Xena. Perversiones a media tarde
Apoyado, Xena le quitó el polo mientras le besaba los labios, su forma de hacerlo era entre brusca, quizás por la excitación que tenía, y suave por la ternura que le desprendía la juventud de Kiko.
- ¿Pero y él? - Preguntó Kiko con voz desconcertada.
- Él solo va a mirar, tiene que aprender, y cuando yo le diga, SÓLO entonces, se volverá a tocar viendo nuestro placer. ¿Ha quedado claro Pablito?
Despeinando a Kiko al sacarle el polo, Xena bajó su lengua por el cuello, le mordió la yugular, Kiko se quejó, pero no se quitó. Xena deslizó su mano derecha hasta el pecho de Kiko, lo abarcó con la palma de la mano clavándole las uñas.
- ¡Qué juego me van a dar estos pendientes!
Kiko para sorpresa de Xena llevaba unos pendientes en los pezones de esos de barra atravesando los mismos.
Bajó deslizando su lengua hasta llegar al pezón, jugó con él, le rodeó, le daba golpecitos, y cuando Kiko empezó a gemir ligeramente, Xena le mordió el pezón tirando del pendiente, mirando a su víctima a los ojos, esperando su reacción.
Kiko no sabía muy bien qué hacer, le dolía, su pezón estaba prisionero de sus dientes, pero su lengua daba la ternura suficiente a la puntita que quedaba por dentro de su boca. Xena apretó un poco más. Ahí sí se quejó e intentó separarla. Si algo tiene Xena es la obstinación, y cuando coge una presa…. No la suelta. Aflojó un poco la mordida y tiró de él.
- ¿Sí? Y entonces… ¿Por qué tienes la polla dura?
Se separó de Kiko señalándole el bulto que ya se notaba a través del pantalón, se agarró las tetas, le clavó la mirada y con voz juguetona dijo: “¿Cuántas veces has imaginado una cubana entre estas dos bellezas?”
Sin esperar contestación, le agarró el paquete, apretó y acercándose a su oído le susurró: “Esto es un todo o nada. No puedes tener a la jefa, sin sacrificar algo. Y hoy lo que vas a sacrificar es tu voluntad. Aquí se hace lo que yo diga, cómo yo diga, cuándo yo diga. ¿Entendido?”
Kiko asintió algo tímido. Pero Xena le agarró de la cara, levantándosela: “¿Entendido?”
- Puedes llamarme Xena, al fin y al cabo, es la que te va a follar y dar todo el placer que llevas deseando desde el primer día que entraste a trabajar en el despacho.
Mirándole a los ojos, le desabrochó el cinturón de cuero, le quitó el botón de los Dockers y bajó la cremallera.
La respiración de Kiko se aceleraba y, aunque era capaz de mantenerle la mirada, sentir sus manos en su cadera, sentir cómo le iba bajando el pantalón, introduciendo su mano por entre el bóxer y la piel…. Eso, eso hacía que el joven Kiko perdiera el control de sus actos. Posó sus manos sobre los hombros de Xena en un intento de poner algo control por su parte. Pero Xena se liberó de ellos con un movimiento brusco, dejando la mano izquierda apretando su polla y la derecha agarrando su cara por la mandíbula, apretándola para hacerlo sacar morritos que fueron lamidos por su lengua bajo una mirada desafiante y autoritaria.
Kiko quedó paralizado, jamás había estado con una mujer así y ni en sus mejores sueños se había visto en una situación parecida.
Terminó de bajarle los pantalones y le empujó a la silla de ejecutiva. Se agachó, y le quitó los zapatos, le sacó los pantalones y el bóxer, dejándolo como vino al mundo.
Mientras, Pablito miraba atónito a través de la pantalla del ordenador.
Xena interrumpió a un ensimismado Pablo, haciéndolo volver a la realidad.
- Kiko, al suelo. Siéntate en el suelo con la cabeza apoyada en la silla mirando al techo.
Kiko obedeció sin rechistar. Xena dejó caer su tanga piernas abajo, levantando lentamente cada uno de sus pies. Se volvió de espaldas a Kiko, posicionó la cámara del portátil y cogió nuevamente el lubricante de fresa y a Rodrigo.
Xena se posicionó encima de la cara de Kiko y se sentó.
- Pablito, este es mi sillón, el sillón de la Reina, porque para vosotros, yo soy la puta Reina.
Kiko empezó a chupar y lamer, su lengua recorría todo el coño de Xena mientras movía la cabeza levemente para que su nariz también estimulara su ano. Su lengua era rápida y bastante hábil para estar apenas sin espacio de maniobra. Succionó el clítoris una y otra vez. Los gemidos de Xena se iban haciendo audibles, y eso, excitaba a Kiko.
Una mirada rápida a la cámara descubrió a Pablo tocándose la polla.
- ¿Quién coño te ha dado permiso? Ahora mismo, chúpate el dedo y métetelo en el puto culo.
Pablo no dudó en hacerlo, casi como si lo estuviera deseando. Introdujo su dedo en la boca, lo lamió bien y se dirigió hacia el culo.
Sus ojos no mintieron, no era la primera vez que lo hacía, y se notaba que le gustaba.
- Buen chico. Ahora, empezarás suavemente.
Kiko seguía ejerciendo de asiento y Xena, además de disfrutar de sus extraordinarias cualidades, tenía una fantástica visión de ese miembro joven y varonil empalmado, con un brillo más que apreciable en la punta del capullo.
Xena apretaba sus pechos, había tenido que dejar a Rodrigo en la mesa, el placer que sentía al verse observada y comida por un chico joven que además era su subordinado, la estaba llevando más rápidamente hacia el orgasmo. Sus gemidos se agolpaban en su boca, sus manos apretaban sus pechos con más fuerza, las caderas se le iban solas, frotándose bien en la cara de Kiko, sintiendo su lengua, sus labios, su nariz en el culo…
Después de la sesión que había tenido hacía un rato, en la que había dado todo el placer ella, ahora estaba en ebullición y con las ganas acumuladas.
Se frotaba de delante a atrás, hasta que se quedó con el coño casi fuera de la cara de Kiko y como un jaguar cuando ve a su presa desprotegida, se puso encima de la polla de Kiko y se la clavó hasta el fondo.
En cuclillas Xena botaba y rebotaba siguiendo su propio ritmo hasta que después de unos minutos un chorro de flujo empapó el pubis de Kiko, el cuál apenas aguantaba la respiración y el ritmo.
Xena se giró rápidamente y le pellizco los pezones con el único propósito de cortarle el orgasmo.
- Aún no te lo has ganado. – dijo con más autoridad si cabe.
Se levantó y le puso el coño empapado nuevamente en la cara.
- Límpiame, verás qué rico está.
Mientras, Pablito seguía metiéndose el dedo en el culo, y con la otra mano se pajeaba lentamente, esperando a que Xena le diera nuevas instrucciones. Pero Xena estaba bastante ocupada deleitándose con esa lengua que la había hecho tocar el cielo junto con su polla.
Kiko gozaba de una buena polla, bastante ancha y larga, con un glande que al principio engañaba, ya que se quedaba escondido, pero cuando llegó a su punto álgido apareció de la nada como un gusanito saliendo de la manzana.
Una notificación en el móvil distrajo a Xena de su goce personal, pero era una notificación conocida así que la leyó.
- Vaya, vaya Kiko. Esto se pone interesante.
Y en tres, dos, uno… Toc, toc, toc… La puerta del despacho sonó. Kiko paró ipso facto y Pablo quedó petrificado en la pantalla del ordenador.
- Tenemos un invitado chicos. -Dijo Xena con voz sugerente y promiscua.
- Abre la puerta Kiko, por favor.
Kiko no lo dudó y, ante la mirada perversa de Xena, caminó desnudo hacia la puerta. Su polla erecta le hacía de guía y sus huevos colgando le rebotaban de una pierna a otra.
Quitó el pestillo y la abrió. Por un momento en su mente pasaron cientos de posibilidades, pero ninguna de ellas era la que asomó por la puerta.
- Susi cielo, no puedo aparecer en casa sin braga ni tanga. ¿Déjame alguno de los que has comprado antes por favor?
Laura irrumpió sin más en el despacho, dando por hecho que había sido Susi la que había abierto la puerta. Pero cuando vio a Susi allí de pie, desnuda, increíblemente bella y miró hacia la puerta…. Sus ojos se abrieron como platos, se quedó pasmada en medio del despacho contemplando a Kiko aun sosteniendo el picaporte de esta.
Laura no podía apartar la vista del cuerpo de Kiko. Su estado varonil, empalmado y esa cara, una cara que se había tornado de diablo. Sostuvo la mirada de Laura, para en unos segundos mirar a Xena.
- Pasa Laura, lo pasaremos genial. Ahora Kiko, es tu turno.
Kiko volvió a cerrar la puerta echando el cerrojo. Se acercó a Laura por la espalda, apoyó sus manos en sus hombros descubiertos, un poco descentrado por la situación, pidió “permiso” a Xena.
Laura dio un pequeño respingo al sentir las manos de Kiko encima suya. Sus ojos al igual que los de Kiko, miraron a Xena un tanto desconcertada, pero la sonrisa pícara esbozada en su cara vislumbró el juego que su amiga tenía en mente.