de ese cielo estrellado, una voz varonil me sacó de mi aislamiento:

-          ¿Me permite acompañarla?

Salí de mi aislamiento mental, de mi disfrute estelar. Y ahí estaba él, camisa de lino color crudo, pantalones cortos también de lino color chocolate y unos mocasines. Era un hombre de esos que desprenden hombría, no sé si me entendéis. Quizás podría parecer hasta un poco chulesco, pero sus ojos atrapaban.

-          Ehhh, claro, claro. Siéntese.

Resultó que era abogado, tenía que resolver unos asuntos en un pueblo cercano, y decidió aprovechar la paz de este pequeño rincón del mundo para intercalar placer y trabajo.

La cerveza fue muy amena, tanto que decidimos cenar juntos.

Una cena distendida, como se suele decir, arreglamos el mundo. Después de la cena, volvimos al patio del hotel y pedimos a Omar unas copas.

La noche estaba siendo perfecta. Se notaba que había química entre nosotros. Siempre buscaba el contacto, buscaba esa aproximación que resultaba sensual sin llegar a hacerte sentir que invade tu espacio vital.

Se notaba que estaba acostumbrado a llevar los tiempos. Yo mientras, andaba un poco perdida y me dejaba llevar. No es que nunca hubiera estado con un hombre a solas, ya me entendéis, pero la situación era completamente nueva para mí. Era mi primer viaje sola, como ya os conté, y no esperaba conocer a nadie. De hecho, caí en la cuenta de que no llevaba nada sexy en el equipaje, ya sabéis a lo que me refiero.

Era un viaje de curación, así que no tenía lencería “fina” en la maleta. Rápidamente hice un repaso mental de las braguitas y sujetadores que me había traído y, apenas una o dos podrían pasar.

Volviendo a la conversación con mi sexy abogado, me encontré gratamente sorprendida por un beso “robado”. Un pico rápido y furtivo robado sin esperármelo. Fue curiosa mi reacción, llevándome la mano a mi boca, con cara de desconcierto.

-          Perdona, no era mi intención incomodarte.

Me sonrojé como una niña chica, sin dejar de pasar mis dedos por los labios.

-          No me lo esperaba. – dije sonriendo.

-          Eres una mujer inteligente, preciosa y muy sexy.

Dejé los halagos ahí y cambié de tema de forma drástica:

-          Mañana voy a hacer una visita a una bodega. Hay que aprovechar las oportunidades de la tierra.

-          Lástima, yo mañana tengo que ir a Valladolid a trabajar. Si te parece bien, podríamos vernos por la tarde.

Algo dentro de mí se apagó en silencio. ¿Esperaba que dijera de acompañarme? ¿Será que me estoy negando algo antes de que ocurriera? Mientras mi subconsciente analizaba, mi cabeza asentía con una sonrisa de oreja a oreja.

La madrugada se nos echó encima, y apenas nos dimos cuenta de la hora hasta que Omar vino a decirnos que si necesitábamos algo más o se iba ya a descansar.

Le pedimos un par de copas más, y le dijimos que se fuera.

A lo tonto nos dieron cerca de las tres y media cuando terminamos esa última copa. ¿Qué esperaba que pasara? No estoy segura, esto sí que era totalmente nuevo para mí.

Me sentía como en la típica película en la que los protagonistas se conocían en un hotel y terminaban follando en la habitación de ella cuando la acompañaba hasta su puerta.

¿Sería mi caso? ¿Seríamos los protagonistas de esta película de verano?

No había vuelto a haber ningún beso, pero sí caricias y mucha complicidad.

Nos levantamos de la mesa, cogí mi bolso de mano y al girarme allí estaban sus labios, esperando a los míos. Esta vez, aunque sí me pilló algo desprevenida, era como se suele decir un “imprevisto previsible”.

Fue un pico algo más largo, sin lengua, pero sí con un acercamiento más íntimo.

Me llevó cogida de la cintura hasta mi habitación, me giré dando la espalda a la puerta y le besé.

Esta vez fue un beso de los de verdad. ¡Y qué beso! Un beso intenso, lleno de intenciones por ambas partes. Deseaba invitarle a entrar y ser la protagonista de la película de “Una noche de verano”.

-          Ha sido un verdadero placer, pero mañana nos espera un día intenso. Descansa.

Y dándome un último beso en la mejilla, me quedé allí plantada con cara de asombro viéndole marchar por el pasillo y, una vez más, mi mano acariciando la zona besada.

¿Qué había pasado? No entendía nada. ¿No le habría gustado el beso?

La verdad, fue un cierre de noche que no me lo había imaginado. Cualquier otro desenlace sí, pero este…

No le di más vueltas, había sido un día largo lleno de nuevas sensaciones y realmente estaba agotada.

Dormí del tirón toda la noche. La cama era súper cómoda, la habitación super acogedora. Me desperté llena de energía, me fui directa a la ducha.

Desde la ventana se veía todo el monte nublado, con niebla baja. Un paisaje digno de admirar acurrucada en el sillón de la habitación, abrazada por una mantita fina degustando una buena taza de café caliente. Pero de momento, eso no podía ser posible. Así que me puse unos pantalones piratas y una camiseta de manga corta para bajar a desayunar.

Al entrar en el salón, había apenas dos mesas ocupadas, estaba Dunia tan encantadora como el día anterior, pendiente de todo.

-          Buenos días, me han dejado esta nota para ti.

Asombrada y emocionada abrí el sobre:

“Muchas gracias por lo de anoche, fue realmente un placer cenar y compartir contigo ese rato.

Espero que aceptes mi invitación para cenar esta noche. Te espero a las 21 h en el claustro del hotel, nuestra mesa será la de las velas. Besos”

Con una sonrisa de oreja a oreja, devolví la nota al interior del sobre bajo la atenta mirada de Dunia. Guardé el sobre en el bolsillo y me senté en la primera mesa que encontré. Necesitaba procesar lo que acababa de pasar. Dunia se acercó a preguntar si me encontraba bien, a lo que asentí con una gran sonrisa.

Desayuné tranquilamente, no sé si porque el cuerpo me lo pedía o porque mi cuerpo se había quedado en shock. Supongo que habrá mujeres a las que les pase esta clase de cosas, pero a mí es la primera vez en mi vida que me sucede algo así.

Como si de mi alegría dependiera, al subir a la habitación, el cielo estaba raso, completamente despejado, el sol brillaba y su calor entraba a través de los cristales.

En una hora tenía la visita a la bodega, recogí la habitación para que pudieran pasar a limpiar, me cambié de ropa. Dejé los pantalones y la camiseta, cambiándolos por un vestido igual al de la noche anterior, pero en un color verde botella. Me recogí el pelo en una coleta con trenza, una mochila de tela y unas sandalias bajas color crema.

Salí hacia la bodega, no sin antes coger una botella de agua del hotel y de que me dieran el pase para la entrada.

Llegué bien, aparqué casi en la puerta cuando justo llegaron para su apertura.

En la entrada nos juntamos unas diez personas, fuimos entrando y según validábamos la entrada, nos entregaban una bolsita con una copa serigrafiada de la bodega, monísimas las dos.

Al pasar a la primera sala para esperar al resto de los participantes, nos sirvieron un rosado fresquito. La sala estaba llena de fotos de los personajes famosos que habían visitado la bodega, de frases de personajes célebres en un ambiente minimalista, donde el vino es el principal y más importante protagonista.

Una vez llegada la hora, la visita a la bodega comenzó. La guía era muy maja, y empezó hablando del vino que, la mayoría de nosotros ya nos habíamos bebido, dándonos otra copa para ir degustándola según hacíamos la visita.

La entrada a la bodega era un largo túnel, donde se notaban cómo los grados iban bajando conforme nos adentrábamos en las mismas.

Íbamos parando cada pocos metros, donde la guía nos explicaba las barricas que nos encontrábamos a nuestro paso, las “salas” que había a ambos lados o simplemente las numeraciones que se veían en los toneles.

Conforme avanzaba la visita, noté unas manos en mi cintura, me giré y ahí estaba mi sexy abogado.

-          ¿Pero?... ¿Qué haces aquí?

-          Salí temprano para Valladolid, Dunia me dijo a qué hora tenías la visita y, bueno, quería pasar el día contigo.

Nos fundimos en un beso apasionado bajo lo que yo pensaba era la atenta mirada de los demás visitantes. Obviamente, la visita había continuado mientras nosotros disfrutábamos de uno de nuestros primeros besos.

Nos unimos de nuevo a la visita, cogidos de la mano y entre arrumacos. Me sentía feliz, renovada, deseada. Íbamos pasando por los diferentes niveles, cada vez más unidos, cada vez nos perdíamos un poco más. Hasta que… Se abalanzó sobre mí, dirigiéndome hacia una de las “salas” laterales, nuestras bocas se devoraban. No podíamos parar de besarnos, acariciarnos como adolescentes y como tal, dimos rienda suelta a nuestras hormonas.

Mi sexy abogado me apoyó sobre la barrica más alejada del pasillo central, me devoró el cuello mientras sus manos recorrían mis pechos, mis manos se aferraban a su espalda como si se me fuera a escapar, del cuello de nuevo a la boca, y nuestras manos repasaban todas las curvas de nuestros cuerpos.

Agarró mi pierna derecha, apoyándola en su cadera mientras con su mano izquierda hacía una primera incursión por debajo de mi falda.

Noté cómo pasaba sus dedos por mi entrepierna, mojando mis bragas. Hundía sus dedos entre mis labios, rozando mi clítoris. Los paseaba de atrás hacia delante, una y otra vez mientras nuestras bocas se besaban, se mordían, se disfrutaban.

Sus labios bajaron recorriendo mis pechos hasta perderse por debajo del vestido, como si de un manto de ramas de un sauce llorón desapareció por completo. Su lengua terminó de despertar mi botón del placer, notaba cómo se endurecía en cada pasada, cómo me humedecía. Sentía mi esencia fluir, notaba cómo lo recogía con su lengua, podía notar cómo su barbilla estaba empapada al roce con el interior de mi muslo, sus dedos se hundieron en mi interior al compás de su lengua.

No podía mantenerme de pie, me aferré como pude a la barrica sin perder de vista el pasillo central. Me temblaban las piernas, mis pezones estaban erectos con la piel erizada y mis labios secos, ahogaba los gemidos internos del placer que estaba recibiendo.

Sus dedos se paseaban por mi interior como si lo hubieran hecho durante toda su vida, leía mis reacciones y se amoldaba a las mismas, acelerando y aflojando.

Llegué al orgasmo en pocos minutos, se levantó besando mi boca, compartiendo todo mi placer.

Coloqué de nuevo la pierna sobre su cadera, echando a un lado la braga dando plena accesibilidad a su virilidad. Me llenó de un solo movimiento certero de cadera.

No podía dejar de mirar al pasillo, oíamos de fondo las explicaciones, aunque cada vez se hacían más remotas.

Mi sexy abogado me penetraba rítmicamente, no solo me penetraban entre las piernas también me penetraba con su mirada ardiente al compás de su cadera.

Su mirada emanaba fuego, y de mi boca un aliento abrasador, acompañado de gemidos que se escapaban a mi control.

El choque de nuestras caderas cada vez se oía más y más. Con una mano me sujetaba a mi ferviente amante y con la otra me tapaba la boca para evitar llamar más la atención.

-          ¡Dios! Nos van a pillar, pero no pares….

-          Tranquila, disfruta…

Mi sexy abogado cambió su estrategia y… ¡Qué descubrimiento! Dejó las embestidas a un lado para comenzar con un balanceo desde abajo terminando en una penetración profunda. Sus rodillas se flexionaban para coger ese ángulo de penetración profundo, intenso y… ¡Maravilloso!

Una, dos, tres… Sí, Sí, Sí… De mi interior terminó de emanar un orgasmo intenso acompañado de un tembleque de piernas que no me permitían mantenerme en pie.

Él me acercó hacia sí, agarrándome de la coleta y hundiendo su cara en mi cuello. Me apretó fuertemente y en una última embestida se quedó quieto, inmóvil.

Estuvimos así quietos, solo sus besos tiernos en mi cuello y mis manos en su cuello y espalda se movían.

-          Continuamos hacia la zona nueva de la bodega. Por favor, no se queden rezagados.

La voz de la guía nos sacó del “trance” en el que nos habíamos quedado. Recomponiéndonos de la situación, nos unimos al grupo no sin antes echar un último vistazo al lugar del pecado.

Fdo: Siempre tuya Valentina.